el primero retrasado de mi novio

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EL PRIMO RETRASADO DE MI NOVIO
Hola, este es mi primer relato, así que me presentaré. Me llamo Ruth, tengo 30 años y vivo en Gran Canaria, en un barrio algo conflictivo: drogas, problemas económicos, peleas, etc. No soy guapa, más bien del montón; bajita (1,60 cm) y bastante delgada, pero con un cuerpo duro debido a mi trabajo (soy camarera en un bar con mucho trajín). Aunque casi no tengo tetas, destaca mi estrecha cinturita y un culo pequeño pero redondo y “tó pa arriba”, como dicen en Canarias. Tengo el pelo largo y ondulado, teñido de un llamativo rosa; llevo un piercing en el labio inferior y dos tatuajes, una enredadera a color que recorre mi brazo izquierdo y el conejito de Playboy a la derecha del vientre, justo en el hueso de la cadera. A todo esto hay que añadir un tono doradito de piel que me queda muy lindo. En definitiva, sin ser guapa, resulto bastante atractiva a los hombres.
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La historia que voy a contar sucedió hace cinco años, cuando tenía 25. Mi novio (Alberto, tiene mi edad), con el que llevo seis años, vive aquí, pero nació en la península. Estábamos pasando una mala racha por la rutina y otros rifirrafes, con lo que decidimos planear un viaje a Madrid; allí vive su tía Mari, por parte de madre, en un barrio de las afueras, pero de todas formas podíamos usar el metro para enseñarme el centro de la ciudad, y además tendríamos alojamiento gratis.
Llegamos algo cansados por la mañana a casa de Mari, y en el soportal ya nos estaba esperando para ayudarnos con las maletas Ricardo, su marido, un hombre muy agradable y tranquilo. Al entrar en la casa, Alberto me presentó a Mari y a Javi, hijo único del matrimonio.
Alberto me había contado que Javi tiene un ligero “atraso” mental, no Síndrome de Down, sino un bajo coeficiente intelectual que le impidió seguir estudiando desde la guardería, y hace trabajos de jardinería y cosas así para el ayuntamiento con otros chicos de su condición; por aquel entonces él tenía 30 años, 5 más que yo.
– Hola Ruth, soy Mari, encantada. Por fin te conocemos. Estás en tu casa. –dijo la tía de Alberto, dándome dos besos-
-Encantada Mari, soy Ruth.
-Hola –dijo Javi. Estaba colorado y parecía muy tímido; enseguida noté que no era normal, por la expresión de su rostro, y encima me recorrió de arriba abajo con una mirada de salido que me inquietaba. Es blanco de piel, bastante alto y delgado, pero con un físico nervudo –por lo visto tenía mucha fuerza-, que denota su nerviosismo, y tiene barba de tres días y el cuerpo muy peludo. Vestía de chándal y llevaba un aspecto bastante desaliñado. Me dio otros dos besos en la mejilla.
-Hola, Javi. Encantada.
Colocamos nuestras cosas en la habitación de Javi, que tenía 2 camas; Alberto y yo dormiríamos en una, y Javi en la otra. Después salí con Alberto a tomar algo y aprovechar un poco la mañana para ver algo.
De vuelta a casa, almorzamos todos juntos; Javi acabó el primero y se encerró en su habitación.
-Está siempre con el ordenador, jugando al FIFA y en internet. –dijo Mari.
-Además ahora está un poco deprimido porque lo ha dejado con su novia –añadió Ricardo, su marido.
-¿Y eso? –pregunté.
Mari y Ricardo me miraron con expresión seria.
-Su novia es como él, “especial”, y es muy nerviosa. Lo dejó hace tres meses. -Después Mari me contaría que ocurrió algo bastante grave, en realidad: Javi, como muchos chicos con su problema, tiene mucha inclinación hacia el sexo, y siempre quería hacerlo con su novia; al final ella no quiso saber más de él porque pasó algo desagradable, me dijo, pero no quiso darme más detalles.
Transcurrieron los días y yo estaba encantada en casa de los tíos de Alberto, Madrid me gustaba mucho y no paramos de visitar museos, terrazas y tiendas de ropa; la verdad es que todo esto le venía genial a nuestra relación.
Era de noche y nos fuimos todos a dormir; Javi era siempre el primero en acostarse, pero se ponía a rezar con un taco de estampitas religiosas en la mano, santos y vírgenes y cosas así, y tenía la manía de besarlas todas después de rezar; era algo que me resultaba gracioso.
Apagamos la luz y me dispuse a dormir, cuando Alberto empezó a meterme mano.
-Hace mucho que no follamos, y me tienes cachondo –susurró en voz baja para que no nos oyera su primo, que estaba en la otra cama, aparentemente durmiendo.
-No, Alberto, me da cosa hacerlo con tu primo en la habitación –aunque llevaba días bastante cachonda, supongo que por todo el tema de viaje y que estaba relajada y a gusto.
Alberto siguió metiéndome mano y yo ya me estaba mojando. Dormíamos con manta, pero con el tantísimo calor que estaba haciendo (estábamos en pleno agosto) llevaba puesto solo un tanga y una camiseta de tirantes; notaba su aliento en mi nuca, ya que lo tenía de espaldas, y me hizo a un lado el tanga con una mano, mientras con la otra me estaba tocando el clítoris de una manera que me estaba mojando toda.
-Ahhhh. – susurré en voz baja, pero estaba cachondísima-. Métemela ya.
Estuvo un rato rozando su polla hasta que me la metió de golpe y tuve que morderme un dedo para no gritar. Se corrió dentro, me giró la cara y me morreó.
-Te quiero-dijo.
-Y yo a ti, mi amor.
Enseguida se quedó dormido, y yo me di la vuelta para hacer lo mismo. El calor era insoportable y tuve que echar la manta hacia atrás; intenté dormir pero no había manera. Desde mi posición tenía enfrente la cama de Javi, a unos dos metros, y la ventana, desde la que se filtraba algo de luz de la calle, ya que este no bajaba del todo la persiana porque por lo visto le daba miedo la oscuridad. Pasaron los minutos y seguía sin poder dormir, cuando de repente empecé a escuchar unos ruidos secos. Abrí un ojo y, a través de la poca luz, distinguí el cuerpo de Javi, tumbado boca arriba, respirando muy fuerte. Se estaba haciendo una paja el muy cabrón, nos había oído y visto follando, pensé. Pero lo que me sobrecogió, provocándome un escalofrío, fue el tamaño de su miembro, que apreciaba en la oscuridad: “menudo pollón”, me dije, y sin darme cuenta estaba con la boca abierta, lo cual me produjo cierta vergüenza. Ahora me explico que lo dejara su novia; seguramente la tenía dolorida de tanto meterle ese bazooka. Cuando se corrió dejo escapar un gruñido y me moví sin querer; hice ruido y el giró la cabeza hacia mí, pero me hice la dormida y no sé si se dio cuenta de que presencié el pajón que se pegó el muy cerdo. Tardé una media hora en dormirme, sobresaltada por todo lo que vi.
Al día siguiente desperté y me vino a la mente la imagen de Javi masturbándose con ese enorme cipote, pero enseguida la aparté de mi cabeza. La verdad es que me dio bastante asco y decidí no pensar más en ello; total, el chico era un salido.
Desayuné con Alberto y Mari (Javi había ido a jugar un partido de fútbol con sus amigos, ya que estaba de vacaciones), y Ricardo, el marido de Mari, llamó por teléfono a Alberto para preguntarle si quería acompañarlo a llevar el coche al taller. Él accedió, con lo que me quedé a solas con Mari.
-¿Qué tal habéis dormido?
-No muy bien, la verdad, hace muchísimo calor.
-Es horrible. Y encima tengo que ir al súper. Si quieres venir…
-Me gustaría, Mari, pero me duele la cabeza; no he pegado ojo y me quiero dar una ducha. Si te parece puedo quedarme y ayudarte con la limpieza de la casa mientras tú compras- la verdad es que me encontraba algo turbada por lo que pasó la noche anterior, y en el fondo, aunque no quería reconocerlo conscientemente, la situación de ver a Javi haciéndose una paja me había puesto cachonda, así que necesitaba estar sola y echarme un sueñecito para ver si se me pasaba el dolor de cabeza.
El sueñecito fue de una hora y media. Me levanté sin saber ni qué hora era (la 1 de la tarde) y, pensando que no había llegado nadie, fui directa a darme una ducha. Salí con el pelo mojado y me había puesto un short blanco de algodón ajustadito, muy cortito, y una camiseta de tirantes también ajustada, color rosa, que dejaba parte de mi plano vientre al descubierto, e iba descalza. Iba algo provocativa, pero me cambiaría de ropa antes de que llegara el salido de Javi.
Cuál fue mi sorpresa al entrar en la habitación cuando me encontré a Javi sentado en su cama, haciéndose otro pajón mientras miraba una revista porno de las viejas. Con el ruido de la ducha no lo había oído entrar en la casa. Yo me quedé boquiabierta al ver, ahora sí, a plena luz del día, el pollón que se gastaba: enorme (unos 23 cm), grueso y con una vena gordísima que le recorría todo el tronco; además tenía la cabeza colorada y superhinchada. Con un gesto rápido se subió los pantalones de chándal medio rotos que llevaba, y escondió la revista debajo de la cama. Me dio mucho asco, pues estaba descalzo y le vi los pies huesudos y peludos con las uñas de los pies larguísimas, y el torso muy peludo también (no llevaba camiseta).
-Perdona- dijo, muy nervioso-. Mm…Mi madre no sabe que tengo esas revistas. No digas nada, por favor-tenía la voz gangosa, imagino que se debía a su disminución intelectual.
-No te preocupes-dije, intentando reponerme. Estaba en estado de shock, aunque mi reacción fue hablar con él-. No diré nada… Ehmm… Es algo normal, supongo, disculpa por entrar sin llamar primero…Siento lo de tu novia…estás triste, supongo…
-Sí.
-¿Qué le pasó? ¿No sabía lo que quería…?-Estaba intentando sonsacarle por qué lo dejó, aunque me imaginaba algo.
-Decía que le dolía cuando… eso, nos acostábamos- dijo, rojo como un tomate.
-Ah…ohm… Bueno, disculpa, solo iba a coger mi neceser.
Me dirigí a la cómoda donde guardaba mis cosas, inclinándome hacia delante para abrir el cajón de abajo del todo donde estaba el neceser. Solo quería cogerlo y salir rápido de allí; pintarme un poco y salir a la calle. Pero no caí en la cuenta de que al hacerlo Javi estaba contemplando mi apretadito culo en pompa justo a unos dos metros delante de él, plantado allí medio en pelotas y empalmadísimo.
Al levantarme sentí con sorpresa las manos de Javi en mi cintura; me agarraba firmemente, pero a la vez se quedaba quieto, como sin saber qué hacer, y noté su respiración fuerte sobre mi nuca; me sacaba dos cabezas y en ese momento estaba bastante acojonada, pero a la vez un escalofrío recorrió mi cuerpo: estaba poniéndome cachonda. De repente recordé aquello que su madre no me quiso contar acerca de la situación desagradable que pasó con su novia, y mil pensamientos se agolparon en mi cabeza: estaba considerando la opción de follar con el primo de mi novio, un tío retrasado mental con un montón de fuerza y salido perdido, con una polla que asustaba, y que podía hacerme mucho daño, pero ya estaba muy caliente y me acababa de arrimar su enorme polla a través de la tela del short; se sentía durísimo.
Al fin se produjo mi reacción, y esta fue darme la vuelta y acariciarle suavemente la tranca-no había perdido el tiempo, ya estaba en pelotas el hijoputa-. Volví a quedarme pasmada al contemplar tan de cerca ese rabo, que estaba ardiendo y con un grosor que mi manita solo abarcaba la mitad de su diámetro si intentaba cerrarla. Desde luego, la polla de mi novio era una minucia en comparación. Tenía un montón de vello púbico –se ve que no cuidaba su aspecto físico-, pero su cuerpo era bonito, fibroso. El capullo estaba algo mojado de líquido preseminal, y entonces me arrodillé, sin dejar de mirarlo a los ojos.
-Javi, de esto no diremos nada, ¿vale?
Asintió con la cabeza, respirando entrecortadamente. Tenía una mirada de loco que me estaba asustando; ni siquiera hablaba de lo cachondo que estaba. No obstante, seguí a lo mío y le di unos besos en la punta, un auténtico champiñón enorme y rojo, y tuve una ligera arcada, ya que olía bastante a semen y a orín, pero me acostumbré y empecé a hacerle una mamada muy lenta, como si fuera un gordo polo de hielo, abriendo mucho la boca para abarcarla, mientras con  mi mano le iba haciendo una suave paja. Me estaba poniendo a mil ese cipotón, y con mi mano libre me dispuse a tocarme el clítoris. Así estuve unos 5 minutos, ensalivándole la polla, hasta que me sujetó fuertemente de la cabeza y se puso a follarme la boca muy fuerte, metiéndomela hasta la campanilla. Desde luego, las tornas habían cambiado, y empezaba a sentir que no podría manejar la situación; intentaba sostenerle la mirada, pero se volvió imposible.  Después de un minuto ensartándomela en la boca a lo salvaje, me agarró más fuerte aún y empezó a correrse. El primer chorro lo sentí directamente bajando hacia el estómago, era grumo puro y espeso, provocándome otra arcada, así que lo aparté rápido con mis manos, pero los siguientes lecherazos fueron directos a mi boca, ojos, pelo y hasta dentro de la nariz se me coló corrida; estaba hecha un cristo, no sé cómo un hombre podía almacenar tanta corrida.
Fui directa al baño para limpiarme toda esa guarrada, y cuando me sequé la cara y me di la vuelta, Javi estaba parado en la puerta del baño. Se acercó lentamente mientras se masturbaba el enorme cipote de nuevo, que ya estaba todo empalmado y más venoso que antes, me sujetó por la cinturita y me dio la vuelta rápido; me bajó el short, quedándome solo con el tanga. Debió ponerle muy cachondo, porque durante unos segundos se quedó quieto contemplando mi culito pequeño y duro.
-¿Tienes condón? –le pregunté.
-No.
-Vale, pero no te corras dentro, por favor te lo pido.
Haciendo caso omiso de lo salido que estaba, con una mano hizo el tanga a un lado, y con la otra fue intentando meter la cabeza en mi coño. Sentí bastante dolor, tenía un capullo muy gordo y estaba costando que entrara.
-Despacio, Javi, por favor – dije, girando la cabeza para mirarle.
Hizo un gesto de asentimiento y empujó un poco más.
-Ahhhh- ya me había metido media polla y me dolió otro poco.
De otro empujón la metió del todo, provocándome otro grito de dolor, y entonces empezó un metesaca salvaje que duró por lo menos 20 minutos, cuando en una embestida se le salió la tranca de mi coño; el olor a sexo inundaba la habitación y yo estaba dolorida, sujetándome al lavamanos con las piernas temblando de semejante follada.
Pero lo peor estaba por venir, pues al intentar metérmela de nuevo su cabeza apuntó al agujero equivocado: estaba intentando introducirla en el culo, y di un respingo; entonces miré hacia atrás y dije:
-Por ahí no, eso es el culo.
Javi hizo caso omiso; se ve que le gustó lo apretado que le resultó y se empeñó en seguir empujando.
-Ehhh, adónde vas?? Te he dicho que por el culo no… Duele mucho y nunca lo he hecho por ahí- la verdad es que sí lo había practicado una vez con mi novio, pero su polla era mucho más pequeña que la de Javi, y aun así me dolió bastante.
Entonces todo sucedió de repente: me sujetó con sus dos manazas por la cintura y empujó, despacio pero sin dudarlo, hasta que entró el cipote, lo cual me arrancó un grito de dolor indescriptible, como si me estuvieran metiendo una barra gorda de hierro ardiendo por el culo.
-¡Aaaaahhhhaaahh, sácalaaaaa! No me va a entrraarr!
La sacó unos centímetro, pero para volver a empujar y, esta vez sí, entró hasta la mitad; me dolía horrores y pensé que me moría. Dio una nueva embestida y empezó a literalmente follarme el culo a un ritmo primero despacio, pero duró poco y en 2 minutos me estaba dando a una velocidad tremenda, cogiéndome del pelo con las dos manos de tal forma que pensaba que me iba a arrancar la cabeza. Me estaba follando muy heavy, varias veces me daba tan fuerte que se me levantaban los pies del suelo.
-¡Ayyyyyy!- Intentaba coger aire como podía- ¡Ayyyy!, ¡Aaaaayyyy! Notaba cómo sus huevos chocaban contra mi culito con golpes fuertes y secos: “Plop, plop, plop”.
El calvario siguió, yo pensaba que me desmayaría, cuando de repente dejó su polla dentro y su tranca se hinchaba, abriéndome aún más, y sentí el primer varetazo, leche caliente directa a mi estómago, seguido de 5 más. Sacó su cipote y unas gotas de semen cayeron al suelo; no sé cómo el muy cabrón tenía tanta corrida, pero yo estaba destrozada, toda empapada en un sudor frío.
Al fin se vistió y me dejó ahí, echa un trapo, sin siquiera pronunciar palabra. Se vistió y salió de casa. Yo me fui a la ducha como pude, me costaba caminar y no podía casi levantar las piernas para meterme en la bañera.
Esa noche, mientras cenábamos, dije que no me encontraba muy bien y me fui pronto a la cama.
-Tienes cara de cansada- dijo Mari, la madre de Javi.
-¿No te estarás poniendo mala?- preguntó mi novio Alberto.
-No creo, será que necesito recuperar horas de sueño.
Al cabo de una hora de haberme acostado, sin poder dormir, claro está, y hasta notándome décimas de fiebre de la tremenda follada, entró el cabronazo de Javi, se acostó y se puso a rezar con sus estampitas, no sin antes notar cómo me echaba un vistazo el muy hijo de puta, para después empezar a hacerse una paja. Nunca más follaré con un retrasado mental.

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