El regalo de cumpleaños (1)

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Son las 7 de la mañana, como cada día, suena el despertador, sacandome de mis sueños, siempre en el mejor momento. Como no, cada mañana me despierto con una ereccion. Me dirijo a la ducha, aún con mi pene apuntando al techo, desayuno, y voy hacia el instituto.
De camino me encuentro a Diego, mi amigo de toda la vida, esa persona que lo sabe casi todo de mi.
-Hugo, tío, felicidades!-me suelta.
-Gracias, colega-le digo aún medio dormido.
-¿Como te sientes con 18 años? ¿Cambia algo en tu cerebro?-dice Diego.
-Jajajaja, no, todo sigue igual que ayer compañero.
Hablando de nuestras cosas, vamos caminando hacia el instituto. A los cinco minutos se nos une Alba, para completar nuestro grupo inseparable.
La miro de arriba a abajo, hoy lleva una falda que le llega a medio muslo, y un top negro, enseñando su piercing en el ombligo de ese vientre plano.
Hace mucho que estoy coladito por Alba, creo que ella lo sabe, y le gusta saberlo, pero nunca me ha demostrado que yo le gustase también, igual es miedo a romper nuestro grupo, no lo se.
-Felices dieciocho Hugo!!-me grita mientras corre en mi dirección.
Salta hacia mi y yo la cojo en brazos, mis manos van a su culo para sujetarla, ese culo respingon y perfecto que podría pasar horas mirando…
Mientras me da besos por toda la cara, su pelo largo castaño me hace cosquillas por el cuello.
De repente, noto un ligero roce en la entrepierna, me parece que se está frotando contra mi, pero no estoy seguro de si lo hace a propósito. Mi pene empieza a crecer, disimulado por mis calzoncillos, no es normal lo que me pone esta chica.
Va caminando a mi lado, el top deja ver un escote que nadie se resistiría a echar un ojo. Sus pechos son pequeños, pero son tan redondos y perfectos, que son mejores que muchos más grandes, creo que sus pezones se estan poniendo un poco duros, debe ser por el frío de la mañana, estamos en mayo y aquí aun refresca a estas horas…
Noto su mirada clavada en mis ojos, la miro, me sonríe y me guiña un ojo.
Eso nunca lo había hecho, muchas veces me había pillado mirando sus pechos, pero nunca había tenido ninguna reacción a ello. Por si no estaba suficientemente excitado con los roces de antes, este gesto me acaba de poner más aún.
Llegamos a clase, Historia de España a primera hora, perfecto para dormir. Yo siempre me siento con Diego, pero esta vez, Alba corre a sentarse en su sitio, en ultima fila.
-Hoy me quedo yo con el cumpleañero-dice sonriente, con su carita de ángel.
Diego, un poco resignado, va a sentarse con Raquel la compeñera de pupitre de Alba.
-Veo que me miras mucho últimamente- me dice Alba cuando Diego se va.
-¿Yo? Que vá serán imaginaciones tuyas.-respondo sonriendole.
-Que pena, antes me había parecido que se te había puesto dura cuando te abracé, tendré que pensar en otro regalo de cumpleaños diferente…-Comentó haciéndose la apenada.
Suspiré profundamente mientras miraba sus ojos color café. Estaba a punto de hacer algo que no tenia vuelta atras.
-Alba, desde el primer día que te vi ya me atrajo tu físico, y ahora eres mi mejor amiga, sabes perfectamente que me gustas, y no, no pongas cara de sorprendida, lo sabes desde hace mucho tiempo – dije cuando vi que se había quedado impresionada. Sus mejillas estaban rojas y su mirada se fue al suelo por un segundo.
Me miro fijamente, con sonrisa de pícara, y me dijo:
-Ya, ¿entonces puedo regalarte lo que yo quiera? – Dijo
-Me das miedo Alba. – Le respondí, no sabia que podía pasar ese día, pero tal y como estaba, parecía que iba a ponerse muy interesante.
-Tú confía en mí, se que te va a gustar.
Pasó la primera media hora de la clase, aguantando la voz del profesor hablar sobre la España del siglo XIX. De pronto note una mano en mi rodilla, debí hacer algún gesto, porque Alba me susurro:
-Tranquilo guapo, tú déjame hacer.
Yo seguí mirando hacia adelante, aunque ya no escuchaba lo que decía el profesor. La mano de alba subió por mi pierna, hasta llegar a mi paquete, lo agarró, y mi pene se puso duro en apenas unos instantes, ella lo noto, y acarició mi pene por encima de mi pantalón. Yo sentía muchísimo placer, nunca había estado tan excitado, si seguía así no sabía como iba a acabar esto, estaba a punto de…
-Hugo, ¿que acabó de decir? – dijo el profesor, con una media sonrisa.
-Ehhhh, pues, no lo se, lo siento – me disculpé.
-Intenta mantener los ojos abiertos en mi clase al menos, se que historia a primera hora es algo difícil de llevar, pero por lo menos, aguanta despierto. – Me dijo tajante.
Había cerrado los ojos disfrutando de la mano de Alba sin darme cuenta, menos mal, por un segundo pensaba que nos había visto lo que estábamos haciendo.
Su mano seguía en mi paquete, pero del susto mi excitacion desapareció por completo.
-Parece que te has asustado bastante – me dijo – mejor lo dejamos para más adelante, aún te queda mucho cumple – puntualizó mientras me guiñaba el ojo.
Un rato después, sonó el timbre, cambio de profesor, toca filosofía, los martes son el peor día de la semana.
A los 5 minutos de comenzar la clase, Alba levanta la mano.
-Profe, ¿puedo ir al baño? – Preguntó
-Sí, claro. – dijo la profe de filo.
Alba me agarró el paquete durante medio segundo, se levantó, y se fue por la puerta. Esta chica me tiene loco, cualquier movimiento que haga, me hace perder la cabeza.
Dos minutos después volvió al aula, sonriente. ¿Que estaría tramando?
-Dame tu mano. – Me dijo al sentarse.
Se la dí. Ella puso su palma contra la mía, había algo suave y húmedo entre ellas.
-Uno de los regalitos de hoy, no te pienses que es el único.
Un tanga rojo, brillante, empapado de jugos era lo que tenía en mi mano.
-¡Pero guadardalo atontado! – Me apremió
Cerre la mano rápidamente, mirando alrededor, parece que nadie se había dado cuenta, menos mal.
Me ardía la cara, nunca había estado tan excitado en mi vida. Alba debió darse cuenta, porque me miraba sonriéndome.
Baje la cabeza para oler lo que guardaba mi mano. Un olor penetrante a sexo se apoderó de mis sentidos, me pregunte si podría probar lo que producía ese olor.
Con la valentía que produce la excitacion, lleve mi mano a la pierna de Alba, fui subiendo lentamente por el interior de su muslo, levantando su falda y pare muy cerca de su coño, podía sentir el calor que emanaba de ahí abajo.
-Te odio, – dijo Alba – ¿porque paras?
Le miré mordiendome el labio, nadie más que yo deseaba meter los dedos dentro de ella.
-Joder, o lo haces o quita la mano, pero no me tengas así cabr…oooh
En ese momento subí la mano a su coño, mojando mis dedos en su humedad, recorriendo su coño de arriba a abajo, su cara estaba roja, estaba tan cachonda como yo, se mordía el labio para no gemir se placer.
-Llevó deseando esto tanto tiempo… – le dije
Ella no podía responder, yo no paraba de tocar su clitoris, haciendo que se agitada de placer, estaba a punto de correrse.
Metí un par de dedos dentro de ella, y entonces pasó. Su cuerpo empezó a agitarse en la silla, mi mano estaba empapandose de su corrida. Ella no decía nada, tenía la cabeza apoyada en los brazos sobre la mesa, ni siquiera respiraba, estaba reprimiendo cualquier sonido.
Entonces sino el timbre que anunciaba el primer recreo. Alba me miro y me dijo:
-Es la mayor corrida que he tenido en mi vida, nunca había sentido nada igual, tengo que devolverte el favor, voy al baño a limpiarme un poco, tu mientras tanto limpia la silla – dijo señalandola, parecía que se había caído un vaso de agua en ella – y en 5 minutos quedamos en los baños tercera planta, no tardes, por tu bien.
Yo no sabía que decir, me había quedado totalmente impactado con lo que acababa de pasar.
-Claro, allí estaré – le dije mientras Alba salía por la puerta.
Apenas eran las 10:30 de la mañana, y ya estaba siendo el mejor cumpleaños de mi vida.
Diego que aun no se habia levantado, cruzo la mirada conmigo, pero la desvió rapidamente, saliendo de clase sin dejar rastro. ¿Se habria dado cuenta de lo que habia pasado?
Continuará…
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