el agujero

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La moneda rodó y rodó, hasta llegar a un lugar recóndito del garaje, la pared más alejada de donde me encontraba para ser fiel a la ley de Murphy; una pared llena de agujeros, desconchones, y en cuyos bajos se acumulaban los detritos de una obra jamás terminada. Renuente y maldiciendo por lo bajinis, me fui tras ella, pues dos euros son dos euros.
Al agacharme para recogerla, a través de un agujero que quedó a la altura de mi ojo, ví que salía luz desde del otro lado de la pared y la curiosidad hizo que mi vista tirara de mi cabeza para poner mi ojo en el. Era una habitación con un camastro, una desvencijada mesa y un montón de fotos y posters en las paredes. En principio nada chocante, era la típica habitación de un guarda de noche, o del portero del edificio.
Con mi moneda ya en la mano me dispuse a abandonar el lugar, cuando una figura entró en el campo de visión del agujero: era un hombre totalmente desnudo, corpulento y peludo, mojado y con una toalla en su cintura. Supuse que habría alguna ducha fuera de vista y que el tipo estaba terminando su jornada con un remojón.
El morbo de momento hizo que me quedara mirando unos segundos más las espaldas peludas de ese hombre, cuando vi que se ponía de perfil a la vez que se quitaba la toalla, y puede contemplar una polla morcillona y rolliza que así, sin estar erecta, medía sus buenos 20cm, además de unos huevos gordos, peludos y colgones. Era en verdad un conjunto mayestático. Se dio la vuelta quedando frente a mí. El glande gordo y rosado dominaba la atención de la vista, pero inmediatamente, siguiendo un tronco venoso y grueso, se pasaba a fijarse ineludiblemente en eso dos huevazos enormes.
Sacó un bote de leche corporal y empezó a frotarse la polla lentamente en toda su longitud, desde el capullo hasta la raíz, y vuelta. Tras unos cuantos compases el pollón había adquirido un tamaño importante, así como las venas que lo cubrían, y hacía mi boca agua.
Se fue aproximando a la pared donde o estaba. Yo ni me moví para no delatarme, ya que cualquier escombro a mis pies podría hacer el ruido suficiente para descubrirme. Me fui retirando poco a poco pues su polla se fue introduciendo por el agujero por donde estaba espiando, hasta que sus caderas hicieron tope en la pared y todo su cipote sobresalía de mi lado de la pared…. y entonces empezó a follársela.
Yo veía atónito frente a mis ojos como ese gordo capullo iba y venía acompasadamente y tan solo podía pensar que ojalá fuera yo esa pared y ese agujero mi ano, en lo que iba a disfrutar viendo esos huevazos bamboleándose tras de mi…. Entonces, en un arranque incomprensible, acerqué mi boca al final del trayecto de su polla y cuando el glande tocó mi lengua succioné intentando vanamente tragarme ese pedazo de carne.
Al otro lado hubo un sobresalto y retiró rápidamente el pollón, pero debió gustarle el morbo, pues tras un corto paréntesis, volvió a asomar su capullo por el agujero, despacio pero hasta el fondo, y ahí se quedó como esperando. Yo cogí suavemente el tronco enorme que sobresalía de la pared y fui pajeándolo mientras mi lengua hacía su trabajo en su glande. No podía entrarlo en mi boca, así que me conformé con lamerlo, chupetearlo y succionarlo. Al rato, con un espasmo, empezó a correrse con un torrente espeso y abundante.
Sacudí bien ese cipote para que acabara bien y, como con el orgasmo se iba relajando, aproveché para, ahora sí, meterme el máximo de su polla en la boca. Aun medio fláccida era mucha carne pero me tragué lo que pude gozando de la sensación de la mamada.. Estuve así un rato y luego, con pena, me la saqué de la boca y me fui de allí sigilosa y rápidamente, prometiéndome a mi mismo no volver por ahí nunca más.
…Pero al día siguiente, tras un montón de dudas, el morbo venció y sobre la misma hora estaba frente al agujero. Y ocurrió lo mismo. Su polla apareció por el. Parecía que estaba esperando que se repitiera y me estaba esperando. Así lo repetimos tres días seguidos.
Al cuarto día que repetí fui preparado para dar un paso más. Como ya había calibrado bien el enorme tamaño en largura y grosor de esa verga, me había estado preparando el culo para recibirlo dentro sí o sí. Tras limpiarme con esmero el recto y masajearme el ano con crema, me penetré con varios de los consoladores que tengo hasta que el más grande entró con facilidad.
Así que cuando llegué frente al agujero aparqué el coche tapando la visión que pudiera darse de ese trozo de pared, me quité los pantalones y la ropa interior y di dos toques a la pared, junto al borde del orificio, como nos habíamos habituado a hacer, y comencé mis chupeteos y lamidas y succiones mientras le pajeaba, y fantaseaba con sus huevos rebotando en mis nalgas…. Cuando se la puse bien dura, hinchada, las venas reventonas y palpitantes como el cuello de un cantaor, me erguí, me puse de espaldas y fui intentando meterla poco a poco en mi culo. Al principio el siguió con su movimiento habitual y acostumbrado, luego paró y se debió percatar de lo que estaba a punto de ocurrir y de lo que yo intentaba, y paró dejando su pollón fijo para que yo siguiera introduciéndomela. Esto me excitó más si cabe.
Empujón a empujón, el cabezón de su verga fue abriéndose camino, gracias a que mi ano estaba pre-dilatado y muy bien lubricado. Aún se fue dilatando más y más a cada movimiento que iba haciendo con mis caderas, hasta que de pronto el glande entró, con un húmedo plop, entero en mi ano. Paré para saborear el momento en mi palpitante ojete. Tire y lo dejé salir, para luego volverlo a meter. Al poco de repetir esto ya entraba y salía con facilidad y, centímetro a centímetro, me fui metiendo cada vez más polla. Mi excitación era cada vez más grande, era increíble, y mi placer iba a la par. Estaba gozando como nunca. Me auto-follé con la mitad de su cipotón y cuando noté que su hinchazón era máxima me la metí entera de golpe y dejé mi culo pegado a la pared, mis nalgas bien separadas, y mi ano dilatadísimo con todo ese pollón dentro.
El debió captar mi idea y fue moviéndose lentamente al principio, fuera de mi culo, luego empujó despacio pero firme todo el pollón dentro otra vez. Poco a poco fue subiendo la velocidad y la fuerza de empuje de la embestida. Yo aguanté con mi culo pegado a la pared todas sus embestidas, su polla entrando y saliendo, entrando y saliendo y al poco sentí el chorretón de leche golpeando abundante y caliente el interior de mi recto. Yo aproveché para masturbarme mientras su pija se deshinchaba poco a poco dentro de mi culo y me corrí sintiendo sus palpitaciones.
A partir de la tarde siguiente ya me follaba en el camastro de su habitáculo todas las tardes. Su enorme polla me tenía dilatado el ano todo el día y sus huevazos eran mi juguete favorito.
En una de las sesiones de sexo, cuando ya había logrado que se corriera dos veces, me pregunto:
-¿Te gustan mucho mis testículos, no?
– Me encantan! También esa pollaza, pero tus huevos me entusiasman. Me gusta jugar con ellos, chuparlos y sobre todo verlos moverse detrás de mi mientras me follas y sobarlos para que te corras…¿a ti te gusta mi culo?
-¡Joder, me paso el día esperando verlo abierto y lubricado ante mi para follármelo!. Me gusta cómo se dilata y traga toda mi polla y como queda luego de la follada tan abierto y soltando leche…Por eso se me ha ocurrido un juego que me da mucho morbo y a ti te va a encantar.
-¡Dilo!- exclame excitado- Ya sabes que estoy dispuesto a cualquier cosa que nos haga gozar.
-Mejor que decírtelo lo hacemos y te sorprendo.
-¡Vale!
Le dejé hacer. Me puso con el culo en pompa en el borde del camastro, mi culo bien ofrecido, mi ano abierto después de las dos folladas anteriores. Noté sus dedos hurgando en el, lubricándolo y abriéndolo a su máximo. Cuando lentamente me fue introduciendo su mano dentro de mi culo sin cerrarla en puño, pensé que lo que quería era hacerme un “fist-fucking”, pero nada más lejos de lo que iba a hacer. Me estaba gustando, me sentía cómodo y me excitaba notar lo elástico de mi ano.
En un momento dado note que sacaba su mano pero que lo que entraba era su pollón, con facilidad y hasta el fondo, follándome lenta y rítmicamente. Luego la dejó dentro un instante y sentí como entraba un dedo además de su polla, luego otro más, dilatando aun más mi ano, poco a poco. Yo estaba al borde de correrme, pero el suspense me tenía en vilo. De pronto sacó y metió su verga rápidamente varias veces, provocando que su glande produjera sonidos húmedos al hacerlo.
En una de sus salidas noté que algo se introducía dentro de mi culo, extraño y desconocido, no desagradable en absoluto, pero diferente.
-¡Ahí va uno!- dijo.
¡Me estaba metiendo uno de sus huevazos! Bien gordo y semirígido. Notaba sus dedos empujando dentro el bulto, estirando mi ano para que entrara mejor. Al poco empezó con el otro con las mismas maniobras. Y quedaron ambos dentro, encajados en mi recto. Yo apretaba y relajaba los músculos de mi recto como mamándoselos. Notaba sus jadeos. Yo sentía su polla sobresaliendo por entre mis nalgas mientras que sus testículos estaban dentro de mi culo, eché mano de ella y empecé a hacerle una paja. ¡Qué sensación más rara y placentera!. Pronto sentí que se iba a correr. El exclamó:
-¡Espera!¡Para!. No quiero correrme aún. No he terminado con el juego.
Note sus dedos abriéndose paso por mi ano, sus huevos aún dentro, estirando y estira, dilatándomelo, y luego noté una presión más. ¡Era su glande!¡Estaba intentando meter sus polla junto con sus huevos!. Me dejé hacer, relajando mi maltrecho y excitado culo todo lo que pude y tras unos empujones más el pollón se deslizo entero dentro. Se detuvo y se recostó en mi espalda, dejando inmóvil todo el paquete dentro de mi recto.
-Esto es estupendo. Noto vibrar tu culo.
-¡Y yo noto que me va a estallar de gusto, cabrón!.- Tiró como para sacarlo todo, pero con la polla erecta y dura era tarea imposible pues hacía palanca y los huevos tapón.- Creo que no podrás sacarlo si no te corres antes.- le dije.
– Pues…¡Manos a la obra!.- Contestó, y en seguida empezó un vaivén rápido dentro de mi culo que a instantes parecía que me iba a reventar el ojete, y otras que me iba a estallar el recto de lo lleno que lo tenía. Empecé a correrme…
De pronto con un espasmo bestial, mientras se agarraba con fuerza a mis caderas, noté la explosión de su corrida monumental. La leche salíó a presión por los bordes entre mi ano y su polla. Conforme se iba relajando dentro de mi, la presión disminuía, hasta que con un sonoro y acuoso “plop” salió de mí dejándome tirado y derrengado boca abajo en el camastro, con el culo roto de gusto y corriéndome como nunca.

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