Soy Bibliotecaria (XV: Fantasía en el coche)

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He recibido este mail:

“He leído tus relatos. Muy estimulantes. Quisiera agarrarte por los senos y hacer que me chupases la polla. Quisiera atarte con las piernas abiertas y depilarte completamente; después te lamería hasta volverte loca. Quisiera tumbarme y esperar a que te empalases el culo con mi polla ardiente y dura al máximo. Quisiera mirarte mientras te masturbas dentro del coche. Tengo el pene a punto de estallar. Eres una puta y me excitan tus historias. Gracias. Luis”.

No sé qué decir. Explícito. Bueno, en el fondo me lo esperaba y no es el primero que recibo. Además no está tan lejos de lo que busco. ¿Qué busco? Lo tendrás que descubrir tú como hacen los demás… ni yo misma sé bien qué busco al contaros mi vida sexual. Soy exhibicionista, pero no sólo. Si quieres llegar a follarme, primero tienes que poseer mi cerebro; da igual que seas chico o chica.

Quiero ser una fantasía, me gusta serlo. Quiero ser una puta virtual que se revuelca ante tus ojos con la gente que la rodea. Busco ésto, pero no sólo… Para ganarme no importa ni el sexo, ni la edad. Todo me está bien. Puede vencer el premio que busca Luis (y otros/as que me han escrito) cualquiera que quiera una buena relación conmigo, aunque sólo sea virtual. Pero volviendo a la carta que he recibido…

Tengo suficiente para “agarrar”. No te esperes las tetas de Pamela Anderson. Estoy bien dotada, pero sin exagerar. Pequeñas o grandes, me gusta que me las toquen. ¿Cómo? Depende. El desconocido que me roza en un lugar público sin que yo pueda verle la cara. Cuando voy con mi marido a un club privado y alguien me toca. Pero que lo haga con cuidado. Quizás el chico de una pareja con la que podamos echar dos risas y un polvo, primero reír, después tomarnos en serio. Mejor aún si es ella la que lo hace. O mi marido, que me agarra por detrás y las separa, como queriendo arrancarme las tetas, mientras me lame el cuello y otros miran. ¿Atada? También, por qué no. Pero prefiero atar yo… sin cuerdas.

En fin. Sé que soy una chica guapa y con buen cuerpo, me gusta jugar, tengo una fantasía efervescente… me imagino un coche cerrado en pleno verano, con mucho calor. Me gusta el calor, ese que te hace sudar sin moverte. Es mediodía. Llevo gafas de sol, claro, y mi bikini más provocativo (me divierte ponérmelo y que me miren). Imagínate. Estoy dentro del coche y aún llevo el bikini. Tú me ves. Yo soy un poco gilipollas y hago el tonto, sonrío, me chupo los labios, me acaricio arrodillada en el asiento posterior. Apoyo las manos en la ventanilla y beso el cristal, mirándote. Me toco… Me toco entre los muslos, pero sobre la braguita. Y entre que estoy sudada y que lo que hago no me deja indiferente… te dejo que pienses en cómo está la braguita. Tú te sacas la polla… Enhorabuena, buena herramienta. Me la muestras, la apoyas en la ventanilla. Yo me acerco a lamerla. Pero desde el otro lado del cristal. Pongo cara de mala. Me separo y me acuesto. Abro las piernas. La mano se cuela en la braga. Intuyes los dedos que entran, pero no los ves. No son cosas románticas lo que me dices, pero es lo que quería: hacerte sufrir. No, no te dejaré entrar; ni a mi marido… a ninguno. Pero os quiero ahí fuera.

Si debo jugar, no me basta sólo un hombre; quiero el coche rodeado. Me muevo dentro del habitáculo, como una leona en su jaula. os veo enrojecer, enloquecer… Me quito el sujetador. No son tetas de película porno, pero son bonitas y todos desearíais chupármelas. Estoy en un baño de sudor y ese coche al sol se convierte en una sauna. La chapa debe estar muy caliente. Tened cuidado no os friáis la polla al contacto. Me río de vosotros, mientras aprieto mis pezones. Siento un perfume de coño excitado. Entonces, ¿eso el lo que quieres? ¿Verme el coñito? ¿Ahora mismo? No puedo negarte lo que deseas. Soy tu geisha virtual, ¿no? Me quito la braguita del bikini. ¡Míralo! ¿No sabías que me lo había afeitado? Es que como ha llegado el verano… Así parece el chochito de una niña. Mira mis dedos que acarician la piel suave y delicada, se resbalan arriba y abajo, como penes… ¿Mi culo? También te lo enseño. A ti y a todos los que rodeáis el coche. Gritáis que queréis mi culo. Ansiosos. Sé que parezco una preciosa niña maliciosa, pero no hace falta que gritéis. Vale, vale, me lo toco. Acerco mi culo a la ventanilla y lo aplasto contra el cristal. Me agito, me penetro el ano con un dedo, ante vuestras caras pegadas al cristal. Vamos, chupa. Está ahí, a menos de medio centímetro de tu lengua… sólo separados por un cristal. Tú miras cómo mi dedo entra y sale, entra y sale… No, no bajo la ventanilla… ni os la chupo… Os toca mirar y no tocar… Mírame con el juguete que Carmen y yo compramos hace quince días en un sexshop. Os veo tan calientes que creo que debo enseñaros cómo lo usamos. me lo meto despacio; es muy grueso. Me hace gritar de placer. Vosotros tembláis. Intento metérmelo atrás. ¡Ummm! No me gustan demasiado los consoladores; prefiero los originales. Pero por haceros enloquecer, soy capaz de todo.

Uno de ellos, vestido sólo con una erección monumental, me grita: “¡Puta! Sal y déjame que te rompa el culo”. otro grita: “No puedo más. Jodida calentorra, déjame a mí”. Me quedo con ganas de preguntarle qué pensaría su mujercita, que está tostándose al sol en la playa, si le viese tocarse junto a mi coche. ¿Quizás le gustaría verla en mi lugar? ¿Y por qué no dentro del coche conmigo, calentando a todos los machos de la zona con un lésbico bestial? Dejémoslo. Me gusta veros eyacular en las ventanillas. Me tocará lavar el coche, pero habrá merecido la pena.

Datos del autor/a:

Autora: Nin.

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