De niña a mujer (II)

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(Una experiencia real)

Después de la experiencia tan agradable que ella me regaló, sentí un fuerte deseo de adentrarla en el placer que el mundo le deparaba. Mi inocente mujercita, con tanta sensualidad que irradiaba, no conocía casi nada de lo que a sexualidad se refería, y esto era lo que me enloquecía más acerca de ella. Sus tímidos pasos en este aprendizaje no hacían más que cautivarme más y más. Y más que darme a mi propio placer quería que ella experimentara las delicias del sexo.

Nuestros furtivos encuentros, con besos caricias, respiración agitada se hacían más frecuentes y naturales. Su cuerpo empezaba a buscar el contacto con el mío y se dejaba llevar por las caricias que le daba a través de la ropa por casi todo el cuerpo. Aunque ella no lo admitía… sentir mis manos y mi boca peligrosamente cerca a sus invitantes senos la tenían enloquecida. Yo no intentaba tocarlos, sabiendo que tarde o temprano esa batalla interior entre sus principios y el deseo que yo despertaba dentro de ella, serían finalmente ganados por el último.

Mmmm,oh, Ummn – sus profundos suspiros entremezclados entre jadeos, denotaban la fuerte excitación que ella estaba sintiendo.

Te gusta? -mirándola yo picaramente.

Mmmm…sssii! – Con su mirada clavada en la mía.

Nos encontrábamos besándonos furiosamente apoyados contra el muro al pie de la escalera. Ella aceptaba francamente el rítmico roce de mi pierna contra su pubis, mientras mis manos bailaban por su nuca, su espalda, sus nalgas. Furtivamente introducía yo la mano derecha por debajo de su blusa y acariciaba su espalda llegando casi a sus hombros deliciosamente tersos, mientras mi otra mano se infiltraba traviesamente bajo su ajustado pantalón. Su respiración agitada y sus brazos rodeándome fuertemente y sus besos profundos me decían que ella gozaba de este apasionado manoseo.

Con mis manos inquietas pude sentir el nacimiento de la raja de su culo, la tersura de la piel de esas nalgas que no hacían otra cosa que provocarme al verla caminar. Yo la apretaba firmemente hacia mí haciéndola sentir la rigidez de mi mástil. Y ella tímidamente al principio me apretaba hacia ella apretando mi culo hacia ella. Estaba aprendiendo rápidamente a reciprocar.

Me gusta ponerte así- Le dije- Te ves aún más preciosa cuando estás arrecha…

Arrecha?- Intrigada

Excitada- Le aclaro

Oh!- exclama.

Dios como me enloquece su inocencia. Por momentos me siento como un desgraciado tratando de aprovecharse de su pureza.

Creo que me mojé-Dice tímidamente con una sonrisa.

Sí? A ver muéstrame?- Intentando un mayor avance

No. No sé que me da. Me da vergüenza.-Dice algo mortificada

Muñequita, no tienes de que avergonzarte- Tu humedad simplemente me muestra cuanto te atraigo. – Tranquilizándola

No sé, no sé- insegura de que hacer. Definitivamente abrir las piernas para mostrar el pubis mojado a su enamorado, no es algo que una señorita decente hace, ni siquiera con el pantalón puesto.

Temes que yo vaya a pensar mal de ti? – Hablando mientras la rodeo con mis brazos.- Yo solo sé que lo que sientes y la forma en la que tu cuerpo reacciona se debe a lo que sentimos mutuamente. No tiene nada de malo, al contrario…es normal entre dos personas que se aman.

Vamos a sentarnos al sofá-llevándola de la mano, nos sentamos lado a lado.

Dejamos que nuestras espaldas descansen cómodamente, mientras rodeo sus hombros con mi brazo. Ella tiene agarrada mi mano con ternura, mientras que con la mano libre acaricio su lindo rostro y acomodo ligeramente el cabello algo desordenado por el frenético besuqueo que tuvimos.

Me tiemblan las piernas – me confiesa

Bueno, estuvimos bailando lambada como por media hora, no?- comento yo

Lambada? Ja Ja Ja – ríe ella – es cierto, parecía que estábamos haciendo eso.

No lo sientes como algo natural entre nosotros?

Si, me agrada mucho – me dice y besa mi mejilla

Yo también me mojé- le digo

De verdad?- incrédula

Si, no me crees?- separando mis piernas- mira

Ella se yergue lentamente, aun dudando si mirar

-Anda, mira sin temor, a mi no me da vergüenza que tu me veas, al fin y al cabo, eres mi enamorada y tienes todo el derecho de verme como quieras.

Sentada al borde del sofá, se reclina ligeramente y ve detenidamente el área. Yo me doy cuenta que no solo esta viendo la humedad causada por el magreo sino también mi rígida verga tratando de romper el pantalón.

Déjame verte a ti ahora- Le digo sonriendo

Mmm, no estoy segura- dudosa

No seas tontita. Seguro que te ves linda ahí

Mirándome un poco avergonzada la veo separar tímidamente las piernas.

Me yergo – Abre un poquito mas, dulzura

Me quedo un rato observando esa deseada zona humedecida. Acerco mi rostro como para observar mejor, la miro a los ojos y le sonrío- No solo se ve lindo, también huele muy rico. Me mira un poco desconcertada, incomoda pero sigo sin moverme de allí, hablándole, relajándola.

Puedes oler algo?- Pregunta curiosa

Yo acerco mi rostro aún más a su pubis y con una expresión de satisfacción le digo – Huele delicioso

Me sonríe tímidamente

No tengas miedo de mostrarme tu conejito mojado, OK?

Asiente con la cabeza.

Me siento nuevamente a su lado y la aprieto a mí. En un instante nuestras bocas se encuentran. La tibieza de sus labios, su lengua y el dulce sabor de su saliva me alocan. Mi lengua acaricia sus dientes con vehemencia y se entrelaza luego con su lengua como tratando de recrear lo que nuestros cuerpos hacían.

Mis manos viajan sobre su ropa, pero no pasan ese perímetro invisible que delimitan sus lindos senos. Me separo levemente de ella y miro sus ojos que me miran cálidamente.

Que lindos senos tienes muñequita – Ella se sonroja, notando mis ojos clavados en sus pechos.

Te gusta rozarlos con mi pecho?

Si- dice ella tímidamente

A mí encanta sentirlos también, aunque te confieso que me gustaría acariciarlos, mimarlos como te mereces.

Me mira sin saber que hacer, nunca antes nadie había tocado sus senos.

Puedo? mirándola con calma y con una sonrisa

Ella con expresión dulcemente inocente toma mi mano derecha y la posa sobre su seno.

Le dedico una sonrisa, embelesado por la sensación tan tersa que se insinúa bajo la blusa.

Ella también me sonríe tímidamente

Sin quitar mi mano de su pecho, casi inmóvil, rozando levemente sus senos, con gran delicadeza y fascinación, busco su boquita que se me ofrece, ávida, deliciosa.

Nuestro beso se intensifica, y mi mano acaricia más atrevidamente sus senos, haciéndola suspirar intensamente.

Paso a besar su cuello cálido y ligeramente húmedo de sudor y saliva y desciendo lentamente a su escote mientras mis caricias por sus lados y espalda no cesan. Sus muslos se agitan con el roce de mis manos y su culito se pone tenso en espasmos causados por mi tacto. Esta vez está aún más excitada. La miro a los ojos y lenta pero claramente ella ve descender mi rostro sobre su pecho. Doy suaves besos haciendo círculos alrededor del área de los pezones. Sus gemidos se hacen mas evidentes y termina por rodear mi cabeza con sus brazos y me presiona cálidamente contra sus senos, aceptando mis francas caricias sobre la ropa. Sus ricos senos responden a mi tratamiento revelando unos pezones turgentes que se hacen tremendamente evidentes a través de la blusa.

Ves? A tus pechitos les gusta que los mimen también- digo sonriendo

Ella sonríe cálidamente…

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