Me follo a un chico que conozco por internet relato erotico

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Mi novio y yo habíamos cortado. Después de un tiempo tuve la necesidad de volver a tener relaciones sexuales. Al principio me masturbaba yo sola. Tiempo después se me ocurrió comprarme una bala vibradora para estimularme el clítoris y que la experiencia fuese más placentera. Al principio con esto fue suficiente, pero con el paso del tiempo cada vez sentía más la necesidad de algo más. Y es que llevaba ya cuatro meses sin echar un buen polvo.

De modo que para satisfacer mi deseo me puse a buscar a algún tío dispuesto a follarme. La opción más fácil fue recurrir a una web de citas. Y eso hice. Al momento de crear mi perfil ya había varios candidatos deseosos de pasar una noche conmigo. Solo tenía que elegir uno o por lo menos decidir a cuál me tiraría primero, porque quién sabe, quizás tendría que volver a recurrir a alguno de ellos.

Escogí a un chico que me pareció bastante atractivo. Por lo que podía ver en su foto era alto, delgado, con ojos verdes y pelo castaño. Y además en una de sus fotos pude ver que tenía un buen paquete. No nos andamos con tonterías. Ninguno quería guardar las apariencias, así que pasamos de cenar juntos como en una cita y fuimos directamente al lío. Quedamos en su casa, ya que en la mía estaban mis compañeros de piso y no me apetecía dar explicaciones. Iba preparada para la ocasión. Me había puesto mi lencería más sexy. Esperaba que al chico le gustase. Era un sujetador negro completamente de encaje y un tanga a juego que se trasparentaban y dejaban poco a la imaginación. La lencería negra siempre me ha parecido muy sexy, por eso opte por ella.

Me abrió la puerta y me invitó amablemente a pasar. Una vez cerró la puerta se tiró directamente a mis labios y comenzó a besarme. Yo le seguí el juego para ir entrando en calor. Dejó de lado mis labios para continuar por mi cuello y mis orejas. Yo noté como empezaba a humedecerse mi tanga porque los besos en esa zona me ponen muy cachonda. Se me escapó un leve gemido que a él pareció excitarle por la expresión de su cara. Yo comencé a besarle el cuello a él y le mordí los lóbulos de las orejas, cosa que le excitó aún más. Decidí dar un paso más y le quité la camiseta. Quedó al descubierto su torso desnudo con los abdominales marcados. Estaba mucho más bueno de lo que parecía en su perfil. Comencé a besarle toda la zona que acababa de desnudar y cuando me fijé en su paquete noté que había un gran bulto. Ver como le excitaba lo que le hacía me ponía muy cachonda. Él me cogió de la mano, ya que con el calentón nos habíamos quedado en el recibidor. Una vez en su cuarto me cogió en brazos y me soltó en la cama. Me besó de nuevo los labios y el cuello y fue bajando por mi escote. Me quitó la camisa y dejó al descubierto mi ropa interior que pareció gustarle. Me besó el escote y el abdomen mientras me acariciaba suavemente los pechos. Después de eso desabrochó mi sujetador y dejó mis tetas al descubierto. Empezó a besarlas. Primero lento y suave, después más apasionadamente. Empezó a bajar con su lengua hasta que llegó a mi pantalón. Lo desabrochó y me lo quitó. Me besó la zona interna de los muslos muy cerca de las ingles y para pasar de un lado a otro rozaba mi coño con la nariz. A este punto mi tanga estaba empapado. Me quitó la única prenda que me quedaba y comenzó a comerme el coño. Lo hacía muy bien. Empezó muy delicadamente acariciando mi clítoris con su lengua y sus labios, luego fue aumentando la intensidad cada vez más. Yo gemía sin parar y cuando empezo a introducir la lengua en mi vagina no pude aguantar por mucho tiempo y tuve mi primer orgasmo.

Estaba encantada con lo que me acababa de hacer, pero ahora le tacaba a él. Le bajé los pantalones y los calzoncillos y vi su enorme polla erecta. No lo dude ni un momento y me la metí en la boca. Al principio empecé a chuparle el glande. Lo tenía dentro de la boca y lo acariciaba con la lengua cada vez con más ganas. Él gemía. Sabía que se me daban muy bien las mamadas, así que continué con mi trabajo. No pararía hasta tragarme su primera corrida de la noche. Cuando ya estaba muy excitado, empecé a meterme su polla en la boca. No toda porque la tenía muy grande, pero sí todo lo que pude. La metía y la sacaba de la boca, cada vez más rapido, ejerciendo cada vez más presión sobre su polla hasta que no pudo más y se corrió en mi boca. Yo me tragué el semen y me tumbé en la cama a su lado.

Él me comenzó a besar los pechos de nuevo y al poco tiempo me propuso hacer un 69. Yo me puse encima y estuvimos un tiempo en esa pocición hasta que me cogió y me tumbó en la cama. Se levantó a por un condón, se lo puso y se me subió encima. Me comenzó a besar en los labios y de repente sentí cómo iba metiendo su polla dentro de mi. Fue muy despacio hasta que la tuve toda dentro. Entonces empezó a meterla y sacarla, al principio lentamente y depués acelerando la velocidad pero igualmente suave. Yo le pedí que me diese más fuerte. Necesitaba que me follase duro. Y así lo hizo. Empezó a embestirme cada vez con más fuerza. Yo estaba encantada. Mientras seguía con su polla dentro de mí, me cogió en brazos y me sentó en el escritorio para poderme penetrar más cómodo y con más fuerza aún. Ambos estábamos gimiendo y jadeando. Mis tetas botaban al ritmo de las embestidas. El escritorio también se movía a nuestro ritmo y golpeaba la pared con fuerza.

Cambiamos de posición. Esta vez volvimos a la cama. Yo me puse encima y comencé a cabalgarlo. Me encanta esta postura porque su vello púbico me acaricia el clítoris y me pone muy cachonda. Yo me lo estaba follando todo lo fuerte que podía. Subía y bajaba. Su polla cada vez más dura entraba y salía de mí. Me cogió las tetas y empezó a apretarlas cada vez más fuerte. Mi coño seguía gozando de su polla, a ambos nos quedaba poco para acabar, así que aceleré el ritmo todo lo que pude y ambos estallamos en un gemido de placer. Notaba como su polla latía dentro de mí y como el condon se iba llenando de semen caliente. Terminamos agotados. Ambos estabamos sudando. Yo me saqué su polla del coño y caí rendida encima suya. Esa noche dormimos juntos. A la mañana siguiente nos metimos juntos en la ducha y hablamos de lo bien que nos lo pasamos la noche anterior y prometimos repetirlo cada vez que pudiésemos

 

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