con una linda turista

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Pues soy Remigio, un hombre de edad madura, casi 55 años, vivo en un lejano poblado de la Huasteca Veracruzana, donde hace un calor terrible, donde los calores del cuerpo siempre están a la orden del día, las mujeres frondosas y ligeras de ropa siempre me tienen cachondo y excitado.

Donde yo vivo prácticamente es una zona virgen, pero llegan turistas turistas despistados, que por casualidad llegan ahí, y por tal motivo, por esas casualidades pues tenemos ciertos jacales como en renta, damos alimento y atención a los visitantes. No se gana mucho, se gana más o menos, por lo menos tenemos posibilidades de sobresalir.

Pues les cuento que una vez llegó una joven hermosa, extranjera por cierto, de un cuerpo que allá cualquiera de mis paisanas la envidiaría; unas tetas no muy grandes ni muy pequeñas, eso sí hermosas y desafiantes a la gravedad, su piel blanca como la espuma del mar era un marco perfecto, un abdomen plano, venía vestida con un pantaloncillo corto tipo Safari, una camisola de manga corta, enseñando bonita parte de sus senos.

Y obviamente su pantaloncillo corto permitía ver unas bellas piernas bien torneadas, y obviamente ese pantaloncillo corto cubría las formidables nalgas, así levantadas las caderas hermosas que ya me la estaba imaginando empinada; era un culazo maravilloso. Obviamente ahí mis paisanas en Sebastian tienen culote grandote, una chichotas enormes pero ahí algo por allí que son calientes mis paisanas que cualquiera que venga se las puede coger, obviamente uno siempre anda caliente. Pero bueno volvamos a lo que pasaba con esta hermosa joven que su carita de angel no se compara con ninguna.

Obviamente estaba con mis pensamientos pervertidos, lóculos y morbosos con deseos de cogérmela en ese momento, así que tenía que empezar a darle la mejor cara a la turista.

-Hola señor Buenas tardes disculpe que lo moleste…

Estaba tomando mi aguardiente, bien metido en la manera de cómo hacerle para llegar a ella, cuando el destino me ayudaba; casi me da un orgasmo cuando escuché su voz angelical, hermosa voz de un timbre propios de los ángeles. Me repuse y le respondí:

-Buenas tardes señorita. En qué le puedo servir.

-Me habían comentado que aquí hay un lugar muy maravilloso un tipo de grutas realmente vírgenes que casi nadie viene, más bien están muy escondidas, y que nadie las conoce y por eso casi nadie viene de hecho y esas grutas tienen un agua hipotermal, algo que me encanta, es un lugar maravilloso y me dijeron que sólo usted lo conoce, señor Remigio ¿verdad?

-Así es señorita. Para servirle en lo que guste y mande señor Remigio Jiménez, para servirle

-Gracias señor Remigio.

-Ok. Sabe que soy una aventurera y me gusta explorar lugares y yo tengo la curiosidad y el deseo de visitar ese lugar, pero me dijeron que solamente usted lo conoce.

Ella me dijo con esa manera de hablar bien diferente al de mis paisanas, con una sonrisa bien inocente, y yo continué.

-Sí así es señorita ya tengo como cinco años que pude dar con ese lugar, eso porque está cerca de mi terreno y bueno en esa situación pues prácticamente son muy pocos los que vienen a visitarla, pues es un lugar privilegiado y pues no todos todos los llevamos más que nada para conservar la belleza del lugar y no afectar en ningún aspecto la magnitud de la naturaleza. Yo la puedo llevar si gusta, pero eso sí, va tener que firmar un documento, así como dicen allá en México en las grandes empresas, un documento de confiabilidad. Qué le parece para poderle llevar.

Ella tenia un gran entusiasmo y confianza rara vez vista. Con una sonrisa ella continúo:

-Creo que me sentiré más segura con ese documento. Y podré platicarle a mis amigos, para que puedan y pasar un momento agradable.

-Así es señorita, depende el comportamiento de que usted demuestre le daremos una confianza mayor para que pueda venir con sus amigos y conocidos. Pero eso sí, siempre respetando la belleza del lugar, ya sabe cómo son los turistas, siempre quieren llevarse recuerdos. Si toma fotos se les pide favor que sean solamente gente de su entera confianza y que estén seguros de que no quieran sacar provecho del lugar.

La señorita no lo pensó mucho y dijo un ‘Okey, perfecto’ y firmó el documento. Ahi supe la edad de esta bella y rica turista que era 23 años, podría decir que andaba en su apogeo. Su nombre que me pareció muy complicado pero para quedar cortos acordamos que yo le diría Lili, como le decían sus amigos, según ella. Cómo eran tantas sus ganas de conocer ese maravilloso lugar, desafortunadamente no vio la letra chiquita, truco mio para mi propio beneficio.

Fuimos a mi casa por unas cosas y así como estaba vestido y por las ansias de pasearme con esa lindura, emprendimos el camino. Era más o menos como unas tres horas de camino para llegar al lugar, obviamente les estoy hablando de la Huasteca Potosina, parte de la Huasteca tamaulipeca y mayor parte de la Huasteca veracruzana, donde nosotros estábamos, cuyo camino era muy escarpado.

Empezamos el camino y como a la hora llegamos a un lugar donde teníamos que subir, mas bien calar unos pequeñas tareas y yo mañosamente me puse detrás de ella para ir viendo ese culo maravilloso de esa lindura de blanca piel. Veía cada paso que daba para escalar y cómo se le marcaba esas bellas nalgas. Mi mente empezaba a trabajar al millón, ya me la hacia bien empinadota para abrirle las nalgas, como meterle mi lengua en el canal de las nalgas. Pero tenía que aguantarme. Nada más hacia mentalidad perversa y no me perdía de ese espectáculo, ni mucho menos me permitía adelantarme, siempre le marcaba el lugar diciendole que fuera de frente. Pobre ilusa, si acaso yo le decía, yo me pongo atrás por si se resbala y asi la puedo agarrar, y ella me daba la razón, muy confiada. Pero de repente, ya saben, clásicos turistas, que no están acostumbrados a varias caminatas o horas de caminata y a cada rato se paraba descansar.

Obviamente la temperatura del ambiente hacia mojar toda su ropa, se veía como ibas corriendo sudor de su rica entrepierna, hasta parecia como que si se hubiese soltado un chorrito de chis porque se marcaba el sudor muy bien en su entrepierna, y ni se diga en su culo maravilloso, sus senos se veían cada vez más y más en el contorno de la ropa húmeda por el sudor.

Platicando trivialidades, me platicaba a que estaba muy gustosa de conocerme porque a ella le gustaba conocer nuevas personas y hacer amigos. Que le gustaba sobre todo conocer lugares como este. Cada paisaje que a ella se le presentaba ante su vista se maravillaba, decía que era hermoso, que como le gustaría vivir ahí para estar con esa tranquilidad de paisaje. Yo le decía pues que sí es bonito, pero si uno no tiene la capacidad de sobrevivir aquí se muere uno de hambre. -Señitho de verdad se lo digo, pues gracias a que tenemos este pequeño lugar escondido pues nos ganamos un dinerito con el favor de ustedes los turistas.

El camino que era para hacer en tres horas, por los descansos de la linda y hermosa Lili, lo hicimos en cinco, llegamos a las grutas casi arreando la noche y obviamente ella me preguntó:

-Don Remigio ¿Y qué cómo le vamos hacer para resguardarnos de la noche?

-No se preocupe mi niña, ahí en la entrada a las grutas tenemos. Aquí tengo unas cosas para poder pasar bien la noche. Cualquier cosa voy rápido para el pueblo. Tranquila aquí no pasa nada, total de que llegamos.

Subimos hacia donde se oía el correr del agua, a la boca de la gran cueva, la temperatura subió al entrar porque eran aguas termales. Ya una vez dentro, prendí una lámpara en ese momento y ella se maravilló por la magnificencia de la naturaleza.

Obviamente el camino fue cansado para ella, se sentía cansada. Le dije que preparáramos algo para cenar. Con un leve vistazo vio que había varias fosas con todo corrientes de agua como si fueran yacusi y entonces me dijo:

-Don Remigio. Discúlpeme, la verdad estoy cansadísima, me gustaría tomar un baño relajante antes de empezar a comer.

-Si mi niña, no se preocupe, váyase a bañar, yo mientras cocinó aquí. Estoy entrado en la preparación de los alimentos rústicos, aunque humilde pero va a ver que rico se come.

Nada más me ponía a imaginar qué tan hermosa se veía esa mujer ahí totalmente desnuda, era una maravillosa imagen, obviamente di una rápida mirada, mientras yo seguia cocinando, disimulando para que ella no sintiera desconfianza.

Estuvo un rato ahí en el agua, relajadita. Ya cuando termine de hacer los alimentos le dije con discreción:

-Niña, si gusta ya puede salir, ya están la comida para cenar.

Ella me respondió despertada de su rico reposo

-Don Remigio, ya voy.

Así que cautelosamente agarró su camisola y fue saliendo poco a poco sin dejarme permitir ver ni la mas mínima parte de sus senos. Yo opté por voltearme para darle más confianza. Se me estaba calentando la verga, la tenía muy dura, sentía ganas de aventarme al agua y tomarla ahi mismo.

Como me gustaba esa mujer, ya quería disfrutarla a mí placer, a mi forma de ser, lujurioso, perverso y dominante, esa era la forma que yo quería disfrutar del placer total.

Sin que se diera cuenta la hermosísima mujer, le puse en su plato un poquito de polvos de yumbina, sí, magnífico medicamento, no saben cómo me ha dado resultados para poder gozar con todo. Y que le sirvo su comidita, calentando sus tortillitas, le hice un agua fresca. Cuando dio el primer bocado yo ya estaba en el primer orgasmo mental. De antemano ya la disfrutaba. A ella le gustaron los alimentos que le había preparado y en cada bocado me decía:

-Ay don Remigio, qué maravilla es usted un buen cocinero. Nunca me imaginé que un hombre como usted, así tan, no sé, tan fuerte, tan macho, tuviera esa cualidad de saber cocinar, tiene un sazón muy rico señor Remigio. Ni yo misma podría igualar este sazón.

-Favor que usted me hace señorita. Así que vuelvo a repetir, gracias a ustedes que vienen. Pues nosotros tenemos que esmerarnos en la atención para ustedes, y pues una de ellas es de que coman bien, que se sientan bien a gusto, y cuando se vayan tengan ganas de volver a venir.

Total que se engulló todo, parecía que tenía mucha hambre la señorita Lili. Así que después de un ratito que terminó de comer obviamente empezaron los estragos de la yumbina.

Su frente empezó a empaparse de sudor, una especie de rocío cubría su hermosa piel, empezó a abanicarse un poco, tratando de darse al aire fresco y me decía;

-Ay don Remigio, que rápido subió la temperatura por aquí.

-Así es parte del lugar, cambia constantemente la temperatura, pero no se preocupe, ahorita le voy a hacer su su camita para que se duerma y yo voy a estar al pendiente. No se preocupe.

Total que le hice la cama y yo veía que la pobrecita empezaba a jalar aire como desesperada, empezó a desabrocharse su camisola y empecé a ver el nacimiento de sus bellos senos blancos de una piel hermosa, se veían como gotitas de sudor surcaban en los canales de esas bellas tetas.

Mi mente perversa mugrosa y cochambrosa me decía -ya mero te la coges Remigio, le vas a dar una pinche cogidota a está güerita que hasta va a regresar por más, asi que tranquilo Remigio, sigue normal.

Así que terminé de hacerle su camita, me dirigí hacia ella para decirle que ya estaba listo donde debía dormir.

Ella estaba recargada en una piedra, su cabecita hacia atrás, abanicándose, sus senos aventados, abría y cerraba sus piernitas, como si con ese movimiento intentara meter aire fresco en esa jugosa vagina que de seguro ya estaba muy caliente.

Estaba muy entretenida en su intento por refrescarse pues no me escuchó cuando le hablé. Así que le agarré el hombre le dije:

-Niña niña ya su cama esta lista. Puede irse a dormir.

Cuando ella sintió mi mano en su hombro sin premura sin miedo la agarró y me dijo:

-Don Remigio qué calor hace aquí, por favor ayúdeme, vea cómo estoy sudando y estoy muy agitada.

-No se preocupe niña es la temperatura del lugar, obviamente se metió a bañar y obviamente el cuerpecito se pone caliente, no se preocupe, ya véngase.

Inconscientemente, ella se puso de pie, medio que se tropezo y se dejó venir sobre mí. Entonces que caigo de espaldas y ella arriba de mí, sus tetas tan maravillosas, ese canalito de sus ubres tan maravillosas quedaron en mi nariz. Recién se había bañado y por eso el olor de su piel era maravilloso, encantador y exitante. La verdad ya no podía aguantar en ese momento. Ella sintió la dureza de mi verga de veinte centímetros, algo gruesa, en su pelvis, sobre su short corto, pues empezó a decir:

-Ay don Remigio, que es eso que tiene ahí…

-Nada niña, nada. Simple y sencillamente es lo que nunca puedo dejar en casa, siempre viene conmigo: es mi hombría.

-Pero… señor Remigio… pero… se siente enorme.. que me está pasando, que me hizo señor…

-Yo no tengo porqué hacerle nada, que le pasa

-Es que… es… es que necesito…

-Sí mi niña, ¡necesitas verga!

-¡Ay señor Remigio! No… no diga eso…

-No mija, a las cosas por su nombre. ¡Tú estás buena de culo y yo quiero meterte la verga!

-No señor Remigio, usted me quiere violar.

-Nada pinche putita. Mirate nomas, estás caliente y ‘ora me echas la culpa, que yo te hice algo. No putita zorra. Tú quieres verga y verga te voy a dar.

Ella me miró incredula, enojada, asustada y aún así también con una carita bien excitada, andaba con una mezcla de emociones la pobrecita pero yo continué, porque me la quería cenar.

-Y qué crees, mira en el papelito que me firmaste, te declaras a decir verdad de que los lugareños de por aca no se responsabilizan por daño físico o moral a tu persona, tu veniste por tu propia voluntad a disfrutar el paisaje, y lo que te llegue a pasar físicamente o moralmente no es culpa de nosotros. Así que te vas a chingar mamacita. Y si quieres actuar en contra de nosotros, te vas a chingar mamacita, porque ese papelito nos protege más a nosotros que a ti. Así que ahora véngase pa’ su camita putita, que le voy a dar una pinche cogidón, que en su puta vida le han dado.

-Nnn…no señor, soy virgen…

Cuando me dije eso, más me aceleré que senti que mi verga crecía el doble. Ya me daba por reventarmela.

-Me vale madre que seas la madre Teresa de Calcuta, me vale verga. Tienes un buen culo y te lo voy a romper puta zorra hijola de la chingada. Es lo que más me gusta hacer con las pinches turistas así como tú, que se creen de la crema y nata de la sociedad. Namas porque tienen dinero quieren humillar los a todos.

Así que me valió madre, y empecé a desabrochar su blusa, salieron sus senos maravillosos, ricos, turgentes, duritos, parecían de piel de durazno, algo maravilloso esos pezones tan duritos, las aureolas de sus tetas así tipo rosaditos, no como las areolas de los pezones de mis paisanas que parecían barras de chocolate casero, negras negras grandotas, pezones muy prominentes y más cuando amamantan a los críos, no estos senos y sus pezones como de los angelitos de ahí de la iglesia.

Le quite su shorcito, y esa pelvis maravillosa que parecía de niña sin un pelo, rosadito su clítoris, ya bien mojadito y desafiante para que yo le empezará a pasar la lengua. Ella trataba de cerrar sus piernas pero empezaba a segregar cuando pasé mi nariz, hija de su puta madre, me dio un chingadazo de olor tan sabroso que querían embriagarme con ese elixir, jalarle todos sus jugos con mi lengua y perder todos los sentidos al hacerlo. Ella quiso cerrar sus piernitas pero la yumbina le pedía otra cosa, así que me dijo toda descompuesta y agitada:

-Señor Remigio, no sé qué me está pasando,pero ya haga de mí lo que quiera. Violeme si quiere, pero bájeme está calentura que ya no puedo con ella por favor don Remigio.

-Espérate putita, ahorita te voy a dar lo tuyo, no va a ser tan rápido, te voy a gozar de norte a sur, de este a oeste, el culo, la verija, la boca, tus tetas..

Así que empecé a trabajar con mi lengua, metiéndole la lengua hasta dentro de su garganta, y acordes, porque a ese beso nuestras lenguas parecian serpientes enredándose, pasandonos los fluidos de nuestra saliva. Después bajé por su cuello, besé los lóbulos de sus orejas y otra vez al cuello, bajando después, poco a poco, a sus maravillosos senos tan hermosos, tan turgentes, tan maravillosos, que empecé a mamar duro, y empecé a notar como sus pezones se empezaban a elevar más, así que le empecé a morder, a pellizcar despacio y tranquilo. Después me fui a sus nalgas, con mis manos las empezaba a apretar y pellizcar. Ella empezaba a jadear y me decía:

-Por favor pinche viejo puerco, ya meteme esa verga, se lo suplico.

-Pérate puta ramera. Eso, así me gusta, que se porten como lo que son, que saquen lo putas zorras que llevan dentro. Mira, estas deseosa de que te meta mi verga, pero yo lo voy a hacer a mi gusto, a mí placer, así que no me estés chingando puta, tu relajate pinche chamaquita.

Pobre Lili, parecia un pinche gusano en el comal; se retorcía abriendo las piernas. Ella misma se sobaba el clítoris, veía como sus jugos se deslavan entre sus labios vaginales, y hacia caminito hacia ese maravilloso culo tan rosadito, tan apretadito y me dije -yo me lo chingo-.

Levante sus piernas en lo alto, puse mi boca en ese maravilloso culo que me tenía loco, y le empecé a lengüetear. Pobre puta de Lili, jadeaba, gritaba, me jalaba mi cabeza hacia su culo mientras me decía bien agitada.

-Eso maldito viejo puerco. Es un pinche puerco, mire como me tiene con el culo abierto, con su lengua… ¡quiero que ya me coja, que me meta la verga!

Yo me reía de sus súplicas y le grité:

-Pobre puta ramera. No que muy seriecita y mira como escurre tú vajina… si es virgen ahí está el sello de garantía jajaja… nombre… me voy a dar un pinche atracón con tu cuerpo pedazo de puta… quién iba a imaginar que en esta visita con nosotros ibas a salir bien fundada de todos lados, jajaja…

Así que yo seguí metiéndole la lengua en su culo, sentía como me apretaba la punta de mi lengua ese culo maravilloso. Pobre Lili, tan hermosa, tan menudita, pero tan puta, ella misma se abría las nalgas para que yo le siguiera metiendo la lengua en su culo. Hubo un momento en que la muy pinche puerca me jaló de mis cabellos y me dijo:

-¡Aaah…! viejo puerco, traguese mejor mi vagina, que ya voy a soltar mis jugos, ¡aaah…! ¡Cerdo maldito!

Yo me cagaba de la risa, diciéndole:

-Ves,jajaja… si eres una pinche puerca, te gusta lo que te hago, pero te haces de la boca chiquita. Te pareces a las monjas del convento de San Luis que se espantan de la verga y se abrazan de los huevos. Eres un una pinche perra golfa.

Total que yo no me negué a darle una mamadota en su pinche bizcocho jugoso, puta madre cuando metí mi lengua, así sobre encimita del himen, prácticamente sentía que me había comido una tortilla caliente que me quemaba el hocico.

-Hija de tu puta madre, Lili, sí que estás ardiendo.

-No sea asi pinche cerdo maldito, que me dio, porque yo no soy así… pero… quiero que me metas la verga, que me hagas tuya, que me hagas tu perra, ¡Tu zorra! ¡Tú, tu, piruja! ¡Quiero que me violes con fuerza! Que me destroces el culo, ¡que me des en mi vagina! Es mas, ahora voy yo…

-Hija de tu puta madre…

Sí, me sorprendió la golfa, se paró o más bien se hincó y agarró mi verga y me dio una pinche mamadota, pero de esas que cabrona, unas pinches… succionado toda mi verga, que prácticamente me quería extraer los mocos desde los huevos con cada succionada. Sentía que me iba con todo y huevos se la metí hasta la garganta por tragona a la pinche Liliana. Pues claro se tragó toda la comida y pues yo huevos con chorizo se le antojaron a la muy puta

Así estuvo por un rato, mamándome la verga hasta que me sacó la leche. Obviamente yo le eche mi leche hasta la garganta. Se ahogaba la putita, pero no dejó sacar ni una sola gota de mi leche. La veia con sus ojitos llenos de lágrimas, como suplicándome, pero me siguió mamando. Obviamente me había agotado después de esa descargada, pero tenia la facultad, por la vida sana que llevaba en el campo, aunque tampoco ya no era un jovencito, pero aun asi aun tenia por disfrutarla. Le quite la verga de la boca, la levante y le dije:

-Ahora sí puta, te lo voy a meter primero por el culo. Quiero disfrutar ese culo maravilloso que tienes perra maldita, y ya después te desfundo la verija.

Así que la pinche cerda de Lili, perra como ella sola, una zorra de buen culo, me dijo:

-Sí, sí, pinche puerco, cógeme, cógeme, destrome el culo, ¡pero ya maldito puerco infeliz!

-¡Pues ponte pendeja! Acomódate.

La muy pinche zorra se puso en cuatro patas, su carita la puso pegada a la pared de ladito y viéndome sobre su hombro

-Pues con permiso perra. Sin piedad te la voy a sambutir en el fundillo.

Nada más le eche un poco de saliva, un escupitajo, apunté mi verga en el culo, y como ya se lo había hecho con mi lengua, que estaba un poquito dilatado. Así que le di hasta el fondo, mis huevos le pegaron en la vagina rosada, el clítoris. La pobre idiota gritó, bramó y pataleó.

Y que le digo:

-Qué perra, ¿quieres que te la saque?

-Maldito puerco infeliz. Dame mas. Rómpeme perro maldito. Eres un maldito, pero qué chula verga tienes. Rompeme el culo.

Pobrecita lloraba, gritaba, pero me decía tantas palabras hermosas que mi verga reaccionaba y se ponía más dura.

Así que pese a metértela más duro, se la atascaba todo y se la volví a meter hasta el fondo. Jaja, pobrecita. Pobre culo sangraba, pero empezó a segregar fluidos, era tanto el placer que sentía, tanta la necesidad de verga que yo pensé que había tenido un orgasmo, si caray, un orgasmo de culo. Sí porque tanto su culo, como su vagina, empezaban a segregar chulada de torrentes jugos calientes, me mancharon mis piernas y mis huevos. Yo seguí cogiéndola, cogiéndola duro, hasta que de repente me dijo:

-Eso es… si… ¡rompeme el culo!

Sin decir más, la saqué de su fundillo, pinche Lili, y así como estaba empinada, le dí una metida de verga en la panocha qué pinche el himen salió volando como palomita, ¡nom’bre! sintió la estocada y gritó. Hubo un momento como que se desmayó y en cuestión de segundos siguió respirando fuertemente, pero empezó a mover su vagina, abria y cerraba y empezó a reculiar, a empujarse a mi verga, me apretaba sabroso esa funda recién desmadrada. Así estuve cogiendo por un buen rato, en su vagina y volvió a tener un orgasmo interminable; sus ojos se pusieron en blanco y me gritaba estupideces y medias, peor que las mías, nada que ver con la inocente carita con la que se acerco a mi como una curiosa turista, modosita y todo, jaja.

Así que me espere un ratito a que terminara de disfrutar su orgasmo, después empecé otro mete-saca culo-vagina, vagina-culo. Después se la dejé en la vagina y bien pinche perversa le metí tres dedos de mi mano en tu culo y me dijo:

-Pinche puerco infeliz. Como quisiera que tuvieras otra verga para que me violaran los dos hoyos al mismo tiempo. Síguele maldito, cógeme, cógeme, destrozame…

Así la estuve cogiendo, duro y tupido, qué chulo culo. Se le veía todo abierto con mis tres dedos. Después empecé a meter cuatro.

-Así te voy a dar mija hasta que des la segunda lechada más grande de tu vida, jajaja…

Sentí como golpeteaban los chorros en mi cabeza de mi verga y ella se aferraba a las pequeñas piedras que estaban ahí, casi casi quería enterrar sus uñas en ellas. Gritaba brava, exigia más verga. De repente un magnífico orgasmo, pero súper orgasmo, que la hizo temblar desde los dedos de sus pies, hasta la raíz de su cabello. Se tensó tanto que me apretó la verga más fuerte, que hizo que me viniera por tercera vez, una vez mas, puta perra. Hasta ese momento me había hecho hacer esto, mega orgasmo múltiple de ambos, que prácticamente sentía que me jalaba los mocos desde la parte de mí cerebelo. Y si le acompañan un destello de luces y colores mentales, nos tentamos. Casi, casi, le levantaba el filo, porque en ese momento tenía toda la verga en su vagina, sentía como le tocaba la entrada de su útero, como los chorros de mi verga salpicaban y golpeaban esa parte de su interior. Estaba parada en puntitas, mientras yo la sostenía en lo alto, con la punta de mi verga dentro de su panocha. Así, después de ese mega orgasmo compartido que tuvimos, caímos pesadamente en la rústica camita que habia hecho. La verdad fue una batalla dura, la disfrute cada centímetro de su cuerpo, esos maravillosos hoyos, su boca, tu culo, tu vida, los hice como quise. Nos quedamos dormidos.

Ya los primeros rayos del sol entraban por la entrada de la gruta. Me desperté y la ví con el culo con las costras de leche escurriendo, y no se diga esa magnífica panocha, tan rosadita, tan chiquitita que se comió mi verga de veinte; ese culo, ¡no’mbre!, chulada de fundillo Lili.

Con cuidado empecé a preparar los alimentos, fui condescendiente porque despertó pesadamente, abriendo los ojos me vio y como que le asalto una duda y me pregunto:

-¿Que, que paso? ¿Que me hizo?

-Nada mija. Vente vamos a comer, ya vas a desayunar, para que más adelante entremos a las grutas y veas todas las maravillas que hay este…

-Sabe, don Remigio, creo que será mejor regresarnos.

-Como gustes mi niña, como gustes. Si es tu deseo regresarnos pues… Mira vamos a desayunar porque el regreso nos va a ser más difícil y cualquier resbalón te vas hasta el fondo del barranco, jaja… Así que si gustas vete a bañarte y ahorita almorzamos.

Ella se fue más adentro de la gruta a bañarse. Cuando se desnudó vi que hizo un gesto, como que sintió un dolor punzante en el fundillo y seguro en su verija. Pero fue tan pendeja porque se metió al agua y fue por eso que sintió esa pulsación de culo y verija. Todavía había ciertos rasgos de la yumbina en su cuerpo, y cuando el agua rosó sus pliegues se empezó a excitar nuevamente; se empezo a dar una dedeada sabrosa de verija y se dió cuenta de que ya no era virgen, pero le valió madre y empezaste a meterte los dedos, cuando yo ya tenía los alimentos preparados. La vi ahí todavía abierta de patas, con la verija llena de sus dedos y le dije:

-Niña aquí, qué pasó, ¿no vas a almorzar?

Ella volteo a verme con mirada acusadora y como drogada:

-Si, tengo ganas de comer… otra cosa… señor, vénganse…

Y le dí otra pinche mega cogida tan placentera y tan rica, le volví a llenar el culo de verga, duramente, salvajemente. Pero ella ya no iba con su propia conciencia; salió bien puta esta Lili.

Ahora cada año viene aque don Remigio le rellene el culo de verga, se tragué sus jugos desde su panocha y ella, gustosamente, me da una mega mamada de verga, para cagarte mis ojos. Qué lindo es poder manipular a las putitas turistas, que vienen a mis dominios, y así seguiré por siempre, hasta que el gobierno o los riquillos no invadan nuestras tierras.

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