DE NEGOCIOS CON MI MARIDO

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Unas pocas semanas atrás mi marido Arnold tenía una importante reunión de negocios en Nueva York. Normalmente no acostumbro a acompañarlo en sus viajes de trabajo, pero esta vez no pude resistirme por conocer la ciudad que nunca duerme.

Era nuestra primera noche y cansados después de visitar algunos de los lugares más emblemáticos de la gran manzana, entramos en un bar de copas. Vestía bastante seductora como él me había pedido. Sencilla pero a la vez encantadora.

El ambiente era elegante y relativamente tranquilo. Había muchos hombres solos, la mayoría sobre los cuarenta, con su copa en la mano.  Muchos fueron los que me pidieron para bailar. Siempre les contestaba lo mismo “Gracias, pero estoy con mi marido”. Muy galantemente se despedían y a por otra.  Los hombres cuando salen de caza no paran. Pero Arnold me animó a que aceptara algún baile. Así que finalmente bailé acepté. Se llamaba Ronan y me divertí tanto que se me olvidó el tiempo y mi marido. 

Muy pronto Ronan aplastó su cuerpo contra el mio. Cada dos por tres tenía que subirle su mano que se acercaba peligrosamente a mi culo. La verdad es me gustó sentir su virilidad en cada intento. Al acabar la canción estaba bastante acalorada y así se le dije a Arnold. Mejor que dejara de bailar con Ronan porque sabía que continuaría en su asedio. Arnold sonrió con su malicia habitual y me invitó a que le permitiera tener un poco más de diversión.

Diversión… ¿Quería que fuera para Arnold o para él? No debía preocuparme, mi marido estaba allí.

En su provocación y para dar un poco más de emoción al “juego”, me retó a bailar sin sujetador, ni bragas. Sería más emocionante. Tuve mis dudas pero ante su insistencia y pensando que tan pronto como me sintiera incomoda podríamos pararlo, acepté el reto. 

Así que fui al baño a prepararme para el reto. Mi falda era bastante corta y la fina seda de la blusa no ocultaba mis pezones en absoluto. La tenue luz del local lo disimularía, pensé. Salí del baño y con los primeros pasos mis pezones se endurecieron con el agradable roce de la seda. Me sentía muy valiente y atractiva. Estaba realmente caliente. 

Esta vez nos fuimos a una pequeña sala adjunta menos concurrida y más discreta. Arnold nos siguió. Bailé con Ronan una nueva canción. De inmediato se dio cuenta del cambio en mi vestuario. Sus manos empezaron a pasar la mayor parte del tiempo acariciando mi trasero. Miré hacia Arnold que sonriendo me guiñó un ojo. Si esperarlo Ronan interrumpió el baile y sin dejar de mirarme fijamente, rodeó mi nuca con su mano para seguir resbalándola sobre mi cuello y escote, para finalmente detenerse al rozar con el primer botón que le cerraba el paso. Sus labios dibujaron una pícara expresión y muy hábilmente consiguió liberarlo de su ojal. Si ya iba bastante escotada ahora empezaba a ir descarada.

No dije nada y seguimos bailando. No pasó mucho tiempo antes de que se deshiciera del siguiente botón. Mis pechos quedaron muy expuestos, se podían ver perfectamente desde su nacimiento y parte de su areola. Todo el mundo parecía estar disfrutando del espectáculo. Sentí un escalofrío muy erótico.

Seguimos bailando cuerpo contra cuerpo. Al menos mis pechos quedaban ocultos. Sus manos reposaban sobre mi culo palpándolo como asegurándose que no llevaba bragas. Noté que empezaba a subirme un poco la falda con cada manoseo. Le dejé hacer hasta que al ver que no paraba lo detuve y regresé junto a mi marido. No quería enseñar el culo. Sabíamos ambos que no llevaba ropa interior. 

Arnold se rio de la situación y de lo acalorada que llegaba. Diviértete y no te preocupes me comentó. No pasó mucho tiempo que otro me pidió de bailar y antes de que pudiera negarme, Arnold le dijo que me encantaría. Era muy buen bailarín al igual que Ronan. Comentó lo hermosa que le parecía y lo mucho que estaba disfrutando admirando mi imponente escote. Me abrazó enérgicamente para que pudiera notar mi pecho casi desnudo contra el suyo. La bebida me estaba comenzando a surtir efecto y apenas noté cuando comenzó a estirar de la falda como había intentado antes Ronan. No fui consciente hasta que sentí su mano sobre mi culo desnudo. Muchos fueron los que estuvieron admirándome. En ese momento, era demasiado tarde para indignarme así que me relajé y me deje ir.

Por suerte a la canción le quedaba poco y fui a sentarme y descansar un poco. Me disculpé con Arnold por dejar que las cosas fueran tan lejos, pero dijo que estaba disfrutando tanto como el resto de los hombres que habían podido verla.

Ronan se acercó de nuevo y Arnold me incitó a que siguiese bailando con él. 

.-Sabes lo que va a pasar. Esperará poder seguir tocándome y conseguirá calentarme aún más.

.-Déjate ir y simplemente diviértete. –mirándome serio y malicioso a la vez.

Realmente estaba muy caliente y estaba disfrutando gracias en parte al alcohol y todas la atenciónes que estaba recibiendo. 

Así que volví a abrazarme a Ronan y a seguir bailando. Sin demora desabrochó otro botón. Ahora mis tetas estaban casi totalmente fuera de la blusa. Fingí no darme cuenta, pero era la única que no lo hizo. Pronto algunos hombres que seguían atentamente nuestros progresos comenzaron a interrumpirnos, cambiando rápidamente de pareja. Perdí la noción de con quién estaba bailando, pero lo que si notaba era que todos tenían las manos muy eficaces. Mi falda y mi blusa apenas ocultaban algo.

La siguiente vez que  Ronan bailó conmigo me despojó de la blusa. Era el más activo y lanzado. Los hombres comenzaron a silbar y aplaudir. Me sujetó por la cintura y me balanceó provocando que mis tetas chocaran entre ellas para alegría de todos.  A continuación, el úlArnoldo botón de mi se soltó, y mi copa C de mama eran completamente desnudo. 

Mientras reían y silbaban, Arnold se aproximó hasta poder deslizar la cremallera de la falda y antes de que pudiera detenerlo ya había caído al suelo. Arnold se sentó de nuevo y se dedicó a prestar atención.

Ronan que seguía sujetándome por la cintura me hundió su lengua fundiéndonos con pasión. Al acabar me giró encarándome a un tipo grande con barba con el que también me besé acaloradamente. Mientras nos besábamos otro que estaba tras de mí se encargó de celebrarlo apretujándome las tetas y tirando de los pezones. 

Cuando la música se detuvo corrí desnuda como ya estaba hasta Arnold, me senté en su regazo y nos besamos apasionadamente. Su mano fue bajando peligrosamente hacia mi entrepierna. Mi corazón latía como loco y la humedad de mi coño se reflejaba sobre su pantalón. Ronan se apresuró a sentarse a mi lado y empezó a besar y mordisquear mis tetas, al tiempo que Arnold ya había alcanzado su objetivo y tenía un dedo dentro de mí. Esa extraña sensación del momento y el lugar me premió con un fuerte orgasmo. Me sentí como si me fuera a desmayar.

No sé quién,  alguien, me tomo de la mano, me levantó del regazo de mi marido y me plantó a cuatro patas sobre una de las pequeñas mesas. Antes de que me diera cuenta alguien estaba ya entre mis piernas y en mi interior. Estaba tan lubricada que esa desconocida polla me penetró sin oponer resistencia. Arnold miraba con admiración mi entrega.

Todos los hombres estaban a mí alrededor, tenían sus pollas en la mano esperando su turno. Algunos preferían mi boca y yo se la devoraba casi con desesperación. Otros se limitaban durante la espera a seguir acariciando todos los rincones que podían de mi cuerpo. Ni en mis sueños más salvajes había imaginado vivir un momento igual siendo la puta de tantos desconocidos y además todo estaba pasando delante de mi marido. 

Todo lo que podía hacer era dejarme hacer e intentar gritar cuando alguno se corría en mi boca y la sacaba. Cualquier extraño que pasase por ahí podía follarme duro. Arnold se inclinó y me susurró cuanto me amaba y que me follase tantos hombres como quisiera, pero también que podía parar en cualquier momento.

Ronan me estaba follando, se movía con la misma decisión que cuando bailábamos. Cuando empezó a correrse en mi interior me propino unos fuertes cachetes en el culo que dejaron sus cinco dedos bien marcados. El dolor y la sorpresa me provocaron un nuevo y escandaloso orgasmo. La sacó de mi interior y me metió dos dedos removiéndolos e impregnándolos de su semilla acercándomelos a mi boca. Dejé de chupar la polla de alguien y limpié sus dedos con mi lengua. 

Cuando acabé de limpiar los dedos de Ronan, el tipo de la barba me alzó y me colocó boca arriba sobre la mesa. Se colocó entre mis piernas separando con sus manos mis nalgas y empezó penetrarme. Su polla era mucho la más gorda de todas de largo. Tuvo que ir lentamente, pero en poco tiempo la tenía entera dentro. Me dio otro intenso orgasmo que recibí con más manos frotando mis tetas y las mías agarrando dos pollas fuertemente mientras me corría. Llegados a este punto ya me había follado más de media docena, sin contar con los que se habían corrido en mi boca. Empezaba a estar incomoda sobre la dura mesa y John , un camarero negro y corpulento,  sugirió de llevarme a la oficina y continuar en el sofá. 

En la oficina todos me follaron otra vez. En más de una ocasión me ocuparon por completo. Boca, coño y culo rellenos a la vez. Los orgasmos fueron repitiéndose muy seguidos. Los que se corrieron en mi boca me obligaron a tragármelo, cosa que hice con devoción.  Mi coño goteaba sin descanso las corridas que había recibido y goteaba constantemente.

Antes de que terminara la noche unos quince hombres me habían follado la boca, el coño y el culo. Habían disparado sus corridas sobre mi cara y el resto de mi cuerpo. Finalmente limpié una por una cada una de aquellas hermosas y ya casi flácidas pollas. Cuando acabé estaba agotada y John, el camarero, me dejó ducharme y dormir un buen rato en su oficina. 

Cuando desperté más tarde todo en lo que podía pensar era en lo bien que me lo había pasado, Arnold primero me miró y guiñándome un ojo señalando hacia el camarero que estaba de pie muy cerca de él, parecio leerme la mente. 

Seguía desnuda, me levanté del sofá, me acerque a John y le cogí de la mano tirando hacia mí. Empecé a besarlo y a frotarme contra su entrepierna.  Acerqué mi boca a su oreja y le susurré que nunca había estado con un hombre negro. Esta, cogiéndole la polla sobre sus pantalones, será la primera.  

John se desnudó y apareció una gran polla que en verdad me sorprendió. Me puse frente a él, le besé fugazmente los labios y me fui agachando hasta quedar en cuclillas. Ese semierecto mástil quedo a la altura de mi boca que juguetona y sin querer usar las manos intenté engullir. Empecé a lamer de arriba abajo. A medida que fue creciendo debí sujetarla con la mano y chuparla lo mejor que podía debido a que su tamaño me obligaba a tener la boca muy abierta. 

Le dije a John que quería sentir su gran polla dentro mi coño. Me tumbó boca arriba sobre el sofá  y empezó a frotar esa casi monstruosa cabeza de arriba a debajo de mi raja hasta que se humedeció por completo. Comenzó a deslizarse en mi interior poco a poco. Notaba las paredes de mi coño resistirse a la penetración y me dolía un poco, Le llevó unos cuantos minutos enterrarla por completo. Con pausa y ternura empezó a moverse deslizándola casi hasta sacarla y volviéndola a enterrar. Era una polla terrible de unos 28cm de larga y bastante gruesa, diría que más de 5cm, pues casi no podía cerrar un par de dedos a su alrededor.

Me sentía como que iba a reventar, pero al poco ya la sentía mejor en mi interior. Casi sin darme cuenta el dolor desapareció por completo y mi coño se amoldó por completo. Aquí empezó John aumentar el ritmo y las embestidas. Me folló durante mucho tiempo dándome hasta tres orgasmos antes de que me llenara el coño con su carga de caliente esperma. Cuando salió de mi fui directa a chupársela para poder ponérsela de nuevo erguida y siguiera fallándome.

Antes del amanecer John me había follado otras dos veces y acabo en mi boca en una ocasión. Después de todo esto mi coño nunca será el mismo. Sabía de la cantidad de orgasmos que me podía dar.

No puedo esperar para ir con Arnold en otro viaje de negocios!!

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