Nueva vida con mi hijo 1

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Mientras el avión aterrizaba, mi cabeza daba vueltas pensando una y otra vez en lo acontecido en los últimos días. Tras años de soportar indiscreciones de mi marido, finalmente decidí abandonarle. No fue nada fácil. Me quedé embarazada de mi hijo Raúl a los 16 años y he dedicado toda mi vida a cuidar de él, de mi casa y de mi marido. Siempre fui consciente de que mi marido me era infiel, pero por mi hijo decidí quedarme a su lado. En la actualidad Raúl tiene 20 años y trabaja en Mallorca como recepcionista nocturno en un hotel mientras se saca sus estudios en la universidad.

Decidida a abandonar a mi marido, decidí irme con mi hijo y vivir con él mientras buscaba algún empleo en la isla. Le llamé y le dije que quería visitarlo, vacié nuestra cuenta corriente (ridículamente escueta) y me fugué a vivir mi nueva vida junto a mi hijo.

Ya en el aeropuerto, busqué a mi hijo con la mirada. Allí estaba, un muchacho guapo, moreno, alto(1,85) y, según comprobé, con un buen cuerpo. Yo soy morena, también bastante alta (1,70), bastante atractiva, con unos pechos generosos, buenas caderas y un culito duro ya que desde que mi hijo se hizo mayor ocupaba mis aburridas tardes de ama de casa en el gimnasio.

Llegamos a su piso, un apartamento bastante pequeño debido a los gastos de Raúl pero suficiente para los dos (aunque él pensaba que estaría sólo una semana, si mi hijo notó algo extraño en que llevara dos maletas para una semana no dijo nada), decidí dejar para más tarde mi situación y le pregunté por los estudios, el trabajo y las chicas (típico de madre ¿verdad?). Mientras estábamos hablando del tiempo que habíamos estado separados sonó su teléfono móvil…

-Hola papá ¿qué tal-. Mi corazón se paró de golpe. Me puse en pie y colocándome frente a mi hijo empecé a gesticular para que no le dijera a su padre que estaba allí.

Mi hijo me miraba extrañado.

-No, mamá no me ha llamado-. Respiré aliviada.-¿Ha pasado algo?

Raúl me miraba muy serio.-Vale papá, cuando sepa algo te llamo. Un beso. Adios.- Y colgó.

-Mamá, ¿que has hecho? Papá dice que has vaciado la cuenta y te has ido de casa.

Con lágrimas en los ojos le conté a mi hijo todo lo que había pasado durate tantos años y que él era la única persona en la que podía confiar.

– Mañana mismo empiezo a buscar trabajo, te lo prometo. Despúes de pagar el billete me queda poco más de mil euros del dinero que cogí, tómalos para los gastos mientras busco como colaborar.

Raúl me abrazó y me dijo que me tranquilizara, que me entendía y que ya averiguariamos como manternernos.

– Mientras busco trabajo, puedo ocuparme de la casa, así no tendrás que preocuparte nada más que por el trabajo y tu carrera.

Y así comenzó la convivencia con mi hijo. Todos los día salía a entregar curriculums y me había registrado en todas las apps de empleo que mi hijo me enseñó, pero pronto descubrí que encontrar trabajo con 20 años de experiencia de ama de casa y sin saber hacer literalmente nada no iba a ser fácil.

Dos meses después, la situación con Raúl había cambiado, casi no llegábamos a final de mes y estaba siempre malhumorado, incluso empezaba a hablarme de malos modos, a lo que yo debido a mi culpa en la situación sólo bajaba la cabeza sumisa.

Ese día llegué llorando a casa tras el centésimo rechazo en una entrevista,me quité la ropa con rabia quedándome sólo con una camiseta roja y unas braguitas negras me quedé dormida en el sofá. Me despertó la puerta de casa y me levanté sobresaltada. Raúl había vuelto de la universidad y aún no había empezado a prepararle la comida. Me lo encontré en el pasillo mirando a la cocina y cuando se volvió sentí un estremeciento al encontrarme con su mirada.

-Perdoname Raúl, he tenido un día duro y me he quedado dormida, ahora mismo te preparo algo.- Le dije sonriendo con timidez.

-Un día duro… No sólo tengo que mantenerte sino que no haces lo único que tienes que hacer.

-Perdona hijo, yo…

-Cállate de una puta vez! Me paso la noche trabajando en ese puto hotel, duermo dos horas y me voy a clase y cuando vuelvo ni siquiera tienes preparada la comida para que pueda dormir un poco, estudiar y vuelta al trabajo. Y encima me encuentro que además de no hacer nada estás durmiendo!

-Pero hijo, esta mañana…

De repente me agarró del brazo y me puso contra la pared.

-¿Para eso te pago esta ropa? ¿Para que en lugar de ir a las entrevistas te la pongas para dormir?

Puso sus manos en el cuello de mi camiseta y de un tirón me la rasgó dejando al aire mis pechos.Raúl se quedó mirándomelos y ví algo en su mirada que no me gustó.

-Raúl, por favor!

La bofetada me cogió de improviso, me llevé una mano a la mejilla ardiente y lo miré asustada, con los ojos bañados en lágrimas.

-Ponte de rodillas.

-Hijo, ¿pero que dices?yo…

-Ponte de rodillas, está claro que no sabes hacer nada, por eso nadie te contrata, pero yo se algo que seguro que sabrás hacer y me servirá como pago por tener que mantenerte.

Temblando me puse de rodillas, sabiendo lo que iba a pasar aunque sin poder creermelo. Mi hijose bajó los pantalones ya apareció ante mi su polla,una gran polla de unos 20 centrímetros totalemente erecta.

Raúl, esto no puede ser, soy tu…

Segunda bofetada. Esta vez no dijo nada más, sólo se me quedó mirando.

Alargué la mano sollozando,agarré la polla de mi hijo y empecé a pajearlo. Al cabo de unos minutos me apartó la mano.

-Pon las manos a tu espalda y abre la boca puta.

Obedecí y al momento la polla de mi hijo empezó a entrar en mi boca, mis labios atraparon esa tremenda herramienta y empecé a mamar su polla lo mejor que sabía. Sin pretenderlo, lo humillante de la situación, la dominación y las palabras de mi hijo empezaron a hacer que mi cuerpo reaccionaba y empecé a notar mi coño palpitar y mis pezones a endurecerse. Nunca había experimentado el sexo de esa manera, mi marido sólo me follaba de vez en cuando y siempre de forma rutinaria y todas estas sensaciones nuevas empezaron a hacerme efecto. Mi hijo al darse cuenta de la dureza de mis pezones y de como una de mis manos se dirigió hacia mi coño húmedo de forma instintiva sonrió, me agarró de la parte de atrás de la cabeza y empezó a follarme mi boquita con violencia.

-Eso es puta! joder como la chupas! eres una experta joder!- Me gritaba mientras me violaba la boca, metiendola hasta mi garganta. Yo estaba salivando, mientras mi mano frotaba violentamente mi coño y jadeba como una perra.

Sin previo aviso, se separó de mi, apuntó su polla brillante por mi saliva y empezó a descargar chorros de semen violentamente sobre mi cara. Notaba su semen espeso y caliente chorrenado mi cara y aguanté sin moverme, mirándole a los ojos hasta que terminó.

-Muy bien puta, ya has encontrado trabajo. Ahora ve a limpiarte y hazme la comida de una puta vez.

Me levanté sin decir palabra, fuia al baño y me miré en el espejo, sonreí al ver mi cara y mis tetas llenas de la leche de mi hijo, recogí buena parte con mis dedos y empecé a lamermelos mientras me masturbaba hasta que me corrí como hacía años que no hacía, imaginando lo que me esperaba con mi nuevo trabajo como puta de mi hijo.

Continuará…

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