Mi pequeña groupie personal

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Conocí a Conny a sus 18 años recién cumplidos, un día de noviembre (primavera en el hemisferio sur). Yo, de 28, tocaba en una banda de mediana fama local en mi ciudad y fui invitado a su colegio a tocar un par de canciones. Ella, como representante de su centro de alumnos, fue mi anfitriona por el día, me llevó al camarín, me atendió y me llevó al escenario, mientras chupaba ávidamente un lollipop. Conny era una niña de pelo castaño claro, delgada y más o menos de mi porte. Ese día no vestía de uniforme, sino que andaba con unos cortos shorts de jeans, zapatillas de lona y una blusa de manga corta a cuadros muy ceñida que dejaba ver sus hermosas e imponentes tetas, una grandiosidad que nunca más vi en mi vida. Al finalizar mi actuación, me acompañó a la puerta con su lollipop en la boca.

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y al despedirse puso su mano en mi entrepierna mientras se acercó a mi oído para agradecerme. “Gracias por venir, espero que me puedas tocar de nuevo”, luego un beso en la mejilla. Retrocedió un par de pasos, sacó el lollipop de su boca para mostrarme su lengua con piercing y con una última sonrisa se despidió de mi. Fuera de la calentura del momento no le di mayor importancia, dejé de verla por un tiempo corto, tras el cual apareció en un concierto de mi banda. Fuera del camarín me aborda y me dice: – Hola, te acuerdas de mi? – Por supuesto que me acuerdo de ti, que bueno que viniste. Disfrutaste el concierto? – Si, mucho. Qué harás ahora? – Tengo que volver a casa con los instrumentos y
luego solo dormir – Me puedes llevar? he venido sola Le pregunté hacia donde iba y para la suerte de esta historia, su casa estaba cerca de mi barrio. Era la excusa perfecta. Se subió en mi auto y emprendimos rumbo, conversando de música y otras trivialidades, todo muy normal. – Te molesta si pasamos a descargar los instrumentos primero? – le dije – No me gusta dejarlos dentro del auto, puede que me los roben. – No, no hay problema, de hecho, te ayudo con ellos. Al llegar a mi casa, Conny bajó una guitarra y yo dos. Ella se quedó adentro esperándome en el living a que yo descargara las demás cosas. Cuando entré para decirle que ahora la iría a, dejar me dice: – Ahora quiero agradecerte por el aventón Se arrodilló frente a mi y con su mirada clavada en la mía me bajó la cremallera, luego el pantalón, luego el bóxer. “Es muy grande, me encanta”, me dijo tomando mi miembro con una mano y con la otra mis bolas. “Sabes para qué es el piercing que tengo en la lengua?”. No alcancé a contestar cuando ya había empezado a pasar su piercing por mi glande mientras me masturbaba lentamente. Después de pocos segundos de este juego mi pene ya estaba complemente erecto. – Puedo metérmelo a la boca? Está tan grande y rico – me dijo desde su posición arrodillada mirándome de nuevo a los ojos. – Por supuesto, muéstrame lo que sabes hacer – No sé tanto, pero me puedes enseñar Empezó a chuparme con muchas más ganas que experiencia, se notaba que lo disfrutaba y cada cierto tiempo levantaba la vista
para decirme “lo estoy haciendo bien? te gusta?” sin dejar de masturbarme vigorosamente. “Me encanta, mójalo un poco más”. Después de unos minutos de demostración me decidí a ayudarla. Tomé su nuca con mi mano izquierda, tirando poco de su pelo. – Te han follado la boca alguna vez? – No, nunca – abre grande, pon tus manos en mis piernas y relaja tu garganta – tengo miedo, es muy grande – te va a gustar, te lo prometo Comencé de a poco a meter mi pene en su boca probando su límite que para mi sorpresa era mucho más profundo de lo que esperaba. Aceleré paulatinamente el ritmo y la intensidad de la cogida, mientras sentía correr su saliva por mi pene hacia mis bolas, cayendo en el suelo y en su ropa. Llegué a metérselo lo más profundo, su nariz casi tocaba mi abdomen y en esa posición le dije: – Mírame, te gusta? – Con sus ojos llorosos asintió entusiasta – Ahora voy a follarte. Retiré su cabeza con mi mano, me subí el pantalón y la ayudé a ponerse de pie. Sin decir otra palabra la tomé de su mano y subimos a mi habitación. Al llegar me senté al borde de la cama con ella de pie en frente. – Muéstrame esas tetas fantásticas que tienes – Le dije. Se sacó el top negro que traía y desplegó dos hermosos monumentos bajo un sostén de encaje negro. Mientras se lo sacaba yo bajé mi pantalón otra vez para honrar esa hermosa creación. Con sus tetas descubiertas en todo su esplendor la abracé de la cintura y la acerqué a mi, mientras chupaba sus perfectos y grandes pezones le bajaba
el pantalón. En ese momento pude ver que su calzón hacía juego con su sostén. – Veo que tenías planeado todo este encuentro – Lo estoy planeando desde que tocaste en mi colegio – Me encanta, eres una putita – Ahora soy tu putita La di vuelta, con su culo mirando hacia mi. – Tómate los tobillos – Cómo? – Toma tus tobillos con tus manos. En esa posición le bajé el calzón y comencé a pasar mi lengua lentamente, primero por sus nalgas lo que me permitió experimentar los movimientos de sus cosquilleos. Luego, sin más, comencé a lamerle el culo hacia su concha, una y otra vez, metiéndola y sacándola de sus orificios. “Siiii, que rico, no pares!” me decía, hasta que tuvo su primer orgasmo. Insistí con mi lengua en su concha hasta que sus espasmos le hacían alejarse involuntariamente de mi. En ese momento me paré detrás de ella, puse mis manos en su cintura y lenta, pero decididamente penetré su concha, completamente empapada con sus jugos y mi saliva. Con mi pene dentro suyo, no fue capaz de mantenerse en la posición que le había ordenado, de modo que también quedó de pie, encorvando su espalda hacia adelante para recibir mis embestidas. Con una mano la tomé del pelo para impulsarla hacia mí y con la otra acariciaba sus nalgas y sus tetas. “Me encanta que me lo metas tan duro, sigue así por favor!”. Yo, obediente, seguí cada vez más fuerte follando esa concha exquisita hasta darle su segundo orgasmo. Con sus piernas tiritando se agachó para darme sexo oral otra vez. Sin dejar de
masturbarme me dice “puedo montarte, por favor? quiero sentarme en tu pene”. No aguanté la calentura y de nuevo, brevemente, tomé su nuca para follarte la boca una vez más hasta dejarla casi sin aliento. Luego me tendí en la cama y ella se levantó del suelo. De frente a mi tomó mi pene con su mano y metiéndolo en su concha, comenzó a montarme. Cuando llegó al fondo y tras un suspiro, puso sus pies sobre mis muslos y comenzó a subir y bajar sobre mi, cada vez más intensamente, respirando acelerado, completamente mojada. – Te gusta montarme putita? – Ay, me encanta, tu pene es tan grande – Me vas a dejar acabar en tus tetas? – Sii, por favor, quiero tu semen en mis tetas. Después de largos minutos de una montada increíble, yo estaba listo para acabar. Me había aguantado mucho rato, por lo que podía intuir que mi descarga sería bastante grande. En un movimiento salí de mi posición, tomé su brazo y la puse en el suelo. Me paré frente a ella y descargué toda mi leche sobre su tetas, su cuello, parte de su pelo también fue víctima de la explosión. Cuando terminé, tomó mi pene con su mano y lo metió en su boca una última vez, aprovechando de mostrarme sus trucos con el piercing nuevamente. Recogió parte del semen que cayó sobre ella con sus dedos para luego meterlos a su boca. – Gracias por follarme – me dijo alborotada y sonriente. – Gracias por ayudarme con los instrumentos – Quiero que me enseñes más cosas, puede ser? – Ya sabes donde vivo Se levantó apurada y se limpió con un pañuelo desechable que tenía en mi velador. Le ofrecí la ducha, pero sus padres la esperaban en casa. Nos vestimos y la fui a dejar hasta su puerta. Luego de que volví a mi casa, en mi celular me esperaba un mensaje de ella con una fotos de sus tetas. “Un recuerdo de esta noche, nos vemos pronto <3”. Continuará…

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