Cómo embarace a la novia de mi mejor amigo

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Al contrario de lo que pensé, dormí bien esa noche, los remordimientos eran mínimos. Lo único que me incomodo el sueño fue la cama. Provoco que me despertara con los primeros rayos de luz. ¿Qué tendría planeado Juan Carlos para ese sábado? Ya me gustaría saber la repuesta. Fui al aseo, que estaba fuera de la habitación, en el pasillo a mitad de él. Cuando llego oigo unos susurros, la puerta no estaba como la deje anoche, estaba casi cerrada del todo. Me acerqué con sigilo y estaban hablando, que madrugadores pensé.

+ Es que te lo repito no sé porque ese enfado de anoche. (La conversación estaba empezada y no sabía a qué se refería)

+ Es que a ti que más te daba.

+ Pues me daba mucho, que quieres que te diga.

+ Es que al que tendría que importarle seria a mí, no a ti. Digo yo.

+ A veces que pesadito de pones, me haces pensar cosas raras con esas aptitudes.

+ ¿Qué aptitudes? (En tono serio)

+ Tu dime a que marido normal y fíjate que digo NORMAL, le gustaría hacer el amor con su mujer después de que O T R O se haya corrido en ella, ahí con todo el pringue, ¡¿A QUIEN?! Ya solo te faltaba querer hacer otra cosa, que sería ya lo último. (Me había perdido una parte importante de la conversación)

+ Seguro que más normal de lo que tú piensas, si no le preguntas a Pelayo, que él eso lo habrá vivido seguro.

+ No tengo nada que preguntarle a nadie y baja la voz no nos vaya a oír.

+ Si se levanta le oiremos, aunque el tarda más que es muy dormilón. (Eso era verdad, pero siempre y cuando la cama fuera buena)

+ Si quieres como yo tengo que ir a lo del coche ahora, te arreglas provocativa y si surge algo lo aprovechas, todo por nosotros.

+ Tradúceme lo de provocativa que te temo.

+ Como cuando te vistes con ese de color azulito y me esperas al llegar.

+ Estas fatal de la cabeza, ponerme eso es como decirle vamos a follar, directamente. Pues va a ser que no, majete.

+ No me decías anoche que lo que yo dijese, pues eso es lo que digo.

+ Bueno y ahora voy yo y cambio de opinión, así no me voy a vestir. Puedo ponerme algo insinuante y nada más. Hasta ahí llego y punto. Además si es tan dormilón lo mismo vuelves y sigue durmiendo.

+ ¿Desayunamos?

Salí lanzado para mi habitación y me acosté como si nada. Los oí pasar y no hicieron nada de ruido. Hasta que Juan Carlos se vistió y antes de irse paso por mi habitación, me despertó diciéndome que se iba a llevar el coche para que le echaran un vistazo y que en un rato volvía. Haciéndome el recién despertado le dije que esperase que me iba con él y me dijo que no podía perder más tiempo. Volví a hacer que me dormía y pude oír como Amparo en voz baja le recriminaba que me hubiera despertado y le dijo, “eres, eres, mejor me callo y no te iba a decir un cerdo otra cosa más fuerte” al oír cómo se cerraba la puerta tarde poco en levantarme. Amparo estaba sentada en la cocina tomando un café y nos saludamos. Iba super discreta y tapada, solo que se puso muy roja al verme y se disculpó porque iba a arreglarse.

Me prepare café con toda la parsimonia del mundo. No tenía ninguna prisa, nada que hacer y solo tenía que observar, ver y esperar. Mientras desayunaba pensaba que a mi amigo le había pasado lo que a muchos otros maridos. Pasado el primer resquemor o brote de celos, paso a ponerle cachondo la situación, no me cabía ninguna duda y a Amparo, le pasaba el no entender o la falta de asimilar lo que le gustaba ahora a su marido. Era algo que le costaba entender y admitir, entre otras cosas, porque aunque Juan Carlos no se diera cuenta, era ella la que mandaba en su casa y se notaba mucho. Esa falta de control no le gustaba. Oí que venía por el pasillo y apareció con una camisa larga, con botones delanteros hasta abajo y que hacía como vestido, una prenda muy moderna. Se veía que no llevaba sujetador porque se notaban los pezones, pero no se trasparentaba nada. La note bastante nerviosa, traía una toalla en la cabeza, enroscada, para secar su melena.

Hablaba trivialidades conmigo, mientras iba colocando las cosas del lavavajillas en los armarios. Cuando se estiraba en algunos, se veían los “mofletes” de su culo, parecía que no llevaba nada debajo tampoco. Mi rabo empezó a crecer. Con el pantalón de pijama que llevaba si me ponía de pie, se vería la tienda de campaña. Estaba nerviosa no lo podía disimular y no paraba de oírse en su móvil, los avisos de mensajes. Los miro y escribió algo de muy malas maneras, se veía en la manera de escribir y luego dejo el móvil sobre la encimera de una forma brusca y siguio vaciando el lavavajillas. El verla de mala leche me bajo mi calentura, porque lo mismo había forzado demasiado la máquina. Pero paro en seco, se sentó en la mesa de frente a mí y con un tono directo y enfatizando todo lo que decía me dijo.

+ Se que todo esto es una locura, lo sé, no hace falta que me lo digas. Pero llegamos y sobre todo tu y Juan Carlos a un acuerdo y no lo hemos cumplido ni tu ni yo. Eso no está bien y me siento mal, tengo hasta nauseas, porque además no he tenido lo que hay que tener para contárselo a mi marido, a ese que dices que es más que un hermano.

+ Para, para, no es necesario que te pongas así. No considero que haya engañado a Juan Carlos, porque desde el primer momento le dije que no era buena idea, luego también le dije, que en esos momentos no tengo amigos ni entiendo de nada. Aun así, muy bien me comporte.

+ ¿Qué te comportaste bien? ALUCINO. Pero, ¿QUE MAS TE QUEDO POR HACER?

+ Si tú supieras. Y te diré una cosa, si quieres se lo contamos los dos a Juan Carlos o se lo puedes contar tú, por mí no hay ningún inconveniente, que si no se lo dije anoche fue por no dejarte con el culo al aire.

+ Te lo agradezco y si será conveniente que se lo contemos, pero la verdad que no sé cómo hacerlo.

+ ¿Tu cómo te sientes después de todo esto?

+ Puafff, me siento muy pero que muy mal. Creía que sería de otra manera y que se podría controlar todo y no ha sido así, por eso me siento tan mal.

+ Vamos, que te sientes mal pero, ¿Por haberlo pasado bien o por poder haberlo pasado mejor y no haberlo hecho?

+ Es que ni en estas circunstancias te suavizas, siempre tan directo.

+ Si seguro que Juan Carlos también se puso, que lo conozco y estoy igual de seguro, que te ha dicho o hecho algo que te ha dejado fuera de juego y tal vez por eso estés tan rayada, mucho más que por lo que sucedió. ¿Me equivoco? (Me miro pensativa y tardo en contestar)

+ No, no te equivocas, ha habido algo que me ha encendido muchas alarmas.

+ Después de lo de anoche y después de lo que estamos tratando de lograr, creo que puede haber confianza. Los que más conocemos a Juan Carlos somos tú y yo. Cuéntame. (Se quedo dubitativa pero al final hablo)

+ Tienes que comprenderlo desde mi posición. Sabes que Juan Carlos y yo hemos estado siempre juntos, menos esos mese que rompimos y luego volvimos, él fue en todo mi primer hombre y el único, creo si no me mintió que yo he sido su primera y única mujer.

+ Puedes estar segura, que cuando lo dejasteis era un alma en pena.

+ Vale, pero no me interrumpas, que pierdo el hilo y no me es fácil. Me tratado de hacer algo, que me pareció fuera de lugar, me dio repelús, no lo veía normal. (Ella no sabía que yo había oído parte de esa conversación) Y he llegado a pensar y si este quiere todo esto para tener vía libre para estar con alguna por ahí que. ¿Me entiendes?

+ Te entiendo y le entiendo, aunque no sé exactamente lo que paso. Ya te digo que Juan Carlos no mira a ninguna otra mujer, esta encoñado contigo y sabes que haría lo que tu dijeses, por ese lado quítate historias raras de la cabeza. Como tengo experiencia con parejas, que imagino que ya te lo ha contado, lo que le ha podido ocurrir es lo que a la mayoría de los maridos en casos similares, nada nuevo.

+ ¿Cómo que les ocurren a otros maridos? (Lo preguntó con cara de mucho interés)

+ Mira cuando estas con una pareja y no en todos los caso pero si en una gran mayoría, casi todos, llega un momento más temprano que tarde, que al marido le gusta comer la boca de su mujer después de que otro se haya corrido en ella, lo mismo si se han corrido en su coñito o en su culito (Aquí hablaba lo más fino posible y ella abría cada vez más los ojos) y también como no, les gusta meterla donde ya se han corrido, les gusta notar esa viscosidad.

+ Te estoy oyendo y no me lo creo. ¿Es verdad?

+ Mira es tan verdad como esta noche pasada cuando estábamos en la habitación, ¿No te puso más caliente saber que estaba tu marido en la misma habitación sin verte pero oyéndonos? ¿No te gusto probar algo diferente? ¿No te gusto? (Me corto la pregunta)

+ Vale, vale, para, que ya pillo lo que quieres decir.

+ Pero ahora dime que fue eso tan grave que quiso hacer o que te pidió.

+ Pues que quiso que lo hiciéramos sin haberme aseado después de estar contigo. Ea, eso es.

+ Cuando venga si quieres delante de ti o con él a solas, le voy a decir que si quiere que sigamos será como yo quiera con mis condiciones, si no, no puedo, no me sale. Seré más claro, yo cuando follo, follo no me ando con remilgos y que quieres que te diga, aunque no tengas mucha experiencia por haber probado solo con un hombre, tu estas para follarte como a mí me gusta y punto. ¿Qué dices?

Vi un cambio total en ella, sus ojos eran puro fuego, se puso de rodillas en el suelo y se acercó a mí. Se acerco deslizándose y se quedó entre mis piernas. Me empezó a tocar mi rabo por encima de mi pantalón de pijama, no me creía lo que estaba pasando. No le fue difícil sacar mi rabo y mis huevos. Me apretó salvajemente el rabo y se alzó, me lamio la cara y luego me dio un beso metiéndome la lengua hasta la garganta, volvió a lamerme la cara y mordiéndome la oreja me dijo, “¿Qué no tengo experiencia? Te voy a hacer algo que en tu vida te han hecho, pero quédate con todo, porque no se repetirá” volvió a mi rabo y me acariciaba los huevos y el rabo a la vez. Empezó a recorrer con su lengua todo mi rabo sin quitar su mirada de la mía. Notaba como se acercaba su aliento a mi capullo, según se acercaba su lengua y deseaba que se lo metiera en la boca, pero no se limitaba a darme lengüetazos en mi capullo, llevándome al séptimo cielo.

Me arriba unos mordisquitos en el tronco de mi rabo de arriba abajo, matándome de placer. La muy puta paro en seco, se echó un poco para atrás y extendió su mano y empezó a llenarla de saliva, que no sabía cómo podía tener tanta. Una vez bien mojada la mano, agarro mi rabo de nuevo y que gozada, como se sentía. Hizo que me levantara de mi asiento y me termino de quitar los pantalones del pijama, no quiso que me volviera a sentar. Empezó ahora si a comerme el rabo, mientras me arañaba mis nalgas con sus uñas, era una fiera, que manera de arañar. Sabía por dónde pasar su lengua, descubrió con facilidad mi parte más sensible. Ahora trataba la muy zorra de meterme un dedo en mi culo y lo consiguió cuando se metió el rabo hasta la garganta, como si de una estocada se tratase. Nada de arcadas. Que fiera.

Sacaba y metía mi rabo a su antojo, que bien lo hacía, me costaba creer en esos momentos que solo hubiera probado con mi amigo, porque era una buenísima maestra. Iba a hacerme correr en un tiempo récord. Pero sabía lo que se hacía, porque cuando me veía a punto, cambiaba de formas y me relajaba. Pasaba de mamadas profundas a mamadas suaves, pequeñas. Ahora con esa boca tan deliciosa y esos labios morbosos, esos que abrían besado tantas veces a mi amigo, Amparo atrapo solo con sus labios mi capullo y hacia lo mismo que yo cuando tenía un pezón en mi boca, me estaba poniendo super cachondo. Cuando mejor estaba, cuando estaba en éxtasis, empezó a hacerme una mamada exagerada, veloz, metiendo y sacando a toda velocidad mi rabo. Estas cosas no daban tiempo a que me acostumbrara a lo que me hacía, era cambio tras cambio, provocándome la necesidad y el deseo de correrme.

Intuía que esos cambios en la mamada era para evitar que me corriera cuando yo quisiera o para retardar simplemente mi corrida, pero ya estaba en un punto que no habría contención posible y al contrario de la otra noche le avise. Ella seguía con su mamada brutal y cuando me tense, ella se dio cuenta y se retiró, maldije el haberla avisado, pero mire y me quede perplejo, la muy puta tenía abierta su boca y la lengua fuera para recibir mi corrida. Me puso como una moto. Empecé a correrme y a gritar y entre otras cosas le decía lo puta que era y como me gustaba. Ella recibió una buena corrida y vi cómo se lo tragaba todo, como algo había dado en su cara y como lo recogía con un dedo y mirándome lo saboreaba. Me dejo sin palabras. Sirvió dos cafés como si no acabara de pasar nada, me recompuse y me senté.

+ No pienses que va a volver a ocurrir.

+ Tengo una pregunta. ¿Por qué eso de no permitir que te bese y sí que me chupes el rabo?

+ Jaja, no lo vas a entender, como tampoco lo entiendo yo pero, debe de ser así. Juan Carlos desde que me propuso esto, siempre insistió en que podían torcerse las cosas y sin querer en el fragor de ya sabes, pudiera ocurrir algo más, lo único que no podía ocurrir eran dos cosas, nada de besos en ninguna circunstancia, porque eso era muy íntimo entre los dos y que por detrás nada, por lo menos mientras siguiera siendo virgen por ahí. Ya está.

+ Pues lo del beso no lo entiendo para nada.

+ Otra pregunta. ¿El que no este ha sido a propósito para dejarnos campo libre?

+ Eres un preguntón, pero sí y no. Porque lo del coche era cierto y aprovechando la circunstancia, pues sí.

+ Pues no lo vamos a hacer, antes tengo que dejarle unas cosas claras y si acepta bien y si no, pues se acabó.

+ Oye, que tampoco he dicho que yo estuviera de acuerdo. No te confundas.

+ Yo no he dicho que tu hayas dicho nada, he expresado mi postura.

+ Y, ¿Qué cosas claras son esas?

+ Que nada de más tonterías de hacerlo como me habéis exigido. Que seré como soy y follare como quiera, eso sí que lo tendrá que consultar contigo, pero le diré eso, lo mismo con algún detalle más, pero así.

+ Lo vas a dejar rayado. No va a saber que decir.

+ No lo minusvalores, que si sabrá qué decir, otra cosa será que se atreva. Mas que nada por lo de la vergüenza.

+ ¿Vergüenza a qué?

+ Pues a convertirse en un cornudo y que su mujer sepa que le gusta. Me voy a duchar, luego seguimos hablando si quieres y le puedes llamar diciendo que no va a pasar nada.

Me levanté y me fui a la ducha. Al salir y estar secándome oí la voz de Amparo airada, abrí un poco la puerta y por lo que escuchaba hablaba con Juan Carlos y lo último que dijo fue, “TE HE DICHO QUE NO ME MANDES MAS MENSAJITOS Y QUE YA ESTAS TARDANDO, TE QUIERO AQUÍ ¡¡YA!! O ME VOY A COMPRAR Y LO DEJO SOLO, TU MISMO” y la oí murmurar algo pero para ella sola, ya que había cortado la comunicación con Juan Carlos. Sali de la ducha con la toalla enrolada a la cintura y le dije, “Amparo no te enfades, relájate, que en ese estado no solucionas nada” puso una cara como diciendo tienes razón y me dijo con más tranquilidad, “es que ya está que la culpa es mía, que no colaboro, que si patatín que si patatán, es que ¿tú has visto a alguien que eche a su esposa en brazos de otros? Que pregunta te acabo de hacer y a ti, que lo ves todo normal” quise ahora meterla en un compromiso y lo hice con muy mala leche, “si yo te entiendo, porque esta también que yo no te guste y eso sea meterte en un aprieto más grande”me miro sorprendida y me respondió, “por ahí no, está claro y lo sabes que estas más que bien, a que mujer no le gustarías, físicamente estas más que potable y luego tienes ese punto golfo sinvergüenza, que te convierte en el típico hombre que las madres dicen a las hijas, ese no te conviene” me eche a reír porque nunca me habían dicho eso y lo hizo con mucha gracia.

Ya se relajó y se le paso el mal humor. Ella me expreso la duda de no saber que decirle a Juan Carlos de como plateárselo, de cómo hablarle y le dije que solo le dijera que lo había intentado pero que yo estaba reacio y que no estuve en tu onda. Cuando venga a mí ya hablare yo con él. Me terminé de vestir y haciéndolo oí abrirse la puerta. Les dejé solos y salí al rato, mi amigo me saludo normal. Se puso a hablarme del coche, del fallo que tenía y salió Amparo vestida para salir y dijo que iba a comprar unas cosas, quedamos en una hora en bar cercano para tomar un aperitivo. Como era de esperar Juan Carlos fue rápido al asunto.

+ Me has fallado y encima me he llevado la bronca. Me he escabullido para dejaros solos y ver si así iba mejor, pero Amparo me ha dicho que no has entrado al trapo y que claro, no iba a ser ella quien diera el primer paso.

+ ¿Y ahora qué quieres que te diga?

+ Ya se, si me he tratado de ponerme en tu lugar y entiendo que es demasiado frio como te lo he propuesto y que así es muy difícil ponerse en “situación” y como tú siempre has sido más lanzado que yo y con mucha más experiencia, dime, ¿Cómo podemos encararlo? ¿Qué es lo que tiene que hacer Amparo para que te resulte más, mas, atrayente?

+ Vamos a ver, empezare por lo último, que te quede claro que tu mujer esta buenísima. No me andaré con rodeos ni leches, sabes y más contigo que siempre decimos los que se nos viene a la cabeza. Yo no puedo llegar, estar tocándome el rabo un momento e ir a toda velocidad a correrme dentro de tu mujer, imposible para mí.

+ Bien vale, te entiendo, pero te repito como lo hacemos entonces, JODER.

+ Tranquilo, relájate, a mí no te me pongas así. Lo que yo necesito es simplemente follar, solo eso. Pero para llegar a eso tiene que existir un precalentamiento. O tu cuando vas a follar, que llegas y sin más metes y ya está. Porque yo necesito para correrme a gusto, por lo menos media hora de precalentamiento y luego como mínimo 20 minutos.

+ Anda ya, ¿Pero qué dices? Si eso en 10 minutos máximo esta ventilado. Me refiero a lo de una vez que estás haciendo el amor, cuando ya has penetrado, 6 o 10 minutos.

+ Si tú lo dices, pues tú serás así, pero mi cuerpo funciona de otra manera. En ese tiempo también incluyo el decir lo que me sale de las pelotas y hacer lo que quiera, siempre que note que a la mujer le gusta, así de simple. Como sé que no te hace gracia, lo dejamos y seguimos tan amigos y no ha ocurrido nada.

+ Lo que no entiendo es que esta mañana estabais solos y podías haber hecho bastante y ni lo has intentado. ¿Por qué?

+ Porque si es cosa de tres, tenemos que estar los tres y como si se iba hacer hacía falta cambiar las normas, faltabas tú. ¿Qué dices?

+ Yo, yo, es que, no sé, pero yo… (Estaba confundido, por eso, seguí hablando yo)

+ Si te es más fácil, empezare siendo sincero yo. Amparo me pone como un burro, esta buenísima. Sospecho o creo, que sería un placer el follarla porque le sacare mucho más de lo que le has sacado tú, estoy seguro.

+ Que quieres decir con eso de que sacaras de ella más.

+ Pues que sacare la puta que lleva dentro y la daría la follada de su vida.

+ Si no quieres que nos enfademos, no vuelvas a decir lo de puta. Que puedes decir sacar la fiera, la salvaje, no sé, algo así.

+ Es más, si quieres después de que me corra dentro de ella, la follas tú y te corres también, así como si fueras tu quien la preñase. (No lo dije con mala fe, lo dije para que tuviera un argumento frente a su mujer)

En esto último lo deje hecho un lio. Para relajar el momento le dije que fuéramos a tomar ese aperitivo. El trayecto hasta el bar, hable con el de futbol, de gente conocida, de su trabajo, del mío y nada estaba como bloqueado, aturdido. Llegamos los primero y al poco tiempo Amparo, que se dio cuenta perfectamente de que Juan Carlos estaba raro. Una vez que fue a la barra por más cervezas, Amparo me pregunto si le había contado algo y le dije que nada, solo que habíamos hablado de como quería yo las cosas. No pudimos seguir hablando porque vino su marido. Nos íbamos después de las cañas a por el pan y me ofrecí a ir yo por él, para que ellos se subieran a su casa y pudieran hablar.

Subí bien pasada la media hora. Ya les habría dado tiempo de hablar de todo. Me abrió Juan Carlos y todo parecía estar bien, no había caras largas, ni tensión ni nada. La comida fue ligera y hablamos de todo y de nada en particular. En cuanto acabamos Amparo dijo que se iba a echar un poco y si hacíamos el favor de recoger todo. Ayude a Juan Carlos y nos preparamos café para tomarlo en la misma cocina. De improviso Juan Carlos me dijo, “Estamos de acuerdo, pero tienes que tener en cuenta nuestra inexperiencia, no te rebotes si algo no sale bien y solo dos cosas, la luz apagada y nada de besos” mi respuesta con una sonrisa fue, “vaya perra tenéis con los besos, no lo entiendo, pero vale así sea. Ahora yo pongo otra condición y me tienes que dar tu palabra de honor, es que la luz no se enciende en ninguna circunstancia, salvo que lo hagamos todo con luz, ¿Qué me dices?” acepto y le pregunte ese cambio a que había sido debido. Me miro con un poco de sorna y me dijo, “al final va a ser verdad de que estas más que bien dotado, te lo digo porque Amparo me ha dicho que con la pija que tú tienes, si no se está bien lubricada es muy difícil que entre, ¿De verdad la tienes tan grande? ¿No eran invenciones de los de clase y de las chicas?” “seguro que más o menos como la tuya, un poco más un poco menos” le conteste y me replico diciéndome, “por lo que ha dicho Amparo más que un poquito, que de pija pasa a pijón, jaja”

No me había terminado el café y me ya me estaba diciendo de ir a la habitación. Le mire y seriamente le pregunte, “amigo ¿estás preparado para oír de todo en esa habitación, estás preparado para el después?” y moviendo la cabeza me dijo que sí. Tal vez estuviese más preparado que yo. Nunca albergue tantas dudas, que eran superiores al deseo de follarme a su mujer. Antes de entrar le recordé que me había dado su palabra de ni encender las luces ni de entrometerse. Volvió a menear la cabeza de arriba abajo. Esta vez suspiramos los dos. Sabía que ese momento lo recordaríamos para el resto de nuestras vidas.

Entramos, me situé más o menos donde la última vez. Me desnude sin prisa, pero sin pausa. Destape a Amparo y me tumbe a su lado. Intente besarla, pero no hubo manera, así que me dedique a lamer y besar su cuello. Sintiendo como se le ponía carne de gallina. Mientras hacía esto, acariciaba todo su cuerpo, luego moví mi cabeza, porque quería comerme sus tetas. Los pezones estaban como piedras de duros y su coño, no estaba nada húmedo, estaba empapado, mis dedos entraban con toda la facilidad del mundo. Quise empezar como yo quería, le dije en voz suave, pero para que me oyera también Juan Carlos. “Me pone cachondo que estés tan mojada, que estés chorreando así me pone a mil” ella me dio como un pellizco para que me callara, pero me daba igual.

Le dije, “no me pellizques que me va a dar igual, que quiero que mi amigo sepa, lo cachonda que es su mujer” ella esta vez me soltó un “por favor” que era más una súplica. Quedo en eso en una súplica, porque empecé a acariciar su clítoris, mientras me comía sus tetas y sentía como se aguantaba, notaba su aire fuerte en mi lado de la cara. En cuanto sentí su mano buscar mi rabo, sabía que todo estaba ya decidido, lamiendo su cuello, esta vez sí muy suave, le dije, “es hora de que te dejes llevar, disfrutemos los tres”, por alguna que otra indiscreción de mi amigo sabía que a Amparo la postura que más le gustaba era la del perrito. Ella estaba tumbada boca arriba y ahora me puse en medio de ella, imagino que pensaría que me la iba a follar en ese momento, pero estaba muy equivocada. Me puse a pasar mi rabo por su raja, desde casi el culo hasta el clítoris, ahora ya si se le iba oyendo más su respiración, mezclada con gemidos no contenidos.

Hacia movimientos para que se lo metiera y yo lo evitaba, una de esas veces se medio incorporo, me agarro de mi cintura y tiro de mi hacia ella, eso se estaba poniendo cada vez mejor. Su desesperación era buena para que lo pasáramos mucho mejor. Sin decir nada, la agarre y ella lo entendió, se dio la vuelta, pero se quedó tumbada boca abajo, entonces con mis dos manos hice un movimiento para que se pusiera a cuatro patas y lo hizo. Acariciaba su culo, tenía una pie muy suave, ya me gustaría que hubiera luz para ver todo su cuerpo. Agache mi cabeza y lamí sus nalgas, luego su culo y lo siguiente fue su encharcado coño, sabia deliciosamente. Volví a lamer su culo y se puso más cachonda aun y otra vez se le escaparon varios gemidos. Sabía que estaba a punto de correrse, por eso hacia paradas, para hacer otra cosa.

Ahora desde atrás empecé a hacer lo mismo que hice por delante, pasaba mi rabo por todo su coño, me gustaba como cuando llegaba a su entrada, ella se echaba para atrás, le permitía que se metiera un poco y luego lo sacaba. Llevo una mano atrás con la intención de agarrar mi rabo para clavárselo ella misma. Pero no pudo, no la deje. La notaba rabiosa con muchas ganas y había que romper esa barrera que se habían puesto, de lo contrario sería un mal polvo y no quería eso ni para ella ni para mí. Mientras la provocaba con mi rabo por su raja, acariciaba su nalga derecha y sin que se lo esperara ni ella ni su marido, eso estoy seguro, le solté un buen azote, que resonó en el silencio de esa oscuridad. Amparo soltó un “¡AY, ¿QUÉ HACES?!” y mi respuesta fue acompañada de otro azote, “Lo que quiero y hasta que no lo pidas como debes no te meteré mi rabo” ella con voz indignada me dijo, “ni lo sueñes, ni estando borracha” pero seguía moviéndose y no se apartaba, entonces solté mi órdago, “pues tu misma, si no lo pides como debes me marcho ahora mismo” hice el amago de bajarme de la cama y entonces Amparo me dijo, “ESPERA, ESPERA”

Con voz nerviosa, excitada, en un tono casi cercano al susurro me pidió que se la metiera, pero eso no era suficiente y se lo dije, entre otras cosas porque casi no la oía. Alzo un poco más la voz y volvió a decir lo mismo. Como no le hacía caso se enrabieto y soltó, “QUIERES FOLLARME DE UNA VEZ O QUE, COMO TENGO QUE DECIRLO” seguro que luego cuando lo pensara alucinaría. Agarré sus caderas y se la metí de golpe, lanzo un gemido bestial, le debió de coger desprevenida. Ahora quise que mi amigo supiera como me follaba a su mujer ya que la oscuridad no le permitía ver como su mujer movía el culo para que se lo clavara bien, a mí también me gustaría ver como entraba, pero a falta de eso le decía a mi amigo, “Joder Juan Carlos que mujer más caliente tienes, como se mueve, como aprieta mi rabo, menuda (Y me contuve)”

No me bastaba eso así que empecé a darle pequeños azotes y le sacaba “protestas” que sabía que las hacía para disimular y entonces seguí provocándola, me pare y aunque no la veía sabía que estaría desconcertada, salió de su desconcierto y se movía ella sola, pero según se echaba para atrás, yo hacía lo mismo. Cuando la noté más desesperada le dije, “hasta que no te sueltes y dejes de fingir, no sigo y no pienses en Juan Carlos que ya sabe lo que eres” para saber si me había oído porque no me contestaba le di un azote más fuerte que todos los anteriores y me dio “SIIIIII, haz lo que quieras” empecé a follarla empotrándola bien y ahora si se oían sus gemidos de manera clara y dos de mis dedos follaban su culo, sin rechistar Amparo. Se puso tan cachonda, que le dije “ahora sí, ahora ya eres mi puta, eso es lo que quería” y entonces quien hablo fue mi amigo, “habíamos quedado en que no dirías eso” y le dije dándole un azote a su mujer, “¿Tu que dices puta?” ella no me contesto, pero si le dijo una cosa a su marido, “Juan Carlos amor, mejor salte de la habitación, no quiero que sufras, pero que sepas que te amo, recuerda porque lo hacemos, amor. Aaahhhhhhh” le costaba hablar por que los gemidos le venían uno tras otro.

No sabía si mi amigo se marcharía hasta que le oí decirle a su mujer, “No te preocupes por mí, no me saldré, piensa que no estoy” y ahora la situación, por fin la controlaba yo. Seguí follándola con fuerza, la empotraba en plan bestia y cada vez que mi rabo entraba a tope ella soltaba gemidos deliciosos y de pronto al ver que estaba a punto de correrse me pare en seco. Maldijo el que me parara y me lo recrimino con rabia. Le dije, “Ahora ya sabes quién manda y ahora vas a pedirme que te folle sabiendo que quien manda soy yo y sobre todo para que tu marido te oiga” no le costó mucho en decir algo, “Por favor continua” (Un azote fuerte) así estaré hasta que lo pidas correctamente, “Fóllame métemela has el fondo” (Otro azote) “Joder no es como decirlo ya” (Dos azotes) “Méteme ese pijón hasta la garganta” (Un azote) “Esta bien fóllame como a una puta” (Lo dijo en voz más baja, le di una caricia un azote) “Folla a tu puta, ¿es eso lo que querías oír verdad?” empecé a follarla otra vez sin parar y ahora ella me decía, “vamos fóllame más fuerte, que soy tu puta, no pares que voy a llegar, no pares, SIIIIII, AAAHHHHHHH; QUE GUSTAZO” y no pare de moverme para correrme rápidamente, porque quería dejar a mi amigo con ella. Me corrí como un salvaje, hacía mucho que no tenía una corrida semejante.

Nada más correrme le acaricie el culo, ella se fue tumbando y yo encima de ella, hasta que le saque mi rabo. Nada más hacerlo les dije que me iba al otro baño y les dejaba solos. Aunque les mentí, iría al baño pero no tan pronto, por eso al salir deje la puerta abierta un dedo, porque si salía como pensaba, mi amigo iría como un loco a follarse a su mujer y no se daría cuenta, no quería perderme nada, sobre todo lo que pudieran hablar. No me equivoque y Juan Carlos se metió en la cama, no los podía ver pero si oír.

+ Déjame que me vaya a duchar. Ahora no Juanca.

+ Ahora no te puedes ir a lavar, tienes que quedarte así un buen rato, que repose todo bien.

+ No quiero hacer nada así, ya lo sabes.

+ Joder pero ¿Por qué no?

+ Me siento sucia, lo que he hecho, lo que he dicho, lo que me han dicho, me da mucha vergüenza y más habiéndolo oído tú. Porque sé que te he hecho daño.

+ No tienes por qué sentirte sucia y mucho menos preocuparte por mi porque no me habéis hecho daño. Algo de vergüenza si me ha dado, pero no por haberte oído si no por esto.

+ ¡MADRE MIA! ¿Como es que estas así? Qué barbaridad que dura la tienes. No me lo puedo creer, te has puesto, “pinocho” “pinocho”

+ Por eso quiero que hagamos el amor y llenarte yo también.

+ Pero es que estoy pringosa, me da no sé qué, lo digo por ti.

Lo siguiente lo deduzco, porque oí a mi amigo decir que al le daba igual y luego un gemido de ella, estaba claro que se la estaba follando. Lo más gracioso que el paso de decirle que la amaba, que la quería, que ahora la amaba mucho más a preguntarle, “¿Tan grande tiene la pija, que decías pijón?” y ella con la voz entrecortada le decía, “Buffff, es algo exagerado, si la vieras, alucinarías” y Juan Carlos con voz de duda le preguntaba, “¿Mucho más grande que la mía?” ella le dio una respuesta para quedar bien, “Si, pero la tuya es muy rica también”, se oía la respiración acelerada de los dos y Amparo le hico una pregunta muy importante, “¿No te disgusta notar su corrida?” y el soltó un no muy explícito y entonces ella le soltó, “pues si hubiera sabido que te ibas a poner así, hubiera dicho que con la luz encendida” y el corriéndose le dijo que la próxima vez. Ella no se corrió y él le pidió perdón por haberse corrido tan rápido. Ella muy generosa quiso excusarlo diciendo que no pasaba nada, pero él no se quedaba conforme y decía que en un rato estaría otra vez en forma. Ella le repetía que no se preocupase y se quedaron callados. Hasta que ella empezó a hablar.

+ Oye lo que has dicho de la próxima vez, nada de nada. No lo repetiremos. Si me he quedado embarazada bien y si no, buscamos otra forma más normal.

+ Eso no es así Amparo, sabes que tenemos amigos que han tardado meses en quedarse, si no lo hemos conseguido ahora, pues lo volvemos a intentar, lo más difícil ya está hecho, que era el decírselo a Pelayo y que aceptara. ¿No?

+ Una de las cosas que te dije, que se nos podía ir de madre todo y para ser la segunda vez, se nos ha ido bastante. Tú mismo decías que te daba miedo sentirte como un cornudo y hoy hemos rebasado todos los limites.

+ Pero es que lo has pasado tan mal.

+ No es por eso. Si te soy sincera no lo he pasado mal. Es más me he sentido sucia y me ha gustado. Me ha dejado el culo como si tocara un tambor y también me ha gustado. Eso es lo que me preocupa.

+ Pues entonces esperemos y no te preocupes y no te sientas mal, porque tienes razón me habéis puesto muy cachondo y no quería, no era mi intención, pero que quieres ha sido brutal.

+ Te das cuenta de que nos podemos convertir tú en un cornudo y yo en una puta. ¿No te preocupa?

+ No me preocupa eso, porque siempre seremos lo que nosotros queramos, no lo que quiera otro.

Ya había oído bastante, me fui a dar una ducha y lo que había oído estaba dentro de la lógica en estos casos. Al terminar me fui a la cocina a beber y me encontré con Juan Carlos, que no expresaba ningún malestar y me dijo que Amparo estaba bien y duchándose, no me hablo nada de lo que habían hablado ni me expreso ninguna duda. Después apareció Amparo que llevaba un vestido de estar por casa, que le llegaba un poco más arriba de las rodillas. Venia más cortada que su marido, pero disimulando. Juan Carlos se levantó para ir a ducharse. En ese momento Amparo que estaba apoyada sobre la encimera colocando agua a hervir en el microondas se tensó. Me levante y me puse detrás suya, lamí su cuello y su piel se erizo, luego mordisquee y lamí su oreja y le dije metiéndole la mano por debajo de su vestido, “no me gusta que lleves puesto nada debajo, ya te o estas quitando. Te he oído lo que hablabas con Juan Carlos, porque esa negación de que eres mi puta, solo mía y que seré yo el primero que rompa este culito. ¿Lo sabes verdad?” y ella movió la cabeza con asentimiento.

Le fui bajando el tanga que llevaba y moviendo sus piernas se lo quito. Le apoye en la encimera, me baje la cremallera del pantalón y volví a clavarle mi rabo. La diferencia que levante el vestido y veía su culo y como entraba y salía mi rabo de su coño. Estaba mojadisima, era una fuente. No llevaba sujetador y mis manos se agarraban a sus tetas, para apretar con dureza sus pezones. Volvía a aguantar sus gemidos. Le pregunte, “¿A qué te ha puesto cachonda que tu marido te follase estando llena de mi leche?” y ella me dijo que si, que era muy morboso. Empecé a embestirla duramente y le decía, “así que no quieres que te folle más, so puta, pues la próxima vez tendrás que pedirlo que suplicarlo y lo harás delante de mi amigo” A eso me decía que no con la cabeza, como cuando le gire la cabeza para besarla, que me dijo que no, apartando su cabeza.

Oímos que venía Juan Carlos, le saque el rabo y como pude, deprisa y corriendo me lo guarde, me senté donde estaba y ella con una habilidad tremenda, recogió el tanga del suelo y cuando entro su marido en la cocina, lo metía dentro de la lavadora. Se sentó también y fue cuando le dije, “creo que ya hemos hecho lo que teníamos que hacer, me marcho y a cruzar los dedos para que todo haya ido bien” Juan Carlos me miro consternado y me recordó que habíamos quedado que me quedaría hasta el día siguiente domingo y le respondí que si fallaba lo intentaríamos como el dijese. No le quedo más que aceptar y me marche. También porque seguía con algo de remordimientos y pensé en algunas cosas de las que le dijo Amparo a mi amigo, podía ser que tuviera mucha razón.

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