Nueva vida con mi hijo 4

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Tras terminar de maquillarme me observé atentamente en el espejo. Quería estar perfecta en nuestra primera cita. Me miré durante un rato y me complací ante lo que vi. La sombra de ojos tenía un difuminado perfecto, que daba a mis ojos negros unaspecto muy sexy, mis labios pintados con un rojo, no demasiado llamativo, realzaban su carnosidad. Luego me fijé en el vestido. Había comprado un vestido negro bastante ceñido, pero sin pasarme, con un escote precioso que empezaba a pronunciarse desde los tirantes. Ya en la tienda me había asegurado de que mis tetas fueran comodamente sin necesidad de sujetador y aunque no estaban tan arriba como me gustaría (cosas de la edad), me encantaba el efecto de mis pechos en aquel vestido. Por abajo era corto, pero no tanto como para que tuviera que preocuparme al sentarme, y por supuesto sin usar ropa interior. Mi amo no me había indicado nada sobre el uso de ropa interior pero decidí darle esa sorpresa, que no llevaba sujetador sería evidente, pero quería ver su cara cuando, si se daba el caso, metiera su mano buscando mi coño, que me había depilado para la ocasión.

Tras guiñarme a mi misma en el espejo, salí al pasillo y allí estaba mi hombre, mi amo, con un traje negro, camisa violeta y una corbata negra finita. Me dieron ganas de subirme el vestido allí mismo y follármelo, aunque yo no daba las órdenes, pero algún día lo follaría a mi gusto.

-¡Guau! Elena estás preciosa.- Dijo Raúl mirándome de arriba a abajo.

– Gracias amor.- Contesté mientras caminaba sugerentemente hacia él.

Alargué la mano y acaricié su nuca mientras nuestras lenguas se fundían en un beso apasionado. Conociendo a mi amo, había usado un pintalabios resistente.

20:00 horas

Salimos a la calle, hacía una tarde bastante fresca, muy coherente con mi estado de ánimo. No podía parar de sonreir, de ser una mujer ignorada y desdichada por su marido, ahora era una mujer plena, feliz con un hombre atento que me satisfacía sexualmente y me había descubierto una cara del sexo que mi educación me había hecho rechazar durante toda mi vida.

Paseamos yo cogida de su brazo, hablando de nuestras vidas, nuestros gustos, nuestros secretos. Estaba conociendo a mi hijo como amante como nunca lo había conocido como madre. Nos parábamos a besarnos en cualquier sitio, besos de novios, suaves y románticos, con alguna caricia furtiva. Nos parábamos a mirarlo todo, a comentar todo, parecía que era la primera vez que veía el mundo.

Más o menos una hora más tarde entramos en un restaurante. Mi hijo lo conocía porque era uno de los que debían recomendar en su hotel a los visitantes de la isla y tenían un plato de salmón muy bueno. Pedimos una ensalada para compratir y un plato de salmón con acompañamiento cada uno. Raúl me dijo que nos convenía cenar ligero con una extraña sonrisa en el rostro. Todo siguió siendo como el resto de la tarde, maravilloso. Descubrí la verdad en las palabras de mi hijo de esa misma tarde. Yo era su novia, me trataba como si fuera la mujer más especial del mundo y me hacía sentir amada. Yo ya había sacado de mi mente que fuera mi hijo. Sus formas, sus besos, el hecho de que lleváramos separados ya dos años desde que se fue y, sinceramente, que nunca habíamos estado muy unidos, me hizo tratarlo como a un novio, como a un amante, y aceptar que tras todas estas excusas que me autoimponía era mi hijo le daba un toque muy morboso. Siempre había oido que cualquier forma de sexo es genial entre dos adultos que consienten y estaba descubriendo lo ciertas que eran esas palabras.

Tras terminar de cenar Raúl me dijo:

– Voy al baño, preciosa.- Se levantó, se aproximó, me besó en la mejilla y me susurró al oido- Te espero dentro en dos mintos…puta.- Y se alejó.

Joder,con sólo oir nuestra palabra mi cuerpo se estremeció. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no lanzarme corriendo detrás suya para disfrutar de lo que me tenía preparado. Mientras esperaba, miraba absurdamente a mi alrededor, un poco temerosa de que alguien supiera de alguna manera lo que hacíamos. La excitación de estar en un lugar público hizo efecto en mi, tenía las mejillas encendidas y notaba mi coño palpitar. Cuando calculé que había pasado bastante tiempo, fui a su encuentro.

Al entrar, Raúl me estaba esperando apoyado en el lavabo, jamás lo había visto tan sexy como con ese traje y esa mirada sedcutora, avancé hacia él para besarle pero me sujetó, me dio la vuelta y me empotró contra la pared. Con una mano me sujetó mis brazos a la espalda, sujetándolos con fuerza y con la otra mano empezó a subir mi vestido que quedó arremangado en mi cintura.

– Vaya regalo me has hecho puta.- susurró en mi oido- Me encanta que no lleves nada debajo. Levanta los brazos y pon las manos contra la pared y ni se te ocurra moverlos.

Cuando le obedecí, empezó a darme fuertes azotes con la pared mientras con su otra mano tapaba mi boca. Yo no pensaba gritar, pero no podía evitar gemir por el placer que me daba notar mis nalgas doloridas siendo abofeteadas.

– Me encanta tener este culo tan rojo, zorra- Me susurró Raúl mientras me daba la vuelta y agarraba mi dolorido trasero con fuerza. Pasó su mano desde mi culo hasta mi coño y metió dos dedos con violencia y empezó a follarme con ellos. Me estaba haciendo una paja maravillosa y el sonido del chapoteo de sus dedos entrando en mi húmedo coño no tardó en llegar. 

-Joder amo.- Le susurraba al oido mientras lamía su cuello- Sigue así, usa a tu puta  como sólo tú sabes.

Mi hijo sacó sus dedos de mi coño y los acercó a mi boca.

-Limpia esto, puta- Y acto seguido los introdujo en mi boca.

Chupe y lamí esos dedos como si fuera lo más delicioso que hubiera probado jamás. Nunca había probado mis flujos, pero ese día los disfruté. Sacó los dedos de mi boca y volvió a follarme el coño con ellos mientras su otra mano pasó a mi cuello y empezó a apretármelo ligeramente.

– Eso es, puta.- Me decía mientras lamia mi boca.– Vas a correrte ya mismo y vas a salir ahí acalorada y con la cara encendida de lujuria, y quien se fije se dará cuenta de lo puta que eres.

Joder, como disfrutaba que mi hijo me humillara así. Ni siquiera pensaba en que pasaría si alguien entraba y me veía así, ¡que lo disfrutara!, yo sólo quería darle a mi amo lo que me pedía. Poco después, mi cuerpo empezó a brivar, estaba a punto de correrme.

– Me corro amo, me voy a correr- Susurré un poco ronca por la presión en mi cuello. 

Raúl me soltó el cuello y me tapó la boca para ahogar mis gemidos mientras yo ponía los ojos en blanco. Pronto esa maravillosa sensación invadió mi cuerpo. Mis piernas empezaron a temblar y empecé a oir mis fluidos cayendo al suelo mientras mi hijo liberaba mi boca e introducía su lengua en ella fundiéndonos en un beso salvaje.

-Te espero fuera, zorra.- Dijo Raúl antes de salir.

Casi sin fuerzas me apoyé en el lavabo esperando a que mis piernas dejaran de temblar. Acaricié mi coño y con mi mano recogí un reguero de mi corrida que corría por la parte interior de mi muslo y mirándome al espejo empecé a lamerme la mano. Sonreí a mi imagen reflejada mientras me recolocaba el vestido y me secaba un poco el sudor de mi cuerpo. Me di la vuelta para salir y se abrió la puerta, apareciendo un hombre de unos cuarenta años que me miró extrañado.

– Perdón guapo. Me he equivocado de puerta.- Le dije sonriendo. Me pregunté durante un segundo que pensaría aquel tipo si llegaba a ver mi corrida en el suelo, y salí a reunirme con mi hombre.

22:00 horas.

Después de pagar volvimos a salir a la calle. Era una noche maravillosa y yo esperaba que nuestra cita no acabara. Y a juzgar por el comporatamiento de mi hijo dudaba que acabara pronto. Estaba muy excitado después de masturbar a su puta y no haber recibido él alivio. Me llevaba por calles donde apenas pasaba nadie y me besaba con pasión mientras introducía su mano por debajo de mi vestido para acariciar mi coño. En ese momento no era su puta, pero por supuesto le dejaba hacer, seguía cachonda perdida y yo también esperaba más. Fuimos a un pub y tomamos un par de copas mientras nos lanzábamos miradas de lujuria, nos besábamos y nos deciamos obscenidades al oido. Cerca de medianoche mi hijo me dijo que nos íbamos a casa a terminar la cita pero, mientras buscábamos un taxi, Raúl se paró de repente y me hizo un gesto señalando algo. Había visto un cine porno en una calle oscura. No sabría deciros si ya sabía de ese sitio, pero esa era la menor de mis preocupaciones. Le agarré de la mano y nos dirigimos a la entrada.

Compramos las entradas y una botella de agua y entramos. Habíamos elegido, como habréis podido adivinar, una película con escenas de incesto entre madres e hijos y padres e hijas. Al entrar en la sala me quedé mirando a todas partes, 6 o 7 cabezas asomaban de las butacas, todas de hombres, lo que me puso algo nerviosa, y en la pantalla una jovencita morena mamaba de la polla de su padre.

Mi hijo me cogió de la mano y me llevo a unas butacas bastante centradas ya que todos los demás se habían colocado en las esquinas, imagino que buscando privacidad para sus tareas masturbatorias. Nos sentamos y empecé a disfrutar de donde me encontraba. Los gemidos, el sonido de la garganta de la chica siendo perforada, el olor a sexo, todo me estaba excitando muchísimo y mi hijo pasó un brazo por mi cuello y metiendo la mano por el escote de mi vestido empezó a sobar mi teta.

Me sentía en la gloria, mi pezón estaba durísimo y mi vagina empezaba a humedecerse. Quería follarme a mi hijo allí mismo, pero me había enganchado de tal manera a la sumisión y la humillación que Raúl me proporcionaba que esperé a que él tomara las riendas.

Al poco rato, Raúl se desabrochó el pantalón y se lo bajó un poco, mostrándome su espléndida polla totalmente erecta.

-Hora de trabajar, puta- Me dijo al oido mientras con su mano guiaba mi cabeza hacia mi ansiado manjar.

Empecé a mamar su polla mientras escuchaba los gemidos de la actriz, que ya debería estar siendo follada por su padre. Cada vez se me daba mejor alojar aquella tremenda polla en mi garganta y pronto mi hijo empezó a mover sus caderas follándome mi boca mientras yo dejaba sus huevos empapados de la saliva que escapaba de la comisura de mis labios.

Al cabo de unos minutos escuché a mi hijo hablar con alguien, le decía que podia sentarse dos butacas alejados de nosotros y que ni pensara en tocarme, que disfrutara del espectáculo. Entonces empezó a subir la parte baja de mi vestido mientras me encontraba inclinada mamando su polla, imagino que para mostrar a algún desconocido mi culo y mi coño humedecido.

Joder, que momentazo, en aquel cine repugante siendo exhibida ante algún extraño que se estaría pajeando mirando mi intimidad. Poco después escuché hablar a mi hijo de nuevo, y esta vez levantando los ojos de su polla pude ver a otro extraño que se sentaba cerca de nosotros, masajeando una polla de tamaño considerable. Sonriéndole con la polla de Raúl en mi boca, le guiñé un ojo y volví a prestar mi total atención a mi trabajo.

Al rato, Raúl me sujetó y me puso de pie. La parte baja de mi vestido estaba arremangado por mi cintura y aquellos cerdos me miraban mi culo y mi coño mientras se masturbaban sin parar. Los observé mejor, el primero que llegó era un tipo gordo de unos cincuenta años, con una polla que no era nada del otro mundo. El segundo era más o menos de mi edad o eso me pareció, y mi primera impresión de su polla era acertada, manejaba un buen aparato el muy cabrón. Giré la cabeza buscando a los demás, auqnue tampoco deseaba más público y se ve que eran más tímidos que sus colegas, pues no se movieron de su asiento. La película dejó de interesarme.

Mientras miraba a mi público, Raúl bajó mis tirantes y tiró de la parte de arriba de mi vestido hacia abajo sacando mis tetas. Me mordí un dedo mientras sonreía mirando al tipo de la polla gorda que empezaba a masturbarse con rapidez. Mi hijo, me cogió de las caderas y me atrajo hacia su polla, se la agarré y empecé a introducirmela en mi ya muy mojado coño. Joder, que gozada de polla. Empecé a cabalgarlo con las manos echadas hacia atrás, apoyadas en sus rodillas y las piernas apoyadas en los asientos de al lado. En esa postura, me encontrada inclinada hacia atrás, para que mi público tuviera una visión inmejorable de mis tetas botando mientras la polla de mi amo entraba y salía de mi coño.

– ¡Diles quién eres!- Me dijo mi hijo de repente. Me quedé un momento preguntándome si mi hijo quería que les diera a aquellos babosos mi nombre cuando su mano impactó sobre mi cara. Recordé al momento quien era.

– Soy su puta.

Segunda bofetada, esta vez más fuerte y mucho más placentera.

-¡Diles quién eres!- volvió a gritarme.

-¡Soy su puta!- grité más alto.

– Muy bien, zorra.- Me decía mi hijo mientras azotaba mis tetas.- Eres una sucia puta con su rico coño enteramente a mi disposición- gritaba mientras seguía golpeando mis pechos de una manera deliciosa, para humillarme delante de aquellos dos cerdos.

Estaba cachondísima por el abuso y la humillación que mi hijo me estaba dando delante de unos desconocidos. Su polla, tan gruesa y dura, me estaba volviendo loca y todo esto mezclado con el exquisito dolor de mi cara y el placer que sentía cada vez que notaba las manos de mi hijo azotándome los pezones. Mi cuerpo empezó a temblar y empecé a gemir y a gritar mientras el orgasmo recorría mi cuerpo. Joder, que placer, que experiencia. Me incliné hacia adelante y empecé a comerle la boca a mi amo, jadeando en su boca presa aún del efecto de mi orgasmo. Raúl empezó a moverme para que nos levantáramos, me dio la vuelta y apoyó mis manos en el respaldo del asiento y colocaba mis rodillas en los reposabrazos. Cuando estuve colocada de espaldas a él, noté su polla entrando de nuevo en mi coño.

– Amigos, desde estos dos asientos tendreis una vista inmejorable de dos tetas fabulosas.- Les decía mi hijo a mi público para que ocuparan los dos asientos que quedaban justo enfrente de mi.

Pronto tuve a esos dos tipos delante de mi, con sus pollas aún duras. Los muy cabrones no pensaban correrse hasta que acabáramos. Mi hijo empezó a follarme violéntamente y mis tetas se movían al ritmo de tan brutal follada. Los tipos estaban babeando mientras machacaban sus pollas.

-¿Os gusta cabrones?– Les grité mientras jadeaba.- ¿Os gustan mis tetas? A mi me encanta mirar vuestra pollas mientras mi amo me folla, me encanta sentir su polla machacando mi coño mientras os miro.- En menuda puta me había convertido mi hijo. Cuando le decía guarradas al pizzero fue algo que hice para que se corriera rápido, pero al ver que mi amo no me decía nada, pensé que le gustaba que su puta provocara a otros hombres y a mi me gustaba excitarlos con mis palabras.

De pronto, Raúl cogió mi pelo con fuerzay me echó la cabeza hacia atrás. Lo miré jadeando como una puta perra y me escupió en la cara. A mi hijo le encantaba humillarme, y a mi notar su saliva corriendo por mi cara siendo humillada delante de aquellos desconocidos me llevó al paraiso. Me soltó la cabeza y volví a mirar a mi público con un lado de la cara lleno de la saliva de mi amo, les sonrei y me aferré al respaldo del asiento.

– ¡Vamos amo!- Gritaba totalmente extasiada.- ¡Fóllate duro a tu puta, quiero sentir tu leche dentro de mi coño, vamos joder, fóllame!

Los tipos estaban resoplando del esfuerzo, preparándose para correrse. Mi hijo aceleró sus embestidas y empezó a resoplar. Con un aullido empezó a descargar su polla dentro de mi coño. Joder, llevaba desde el primer día desenado notar el semen caliente de mi hijo inundándome. El muy cabrón seguía follándome con fuerza mientras me llenaba.

Los tipos al percatarse de que mi hijo se corría, empezarón a correrse también. Notar mi coño lleno del semen de mi hijo, sus embestidas, y ver a aquellos dos cerdos corriéndose, llenándose su ropa de semen, fue superior a mi y empecé a gritar mientras me corría como nunca me había corrido. Mi hijo salió de mi, les lancé un beso a mi público y me di la vuelta para sentarme en la butaca mientras mis piernas temblaban, empecé a acariciar mi coño, notando el tacto de mis fluidos mezclados con el semen de mi amo y éste acercó su polla, ya a media asta, a mi cara. Con mucho gusto, la cogí amorosamente con mi mano y empecé a chupársela, limpiándola y saboreándola. 

Cuando terminé con mi tarea, me puse de pie. Raúl me colocó el vestido, que estaba completamente arrugado en mi cintura, nos despedimos de mis admiradores y salimos del cine. Había sido la cita mejor y más cerda de mi vida y salí de aquel cine asqueroso muy completa y satisfecha.

Continuará…

Muchas gracias a todos y a todas por vuestros comentarios. Me animais a seguir escribiendo y yo encantada. Además de que algunos me excitan para volver a escribir lo antes posible. Besos.

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