la sorpresa de mi hijo 2, relatos porno

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A la mañana siguiente, mi hijo actuaba con total normalidad hacia mi. Estaba un poco cansada al no haber dormido mucho. Aunque mi hijo, después de desfogarse, se había dormido inmediatamente, su querida mamá se había estado debatiendo durante lo que le parecieron horas entre lo que su cuerpo había sentido y lo que su mente le dictaba. Antes de volverme a dormir, la mente había ganado, pero mientras permanecía en la cama despertándome, Marcos se levantó para vestirse y bajar a desayunar y me quedé observando aquel torso juvenil y mi cuerpo volvió a tomar la delantera. Tomé la decisión de que aquella escena nocturna volviera a reptirse.

Me levanté de la cama y agarré del armario mi vestido verde, un vestido precioso con la parte de arriba con tirantes y un sugerente escote y en la parte de abajo, la falda terminaba con un bonito vuelo. Dejé el vestido sobre la cama y me quité la camiseta con la que había dormido dejando mis tetas a la vista. Miré disimuladamente para fijarme en mi hijo y vi como me miraba de reojo las tetas intentando disimular. Me coloqué el vestido sin sujetador y le dije a Marcos que ya estaba lista.

Cuando terminamos de desayunar, salimos a dedicar el día a hacer turismo. Yo caminaba cogida al brazo de Marcos y me iba pegando exageradamente a él para señalarle cualquier cosa que veía para aprovechar y pegar mis tetas contra su brazo. Cuando veía algo que me gustaba le decía que me echara una foto y mientras me alejaba para colocarme donde quería salir, iba contoneando mis caderas mientras imaginaba a mi hijo observando mi culo. 

Pronto mi hijo fue cogiendo confianza ante mi naturalidad para con él, y de vez en cuando me pasaba la mano por la cintura mientras observábamos algún escaparate o algún punto curioso de la ciudad. Se me ponía la carne de gallina cuando lo hacía y me entraban unas ganas locas de besarle pero debía ser prudente, mi hijo pensaba que yo no me había dado cuenta de lo sucedido la noche anterior y yo le repetía de vez en cuando, lo mucho que me alegraba de que pasáramos juntos aquellas vacaciones después de tanto tiempo separados, para que pensara que mis acercamientos se debían a mi amor de madre por él y no intentos por ponerlo cachondo y que volviera a envalentonarse a meterme mano de nuevo aquella noche.

Ya por la tarde, entramos en un sitio de copas donde me sorprendí de que mi hijo hubiera empezado a beber cerveza. Volví a adoptar mi papel del chiringuito el día anterior, me reía exageradamente con sus anécdotas meciéndome hacia adelante y atrás para provocar el movimiento de mis tetas, o miraba a mi alrededor sin prestarle atención a él mientras abrazaba mi cuerpo para que mis pechos se exhibieran delante suya.

Cuando volvimos a la habitación ya era bastante tarde. Le dije a mi hijo que iba a ducharme y a meterme en la cama pronto ya que estaba muy cansada. Tuve que usar todo mi autocontrol para no masturbarme en la ducha mientras el agua caliente caía por mi cuerpo y los pezones se me endurecían, mientras imaginaba las fuertes manos de mi hijo acariciándome mientras escuchaba el sonido de su masturbación. Finalmente salí de la ducha, me coloqué un tanga mientras me recreaba acariciando mis piernas y, pasando de sujetadores, me puse una camiseta también blanca mientras comprobaba con placer que mis duros pezones se marcaban en la tela.

Cuando salí, mi hijo ya estaba tumbado en la cama con su boxer puesto, admiré su cuerpo mientras vanzaba y pasé mi cuerpo por encima suya para pasar a mi lado de la cama en lugar de rodearla, procurando que mis tetas rozaran su cara. Le dí un beso de buenas noches bastante cerca de sus labios, me giré dándole la espalda y me dormí, esta vez encima de las sábanas.

No supe si pasó mucho o poco tiempo, pero empecé a notar de nuevo la mano de mi hijo acariciando mi culo. Sonreí a la noche mientras notaba la mano de mi hijo pasando su mano por toda mi nalga expuesta. Noté como mi coñito empezaba a humedecerse esperando que mi hijo siguiera su exploración sobre mi.  Sentí como se movía en la cama para ponerse de lado y aquella mano empezó a subir por mi cadera, hasta llegar a mi pecho. Esta vez no me había puesto tirantes, quería que sufriera un poco más la vergüenza de ser descubierto para alcanzar mi teta desnuda. Mi hijo me amasaba mi pecho y empecé a notar como se arrimaba para rozar su fabulosa polla contra mi tanga. Yo me mordía el labio para no gemir, mientras notaba como presionaba mi entrada como intentando penetrarme y su mano intentaba torpemente pasar por debajo de la camiseta. Finalmente lo consiguió y agarró mi teta con la mano desnuda. Pasaba sus dedos por mis pezones mientras con la otra mano pasaba su polla por todo mi tanga.

“Este es el momento, zorra. Esta noche nos toca corrernos a los dos” me susurró aquella vocecilla inmoral.

Lentamente empecé a girarme. Mi hijo apartó su mano de mi teta y empezó a girarse disimuladamente hacia el otro lado. Puse mi mano en su pecho y le hice tumbarse boca arriba para después ir bajando mi mano por su cuerpo hasta agarrar su polla.

-¿Mamá?- me dijo con voz ronca.

– Tsss, no hables cielo. Relájate. Voy a darte lo que has venido a buscar.

Empecé a pajearlo, tumbada de lado hacia él mientras observaba mi mano subiendo y bajando por su polla a la luz de la luna. Mi hijo alternaba su mirada entre lo que su madre le estaba haciendo y hacia mi. Poco después, me quité mi camiseta liberando mis pechos y volví a pajear a mi hijo.

– Cariño, toca las tetas de mamá como antes.

Pronto su mano empezó a sobar mi teta con su mano. Intentaba abarcarla entera mientras yo sonreía mirando sus ojos fijos en mi pecho.

– Pellizca mi pezón.

Me estremecí y solté un ligero gemido cuando los dedos de mi hijo se cerraron en mi pezón.Poco después. aparté su mano delicadamente y me incliné hacia él, ofreciendo mi teta a su boca. Mi hiijo empezó a mamar de mi después de tantos años mientras yo seguía trabajando su polla. Acaricié con mi dedo la punta de su cipote, cogiendo un poco de su líquido preseminal y lo llevé a mi boca mientras me retiraba para quitar mi tanga. Mi hijo me observaba y se quitó su boxer del todo esperando lo que su madre quería hacer a continuación. La idea de cabalgar aquella polla acudió a mi mente.

“Tranquilizate, sigue con el plan. Mejor esperar a mañana, mejor saber como le habrá afectado esto cuando haya tenido tiempo de procesarlo. Una paja es más inocente y menos traumático que haberse follado a su madre” Jodida vocecilla moralista.

Me tumbé abriéndome, pasando una de mis piernas por encima de la suya, agarré su mano y chupé sus dedos para deslizarlos por mi cuerpo hasta llegar a mi húmedo coño. Solté su mano, disfrutando de los movimientos inexpertos de mi hijo y volví a agarrar su polla para seguir meneándosela.

– Cariño, mete dos dedos dentro de mami.

Gemí cuando noté los dedos de mi hijo entrando dentro de mí, comencé a mover mis caderas para que aquellos dedos inexpertos tocaran las zonas que más placer me daban mientras aceleraba el movimiento de mi mano sobre su polla. Con mi otra mano pellizcaba mis pezones mientras escuchaba los jadeos de mi hijo. Cerré los ojos, bajando un poco el ritmo de mi mano, buscando correrme antes que él. Bajé la mano de mis tetas, poniéndola encima de la suya para guiar sus movimientos hasta que empecé a gemir y a correrme con los dedos de mi hijo dentro de mi coñito. Saqué su mano y volví a ponerme de lado mirando hacia él y aceleré el ritmo de la paja. Mi hijo jadeaba mientras sobaba mi teta. Empezó a mirar su polla esperando su corrida y lo imité para no perdermelo. Pronto, chorros de semen comenzaron a salir de aquella polla fantástica, miraba como caía aquella leche caliente sobre mi mano mientras seguía pajeándole admirando la cantida de esperma que mi hijo lanzaba. Cuando paré, retiré mi mano y me tumbé mientras mi hijo, sin decir palabra, iba hacia el baño para limpiar su entrepierna y su abdomen. Allí a solas, comencé a lamer el semen de mi mano, disfrutando el sabor de mi hijo. Antes de que saliera volví a adoptar mi postura del principio de la noche y ,con una inmensa felicidad, noté como mi hijo pasaba su brazo sobre mi para abrazarse y quedarse dormido con su cuerpo desnudo pegado al mío.

Cuando desperté a la mañana siguiente, mi hijo estaba durmiendo boca arriba. Me di la vuelta despacio y empecé a acariciar su pecho y a besar su rostro. Pronto despertó.

– ¿Disfrutaste anoche, cariño?

– Mucho mamá, ¿y tú?

“buena señal, habla conmigo con normalidad”

– Yo también disfruté, cielo. Y dime, ¿alguna vez habías hecho algo así antes con alguna chica?

Mi hijo empezó a ruborizarse.

– Mamá, yo…yo ni siquiera…

– Tranquilo, amor. Habla conmigo.

– Yo ni siquiera he besado a una chica.– Me confesó colorado de la vergüenza.

-¿No?- Le pregunté besando su carita.– ¿A ninguna de las chicas de las que me has hablado?

– No, tengo muchas amigas, pero ellas siempre me tratan como a un amigo y no se interesan por mi en ese sentido.

– Bueno, tranquilo, ya hablaremos de ese tema. Ahora voy a enseñarte a besar.

-¿Tú?

– Si tu quieres, claro. Si tú quieres, puedo enseñarte mucho estas vacaciones sobre como tratar con las chicas, románticamente y sexualmente.

Mi hijo se me quedó mirando muy serio.

– Mamá, yo no sé, lo de ayer me gustó muchísimo, pero eres mi madre. Me encanta tu cuerpo, pero estaría mal.

– A mi también me gusta tu cuerpo, Marcos. Y este podría ser nuestro secreto, siempre hemos estado muy unidos y me encantaría ser yo quien te enseñara todo lo que sé. Ya eres adulto y sé que el incesto está mal visto, pero me parecería genial ser yo quien te descubriera los placeres del sexo.

Y acerqué mi cara y empecé a besar sus labios. Besaba aquellos dulces labios con amor y con mi mano fui buscando su polla. Cuando la agarré, empecé a masajeársela y la boca de mi hijo se abrió, dejándome introducir mi lengua para buscar la suya. Nuestras lenguas empezaron a danzar, dándole a mi hijo una lección magistral de cómo tratar a una mujer. Al cabo de unos minutos nos separamos.

– ¿Que tal?

– Eso ha sido maravilloso, mamá.

– Cielo, ¿que te parece si durante las vacaciones me llamas Elena para que esto no se te haga tan violento? Quiero que pienses en mi durante este tiempo como una mujer, como una novia, no como una madre.

– Está bien ma… Elena.

– Buen chico. Ahora relájate. Deja a tu amor hacer y disfruta.

Me deslicé por la cama hasta que mi cara estuvo frente a su polla. Seguí masturbándolo mientras le miraba y empecé a darle besos y lametazos en su tronco. Cuando vi que todo iba bien, abrí mis labios y empecé a introducirme aquel trozo de carne en la boca. La metía y sacaba mientras movía mi lengua acariciándola. Miré a mi hijo, que me devolvía la mirada completamente extasiado. Le sonreí con su polla dentro de mi boca y empecé a hacerle una buena mamada. Mi cabeza subía y bajaba degustando su polla mientras con mi mano acariciaba sus huevos.

– Oh, Elena. Voy a correrme. Sigue así.

Pobrecito,habría que corregir lo poco que aguantaba, aunque era normal siendo su primera mamada con el añadido del morbo del incesto. Seguí mamando su polla hasta que noté el semen caliente de mi hijo inundando mi boca. Empecé a tragarlo mientras seguía chupándole suavemente, notando como un poco de su semen escapaba por la comisura de sus labios.

“Joder, vaya cantidad de esperma suelta este chico en cada corrida”

Saqué su polla de mi boca, mientras la lamía para limpiarsela, disfrutando de la cara de mi hijo mientras lo hacía. Cuando terminé dejó caer su cabeza en la almohada.

– Eso ha sido una pasada mamá… Elena.

– ¿Sabes qué, amor?.- Le dije besando su pecho.– Prefiero que me llames, mamá.

Y volví a besarle, feliz por enseñar a mi hijo los placeres del sexo y pensando en lo poco que tardaría aquella polla en estar dentro de mi.

Continuará…

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