mis fantasías con mi jefe

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Fantasías con el jefe

Parte 1

–          Estas segura de esto_ me preguntó él muy seriamente

–          La pregunta es si traes  preservativo- contesté yo, con una coquetería que me resultaba desconocida. Miré a mi derecha, elevé un poco mi cabeza para encontrare con sus ojos. Sus labios estaban  rígidos y formaban una línea recta. Se lo estaba pensando o quizá no había traído un condón.

–          En estos lugares normalmente es parte del servicio_ contestó. Sus labios se relajaron y esbozaron una sonrisa. Supongo yo que fue porque arqueé mis cejas ante la información. No era muy asidua en los hoteles de amor al paso pero la única vez que me quedé en uno a falta de recursos económicos y una urgente necesidad de dormir no había encontrado más allá de un canal de porno y un baño sin puerta.

Nos quedamos unos segundos allí en el umbral de la puerta, él jaló de la manija y con un chasquido  el seguro cedió.

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–          Adelante- dijo él y la cercanía de su brazo al mío cuando me adelanté un paso me hizo sentir una corriente eléctrica desde el lugar en que nuestros cuerpos habían conincidido hasta la parte baja de mi vientre. Había empezado a excitarme. Por muchos meses me había imagina posibles situaciones en las que podíamos terminar así. Pero todas resultaban tan lejanas y aquel día, que había comenzado con mala pinta estaba por terminar conmigo y con mi jefe en la cama.

Estaba ansiosa y un tanto desubicada. A lo mucho que atiné tan pronto como entré fue en avanzar un par de pasos. Me detuve. Sentí a mis espaldas su calor corporal. No avancé ni un paso más. Y él tuvo que pegar su cuerpo al mío para cerrar la puerta tras de sí

–          ¿Qué pasa?- preguntó, seguramente contrariado por mi actitud. No dije nada, me mantuve cabizbaja y di media vuelta. Lentamente pasé mi vista por sus zapatos negros, su pantalón gris y su camisa rosa palo hasta llegar a vislumbrar su cuello. Allí mordí mis labios  conteniendo parte de mi impulso. Tan pronto como llegué a su barbilla liberé a mis labios inferiores de la presa de mis dientes mientras lo miraba a los ojos. La preocupación se borró de su rostro. Una sonrisa ladeada apareció en sus labios y susurró- ¡Ay! Qué voy a hacer contigo_ sus manos se fueron firmemente a mi cintura la aprisionaron contra su cuerpo. Cedí a su presión y tanto como mis labio retozaban con los suyos mis caderas se movían fin de encontrar respuesta bajo sus caderas. Mis manos envolvieron su cuello para mantenerlo en un beso largo, profundo y apasionado.

–          De todo- confesé desinhibida pegándome a él con tal fuerza que terminé arrinconándolo en la puerta mientras lo besaba  y recibía sus caricias. Sus manos estaban recorriendo las partes más blandas de mi cuerpo, primero sobre mi ropa, mi vestido era ligero y el calor de sus manos traspasaba la tela. Sus experimentadas manos se fueron hasta el cierre de la espalda. Lo bajó. Ambas manos suyas jalaron los tirantes del vestido y me dejaron en ropa interior. Eso no me impidió sentir sus manos sobre la piel de mis pechos.

Yo no me quede atrás. Alguna vez él me había confesado que  ser tomado del cabello podía debilitarlo. Y aunque no era la misma situación que él me había contado intenté darle un par de jalones que funcionaron de la manera que yo quería pues sentí su creciente erección rozando por debajo de su ropa  un poco más arriba de mi entrepierna. Su camisa estaba prácticamente desabotonada y de mi vestido sólo me cubría la falda. La que ya estaba deslizándose hasta el suelo. Lo dejé en medio camino junto con mis zapatos. No dijimos más que sílabas. Si bien solíamos tener charlas cortas respecto del trabajo o nuestras vidas personales aquella fue una de las  mejores comunicaciones que habíamos tenido. Sin torpezas cada uno tomó turnos entre besos, caricias y tentativas mordeduras para desnudar al otro.

Su miembro estaba erecto, mi mano podía sentirlo, pero podía ver que aún faltaba. En nuestra danza desvistiéndonos habíamos llegado a la cama. Me encontraba sentada frente a él su miembro estaba a la altura de mis senos. Mis pezones podían tocar la punta de su glande y la visión me excitaba aún más. Levanté la mirada, y entendí que él quería hacer lo mismo que yo.  Tomé su pene entre mis manos y noté  que mis dedos estaban un poco más fríos que su piel. Suavemente lo tomé con ambas manos, acerqué mi boca y empecé a succionar de forma constante.  Una de sus manos se sujetó de mi seno derecho y luego del izquierdo. Los acarició de uno a uno.  Al agacharse su boca llegó hasta mi cuello y espalda. Me besó la piel y la encendió con pequeños mordiscos. Su otra mano estaba palpando entre mi cuello, hombro y brazo.  MI mano derecha dejó de sujetar su pene para tomar una de las suyas y llevarla hasta el lado desatendido de mi pecho.

Grande fue  mi sorpresa cuando su reacción fue liberarse de mis manos y boca. Puso sus manos bajo mis brazos y  me levantó. Me atrajo con fuerza hacia él y su beso fue  vehemente y apasionado. Podía sentir su lengua explorando toda mi boca. Mis caderas estaban siguiendo el ritmo de sus embestidas. Piel contra piel. El roce de su pene con mi vagina estaban lubricando a ambos.

–          ¿Antes, te dije cuál era mi especialidad?-  Mientras me empujaba hacia la cama para recostarme de espaldas a ella me hizo aquella pregunta. No hacía falta que me lo dijera. A su pregunta mi mente recordó  una broma subida de tono que alguna vez había compartido conmigo y que en su momento no había entendido y que terminó explicándome en un ambiente un poco incómodo.

–          Bueno, es solo una afirmación mientras no haya pruebas concretas- respondí al tiempo que retrocedía en la cama y él se colocaba sobre mí.

–          ¿Dudas de mí?_ distinguí  un brillo  tentador en sus ojos.

Volvimos a besarnos, ataqué su cuello, su pecho. Él ingresó sus dedos a mi vagina, ambos reímos en medio de un beso porque se dio cuenta de lo húmeda que me encontraba por su causa.

–          Faltaba, más no puedo quedar como un fanfarrón-  Inmediatamente alejó su cara de la mía y se colocó de tal modo que mis piernas quedaron sobre su hombro.

Era la primera vez que me practicaban sexo oral, me sentí un poco incómoda al principio pero a medida que su lengua y su nariz iban tocando cada punto nervioso clave, mi incomodidad desaparecía y era reemplazada por un sentimiento de demandante placer. Definitivamente hacía mérito a aquel comentario. Seamos realistas tal vez no lo era, pero l ser mi primera vez, sumado los 12 años que me llevaba con una experiencia en aspectos sexuales bastante creíble , le daban méritos para decir que era de los buenos para excitar y darme orgasmos, porque fueron dos, con tan solo su lengua, dedos y participación esporádica de nariz.

Cuando terminó la primera vez, sentía mis piernas temblar. Yo deseaba más. Mi respiración estaba agitada y mis mejillas ardían. Aun así lo que más quería todavía no había pasado. Saqué mi brazo de mis ojos y busqué con la mirada. Él estaba colocándose un preservativo.

–          ¿Ya te cansaste? No creí que te cansaras tan rápido- me comentó volviendo a la cama

–          Sólo estaba desprevenida- confesé y me apresuré a atraerlo con mis brazos. Abrí mis piernas para que su cuerpo se acomodara sobre el mío. No fue necesario que viéramos simplemente volvimos a besarnos y  con un par de movimientos suaves lo sentí penetrando en mí. Mis piernas todavía estaban un poco torpes pero pudo más mis ganas de sentirlo  entrar y salir. Volvió a soltar una carcajada en medio de nuestros besos. Se deshizo de mis brazos y los sujetó con ambas manos sobre mi cabeza mientras me embestía cada vez más rápido. Yo me deshacía de placer. Su boca se fue hasta mis seños, succionando pellizcando y disfrutando tanto como yo.

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Esta fue la primera parte.  Hace un par de semanas lo volví a ver y recordé que se me antojaba mucho acostrame con él. Busqué entre mis archivos y encontré algunos de ellos. espero que les guste. Si alguien quiere la continuación espero que comente para poder subirlo… También qué me sugiere. debería hacerle llegar estos relatos ahora que no trabajo con él pero me sigue atrayendo?

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