putas, machos alfas y machos débiles

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Mi nombre es Claudia y en esta serie narro como me transformé de una chica buena en una auténtica zorra sumisa. En esta primera entrega descubro mi sexualidad y cómo estamos a programados a funcionar en materia sexual.

Aún no me explico cómo he llegado a esta situación, cómo he podido cambiar tanto en tan poco tiempo, cómo han podido transformarme en una persona tan distinta a la que era… Relato estas líneas con el fin de recordar todo desde el principio y entender bien el proceso por el que he pasado.

Mi nombre es Claudia y todo comenzó en mi primer año de Universidad. Yo acababa de cumplir 18 años y salía con un chico de 30. Se llamaba Javi, era guapo, alto, atlético y había fundado su propia empresa. Me colmaba de regalos y mimos lo cual me encantaba. Sí, lo reconozco, soy una chica muy caprichosa, acostumbrada a tener todo lo que se le ha antojado siempre.

Desde mi pubertad he tenido un cuerpo capaz de despertar pasiones entre los chicos que me rodeaban. Soy bajita, pero tengo un pecho muy grande (100) que destaca en mi constitución delgada. Esto unido a mi redondo culo respingón y a mi cara de niña dulce con labios carnosos ha hecho que nunca me faltasen los pretendientes. Aunque si me preguntan a mí, lo que más me gusta son mis ojos verde intenso y mi pelo castaño tan liso y cuidado. Lo que menos mi ted pálida y la tendencia de mis muslos a engordar cuando me salto la dieta o el ejercicio.

El sexo nunca fue una prioridad para mí en mi adolescencia. Me enrollaba con los chicos en función de intereses personales, popularidad, etc. No porque mi cuerpo me lo pidiese. Mi padre fue despedido de su trabajo y los ingresos de mi familia cayeron y aunque a veces quiera atribuir mi relación a un enamoramiento ciego como el de otras compañeras, creo que el mantenimiento de mi tren de vida ha tenido algo que ver.

Como os decía, todo empezó en mi primer año de universidad, estudiaba psicología y me encontraba en una optativa de sexología la cual había escogido con el fin de comprender más mi sexualidad. En cuanto entró el profesor hubo un run run entre todas las chicas de la clase. 40 años, barba de tres días, guapo, musculado. Parecía sacado de una revista de modelos.

Nos dio una charla de sexología aburrida, hasta que en un momento, consciente de nuestra somnolencia cambio de tema:

–       ¿Alguien ha oído hablar de los cornudos consentidos y las hotwife? – Todo el mundo espabiló y levantó la cabeza atendiendo firmemente. El profesor sonrió satisfecho.

–       Son parejas en las que al hombre le excita que su mujer sea libre para acostarse con otros hombres y él permanece fiel a su mujer. – Continuó. Hubo mucho revuelo en la clase entre comentarios y coñas sobre la situación pero yo no podía dejar de escuchar atentamente:

–       ¿Por qué creéis que las personas disfrutan con este estilo de vida? – El profesor continuaba su explicación haciendo oídos sordos de las coñas de algunos graciosos. – La excitación sexual que experimentamos los seres humanos es parte biológica y parte psicológica, pero la primera es mucho más fuerte.

–       Los hombres tenemos muchos espermatozoides por lo que estamos destinados a buscar muchas compañeras sexuales con las que esparcir nuestras semillas, pero las mujeres tienen pocos óvulos y son más selectivas a la hora de escoger compañeros de cama. Nosotros buscamos CANTIDAD y ellas CALIDAD. Nosotros estamos programados para conquistarlas e intentar tener sexo con ellas y ellas para DENEGAR sexo a los machos débiles y consentírselo a los machos alpha.

Todo ese discurso de machos superiores y machos inferiores hacían que empezara a excitar de sobremanera. Era lo que siempre había sentido. Y pensar en acostarme con otros hombres mientras mi novio es consciente, lo acepta y me permanece fiel aún más. No solía excitarme nunca salvo que mi pareja me estimulase pero no podía parar de mojarme ante la explicación del profesor.

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–       Todo es genética… La mujer quiere ser fecundada por los mejores genes posibles para sus hijos. Buscará gente fuerte, sana, con fuertes brazos que pudiesen protegerla (recordad que los instintos son animales). Pero también querrá un hombre tierno que la comprenda, la mime y se haga cargo de sus hijos. Toda mujer tiene un deseo dual. El problema es que la sociedad reprime este deseo.

–       La mayoría de los hombres (los que son inferiores genéticamente a sus mujeres) fantasean con verla en brazos de otros tíos, más fuertes, con más carácter y con un pene de mayor tamaño. Tampoco pueden evitarlo… Es su instinto el que les dice que su mujer MERECE mantener relaciones con alguien genéticamente superior a él.

Ante toda la explicación no podía dejar de excitarme. El pulso se me aceleraba, respiraba más profundo y sin darme cuenta tenía mis piernas cruzadas las cuales apretaba fuerte para rozarme el clítoris. Me sentaba en primera fila y llevaba una minifalda de tablillas, estilo colegiala. Aunque yo no me di cuenta en esos momentos el profesor se captó perfectamente de mis movimientos y mi grado de excitación. Sonó el timbre y la gente comenzó a recoger entre risas por la charla del profesor. En cuando había guardado mis cosas el profesor se dirigió a mí:

–       Perdona, ¿eres Claudia verdad? – Mi corazón dio un vuelco. – Sí…. – Respondí tímidamente.

–       Verás, teníamos marcada la sesión de tutoría para dentro de 2 semanas pero ese día me iré de viaje así que la tendremos que hacer ahora.

¿Ahora? Era el peor momento para mí… Tenía las bragas empapadas de la excitación al escuchar toda la charla.

–       ¿No podría ser en otro momento? Ahora me viene algo mal… – le respondí. Me costaba mirarle a los ojos, tenía demasiada autoridad para mí.

–       No – me dijo de forma seca y rotunda. – La haremos ahora. Sígueme.

Esa orden hizo que me temblasen las pierdas y me excitase aún más. Si de verdad existían los machos alpha y la superioridad genética, él era el claro ejemplo a todas las explicaciones anteriores. Le seguí hasta su despacho, entramos y me ordenó sentarme.

Me preguntó sobre temas generales para que me relajase y luego hizo hincapié en su charla del final de la clase.

–       ¿Sientes que es verdad lo que expliqué hace unos minutos?

–       Supongo… Desconozco bastante el tema, pero creo sus explicaciones – Dije tímidamente.

–       No te pregunto lo que creas si no lo que sientes. – Tenía una mirada penetrante.

–       Sí, es posible que sea así – Mi cara debía de ser un poema. Ya no sólo notaba el calor de mi sexo si no que parte había pasado a mi cara. Debía de estar roja como un tomate.

Él siguió con las preguntas y yo sintiendo una mezcla de nervios, vergüenza y excitación, pero no sé que ocurría que no podía cortarle, algo en mí me incitaba a obedecerle y contestar:

–       ¿Tienes novio?

–       Sí, desde hace 1 año.

–       Según la charla que has recibido, dirías que es superior o inferior a ti?

–       ¿Cómo? – Creo que estaba yendo demasiado lejos con las preguntas personales… – Supongo que igual, ni inferior, ni superior.

–       No existe nada igual en el mundo Claudia. Sé sincera conmigo, ¿crees que es superior o inferior a ti?

Yo sabía la respuesta… Todos los chicos con los que había estado habían terminado transformándose en unos calzonazos que hacían todo lo que yo quería en cada momento, pero hablar de esto con alguien me costaba.

–       Quizás inferior, no lo sé. Pero le quiero mucho – añadí rápidamente para que no quedase ninguna duda.

–       ¿Qué tiene que ver que le quieras? ¿Qué tiene que ver el amor en todo esto? El amor y el sexo no van unidos Claudia. – Su cara cambio de un gesto amable a uno serio – ¿No has atendido en clase? Creo que voy a estar obligado en suspenderte esta sesión.

¿Suspender? En la vida había oído esa palabra relacionada conmigo. Desde que era niña estaba acostumbrada a sacar sobresaliente en todas las asignaturas y esperaba que eso continuase en la carrera. ¿Qué se había creído este tío? No podía suspenderme por no responder a preguntas relacionadas con mi vida personal… Aunque rápidamente me vino a la mente que nunca iba a poder probar eso y no quería enfrentarme al jefe del departamento en mi primer año de universidad. Ese pensamiento fugaz hizo mi actitud un poco más sumisa hacia Jacobo.

–       Perdona, no sabía lo que decía… Es que nos hemos ido a un terreno muy personal y me he puesto nerviosa. No me suspenda por favor, siempre he sacado las mejores notas. – Pedí con un tono sumiso.

–       Acepto tus disculpas pero no tu crítica de hacia dónde llevo esta reunión. De hecho te prometo que será la última que hagas – su gesto continuaba serio lo cual me hizo agachar la cabeza.

–       Íbamos porque considerabas que tu novio era inferior a ti. ¿Te produce excitación el pensar en una posible libertad para mantener sexo cuando quieras y con quien quieras con un consentimiento de tu novio mientras él permanece fiel y atento a tus cuidados?

No me gustaba cómo la conversación seguía en un terreno personal, pero mi excitación seguía en aumento volvía a cruzar las piernas y apretar mis muslos inconscientemente.

–       Sí… Pero lo veo una situación imposible… – Sonreí tímidamente.

–       Definitivamente voy a tener que suspenderte Claudia… Subestimas el poder de alguien superior a otro genéticamente.

Intenté excusarme balbuceando pero él me interrumpió.

–       La reunión ha terminado. Me has decepcionado en nuestro primer encuentro. Quiero que reflexiones sobre la teoría, y para ayudarte a hacerlo te prohíbo correrte tanto con tu novio como por ti misma.

El corazón me dio un vuelco terrible y mi sexo palpitó por instantes ante tal orden.

–       ¿Qué? – Exclame totalmente desconcertada. Podía “entender” su enfado y que quisiera dar por terminada la reunión pero… ¿Ésto? ¿Qué se había creído?

–       Ya me has oído. No quiero que te corras ni con tu novio ni por ti misma hasta que no te dé permiso. Ahora vete y recuerda: NO TIENES MI PERMISO.

Sentía el calor por todo el cuerpo, me levanté rápido de la silla y me fui. Nunca había estado tan excitada y ni siquiera me había tocado ¿por qué me pasaba esto? ¿qué tenía Jacobo con causaba ese efecto en mí?

Llegué a casa excitadísima y comencé a masturbarme  pero en seguida me vinieron a la mente las palabras de Jacobo. Paré porque algo dentro de mí quería obedecerle, pero la excitación no desaparecía, no paraba de pensar en él, en cada palabra que pronunciaba. Me excitaba ese mundo que él relataba de personas superiores a otras y con derechos sobre ellas. Comencé a masturbarme hasta en otras dos ocasiones pero en ambas cesé apenas había empezado. Me estaba volviendo loca, apenas dormí esa noche.

Al día siguiente fui a clase de Jacobo excitadísima. La clase trascurrió aburrida, pero yo estaba ansiosa de que acabase y que me dijese algo… Lo que sea. Que me aclarase esta situación. Mis piernas volvían a cruzarse y miraba constantemente al reloj. Los minutos parecían horas y la clase parecía durar eternamente. Por fin terminó la clase y mi corazón se aceleró. Estaba nerviosa… ¿Qué me diría Jacobo? Pero no sólo no me dijo nada si no que se fue sin siquiera mirarme.

¿Por qué había hecho eso? Llevaba pensando en él cada segundo desde el otro día y ni tan siquiera me había mirado. Pasaron los días y el ritual se repetía. Asistía a cada clase contando los minutos y deseando que me dijese algo… Lo que sea. Me pasaba los días excitada, no hacía demasiado caso a mi novio, sólo podía pensar en Jacobo prohibiéndome mis orgasmos.

A los 7 días de la reunión no aguanté más y entré en su despacho para hablar con él. Me dijo que estaba ocupado y que esperase allí de pie a que terminase. No sé si lo hacía a propósito pero aquello me humillaba aún más… Llevaba 7 días excitada, habiendo obedecido a mi profesor en no correrme, denegándole el sexo a mi novio y sin apenas dormir ni poder pensar en otra cosa.

–       Siéntate – me dijo o más bien me ordenó, tras unos 20 minutos de pie. – ¿Qué es lo que quieres Claudia?

–       Yo… Yo… Te quería decir… Qué… Te he obedecido… En lo que me dijiste. – dije muerta de la vergüenza.

–       Lo sé Claudia. Yo te lo ordené. ¿Para eso me has interrumpido?

–       No… Yo… – Aquella contestación tan natural y tan segura me desconcertaba aún más… Mi mente se quedaba en blanco ante él, me sentía inferior a él, sentía ganas de obedecerle, de complacerle… Sólo quería su atención. Le había obedecido, al menos me merecía su atención – ¿Por qué lo hiciste? Por qué no puedo correrme?

–       ¿No has aprendido nada? Piensa bien tus respuestas porque tendrás pocas oportunidades en el tiempo que te doy.

Mi corazón se aceleró aún más. Sabía que en cualquier momento podía volver a echarme de su despacho y a pasar otros 7 días sin ni siquiera mirarme. ¿Qué hacía que me excitase tanto? Intenté volverme aún más sumisa hacia él, más complaciente…  Necesitaba su atención.

–       Sí… He aprendido que eres superior a mí y mi instinto me ha obligado a obedecerte. – Nunca me habría creído capaz de pronunciar esas palabras, pero estos 7 días me habían transformado y mi excitación había crecido en ellos exponencialmente.

–       Bueno, vamos mejorando. Pero no te he visto darme las gracias por enseñarte esa lección.

–       Gra… Gracias Jacobo. – Balbuceé. ¿Podía humillarme más? Pensé en ese momento. Aunque pronto descubriría que sí.

–       Puedes irte Claudia.

¿Irme? Le había obedecido, había tenido una actitud sumisa hacia él, me había humillado dándole las gracias y lo único que volvía a obtener de todo aquello era otro rechazo. Pero la orden era demasiado clara y precisa y algo dentro de mí sólo quería obedecer sin rechistar. Me levanté chorreando de la excitación.

–       Puedo ya… ¿Correrme? – Jacobo me atravesó con la mirada.

–       Haz lo que quieras. No voy a darte permiso ni voy a prohibírtelo. No eres nada mío. Sólo quería darte una lección.

Me quedé petrificada… No quería romper ese vínculo… Quería oír de su boca que me daba permiso para correrme. Llevaba 7 días pensando en cómo sería correrme con el permiso de Jacobo.

–       Por favor… – Me moría de la vergüenza peor cada vez me desinhibía más por la excitación – Dame tu permiso..

–       Sólo le doy permiso a mis putas, Claudia. Creo que haces las preguntas equivocadas.

Escucharle así hacía que me empapara aún más. Nunca en mi vida había estado tan excitada y ya no me importaba nada.

–       Quiero ser tu puta Jacobo. Lo necesito. – Ya nada me importaba, mi mente estaba nublada, pero mi cerebro experimentaba sensaciones que nunca jamás siquiera habría imaginado. Y no quería que cesaran.

–       ¿Quieres? ¿Me lo estás exigiendo? Márchate, Claudia, no entiendes nada.

Mi corazón dio otro vuelco. Me abalancé sobre él suplicándole que me perdonase. Que por favor me aceptara como su puta. Que sabía que era él el que lo decidía, pero que nunca había sentido algo tan fuerte y no quería que cesara.

–       Bien Claudia – Me dijo. – Te entrenaré durante un mes. Mañana trae la ropa que quieras pero debajo de ella quiero que no lleves sujetador y que lleves un tanga blanco de encaje y unas medias blancas con ligueros. Además de eso, traerás zapatos de tacón. Quiero que esa ropa interior te la compre tu novio, pero que él ni la disfrute. Apáñate para darle largas. Y por supuesto, sigues sin permiso para correrte.

–       Vale, lo que tú quieras – expresé feliz.

–       Y habrá dos reglas más. Debes de controlar los orgasmos de tu novio y sacarle el tema de una fantasía en la que tú follas con otros tíos. Quiero que veas su reacción y que trabajes en su sumisión hacia ti. Quiero que obtengas pronto su consentimiento para tu libertad sexual o le dejarás. Y la segunda regla es que deberás de llamare Amo, cuando no haya gente delante.

–       Sí, amo.

Jacobo se recostó hacia atrás, desabrochó sus pantalones y se sacó la polla dura como una piedra. En ese momento no sabía cuanto le medía pero me parecía enorme y gruesa.

–       Arrodíllate y  haz que tu amo se corra, puta. – Que me tratara así hacía que me excitara más. Sus órdenes eran música en mis oídos, parecía una marioneta la cual se movía por las palabras de su amo. Me acerqué a él y me arrodillé para meterme su polla en la boca pero me cogió del pelo y me jaló hacia atrás de él mientras me miraba fijamente.

–       Cuando me la chupes, quiero que lo hagas SIEMPRE con las tetas fuera.

Cada orden era un aumento de mi libido. Me saqué las tetas fuera de la camiseta una por una y luego por fin me metí su polla en la boca. La agarré con la mano derecha y sincronizaba los movimientos de mi mano y mi boca. Se la había chupado a más chicos pero nunca había sentido lo mismo que en esta ocasión. Estaba de rodillas, en el despacho de mi profesor, con las tetas fuera de la camiseta y esa polla enorme en la boca que rebosaba testosterona y poder. Mi excitación dejaba de centrarse en complacerme a mí y sólo quería darle placer a él. Supongo que esto es lo que sentían muchos de los chicos que habían estado conmigo y se obsesionaban porque yo disfrutase.

–       Cuando te diga que me vaya a correr quiero que sigas chupándomela pero juntes tus tetas, puta. Tu amo escogerá en cada mamada si correrse en tu boca o en tus tetas. – Me ordenó. ¿Correrse en mi boca? Nunca jamás se lo había permitido a mi novio a pesar de que era una de sus mayores fantasías. Le dije siempre que me daba asco. ¿Qué pensaría si ahora dejo que mi profesor se corra en mi boca? Aunque si era sincera no me importaba una mierda en ese momento lo que pensase mi novio… Le quería, le amaba, y no quería dejarle. Pero mi libido pertenecía ahora a Jacobo, estaba experimentando sensaciones que nunca había podido imaginar y en este momento sólo quería complacerle. Me daba igual donde se corriese.

–       Me voy a correr, puta, me advirtió. – Cada vez que me llamaba puta me excitaba más. Solté mi mano de su polla y sin dejar de mamarla junté las dos tetas con mis manos, ofreciéndoselas. Para que mi amo decida donde correrse.

Si os soy sincera prefería que escogiese mi boca… Sé que es donde nunca se lo permití a mi novio a pesar de su insistencia pero por ese motivo, quería que se corriese en ella. Quería demostrarle a Jacobo que era especial sexualmente hablando para mí. Y así fue. Agarró mi cabeza y se corrió en mi boca. Era la primera vez que sentía los chorros de semen dentro, pero esa situación me encantó. Jacobo desprendía masculinidad. Nada de pedirme permiso, ni rogarme, ni suplicarme. Sólo me cogió la cabeza y se corrió donde él quiso, donde él se merecía. Por supuesto me lo tragué todo y le miré desde el suelo. Sobra decir que había superado aún más mi límite de excitación pero así era. Le miraba con cara sumisa esperando un acto de buena voluntad por su parte con un permiso para correrme.

–       Muy bien puta, ahora vete. Tengo mucho trabajo – Me dijo otra vez con sus aires de superioridad.

¿En serio me iba a dejar así después de aquello? Bueno… Me tranquilicé. Mañana me había ordenado traer cierta ropa interior así que guardaba la esperanza de que fuese mañana cuando me permitiese correrme.

–       Sí, amo. Gracias por dejarme comerte la polla – exclamé con una sonrisa de zorra mientras me relamía y me iba de su despacho moviendo el culo.

Jacobo sonrió recostado.

–       Esto va a ser interesante…

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