El sensacional Sam. reltos de zoofilia

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hoy vengo a contarles un relato erotico.

Al día siguiente disfrutamos de un día de descanso, fuimos a explorar el pueblo que aunque era pequeño no carecía de las comodidades básicas, sobre todo en el pequeño centro donde se concentran los negocios y los dos mercados.

Sam seguía a Areli fielmente y ella le lanzaba piropos descaradamente; cada vez que nos retirábamos de una tienda de artesanías u otro negocio ella lo llamaba: “Ven mi rey, vámonos guapo, ya papito”. María y yo sonreíamos cada vez que ella decía eso.

Llegamos al rancho al atardecer y cenamos algo rápido y nos dirigimos a la casa de terapias una vez más. Les entregué la ropa que íbamos a usar para la sesión. Nos cambiamos todas en la pequeña sala. A María le di un traje negro con minifalda, medias negras, tacones slingback y una blusa negra transparente que dejaba ver sus hermosos senos y sus pezones que ya estaban erectos debido a la excitación. Para Areli fue un bodystocking  negro completo con abertura en la entrepierna, yo me puse un atuendo similar al de María pero en gris.

Ya listas, María trajo de nuevo a Sam y sacó de su camioneta una pequeña alfombra roja  que compró y le ayudamos a colocarla en la sala. Una vez terminamos, Areli se puso en cuatro en la alfombra y Sam jugaba con ella. Gateaba y después se sentaba en la alfombra, daba pequeños golpes a sus muslos para llamar a Sam, cuando él se acercaba le lamía la cara, ella abría la boca y sacaba la lengua, ambo se fundían en un pasional beso. Cuando Sam dejaba de besarla, Areli le decía cosas tiernas: “¡Sam, hermoso! ¡Ay Sam, eres mi macho! ¡Qué lindo, Sam! Acariciaba a Sam siempre que le hablaba de esa manera; su lomo, su pecho, su vientre, sostenía su pene un rato y después lo dejaba, exploraba cada centímetro del cuerpo peludo de su amante canino. Ella se recostó boca arriba en la alfombra y sujetó la cara de Sam y la atrajo hacia sí de una manera gentil y volvieron a besarse, pero al parecer Sam perdió el interés y fue a explorar los demás rincones de la casa, Areli se incorporó un poco y de nuevo en cuatro, comenzó a seguir a Sam, como una perrita sigue a su líder.

Se detuvo a su lado y juguetonamente sopló en la cara de Sam, éste respondió con un pequeño resoplido y después sacudió la cabeza y se apartó de Areli. Ella se quedó en su lugar y comenzó a masturbarse, acariciaba su sexo de manera lenta al principio y después insertaba sus dedos rápidamente, jadeaba de manera rápida.

Entré a la habitación y saqué una bolsa de lona grande, me acerqué a la pequeña mesa de centro y fui sacando mi colección de dildos y los coloqué sobre la mesa. Areli seguía jugando con su sexo, el líquido sonido de sus dedos entrando y saliendo de su vagina invadía la sala, después se acercó a la mesa pero movió la cabeza de manera negativa y se puso en cuclillas al lado del sillón. Volvió a masturbarse y esta vez sí gemía fuerte y eso llamó la atención de Sam y se acercó a ella.

Sam lamía el sexo de Areli mientras ella lo penetraba con sus dedos. Su mano se movía rápidamente y la lengua de Sam invadía su sexo. El orgasmo no tardó en llegar y un pequeño chorro tomó por sorpresa a Sam quien dio un pequeño salto al caerle en su cara.

Areli cayó rendida y Sam se acercó de nuevo a besarla en la cara. Después de un momento Areli se puso una última vez en cuatro y cuando Sam la vio, no dudó un segundo y la tomó por las caderas, y comenzó a penetrarla, Areli gemía fuerte pero ya no gritaba como el día anterior. Pronto, su torso calló en la alfombra y Sam tuvo mejor acceso a su sexo, su pene ya había desparecido dentro de la vagina de Areli y esta vez ella fue quien tomó el control de la situación. Con sus manos tomó firmemente las patas de Sam y así evitó que se moviese bruscamente y se lastimasen ambos al tirar demasiado fuerte de su pene al terminar de copular.

Mientras Areli gozaba de su amante canino, María y yo explorábamos nuestros cuerpos, nos quitamos nuestros sacos mutuamente y acariciamos nuestros pechos a través de la delicada tela transparente. Acariciaba sus muslo enfundados en nylon, subía mi mano y encontré su suave sexo, di un pequeño masaje a sus labios y después metí un dedo lentamente.

Ella gimió pero lo ahogué con un beso. Después nos pusimos en pie y subí su minifalda, exponiendo así su trasero y su monte de Venus, me acuclillé e instintivamente ella abrió las piernas, besé sus labios inferiores y poco a poco comencé a lamer y a saborearla completamente. Ella gemía y tomaba mi cabellera cuando rosaba mi lengua con su clítoris, ese pequeño botón de piel hinchado y tibio. Después lo acaricie y apreté con mis dedos mientras con mi lengua la penetraba lo más que podía. Lamía su sexo rápida y lentamente a intervalos, y cuando menos lo esperé, noté cómo sus piernas temblaban y gemía fuertemente, tiró de mis cabellos un poco fuerte, lo cual toleré porque sabía que la había hecho obtener el éxtasis.

 Después nos acercamos a la mesa y agarré un dildo mediano y transparente, lo puse en un cinto y dejé que María lo explorara con su boca. Se puso en cuclillas frente a mi mientras engullía el falo de goma y después lo lamía y besaba, yo la tomé de la cabeza y acaricié su cabello.

Los gemidos de Areli nos excitaron demasiado así que no perdimos tiempo en juego previo, María se puso en cuatro junto a Areli y Sam y comencé a penetrarla. Los gemidos de ambas mujeres resonaban en las paredes de la casa, mientas yo bombeaba le daba una nalgada gentil a María, que la hacía gemir más fuerte.

Después de varios minutos, Sam se inquietó demasiado y al fin pudo librarse del yugo de Areli y su pene se liberó de sus prisión de carne. Los chorros de semen cayeron en la alfombra, logré acariciar el lomo de Sam mientras se movía para lamer su pene erecto y con una agilidad felina, Areli lo tomó de sus patas traseras y se recostó para engullir el rojo y duro pene de Sam.

Esta imagen me excitó tanto que mi ritmo aumentó y sacaba el falso pene de vez en cuando para después volver a penetrar a María, quien gemía cada vez que lo sentía entrar.  Areli gemía mientras el pene invadía su boca, pequeños chorros de semen encontraban su camino al exterior por las comisuras de los labios de Areli y se deslizaban por sus mejillas. Su moviento de cabeza era cada vez más rápido. De pronto Areli hizo un ruido como si se estuviera atragantando y dejó de mamar el miembro de Sam, escupió un poco de semen pero por expresión, supe que se arrepintió y tragó lo que aún tenía en la boca. Dejó ir a Sam, quien ya se había recostado en un rincón de la sala a limpiarse. Areli quedó tendida junto a nosotras jadeando y cerró los ojos.

Yo seguía penetrando a María, quien gemía y lanzaba pequeños gritos cuando la nalgueaba y rasguñaba sus torneadas nalgas. Nos movíamos casi al unísono,  cuando mi cadera chocaba con sus nalgas el ambiente se inundaba de sonidos parecidos a los aplausos.  Después de varios minutos así lanzó un grito y varios gemidos, su cuerpo se estremecía, movía los pies rápidamente, el orgasmo la había encontrado y ahora jadeaba con el torso en la alfombra. Emulando a Sam, me quedé quieta detrás de María, moviendo mi cadera sólo un poco de vez en cuando para estimularla.

Al fin saqué el falso pene empapado en el jugo de María, lo desmonté del cinto y se lo di a probar, ella gimió al probar su jugo en el falo y después la besé.

Todas nos levantamos y nos dirigimos a la habitación, nos recostamos y al poco tiempo fuimos cayendo rendidas una a una.

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