La niña culona que se expuso a los policías

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Era una nena preciosa, de un culito redondo y pronunciado, con unas caderas anchas y una cintura diminuta; había salido un domingo por la noche a pasear al centro de la ciudad en su moto lineal, dado que en su casa hacia un calor extremo. Ella sabía que por el centro de la ciudad no podía ingresar ese tipo de vehículos pero, rebelde como siempre, lo hizo.

Pasaba y repasaba por dicho lugar, desafiando incluso a un patrullero que se encontraba estacionado vigilando el tránsito en dicha zona. A la cuarta vez que pasó delante de ellos la detuvieron e inmediatamente dispusieron que la moto se vaya al depósito municipal.

Y así lo hicieron, se llevaron la moto al depósito, mientras la muchacha iba atrás de ellos en un taxi, desesperada por recuperar su moto.

Y al llegar al lugar entró allí era un sitio que, por ser domingo, estaba totalmente oscuro y sin gente.

Como estaba desesperada por recuperar la moto le dijo al policía:

Les doy lo que sea pero plata no tengo.

Y uno de ellos miró al otro con sonrisa pícara y éste le dijo: Srta, Ud. ha sido muy osada, se paseaba en nuestras narices, lo que debe pagar es un importe muy alto.

Y la nena muy inocente, pensando en cualquier cosa menos lo que se traían entre manos les dijo: les pido perdón de rodillas si quieren pero liberen mi moto.

Entonces ellos le dijeron:

Póngase de rodillas entonces y diga lentamente perdón diez veces, pero con los ojos cerrados.

Y cuando abrió los ojos tenía al frente sus dos pingas bien paradas y durísimas, lo que la asombró totalmente.

Entonces le dijeron: vas a tener que comértelas bien para ver si sale la moto. Ella les respondió: entonces se las agarraré.

Comértelas hemos dicho, le refutaron, así que vaya abriendo la boquita.

A ella no le quedó más que obedecer, no tenía dinero y tenía que movilizarse todos los días en su moto,  así que agarró ambos fierros calientes y después de menearlos un rato y mirar fijamente sus cabezotas redondas y rosadas, se metió en la boca uno y luego otro. Les pasaba la lengua por todo lo largo de sus troncos, hasta llegar al frenillo y se detenía allí, luego al otro le hacía lo mismo, haciéndolos vibrar de placer, ella las sentía calientes y tiesas, ellos le agarraban la cabecita y se la hundían hasta la garganta. Ella ya a esas alturas sentía que no estaba pagando, ya que le gustaba comerse tales fierros erectos y brillosos y a esas alturas ya se estaba calentando allí abajito.

Entonces uno de ellos dijo: bueno, ya, esta bien, puedes llevarte la moto, pero la multa no la liberamos y son como 700 dólares, salvo que quieras seguir pagando.

Ella, que ya estaba muy excitada dijo: de otras maneras, ya que no tengo plata, mientras de rodillas les meneaba las pollas con ambas manitos y con mirada inocente.

Ya para esto ellos se habían desnudado toditos, ella los miraba y se dio cuenta que estaban bien musculosos, lo que hacía juego con sus pingas largas y gruesas.

Entonces le provocó y dijo: Uds. ganan, cobrense la multa de la forma que quieran. Entonces ellos la desnudaron y uno de ellos metió su dedo adelante y sintió el charquito en su coñito y dijo: se nota que quieres pagar malcriadita, ha salido muy mojado mi dedo.  Y el otro policía quiso comprobar y metió dos dedos y los movió hasta el fondo.

Entonces le dijeron a la nenita: sube a la moto pero mirando para arriba, ella obedeció y uno de ellos agarró sus piernas y las abrió, agachándose a lamerle el coñito, mientras el otro se la hizo chupar acostada en la moto.

Entonces cuando sintió que estaba por terminar dejó de lamer y le dijo a su amigo: ven prueba esta delicia.

Y el otro la sacó de la boquita de la niña e intercambiaron posiciones. Luego de un rato así se paró y se la hundió lentamente, primero no entraba ya que estaba cerradito, pero igual lo abrió con esa pinga gruesa.

Ella sin como le entraba calientisima, entró toda, sus huevos chocaron con tus nalgas ricas, empezó a mover sus caderas frenéticamente.

Luego le tocó al otro, quien la tenía mas gruesa, ella sintió que la partía en dos, lo abrió todito, se la hundió y ella gritó, empezando a vibrar con sus penetradas, mientras él se agarraba de sus ricos muslos.

El otro policía decía: la estás haciendo vibrar tanto que hasta siento que se quiere pasar mi pinga.

Y ella se la soltaba de la boquita para gemir y otra vez se la comía.

Y él le dijo a la nena: ese líquido transparente va a servir para que no te duela por allí y le agarró la cabeza y le bombeó la boquita para que no diga nada.

Luego uno de ellos se acostó en la moto y le pidió que lo monte. Ella se subió obediente y empezó a cabalgar y el que estaba parado vio como subía y bajaba moviendo esas ricas nalgas y le hizo una seña a su amigo, entonces él entendió y le abrió las nalgas con ambas manos haciéndola cabalgar con fuerza.

Entonces el otro se agachó y empezó a lamer su anillo, mientras la nena seguía recibiendo sus estocadas, mientras el de atrás metía un dedito, encontrándolo rebelde al intruso pero fue cediendo, por lo que le metió el otro dedo, empezando a ceder el culito de la nena.

Entonces cuando sintió que sus dos dedos ya entraban y salían con facilidad los sacó y dijo: con esto podrás no sólo exonerar tu multa, sino pasear todos los domingos en la noche que quieras x el centro, repartiéndose por lo que se iba a comer.

Ella le dijo: entonces clávame, te lo doy, pero mételo de uno solo, quiero que me duela solo una vez.

Entonces apuntó sin que tope en la entrada y la empujó con fuerza hasta el fondo, se escucharon los pliegues al mismo tiempo y ella gritó fortísimo.

Sus huevos chocaron con sus ricas nalgas y ella, ya recuperada le pidió que le dé más duro aún. Él puso sus piernas al lado de sus caderas.

Sus manos en tus nalgas para abrirlas más y empezó a bombearla de alma, mientras el de abajo le levantaba las nalgas y las separaba para que su compañero se la coma todita.

Y le decían: mientras pasabas por el centro mirábamos ese culito y nos provocaba romperlo, te queríamos comer todita, tenerte como ahorita. Ella sólo gemía del placer que le estaban dando esos dos musculosos policías.

Después de varios minutos el otro dijo: yo también quiero ese culito; y el que le estaba dando allí se salió y ella le dijo:

Me pararé y me recostaré en el asiento de la moto, boca abajo, allí me la clavas a tu antojo.

Entonces lo hizo y él vio esa rica cola y se le puso durísima, espero un poco que se le cierre y le dijo:

Pídeme tú que quieres.

Entonces ella se abrió  las nalgas y dijo: quiero que me la metas también de uno solo.

Él se puso encima suyo, agarrando los timones y sin piedad se la hundió; como era más gruesa que la de su compañero, le rompió un pliegue que quedaba intacto y bombeó con toda su fuerza, mientras el otro se la hacía chupar, ella sacaba su pinga de su boca para gritar y decirle al otro: no pares, rómpeme con esa rica pinga ardiente, me estás rompiendo la cola, me ardeeeeee.

Y el no tenía piedad, lo que lo excitó al que estaba haciéndosela chupar y se corrió en su boquita, ella no dejó caer ni una gotita y al terminar, se lo lamió bien hasta que quedó reluciente.

El otro siguió hundiéndosela hasta que también se le puso gruesa, más de lo que ya la tenía, haciéndola gritar nuevamente.

Entonces él le preguntó:

Te lleno de leche el culo? Y ella respondió:

Siiiiiii, quiero que me arda.

Cuando sintió que se venía, lo hundió todo al fondo, ella sintió como se ponía ancha y empezaba a latir fuerte para hacer que la lanzada de leche sea fuerte, le salieron chorros de lechita caliente y le ardió al entrar al fondo de su culito. Él no paraba de correrse, allí se quedó hasta que salga la última gota y deje de gritar de dolor, ardor y placer.

Luego se pararon, le dieron las llaves de la moto y rompieron la papeleta, la levantaron y la llevaron a la ducha que había en la oficina, donde se bañaron los tres, ella les dejó las pingas relucientes con otra chupada de agradecimiento por haberla exonerado de su infracción.

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