Si la vida te da una cuñada…fóllatela.

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Qué buenas son las fiestas universitarias, yo creo que es lo mejor que existe en esta vida, amigos, alcohol, mujeres, hombres…Tienes de todo por si te apetece experimentar o simplemente pasártelo bien. El año pasado no me fue muy bien que digamos en la Universidad, de las diez asignaturas que tenía aprobé solo cuatro pero bueno participar es lo que importa; o eso me decía mi abuela de pequeño cuando perdía al fútbol. 

Era un autentico fastidio el tener las fiestas universitarias justo antes de los exámenes. El rector de nuestra facultad se cansó de tenernos en su despacho durante los cuatro años que duró la carrera pidiéndole que cambiasen las fiestas un mes después, pero como siempre, él hacía oídos sordos a nuestras peticiones.

La mejor fiesta de todas fue la de aquel verano que suspendí tantas. Parece mentira que un año que me salió tan caro económicamente hablando fuese tan fructífero para mi vida. 

Hacía meses que Marina se había ido de Erasmus y me había dejado con la excusa de que llevar una relación a distancia era algo muy duro y que no iba a saber sobre llevar. Eso, y que a la semana siguiente me contó una de sus amigas que ya se estaba enrollando con otro, luego dicen que los cabrones somos los tíos…

Al menos dentro de todo lo malo daba gracias de no tener que vérmela  por la Universidad. Mis amigos y yo habíamos quedado en beber hasta desmayarnos y pegarnos la fiesta del siglo, sin embargo conforme se fue desarrollando la fiesta vi que todo aquel plan se había ido a la mierda y si que había sido la fiesta del siglo pero por la espantada de la gente. Es cierto que tengo recuerdos vagos sobre aquel día, recuerdo beberme una botella de Wisky con mi amigo Richi, hablarle a un montón de tías, que una me diese una bofetada y que tiempo después me desperté en un banco con mi móvil vibrando en el bolsillo y treinta y cinco mensajes de todos y cada una de mis amigos.

La llamada no conseguí responderla, pero parece ser que no fue la única. Pero por la lectura de los mensajes podía intuir que la llamada estaría relacionada con ellos. Me preguntaban un y otra vez que dónde me había metido y que me diese prisa porque el autobús salía para casa. Abrí el whatsapp y les tranquilicé diciéndoles que estaba bien, que más o menos sabía donde me encontraba y que ya me las ingeniaría para volver a casa.

Veinte minutos después de mandarles esas mentiras, corté mi embobamiento y reaccioné. En verdad sí que sabía donde estaba, el problema era cómo volver a casa, era ya tarde y ningún tranvía ni autobús iba a pasar a no ser que tuviesen un servicio especial para borrachos sin dinero.

En ese momento me acordé de que la casa de la hermana de Marina quedaba cerca de donde estaba. Ella, a diferencia de su hermana que iba todos los días de su pueblo a la Universidad, prefirió buscarse un piso cerca de la misma para así no tener que madrugar tanto y no coger el bús. La situación iba a ser un poco-bastante tensa, Claudia hacía meses que no nos veíamos, casi los mismos desde que corté con su hermana; con qué cara me iba a presentar en la puerta de su casa a pedirle alojamiento sabiendo que ya no somos familia sumándole que nunca nos hemos llevado muy bien.

Pues así fue, me planté en su puerta. Muchos me llamaréis cínico o falso, pero era eso o dormir en la cala. Así que mientras dejaba que el timbre sonase de fondo, pensé qué le iba a contar para que me dejase un triste rincón de su sofá para pasar la noche. 

Se abrió la puerta y con ella Claudia con un moño mal hecho, la bata de estar por casa y unas gafas de pasta negra.

-Hola Javi, cuánto tiempo, cómo estás dijo ella acompañada de una sonrisa. 

Me sorprendió su reacción la cual provocó que me quedase un poco parado y sin nada que decirle.

-Tierra llamando a Javi, ¿estás bien? volvió a expresar. 

-Sí, sí, perdona. Sé que te va a resultar difícil de creer, pero hoy he ido a la fiesta de mi facultad y mis amigos me han dejado colgado y no tengo forma de volver a casa. Sé que tu hermana y yo ya no estamos juntos y tú y yo no somos familia pero eres la única persona que conozco de aquí que tiene piso y te pediría por favor si me dejas pasar la noche en tu sofá.

Muchos otros habrías contado una mentira bien elaborada o no, quién sabe, pero yo preferí contar la verdad más que nada porque siempre he tenido un don para dar pena sobre todo cuando he necesitado sacar provecho de una situación. Claudia me miró dubitativa de arriba a abajo durante unos segundos para terminar dejándome pasar.

Me ofreció asiento y yo lo acepté encantado. Conversamos durante un rato sin problema alguno, era como si  la relación entre su hermana y yo no hubiese existido y si así fuese los dos lo estábamos disimulando genial. A mitad de conversación Claudia me dijo si me apetecía tomar un baño, ofrecimiento el cual no rechacé por las condiciones en las que me encontraba, apestaba a alcohol y sudor.

-Vale, muchas gracias, pero no tengo ropa de cambio dije.

-No te preocupes, yo te presto alguna de mi compañero, ahora te la llevo respondió ella.

-Muchas gracias de verdad, te debo una alegué con tono alegre.

Claudia me indicó dónde estaba el baño, yo solo estaba deseando girar el picaporte rojo y que cayese agua caliente por todos los lados de esa ducha. Cogí el champú y me lo eché por el pelo, siempre tenía la costumbre de entonar una canción mientras me bañaba pero en este caso lo hice un poco más bajo aunque conforme iba pasando el rato y me sentía más a gusto iba subiendo el tono inconscientemente al girar mi cuerpo para buscar el gel para el cuerpo me encontré a Claudia frente mí, inmóvil.

-Lo siento, he llamado varias veces a la puerta pero al ver que no contestabas he decidido entrar y dejarte la ropa dijo ella sin apartar la mirada mi miembro.

-No, no pasa nada respondí yo. Muchas gracias por traerme la ropa.

Ambos permanecimos inmóviles frente al otro sin saber qué hacer o qué decir. Ella seguía sin apartar la mira de mi sexo, cuando bajé un poco la mirada por la vergüenza del momento me di cuenta de que se estaba tocando por fuera del vestido y lo más importante, parecía gustarle, se le notaba en su cara.

La volví a mirar y cuando se cruzaron nuestras miradas, ella avergonzada se giró con la intención de marcharse, pero eso no iba a suceder.

Incliné mi cuerpo lo suficiente como para agarrarla del brazo y arrastrarla al interior de la ducha. 

-Esto es una puta locura dijo ella.

Podría haberle respondido y decirle que la puta allí era ella por haberse metido en el baño mientras me duchaba, pero era su casa, estaba en todo su derecho, así que me callé y clavé mi boca sobre la suya. El agua empezó a hacer más transparente y pesados los tejidos de su vestido que se clavaban en su piel haciendo que saliesen a flote dos pezones erectos seguidos de unos pechos turgentes y descomunales. 

El agua seguía cayendo sobre nosotros disimulando la excesa segregación de saliva y líquido pre-seminal. La situación iba mejorando por momentos, Claudia se había puesto de cuclillas y había empezado a felarme el miembro, había que reconocer que su hermana lo hacía mejor pero tampoco podía decirlo en ese momento así que me limité a pensarlo y y está. 

El coño de Claudia pedía a gritos una polla que lo rellenase de arriba hasta abajo, ella se había cansado de comerme el pene y de tocarse al mismo tiempo, así que sin quitarse el vestido el cual le pedí que se dejase porque como ya he escrito antes le marcaba TO-DO, se levantó se puso de cara a la pared y me dijo con el cuerpo a medio volver, quiero que me folles. Todo hubiese sido normal si no fuese porque ella mismo fue la que cogió mi miembro, se lo colocó en la entrada de su sexo y se empujó contra mía una y otra vez mientras repetía en voz alta.

-!Quiero que me folles como mi hermana!

Asombrado por su petición pero cachondo al mismo tiempo empecé a darle lo más fuerte que podía mientras le arañaba y azotaba su culo también mojado.

-Di su nombre mientras me follas, vamos decía ella.

No supe qué hacer.

-Te he dicho que lo digas joder repitió con voz temblorosa.

-Te gusta que te folle eh Marina salió por mi boca de manera inconsciente.

-Así es, sigue diciéndolo, no pares por favor seguía pidiéndome Claudia. Pero ahora hazlo por el culo. No tengas miedo a hacerme daño.

En ese preciso instante, saqué mi polla de su vagina y habido puesto el capullo sobre su ano empujé con toda la fuerza que mi cuerpo me permitía a la vez que repetía:

-Eres igual de puta que tu hermana Marina, a las dos os gusta que os la meta bien duro. Aunque ella la chupa mejor dije de nuevo inconscientemente.

Claudia se giró con el cuerpo en pose como un policía te va a registrar y tras dedicarme una mirada de odio y vicio al mismo tiempo, movió su culo espasmódicamente y se corrió quedando de rodillas sobre la ducha.

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