Qué bonita es la adolescencia.

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Hoy me he despertado y me he acordado de mi sobrina. Yo no sé qué ocurre con los adolescentes de hoy en día pero cada vez están más desarrollados, ahora cuando la veo en las cenas familiares con su marido y sus dos hijos parece que fue ayer cuando follamos. Mi novia es española por parte de padre, pero inglesa al mismo tiempo por parte de madre, por lo que habla genial las dos lenguas. Aunque luego más tarde le enseñé a hablar el francés, no sé si me explico (risas).

Por esa razón, Gloria, mi novia, solía darle clases a su sobrina de inglés los fines de semana. Cuando coincidía que yo iba a pasar el fin de semana a su casa y tenía que darle clases, yo me iba al salón y me ponía alguna seríe en Netflix o bien me salía al jardín a hacer un poco de deporte.

Aquel fin de semana Gloria y yo habíamos quedado para salir a cenar y dormir juntos, ya que hacía varias semanas que no nos veíamos. La invité a uno de los mejores restaurantes de la ciudad y a tomar unas copas para celebrar el reencuentro. Aquella noche yo me había pasado un poco de más con el alcohol, lo cual me dio incluso más ganas de follar, estaba como una moto por lo que no había quien me parase. Sin embargo, Gloria también había bebido tanto como yo y tras buscarla un rato entre las sábanas de la cama; me insistió en que no tenía ganas de hacerlo porque se encontraba mal y para colmo mañana tenía que dar clases de inglés. Así que sin intención de disimular mi enfado, me di la vuelta e intenté dormir como pude.

A la mañana siguiente tras haber dado varias vueltas en la cama me di cuenta que Gloria no estaba, tal vez se haya levantado y esté preparando el desayuno, pero me equivoqué. Encontré una nota en su lado de la cama que ponía “He tenido que ir un momento a casa de mi abuela, parece ser que se ha caído, hablamos por whatsapp”.

Pobre mujer me vino de repente a la cabeza, sufría de demencia senil e iba a peor, esta no era la primera vez que perdía el equilibrio y se caía, la última vez se cayó por las escaleras, menos mal que solo se hizo un esguince.

-Buenos días, cómo está tu abuela le envié.

-Se ha caído de culo y se ha dado un pequeño golpe con la pared, está bien, pero mi madre no se fía y quiere levarla al hospital de todas formas. Llegaré un poco tarde cariño, lo siento me respondió.

Menuda mierda tío, yo que les había dicho que no a mis amigos de irme con ellos de viaje ese fin de semana por estar con mi novia y ahora resulta que estaba más solo que la una.

-No pasa nada, ya verás como todo se queda en un susto y tu abuela está bien dije. Obviamente no podía decirle lo que verdaderamente pensaba.

Tras varios minutos después Gloria me respondió; muchas gracias, ¿Te importaría hacerme un favor?

La invito a cenar, a beber, me deja sin follar y aún encima me pide un favor. Esta tía es la hostia volvió a pensar mi mente. Claro, dime dije respondiendo a su pregunta.

-Es que resulta que hoy tenía que darle clases a mi sobrina, pero no sé a qué hora voy a llegar a casa. No te pediría este favor, pero es que mañana tiene examen y necesita aprobar. Además que me vendría muy bien el dinero. Prometo que te lo compensaré.

Y tanto que me lo vas a compensar dije en voz alta sabiendo que no había peligro de que alguien me escuchase.

-Pero ya sabes que yo no soy muy bueno en inglés, luego si suspende no me eches la culpa dije seguido de unos “jajaja”.

-No te preocupes, son solo dos tiempos verbales en concreto, el pasado perfecto simple y el continuo. Con que se los leas un poco sobra, llegará en una hora o así vale? Muchas gracias cariño, te dejo que voy a coger el coche, luego hablamos besos.

Y tras aquellas líneas, desconectó los datos y ya no volví a saber de ella hasta horas después. Así que tras holgazanear unos minutos en la cama, me levanté, me lavé un poco la cara para disimular los efectos de la resaca, desayuné y busqué aquellos tiempos verbales que tenía que explicarle a mi sobrina para que no pareciese que no tenía ni puta idea de aquello.

Una media hora después sonó el timbre, y como era de esperar era Maite. Tras abrir la puerta y saludarnos con dos besos nos sentamos en la mesa, le propuse si quería tomar algo pero me dijo que no, que no tenía ganas, así que tras darme las gracias sacó las libretas de su mochila y empezamos con el estudio.

No hacía mucho que había visto a Maite, como mucho un mes, pero la verdad es que la chica había cambiado bastante. Se había alisado el pelo, pintado los labios y llevaba puesto un vestido de esos ajustados que le realzaba la figura pero sobre todo las tetas. Cómo le podían haber crecido tanto en tan poco tiempo, eran impresionante. Hasta llegué a pensar que eran más grandes que las de mi novia; aquella niña había superado a su tía sin ni siquiera proponérselo.

La clase siguió su curso, conseguí sacarme aquellas tetas de mi mente y centrarme en mi obligación durante un rato; pero el problema surgió de nuevo cuando se levantó a por agua, ella no era muy alta pero tampoco era del todo baja, medía 1,65 pero aun así se le dificultaba llegar al estante de arriba para poder coger los vasos. Intentó alcanzarlos con pequeños saltitos, pero lo que ella no sabía era que uno; no servía para nada, seguía sin poder llegar y dos; con cada salto su culo se movía y hacía que el tanga se le notase aún más. Mis ojos quedaron atónitos ante aquella escena, lo que hizo que no pudiese dejar de quitarle ojo.

En un momento dado Maite se giró y me pilló mirándole el culo, rápidamente disimulé y me levanté para ayudarla y que no pareciese lo que en verdad había parecido. Así que le cogí el vaso y me volví a sentar, cosa que hizo ella también tras beber agua.

La situación estaba un poco rara, ella casi ya no hablaba y yo igual, empecé a pensar que me había pillado y eso la había incomodado un poco pero sin embargo conforme fue pasando el rato empecé a notar algo raro en su vestido, eran dos puntos simétricos a ambos lados de su pecho y que parecían pedir a gritos ser liberados de su prisión, eran sus pezones.

Estaban tan erectos que si los mirabas más de dos segundos podían sacarte un ojo. Ella me miró de reojo sabiendo hacia dando estaban centrando mi atención, así que tras simular una pequeña sonrisilla, fue acercando su silla a la mía con pequeños movimientos de culo hasta pegarse a mí por completo.

En un momento dado, me miró y me dijo con una voz que no era propia de ella “tito, esta parte del ejercicio no la entiendo” y acto seguido puso su mano sobre mi pierna; sabía perfectamente lo que estaba pasando pero mi mente no quería reconocerlo. La mano de Maite fue subiendo lentamente hasta llegar a mi paquete, en ese momento me levanté de la silla con la excusa de ser yo ahora el que se encontraba sediento pero esa fue la peor solución que pude tomar.

Al levantarme de la silla dejé al descubierto mi miembro erecto tras las telas de mis calzoncillos y mi pantalón, obligándome a sentar de nuevo. Aquello no pasó desapercibido para Maite sino que la motivó aún más.

-No te agobies tito, si solo estamos repasando para el examen de mañana  dijo mientras ponía de nuevo su mano sobre mi pierna.

-Para Maite, ¿sabes lo que estás haciendo? Nos podrías meter en un lío le dije con tono serio.

-No te preocupes tito, es solo que no me apetece seguir estudiando y quiero jugar un rato, ¿qué tiene de malo? Siguió ella.

-Te he dicho que pares, insistí.

– No disimules, te he visto antes mirarme el culo mientras cogía el vaso y ahora los pezones, por no hablar de ese bulto que escondes entre las piernas dijo mientras sonreía y lo miraba con ganas de probarlo.

-Eres menor de edad Maite se le ocurrió decir a la imbécil de mi cabeza.

-Ves tito, te mueres por tocarme, y qué tal si te digo que soy virgen y que me muero porque me desvirgue alguien como tú. Además los dieciocho los cumplo la semana que viene y no me gustaría cumplirlos sin haberlo hecho antes. Tómatelo como un regalo adelantado.

Ese dato era el último que me faltaba para ponerme aún más cachondo de lo que ya estaba. Mi polla latía y eso se notaba a través del pantalón, para cuando me quise dar cuenta Maite estaba sentada sobre mis rodillas comiéndome el cuello mientras con una mano me hacía una paja por debajo del pantalón. Tenía los ojos en blanco y la cabeza para atrás, intenté luchar por levantarme de esa silla, echar a mi sobrina de mi casa y hacer como si nada hubiese sucedido, pero me fue imposible.

Mi sobrina parecía saber más que yo, cuando notó la polla lo suficientemente dura me susurró; quiero me la metas ya, estoy súper cachonda.

No hice caso de su frase e introduje mi mano por el bajo de su vestido con la intención de hacerle dedos un rato como ella había hecho conmigo, pero me cogió la mano y mientras me miraba con cara de odio me repitió; te he dicho que me la metas.

Así que sin pensármelo dos veces, la puse de pie y apoyando sus manos sobre el extremo de la mesa, cogí mi polla y la puse sobre la entrada de su vagina.

-Que sepas que esto te va a doler le dije.

-Me da igual, solo quiero que me folles, métemela ya por favor.

Y así fue, me escupí en la mano restregándolo sobre su coño para que estuviese más húmedo, y tras marcar el punto de entrada, la cogí con cada una de mis manos por sus caderas y se la metí hasta que gritó del dolor.

-No pares decía ella mientras veía salir sangre de su coño. Sigue insistía ella.

Tengo que reconocer que me puso muy cachondo el hecho de verla sangrar y que ella misma fuese la que seguía moviéndose y follando como una loca. Le quité el vestido con la excusa de que no se manchase, pero me vino genial para agarrarle las tetas y darle más duro, la muy guarra no llevaba sujetador, que gusto de juventud. 

Hubo un momento en el que se giró para darme un beso y pude ver lágrimas en sus ojos de placer y dolor lo que provocó que me corriese dentro de ella.

Es verdad que el vestido se acabó manchando al final de semen y líquido seminal, que no terminamos la clase y Maite suspendió el examen, pero ese día mereció realmente la pena

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