los dos me penetran

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oy piel canela, ojos grandes y oscuros, mi cabello me llega a la cintura y es totalmente liso (después de dejar el alma en un sin fin de tratamientos de alisado), soy de estatura promedio, y mi mayor don: mis curvas.

Tengo un “novio” que en realidad no quiero pero tiene muchas habilidades que han hecho que se gane todas mis calenturas, es él quien me quita las ganas. Por eso estoy con él.

Como cualquier otro día estábamos en su apartamento, yo recostada en su sillón con los pies sobre el respaldo y mi cabeza en el reposabrazos, solo me dedicaba a admirarlo porque es jodidamente guapo. Cada que lo veía, solo podía imaginarlo desnudándose frente a mí, acercándose y acariciando mi cuerpo. Se me fue subiendo la excitación de tal manera que al final terminé masturbándome frente a él, mientras que él terminaba de redactar un informe para su empresa.

Yo lo quería en ese momento. Lo necesitaba dentro de mí.

– Amor, deja allí y ven conmigo. – le supliqué con mi mano entre el piyama, rosando mi clítoris con mi dedo índice, ya había empezado a mover lentamente la cadera por instinto.

– Solo termino acá unas líneas más y voy contigo – me dijo esto sin verme, pero al girar su rostro y encontrarme en plena satisfacción, no podía contener la mirada de devorador que me dirigía. Quería poseerme tanto como lo que yo quería que me hiciera suya. – Maldita sea .- mientras maldecía se empezó a tocar el paquete, que realmente creo que lo mejor que él tenía en su maravilloso físico era su pene. Se me hace agua la boca de pensar en él.

– Vamos cariño, te necesito aquí conmigo.- acompañé mi suplica de un movimiento sensual mientras dirigía mi mano que acababa de estar acariciandome, hacia mis labios, los lamí y los introducí a mi boca, cerré los ojos del gusto de saber que él me observaba mientras hacía esto. Lo tenía enfrente, lo tenía excitado. Sentí el poder. Bendita adrenalina.

– Quitate la blusa.

Empezó a darme órdenes, esto era algo que me ponía mucho más excitada, saber que él me daría una orden y que yo la cumpliría sin quejarme. Así que me senté en el sillón, totalmente frente a él y empecé a subir lentamente mi blusa por el ruedo, mientras subía iba pasando la yema de mis dedos por mi piel, quería caricias. Hasta que me la quité por la cabeza y aproveché a soltar mi pelo.

– Suelta tu brasier.

Seguía con la vista fija en mi cuerpo, su mano ya estaba masturbandolo sobre el pantalón y en lo último que pensaba era en su informe. Desabroché mi brasier y estaba a punto de quitarlo cuando me interrumpió:

– Ve hacia la puerta y quita el seguro. Mientras vas hacia allá, piensa en el riesgo de que alguien te encuentre así, que abran la puerta y te vean cómo te ofreces, como una putita. Siente como te tocarían tus pechos, como te tocarían las nalgas, siente el paquete pegado a ti, siente como te meten los dedos. Solo piensa en lo puta que eres y en como podrán disfrutar los hombres de tu cuerpo si te llegan a encontrar así, dejando la puerta abierta como una invitación, así quiero tus piernas de abiertas cuando vuelvas aquí conmigo.

Me mojé en ese momento, esto era mucho riesgo pero a la vez era jodidamente excitante.

– Ponte en 4 en el piso, gatea hacia mí y deja el brasier tirado donde sea que se quede, quiero ver como cuelgan tus pechos. – así lo hice y me sentí muy sexy haciendo esto, mientras gateaba una corriente de aire frío recorrió mi cuerpo y mis pezones ya expuestos, se pusieron firmes, exigiendo que él les pusiera atención.

– Ven hacia mí puta. Estás para complacerme, y quiero tu boca ahora.

Sin lugar a dudas no estaba bromeando, cuando teníamos este tipo de tratos, a mí no me gustaba hablar, yo solo obedecía todo cuanto me dijera. Sentir como le pertenezco es muy excitante.

– Siéntate en el piso y toca esos pechos tan ricos que tienes. Moja tus dedos y pasalos por tus pezones. Sopla tus pezones. Cierra tus ojos y piensa que son mis manos.

Cuando yo sentí era él quien presionaba mis pezones, yo quedé rendida a sus pies, quería ser su puta, complacerlo, hacer lo que él quisiera. No podría oponerme cuando él me tocaba.

– Vamos perra, quiero tu boca, no me hagas esperar.

Acerqué mis manos para poder desabrochar su pantalón y con los dientes bajé su zipper, mientras mi mirada iba dirigia a él. Aproveché para sentir el olor a su exitación, es leve y suave, pero me hace saber que él también me desea. Bajé su boxer y él colaboró con levantar su cadera de la silla, se acomodó más a la orilla, listo para que yo pueda disfrutar de su pene.

– Amarra tu pelo puta, quiero ver tu cara mientras me disfrutas.

Sin más le obedecí de buena gana. Él abrió sus piernas para dejarme total acceso. Me coloqué entre sus piernas y con mi boca busqué su glande, al tenerlo en mi boca, lentamente fui pasando mi lengua en la base de su glande, podía saborearlo a mi antojo. Lo introduje en mi boca lo más que pude y pude escuchar como gemía y agarraba más fuerte el borde de la silla, a él le encantaba que hiciera eso al principio del oral.

– Que rico mami, sigue así, consienteme.

Empecé a meterlo más seguido a mi boca, alternaba mamadas profundas con caricias con mi lengua, quería volverlo loco, así que luego de unos minutos de tener su pene penetrando mi boca, él colocó sus manos en mi cabeza y empezó realmente a meterlo en mi boca, casi hasta mi garganta. Luego de unas arcadas me soltó y yo sabía que era mi momento. Bajé mi cabeza con la vista fija en él, su rostro era la encarnación del placer, y sus ojos me pedían más.

Al llegar a sus testículos me dediqué a ellos, los besaba, pasaba mi lengua, los succionaba, presionaba toda mi cara contra su sexo y era maravilloso, con mis manos empecé a masturbarlo mientras seguía pasando mi lengua por todos lados, dejando mucha saliva en él. De la nada, me tomó del pelo y me jaló hacia arriba, al nivel de su cara. Aún aproveché para ver su pene totalmente erecto, listo para penetrarme.

– Que buena eres. Mereces un premio putita. – y me besó tanto que yo no tenía voluntad propia, su lengua me exploraba a su antojo. Sentí sus manos tocandome por todos lados. Me sentí una puta real, porque solo me tocaba para darse placer y no para darme a mí lo que yo quería.

Me empezó a llevar al balcón y yo no entendía qué quería hacer, cuando llegamos al borde hizo que me inclinara mostrando mis pechos a quien pasara por la calle. Me excitó como nunca, siempre había tenido fantasías con eso, con ser expuesta y poder empalmar a muchos hombres, ver como me deseaban, y ahora se me haría realidad.

– Eso es puta, siente como te ven los hombres, quieren tenerte así como yo te tengo, del pelo como una prostituta que solo sabe dar placer. Te estabas masturbando sin mi, y sabes que no me gusta eso. Quiero todo tu placer para mí. Así que ahora mereces un castigo por eso, pero a la vez me pusiste tan erecto al verte así de necesitada y urgida y la mamada que me diste estuvo de infarto, así que ahora quiero premiarte, y creo que ya sé cómo hacerlo.

Dicho esto, me bajó el piyama, yo me salí de las mangas y ahora me tenía solo en mi cachetero negro, empezó a tocarme las nalgas, me rosaba el sexo sobre la ropa y me seguía sosteniendo la cabeza por el pelo inclinada sobre el balcón, venía un hombre por la calle, mi excitación solo subía y subía, cuando él venía cerca y podía verme con total claridad, él me metió dos dedos en la vagina, sin miramientos, con total seguridad y gemí, fue un gemido entre susto y placer.

El hombre de la calle volteó a ver hacia arriba y me encontró con los pechos conlgando, con mi hombre detrás tocandome, sin más ropa que mi cachetero que ya estaba corrido hacia un lado y donde ya tenía dos dedos metidos, mi boca estaba entreabierta y mis piernas estaban en posición para que me dieran la cogida de mi vida. Me estaba dedeando cada vez más fuerte y lo más profundo que se podía, yo me moría del morbo y el placer porque el hombre de la calle se acomodó recostandose en un auto que estaba estacionado frente al apartamento, me estaba observando, colocó su maleta frente a su pantalón y empezó a masturbarse, se veía el movimiento de la mano y yo sabía que era por mí, así que cerré los ojos y me dejé llevar, gemía más y mi hombre aprovechaba para poder exponerme.

Al cabo de unos minutos, él se bajó el pantalón lo suficiente y tras hacerle señas a mi observador para que pusiera más atención, me giró de lado para que él pudiera ver el momento justo de la penetración, mientras yo agradecía que ya era noche, de lo contrario no sé qué más hubiera pasado porque se hubiera visto desde más lejos.

Jugaba conmigo, me ponía su pene en posición presionando y luego lo quitaba y me daba golpecitos con su glande en la entrada de mi vagina que estaba empapada por completo. Seguía jugando conmigo pero ya no podía ver a mi admirador, quería ver su rostro cuando me penetrara.

– Te voy a tapar los ojos putita, porque el que tiene que ver soy yo y el tipo que se la está masturbando por tu culpa. Eres una verdadera puta, haz dejado que te meta los dedos y que te desnude en un maldito balcón, con el riesgo a que cualquiera te vea y se toque pensando y viendote a ti. ¿No te da vergüenza? hay un hombre queriendo meterte la verga. Te quiere coger. Te quiere partir en dos y tu solo estas esperando que alguien te la meta completa ¿verdad perra?

– Sí… yo… necesito… que… me… des… verga… – solo podía hablar entrecortado porque él me estaba torturando, empecé a acercar más mi cadera para que me penetrara de una maldita vez, pero en cambio se apartó un poco y me metió los dedos de nuevo, me sentía tan sucia de saber que ahora mi admirador podía observar todo pero con más detalles y dejé de pensar.

– Vamos puta, siente mis dedos en ti. No te quedes con las ganas, ¿quieres que ese tipo desconocido te meta la verga? ¿eso quieres?

No sé por qué no reaccioné pronto, pero estaba vendada y dispuesta. Así que no noté lo extraño cuando tenía a mi torturador enfrente con su pene esperando mi boca y a la vez dos y a veces tres dedos seguían penetrandome. Cuando me dí cuenta intenté safarme, pero era un sinsentido, entre la excitación no sentí cuando el hombre de la calle estaba con nostros en el balcón con el pene de fuera y dedeandome, me estaba metiendo los dedos con tantas ganas que yo sentía que ya tendría un orgasmo y cuando él habló, exploté.

– Vamos zorra, querías que yo te penetrara, así que aquí está tu verga.

Dicho esto, me metió el pene sin más palabras, yo solo sentí cómo me llenaba de bien, me estaba partiendo en dos, me tenían en 4 y mientras hacía el oral con más ganas de mi vida, también estaba siendo penetrada por un hombre que no conocía y a quien había estado incitando a cogerme desde que lo ví, así que sin preocuparme de nada más, dejé que me tocara el cuerpo a su antojo, dejé que me penetrara al ritmo que quisiera, decidí que yo quería esto, sabía que necesitaba que me hiciera esto, no podía negarlo, tener dos hombres para mí era un sueño hecho realidad.

Me estaba penetrando despacio y lento, de la nada se ponía más violento y fuerte cuando me jalaba el pelo y me metía el pene de un solo y hasta el fondo, yo no sabía si me partiría en dos o si seguiría en su mete y saca lento y tortuoso, era impredecible y él estaba dejando todas sus ganas en mi.

El oral terminó con una tremenda eyaculación en mi cara y me tragué lo que pude, lo que cayó al piso empecé a lamerlo, quería todo para mi, cuando yo vi, mi hombre empezó a acomodarse totalmente debajo de mi y mi admirador se compuso para que cuando yo me di cuenta, estaba a punto de ser penetrada con dos penes maravillosos en mi vagina a la vez. Y allí exploté por segunda vez. Y eso que no tenía idea lo que la noche me deparaba.

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Te mando un besito en tu glande con mucha saliva y amor. Y mi culito levantado para que me hagas lo que tu quieras. Besos.

Si quieres algo más, comenta este relato porque me gustaría mucho saber qué quieren que me hagan estos dos pervertidos ahora que me tienen abierta y dispuesta a ser penetrada a su antojo.

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