Calzados de Placer II

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Sígueme en instagram: @babykarelvis

– Esta noche promete ser muy larga (suspiro él tocándose la paloma) creo me tomare un viagra para partirte toda al llegar.

Tras aquel orgasmo vial y con el cuerpo estremecido por los buenos oficios alcanzados con el tacón Luis en su cueva y los dedos de él en su clítoris. Patricia trataba cuanto antes de recobrar el aliento a la vez que sus pechos; firmes, suaves y abombados se mecían como gelatina ante las imperfecciones del asfalto y la mala amortiguación del carro.

.- Ernesto… Tenemos que parar en algún lado… Te quiero dentro de mí (dijo tirando el zapato hacia el asiento trasero).

Ella se inclinó un poco hacía delante y subiéndose el vestido negro se lo quito por encima, tirándolo hacía atrás en ese mismo movimiento, quedando totalmente desnuda, se desperezo rugiendo como una pantera -¡AAAAAAAHHH!- y luego se acomodó de lado pegando la espalda a la puerta. Entonces, empezó a jugar con sus tetas halándose los pezones mientras con un pie le frotaba el paquete a su marido.

Él podía verla, algunos mechones de su cabello rubio ondulado permanecían pegados a los costados de su rostro, mientras una fina capa de sudor, calor o humedad hacían brillar su piel y su cuerpo cada vez que un vehículo en sentido contrario iluminaba la autopista oscura como boca de lobo.

.- Ernesto… Necesito que jugar Atari contigo… (decía frotando su miembro) pero el joystick está muy lejos(argumento con voz de niña mimada)

Él se quitó la correa y desabotono el pantalón abriendo los costados del cierre para sacar los testículos y estar más cómodo. Su verga en total estado de excitación llevaba ya cierto tiempo fuera solicitando tácitamente los buenos oficios de ella.

.- Patricia… De verdad estas desatada hoy. Solo a ti se te ocurre ir a la fiesta del trabajo sin bragas. (respondió él en cierto tono tanto revanchista).

Ella se mordía una uña mientras le frotaba la verga con el pie y le observaba con cierta impaciencia.

.- Tonterías… Si hubiese llevado las bragas te habrías escapado a conversar ridiculeces y guiñarle el ojo a cuanta zorra se te atravesara. Además, fue lindo lo pegadito que bailamos para que nadie me viese el culo, debiste ver la cara de los presentes. (argumento ella tomando la verga entre sus dos pies)

¡AAAAAHHG! Cuidado mujer… coño, si eres brusca. Estás demente Patricia.

Perdón cielo… Es que tengo muchas ganas… Tras pasar toda la fiesta sin bragas…

Probo ir más despacio, frotándolo suave arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo acariciando parte del frondoso bosque negro y ensortijado que le cubría la base del guevo, halándole unos cuantos vellos. Él disfrutaba de sus atenciones y colaboro derramando algo de su saliva sobre la verga y los pies. Con los pies embadurnados de saliva la sensación de ambos se fue haciendo más placentera, él bramaba y gemía dándose golpecitos contra el apoya cabezas y susurró

.- Vamos Patricia… Chúpamela, es toda tuya

Ella lo escuchaba ensimismada con los ojos cerrados y los brillantes labios rojos ligeramente entreabiertos a la vez que su lengua juguetona los relamía, mientras, tanteaba la verga del marido con los pies resbalando arriba, abajo, arriba, abajo. Él la veía de soslayo, parecía que relamía una verga imaginaria en su boca, se veía de lo más erótica y sensual que la había visto jamás. Inicialmente le masturbaba despacio y con suavidad, luego lo apretaba un poco más y aumentaba un poco el ritmo.

.- Si no me la comes pronto… Me voy a correr en tus pies

Patricia, al mismo tiempo que disfrutaba del footjob que le realizaba, con una de sus manos se sacudía con energía la entrepierna, aspiro con fuerza sacando el pecho y empezó a meterse un par de dedos dentro, frotándose luego el clítoris y volviéndolos a meter. Sus ojos se abrieron como en un trance profundo mientras un gemido espectral salía de sus labios.

.- Aaaaaahhh… Ernesto… No lo resisto más… Ernesto (susurraba manoseándose y haciendo el footjob, mientras su rostro reflejaba un erotismo sofisticado y elegante).

El vaho y estupor sexual que flotaba por todo el interior, estaba siendo acentuado por la calefacción que ella había encendido cuando pasaban por valencia, donde un chubasco les había empañado los vidrios, desde entonces y ya más allá de la salida de Palo Negro seguía este activado, haciendo sus cuerpos más sudorosos. Solo que, por el espectáculo sexual, aquello era un menester sin importancia del cual no se dieron cuenta.

Él seguía conduciendo por el canal de vehículos pesados, donde podía ir más despacio y el asfaltado era más irregular también, lo que generaba unas vibraciones extras.

Ella recogió sus piernas y doblo sus rodillas sobre el asiento, inclinándose poco a poco y con cuidado hacia él, elevando el trasero que con el reflejo de los faros se reflejaba en el vidrio de la ventana, ese mismo trasero que él había cuidado para que su vestido emperador no levantara al bailar y mostrase sus atributos a los presentes. Con una mano, tomo el grueso y largo pene que se sacudía a escasos centímetros de sus labios rojos.

Excitada por el momento, deseaba cuanto antes meterlo entero en su boca, pero sería una reacción salvaje… Quería ser más sensual esta vez. Abrió los labios y dejo caer un espeso hilo de espumosa saliva sobre el glande, el cual esparció por todo el largo pene frotándolo un par de veces… Quizás más que solo un par, ya que al subir evitaba llegar al glande, lugar donde su lengua se recreaba como una bailarina de pista de hielo, haciéndole círculos, ochos, lado a lado, adelante y atrás, buscando taladrar con las pupilas gustativas aquella pequeña y ridícula apertura por donde salía la cream de la cream.

Ernesto emitía varoniles gemidos de placer ante aquel primer asalto de su esposa, pensando que habían pasado quizás muchos años desde la última vez que hicieron una locura como esta, las anteriores; fueron cuando novios la primera, y otras pocas más de recién casados… Ya tenían 12 años de casados. Sentía su lengua rozar gentilmente el glande al tiempo que su mano subía, bajaba, subía, bajaba en un ritmo sosegado.

Patricia retiro sus labios un poco, observando como un hilo espumoso de saliva unían su boca al pene todavía, mientras, Ernesto trataba de maniobrar un poco y pasar algunos vehículos de carga pesada, sin interrumpir lo que su mujer realizaba entre sus piernas. Una y otra vez su mano abaja y subía de manera rítmica y sincronizada, cada 5 o 6 agitaciones se metía el champiñón en la boca y lo lamia y lamia por 5 o 6 agitaciones más… Así paso algún tiempo mucho más de 5 o 6 minutos.

Ernesto sujeto el volante con una mano, mientras con la otra le empujaba la cabeza por la nuca, ella fingió no darse cuenta y dejo que su glande alcanzara llegar hasta la campanilla, sus mejillas se inflaron y tosió escurriendo saliva por la comisura de los labios, lo de dejo ser, y que dirigiera él la frecuencia de la felación. Sus gemidos de satisfacción eran su mayor recompensa, los cuales ella pagaba devorando a boca cerrada aquel grueso y largo miembro.

Después de varias empujadas la soltó entregándose al ritmo que le había marcado, viéndola fugazmente bajar y subir por su verga, sintiendo su lengua pasar por un costado primero y por el otro después, observando como un reborde de espesa y burbujeante saliva se le escurría a ella entre sus labios al bajar y subir, dejando un rastro de esta por su pene en cada acometida.

Patricia acomodo su posición un poco buscando estorbar menos a su esposo y estar más cómoda ella. Apoyo su antebrazo izquierdo paralelo a su muslo y sujetaba la verga con la mano derecha, masturbándolo mientras se la mamaba. Él por su parte paso su mano derecha por su espalda brillante, húmeda y caliente, bajando hasta sus glúteos, al menos hasta donde alcanzaba, yendo luego por debajo, por su abdomen y subiendo hasta sus senos; masajeándolos, jalándolos, oprimiéndolos y estimulándole los pezones con suaves pellizcos.

Ella se levantó lentamente, incorporándose mientras sostenía todavía la verga en su mano. Se alzo y limpio el exceso se saliva con la otra mano, secándola en sus pantalones a la vez que le sonreía con picardía.

Ernesto maniobraba un poco entre algunos baches donde el asfaltado era muy irregular del lado derecho, por lo que, aprovechando la soledad, encendió la luz intermitente izquierda y condujo un rato en el canal izquierdo (Aprovechando la casi soledad absoluta de la autopista). Sin dejar de prestar atención a la vía, se quitó como pudo los zapatos y comenzó a bajarse torpemente los pantalones y el interior hasta las rodillas, luego, colocando la velocidad en neutro se despojó de ellos lo más rápido que pudo y los arrimo a patadas contra su asiento en el piso. Ahora nada le impedía a Patricia mamarle el guevo como lo hacía en antaño.

 .- Vamos Patricia, hazme una memorable… Termina lo que empezaste.

Fiel y obediente a su esposo, Patricia se inclinó apasionadamente sobre el miembro de su marido, continuando con su asedio bucal. Ahora podía hacerle el deepthroat que tanto le gustaba, nada le impedía seguir con su labor y alcanzar los vellos que se asomaban como selva inhóspita alrededor del falo. Le excitaba lo mucho que había madurado la polla de su marido que, contrario ahora, en otros tiempos tenía menor resistencia. Ahora era una paloma experimentada, era el cucurucho de caramelo perfecto e inacabable.

.- ¡Aaaaahhh…! que sabroso amor, chúpamela así….

Una y otra vez sus papilas gustativas saboreaban la tersa piel salina de su pene; metiéndoselo todo hasta la garganta al bajar y dándole vuelticas al glande al subir, cual si fuera una rica chupeta. Lamiéndolo por un costado bajando hasta sus testículos y acobijándolos dentro de boca por turnos, complaciéndolos con amorosos chupetones y delicadas lamidas en sus bolitas, disfrutaba de los gemidos y bramidos entrecortados que Ernesto hacía cuando estaba en sus bolas, sentía su verga ponerse rígida por momentos y palpitar. Y aún cunado sabía que no estaba por correrse no se cohibía de apretársela fuerte con la mano, en realidad, solo quería palpar o dura que estaba y comprobar su excitación.

Luego de un par de minutos de estar chupando sus mamones retorno a su acto principal subiendo por el otro costado, continuando con el deepthroat de forma regular al ritmo que él anteriormente le había impuesto. Un poco de líquido salino espeso cautivo su lengua, alentándola a continuar con sus buenos oficios y buscar aquel preciado cáliz de vida que seguro estaba cerca.

En cada una de las profundas incursiones, procuraba que sus labios rodearan bien a tan delicioso miembro viril, degustándolo centímetro a centímetro. Al ritmo ya establecido le agrego otras técnicas… Cada 3 o 4 incursiones movía su boca haciendo amplios círculos: a la derecha, a la izquierda… Luego hacia lo mismo en cruz, primero a los lados, segundo adelante y atrás, para después repetir todo de nuevo. Así siguió una y otra vez entre los gemidos, jadeos y bramidos entrecortados de felicidad y placer tanto de él como de ella.

.-¿Quieres por favor meterme el dedo…? Quiero llenarte de leche la boquita.

Ella entre gemidos ahogados le correspondió y fue metiendo su mano derecha por debajo de sus bolas, hurgando milímetro a milímetro con la uña del dedo medio busca su ano -Aaah con cuidado amor… Un poco más… Allí… Con cuidado- después de rumiar con la pija dentro, embistió con entusiasmo y alevosía metiéndole; uña, dedo y nudillos en su retaguardia -¡Aaaaauuh! Patricia… Verga… Así no, coño- Ella sonrió mentalmente, pues el pene de Ernesto estaba en su batidora bucal, la cual giraba haciendo círculos indiscriminadamente.  Pasaron algunos instantes hasta sentir la proximidad de él por como tensaba sus músculos y se le cortaba la respiración.

De pronto él retuvo su cabeza presionándola por la nuca con su mano. Ella movía como podía el dedo en su culo, dándole vuelticas y rasgándolo con la uña. Él contenía la respiración cortada abriendo grande la boca, respirando hondo -¡OOOHH AMOOOR…! NO LO RESISTO… NO PUEDO MÁS ¡AAAAAHHHG!-. Cuando de su glande empezó a salir el tan ansiado cáliz… Uno, dos, tres largos y espesos chorros. El primero paso de una vez más allá de su campanilla (garganta abajo), el segundo y tercero había subido la cabeza a media verga y logro retenerlos en su boca (Él debió sujetarse al volante con ambas manos mientras eyaculaba) la cual que seguía ordeñando su verga, sacándole unas cuantas gotas más de espesa, grumosa y caliente lechada.

Ella seguía con los ojos cerrados, subiendo y bajando la mitad superior de su miembro, degustando y mezclando el semen con su saliva. Ernesto extasiado respiraba profusamente del placer recibido, después pasando una mano por debajo de ella se exprimió la verga de abajo hacia arriba para que las ultimas gotas cayeran en su boca.

Patricia dando sus oficios por terminados retiro primero el dedo del culo de su esposo y lamió por última vez la cabeza de la exhausta paloma que se iba desinflando, irguiéndose sobre el asiento y abriendo grande la boca para él, mostrándole la saliva y semen mezclados en su boca, se metió el dedo del culo en su boca y cerrando sus labios lo enjuago y lavo con la lengua, se lo quedo mirando y cuando este giro a verla, trago toda la mezcla que había y la abrió grande sacando la lengua, mostrándole su boca vacía, él le devolvió una sonrisa de satisfacción y felicidad. Patricia se acomodo en su asiento y ya algo más relajada y mirando la oscura autopista, bajo el vidrio para que entrara aire fresco y sacar una pierna por la ventana y colocar la otra sobre el tablero.

.- Amor… De verdad necesito que juegues conmigo. (dijo ella todavía excitada y con cierta lujuria, dándole unos masajes a lo que antes había estado en su boca)

.- Creo que no llegaremos a casa tan pronto (dijo sonriéndole y bajando la velocidad del auto que se desvió tomando un camino de tierra) ojala y no haya nadie por aquí… Es noche de luna llena ¡AAAAUUUUUUHH!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *