putas, machos alfas y machos debiles 2

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Mi nombre es Claudia y en esta serie narro como me transformé de una chica buena en una auténtica zorra sumisa. En esta segunda entrega mi Amo Jacobo decidirá si puedo o no tener ese esperado orgasmo y tendré que decidir qué hacer con mi novio Javi.

Llegué a casa y llamé a mi novio, Javi, para que me acompañara de compras. Disimulé comprando antes un par de vestidos por mi cuenta y luego en la tienda de lencería le camelé para que me comprase unas medias y ligueros blancos. La verdad que no fue difícil ya que espera disfrutar de ello, lo que no sabía es que el que lo iba a disfrutar era Jacobo y no él. En ese momento me vino un sentimiento de culpabilidad que hasta ahora había estado nublado por el grado de excitación.

¿Estaré yendo demasiado lejos? Apareció entonces Jacobo en mi cabeza con su discurso: “Las mujeres están programadas para denegar el sexo a los machos débiles y otorgárselo a los machos alpha”. Tan sólo el recuerdo de esas palabras hacía que me excitase. Bueno… Estoy programada para esto, ¿no? Me intentaba excusar a mi misma. Sabía que lo que estaba haciendo no estaba bien, pero lo necesitaba terminar. De noche tuve otra tentación para masturbarme pero me contuve pensando que ya sería la última noche de castidad. Y menos mal… Mis amigas ya me habían dicho que últimamente tenía un humor de perros y que estaba insoportable. Mañana esperaba estar relajada.

Desperté tras un sueño erótico con Jacobo. Me estaba obsesionando demasiado.  Me vestí tal y como me había ordenado: Tanga blanco de encaje, medias y ligueros. Encima me puse un vestido sin sujetador que hacía que mis tetas bien colocadas a pesar de su tamaño se moviesen con cada movimiento. Para rematar el conjunto unos zapatos de tacón.

Muchos compañeros de clase me piropearon y alguno se insinuó más de la cuenta debido a mi modelito, pero mi cabeza no estaba para atender a niñatos… Jacobo centraba toda mi atención. Fui a su despacho a la hora que me ordenó. Tras cerrar la puerta fue claro y directo.

–       Desnúdate puta. Quédate sólo con las medias, los ligueros y los tacones. Y procura que me guste cómo lo haces. – Me dijo sin miramientos. Daba por hecho que había cumplido sus órdenes. No tenía ni un resquicio de duda en que le obedecería en todo lo que me ordenase, y esa seguridad me ponía muchísimo.

–       Sí, amo – contesté sumisa y llena de lujuria.

Comencé a bailar sensualmente, moviendo mi culo y jugando con los tirantes del vestido. Lo dejé caer al suelo mientras me tapaba las tetas primero con las dos manos y luego tímidamente con una, para finalmente dejarlas al descubierto.

Jacobo me miraba fijamente. Tenía siempre esa mirada tan penetrante que hacía que me derritiese. Sacó un consolador y lo puso encima de la mesa.

– Quiero que te masturbes para mí. – Esta vez no me llamó puta. Y hasta lo eché de menos. Me ponía tanto que me tratase como su propiedad….

Chupé la falsa polla para lubricarla aunque sinceramente no era necesario. Pero sabía que eso le pondría más cachondo. Me abrí de piernas y comencé a metérmelo. Era una delicia parecer tan guarra delante del profesor que tanto me ponía en su propio despacho. Mi coño chorreaba de la excitación lo que provocaba que el consolador hiciese ruido al entrar y salir de él. Ël sacó su polla y empezó a tocarse mientras me miraba.

Aquello era demasiado para mí. La situación y por supuesto Jacobo me excitaba demasiado, y sumándolo a mis días de castidad iba a conseguir tener por fin un orgasmo vaginal. Hasta entonces siempre que me había corrido había sido por estimulación oral o manual de mi clítoris. Pero a los 5 minutos de masturbarme para Jacobo, sentía que me iba a correr en breves por lo que decidí pedirle permiso.

–       ¿Me dejas correrme amo? – le pregunté entre gemidos, con la voz más de zorra que podía poner.

Jacobo soltó su polla y se dirigió serio hacia mí una vez más.

–       Vamos a jugar a un juego Claudia. Te voy a dejar elegir a ti esta vez y te prometo que lo que decidas no tendrá ninguna consecuencia en nuestra relación, será un punto aislado que no interferirá en lo que ocurra a continuación. Te lo prometo. – Evidentemente era mentira, pero yo en ese momento le creí. Creía cada palabra que salía de su boca.

–       Dime, amo – seguía jadeando y masturbándome más despacio para no correrme antes de su permiso.

–       Uno de los dos no va a correrse hoy. Y te voy a dejar escoger quién de los dos se queda caliente. Tú o yo. Y recuerda que tu decisión no tendrá consecuencias.

¿¿Qué?? Por qué esto ahora… ¿Quería terminar de volverme loca? Estaba a punto de correrme por fin en muchos días. Quería correrme con su permiso y para él. Pero no quería que él se quedase caliente… Lo que más excitación me producía era complacerle. Serle de utilidad.

–       Por favor amo… Por favor… He aguantado muchísimo ya. No me hagas elegir por favor, te lo suplico, corrámonos los dos. – Le supliqué desesperada. Me iba a volver loca de verdad.

–       No puta…. Te estoy dando la oportunidad de elegir. No será común pero de vez en cuando tendrás que hacerlo. Tómatelo como un premio.

¿Un premio? ¿Esto era lo que entendía como un premio? Mi orgasmo sería incompleto si me corro pensando que él no lo hará ni disfrutará. No… Pensaba que no había nada que más ganas tenía en los últimos días que correrme ante Jacobo con su permiso, pero sí lo había: Hacer disfrutar a mi amo. Paré de masturbarme y saqué el consolador temblando aún de la excitación.

–       Quiero que te corras tú amo. – Agaché la cabeza sumisamente.

–       Buena elección puta. Ven a cuatro patas y métetela en la boca.

Por supuesto obedecí al milímetro. Gatee a cuatro patas hasta su polla y me la metí en la boca derrotada. ¿Cómo me podía humillar tanto ante alguien prácticamente desconocido para mí? Con su polla en la boca y mi prohibición de correrme volví a sentir su poder. Se la chupaba acompañada de mi mano derecha como la otra vez y en un momento volvió a jalarme hacia atrás del pelo y obligarme a mirarle a su cara.

–       ¿Por qué has elegido que me corra yo? – Me dijo sonriente. Le notaba orgulloso de mi elección y eso me reconfortaba.

–       Porque tu placer está por encima del mío. Porque tú te lo mereces más que yo. Estoy programada para obedecer a un macho como tú para que quiera follarme. – Mi excitación y el poder que sentía que emanaba Jacobo hacía que estuviese fuera de mí. Hacía que me convirtiese en un juguete a su merced.

Jacobo sonrió. Estaba tan orgulloso de mi contestación que decidió darme una oportunidad para tener un orgasmo.

–       ¿Alguna vez te han dado por el culo? – Me preguntó con naturalidad.

–       No amo – contesté arrodillada mientras lamía su polla en señal de respeto. – Nunca se lo había permitido a nadie.

Apóyate encima de la mesa. Pega tus tetas a ella y levanta el culo. Por supuesto obedecí sin rechistar. Jacobo sacó un consolador más estrecho que el anterior y lo metió en mi boca. Luego lo puso en la entrada de mi culo.

–       Métetelo. – Me ordenó. – Poco a poco. Despacio. No hay prisa. Pero quiero que te lo termines metiendo.

Cualquier otro tío me habría suplicado por meterme algo por el culo y a cualquier otro tndome el culo. oll a la vez que mov Jacobo foll, Claudia. – Hacmetiendo.

esto obedec que lo que decidas no tendrinabanío se lo habría negado. Pero él era distinto a todos. Sabía a qué tenía derecho y simplemente lo exigía. No tardé en meterme el consolador. Jacobo me masturbó unos segundos con él pero al ver la facilidad con la que había entrado pronto lo retiró y puso su polla a la entrada.

–       Ahora quiero que te metas mi polla en tu culo, Claudia. Y no despegues en ningún momento las manos de la mesa. Nada de tocarte el clítoris. – Oirle hablar tan bastamente me excitaba. “mi polla en tu culo”. Si me viese mi novio pensé… Cuántas veces se lo había negado a él y ahora deseaba tener la polla de Jacobo follándome el culo.

Terminé de metérmela y mi amo me cogió por el pelo y me dio un azote a la vez que movía sus caderas follándome el culo. Era una sensación rara, distinta. Humillante diría sentir eso dentro de mi culo, del culo que había negado siempre a todos por principios. Pero en ese momento me excitaba. Me encantaba estar siendo enculada por Jacobo, pero sabía que tener un orgasmo anal era muy complicado, y había muchas posibilidades de que mi amo se corriese antes y volviese a mi casa desvirgada del culo y con aún más calentón del que tenía mientras le practicaba sexo oral.

Jacobo seguía dándome por el culo y azotándome y en un momento me preguntó:

–       ¿Te gustaría correrte con una polla en el culo, zorra? – a la vez que me daba un fuerte azote y me jalaba el pelo.

–       Sí, amo, me encantaría correrme con una polla en el culo – me humillé como sabía que él quería.

Pero al decirlo mi excitación se incrementó aún más si cabe y pude casi verme desde fuera. Con unos ligueros pagados por mi novio, con las tetas apoyadas en la mesa de mi profesor mientras me daba por el culo, me azotaba y me obligaba a  humillarme. Un escalofrío empezó a recorrer mi cuerpo.

–       ¿Puedo correrme amo? – Dije intentando contenerme, pero sentía que ya me iba a correr.

–       ¿En serio? Sólo las putas se corren mientras les dan por el culo Claudia – Me dijo divertido mientras me volvía a azotar – Se ve que no le había servido con lo que me había humillado y quería ir más lejos. Pero yo sólo quería correrme-

–       Eso es lo que soy y en lo que quiero que me conviertas, en una puta, en una perra – dije totalmente fuera de mí.

Jacobo sonrió ¿En una perra? Me separó de la mesa y me puso en el suelo a cuatro patas.

–       Si quieres ser una perra, córrete a cuatro patas como una perra – Me dijo mientras me seguía azotando y tirando del pelo.

Y así lo hice. Fue el mejor orgasmo que había tenido hasta el momento. Algo explotó en mi coño y en mi cabeza. Grité sin importarme que me encontraba en un despacho, gemí como nunca lo había hecho, mientras de mi coño salía más líquido que nunca en mi vida hacia el suelo. Mi cuerpo era reocorrido por una especie de electricidad y no paraba de tener espasmos aacompañados de gemidos. Parecía estar convulsionando. Todo esto puso tan cachondo a Jacobo que empezó a correrse en mi culo.

Sacó la polla de mi culo y me ordenó ponerme el vestido, dejar el tanga e irme. Me dijo que controlase los orgasmos de mi novio como me había ordenado, no podía follar con él ni chupársela. Tampoco quería que me tocase las tetas. “Son mías” recuerdo que dijo. Él si podía comérmelo y yo sí podía correrme. Pero debía de ir entrenándole negando sus orgasmos en busca de su sumisión y su aceptación de una libertad sexual para mí.

– Recuerda Claudia – Me dijo muy serio – De los próximos días depende el resto de tu vida. Tienes la oportunidad de volver a la vida de antes o de experimentar una nueva cargada de placer y sensaciones que ni siquiera has podido imaginar.

Mi cabeza estaba en blanco, nunca había experimentado nada similar. Me levanté como una zombie. “Sí amo” respondí. Salí totalmente atónita ante mi comportamiento. ¿Qué estaba haciendo? ¿Estaba yendo demasiado lejos? ¿Era el momento de parar?

Llamé a mi novio, Javi, para que viniese a mi casa. Antes me di una ducha. Vi mi culo como estaba rojo con marcas de las manos de Jacobo. No podía volver a excitarme. ¿Por qué me pasaba esto? Tenía que ponerle fin había ido demasiado lejos. Me apoyé en la ducha mientras el agua caía sobre mi cabeza. No podía parar de repasar todo lo vivido. Cada instante, cada humillación, cada placer… Mi cabeza era un cocktel de sentimientos de placer, culpa, arrepentimiento, curiosidad, morbo… No recuerdo cuánto tiempo estuve bajo el agua pero el sonido del timbre me sacó de mis pensamientos. “Mierda, Javi”, pensé. Ni siquiera recordaba que le había llamado.

Me cubrí con una toalla y fui a abrirle. “Vaaaya!” me dijo. Y entonces corroída por la culpa me abalancé sobre él. Javi no desaprovechó la situación y me puso contra la pared y arrojó la toalla al suelo. Empezó a tocarme las tetas. Sabía que me lo había prohibido Jacobo pero no me importaba. Sentía que me había portado muy mal con mi novio y quería compensarle, un acto de penitencia entregándole mi cuerpo y un gran orgasmo. Pero mientras sentía sus manos en mis tetas Jacobo invadía mi cabeza: “De los próximos días depende el resto de tu vida. Tienes la oportunidad de volver a la vida de antes o de experimentar una nueva cargada de placer y sensaciones que ni siquiera has podido imaginar”.

Agarré del cuello a mi novio y salté sobre él cogiéndole con mis piernas. De esa manera puso sus manos en mi culo, territorio no prohibido por mi amo, y yo podía decidir qué hacer.

–       Me encanta cuando te pones tigresa – Me dijo antes de volver a meter su lengua en mi boca.

¿Tigresa? Fue entonces cuando comprendí que en ese momento de mi vida necesitaba experimentar lo que Jacobo me ofrecía. No quería ser la tigresa de mi novio, quería ser la puta de mi amo y descubrir de su mano. Me separé de mi novio y me tumbé en la cama. “Cómemelo” le ordené mientras me recostaba en la cama. Sabía que me obedecería al instante “¿Esta será la seguridad que Jacobo tenía conmigo?”. Pensé en él desde que la lengua de Javi tocó mi clítoris hasta que tuve mi orgasmo. Tampoco tardé mucho. Mi amo me ponía demasiado. “Mi amo…” me encantaba como sonaba.

–       Ahora chúpamela tú – me dijo Javi.

–       No, no, no – respondí con cara de zorra – Has sido un novio malo y no te mereces ese premio. El otro día tuve que pedirte que pagaras mi conjunto de lencería. Debería de haber salido de ti.

–       Hablando del conjunto, ¿por qué no te lo pones? – me contestó. Seguía poniendo la cara de zorra que sabía que tanto excitaba a los tíos. Me puse a cuatro patas y seguí hablándole.

–       No, no… Estás castigado y no es para ti. Quizás me lo ponga para otro tío y me folle tal cual estoy ahora. ¿Te gustaría? Empecé a gemir y a mover mi culo. Dime Javi, a que te gustaría que un tío se follase a tu novia.

La verdad que no tenía ni idea de cómo iba a reaccionar. Siempre podía tirar de alguna excusa estilo que lo había leído en internet y pensé que le excitaría, pero vaya si le excitó. Se puso como una moto.

–       Eres una puta – me dijo al tiempo que se masturbaba mucho más rápido.

“Eres una puta”. La misma frase que podía decirme Jacobo pero sonaban tan distintas. En la boca de mi amo sonaba a que era de su propiedad, en mi novio sonaba a que le excitaba imaginar a su novia con la polla de otro tío y le jodía admitirlo. Yo seguía gimiendo y diciéndole que otro me estaba follando.

–       Me voy a correr joder… – vaya si le había puesto… Nunca se corría tan rápido.

–       No – le espeté cortante.

–       ¿Cómo que no?

–       No quiero que te corras Javi, estás castigado.

–       Estarás de coña – me dijo en una mezcla de incredulidad y cabreo.

–       Te he dicho que no quiero que te corras, no te lo has ganado. Desde ahora vas a tener que pedirme permiso y ahora no quiero que te corras – Intentaba ponerme seria y dura como hacía Jacobo y aunque siempre he tenido unos novios calzonazos no se me daba del todo bien.

–       Que no joder que no puedo aguantarme, hostia Claudia. Ni de coña.

Me levanté y me vestí. “No quiero que te corras, y como me enfades, vas a tardar en correrte”. Se enfadó y discutimos. Se fue a su casa no sin antes pegar un portazo. No sabía qué hacer, me sentía confusa. Decidí llamar a Jacobo y contárselo. Me pidió que se lo detallara y lo hice como acabo de relatar.

–       Por el pringado de tu novio no te preocupes. No le escribas ni le llames, te pedirá perdón. Y en cuanto a desobedecerme… Claudia creí que te había dejado muy claro que mis órdenes no son discutibles. Debes de cumplirlas al pie de la letra – Sus palabras sobre Javi me tranquilizaron. Aunque internamente no tenía nada claro, confiaba ciegamente en Jacobo.

–       Lo sé y lo siento amo… No volverá a ocurrir.

–       Yo soy el encargado de que no vuelva a ocurrir Claudia, soy tu amo. Te prometo que con cada castigo que te aplique, aprenderás la lección. Es la última vez que te lo repito, mis órdenes no son discutibles, como alguna vez te niegues a obedecerme, cortaremos esta relación para siempre. – en ese momento me dio un vuelvo en el estómago.

–       No amo, por favor, acepto el castigo que me impongas, no volverá a ocurrir – No quería por ningún medio que esto se acabara. La mezcla de placer, morbo e intriga debía de ser saciada.

–       Bien puta, eso espero. Me has decepcionado con algo muy sencillo, en algo que sólo era cuestión de buena voluntad y eso es muy grave para mí. Como castigo irás a hacerte un piercing en cada pezón. Luego cuando estés en casa te sacarás una foto en tetas, con un cartel que ponga “perdona a tu puta, amo” y me la mandarás. Por supuesto, quiero que se vea tu cara. Si tienes alguna objeción, directamente cuelga y no sabrás nada de mí. Pero no me hagas perder el tiempo.

Me quedé en silencio. No quería contrariarle pero ¿hacerme dos piercing en los pezones? Y sobre todo, ¿una foto en tetas en la que se viese mi cara? Era hipotecar mi futuro en manos de una persona que acababa de conocer.

–       Amo yo…

–       Tienes hasta mañana a las 12 Claudia. No hablaremos hasta no tener esa foto. Y si no la tengo no volveremos a hablar – colgó tras decir eso.

Mi corazón volvió a acelerarse. Estaba viviendo demasiadas emociones en tan poco tiempo. Bueno pensé.. Los piercing son sexys y no es una idea loca. Fui a hacérmelos, dejando para más tarde la decisión de si le enviaba la foto o cortaba de una vez con esta locura. Decidí ponerme dos barritas con dos bolas rosas cada una.

Al llegar a casa me desnudé quedando únicamente con las braguitas que llevaba (rosas, a juego con el piercing, por cierto) y estuve parada frente al espejo. Estaba tan sexy… Una chica tan joven con unos pechos tan grandes y esos dos piercing coronándolos. Pero no podía hipotecar mi futuro de esa forma. Si alguien veía esa foto… Además mi novio no me hablaba desde que me mandó a la mierda a la vez que daba el portazo. Quizás era todo una señal para frenar aquello. Mi móvil sonó entonces con un whatsapp de Javi y me decidí a arreglarlo con él.

–       “Cielo perdona… No quería haberme puesto así. Qué quieres que haga para que te parezca bien que me corra ;)” – no me lo podía creer… Le había quitado un orgasmo por puro capricho y aún me pedía perdón.

–       “Ser un buen novio” – le respondí siguiendo con el juego.

–       “¿Te parece bien si te llevo mañana de compras? Pago yo por supuesto” – aquello me excitó.

–       “Me parece bien”

–       “¿Me puedo correr ya entonces?”

–       “No. Primero quiero mis compras y luego me lo pedirás otra vez ;)”

–       “Uffff no sabes lo que me pones y las ganas que tengo de follarte. Vale, aguantaré a mañana” –

Estaba alucinando completamente. Jacobo tenía razón. Tenía encaminada una vida con el deseo dual que toda mujer soñaría. Un novio o marido atento, cariñoso y sumiso hacia mí, y un macho alpha que me proporcionaba todo el placer que jamás podía haber imaginado.

Dejé a un lado el móvil, cogí un folio y un boli y escribí palabra por palabra lo que Jacobo me había ordenado: “perdona a tu PUTA, amo”. Estaba tan exaltada que hasta recalqué puta con las mayúsculas. Me hice la foto sujetando el cartel con una mano debajo de mis tetas mientras con la otra me hacía la foto en el espejo. Se la mandé a Jacobo.

–       ¿Te gustan las tetas de tu puta? – me humillé como sabía que le gustaba.

–       Mucho zorra. Espero que no las vuelva a tocar nadie más sin mi permiso.

–       No, amo, te lo prometo. Son sólo tuyas. Sólo quería pedirte una cosa, por favor.

–       ¿Pedirme algo? ¿Todavía no te has enterado de cómo funciona esto, Claudia?

–       Es sólo que nunca le mandes esa foto a nadie. Podría arruinar mi vida. – Se hizo un silencio al otro lado del teléfono que hizo acelerarse a mi corazón.

–       No te preocupes, nadie la verá.

–       Gracias amo. Estoy deseando recibir nuevas órdenes – le dije contenta y excitada.

–       Muy pronto las recibirás puta. Cuidate esos piercing, no quiero que se infecten. – Colgó sin que pudiese despedirme. Me recosté en la cama. Espero no equivocarme con la decisión. Pero la idea de que mi novio me permitiese tener una libertad sexual plena y encima disfrutase con ella y estuviese más atento conmigo no podía hacer otra cosa más que ilusionarme. Javi y Jacobo… Qué bien podrían complementarse en mi vida.

Aunque en ese momento lo desconocía totalmente, Jacobo encendió el macbook de su escritorio nada más colgar y habló con una persona.

–       Tengo una puta más para que la inscribas en el club. Tan sólo 18 años. Está desentrenada pero pronto la convertiré en una auténtica puta. Te mando la foto para la ficha.

–       Bonitos piercings… Avísame cuando esté lista para iniciarse.

–       Muy pronto. Me estoy encargando aceleradamente de ello.

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *