rubias19 – El padre de iván

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Sígueme en instagram: @babykarelvis

“¿Luís? Hola soy Lola, la madre de Carlos”.

–          “¡Hola, Lola! Cuéntame, preciosidad”. – respondió Luís con su tono adulador habitual.

–          “No sé si te ha contado algo Iván de lo que ocurrió ayer en mi casa”. – continué

–          “No. En absoluto. ¿Se han peleado los chicos?”.

Comencé a contarle con detalle la cuestión de las miradas de su hijo y de los roces en la cocina que se había producido a mediodía y que era una situación bastante violenta.

–          “Joder, Lola” – me interrumpió Luis. “Mi hijo se está haciendo un hombre y no es de piedra, Lola” – continuó en tono de broma. “Ya sabes que eres la protagonista de las conversaciones y las pajas de los padres de la clase desde hace años. Es lógico que mi hijo te mire. Si es que eres un bombón”. – concluyó con ese tono bromista y socarrón por donde estaba enfocando la conversación.

–          “Luis, por favor. Déjame terminar de contarte que esto no es ninguna broma”.

Pasé a contarle lo que sucedió por la noche en mi dormitorio, obviando lógicamente que me hice la dormida y que le dejé que me tocase el coño con sus dedos. Luis enmudeció al oír que su hijo había entrado en mi habitación, que me había tomado fotos y se había pajeado y corrido encima de mí.

–          “No me puedo creer lo que me estás diciendo, Lola. No sé cómo ha podido suceder.” – decía entre resoplidos de agobio.

Cuando le conté la actitud agresiva de Iván al recriminarle las fotos y que me llamó cerda y que andaba provocándole, Luis montó en cólera. Le tranquilicé diciéndole que no había que sacar las cosas de quicio. Que había sido desagradable pero que no se alterase.

–          “Lola, hiciste bien en darle una bofetada.” – añadió. “Yo le hubiese matado en ese momento”.

–          “Te cuento esto para que hables con él y veáis cómo actuar, Luis”. – finalicé.

–          “No te preocupes que tomaré cartas en el asunto y hablaré con él. No se lo voy a contar a la madre de momento para no disgustarla. Te ruego, Lola, que no le comentes nada aún tú tampoco” – continuó en tono de disculpa.

Terminamos la conversación y me quedé más tranquila. No quería que hubiese ningún malentendido con Luis y su mujer, más aún cuando Iván era de los mejores amigos de mi hijo.

Dos días después fui al colegio a recoger a mi hijo ya que cogía bastante retirado de casa y me había cuadrado que salí temprano del trabajo. En la puerta nos encontramos los habituales padres y madres esperando a los chavales y comenzamos a hablar de los hijos, del trabajo y de intrascendencias, además de alguna broma que otra. Pasados unos minutos llegó Luis que me saludó con dos besos, como era habitual, y diciéndome lo guapísima que estaba siempre. Él y su tono adulador.

Luis era un reputado abogado de unos 50 años. Alto y fornido. No era guapo, pero sí que era un maduro atractivo y con un cuerpo bien cuidado con horas de gimnasio.  Era cautivador y tenía buen tema de conversación. Teníamos mucha confianza y nos hacíamos confidencias de nuestros matrimonios, las infidelidades de mi marido y las de él con otras mujeres debido a la insatisfacción sexual que vivía en su pareja desde hace años.

Antes de que salieran los chicos me apartó del grupo y nos encendimos un cigarrillo. Me comentó que estaba muy preocupado por lo ocurrido y que había hablado con Iván, cosa que me puso un poco inquieta. Me planteó que el miércoles él tenía el día libre porque Iván no iba al colegio, lo llevaba a un reconocimiento médico para el equipo de fútbol y que sobre las 12 estarían en casa. Que había pensado en hacer una especie de careo los tres aprovechando que su esposa estaba trabajando hasta por la tarde en el centro comercial. Yo le dije que estaba trabajando, pero él insistió y, dada la gravedad del asunto, decidí que pediría unas horas libres en el trabajo para asuntos propios. Dejamos ahí el asunto, aunque no me gustaba mucho la idea de hacer ninguna discusión incómoda con Iván delante de su padre.

El miércoles a las 11.30 salí de la oficina. Cogí el coche y fui hasta un aparcamiento cercano a casa de los padres de Iván. Al llegar al portal llamé al portero automático y me respondió a los pocos segundos Luis.

–          “Sube Lola” – y pude abrir la puerta y acceder al portal.

Al salir del ascensor me esperaba Luis con la puerta abierta. Me dio dos besos y me invitó a pasar dándome las gracias por ir. Me dirigió al salón a lo largo del pasillo, pero al entrar en el salón me sorprendí de la presencia de Paco, el padre de otro de los compañeros de clase de mi hijo.

–          “No te preocupes Lola, Paco es de mi absoluta confianza y estábamos tratando un tema jurídico que tiene entre manos”. – dijo Luis ante mi cara de extrañeza.

Le sugerí que lo dejásemos para otro día porque no me parecía procedente abordar este tema tan delicado así y pregunté que dónde estaba Iván. Luis me respondió que había mandado al chico a un recado e insistió en tratar la cuestión.

–          “Pero, siéntate, Lola. Sabes que estás en tu casa.” – me dijo mientras me servía una copa de vino y me indicaba que me sentase con él en el sofá. Paco estaba sentado en un sillón contiguo.

–          “Gracias, Luis.” – dije tomando la copa y dándole un sorbo.

–          “Mira, he estado hablando con Iván tal como te comenté y contrastando alguna cosa que me dijo y, tal como yo lo veo la situación es la siguiente.” – dijo acomodándose a mi lado en el sofá y en un tono que no me resultaba cómodo. “Mi hijo se está haciendo un hombre, como el tuyo, y le empiezan a gustar las mujeres y se fija en ellas. Es un chico joven con toda la fuerza de la vida” – se rió – “y tú eres una mujer guapísima y voluptuosa que atraes las miradas de todos los hombres. Vamos, que estás para mojar pan, ¿verdad Paco?” – el tono comenzó a incomodarme en exceso, aún más cuando Paco asentía con una media sonrisa en la boca mientras clavaba sus ojos con descaro en mis tetas.

–          “Luis, no creo que este sea el modo de tocar este tema …” – dije a la misma vez que Luis me interrumpía.

–          “Déjame terminar, Lola. No es menos cierto que es absolutamente anormal, incluso ilegal, que haya cosas que se hagan a niños de tan solo 15 años” – dijo Luis ante mi sorpresa y la mirada atenta de Paco que no perdía detalle.

–          “Pero de qué me estás hablando, Luis” – dije conmocionada.

Luis se inclinó sobre el ordenador portátil que tenía en la pequeña mesa que tenía frente al sofá donde estábamos sentados y lo abrió. Lo primero que vi a pantalla completa es una foto mía a en mi dormitorio con un corsé de encaje negro, ligueros, medias y tacones. Estaba apoyada en la pared y separándome los labios vaginales con mis dedos con una sonrisa. El mundo se me vino encima en ese momento y me moría de la vergüenza. Me quedé hundida en el sofá mientras Luis iba pasando fotos y videos. Eran imágenes mías follando con Antonio, con otras parejas, en orgías, usando mis vibradores, mostrando mis modelitos, varias fotos de un trío con dos africanos.

–          “Iván me ha robado ese material de mi ordenador personal aprovechando que ha estado en mi casa mil veces, Luis. Ese material es privado.” – respondí intentando sacar fuerzas de flaqueza.

–          “Mi hijo dice que se lo has dado tú y, tal como yo lo veo, estás encaprichada con mi hijo y has intentado seducirlo con este material.” – dijo Luis con tono seguro.

–          “Pero ¿cómo puedes pensar eso?” – grité.

Ya en ese momento, Paco tenía una erección más que visible a través de sus vaqueros y Luis era más agresivo en su manera de expresarse.

–          “Lola, este material podría terminar en un juzgado o en los grupos de WhatsApp de todo el colegio. Esto sería un escándalo para todos. Qué pensarían todos los padres, tu hijo, tu marido … incluso podrían derivarse consecuencias penales para ti.” – dijo Luis.

Para ese momento mi capacidad de respuesta era nula y me sentía aturdida y empezaban a brotar lágrimas de mis ojos.

–          “Le tenemos que dar a esto una solución como adultos y amigos que somos.” – continuó Luis. “Paco y yo nos conocemos desde la universidad y jugamos cada semana a pádel. Llevamos años hablando de las ganas de follarte que tenemos y de lo poco aprovechada que te tiene el cabrón de tu marido. Para colmo te lías con ese amante que tienes que, como veo, te comparte con todo el mundo menos con nosotros. Y pienso que como amigos que somos y visto lo ocurrido contigo y con mi hijo, puedo exigir una contraprestación.” –  sus palabras sonaban como un martillo en mi cabeza. “Yo me voy a quedar con todo este material que has mandado a Iván como garantía de que no vuelves a molestarlo y ahora Paco y yo vamos a follar contigo hasta que hayamos satisfecho las ganas que tenemos de follar contigo. ¿Estás de acuerdo?” – no pude ni responder, estaba completamente anulada por la situación.

Luis me ordenó que me pusiese en pie. Obedecí. Paco se puso detrás de mí y me quitó el jersey y la camiseta dejándome sólo con el sujetador. Mientras me clavaba con fuerza los dedos en los pechos y me pellizcaba con saña los pezones, mordía mi cuello, olfateaba mi pelo y refregaba su paquete contra mi culo. Al mismo tiempo Luis me había desabrochado los botones de mis vaqueros y me los había quitado junto con mi tanga. Estaba arrodillado con la boca en mi coño lamiéndome el clítoris.

–          “No te imaginas las ganas que tenía de saborear y oler este coñito tuyo” decía Luis mirándome.

A pesar de la situación, el trabajo que estaban haciendo Paco y Luis hacía que mi cuerpo respondiese a los estímulos y que comenzara a retorcerme de excitación y a escaparse algún gemido de mi boca. Estaba a punto de correrme cuando Luis paró de lamer mi coño y se puso en pie. Me tomó del cuello y me arrodilló. Se retiró un paso para observarme.

–          “Ahora vamos a darle a la mamá putita del cole lo que se merece, Paco.”- dijo mientras Paco se colocaba delante de mí de forma que tenía su paquete justo delante de mi cara.

–          “Sácame el rabo y cómemelo como te he visto hacer en los vídeos, puta.” – me ordenó Paco.

Desabroché su pantalón y cuando liberé su polla descubrí lo que ya intuía. Paco tenía un pollón enorme y grueso. Sus huevos eran enormes y casi ni me cabían en la mano. Escupí varias veces en su polla y me agarré con las dos manos a ella mientras comenzaba a mamar y succionar su glande.

–          “Uhmmmmmmm, mira Luis, como le gusta tomar el biberón” – dijo Paco mientras se carcajeaba y me agarraba la cabeza para comenzar sus embestidas contra mi boca y mi garganta.

Luis se había colocado detrás de mi y sin percatarme de ello se había quitado el cinturón de cuero del pantalón y lo había doblado por la mitad. Mientras la verga de Paco se seguía empotrando en mi boca haciéndome casi vomitar, escuché un silbido leve e inmediatamente un dolor inmenso en mi culo que me hizo gritar y tensar todo mi cuerpo. Las lágrimas brotaron de mis ojos del tremendo dolor. Luis acababa de azotarme con su cinturón con todas sus fuerzas.

Mientras lloraba de dolor Paco seguía follándome la boca sin piedad y animaba a Luís a que siguiera con los azotes. Intentaba tragar todo lo que podía, pero era imposible comerme ese pollón entero a pesar de las embestidas de Paco. Cada tanto, la sacaba de mi boca para dejarme respirar y me golpeaba con ella en la cara mientras se la sacudía. Se reían con cada nuevo azote. Lloraba de dolor y sentía mi culo arder.

Pasados unos minutos de azote y tortura, Paco comenzó a acelerar el ritmo de sus embestidas en mi boca. Me agarraba de la nuca y me daba pequeñas bofetadas en la cara mientras me ordenaba que abriese bien la boca. Acompasado con un gemido estruendoso clavó su polla en mi garganta y noté los chorros de su corrida. Me dio tos con aquel monstruo clavado en mi boca, lo que provocó que parte de su semen saliese por mi nariz y casi vomitase. Sacó su verga de mi boca entre hilos de babas y semen caliente mientras yo me retiraba con las manos las lágrimas de la cara y los restos de todos aquellos fluidos de mi barbilla.

Noté como Luis me agarró del pelo y me arrastró sin piedad hacia el sofá y me dejó de rodillas junto a este mientras se desnudaba. Se sentó completamente desnudo y con su polla dura apuntando al techo.

–          “Ahora me vas a hacer una buena cubana con esas tetazas que tienes y que me tienen loco hace años. Quítate el sujetador”. – ordenó.

Me escupí en las manos y unté mi saliva entre mis pechos y me acerqué para meterme su polla entre mis tetas. Me las apreté y comencé a moverlas pajeándolo. Cuando su polla asomaba él me empujaba la cabeza para que se la chupase. Estaba extasiado a tenor de sus suspiros y de su cara mirando el espectáculo. Yo sabía que no tardaría mucho en correrse, pero me ordenó parar.

–          “Quiero que me cabalgues. Paco nos va a tomar algunas fotos de recuerdo” – me dijo medio susurrando.

Supe lo que quería. Me coloqué a horcajadas sobre él dándole la espalda. Agarré su polla y me la introduje en el coño. Cuando la noté completamente dentro de mí comencé a hacer movimientos circulares con mi pelvis. Quería que terminase de una vez todo aquello. Luis bufaba de placer con su polla siendo masajeada dentro de mi coño. Me agarró de las tetas y me atrajo hacia él apretando así su pecho contra mi espalda mientras maltrataba mis pezones con sus dedos hasta el punto de hacerme gritar. Paco hacía fotos con su teléfono mientras se la meneaba y volvía a estar empalmado con aquel monstruo que tenía entre las piernas.

Cuando se cansó de hacer fotos Paco se acercó agarrándome las piernas y levantándomelas. Tenía la polla de Luis en el coño, pero supe las intenciones de Paco inmediatamente. Acercó la punta de su enorme rabo a mi sexo empapado y comenzó a empujar y a abrirse paso en mi coño junto con la polla de Luis. Pudo meter solo la punta entre mis gemidos y mis gritos. Noté cómo comenzada a presionar y empujar para abrirse paso. Tuve miedo de que no me cupiesen ambas, pero embestida a embestida penetraba más y más hasta que de un golpe de cadera seco noté como me la había clavado entera. Estaba empalada por aquellas dos pollas que rítmicamente comenzaron a entrar y salir con violencia. Los temblores de mi cuerpo me anunciaban un orgasmo de dimensiones bíblicas. Gritaba poseída y sin control mientras me follaban el coño sin compasión. Paco me azotaba los pechos con una mano mientras que con la otra me apretaba el cuello hasta el punto de parecer que me quedaba sin aire en algunos momentos.

Comencé a temblar y mis músculos se tensaron entre gemidos y gritos de placer cuando me corrí, pero ellos continuaron embistiendo y follándome con violencia. Tras semejante orgasmo mi cuerpo se destensó. Me sentía una muñeca de trapo a merced de aquellos dos cabrones que me habían chantajeado para usarme sexualmente. Tras unos minutos de gemidos, dedos clavados en mi cuerpo y pollas en mi vagina, noté como ambos comenzaban a correrse y cómo su semen inundaba todas mis cavidades.

Se quedaron con sus pollas dentro unos minutos hasta que se aflojaron. Al sacarlas su semen chorreaba por mis piernas y casi no me podía tener en pie.

Pedí a Luis que necesitaba ducharme para volver al trabajo.

–          “No, preciosa.” – me dijo Luis – “Te vas a ir al trabajo cargadita con nuestra leche.”.

Me puse la ropa y me dispuse a marchar después de arreglarme un poco el pelo y el maquillaje en el baño. Me sentía humillada y utilizada, pero me habían dado una de las folladas más salvajes de mi vida.

Antes de marcharme Luis se acercó y me dijo al oído – “No vuelvas a pegar a mi hijo, recuérdalo. Y si algún día quieres más de esto que te hemos dado hoy …no tienes más que pedirlo”.

Agradecemos vuestros comentarios.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *