soy la sumisa de mi profesor

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Esa tarde soleada Dalila se la pasó manoseando su chocho en la penumbra. Sus mejillas ardían y la habitación olía a su vagina. Había estado fantaseando otra ves con una situación imaginaria: un hombre corpulento, fuerte, de voz firme y sin vacilaciones la amarraba y le castigaba los pesones, le perforaba su ano desoyendo sus súplicas y le pedía que confiese, que dijera fuerte y claro lo que era: una puta sumisa.

Pero de la fantasía al hecho hay un largo trecho. La espléndida Dalila era una joven universitaria orgullosa, que cuidaba de su imagen frente a los demás. Deseaba ser dominada, pero su orgullo no le facilitaba lo más importante: encontrar un amo. 

Su deseo se cumplio más temprano que tarde, y en el lugar donde más protegía su fachada de mucheca de porcelana: la facultad. La oprtunidad también llego de la persona menos esperada: su profesor de historia. Un tipo mucho mayor que ella, corpulento, moreno, de tono de voz grave y pausado que era el temor de todos en su carrera. El tipo era exigente, padre de familia, de unos 37 años muy bien llevados. 

El tipo le pidio que se quedara a hablar un poco sobre la materia. Cuando todos se fueron quedaron en silencio, sentados uno frente a otro, separados por su escritorio. El la miró fijamente. Ella desvió la mirada, el silenció la ponia nerviosa. Quiso decir algo pero el la detuvo. 

Buscó algo en su portafolios. Lo arrojó contra el escritorio: un dildo. Ella lo miró sorprendida

– ¿Por que esa cara de sorpresa? Conoces bien ese objeto. Anhelas más que nada en el mundo llevar uno puesto a todas horas para tu amo. 

Ella se quedó en silencio, roja de verguenza. 

– Profesor… yo..

– Tu eres una putita… ni siquiera eso. Eres una sumisa. Solo que aún no encontraste tu amo. 

Esas palabras la sonrojaron aún más, sentía como su bombacha se estaba empapando. Miró atrás, no queria que la descubrieran asi. Volvio a mirarlo.

– ¿Cómo?…

-¿Como lo sé? digamos que soy muy bueno hackeando celulares. Pude comprobar esas páginas que visitas. También pude escucharte y verte en varias ocaciones mientras te masturbabas. 

Se le heló la sangre. Y le hervía el chocho a la vez, sentía burbujear su vagina de exitación

– Dame tu bombacha sumisa.

– ¿Qué? No! yo no voy a

– Si no queres, adelante. pierde tu oportunidad de vivirlo en carne propia. Allí esta la puerta

Silencio otra ves. Victor se armo de paciencia para no darle unos chirlos ahi mismo, pero sabia como eran los primeros pasos. 

Lentamente dalila desliso su bombacha y la dejó sobre la mesa. Brillaba por sus flujos.

– Ya estas mojada veo. Bien. Colocate el dildo. 

Dalila dudo, lo tomo, e intentó introducirselo debajo de la pollera. Victor la observó divertido, como intentaba en vano hacer entrar en su ano aquel objeto. 

– Ya, ya.. te ayudo. Ponte en cuatro a ver (Se incorporó y caminó junto a ella). En cuatro sobre la silla vamos..

La voz firme de él le quitó todas las dudas. Giro y se puso en cuatro. En esa posición podía ver la puerta. Sintio como el le levantaba la pollera dejando expuesto su trasero. 

– Espera! yo.. (intento tocar la pollera para bajarla pero el le sujeto las manos)

– Una sumisa es una sumisa. Obedece y punto (Tomo con su mano libre el dildo y lo frotó contra el chocho de Dalila, lo movió con habilidad sobre su clítoris empapado) ¿Y vos que sos? decilo

– u-una sumisa.. (ella elebaba el trasero como una gatita para dejarle más espacio a el para maniobrar con el dildo, sus flujos escurrian por sus piernas)

– mmm… no lo sé. no te oigo convencida. (Dejo de frotar el dildo) ¿Que eres?

– una sumisa! yo soy tu sumisa!

Victor introdujo de golpe el dildo el dildo en el trasero de Dalila.

– Retenlo ahi, si se te cae tendrás un castigo más fuerte. Sientate. 

El se apoyo sobre la mesa frente a ella. Con cuidado y con el ano adolorido Dalila se sentó sobre sus jugos. 

– Levanta la pollera y abre las piernas, te quiero bien expuesta.

Ella respondió a la orden. En esa posición el dildo se le enterraba más en el culo. 

– Tomá, estas son mis condiciones. (Le extendió una hoja impresa) Lee.

Dalila comenzó a leer mientras el le desabotonaba la blusa, colocaba sus enormes pechos sobre su corpiño y empesaba a tirar de ellos lentamente.

“Condiciones para la sumisa:

La sumisa obedecerá siempre sin hacer preguntas

La sumisa debera utilizar siempre tacos, minifalda, ir sin bombacha y utilizar un dildo todo el tiempo

El amo puede disponer de la sumisa para ofrecerla a otros hombres o mujeres

La sumisa puede tener una palabra clave cuando necesite parar

La sumisa concurrira al establecimiento donde la cite su amo y aguardara completamente desnuda, en posición de perrito, solo con el dildo y los tacos puestos.”

Las últimas líneas dalila las leyó de forma entrecortada por el dolor que le provocaba Victor en sus pezones. 

– Bien. (solto sus pezones) Te espero hoy en el telo “Colina Azul”, habitación 15 a las 22hs puntual. ¿Alguna duda?

Dalila tenía muchas, pero le hervía tanto la sangre que no podía pensar.

– No

– Bien.. Antes de irte limpia bien esa silla.

Victor tomó sus cosas

– Es-espera con que lo limpio? 

– Con tu lengua de sumisa. Ahora…

Atardecia y los ultimos rayos de sol pintaban el salón con un peculiar tono ambar. Dalila lamía y lamía su silla en cuatro patas, alzando su culo ante su amo. Quien le acariciaba los gluteos y movia el dildo ritmicamente, ordenandole a su gatita que se apure. 

Comentarios: mariii6758@gmail.com

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