Mi puta con su perro. relatos de zoo

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Hola, lectores! desde que incursione con mi primer relato en esta categoría, me sorprendió la cantidad de visitas o lecturas recibidas y la valoración general obtenida, razón por la cual he tomado un tiempo para armar una historia que espero sea de su agrado y supere la anterior. Para ser honesta no practico la zoofilia, pero me he masturbado hasta la saciedad con algunos juguetes vibratorios y un tubérculo tallado (como verga canina) envuelto en envoplast, para escribirlo. He mojado y remojado la silla plástica, la cama, el piso; me he puesto en cuatro, acostada, de pie apoyada de una esquina del cuarto… Y lo que puedan imaginar. También volví a leer y releer los relatos @o@ (de quien me inspiro a participar en esta categoría) más una pila de relatos; cortos, largos, reales, inventados, con errores, sin errores, guías (principiante, intermedia y avanzadas de zoofilia), incluso leí algunos de los comentarios en cada relato. Espero que esta historia fuera de algunos aspectos, respete el debido y original proceso de las relaciones reales con perros.

Espero poder conseguir igual o mejor valoración que el anterior… Pero lo que más deseo son sus comentarios, sobre todo aquellos que me ayuden a corregir las muletillas o errores narrativos, descriptivos o de tiempos. Por tal razón, si están inscritos y se toman el tiempo de leerlo, por favor, tómense un tiempito más y dejen su comentario; bueno, malo o didáctico. La localidad es real y las situaciones pudieran ser o no posibles según sus criterios, Uds. Deciden. Sin más que añadir… Disfruten del relato.

Localidad: La Colonia Tovar – Venezuela (Pueden buscar fotos y hacerse una idea más visual) La playa no sé el nombre, pero es por donde entraron los alemanes que dieron inicio a la Colonia Tovar.

P.D: Mis relatos son largos, hacerlos cortos para mí es muy difícil ^u^/ espero sus comentarios y valoraciones.

___________________________Si no leíste el anterior, considerar esto___________________________

Claudia es una chica hermosa, de tez clara, cabello largo lacio castaño, ojos sensuales de color avellana y facciones faciales suaves. Sus piernas largas y gráciles terminan en una colita bien formada y sin excesos. Sus pechos en forma de pera son firmes y tersos con unos pezones y aureolas rosados pálidos que cuando se yerguen, despuntan altos y salientes haciéndose notar, su cadera y cintura se funden suavemente en una ligera curva por un abdomen ligeramente relleno sin formar cauchos, pero sin ser plano tampoco.

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Primer día en la Colonia Tovar.

Aquella tarde con Rafael y Mozart… Despertó en mí una sexualidad que jamás considere tener, ni en mis más alocadas fantasías. Rafa, tras el evento no para de decirme -Tus ojos y sonrisa me enloquecen, nena-, según él, desde entonces (yo) emitía un “no sé qué” nunca antes visto por los ojos. Pero quizás, eso, no era lo único, aquel tácito secreto (tácito, porque si sale de bocón a contarlo… ¡VA A ARDER TROYA!) en él, solo despertaba un morbo. Pero en mí, en mí era más que un simple morbo, era la bipolaridad a una sexualidad ávida por nuevas aventuras (no meras fantasías…), era, un más allá del sexo sentido -perdón- un más allá del sexto sentido, un séptimo… Podría decirse como un cosmos sexual que me hacía más femenina, más mujer y ahora encima de todo, una hembra. El sol salía más radiante y caluroso cada mañana, las noches de luna llena eran refrescantes con su cielo azul oscuro y violeta repleto de estrellas. Todo tenía un matiz diferente con colores, estrellitas, corazoncitos y emoticones dentro de mi mente, incluidos los perros.

La primera vez que sentí otras ansias uterinas después de aquello, fue en casa de uno de mis tíos en la Colonia Tovar (a pesar de que prácticamente fui de mala gana). Cuando llegamos y nos saludamos protocolarmente salió un perro extraño a nuestro encuentro (NO, ALLÍ NO SENTÍ NADA, SOLO VI QUE HABÍA UN PERRO) bajamos las cosas del carro y las llevamos a los cuartos. Mi papá y mi mamá se quedarían en el cuarto de visitas, mientras a mí me correspondería dormir en el cuarto de mi primo (quien mis tíos, habían sacado del país a mitad del a principio de año) donde había una cama individual, clóset y un escritorio con una computadora. De pronto escuche a mi tía Aura pegando unos gritos.

-¡Oye, suelta eso! ¡Odín… Vuelve aquí!, ¡Willy, Willy…! ¡Quítale mi braga al perro! -Gritaba mi tía.

-¡Odín! Dame, suelta eso… -Escuche que decía mi tío muerto de risa, al mismo tiempo que yo salía del cuarto, pensando «¿El perro tiene las bragas de mi tía?, tengo que ver eso».

-¡Suelta eso perro quesuo…! ¡Te va a salir un chancro en la boca! -Prosiguió mi tío en un tono jovial y sarcástico a la vez que le cortaba el paso entre el comedor y la sala como si aquello fuera gracioso (bueno, para mí lo era).

Mi tía Aura le bloqueaba por un lado y mi tío por el otro, lo que solo causaba que el perro meneara la cola y los viese moviendo los ojos entre las sillas del comedor. «Este perro conoce el olor de una hembra» me dije, al verle la braga en el hocico.

-¡Me la va a romper…! Willy, si la rompe, me vas a tener que comprar otra braga… 

-Ya… Ya… Ven muchacho… Ven, suelta eso -Le decía cariñosamente al perro, el cual se acercó agitando la cola hasta echarse patas arriba donde él estaba. -¡Bravo, bravo…! Buen muchacho -Dijo finalmente al soltarle la prenda. -Ten mujer… Deja el escándalo.

-Ningún escándalo… Vergüenza te debería dar, semejante espectáculo con visitas en casa.

Para ese momento ya mis padres también estaban viendo el espectáculo y, a pesar de las disculpas y de que todo había sido gracioso, ellos siguieron ¿platicando? (Algo por el estilo). Yo, por otra parte, estaba absorta y observaba al perro. Se veía que era callejero, callejero, decir que era raro es poco, era quizás un poco más alto que Mozart, pero carecía de corpulencia, ciertamente delgado, era como ver al Vagabundo de Walt Disney, pero con una oreja larga y otra corta, de color gris mayormente, pero con extrañas manchas más claras, oscuras y negras (como el diseño de algunos border collie mirlo). Su pelaje parecía; áspero, desprolijo y desatendido, sí, todo el conjunto le otorgaba la apariencia de una gran tormenta, era como un Schnauzer muy grande, pero con un pelaje muy extraño, tenía las puntas de las patas manchadas; unas terminaban negras y otras blancas cruzadas en “X” y una mancha blanca como un diamante o estrella de cuatro puntas en el pecho, su hocico era más rectangular que el del Golden Retriever, color gris degradado a gris plomo según el largo de los pelos que crecían a los lados de este.

Cuando lo miré patas arriba no pude menos que suspirar profundamente «lindo coroto que debes tener guardado» pensé, sintiendo una cosquillita que me bajaba desde los senos hasta la entrepierna (mientras mi tío Willy acariciaba el vientre del perro), apreté mis piernas y contraje los músculos pélvicos, sintiendo un rico burbujeo y calorcito en mi conchita, imaginando al perro comiéndome el coño afanosamente. No sé si me disgustaba más; el que no fueran mis bragas o el hecho de no tener certeza de conseguir un tiempo a solas con el perro. Luego de aquello, el perro se la pasaba de un lado al otro tras todo el mundo, buscando atención, pero como nos hallábamos todos reunidos cotilleando de diversos temas en los que yo también estaba inmiscuida, tuve que contenerme y ser comedida. Cuando nos sentamos en la sala a platicar, entre toda la gama de cuentos de rutina salió a relucir el perro.

-Willy ¿ese es el perro que mencionabas por Facebook? -Pregunto mi papá.

-¿Catumpi? Sí, es él  -Respondió mi tío.

-Ja, ja, ja, ja, ja, ja ¿Cómo así, Aura le llamo antes Odín? ¿Cómo es la vaina por fin? Je, je, je. 

-Sí, Catumpi “canino tumba pipote”. Para Aura es Odín. Sin embargo, hemos tenido quejas de algunos vecinos, que cuando sale solo, tumba los pipotes y rompe las bolsas de basura, todavía no pierde algunas costumbres de la calle, así que le digo Catumpi.

-Pero… Coño, hermano ¿No pudiste buscar algo mejor?

-Ah no, nada de eso, Odín es mejor guardián y compañero que cualquier perro de raza. -Salto mí tía azorada.

-Pero es muy raro tía… ¿De dónde lo sacaron?

-Mentira papi, tú no eres ningún perrito raro -dijo mí tía hablándole cariñosamente al perro quien le devolvió la mirada y puso su cabeza en el regazo de mí tía. -Lo encontramos abandonado Alejandro y yo, hace un poco más de un año, un poco antes de llegar al arco del pueblo, estaba casi muerto, lleno de ronchas, llagas, sarna, grasa, gasoil y flaco. Nos dio tanta lastima… No pudimos dejarle abandonado.

-Sí, cierto, lo único que abandonaron fue la cuenta del veterinario JA, JA, JA, JA, JA, JA -Hubo cierta risa colectiva. -Ahorita se ve así, pero estaba peor y más feo de como se ve ahora, paso casi dos semanas en el veterinario por; curas, exámenes, estabilización, vacunas y baños -prosiguió mí tío. «Que bien, ya está vacunado» pensé.

-¿Y que le paso en esa oreja? ¿Por qué la tiene más corta? –Pregunte, viendo a mi tío.

-El veterinario sospecho que lo habían quemado con algún tipo de ácido, incluso tenía quemaduras similares en el cuerpo, la oreja era la que estaba peor y se le amputo la parte afectada. Ahora no se despega de Aura excepto cuando tomo su correa, juguete o le llamo para subir en la camioneta ja, ja, ja, ja, ja, No, hablando en serio, nos salió buen compañero ahora que Alejandro no está.

-Si, bueno… Creo que tomaste una buena decisión al respecto y lo hiciste en buen momento, esperemos que esto mejore y pueda volver. -dijo mi papá, mientras observaba las caras lánguidas que ponían mis tíos.

-Pobrecito… Menos mal que los consiguió a Uds. Se ve tan raro… Y, ¿Qué edad tiene? –argumente devolviendo la conversación al perro.

-Nos dijeron que no debería tener más de dos años, que era joven, luego de traerlo estuvo con antibióticos, protectores gástricos, cardo lechoso y vitaminas por casi un mes. Pero es bueno, amoroso y juguetón. Willy ahora hace más caminata que antes y esta de mejor humor -Prosiguió mí tía.

-Sí, al menos nos ha mantenido de buen humor a ambos, no es Alejandro, pero es como otro muchacho en casa -dijo mí tío, quien llamo al perro con unas palmaditas y le acaricio. Tras esto, el tema de conversación cambio.

El chalet de mis tíos es hermoso, y posee de tres plantas. Queda bajando una colina en una hilera de cinco chalets, siendo el de ellos, el segundo; en el nivel calle están; la cocina, el comedor, la sala con chimenea natural de leña, más un baño (el cuarto del lavandero queda por fuera en el estacionamiento). En la planta alta están; el cuarto de visitas con; un clóset, una mesita de noche y una cama matrimonial y el cuarto de Alejandro con; clóset, cama individual y un escritorio pequeño con una computadora, ambos cuartos con ventanas corredizas que daban a laderas con sembradíos de fresas. En la planta inferior está el cuarto matrimonial con un Vestier y baño grande con una bañera de hidromasajes para dos personas, dos mesas de noche, una cama King size y detrás de dos pesadas y gruesas cortinas se escondía una inmensa puerta corrediza que daba a un patio en bajada con la misma vista a los sembradíos. Por fuera, el estacionamiento es para dos vehículos, y a la derecha de ellos hay dos terrazas a diferente nivel, en una estaba una parrillera de ladrillo pegada a la pared colindante y un leñero, en la otra un poco más baja estaba una mesa de jardín con su sombrilla recogida y seis sillas plásticas marrones que simulaban el mimbre, por esa misma terraza una escalera de piedra de media vuelta de caracol conducía al patio (por donde también se podía llegar por las puertas corredizas del cuarto principal) de esponjosa grama en bajada moderada, muy hermoso todo de verdad.

Ya instalados, mis tíos nos invitaron a dar un paseo y caminar un rato por la Colonia, por lo que salimos de casa (lo cual me dio una pausa emocional), visitamos la iglesia, comimos salchichas alemanas de diferentes tipos, tomamos unos chocolates calientes y comimos fresas con cremas, lo pasamos chévere. Una vez en casa, mis padres y mis tíos se sentaron a platicar y tomarse unos tragos en la mesa de jardín que precedía al patio, yo aproveche de cambiarme y me coloque un short corto, una sudadera, dos pares de medias y unas crocs. Luego, baje al salón a ver televisión cerca de la chimenea, Odín se la pasaba subiendo, bajando, entrando y saliendo, ver gente nueva era algo diferente y emocionante para él y, estaba pendiente de todos.

En determinado momento observe que el perro tenía un juguete amarillo que chillaba en el hocico, buscando juego o algo de atención por parte de alguien. Pero por lo visto nadie le presto mayor atención, así que lo volví a ver, pero esta vez paso cerca de mí y entonces se sentó. Yo estaba sentada en el sofá viendo televisión, nos miramos fijamente el uno al otro y de repente empecé a abrir y cerrar las piernas «¿Huelo rico? a que sí… Puedes olerme desde allí ¿verdad?, ¿quieres lamer mis bragas…? ¿O prefieres lamerme el coño?» Le decía insinuándome telepáticamente. A la vez que contraía y dilataba los músculos sin moverme ni apartarle la vista. El perro mastico el pollo muerto de hule que chirrió agonizante unas tres o cuatro veces, lo soltó, saco su lengua jadeando un par de veces, se relamió el hocico, rasco su oreja corta unos instantes, se lamió el prepucio que ocultaba su miembro y volvió a tomar el pollo antes de irse. «No te entiendo, ¿Me estas retando…?» pensando que respondía a mis provocaciones por medio de esas señales, recordándome lo ocurrido con Mozart y estremeciéndome fútilmente. 

Calificar aquello como una respuesta me provoco cierta ansiedad y morbo, solo de pensarlo mi vagina comenzó tener contracciones y volví a sentir aquel rico síntoma que había tenido antes, cuando el show con la braga. Logrando que empezara a calentarme y tener ganas de masturbarme, no las aguantaba, experimentaba una libido inusual que me empujaba a ello. Me levante del sofá como si me pellizcaran el culo y camine de un lado a otro por la casa; ensayando las posibilidades y tomando en consideración diversos factores… (lugar, personas alrededor y oportunidad).

Mientras más peligroso me parecía, más excitada me ponía, imaginaba a Odín; lamiéndome la concha, abierta de piernas en el sofá «Podría funcionar, si me pongo una mini falda o camisón de dormir rueda libre… Podría ser…»; montándome en cuatro, embistiéndome furibundamente y descargando toda su leche en lo más profundo de mi ser «Pero… ¿Dónde Claudia?, no creo que sea aquí, ¡Sí! Seria divino en la alfombra de la sala, pero estas fuera de la realidad… ¿Entonces, donde?» (solo imaginarlo me provoco un suspiro), estaba en una lluvia de ideas, conteniéndome y mordiéndome una uña.

Antes de venir había prometido a Rafa que iba a considerar lo ocurrido, siempre y cuando se mantuviera entre nosotros y nos informáramos mejor al respecto. Él quería que le hiciera sexo oral al perro como en un video que vimos juntos, pero esa vez me dio cierta repulsión siquiera tocarlo, menos todavía meterlo en mi boca. Cuando por fin estaba más abierta al tema salió la visita a casa de mis tíos. «Claudia… ¿Y si le chupas la verga? ¿Cuánto tiempo podrías tardar…? ¿Y si sabe horroroso…? Hacer algo aquí, supondrá que no pueda; gemir, jadear y gritar libremente, seria toda una hazaña lograrlo. ¡Sí! El sexo oral sería la mejor opción antes que pegar un grito a la primera empalada o al quedar abotonada…» Estaba ensimismada en mi tormenta cuando empezó a sonar el celular.

Por la música cachonda sabía que era Rafa, solo a él le gustan este tipo de letras que parecen más habladas que cantadas.

-¡Alo! ¡Alo! Hola Rafa… Sí, llegamos hace ufff… No, no pude, se me paso… Si bebé, perdón… Aja, ya comí ambas cosas… Si estaban ricas, ricas… No, no lo sé, creo que cuatro días… Si, pásamelo, ¡Mozart, Mozart…! como esta mi perrito bello ¿cómo está el consentido de maní…?  Si bueno, regresamos en unos días… Y tú en mí… Adiós, bye amor.

Rafa me había cortado la onda… Así que empecé a andar de aquí para allá retomando el hilo de las ideas.

-Piensa mujer… En donde estábamos antes de Rafa. Odín; esto, eso, aquello, lo otro, Odín, Odín… Cómo me gustaría ser perro ¿Odín, como escoges a tu hembra? ¿Te gustan mulatas de coñitos oscuros? Sí… Seguro te gusta más el coño de mi tía, ¡bragas! Odín… Las bragas de mi tía, eso es… Me pregunto si estarán…

Me enfile al lavandero donde recordé haber visto un enorme cesto rectangular de plástico al lado de la lavadora -aquí está, debe ser la ropa sucia-, levante la tapa y urge un poco, revolviendo el cesto y recordando que Odín la había tenido antes en su hocico -¿Dónde está? Debería estar aquí… No, no, no, no, debe ser está ¡sí! está es- la encontré y no resistí la tentación de llevarla a mis fosas nasales y oler el almizcle de mi tía… (algo me estremeció, una mezcla de obscenidad y fanatismo se estaba apoderando de mí, acelerándome el pulso), en la prenda todavía se podía oler el perfume del jabón, como también el olor salmuero del sudor y las emanaciones corporales propias, sí, olía a hembra dominante. Su olor era tan fuerte que me produjo cierta envidia. Estaba muy excitada y senti un hormigueo en los pechos que empezó a despuntarme los pezones.

Me llevé la braga y subí al cuarto, cerré la puerta, me recosté en la cama cerca del filo dejando que mis rodillas colgaran al borde de esta. Cuando me quité la franela y bajé el short a medio muslo no pude contenerme más y, cerrando los ojos olí nuevamente la prenda de mi tía -Odín seguro ya ha comido de aquí… Ella dijo “es amoroso y juguetón”- «¿Odín, ya jugaste con mí tía? Juega conmigo…» Pensé. No me asombró para nada descubrir que el entrepierna de la tanga estaba caliente y húmeda cuando pase la mano por ella… Baje la braga también hasta mis rodillas y recogiendo las piernas me quite ambas prendas dejándolas caer al suelo antes abrirme de piernas y meterme dos y tres dedos frenéticamente en el coño, dentro, fuera, dentro, fuera, dentro, fuera, dedeándome con una mano mientras con la otra presionaba la prenda de mí tía contra la nariz -¡Oh dios, que rico…! ¡Mmmmmgghh…! ¡Santo cielos…! ¡Así…! ¡Así…! Que caliente estoy… Parezco perra en celo- un hormigueó me hizo recoger las piernas a la vez que mis dedos chapoteaban cada vez más entre salinos mares de flujos, producto de pequeños orgasmos que venían uno tras otro, arqueándome entre suaves y continuos temblores «Odín… Será que ya montaste a mi tía, ya la hiciste tú perrita, ¿por eso te gustan sus bragas?» Pensé, ¡jaaahh…! ¡jaaaahh…! ¡jaaaahh! respiraba profunda y entrecortadamente (recreando las series de fantasías de las cuales no tenía la certeza de poder realizar), a la vez que apretaba la prenda contra mi nariz y boca.

De inmediato recordé a Mozart lamiéndome el coño y empecé a rascarme la cuchara de abajo a arriba como la lamería un perro. Mi excitación aún no mermaba y seguí masturbándome hasta alcanzar otro orgasmo y aliviarme un poco más. Entonces tome mi braga y la olfateé junto con la de mi tía «Yo también soy buena hembra, sé que te va a gustar Odín, soy perrita joven» quería probar ambas prendas, lamerlas y chuparlas, pero la braga de mi tía estaba seca, así que me lleve los dedos a la boca degustando mi propia esencia -¡Aaahh…! ¡Sí, que rico…! Estás divina Claudia, mejor que la perra negra de tu tía- lamí mis dedos una, otra, otra, otra y otra vez hasta que los espasmos descendieron. Me termine de desvestir (quitarme el brasier de algodón y los dos pares de medias) y me acaricie con anhelo todo el cuerpo caliente, manoseando las tetas y halándome los pezones, pensando en Odín montando a mí tía; deseando ser ella o su pantaleta para estar entre sus fauces. Me había masturbado muchas veces, pero nunca como esta. Fue mi primera masturbación pensando en un perro y se sentía genial, quería por lo menos ofrecerle mis bragas y que supiera que estaba disponible para él.

Tras un merecido reposo y retomar la cordura, me levanté de la cama aún presa de la lujuria y el morbo, me mordí el labio y mirando para abajo, abrí mi entrepierna con una mano mientras con la otra me introducía poco a poco la tanguita dentro del coño a manera de tampax, dejando las partes de sus extremos por fuera para poder halarla en cualquier momento. Me coloque de nuevo el short, las medias, el sostén y la sudadera y, me enrolle la cobija de lana antes de salir del cuarto y bajar.

Cuando salí del cuarto mi mama y mi tía estaban en la cocina, conversando y viendo que iban a preparar para picar o cenar, me acerqué un rato a ellas, pero como éramos muchas manos para una cocina tan pequeña me fui de nuevo al sofá y encendí el televisor. «Que frustre» pensé. La sala era muy hermosa, todos los muebles y adornos eran muy colonial, y la chimenea para leña natural más la alfombra gruesa en tonos de vetas marrones, verdes y rojizos invitaban a fantasear de lo lindo -Que rico seria hacerlo aquí en la alfombra con la chimenea encendida- murmure suavemente para mí a la vez que frotaba mis pies en ella (Imaginándome en cuatro con Odín encima), pero las voces en la cocina y afuera no me permitían idear nada.

Odín, fastidiado, entro por la puerta y se puso velar comida, pero mi tía lo corrió diciéndole que lo de él, era más tarde. Ya con cierta resignación, le llame y vino a echarse a mi lado a los pies del sofá, me acosté en el mueble y comencé a acariciarle su cabeza, jugué un rato con sus orejas y seguí por el lomo mientras miraba con desdén la televisión, Odín sé estiro y empezó a agitar una de sus extremidades traseras como cuando se están rascando -tiene cosquillita el perrito…- Lo rasqué un par de veces y proseguí con mis caricias, sintiendo su pelaje entre mis dedos, que pese a su apariencia, en realidad era suave, Odín se giró un poco más hacia mí y quedo panza arriba con las piernas abiertas. Lo acaricie desde el pecho a su barriga; bajando, subiendo, bajando, subiendo, bajando, me aproxime más al filo del sofá y lo miré, se veía relajado y contento, tenía la lengua fuera y respiraba a veces como suspirando. «Oh dios, ¿Qué voy hacer, contigo…?» Continúe bajando por su vientre y le acaricie los testículos y el prepucio donde se esconde su miembro; arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo, acariciando los testículos y repitiendo un par de veces más (Absorta en mis fantasías, le veía con muchas ganas de ser su hembra…) Estaba tan embargada por el morbo y la lujuria, que había olvidado que mi mamá y mi tía seguían en la cocina presentes, cuando me di cuenta, el perro se había levantado y empezado a corcovear con parte de la verga fuera; derramando unos chorritos traslucidos en el piso cerca del sofá. Su verga parecía un gran lápiz labial marmolado rosa, de aspecto baboso y con una punta como en forma de aguijón.

De inmediato me asuste (quede petrificada un instante) «¿Que hice…?» pensé, y salte del sofá a tomar el pollo y sonarlo sentada en el piso bloqueando la vista directa hacia el perro, si volteaban que finalmente lo hicieron solo me verían jugando con el perro y el pollo muerto de hule a través de algunos muebles -¡Pollo! ¡Koookooouu…! Pollo, pollo ¡Koookoouuu! ¡JA, JA, JA, JA, JA! es mío, es mío…- jugué arriesgándome con el corazón dándome coñazos por la adrenalina -JA, JA, JA, JA, JA, basta Odín… Basta, ten, toma el pollo- proseguí, pero él solo trataba de saltar, de tumbarme, de lamerme y de seguro hasta montarme… De pronto algo capto su atención inmediata, movió las orejas y ladro un par de veces -¡Shhhh! cállate… Ven, espera…- grite «Van a descubrirnos» pensé, y un escalofrió me recorrió la espalda. El perro volvió a ladrar y observe que mi mamá y mi tía volteaban a mirarnos en el mismo momento que Odín salia corriendo no sé a dónde. De repente escuche varios ladridos; los de él, otros cercanos y otros lejanos, creo que discutía con otros perros, quizás les estaba diciendo “¡Amigos! Estoy con otra perrita humana, déjenme en paz” el alma me volvió al cuerpo y hasta sonreí con cierta ironía. Aliviada y con el corazón retumbando en el pecho, consideré que el perro solo había respondido a un acto natural en sí y que había pasado tan rápido entre el comedor y la cocina que quizás no le habían visto el miembro afuera.

Ahora entendía el refrán “Te dejaron como novia de pueblo… Vestida y alborotada”; con los pezones duritos, la concha caliente y mis latidos acelerados…. Al notar que ellas volvían a lo suyo, me acerque a los chorritos dejados y, recogiéndolos con un dedo me los lleve a la boca… Lo primero que sentí es que era un poco más agrio que el de Rafa, un tanto resbaloso, más líquido y de mayor densidad, nada desagradable por lo demás «debe ser su flujo preseminal, no creo que sea semen…» Me dije, degustándolo un par de veces más, recogiendo la mayor parte posible para familiarizarme con su sabor y grabarlo en mi mente cochambrosa. Sin más que degustar y por el olor a comida que flotaba en el ambiente, me levanté del piso desperezándome toda, me enrollé la cobija y salí a recorrer la casa por fuera.

El sol ya se estaba bajando, por lo que la tarde empezaba a ser fría conforme caía la noche, y una brisa refrescante que me entro por debajo del short me acaricio la cuchara que estaba rueda libre con la tanguita metida. Decidí ir donde mi papá y mi tío, pero al ver que me acercaba me pareció notar que cambiaban de tema, me senté con ellos y, en medio de trivialidades, respondi con monosílabas a ciertos temas, entonces, Odín sé acerco a mí y coloco su cabeza en mis piernas con ojos triste «Ahora es que vienes a darte cuenta… Tendrás que aguantarte junto conmigo» y me azuzo dándome con una pata y como no le paraba bola me empezó a ladrar.

-¿Qué quieres? No tengo nada… Anda sal, ve a pedir comida a la cocina, shuuu, shuuu –Pero solo obtuve otro ladrido como respuesta.

Seguro él quería tanto como yo, pero estaba frustrada. Mi tío, conociéndolo mejor, agarro un leño cercano y lo lanzo en dirección al fondo del patio, el perro corrió escalera abajo y al poco tiempo volvió con el leño, mi tío se lo volvió a lanzar y volvió a bajar por él, aquello me animo y a la tercera tome el leño y baje al patio a jugar con él en ese arroja y trae, también hice que corriera conmigo por quitarme el leño, o simulaba lanzarlo pero no lo hacía, incluso jugamos a las haladas… Cada quien halando al otro. Terminé por sentirme de mejor humor y note que la noche se estaba haciendo presente. Los faroles ya iluminaban el exterior de la vivienda, sobre todo las terrazas y el estacionamiento. Por un momento observe a mi viejo con mi tío en la mesa de jardín en la terraza, percatándome del sentido de las sombras a las que debería estar alerta. Rompí la vista con ellos y recordé entonces mi braga nuevamente (tendría mi momento de placer), por lo que lancé el tronco cerca de la escalera y con cuidado fui sacando la tanga toda mojada y caliente de mi coño sintiendo hormigueos en el estómago.

-¡Espera, espera…! ¡No, no seas impaciente! -Dije evadiéndolo con el leño en su hocico para que se lo quitase, él se percató de algo y soltó el leño sentándose, esperando mientras yo me estrujaba las manos con la tanguita y la escondía en un puño.

-¡Ok! ven Odín, adivina- dije extendiendo los puños, él empezó a oler y menear la cola, entonces, me lambió el puño derecho haciéndome una rica cosquilla que me electrizo toda -ja, ja, ja, ja, ja, no está allí-, volví a estrujarme las manos con la tanga y la escondí en la liga del short a mi espalda.

-Adivina, adivinador… De donde viene este rico olor- dije en voz baja, cruzando los puños delante de él, quien se relamió, agito la cola y lengüeteó el puño izquierdo -¡No está aquí!- grite, le deje el puño derecho y también lo lengüeteó -¡Oooh…! que mal, tampoco está- me agache y le estruje mis manos por su hocico impregnándolo con mi olor -¿Huele rico, sí, sí…?-le susurre teniéndole muy cerca.

Empecé a correr ondeándole la tanga (con la prudencia de ocultarla a las posibles miradas de mis familiares), riéndome a la vez que buscaba un punto ciego con la mirada, por lo que me lleve a Odín a la esquina opuesta de la escalera (tras la pared del baño principal) así podría advertir cualquiera que se aproximara por la escalera o me llamara.

-Adivina, adivinador… De donde viene este rico olor- canturreaba llevándole al fondo, al tiempo que agudizaba la vista y el oído de los ruidos y sombras cercanos. Retrocedí hasta que choqué de espalda con la pared (estaba temblando, bien por; la excitación, el miedo, el morbo, la lujuria, el clima de nocturno de montaña o haber dejado la cobija en el respaldo de la silla de la mesa), «Por mi madre, ¿Qué estoy haciendo…?, ¡Sigue! Sigue, aprovecha» pensé, el temor a ser descubierta era abrumador y a la vez tan excitante… Jamás había sentido una lascivia sexual tan grande.

-Adivina, adivinador… Vendrá de esta prenda… O quizás de debajo del short- continuaba canturreando apoyándo la espalda en la esquina entre la pared del baño y la pared colindante del otro chalet -adivina, adivinador…- continúe, halando a un lado las costuras del medio del short con una mano, exponiendo mi coñito depilado de donde viene este rico olor- susurraba cerrando los ojos, temblando, sintiendo incluso latir los labios de mi sexo más un puñado de nervios en el estómago y en mi vientre.

-Adivina, adivinador… Que tan… Rica… Tengo mi… Flor- tartamudee, abriendo un poco las piernas, colocando mi cadera a su altura, permaneciendo de pie. Esperando sentir el cálido contacto de su exhalación en mi piel… (Estaba pasando por un instante de locura tortuosa) ya estaba cada vez más cerca y podía percibir su calor… Su nariz fría choco con mi concha caliente (quemándome cual hielo seco por dentro) y justamente después de eso, su lengua; larga, húmeda y rasposa paso de abajo hacia arriba por toda la raja hasta el clítoris, provocándome un profundo y violento estremecimiento de gozo «¡Cielos, sí, sí, así…!» pensé, cuando paso acariciando mi punto mágico la primera vez. Luego, con apenas dos o tres lengüetazos más se abrió paso entre los pliegues inferiores, que se abrieron como pétalos de orquídea y le dieron acceso a las rosadas carnes por donde emana el elixir de los dioses. Mi placer era inmenso y aprete los dedos de los pies al mismo tiempo que me mordía un dedo para no gritar, mientras una descarga eléctrica me sacudía todo el cuerpo, ante un potente y anhelado orgasmo «¡Oooohh… Dios! Oh dios, Odín, Odín, harás que me corra…» Gemía mentalmente, los ojos se me fueron hacía arriba y me arqueé sobre la esquina mientras apoyaba la mano que me mordía a una de las paredes, sintiendo punzadas de placer cada vez que me rozaba el clítoris de abajo hacia arriba con su nariz fría, para luego ser arrastrado y estremecido con su cálido, húmedo, rugoso y largo órgano bucal.

(Había olvidado como se sentía y en ese momento me encontraba en la gloria. De nuevo disfrutaba ese divino placer oral que solo un perro puede brindar).

Odín me propino un par de lametones más, antes de hacer una pausa y relamerse gustoso dos o tres veces, momento que aproveche para bajarme el short, liberar una de mis piernas y poder abrirme con más libertad. Tras ello, con una de las manos me di unas palmaditas invitándole nuevamente y le abrí los labios. El perro se acercó una vez más y arrancó a lamber de abajo a arriba con ahínco; una, otra, otra, otra, otra, otra, otra, otra y otra vez, como si se le fuera la vida en ello. Estaba tan excitada que empecé a refregarle temblorosamente y con timidez el coñito cerca de su lengua moviendo mis caderas, disfrutándolo intensamente, quería; jadear, gemir, aullar y gritar como una perra… «¡Mmmmgghh…! ¡Dios…! ¡Qué bien! Así cabrón…» Gritaba y gemía en silencio ante el temor a ser descubierta, separándole los labios con ambas manos y experimentando unas convulsiones uterinas que se acercaban entre ardores y efervescencia (algo más primitivo y tan vital como el mismo sexo) «Dios… Me estoy meando… Me está provocando ganas de mear, no lo resisto», me apoyé los hombros y recosté la cabeza sobre la esquina y me arqueé hacía delante abriéndole aún más los labios (las piernas se me estremecían y empecé a sudar frio) «Dios… No lo resisto… No puedo más, no puedo más» gemía apretando los dientes, inhalando y exhalando fuerte por la nariz mientras me dejaba ir en una serie de chorritos desprolijos, cálidos y traslucidos, que fueron a dar contra su lengua, su hocico, mis muslos y el piso. Deje que escaparan sin oponerles mayor resistencia en un orgasmo sucesivo e intenso «ASÍ, ASÍ, ¡MMMMMGGH! ¡Qué Gusto…! Oh dios… Lame, lame, ¡LÁMEME ASÍ…! ¡Aaaaaahhgg…! SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, ¡ASÍ…!» gritaba por dentro con la respiración entrecortada y temblando incontrolablemente. Aquello me encantó y por lo visto a él igual, ya que había aumentado la rapidez de sus lengüetazos, degustando mis fluviales carnes internas… Provocándome una ligera risa al tiempo seguía lamiendo sin cesar el punto de dónde provenía ese sabor -Ja, ja, ja, ja, ja, ja… ¿Te gusta…? Ja, ja, ja, ja, ja ¿Sí?, ¿Esta rica…?, ¿Tu nueva… Perrita? Mmmmgghh…- dije en susurros entrecortados mientras me halaba los pezones extendiendo la sensación que recorría mi cuerpo, él se relamió como si hubiese disfrutado de un manjar y continúo lamiéndome.

Tras liberar aquella tensión note como otra oleada diferente se acercaba a mis costas, eran otra serie de orgasmos de menor intensidad, pero de mayor numero, que no se detendrían y serian arrastrados como la espuma del mar sobre las orillas, espumas que serían empujadas, que se sumarían o pasarían por encima de las otras. Las caricias de su lengua me estaban causando un burbujeo enloquecedor que me subía de los pies a la cabeza y me hacía palpitar el coño -¿Me voy a…? ¿Correr…? Mmmggh… Mmmmhhg… Me voy… A correr… Otra vez ¡Sí…! Así, así… Así ¡marico…!- gemía fuera de mí suavemente entrecortada entre sus lametones… Era tan persistente que no puede evitar mover mi pelvis adelante y atrás acompañando sus lengüetazos que parecían llegar más y más dentro cada vez (de seguro estaba divina), «¡Oh Dios, Oh Dios…! Que rico ¡me está volviendo loca…! No, no, ¡No puedo aguantar…! ¡Más…! ¡Aaaaaahhhgg…!» Aullé rechinando los dientes mientras sentía flaquear las piernas

– ¡Claudia! ¡Claudia…! La cena está servida. -escuche gritar a mi tía, el mundo se me vino abajo, y se me hizo un nudo en la garganta… «NO BAJES TÍA, NO BAJES, NO BAJES, POR FAVOR, POR FAVOR» gritaba apretando los dientes, no estaba en condiciones de responder, mi respiración entrecortada me impedía siquiera pronunciar vocal alguna y no podía parar lo que venía.

– ¡Claudia…! Estamos esperando por ti.

– ¡VOOOOY…! ¡YA VOOOOY…! Grite por fin, corriéndome en otra sucesión de espasmos que produjeron otros chorritos almizcleros que fueron mayormente al hocico del perro, quien los recibió con eufórico entusiasmo… Dejándome caer de rodillas y sintiendo un sudor frio sudor resbalado por mis mejillas.

– Ok, pero la comida se enfría, apúrate.

– Si, Ya… Ya voooy tía -respondí bastante agotada. Odín comenzó lamerme la boca, las mejillas y entre las piernas haciéndome muchas cosquillas (lo más peligroso ya había pasado) y sobreponiéndome a los temblores y el mareo, con cierta embriaguez y tranquilidad empecé a reír graciosamente.

– ¡Ja, ja, ja, ja, ja…! Ya Odín… Ja, ja, ja, ja… Ya, ¡para, para! ¡Ya jugamos bastante! -tomé la braga y se la frote por las comisuras del hocico.

– Mañana jugamos otra vez… Dije finalmente -Y subí junto con él siguiéndome, a mitad de camino y sin moros en la costa metí la braga entre algunos troncos del leñero que había apilado al lado de la parrillera. Odín se quedó atrás… Seguro pasara la noche entera intentando sacarla de allí.

– Lo siento… Tía… Ya vengo… Voy, voy al baño… Me lavo las manos…  Y vengo a comer -dije visiblemente contenta y sudada entrando con dirección al baño.

El segundo que le sigue ya está escrito, en reposo por un par de días para ver si observo discordancia narrativa, errores o consigo una mejor forma de expresión (este lo he leído ya tantas veces que no le conseguí nada que me frenase a publicarlo). El tercero se está escribiendo, creo que será el más difícil ya que… Y también abarca… Mejor no digo más. Si veo que la historia capta interés llegare hasta el cuarto que es lo que he previsto, si no buscare culminarla en el tercero.

Gracias por leer el relato @,@/ no olvides valorar y comentar (sobre todo didácticos o de corrección) así podre tomarlos en cuenta en la revisión del segundo.

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