una pareja curiosa

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No suelo ser muy innovadora, de eso se queja siempre mi novio. Cuando cogemos me limito a la clásica pose del misionero, abro mis piernas y que él se divierta. Ya les dije: motivo de queja para mi novio. De vez en cuando un pete casual, si estoy menstruando, pero nada extraordinario. El sexo me aburre, el porno me parece sin sentido, no le veo la gracia a nada de eso. Llevo 3 años de novia, lo conocí a Gastón en la secundaria y continuamos con nuestra relación aun cuando él se fue a la ciudad a estudiar.

De vez en cuando vengo a visitarlo a Buenos Aires, vengo durante una semana y paseamos por todos lados. Supongo que lo que la ciudad le aporto a nuestra relación es la cantidad de sex shops que hay, Gastón suele recibirme con un juguete nuevo para probar cree que con eso va a lograr que me convierta una loca en la cama. Está de más decir que no lo logra. Intentó alejarlo de la habitación lo más posible ahora que nuestros padres no nos interrumpen me resulta difícil encontrar excusas. Por esa razón si estamos en su departamento suelo invitar a todo a su compañero de depa, Lucho. Lucho termina siendo mi comodín en toda situación, para las películas, las cenas, las cervezas en el balcón. La pasamos genial, que no quepa duda, me apena usarlo como escudo pero no puedo evitar sentirme aliviada cuando estamos con él.

Esta semana no era diferente a las otras visitas, me acomodé en la habitación de Gas, lo arrastré por la feria de San Telmo y volví a su casa rogando para que Lucho haya decidido pasar la noche del domingo en el depa. No me culpen, no es que sea una mala novia, amo a Gastón con toda mi alma y deseo compartir mi vida con él, pero no siento absolutamente nada cuando me toca.

–          ¡¡Amigo!! – Saludó a gritos Gastón – ¿Pintan unas cervecitas?

–          Hola Tefy –  Lucho me dio un beso al verme – Me sumo, chicos. ¿Ya compraron?

–          Las pusimos temprano en la heladera. Gas, me cambio la ropa y estoy, ¿preparas una picadita?

Me puse un vestido de algodón liviano, en los departamentos se pone caluroso y tenía ganas de estar cómoda. Cuando llegué al balcón encontré a los chicos riéndose y cuchicheando. – ¿En qué andaban?

–          Nada, Tefy – Dijo Gastón un poco temeroso – Yo sé que no te cabe mucho pero… Lucho trajo unas flores.

Un par de veces fumé marihuana, la primera vez no me pegó nada, la segunda fue algo leve y estaban todas mis amigas locas menos yo. Nunca tuve una experiencia totalmente agradable y por lo tanto no me interesaba fumar y no me hacía mucha gracia que fumen en mi presencia. Pero ahora era diferente, Gastón iba a estar distraído toda la noche, me convenía. Por otro lado, yo solo había probado paraguayos y me contaron que las flores eran mucho mejores quizás…

–          No, dame una seca.

Quizás fue más de una seca, seguro, estoy segura de eso. Me descubrí mirando el cielo de la ciudad porteña contando las pocas estrellas que se distinguían entre tanta luminosidad. Por alguna razón me distraía y tenía que volver a empezar a contar. El balcón parecía un palco al teatro de la vida y cada pequeño cambio en el ambiente me parecía maravilloso. En un momento lo oí a Lucho susurrar “el tacto se vuelve mágico” lo miré y encontré a Gastón acariciando con suavidad la cara de su amigo. La mano de Lucho se alzó con suavidad y acarició los rulos rubios de mi novio. Me sentía a miles de kilómetros de distancia y a la vez los sentía tan cerca, me toqué el pecho, los sentía cerca de mi corazón. Mi mano también acarició el cabello de Gastón y mi mente se ocupó de los tirabuzones que inundaban el mundo. Lentamente la mano de Lucho bajó a su cuello y vi como con las yemas rozaban la piel. Lucho tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta, como de un código se hablara el pulgar de Gastón se introdujo entre esos labios carnosos y fueron lamidos con deseo.

Mi mano izquierda, que parecía hacer cualquier cosa menos obedecer a mi cerebro, levantó un poco el vestido y me introdujo en mi entrepierna. Salté de sorprendida ¡estaba mojada! Jamás me había mojado tanto sin ayuda, sin lubricantes, solo observando. Con mi índice recorrí mi vulva y encontré el acceso a mi cuerpo, todavía acariciando a mi novio introduje mi dedo en mi cuerpo al mismo ritmo en que Gastón lo introducía en la boca de Lucho.

Solté un gemido de placer y Gastón me miró, quizás con la misma sorpresa que yo también tenía por estar tan excitada con la situación. Como si todo fuera totalmente común el abandonó su asiento para arrodillarse a mis pies mirándome a los ojos acercó su rostro a mi  entrepierna y como si de lo más divino se tratara comenzó a lamer mi jugo. Lucho no perdió el tiempo y mientras enredaba tus huesudos dedos en la cabellera de mi novio corrió la tela que tapaba mi seno y atrapó entre sus labios mis pezones. Mi excitación aumentaba, no dejaba de verlos a ambos entretenidos con mi cuerpo. Abstraída por completo, me entregué  a los placeres por primera vez.

Gastón estaba entretenido sorbiendo mi clítoris cada vez con más energía, tironeaba y lo presionaba, mis gemidos se incrementaban. Lucho alternaba las caricias con su lengua de pezón a pezón, apretujaba con pasión el seno que quedaba si la atención de sus besos. Sentí uno de los dedos de mi novio recorrer en círculos la entrada a mi vagina, me moví abriéndome, haciéndole entender que lo quería adentro.

–          Aaaaah. – El placer de sentirme invadida en mis partes más íntimas me abrumó y abrí los ojos luego de unos segundos de jadeo involuntario.

Vi a Gastón acariciar la cola de su amigo, eran tan extraño verlo pero eso me excitaba aún más. Me concentré en el objetivo de bajarle los jeans y el bóxer a Lucho y vi libre a un increíble pene. De pie a nuestro lado, Lucho tomó con delicadeza la cabeza de mi novio y la acercó a su miembro. Observe como Gastón abría la boca y engullía ese pedazo de carne. No podía dejar de observarlos al mismo tiempo que notaba un creciente calor en mi entrepierna. El pene salía  completamente húmedo y volvía a desaparecer en la boca de mi novio, lo oí atragantarse y gemir cuando su garganta se liberó, lo vi relamerse a la vez que recorría con su lengua el tronco endurecido de Lucho. Me incliné cerca de ellos y mientras me pellizcaba un pezón masajeaba con suavidad los testículos babeados del compañero de departamento de mi novio.

Tomándome del mentón Lucho me llevó a su boca y me encajó un largo beso introduciendo su lengua en lo profundo de mi. Sentí a mi lado la respiración de Gastón y volteé para dar el mismo beso que había recibido. Los vi besarse y me acerqué a sus caras, unimos nuestras lenguas mientras nuestras manos recorrían cada uno de nuestros cuerpos ya no reconocíamos que parte era de quien, disfrutábamos en absoluto la mezcla de nuestras esencial.

Con lentitud y sin dejar de besarnos entramos al living, Lucho empujó a Gastón al sillón y éste lo miro con el deseo de una puta de los videos que tanto me mostraba. Inmediatamente supe lo que quería hacerle, me acerqué a él y le arranqué el cinturón tiré con fuerza de sus pantalones. Lucho me ayudaba: le quitaba con rapidez los zapatos a mi novio al mismo tiempo que tiraba de la ropa. En 3 segundos le desnudamos la parte inferior, Lucho lo tomó de la cadera y lo dio media vuelta. Con su cara contra el respaldo del sillón y las rodillas al borde del mismo mi novio se quedó quieto. Lo observé por un instante, lo vi hermoso, entregado, mío. Hundí mi cara en su cola y con mi lengua llegué a su ano, deseaba tanto esa cola. Me di cuenta el deseo que tenía por mi novio cuando sentí correr mis fluidos por mi entrepierna, lo oí a Lucho sacarse por completo su ropa y lo sentí ayudar a Gastón a sacarse la remera. Se besaban comiéndose los labios, me excitaba verlos, me excitaba verlos mientras me comía la cola de mi novio. Jugué con la lengua presionando el ano, intentando entrar, lo sentí poco a poco abrirse al mismo tiempo que Gastón paraba la cola como si quisiera que yo entrara.

Sentí el glande de Lucho golpearme la cara, expectante, queriendo recibir la atención de mis labios. Comencé a sorber tal como había visto a mi novio hacer en el balcón, no quise abandonar esa hermosa cola así que con mi dedo índice ensalivado comencé a meterme en el cuerpo de Gastón. Me impresioné por lo caliente de su cola y a la vez sentí una excitación intensa, yo había calentado ese cuerpo, yo lo hacía abrirse. Comencé a presionar lo que pensé que era el punto G de los hombres, había oído hablar pero nunca supe que era, parecía un botón en el cuerpo de mi novio que cada vez que presionaba lo hacía gemir. Sabía que quería esa cola para mí.

Masturbé el pene de Lucho, lo sentí duro en mis manos, en mis labios y supe lo que quería que sucediera. Acerqué el glande al ano semiabierto de mi novio, me incorporé para darle más acceso a Lucho y con mi lengua seguí ensalivando la colita. Lucho comenzó a empujar y de a poco esa cola hermosa comenzó a ceder, sentí el cuerpo de Gastón tensarse, comencé a masturbarlo sin dejar de ver como progresivamente su cola se comía el terrible pene de Lucho. Cada tanto lamia la unión de sus cuerpos, Gastón respiraba de forma entrecortada y supe en ese instante que todo en el mundo estaba bien, que para esto yo existo, para la cola de mi novio es que yo existo.

Me senté a un lado de sus cuerpos y lo vi a Lucho tomar a mi novio de la cadera y comenzar a moverlo lentamente, metiendo por completo su pene en esa cola virgen. Me saqué la bombacha y empecé a masturbarme mientras veía al morochazo de Lucho gemir a cada embiste. Gastón me miró, tenía la vista cansada, como si su cuerpo no diera más de placer comencé a besarlo, lo besé intentando comunicarle lo caliente que me ponía verlo atravesado por una pija. Con una mano comenzó a empujarme debajo de su cuerpo, me acomodé debajo de él pecho con pecho y lo abracé sintiendo cada uno de los movimiento que los dos provocaban. Gastón se metió entre mis piernas y trajo mi cadera al borde del sillón. Se arrodilló en el suelo, con Lucho arrodillado detrás de él sin quitar su pene de adentro, su glande rozó mi vagina, lo noté hirviendo, nunca antes había estado así de caliente. Nunca antes yo había estado así de caliente.

Lucho retomó el bombeo en el cuerpo de Gastón lo que provocó que el pene de mi novio se metiera en mi vagina. A cada embestida sentía como si fuera Lucho el que me cogiera, pero a la vez besaba y abrazaba el cuerpo de Gastón. Los movimientos parecían ensayados, sincronizados los tres  en una danza sexual que nos tenía a todos gimiendo de placer. Los testículos de Gastón  son pequeños y pegados a su cuerpo, así que cuando comencé a sentir el azote de unos testículos en mi vulva supe que eran los de Lucho. Los movimientos comenzaron a intensificarse, apretujé la nalga de Gastón, Lucho se tiró sobre la espalda de mi novio y comenzó a besarme. Gastón gemía como puta en mi oreja, recordé la cantidad de videos porno que me mostró donde las actrices gemían igual de entregadas que él. Con una mano presionando mi seno, Lucho profirió unos aullidos profundos, claros indicadores de que estaba derramando todo su semen en la cola de Gastón. Casi al mismo tiempo Gastón se agitó en un escalofrío y gritó en mi oreja palabras inentendibles.

Lucho se separó del nudo que éramos y comenzó a limpiarse el miembro con su remera mientras sonreía extasiado. Al finalizar sus espasmos el torso de Gastón cayó rendido al lado mío sobre el sillón. Curiosa, me incliné sobre mi novio y observe su ano abierto, lo veía intentar achicarse, pero el agujero era muy grande y lleno del esperma blanco de Lucho. Fue en ese entonces en el que sentí un inmenso calor surgir de mi pecho, recorrer mi vientre, mi cuerpo, hasta mi vagina y comencé a gemir, viviendo por fin mi primer orgasmo.

Esa semana fue el inicio de una vida de placer y deseo, cosas que jamás había imaginado hacer de golpe se volvían totalmente naturales para mi. Pero esas aventuras serán contadas en otro momento.

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Te gustó este relato? Eso espero porque yo lo disfruté mucho.

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