maria desesperada. relatos lesbicos

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– “Por favor, date prisa… ¡No puedo aguantar mucho más!”, le rogó María.

Juani aceleró su coche mientras iba en dirección al edificio de apartamentos donde vivía María y riendo, le dijo:

– “¡No te atrevas a mearte a mi coche, acabo de limpiar los asientos!”

– “¡Oh, cállate, Juani… Date prisa”, gimió María.

– “¿Quieres que pare aquí mismo y vas detrás de esos arbustos que hay junto a esa casa”, le preguntó Juani socarronamente.

– “Muy graciosa, pero creo que puedo aguantar un poco más!”, respondió María.

Corrieron por las calles residenciales en silencio hasta que Juani dijo:

– “Ya casi estamos… ¡Prepárense para saltar!… Ja,ja,ja”

Cuando el coche se detuvo frente al edificio donde vivía María, ella saltó del vehículo aún en movimiento y corrió hacia la puerta principal… Por encima del hombro, le dijo:

– “Te llamaré mañana, Juani.”

– “Buena suerte!… Que llegues”, le gritó Juani.

A pesar de que el ascensor estaba abierto y listo en la planta baja, María eligió subir por las escaleras ya que ella vivía en un tercer piso… A mitad de camino entre el primero y el segundo no podía aguantarse más, y cuando tropezó con sus propios pies y cayó de bruces, su vejiga se soltó y sus bragas se llenaron con una corriente de orina cálida que se extendió desde su entrepierna hasta más alla de los píes.

Esta no era la primera vez que a María le había sucedido esto… Incluso ya en el coche pudo notar que se sentía diferente, pues estaba sexualmente excitada… Y para su sorpresa y consternación, mientras la orina caliente salía, su coño se convulsionó involuntariamente y tuvo una corrida que la dejó conmocionada y aturdida en el suelo de la escalera.

Sabía que esto le venía sucediendo desde hacía algún tiempo, pero lo mantuvo en secreto, no queriendo aceptar que tenía estos problemas “antinaturales”, pero ahora decidió que era hora de no solo vivir con su condición de “meona”, sino también, por qué, no, de disfrutarla.

La tarde siguiente después del trabajo, María estuvo mirando materiales de protección que las personas mayores usan en casos de incontinencia, pero la mayoría de estos artículos eran bastante voluminosos en tamaño y forma y pensó que nunca los podría usar cómodamente debajo de ropa normal.

Mientras miraba un pañal como un pequeño pantalón de goma, se sorprendió cuando una suave voz femenina le preguntó:

– “No creo que eso funcione en su caso… ¿Te gustaría ver algo un poco más discreto?”

– “Bueno, sí… No sé exactamente lo que quiero, pero podemos verlo”, tartamudeó María…  

Cogiendo a María del brazo, la vendedora, de mediana edad, susurró:

– “No diga una palabra más y sígame, querida… Creo que, en el último pasillo, tengo exactamente lo que necesita.”

María, estupefacta, se dejó llevar hacia ese pasillo de la tienda, donde la vendedora metió la mano en el interior de una caja y sacó un pantaloncillo de látex de aspecto muy elegante.

– “Creo que esto sería más de tu agrado”, dijo mientras le entregaba el artículo a María… – “Qué talla de braguita te pones, cariño… ¿Supongo que será una talla cinco, tal vez?”

Antes de que María respondiera, la mujer añadió con voz ronca:

– “Déjame tocar tu culo para que pueda tener una mejor idea de su tamaño.”

María, atónita, se quedó con la boca abierta cuando la mujer, de mediana edad, con su mano le metió la mano por debajo de su falda y palpó firmemente su culo… Notó que movía su mano por todas partes para comprobar su plenitud.

– “Me equivoqué… No te vendrá bien una talla cinco, porque tienes unas nalgas muy regordetas… Yo supongo que estás más cerca de una talla siete… ¿Estoy en lo cierto?”, le dijo en voz baja.

– “Oh, sí… ¡Uso la talla siete!”, dijo María con la cara roja.

Cogiendo el paquete en su mano, la mujer lo cambió por otro, mientras cogía a María del brazo y la llevaba al vestidor en la esquina trasera de la tienda.

El vestidor era un lugar apretado para dos mujeres adultas, y María podía sentir una corriente de sensualidad entre ambas en el pequeño cubículo… El perfume que la vendedora llevaba era increíblemente embriagador, así que cuando ella nuevamente acarició el culo de María, ésta no ofreció resistencia alguna.”

La dependienta le preguntó:

– “¿cuánto tiempo hace que buscas este tipo de bragas?”

Con una cara extremadamente roja, María tartamudeó y respondió:

– “¿Cómo sabes que son para mí?”

– “Oh, por favor… Esto lo he visto más de cien veces… Si estuvieses comprándolas para una persona mayor, habrías ido directamente y escogido exactamente lo que necesitabas, así que deja de tonterías y dímelo”, replicó la mujer.

– “Bueno… Siempre he tenido una vejiga débil, pero desde el año pasado me pasa, ya sabes,… estos sentimientos”, dijo María.

La mujer la miró por un segundo y luego terminó su frase, “……. que cuando te vas al baño con tus bragas te excitas sexualmente, ¿no es así, cariño?”

– “Sí… Eso es lo que me pasa”, respondió María apenas por encima de un susurro.

Mientras desenvolvía las bragas de goma, la mujer preguntó de manera frívola:

– “¿Tienes la vejiga llena en este momento, cariño?”

– “Oh, sí… Y será mejor que busque un baño rápido o voy a mearme encima”, fue su respuesta rápida.

Ignorando su súplica, la mujer continuó:

– “Dime… ¿Está excitada tu vagina ahora mismo?”

Sólo al escuchar que la mujer hacía una pregunta tan íntima la hizo temblar y María respondió con voz ronca:

– “¡Sí… Muchísimo!”

– “Mmmmmm… Eso es muy bonito que lo digas… Levanta tu falda y ponte las bragas… Me encanta ver a mujeres jóvenes con sus coños enrojecidos”, tarareó la mujer.  

María se estaba calentando, y como si ella estuviera en piloto automático, se levantó la falda y deslizó sus bragas con volantes hasta los muslos y dejó que la vendedora le viera su vulva recién afeitada.

– “Dios mío… Tienes un coño increíble… Son muy bonitos tus labios vaginales… Me gustaría darles un beso… ¿No te molesta si te lo doy?”, le dijo entusiasmada.  

Debió de estar loca, pero María estaba tan excitada, que sólo asintió con la cabeza, y segundos después sintió una cálida boca besándole y lamiéndole los pliegues exteriores de su abultado coño.

Después de uno o dos minutos de lamerlo y besarlo, la mujer se puso de pie y preguntó con voz entrecortada:

– “Yo,… apuesto a que cuando tienes sexo siempre te satisfacen oralmente, ¿verdad?… Parece que tienes un coño increíblemente exigente.”

María sólo asintió mientras el sudor comenzaba a gotear por su cara… Estaba tan excitada que sólo con darle un pequeño toqueteo más se correría… Y para colmo, estaba a punto de ir al baño.

– “Está bien, cariño… ¡Súbete tus bragas y ponte estas bragas de látex encima de ellas!”, le ordenó la dependienta.

María pensó que quedarían rígidas una vez colocadas en su piel, pero se sorprendió gratamente al descubrir que eran suaves y flexibles y en absoluto, incomodas.

– “¿Cómo se sienten, cielo?… Yo veo que te sientan absolutamente fabulosas.”, preguntó la vendedora en voz baja…  

– “Gracias… ¡Y se sienten bien!”, respondió María en voz baja.

Los dos se miraron la una a la otra por un momento, antes de que la mujer se inclinara hacia adelante y suavemente besara a María en los labios y le dijo:

– “¡Ahora, voy a levantar mi falda y mostrarte mis bragas!”

Cuando su entrepierna apareció a la vista, María hizo un sonido audible y susurró en voz alta:

– “Dios mío, tú también los estás usando… ¿Eso significa que también te gusta orinarte en tus bragas?”, le preguntó.

– “Por supuesto que sí, cariño… Yo, al igual que tú, también tengo muchas ganas de orinar.”

María miraba a la dependienta apretando los dientes mientras trataba desesperadamente de controlar su vejiga totalmente llena… Y su cabeza comenzó a flotar cuando el aura sexual de la situación se apoderó de ella.

– “Querida… ¿Alguna vez has tocado el coño de otra mujer cuando esta orinando?”, preguntó la dependienta en voz baja.

– “¡Oh, no”… María se quedó sin aliento mientras imaginaba en su mente lo que la señora acababa de preguntarle.

Cogiendo la mano derecha de María, la mujer la colocó suavemente sobre su vagina cubierta con la braga de látex, mientras que al mismo tiempo ella le hacía lo mismo a María con su mano y le dijo dulcemente:

– “Ahora, querida, creo que a las dos nos encantaría ir al baño, pero intentemos aguantar uno o dos minutos y luego nos meamos encima ¿de acuerdo?… Será mucho mejor si lo hacemos al mismo tiempo.”

– “Oooh… Está bien… ¡Lo intentaré, pero estoy a punto de mearme”, graznó María.

La mujer sonrió y le dijo:

– “Me encantaron tus bragas, tan vistosas y femeninas pero siempre es mucho mejor llenar con orina unas bragas de latex cuando llevas puestas bragas tan bonitas cómo las que veo ahora… ¿No estás de acuerdo conmigo?”

María no pudo contenerse ni un segundo más, y cuando sus músculos se soltaron, la orina caliente brotó de su vagina y mojó sus bragas, lo que por supuesto fue acompañado por un orgasmo que casi la hizo desmayarse.

Casi en el mismo instante, la vejiga de la dependienta de mediana edad, soltó su chorro, también junto con el orgasmo requerido que la dejó con las piernas correosas y apoyada, para no caerse, contra la pared del vestidor.

-“Qué gozada más grande… Esto fue increíble… Y sentir tu coño mientras llenabas las bragas de latex con tu orina fue demasiado… Muchas gracias”, suspiró María.

– ” Mmmmmm… Tú tienes una vagina muy bonita… ¿Puedes volver otra tarde esta semana?”, le dijo la dependienta suavemente…

– “¡No me lo perdería por nada del mundo!, respondió María.

Y se volvieron a ver, una y muchas veces más.

F I N

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