me encanta que me llames putica. relatos eroticos

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Yamm: Eres el amor que quiero conservar en esta vida y en las que siguen… quiero decirte que pese a que nos hemos casado a escondidas prácticamente y llevamos apenas un mes, me has hecho sentir más que cualquier hombre o mujer en mi vida. Conoces todos y cada uno de mis amores, amantes, heridas y vivencias; me siento muy orgullosa de tenerte como pareja, amigo y amante, contar contigo en las buenas, malas y peores y ahora que puedo tener más libertad de expresión quiero decirte lo mucho que me calientas día con día, aunque quizá esta carta no la leas jamás.

La primera vez que te vi creí que eras un tipo normal y no pude estar más equivocada, tu pene, pese a tener un tamaño – según tú – promedio, fue hecho para penetrarme por cada agujero que fue creado en la mujer para el placer sexual e incluso me encanta cuando tenemos sexo anal porque contigo, aunque duele un poco, me siento una Diosa; deseable, rica y de sólo escribirlo recuerdo tu ‘cabecita’ rosa y se me antoja lamerla de a poco, como una paleta, mientras te embarro chocolate o crema de cacahuate, mis sabores favoritos en esa verga tan deliciosa que tienes, amor mío.

¿Te soy honesta? Me muero de celos cada que me hablas de las ex novias que tienes. ¿Cómo pudieron ser tan pendejas para dejarte ir? ¿En qué cabeza cabe dejar a un hombre quien además de ser trabajador, guapo y honesto… coge riquísimo? No las entiendo pero me vuelve loca la idea de que orgasmos tan ricos no han sido exclusivos de mí, como los míos sí lo son de tu ser. Sabes que si digo que he estado con 20 hombres son pocos y sólo tres mujeres, pero nadie, en mis 25 años de vida, me ha hecho mojarme tanto al grado de andar con las pantaletas como si un poco de orina se me hubiera salido en una emergencia. Amo tu dulzura y el hecho de que desees que tenga un buen orgasmo previo a la penetración pero… ¿Te cuento un secretito? Me gusta más cuando me dices: “eres mi putita”. 

Sé que eres poco expresivo y que cada que te lo pido me dices que no lo harás; te da miedo herirme o que me la crea, pero… cariño, toda la vida me lo han dicho. Por éxito, por guapa o simplemente porque he cambiado sexo por hierba, tabaco o alcohol. Me encanta saber que los hombres – y algunas mujeres – me desean a tal grado de masturbarse a mi nombre, mandarme fotografías o halagar mis relatos desde que escribía para Armando Castilla… pero si hay algo que me prende es sentirte dueño de mi cuerpo en cada sentido literal y literario. Tengo antojo de ti desde que te miro llegar y huelo tus hormonas masculinas, te veo sudando y luego acaricio tus brazos trabajados por el acomodo de la mercancía en la enorme tienda para la que trabajas. Tu piel morena ha sido la única capaz de hacerme llegar a un orgasmo nada más de pensarte y no tienes idea de las masturbadas que me he dado a tu nombre cada que sales a trabajar, hoy hasta usé por primera vez en mi vida un pepino… sabes que no me cupo entero pero quería sentir algo dentro de mí porque esperarte me es eterno y aunque me hagas el amor por horas, sabes que soy insaciable. 

Kevs, uno de mis lectores de esta página, me mandó mensaje el día de hoy y al leer que quería ver un poco más de mis tatuajes, sabes a cuál me refiero, le dije que no, porque tú no me das permiso… pero al saber lo afortunado que todos los demás hombres te consideran por estar conmigo: una tonta periodista con cuerpo de adolescente, entonces creeme que no pude hacer más que tocarme otra vez en tu honor hasta quedar casi muerta del cansancio… dieron las cinco de la tarde en punto y me metí a la ducha, pensé en ti y de nuevo me toqué, me cambié y tenía que venir a escribirte todo esto debido a que, si te lo digo, sé que me cogerás como nunca pero prefiero que lo hagas como animal y no porque te enteres de que tu putita, calienta huevos para que le digan “lindura” y luego me den tantas ganas que cada noche que te miro llegar quiero ser tu cena servida con cajeta, nuez o tu sabor dulce predilecto. 

Hoy quizá haga que me ates las manos, me vendes los ojos y no sabes lo que daría porque me trataras como tu esclava sexual: muérdeme, bésame, chúpame y hazme hacer lo que más te gusta en el sexo… por lo demás, amado esposo, ya soy perfecta para ti. 

Tuya

– Carita Chorreada.

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