adicta a tener sexo con perro. relatos de zoo

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PASIÓN POR LOS PERROS.

Después de contaros mi primera historia he tenido otras experiencias caninas a raíz de aquello en estos dos años. Para los que no hayan leído aquel relato, os diré que me llamo Cristina, tengo 24 años, el cabello de color negro, al igual que mis ojos y me veo atractiva. Hace un par de años sufrí una experiencia sexual sin buscarlo con un perro gran danés, experiencia de la que disfruté y que me marcó de algún modo.

A raíz de lo sucedido, le di muchas vueltas al tema. Me sentí fatal al principio porque no sabía nada de las consecuencias del acto, pensé incluso que me podría quedar embarazada, ya sé que eso no es posible, pero yo era una ignorante del tema y siempre te esperas lo peor. Respiré mucho más tranquila cuando me bajó pero no dejaba de pensar sobre todo en lo que sentí cuando estaba totalmente llena y atada a aquel perro, sus embestidas poderosas y su caliente semen muy dentro de mí. El caso es que desde entonces, cuando veía a un perro ya no lo veía como a una mascota sólo, como a un ser inferior, porque sabía lo que podían hacerme, sabía lo poderosos que podían ser y al placer que podrían dar. Y cuando los veía no podía evitar en fijarme en sus atributos, en su musculatura y me imaginaba siendo penetrada y llenada por ellos.

A veces tenía sueños y me imaginaba que me penetraban de varias formas. No podía consultar con nadie del tema porque me daba una vergüenza enorme y sé que me tacharían de pervertida. Y no lo he comentado con nadie en todo el tiempo… salvo con una persona, mi amiga Ana. No es su verdadero nombre, porque quiero respetar su intimidad, pero en este relato la llamaré así a partir de ahora.
El caso es que un día no pude aguantar más y se lo conté. Fue una noche que estábamos en una disco a la que solemos ir con frecuencia a bailar. Cuando estábamos exhaustas de tanto baile, y después de haberme tomado un cubata que me tuve que tomar “obligada” ya que me habían invitado unos chicos amigos, aunque no suelo beber mucho porque se que no aguanto casi nada, me sentí con fuerzas para contárselo. Le pedí que me acompañara a un lugar más reservado donde nadie pudiera oírnos y la música no sonara tan fuerte, me armé de valor haciéndola jurar y rejurar que no se lo diría a nadie. Ana y yo nos conocemos desde pequeñitas, nos conocemos muy bien y se que podía confiar en ella, además nos queremos un montón.

Ella estaba ya muy preocupada por tanto misterio y pensaba que iba a contarle algo terrible. Y se lo dije. Mientras hablaba notaba en ella cómo le cambiaba la cara de la sorpresa, sobre todo cuando le dije cuánto me había gustado aquello y que quería repetirlo. Cuando terminé no podía creérselo y empezó a preguntarme más detalles de lo ocurrido y yo se lo contaba todo. Entonces ella me dijo que también tenía otro problema con su novio y me lo empezó a contar. Ana es una chica muy liberal en cuanto al sexo, pero se mete en muchos líos. No voy a relatar lo que le ocurría, por un lado porque no tiene relevancia en este relato, y por razones de confidencialidad, el caso es que también tenía un secreto que contar y nos desahogamos las dos, cuando terminamos de hablar teníamos lágrimas en los ojos y nos abrazamos. Ya se, ya se, parecíamos dos tontorronas, pero las mujeres, a veces, nos comportamos así y nos da por llorar ¿vale? Nos prometimos ayudarnos mutuamente como buenas amigas que éramos (y somos) y en cuanto a mi caso, pensamos en la manera en que pudiera hacerlo de nuevo.

Tras pensarlo ella me comentó que su hermano tiene un pastor alemán con el que vive en su casamata y que a veces, como les gusta viajar a él y a su mujer mucho, tenían que dejar el perro al cuidado de alguien. A veces ella iba a la casa de su hermano para cuidarlo o bien se lo llevaba a su piso. Y quedamos en que me avisaría el día en que eso ocurriera para disponer del perro.
Pasaron algunas semanas cuando me llamó Ana diciéndome que su hermano se iba a ir de viaje, aprovechando un fin de semana largo, a un parque nacional, y que ella se ofreció en tener al perro. Me preguntó si estaba segura y yo le dije que si, pero que me tendría que ayudar y ella dijo que me ayudaría, que estaba deseando que llegara el momento y que no quería perder detalle. Entonces quedamos en el día, sería en casa de ella. Su compañera de piso, con la que vivía, no iba a estar y quedaría la casa sola para las dos. A medida que se acercaba el día yo estaba de los nervios, por fin podría volver a repetir las sensaciones y me hacía miles de preguntas, si todo sería igual, si no habría problemas.

Llegó el día y me presenté en su casa el sábado por la mañana. Allí me presentó a Ringo, que así se llamaba el animal. Era un perro grande pero bien educado y amable, se dejaba acariciar y me lamía la mano, enseguida hicimos amistades. Le encantaba que le acariciáramos y se tendía boca arriba para que le rascáramos la barriga ¿por qué les gustará tanto a los perros? Planeamos el día y decidimos pedirnos una pizzas para comer. Previamente le dimos un buen lavado al perro de modo que estuviera bien limpito para mí. A la hora de comer abrimos una botella de vino y nos tomamos las pizzas. Por la tarde buscamos una toalla vieja que colocamos en el sofá y nos sentamos para ver una película que había alquilado en un video-club y hasta entonces todo bien. Al terminar la película sacó otra película que también había alquilado, y me fijé en el título, era una película pornográfica. Me miró con una sonrisita y me dijo que iba a empezar la sesión, y que la película podría servir para entrar en situación. Ringo estaba en el suelo echado, muy tranquilo, a nuestros pies.

Yo sólo había visto unas pocas de estas películas, y me pareció bastante caliente, era una recopilación de sesiones porno de varias películas, las dos estábamos sentadas en el sofá y nos empezamos a calentar enseguida. Me preguntó si me gustaba la película y asentí con la cabeza. Yo estaba al principio algo cortada, aunque estaba acostumbrada a estar desnuda delante de ella, pero Ana empezó a tocarse y yo empecé a hacer lo mismo. Nos empezamos a quitar la ropa. Yo me quité mi polo de rayas y me quedé con las tetas al aire, luego me quité el pantalón pirata. Ella se quitó su camiseta y el pantalón, tampoco llevaba sujetador y nos quedamos en braguitas. En un determinado momento, estando bien calientes, ella se me miró, me tomó la cabeza muy suavemente con sus manos y me besó en los labios con mucha delicadeza y sensualidad. Sé que Ana ha experimentado el sexo entre mujeres pero nunca pensé que se atreviera conmigo. Me pilló de sorpresa y no sabía qué hacer ni decir, aunque me gustó y quería que siguiera. Al notar mi falta de reacción, se acercó a mi oído y me susurró bajito y sensual: “¿no quieres que siga?” “No, por favor, sigue” dije rápidamente. Nunca una chica me había besado pero me agradó el beso y su ternura, y me encontré deseando que continuara besándome.

Ella me pasó un dedo en mis labios y me besó otra vez, esta vez más profundamente, metió su lengua entre mis labios y me empujó suavemente hacia atrás sobre el sofá, me besó el cuello y me besó lentamente un pezón en círculos, empecé a gemir de placer. Se colocó uno en su boca y comenzó a chuparlo. “Oooohhh” no pude evitar suspirar. Era la ternura, la delicadeza con que hacía todos sus movimientos lo que me daba tanto placer. Con sus manos me acariciaba el estómago mientras cambiaba de pezón. Me puso una mano abajo sobre mis bragas y coloqué la mía sobre las suyas, para que notara mi humedad, mi respiración cada vez más difícil, nos miramos, me volvió a sonreír y me retiró las bragas y yo la dejaba hacer. En cuanto me tocó el clítoris con su lengua empecé a temblar y me corrí enseguida, estaba demasiado caliente. Ella empezó a chuparlo mientras yo gemía incontrolada por el orgasmo. Ana paró un poco para que me recuperara y luego me colocó un dedo dentro y comenzó a chuparme nuevamente el clítoris, moviendo el dedo, cuando ya estaba cerca del segundo, sentí que Ringo, que estaba todo el rato echado en el suelo, se levantó y se puso a husmear en mi coño.

Ana y yo habíamos pensado la mejor manera para poder follar al perro y llegamos a la conclusión, por la experiencia que ya tuve, que primero había que dejarle que me lamiera y ver si así se excita, para ello habíamos preparado un tarro de miel para untarme, pero no nos hizo falta, porque enseguida empezó a meter su nariz, oliéndome el sexo. Ana sacó algunos de mis jugos con el dedo y se lo dio a oler al perro, que tras olfatearlo parece que le encantó porque se lo lamió todo. Entonces le señaló a mi vulva y volvió a oler, sentía su nariz húmeda y fría en ella, yo estaba en tensión a ver qué hacía, y empezó a lamerme. “¡Ooooohhhh!” Yo estaba muy sensible por la masturbación de Ana y sentí con mucha intensidad esa lengua tan rugosa. Abrí totalmente las piernas y las eché hacia atrás, sujetándomelas por las rodillas con las manos mientras estaba tendida sobre mi espalda con el culo al borde del sofá y me dejé llevar por el placer.

Miré a Ana que con una mano estaba acariciando la cabeza al animal dándole ánimos para continuar mientras se estaba masturbando, de vez en cuando me masajeaba mis tetas.

Sentía su aliento cálido, su nariz acariciándome el clítoris, y esa enooooorme lengua lamiendo arriba y abajo entre mis labios, me metí un dedo en la boca y lo acerqué a mi clítoris y comencé a acariciarlo en pequeños círculos.

Casi sin darme cuenta me llegó el orgasmo mientras mis caderas se movían a un ritmo frenético, Ana masajeándome fuertemente las tetas, mis gemidos incontrolables (soy muy ruidosa) buscando más aire. Ana me tomó las piernas y las empujó más hacia atrás, la lengua entraba dentro de mi coño abierto y empecé a gritar. Enseguida tuve que alejar la cabeza del perro de mí porque me había vuelto demasiado sensible y no podía más ya que él dale que dale, era incansable, y acaricié con ternura la cabeza del animal muy agradecida.

Me quedé unos segundos recuperándome y acariciándole. Entonces Ana me dijo que mirase debajo apuntando al aparato del animal. Miré debajo del perro y vi que tenía una pequeña erección, se veía un trocito de su pene rojo puntiagudo afuera. En la posición en que estaba, sentada y acariciándole la cabeza al perro, adelanté una de mis piernas y con la punta de mi pie comencé a masajearle con delicadeza su pene con mis dedos, y noté que reaccionaba. Empezó a hincharse, comenzando a tener una más que respetable erección. A principio estaba quieto dejándome hacer, pero luego empezó a hacer movimientos de bombeo. Su miembro, aun no del todo erecto pero grande, estaba agitándose en el aire con sus movimientos. Yo estaba que no podía más viéndole, sabía que era la causa de su excitación, sabía que yo le había puesto en ese estado y viendo sus movimientos poderosos y ese pene brillante moviéndose sin parar, emitiendo un liquidito a chorritos, quería sentirlo en mí, quería que me bombeara tal y como sentí en mi primera experiencia.

Quería ser follada por este animal. Le pedí ayuda a Ana y pusimos a Ringo en posición, moví el culo un poco, las piernas recogidas hacia atrás, y alcanzando el pene con dificultad por sus movimientos, lo guiamos para que su punta contactara con mis labios vaginales. En cuanto lo ubicamos, Ringo metió el pene, pero lo sacó del todo, y nuevamente los movimientos de bombeo en el aire. Ana lo colocó de nuevo en mi vagina y Ringo empujó esta vez más profundamente, emití un suspiro y empezó a follarme. Oh Dios, cómo me follaba, su polla estaba muy caliente, mi coño estaba muy mojado de excitación, y me culeaba con muchísima rapidez, que gusto. Me sentía tan deseada, sentía su pene hacerse poco a poco más grande dentro de mi. Y sus embestidas poderosas contra mí hacían que mis tetas bailasen sin parar.

Cuando hago el amor soy bastante ruidosa y me gusta hablar, de modo que no pude evitar que me salieran las palabras aunque estuviera Ana al lado: “Dios, que gustooo…follame, follameeee!”. Sentí sus patas delanteras que intentaban rodearme entre mis tetas, sentía su suave pelo sobre mi piel y su pene bombeándome sin descanso….”¡oooohhh mierdaaaa, me vuelvo a correrrrrr!” “¡me corro…me corro…me corrooo…me corrooooo!” y empecé mis culeos orgásmicos, mientras sentía cómo cada vez llegaba más adentro, más adentro de mí, no sentía cuándo lo sacaba, sólo sentía cuándo entraba llegando cada vez más lejos, al tope de mi vagina. El perro seguía culeándome con toda su energía, toda su fuerza y yo me abandonaba en total sumisión ante ese poder…”Vamos mi amor, dámelo todo…dámelo…lo quiero todo….todo!” Cuando me remitía mi orgasmo, me di cuenta que el animal estaba casi quieto y empezó a eyacular. Generalmente, cuando hago el amor con un hombre no se siente, pero con un semental si, puedes sentir en lo más profundo de ti algo parecido a una ducha de semen hirviendo que llena la vagina más y más, y también me di cuenta de que su pene estaba mucho más hinchado que antes. Notaba su bulto hincharse cada vez más “¡Ana, está hinchándose dentro de miiii!” El perro siguió con el mete y saca pero las embestidas más cortas, quizás por sentirse extraño intentó moverse para salirse y rápidamente cerré mis piernas alrededor de él y lo abracé acercándolo a mi, lo quería muy dentro y le susurré suavemente “Perritooo…buen perritooo…lo estás haciendo muuuuy bien…..me estás dando muuuuucho placer….mmmmmmm, mi amorrrrr”. Ringo se relajó y se dejó echar sobre mí y seguía con el culeo corto. Su bulto estaba bien firme en mi interior. Me sentía tan débil y tan poseída por un gran macho. Él era el jefe y me encantaba pensar que me tenía bien pillada. Estaba atada a él y él podía seguir follándome el tiempo que quisiera y yo no podía hacer nada para evitarlo. No tenía escape posible, estaba prisionera por él, tenía que quedarme ahí y esperar a que él quisiera dejar de follarme, y mientras estoy enganchada, mientras estoy con la piel de la vagina estirada al máximo no puedo evitar que me llegue de nuevo el orgasmo y mientras está llegando le miro, veo su maravillosa cabeza justo delante de mi, con la lengua fuera feliz de placer y quiero besarle y él me lame los labios de mi boca y la abro y saco mi lengua también e imagino que, mientras tanto, su semen, muy abundante dentro de mi vagina y mi útero, intenta preñarme, hacerme cachorritos, y cuando pienso todo esto surge de muy adentro de mi un gran orgasmo que llega a oleadas, a oleadas de energía radiante y es entonces cuando me siento completamente mujer.

Cristina

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