somos las perras de mi perro. relatos de zoo

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Ésta historia me fue relatada una joven que no tuvo el valor a publicarla ella misma, tenia temor de revelar su identidad, de poner a descubierto la persona que la acompaño en su osada aventura, y por el tenor de la situación vivida. Yo por mi parte, creo que merece ser contada y me importa una mierda que se sepa quienes son, así que tal cual me la contaron yo se las relato a Uds.

Soy Ana Laura, me dicen Laury, tengo 19 años, soy muy introvertida, no me gustan las salidas a las discos, ni donde haya multitudes, prefiero una película en la tele, un buen libro, escuchar música, reuniones pequeñas con amigos en algún sitio tranquilo; tampoco estoy muy atenta a la moda, prefiero la ropa cómoda, no estoy pendiente del cuidado de mi figura, más halla del extremo cuidado que tengo con mi higiene personal. Practico natación y juego al Jockey, eso si, tengo que admitir, y perdonen mi humildad, que tengo un cuerpo de exposición, soy la admiración de mis compañeras del club, cuando tengo la oportunidad de ponerme un bikini, no hay hombre, joven o viejo, que resista mirarme. Mi estatura es 1, 72mts. , peso 47 kg, de piel pálida, cabellos rubios, y cortos, ojos marrones, como los de papá, tengo la espalda pequeña los hombros rectos, los pechos enormes, algo de 90 cm, tengo el vientre bien plano, la cintura pequeña y un culo firme y parado, que parece de mármol, esto lo herede de mi madre.

Mi relación con los hombres es buena, tengo algunos amigos, y algunas amigas, no muchas; solo frecuento a las que me hacen sentir cómoda. No tengo novio desde hace dos años, y fue mi única pareja, con él nos conocimos de niños, fue mi primer amor, fue el primero en todo, pero las cosas de la vida y las mujeres que lo frecuentaban, principalmente esa puta de Verónica, hicieron que nos dejemos.

Hoy tengo un entretenimiento, que es Internet, y el Chat, me gusta frecuentar todo tipos de sitios pero tengo principal interés por los pornográficos, confieso que a veces me cansan, que me hartan de ver siempre lo mismo, pero últimamente he descubierto los sitios en los que la gente cuentas sus historias de todo tipo, y me llamaron la atención los de zoofilia. Cuando leo las historias me excitan mucho, y despiertan en mi cierta curiosidad por saber si puede ser real; por esta causa, comencé a indagar y buscar videos, imágenes, todo lo referido al tema que se pudiera encontrar en la web y la verdad, fue bastante, aunque para mi nunca es suficiente.-

Lindando a mi casa está la casa de mi abuela, ella vive sola desde la muerte de mi abuelo, pero en compañía permanente de mis padres y mía. Me gusta ir ahí porque tengo la privacidad que no encuentro en mi casa y en una habitación de la planta alta, en la casa de ella, tengo mi bunker donde guardo todo lo que en mi casa tengo miedo o vergüenza que puedan encontrar. Tengo un televisor, un dvd, la computadora, una cama, y películas pornográficas, fotos de chicos desnudos etc. Material que a diario se amplia por los intercambios que hacemos con mis amigas.

Recuerdo que era un día miércoles por la tarde cuando me encontré con Antonia, mi amiga, mi mejor amiga y compañera de andanzas y ella me dijo:

– A que no sabes que es lo que conseguí?

-No! Por favor dime, contesté.

Y me contó que unos días antes, le pidió a Miguel, un amigo de ella, al cual yo poco frecuento, unas películas de zoofilia, y el tipo le trajo dos para que las mire a ver si le interesaban. La propuesta de Antonia era para que las veamos juntas. Accedí gustosa, preparamos todo, durante el transcurso de la tarde, y a la noche quedamos encontrarnos en la casa de mi abuela.

Llegó Antonia tal como habíamos acordado, esperamos que mi abuela se durmiera, nos fuimos al bunker, buscamos algo fuerte para tomar, pusimos las películas en el DVD, y comenzó la función.

En un primer momento las imágenes no eran tan fuertes, pero con el transcurso de la película las escenas fueron escalofriante: primero eran dos mujeres con uno o dos hombres y un caballo; luego, dos mujeres muy bonitas con un perro, se besaban y tocaban entre ellas como si fueran lesbianas, luego acariciaban, besaban, y trataban al perro con el cuidado propio del mejor de sus amantes. Tengo que decir que la situación me estaba excitando al punto de sentirme mojada, y confieso ¡Lo que miraba me excitaba con locura! ¡Como gozaban esa mujeres con la verga de un perro! Transcurría la película y seguí excitándome; estupefacta, no podía creer lo que veía, pero me gustaba con locura. En un momento del video, una de las mujeres primero y otra después mantenían sexo anal con el animal, y el perro hasta parecía que entendía la situación, ya que se movía con cadencia, eso si, mientras la otra mujer lo sostenía. Me impresionaba como gozaba esa mujer con su amante animal, ¡como el perro las follaba con soltura! Y yo, estaba que ardía, necesitaba masturbarme, quería que Antonia se fuera y me dejara sola para poder descargar tanta excitación.

La segunda película incluía, a parte de sexo entre bestias como perros y caballos, algunas víboras, pescados, gallinas, etc. Era verdaderamente abominable. Pero contenía una parte en que una mujer terminaba de ir a hacer sus necesidades al baño, todas sus necesidades, llamaba a un perro, y la mujer que caminaba en cuatro patas como bestia, veía acercarse al perro mientras intentaba huir, pero el perro obviamente la alcanzaba y comenzaba a lamer con tesón la raja y el ano que tenia restos de mierda. Luego el perro la montaba y tenían relaciones.

Mi morbo estaba en lo más alto, me imaginaba en esa hipotética situación y me calentaba al extremo.

Las películas terminaron, Antonia se fue un poco asqueada, y un poco excitada. La acompañe a la salida, intente devolverle las películas y relicó que las tuviera yo, porque no tenia un lugar seguro donde guardarlas. Aunque pareciera insaciable, no me importaba, y le dije:

Antonia por favor, consígueme otras películas que quiero seguir viendo más de esto, me resulta increíble que pueda suceder en la realidad?

Ella me contestó:

-ni falta hace que me lo pidas, mañana busco todas las que pueda conseguir. Chau.

Volví a mi habitación, ya era tarde y decidí quedarme a dormir en el bunker. Intente conciliar el sueño pero estaba que ardía, las imágenes se venían a mi cabeza una por una con una nitidez que podría haber vuelto a filmar la película de memoria. Me levanté de la cama, encendí el TV y el dvd, puse la película, y mire esa parte del perro con las dos mujeres, lo hice sin perderme detalle, cuadro por cuadro, y me sobreexcite, sin quererlo mi mano se deslizo dentro de mi tanguita y empecé a tocar mi sexo primero suave y lento, luego lo hacia más veloz, me acaricié tanto que me sorprendí gimiendo y jadeando, me dejé llevar y tuve un hermoso orgasmo. Esta descarga de excitación me permitió, tranquilizarme y conciliar el sueño, pero no me alcanzaba, necesitaba sentirme penetrada, copiar yo misma lo que sucedía en las escenas de las películas, y me prometí al día siguiente solucionar el tema.

Desperté, fui a mi casa, comencé con los quehaceres del día; sobre el mediodía estaba desocupada, fui hasta el centro comercial, a un sex shop y compre un vibrador, esos que tienen forma de bolígrafo, más bien pequeño, para que me sea útil, es que soy bastante estrecha, y tenia miedo que me lastimara si fuese muy grande. Cuando salía me arrepentí, recordé el pene del perro y volví al local y pedí ver el catalogo, por si encontrara algo semejante, no había nada, miré uno por uno, encontré algo de forma cónica, geométricamente parecido, pero no con forma de perro. Era bastante más grueso que el que llevaba, pero lo compré igual. Salí del local, me encontraba entre la gente que va y que viene; y me dio vergüenza, no podía cree que esté haciendo lo que hacia, estaba tan caliente y tan excitada, que me hacia perder la razón. ¿Qué diablos hacia yo en ese lugar? ¿Como puede ser que vaya a comprar esos instrumentos para acompañar una película de zoofilia y tener sexo con dos vibradores simulando ser poseída por un perro? ¿Estaba perdiendo la razón?

Solo me masturbaba en muy raras ocasiones, siempre intentaba mantenerme en ese estado de espera en que las mujeres pretendemos estar desde que rompemos con una pareja y empezamos una nueva relación. ¡La verdad me desconocía! ¡La verdad, no me importaba!, mi conciencia intentaba frenarme pero yo la apaleaba y la callaba.

A primera hora de la tarde, en casa de mi abuela, llego Antonia con más material, bastante más, eran unas siete películas en total. Comenzamos a verlas, eran muchas y fuimos salteando escenas, ahora las veíamos simulando un sentido más critico, llegamos a la conclusión que los animales estaban entrenados, que las mujeres podrían haber estado drogadas para hacer eso y otras tantas tonterías más que solo hacíamos para no demostrar lo que nos calentaba la situación. Se hizo tarde de nuevo, mi amiga se fue y me quedé sola, entre las películas, las imágenes de mi cabeza me atormentaban y una excitación bastante importante invadía me cuerpo.

Cené algo en compañía de mi abuela, subí a mi cuarto (el bunker) a dormir, prendí el TV, para ver algo de programación antes de dormir, acomode un poco el dormitorio, y las películas. En tanto las juntaba y miraba las tapas repasaba mentalmente el contenido de las mismas, como jugando a recordar; y de repente una no la tenia registrada, hice esfuerzo por recordar pero fue en vano. La puse en el dvd y comenzó; no recordaba haberla visto, se sucedieron las escenas, y efectivamente me di cuenta que se nos habíamos pasado por alto mirarla con Antonia.

Me acomode en la cama, apagué las luces y comenzó la función; dos mujeres con un enorme perro, ensayaban posiciones, primero era una, luego la otra; ¡Y yo me empezaba a calentar! Mucho sexo, mucho sexo anal. ¡Ya estaba que quemaba! Pausé la película, tome la bolsa que tenia los juguetitos sexuales, fui al baño, busqué algún tipo de lubricante, vaselina liquida fue la mejor opción, volví a mi cuarto, encendí la película, me recosté, tome los aparatitos, primero el más grande, lo lubrique y lo empecé a refregar por mi vagina. La vibración me volvía loca, lo pasaba de punta a punta por mis labios vaginales, separaba las piernas para sentirlo mejor mientras se confundían mis jadeos con los de la película, cuando me estaba por correr, me lo quitaba, recuperaba el aliento y volvía con la rutina. En una escena del video, la mujer se ubica en cuatro patas, como una perra y el perro la empieza a penetrar frenéticamente desde atrás, y yo imitando lo que veía, me puse en cuatro patas y empecé a introducir en mi vagina el vibrador; era tan suave, estaba tan tibio, entraba y salía tan cómodamente ajustado a mi coño que no pude más que imaginarme siendo poseída por esa bestia en el preciso momento que tuve un intenso orgasmo; grite, recuerdo que grite de placer y eso fue lo que me trajo a la realidad de mi habitación, ¡porque estaba ahí!, ¡era parte de la película!, estaba siendo hermosamente penetrada por ese perro. Esperé que pasen unos instantes, para ver si no venia alguien por los ruidos que había hecho, intente recuperarme mientras seguía mirando el video. La otra escena era con la otra mujer que participaba del trío, también se ubicaba en cuatro patas; pero en éste caso, la segunda mujer le lubricaba la vagina y el esfínter anal a la otra participante, mientras el perro merodeaba por la habitación. Los masajes de lubricación excitaban mucho a la protagonista, y jadeaba con desesperación, cuando le lubricaba el culo; yo excitada y siendo que me sentía parte de la película, también puesta a gatas, tomé vaselina y comencé a lubricarme el culo. La sensación era agradable, también acariciaba mi clítoris; la película seguía y yo a las escenas de ésta. Lo llamaron al perro, éste la monto por detrás, introdujo su pene en el coño de la actriz para luego de unos instantes comenzar a introducir su pene en el ano, la mujer comenzó a gemir, y el perro empezó a moverse. Note, que la mujer parecía bien estrecha, no imagine que pudiera meterse tremenda verga en ese culo tan apretadito y gozar, pero al parecer lo hacia. Yo seguí la situación, tomé mi aparato más pequeño, lo ubiqué en la entrada de mi ajustado esfínter anal y comencé a empujar. Estaba tan lubricado que no hizo falta mucha presión para que empezara a abrirse camino a mi interior, la sensación no me resultaba tan placentera; un poco me dolía, así que solo me lo insertaba hasta la mitad y lo sacaba muy lento, ésto hacia que sintiera que mi culo lo escupía y en ese momento, gozaba más. Lo volvía a poner y a sacar, cada vez con más confianza; sentía a la perfección ese aparato en mi ano, y lo reconozco, más me calentaba mientras más jugaba y mientras miraba la película. Me lo insertaba con más fuerzas al tiempo que el perro más penetraba a la mujer; yo me movía el instrumento haciendo pequeños círculos para que mi culito responda a la estimulación, y así era, me estaba dando una buena follada y me gustaba. Me incrustaba cada vez más al fondo de mi culo el aparatito, al tiempo que gozaba también me dolía. Intente separar las nalgas para darle mejor entrada, para facilitarme la penetración, pero estaba tan lubricada y mi esfínter tan al limite de su resistencia, que tan solo por un segundo que soltara el instrumento de placer, éste salía de cómo eyectado de adentro de mi agujero. Entonces, tome valor, lo clave bien clavado en mi culo y arrodillada, empecé a bajar mis caderas hasta quedar sentada sobre él, al tiempo que lo apretaba contra el colchón; esto me permitía follarme, sentándome y subiendo rítmicamente sobre mi mecánico amante. Entraba y salía de mi culo con delicadeza y suavidad, pero con firmeza y mucha presión; movía mis caderas, me sentaba sobre él hasta que casi desapareciera dentro de mí y suavemente elevaba mi culo para dejarlo salir. Tomé el otro vibrador, lo encendí y empecé a pasarlo por mi clítoris, hasta que tuve mi segundo enorme orgasmo, al tiempo que el perro del video le llenaba el culo con sus jugos a la mujer de la película.

No pude más, estaba muerta, a duras penas tuve voluntad de apagar la TV y luego me quedé profundamente dormida.

Al día siguiente me desperté sobresaltada, era ya media mañana y estaba durmiendo. Bajé por las escaleras a la cocina, estaba ahí mi abuela, sentada haciendo nada, la saludé, le pregunte:

– ¿alguien ha preguntado por mi?

A lo que me respondió:-no!

Fui a mi casa; ya todos habían salido a realizar sus diarias actividades. La casa estaba sola y aproveche para ducharme.

Estaba aburrida, ya era el medio día y fui otra vez con mi abuela, ella estaba alimentando al perro, que siempre estaba alegre y de buen ánimo en su compañía. No es un animal de raza, mas lo rescato mi padre de la calle; es mediano, robusto, de cola larga y cabeza grande, suele tener muy buen genio; durante el día está en el enorme patio de la caza de mi abuela y a la noche entra a la casa, ya que mi abuela se siente protegida y acompañada por él, se llama Coto; le quedo ese nombre por una persona vecina que lo llamaban de esa manera y según mi padre el perro se parece a nuestro vecino.-

Cuando ví a mi abuela alimentando a Coto, juro que no pude, no clavarle una mirada a su pene, estaba en su capullo pero lo vi grande, y mi imaginación empezó a correr a millones de kilómetros por hora, pero por otro lado, intentaba no pensar. En tanto hablábamos con mi abuela de cualquier cosa, ella me invito a almorzar, y me pidió que la ayude a bañar al perro luego del almuerzo, ya que le costaba mucho trabajo hacerlo sola; y no pude decirle que no. Pasó un par de horas luego de almorzar y cuando estábamos por emprender la tarea de bañar a Coto llegó Antonia, le conté que íbamos a bañar al perro con mi abuela y ella se ofreció para el trabajo, mi abuela gustosa dijo que si y que mientras Antonia y yo le dábamos una ducha al perro ella continuaría con los quehaceres de la casa.

Comenzamos la tarea del baño en el patio, y Antonia a medida que mojábamos y enjabonábamos al perro comenzó a tocarle, primero en forma disimulada, luego en forma evidente, el pene del perro, hasta que éste empezó a crecer y salio de su capullo. Era enorme, mucho más grande que el aparato que había comprado para darme placer, no lo podía creer, tenia más de 20 centímetros, rojo sangre, con muchas venitas. Antonia lo miro y me dijo:

si nos ensarta esto no va hacer gritar como locas!

Yo solo la mire, estaba asombrada no podía creer lo que decía; y después lo que veía. Antonia sin dudarlo mucho le tomo el pene y comenzó a tocarlo, como masturbándolo, y el miembro de Coto se endureció más aun. Antonia reía en forma nerviosa al tiempo que exclamaba lo suave y caliente que era ese trozo de carne y lo tremendamente duro que estaba, me insistido en que lo tocara, lo cual hice sin mucho dudar ni pensar y la verdad es que tenia razón, esa tan suave y caliente que llamaba la atención, eso si, no era lindo verlo, impresionaba. Antonia se animo y lo olfateó, según ella no tenia olor, por otra parte el perro ya estaba casi bañado. Coto ni se movía, solo nos miraba con cara tierna y distraída, como si fuera que acariciábamos de la manera más natural del mundo.

Basta ya dije yo; terminemos con esto, que se esta pasando de la raya.

Antonia sonrió y me contesto:

nena no te estarás excitando? Porque yo estoy que ardo! añado la muy guarra.

Basta ya! Insistí nuevamente.

Al día siguiente, por la tarde, llega Antonia a verme y me dice: –

– Laury, te tengo dos sorpresas!

-Que es? replique yo

Me muestra el dvd de otra película y una cajita de plástico bien cerrada; la abre, y dentro había un trozo de algodón con manchas de sangre.

Y eso? Pregunte.

– Es sangre del celo de la perra de la amiga de mi madre! Con esto podemos hacer excitar a Coto!

-Pero, no entiendo? Pregunte.

-Que es lo que no entiendes? Dijo Antonia como sorprendida,

-Para que quieres excitar a Coto?, le respondí

Y me dijo como aclarando una obviedad:

– Yo amiga mía, estoy como loca con el temita de estas películas que estamos viendo, alteran mi vida, mis pensamientos, se me ha transformado en una obsesión, no duermo sin soñar que tengo sexo con un perro, quiero hacerme follar por un perro y ese perro es el tuyo! Ya no aguanto más esta situación!, Por favor colabora conmigo!, exclamo.

Yo estaba muda, no daba crédito a lo que escuchaba, no podía creer que sea cierto, no era capaz de articular una sola palabra. Y Antonia me dijo:

-No me mires de esa manera!, Es así, quiero sexo con un perro, y después de todo no te asombres tanto que fuiste tú la que empezó con esta historia! Y aunque te parezca una locura, eres mi amiga, mi mejor y única amiga, mi confidente y me tienes que ayudar y apoyar!

Solo pude decir:

-Bueno!

Me tomo de la mano, fuimos al patio de la casa de mi abuela, ahí estaba Coto, tranquilo, solo y echado bajo el árbol, nos miraba extrañado raro por la forma abrupta en que entramos por la reja. Antonia saco el algodón de su caja y Coto al percibir el olor se transformo, empezó a girar alrededor nuestro, nos quería sacar de un mordisco el algodón, olfateaba como enloquecido la manos de Antonia, nos lamía las piernas; se había vuelto loco. Lo tome del collar para intentar calmarlo, pero era casi imposible, en eso Antonia se retiro detrás de unas plantas, yo no entendía muy bien que es lo que hacia, y la llamaba para que me ayude a huir del perro, pero ella volvió rápido y se sentó sobre la mesa del jardín y me dijo con vos fuerte y clara:

Suelta al perro!

Yo que me di cuenta que algo tramaba eso hice, Coto salio como loco hacia Antonia, la olfateaba por todos lados hasta que ella separo las piernas y Coto le clavo su hocico ahí, en su entrepierna; ella rió, gimió y separo aún más las piernas mientras en perro lamía como loco. Cuando Coto se retiro y quiso montarla, ella se asustó, se lo quitó de encima como pudo, la socorrí, atando al perro del collar a una cadena al tiempo que Antonia me decía:

por suerte dejo de lamerme porque estaba a punto de tener un orgasmo!

Ya no pude contener mi ira y le dije:

Estas loca de remate! Que te ideas te pasan por esa cabeza? Estas a punto de cometer una estupidez!

Ella sonrió y me dijo:

– No amiga las dos vamos a cometer la estupidez de follarnos ese pedazo de perro y a su pene!, Vamos a ser sus perras, y para eso esta es la solución! (mientras me mostraba el pedazo de algodón) y continuo diciendo:

– Es el afrodisíaco más potente que he visto! Si por el solo hecho de pasármelo por la vagina tu perro me lame así, ni me imagino lo que hará si lo refriego bien refregado por mi chocho! Y agrego:

-Laury, prepara todo! Mañana a la noche, ponte hermosa y sexy, que es el gran día! Mañana seremos las perras de tu perro!

Antonia fijo la sita a las 7 PM. Prepara el bunker, que Coto esté listo para la acción; dio media vuelta y se fue. No pude decir nada.

Esa noche no pude dormir; al día siguiente, no hacia otra cosa que pensar en este perruno encuentro; la idea me espantaba, pero me excitaba al punto de la locura, yo me prometía no hacer nada, solo asistir a Antonia, pero no entendía por que me había duchado con sales, perfumado el coño, puesto mi mejor y única tanga, depilado la entrepierna, y preparado el ambiente, como para recibir a mi mejor amante.

Mi abuela ceno, se fue a dormir no sin antes tomar su pastilla que la dejaba en estado de coma. Antonia llego recién a las 8pm. La espera casi me hace morir de los nervios; ella estaba radiante, hermosa, tenía un vestido cortito, bien ajustado, muy perfumada casi como para una fiesta. Cuando la vi le dije enojada:

Pensé que te habías arrepentido?

Ni loca! – me contesto.

Buscamos a Coto y lo subimos por la escalera ofreciéndole comida, primero pasó Antonia delante mí mientras yo deje todo el ambiente y el clima ordenado para no crear sospechas si alguien se levantaba o entraba a la casa sin previo aviso.

Ya en la habitación, dije:

Antonia y ahora que intentas hacer?

Ella respondió: – Fácil! Ponemos la película que traje el mismo día que te mostré la cajita con el algodón, la vemos, espero excitarme y luego que empiece la función!

Y así fue, puso la película, tomamos un poco de wisky, Antonia se empezó a excitar, comenzó a tocarse, al tiempo que con sus pies acariciaba al perro que estaba echado. La observaba a ella, miraba la película, y me di cuenta que Antonia tenia todos los detalles planeados; la situación me tranquilizo pero por otro lado me invadía un éxtasis increíble.

Antonia se incorporo, se fue a un rincón de la habitación y se frotó bien frotado, por la vagina y el ano el algodón que tenia el afrodisíaco perruno, lo volvió a guardar en su bolso y se acerco, el perro no reaccionó cuando ella paso junto a él, y me dijo:

-Mejor así!, necesito que me hagas un favor?

Sin dejarme responder, se levanto el vestido se bajo la tanguita, se posó sobre mi cama en cuatro patas y me pidió que le lubricara el sexo. Yo accedí, no se me ocurrió preguntar porque no lo hacia ella misma; seguramente la situación, esa mezcla de vergüenza, desenfreno, excitación, etc. no me permitían preguntar. Antonia me alcanzó el pote con el lubricante que había traído especialmente para la ocasión, humecté mi mano y con suavidad empecé a lubricar su entrepierna; era hermosa, completamente depilada, rosada, perfecta. Mientras lo hacia, note que ella se movía al tiempo que yo movía mis manos por su vagina, note que se comenzó a mojar, le quité la mano de la entrepierna, y dije:

Si bien acepto lubricarte y tienes una hermosa entrepierna no me pidas que te haga llegar al orgasmo, ya que no soy lesbiana!

-Esta bien! Contesto de mal modo.

– Ahora si no te molesta, lubrícame el orificio del ano! Agregó.

Accedí de mala gana, y le pase el dedo con mucha crema por su apretado orificio, era ajustado, perfectamente circular, rosado, no menos hermoso que su coño, en realidad, debo admitir que Antonia es muy bella y más en esa posición, a gatas, con el vestido arrollado a su cintura, con el culo al aire, y toda lubricada por mi mano. Mientras pensaba en esto, apreté un dedo contra el orificio de su culo, éste se abrió para dejarlo entrar, mientras Antonia se sacudió y dijo:

-Eso es mi amor! Por favor ponme crema en el agujerito! dentro de el! Sí! así!

Yo volví a lubricar mi dedo en la crema y luego acometí con éste, contra su culo; ella levantaba las caderas y yo le clavaba el dedo. Esto me gustaba mucho, estaba realmente excitada, con la situación y con Antonia! Comencé a tocar mi sexo desvergonzadamente, caliente, excitada, lujuriosa; me sentía la perra más perra, la lesbiana más lesbiana, la puta más puta; gozaba como loca ¡y eso que yo no soy lesbiana!

Cuando estuve a punto de correrme, sentí algo frió en la mano con la que acariciaba mi sexo y me sobresalté, reaccione y miré que era Coto, me observaba al tiempo que olía mi mano, cuando la quite de sus narices olfateó mi sexo húmedo a través de la micro tanga que llevaba puesta y me propino un par de lengüetazos; me incorpore de un salto, y retiré abruptamente el dedo del interior del culo de Antonia y ella se sorprendió. Hay! Exclamo,

-Que pasa? Preguntó.

Yo le dije: – me lame la vagina!,

Y ella, mirando al perro me dijo:

-Pero eso no es nada!, Ahora presta atención a como tiene la polla!, me respondió.

Al mismo momento que Coto de un saltito subió a la cama y aprovechando la posición de Antonia (que seguía en cuatro patas) le comenzó a lamer la vagina primero y el ano después. Antonia gimió, lo miró, levanto las caderas, arqueo su espalda haciendo que sus redondos y grandes pechos tocaran las sabanas, apretó sus puños contra la almohada y empezó a jadear. Dejé que todo transcurriese mientras vigilaba las acciones y dejaba que el perro continué con su labor.

Coto lamía con locura el sexo de Antonia, de arriba hacia abajo, se detenía en el culo, y comenzaba otra vez, pasaba la lengua tan profundo que la incrustaba dentro del chocho de mi amiga, Coto se lo hacia en forma frenética, velocísima, como frenéticos eran los jadeos de Antonia, y ella empezó a gritar que estaba a punto de tener un orgasmo; el perro abandonó la posición, dejo de hacer lo que estaba haciendo, y se hecho a lamerse el pene. Antonia descontrolada le grito:

que haces perro estúpido! A mi lames la concha! No me puede dejar tan caliente este perro de mierda!.

Antonia descontrolada de éxtasis me pidió le alcanzara el algodón con el perfume a perra que estaba en el rincón, en su bolso, ella no quería abandonar la posición en la que estaba. Me apronté a cumplir con el mandado y cuando quito por un segundo la vista de la escena, ella me dice inmediatamente:

Mira, tu perro por fin reaccionó!

Giro para ver lo que pasaba y Coto le propinó dos lamidas a su coño, la monto de atrás he intento penetrarla. No lo logro al principio, yo me acerque, sin dudarlo tome el tremendo pene del perro, le dije a mi amiga si estaba lista, y ella grito:

Si por favor! No resisto más esta espera!

Le pedí que bajara un poco el culo, para que el perro accediera a su vagina con más facilidad, guié el trozo de carne caliente hasta su vulva y lo deje mover. La acometida de Coto fue terrible, de un solo movimiento le incrustó la polla hasta el fondo de su agujero, Antonia se sacudió, grito, y dijo:

– Si es enorme! La tiene enorme este hijo de puta! Déjalo que me posea como quiera! Dame más, más, Así! Así!

Coto la sujetaba por la cintura con sus patas delanteras mientras seguía como loco follando a Antonia; y ella gritaba como loca de placer.

El pene del perro la penetraba hasta meterle las bolitas por donde se quedan pegados, luego en forma abrupta la sacaba integra del interior del coño, y gracias al lubricante, volvía a meterla hasta el fondo otra vez y otra vez y una vez más; a un ritmo de sexo escalofriante. Antonia tuvo dos orgasmos, quedo tendida en la cama, mientras el perro la seguía follando, hasta que este también le mojo la entrepierna con su semen, y se retiro a lamerse. Esta situación del perro con Antonia no duro más de 10 minutos, lo que pasa es que la intensidad, era terrible. Yo que miraba la situación sin perderme detalle, no lo podía creer, la veía a mi amiga tirada con el culo al aire, la vagina enrojecida por el sexo, despidiendo y chorreando los jugos del perro, era horrible, realmente era horrible, pero el espanto que sentía me excitaba al borde de la locura.

Me senté junto a Antonia, que estaba recuperando el aliento, y ella sin decir nada, tomo mis piernas con sus manos y las separo, me beso el cuello, paso sus dedos por mi vagina, se sonrió al sentir mi tanga tan mojada, y me comenzó acariciarme suavemente; se detuvo un segundo, tomó lubricante y me humecto muy bien. Con movimientos suaves me acomodo hasta quedar arrodillada sobre el piso de la habitación con mi pecho desnudo sobre la cama, se puso detrás de mí, me quieto la ropa, me saco la tanga y empezó nuevamente con el ritual de lubricación, pero ahora con preferencia en mi culo. Yo sentía sus caricias, sus dedos en mi sexo, alguno entrando y saliendo de mi vagina, en un perfecto proceso, y comencé a experimentar la sensación de su dedo en mi ano, ella se sorprendió de lo estrecho de éste, y todo su trabajito lo hizo en forma delicada. Me lo fue metiendo suavemente, solo un poco, y lo retiraba, luego un poco más, y otro poco, y la verdad que lo gozaba bastante. Antonia tomo el algodón con perfume a perra en celo y lo refregó muy bien por mi coño y llamo a Coto.

Yo le pedí que esperara; no me sentía segura, ella me acaricio la espalda, me pidió que me tranquilizara, prometió que me cuidaría; y yo accedí. Antonia me sugirió levantara las caderas y separara un poco más las pierna; eso hice y sentí la nariz caliente de Coto pegada a mi culo, seguido a eso su lengua que se abría paso por mi coño separando los labios de mi bulba y terminando su recorrido en el orificio de mi culo. Para soportar la situación apreté mi pecho y mi rostro contra el colchón, me aferre del otro borde de la cama, estirando los brazos, arquee la espalda, para levantar más el culo, separe las piernas otro poco y me deje llevar el mundo que me proponía Antonia, al de las perras calientes, en el pasaje que me conseguían las lamida de Coto.

Mi excitación era terrible, la lengua del perro me surcaba la vagina, me mojaba el ano, se metía en el interior de mi sexo; esa lengua tan ancha, caliente, áspera, me enloquecía y yo lo disfrutaba.

Al tiempo que dejo de lamer, sentí que el perro se me subía por detrás, yo me conmoví. Antonia se percato de ello y me tranquilizo diciendo:

yo lo tengo controlado! Dime cuando lo dejo penetrarte!

Dudé un segundo, pero asentí con la cabeza. Antonia le dio posibilidad de moverse, y sus patas me abrasaron por la cintura; vibré cuando su pecho peludo se apoyo a mi espalda, me percate de sus primeros movimientos intentado penetrarme y un segundo después sentí la punta de su pene en la entrada de mi vagina, luego me incrusto su monstruoso miembro de un solo movimiento hasta las cavidades más profundas de mi coño. Yo grite!, Volví a gritar! Y grité nuevamente cuando de un solo tirón saco su tronco de mi interior y sobre eso, lo volvió a incrustar en mí. No aguante en silencio la penetración, era enorme esa verga; la sentía milímetro por milímetro abriéndose camino. Era caliente, sentía como ardía en mi cueva; me sentía poseída, obligada a soportar esa tremenda penetración, me sentía violada, ultrajada, pero también me sentí su perra, su hembra. Mis gritos eran suyos, yo gritaba por él, por Coto, mis gemidos eran de él, y merecía que yo me mojara, que le mojara el pene con mis jugos, el merecía que yo le demostrara lo que me hacia gozar follándome. El perro no paraba, se movía como loco; mientras yo separaba mis piernas y me sostenía de la cama, y gritaba de placer; gritaba mucho, jadeaba como loca, hasta que me convulsione con la llegada de mi primer orgasmo. Sentía una electricidad correr por todo el cuerpo, tenia la vagina muy sensibilizada, y sus embestidas me producían, a parte del tremendo placer, algo de dolor.

Los movimientos violentos del perro, habían hecho rozar su chipote, por mi ano, en un par de ocasiones, y eso me tenía en alerta, no podía ni quería, tener eso en mi culo.

Luego del orgasmo, intenté moverme para quitarme debajo del perro, necesitaba tener un respiro, le pedí a Antonia me ayude a sacarlo de encima mío, y cuando ella intenta sujetarlo, el perro la miro con odio, la gruño, y Antonia se asusto mucho. Volví a intentar salir de la posición en que me encontraba, ahora sin el socorro de mi amiga, pero el perro me tenia inmovilizada, no podía incorporarme, el peso del animal y la postura en que estaba, trabada por todos los rincones, eran una trampa mortal; no podía escapar pese a mis esfuerzos, no lograba salir de la posición en la que me encontraba. Estaba a gatas y el perro seguía moviéndose intentando volver a penetrarme. Forcejee unos instantes, los más brusco que pude sin que el perro se enojara, y por los movimientos que yo hacia, Coto erró una de sus embestidas que fue a dar en el orificio de mi culo; me inmovilizo la sorpresa, la sensación; solo pego la punta de su tronco a mi ano y eso basto para darme cuenta del peligro que corría. Coto volvió a embestir con su pene y volvió a impactar contra mi ano; por la fuerza de la embestida y el exceso de lubricación en la zona, logro incrustarme la tremenda polla, de un solo movimiento, hasta en fondo de mi culo. Cuando sentí eso en mí, pensé que algo se había desgarrado en mi interior, el dolor me invadió, intente gritar pero no pude; la penetración quito el aire de mis pulmones. Sentía que los ojos se me salían de las orbitas, que me asfixiaba; era una sensación intensa, profunda y dolorosa. Sin tiempo a nada, con otro movimiento rápido, saco su verga íntegramente de mi culo, para volvérmela a clavar, con otra embestida, hasta el fondo de mi ano. Solo intentaba respirar para no desmayarme, y grite, ahora si pude gritar para exteriorizar mi pesar; apreté mis unas en el colchón, intente no moverme para no sufrir tanto, deseando que pasara pronto. El hueco de mi culo estaba dilatado veinte veces su tamaño. Sentía el pene de Coto milímetro a milímetro incrustándose en mí, y me desesperaba cuando sacaba su miembro de mi interior porque sabia que otra acometida le seguía; sentía como las paredes de mi ano se ajustaban a su polla para recibirlo, lubricado y caliente; sentí que Coto lo gozaba, mientras yo sufría. Sufría ser penetrada por mi culo por semejante pedazo de carne, sufría ser abusada, ser poseída tan brutalmente, sufría el dolor que sentía. Pero cuando miré por sobre mi hombro y ví a Coto, lascivo, caliente, loco y descontrolado; babeaba por su boca y su baba caía en mi espalda, era caliente, me quemaba, me daba asco. Miro a mi costado y veo a Antonia, sentada en mi sillón, mirándome atenta, mientras se masturbaba acosando su vagina con sus dedos y con mi consolador incrustado en el interior de su culo, perdida en la excitación y la lujuria. En ésta situación, me di cuenta, que era lo que tanto tiempo había buscado, lo que yo me imaginaba solo en sueños; ser tremendamente cogida sin limites ni restricciones, en la situación más perversa y sucia que pudiese planear, era la perra de un perro, era la más puta de las putas, la pervertida más pervertida. Mire nuevamente a Coto; estaba tremendamente excitada y dispuesta a soportar el dolor, porque así lo quería, así lo merecía mi amante. Mientras él se abrazaba fuertemente con sus patas a mi cintura, y su pecho peludo raspaba mi espalda, levanté mis caderas, le ofrecí bien arriba mi culo, con mis manos separe mis nalgas, espere un par más de sus embestidas, tomando su pene lo guié al centro de mi ano al tiempo que grité y jadié, hasta sentir que llenaba con su liquido hirviente, el interior de mi intestino; entonces, me corrí como la perra más caliente de todas!

Coto se separo de mí y yo me quede ahí, en cuatro patas, recuperándome de tremenda follada, al tiempo que despedía por mi culo, el semen de mi amante, en chorritos que corrían por mis piernas y se depositaban en el piso.

Me intente sentar, giré para ver la habitación. Quise ver si todo estaba en orden y ahí estaba Antonia, casi dormida, completamente desnuda; la vagina le brillaba por efecto del lubricante. La tenia bien roja, como irritada, por el castigo que se había dado masturbándose, estaban mis juguetitos sexuales en el piso y la película en la tele continuaba.

Las imágenes me transcurrían como en cámara lenta, todo lo que veía en el cuarto era empañado, la luz era difusa, la situación era distorsionada, lo vivido era casi irreal.

El perro echado en el piso nos miraba como si nada hubiese pasado, y escucho a mi amiga que me dice:

Laury ayúdame a acomodarme aquí?

Yo pregunte:

– Que quieres?

Y ella me contesto:

– Ponerme en tu lugar! Ponerme como estabas vos mientras te pegabas tremenda follada con el perro.

Yo la mire, no entendía y le pregunté:

Pero para que? Quieres otra vez?

Me miro como asombrada y me dijo:

– No pensaras que me voy a ir así? Con una cogidita de tu perro nada mas! Lo quiero de nuevo y lo quiero ahora! Con el espectáculo que me diste estoy que ardo!.

Y agrego:

– tráeme el lubricante, lo pasas por mi sexo, me lubricas bien lubricada y me pones el perfume de perra!

Apenas podía moverme, estaba dolorida, cansada, y pese a todo, hice lo que Antonia me pidió. Lubrique muy bien la zona, le pase el algodón con el perfume de la perra en celo, tome a Coto del collar, se lo acerque al coño y comenzó la acción.

Coto estaba como si no hubiera tenido sexo en meses, ni lamió el sexo de Antonia, solo se le monto por detrás; yo tomé su gigante pene, le di destino de penetración al coño de Antonia, ella se acomodo tal como me había ubicado yo, de rodillas en el piso y apoyada en el colchón; levantó las caderas y cuando me dio el OK dejé que coto se encargara del resto.

Ese perro era una maquina sexual, montaba a mi amiga como una bestia salvaje, era cruel y lascivo. Antonia gemía y se mojaba con cada penetración. El perro le encajaba el pene hasta lo más profundo de su vagina y se lo quitaba integro de su interior, lo volvía a incrustar para luego volvérselo a quitar, en una especie de juego perverso que Coto jugaba a la perfección, era tremendo, se sentía tremendo, era enloquecedor.

Estuvieron así un rato, hasta que Antonia se empezó a quejar y me dijo:

Tengo el culo menos estrecho que tú y ya e tenido sexo por ahí, pero a ti sí te lo pone por el ano y a mi se me niega, o no me lo encuentra! Ayúdame Laury por favor? Quiero que me lo ponga por detrás!

Estas loca!, le conteste yo. Estas realmente loca! Tienes una idea de lo que se siente?

Ella furioza me dijo:

quiero que me la ponga por el culo, quiero que me haga vibrar! Yo también quiero ser su perra! O solo tu tienes el privilegio?.

En ese momento odie a Antonia, odie sus celos, me enveneno el corazón, lo que dijo. Sin decir nada, tome el garrote del perro, se lo puse a la entrada del culo, y se lo apreté contra el orificio para que el perro no errara la embestida, y así fue, al primer movimiento entró un pedacito, Antonia se contorsiono, a la segunda embestida, el pene se le perdió integro en el culo. Antonia grito; gritó desesperada y me pidió socorro, auxilio; me pedía que le saque el perro, que la estaba matando, que la rompería, la desgarraba, la aria sangrar. Yo solo la mire; vi como se ponía colorada, como intentaba respirar cuando el perro le clavaba la verga hasta lo más profundo de su culo. Miré como se contorsionaba cuando el perro se la sacaba del orificio para luego bruscamente volver a penetrarla. Vi como corría su sudor por la cara, Observé la baba del perro corriendo por su espalda. Escuche cada palabra de socorro, escuche cada grito, disfrute cada gemido. Y no hice nada! Me sonreí y deje que el perro la posea. No es fácil ser las perras de mi perro, pensé mientras la escuchaba pedir auxilio.

Como me percate de que Antonia ya hacia un rato no la estaba pasando bien, me acerque a su cara, la besé para consolarla. Ella se sorprendía y balbuceaba, yo solo me dedique a besarla metiéndole mi lengua en la boca, como el mejor y más depravado beso entre amantes. Luego le acaricie la espalda y le dije:-

-Goza amiga mía, bríndate a él, dale lo que tu amante pida, y que te vea gozar!. Se realmente su amante! Tranquilízate, levanta las caderas, dale tu culo a Coto!, No ves como lo goza?

Ella hizo eso, inclusive separo las piernas y abrió sus nalgas para que el pene del perro le entrara lo más que pudiera en su cuevita. Antonia gozó en el dolor, también disfruto de ser poseída, también se pudo sentir perra del perro. Y Coto llegó dentro de ano de ella; quitó su grueso miembro del interior del culo de Antonia, mientras ella yacía tendida. Yo vi su orificio anal y me asombre, estaba enormemente dilatado, chorreaba semen como si le hubieran hecho un enema. Sin dudarlo comencé a acariciarle el dilatado orificio, lo lubrique con el mismo semen de Coto, a medida que chorreaba el semen por el interior de sus piernas, yo se lo desparramaba con una caricia, ella respiraba profundo y agitada. La ayude a acostarse sobre la cama, me recosté a su lado, nos besamos, nos acariciamos y nos quedamos profundamente dormidas.

Al día siguiente, no duchamos temprano por la mañana, ordenamos el cuarto, y acordamos otro encuentro Zoofilico con un poco más de todo.-

Pero esa es otra historia.-

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