ex con dos amigos, me dieron duro

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Aquel fin de semana Lola celebraba su 48 cumpleaños. Yo soy Miguel, de 53 años, y habiamos pasado por distintas fases. Fuimos compañeros de trabajo, después amantes hasta que Lola se separó de su marido, entonces pasamos a ser pareja y despues de unos años pasamos a ser follamigos, fase en la que nos encontrábamos ahora.

Con motivo de su cumpleaños iban a venir un par de amigos de Lola que vivían en Madrid; se trataba de Raul y de Pablo, ambos separados y aproximadamente de mi misma edad.

Lola llevaba unos meses tonteando con Raul, y éste, cada vez que podía se pasaba por nuestra ciudad y le echaba unos polvos. Cada vez que esto ocurría, que afortunadamente para mí era solo una o dos veces al mes, yo quedaba relegado a un segundo plano ya que Lola se entregaba a él con exclusividad. No obstante, estaba tan enviciada por el sexo que al día siguiente de haberse ido ya me estaba llamando para que me pasara por su casa a follar. Me contaba todo lo que hacía con él, ya que a ambos nos iba el morbo y nos poníamos a mil.

Por lo tanto, ese fin de semana, yo sabía que tendría que conformarme con menearmela ya que para follársela ya estaba allí Raul, quien junto con Pablo pasaría la noche en casa de Lola como invitado.

Cuando llegaron ese sábado por la mañana Raul y Pablo, dejaron sus cosas en sus habitaciones y nos dispusimos a salir para comer los cuatro fuera de casa y celebrar el cumpleaños de Lola. Ella estaba especialmente cariñosa con Raul, con quién, como he comentado, tenía una relación bastante estrecha.

Entre cerveza y cerveza yo ya imaginaba las folladas que le daría Raul y que el lunes, ella me contaría con todo lujo de detalles, lo que yo aprovecharía para follármela como ya había ocurrido en las otras ocasiones en las que Raul la había visitado.

Una vez hubimos comido decidimos volver a casa de Lola a tomar unas copas y continuar con la celebración.

Lola se conservaba muy bien a sus 48 años, medía 1,75, estaba en su justo peso y tenía un impresionante par de tetas. Desde que se convirtiera en mi amante se había ido aficionando a tener sexo practicamente todos los días, incluso a veces tenía que hacerlo el mismo día con su marido y conmigo, por lo que se podría decir que era una sexoadicta.

Esa semana no lo habíamos hecho ni un solo día, por lo que deduje que se estaba reservando para Raul; con lo que le gustaba el folleteo debía de estar deseosa de estar a solas con él.

En estas, yo, medio en broma, propuse jugar a las siete y media con las cartas, pero dandole un punto picantón, así el que ganara cada mano podía pedir a alguien que hiciera algo que resultara excitante. Todos estuvieron de acuerdo, incluso Lola, por lo que empezamos el juego.

La primera mano la ganó Raul y pidió a Lola que se tocara por debajo de las bragas durante, al menos, tres minutos. Claramente el morbo nos iba a todos los que estabamos allí.

Lola lanzó una mirada retadora a Raul, como queriéndole decir ¿crees que no voy a ser capaz de hacerlo?; pero ambos, Raul y yo, sabíamos que lo haría, ya que ella disfrutaba pensando en que la miraba algún vecino cuando follaba con los dos, y ahora iba a disfrutar viendo cómo tres tíos la observaban mientras ella se masturbaba aunque fuera por debajo de las bragas. Además, las copas que habíamos tomado ayudaban a que nos sintieramos totalmente desinhibidos.

Lola se subió el vestido y, levantando el elástico de sus bragas, metió su mano y comenzó a tocarse la rajita. Al transparentarse su mano a través del encaje pudimos ver cómo primero se pasaba el dedo de arriba a abajo y luego lo fué introduciendo en su agujerito. En su cara se podía apreciar cómo estaba disfrutando y cómo se excitaba viéndonos observarla sin parpadear. Pasaron los tres minutos y Lola sacó su mano mientras resoplaba de gusto y mostraba sus dedos mojados. Se quedó mirando nuestros paquetes a sabiendas de que estabamos los tres empalmados, pero se detuvo contemplando el paquete de Pablo, por ser el único que no había visto y porque era especialmente grande. Lola nos amenazó diciendo “cómo gane yo una mano os vais a enterar”.

La siguiente mano la ganó de nuevo Raul y, en esta ocasión, le pidió a Lola que le metiera la mano en el pantalón a Pablo y le tocara el paquete el tiempo que ella quisiera. A Lola se le iluminaron los ojos porque era lo que en aquél momento deseaba con mas ganas. Y Pablo le dió abiertamente las gracias a Raul por su petición.

Lola, que estaba sentada junto a Pablo, empezó a introducir su mano bajo el pantalón y cuando palpó su verga le miró a los ojos, con cara picarona, y luego dirijiéndose a Raul y a mí, nos dijo “¡¡madre mía, qué buen rabo tiene el niño¡¡”. Empezó a mover su mano arriba y abajo con intención de meneársela un poquito y ponersela bien dura, pero con el pantalón abrochado no era posible, así que se lo desabrochó, le bajó la cremallera y sacó un enorme pollón mientras lo masajeaba una y otra vez. Yo le dije a Pablo “qué mal rato estás pasando” y Lola respondió “y yo también, jeje”.

La guarra disfrutaba tocándole la polla mientras se la ponía dura como una piedra y Pablo le comenzó a tocar las tetas a lo que Lola no opuso ninguna resistencia. Se las sacó del sujetador y agarrando sus pezones tiró de ellos hacia arriba cómo queriendo comprobar cual era su peso. Raul y yo, viendo aquél espectáculo, nos habíamos sacado nuestras respectivas pollas y nos masturbabamos sin parar. Y Lola, mientras acercaba el pollón de Pablo a su boca, nos dijo “vaya tarta de cumpleaños voy a disfrutar, nada menos que con tres buenas velas para mí solita, jajaja” y yo le contesté “bueno Lola, lo que te estás metiendo en la boca mas que una vela yo diría que es un cirio”.

Mientras que Lola le chupaba el glande, ya que a duras penas podía introducir esa verga en su boquita, y Pablo le sobaba las tetas, Raul y yo nos acercamos a ellos y comenzamos a desnudar a Lola. Raul la despojó del vestido y yo de la ropa interior.

En cuanto que Pablo vió su chochito afeitado en el que solo quedaba un pequeño hilillo de vello, no pudo evitar echar mano a esa rajita y pudo comprobar cómo de lubricada se encontraba la dama, siempre lista para ser penetrada, cosa que sabíamos de sobra Raul y yo.

Cuando todo apuntaba a que sería Pablo el primero en follársela con su enorme polla, a Lola se le ocurrió que sería buena idea que él fuera el último, ya que al tener el pene mas grande sería conveniente ir dilatándole la vagina poco a poco; de esta manera, dirigiéndose a Raul y a mI nos dijo ” folladme primero vosotros, que empiece Raul, y después me la metes tú, Miguel, así le será mas fácil a Pablo follarme con el coño bien abierto”.

Así, tal como estaba, reclinada sobre Pablo haciéndole una buena mamada, la cogió Raul por las caderas y comenzó a follársela, Pablo continuaba pellizcándole los pezones; yo ya me preparaba para continuar dilatándole la vagina a la zorra de Lola, puesto que, tal como me había contado en mas de una ocasión Lola, Raul era de corrida rápida. Con los golpes de Raul, Lola se tragaba media polla de Pablo, y en cuanto terminó su follada me acerqué a Lola y le metí la polla hasta el fondo; cómo se notaba que acababa de recibir una buena ración de leche caliente. Aguanté todo lo que pude, quería que disfrutara la puta ya que era su fiesta de cumpleaños. En cuanto que Lola se corrió me dejé llevar y lancé mi esperma en su interior. A Lola le encantaba sentirse llena de leche y esa tarde iba a recibir varias raciones.

Le pedí que me la limpiara con la lengua y la tumbamos en el sofá, era el turno de Pablo. El coño se veía bien abierto y empapado de semen y flujo. “¿Lola, qué te está pareciendo la fiestecita?” y me dijo “tú sabes que no hay cosa que me guste mas que follar”.

Mientras se la chupaba a Raul, Pablo comenzó a darle golpes con su glande en el clítoris, avisándole de que iba a ser empalada por su enorme pollón, por lo que Lola, levantando la cabeza y fijando la mirada en su coñito, quiso deleitarse con la visión de la verga de Pablo penetrándola.

Yo disfrutaba como nadie viendo a Lola entregada, deseosa de darnos placer a los tres, cuando, en ese momento, Pablo empezó a clavarle su verga, introduciéndola poco a poco, a la vez que iban surgiendo lo jugos que guardaba Lola en su vagina. Yo no quería perderme aquél espectáculo, asi que me senté sobre su cara para que me chupara los huevos y el culo, mientras me la meneaba. Por su parte, Raul le chupaba el clítoris, con el riesgo de que Pablo en una de sus embestidas le diera con la polla en la cara, pero a Raul, en ese momento, parecía no importarle aquello. Lola gritaba “dámela toda, cabrón, jódeme bien el coño y llénamelo de semen, si es que aún queda sitio”.

Así estuvimos un buen rato hasta que Pablo se corrió y le echó una nueva ración de esperma a Lola. Cuando se la sacó tenía el agujero abierto y empapado de jugos pegajosos y yo, sabiendo que a Lola no le gustaba desperdiciar aquello, me apresuré a ir a la cocina a coger una cuchara, se la introduje en la vagina para recoger todo el caldito que pudiera y echandolo sobre el glande de Pablo pude disfrutar viendo a Lola tragarse todo su contenido. Repetí la operacion en varias ocasiones volcando la cuchara en el capullo de Pablo hasta que ya no le quedaba nada en su interior y la guarra de Lola se tragó todo aquel gazpachito calentito que tanto le gustaba.

Raul quiso darle una última corrida a Lola y colocándose entre sus muslos comenzó a comerle el coño, metía y sacaba su lengua en el agujerito aún abierto de par en par producto de las múltiples folladas que había recibido, y no paró hasta que consiguió su cometido.

Los tres, que ya nos habíamos recuperado, ya estábamos empalmados y quisimos echarle a la guarra de Lola una corrida directamente en su boca, así que nos colocamos alrededor de su cara y, mientras que Lola nos masajeaba los huevos, nos la meneamos hasta que nos corrimos en su boca y la zorra tragó todo nuestro semen. Si había una cosa que le gustaba a Lola tanto como follar era chupar una polla y tragar su leche, así que le dimos gusto pasando una tarde memorable.

Desde aquél día, Pablo se aficionó a venir amenudo a casa de Lola y estuvimos una buena temporada dándole a Lola lo que tanto le gustaba, buenas folladas y lechadas en la boca, y lo cierto es que cuanto mas duro le dábamos y con mas asiduidad repetíamos aquellas sesiones de folleteo, mas sexo quería la muy guarra; de hecho, tras esos fines de semana de guarreo en grupo, era normal que Lola me llamara al día siguiente para comentar las mejores jugadas del “finde” y ya bien calientes acabar follando como posesos. Así fué como nos convertimos en dos verdaderos adictos al sexo, pero era fácil que pasase puesto que no todos los días se encuentra a una guarra a la que le puedes hacer todo lo que quieras y que esté dispuesta a hacerte todo lo que le pidas.

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