cornudo feliz. relatos eróticos

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Tenía 25 años y estaba de novio y enamoradísimo de la que era, para mí, la mujer más hermosa del planeta. Ella tenía 26 y 1.70m de pura belleza. Su cuerpo era esbelto y estilizado, con un par de piernas eternas que coronaban en un culo esculpido por Dios. Esa cola me había vuelto loco desde el principio, y ella siempre usó esa arma para conseguir todo de mi. Su cintura de avispa, decorada por un piercing verde en el ombligo y sus (casi) pequeños pero firmes y hermosos pechos completaban la ecuación y dejaban lo mejor para el final: una carita preciosa, con dos ojazos grandes color miel y unos labios carnosos deliciosos. Su piel dorada y su cabello castaño, casi largo hasta la cintura eran la frutilla del postre. Y yo no podía creer estar con semejante mujer.

Yo era apenas más alto que ella, y nada en mí escapaba del promedio; nada excepto mi verga, que era mas chica que el estándar. Esto nunca había sido un problema para mí, hasta que llegó Valeria a mi vida y me hizo sentir que no estaba a su altura. Tal era el poder que tenía sobre mi que me esforzaba al máximo todas las noches, pero no conseguía satisfacerla. Solo de ver ese hermoso culito menearse cerca de mí ya aceleraba mi proceso de desagote, que al final no resistía ni cinco embestidas.

Como me daba cuenta que ella no quedaba satisfecha conmigo, intentaba remediarlo de todas maneras. Mi favorita era hacerle sexo oral. Me encantaba el sabor y el aroma de esa hermosa conchita completamente depilada y suavecita. Con el tiempo ella se dio cuenta que lo hacía casi como un deber, que me sentía en deuda con ella, y comenzó a aprovechar su poder. Cada noche cuando salía de la ducha llegaba a la habitación mientras yo la esperaba en la cama y dejaba caer la toalla ante mis atónitos ojos. Su hermoso cuerpo con forma de guitarra, de piel de oro y ojos birllantes aparecía ante mi, eternamente hermoso, pero cada vez mas inalcanzable. Y lo digo porque lo primero que hacía Vale era subirse a la cama en cuatro patas y gatear directamente hacia mí, luego me daba un beso, refregando su cuerpo contra el mio, y se subía a mi cara, se arrodillaba con sus piernas aprisionando mi cabeza y apoyaba, sin preguntarlo ni dudarlo, su conchita sobre mi rostro, y comenzaba a moverse lentamente. Así, mientras se masturbaba contra mi cara yo lamía ese hermoso manantial y recibía todos sus jugos, para luego sentirla alejándose de mi. Ella se iba a dormir y yo me quedaba en esa misma posición, con mi cara empapada de sus orgasmos, su sabor flotando en mi nariz, y mi verga durísima. Las primeras veces intentaba hacerle cucharita para que sintiera mi erección, pero ella se limitaba a mover su culo contra mi miembro hasta que terminaba acabando en mis bóxers.

Con el tiempo, el proceso se hizo costumbre, pero gestos como la provocación a cuatro patas o sus besos comenzaron a desaparecer, y yo solo esperaba inerte en mi cama a que ella saliera de bañarse y se sentara en mi cara para su dosis diaria de sexo oral. Luego se dormía, con su hermoso culo lejos de mi pito. Aunque yo disfrutaba mucho lamérsela, mi frustración crecía día a día, pero mi cabeza no podía culparla.

Una noche como cualquier otra yo estaba acostado, esperando dócilmente que ella saliera del baño. Sentí al ducha apagarse y algunos minutos después Vale apareció en el umbral. Ahí mismo dejó caer la toalla y se puso de espaldas a mí. Completamente desnuda se apoyó en la pared quebrando la espalda y comenzó a menear su hermoso culo. Mi pija estaba por explotar, pero yo no me movía de mi lugar, de mi prisión aceptada. Se acercó sensualmente a la cama, gateando sobre mí, y rozó con todo su cuerpo mi pito duro, con una sonrisa maliciosa y cargada de lujuria en su rostro. Luego, como era costumbre, se arrodilló en mi cara, pero esa vez alejó su conchita de mi lengua justo cuando me disponía a lamer. Me quedé desconcertado, y ella rió mirándome a los ojos.

–          Te gusta? – me dijo, manteniéndola a unos seguros diez centímetros de mí y abriéndola un poquito con sus dedos

–          Si Vale! Me encanta!

–          La queres chupar bebé?

–          Siii! – contesté yo como un perro alzado, pero ella seguía moviendo su cintura sobre mi, sin dejarme alcanzar su entrepierna.

Cada vez que se acercaba a mi boca yo abría y sacaba mi lengua, y ella se volvía a alejar, haciéndome sentir un perro estúpido y desesperado.

–          Te encanta mi conchita no?

–          Sii Vale si!

–          Me la queres chupar?

–          Si!

–          Yo quiero que me la chupes siempre, sabes?

–          Si amor, siempre te la voy a chupar.

–          Siempre siempre siempre? – dijo con ese tonito de perversión mientras se acercaba mas y mas a mi boca

–          Si Vale, siempre siempre!

–          Aunque esté toda acabadita por Martín?

Al escuchar eso me quedé de piedra, confundido. Ella sonrió de nuevo y comenzó a masturbar su conchita a escasos centímetros de mi cara.

–          Te acordás de Martín, mi compañero de la facu? El me está cogiendo hace un par de semanas bebé, no sabés como me coge! – dijo con voz de bebota, provocativa, mientras se metía dos dedos y los sacaba.

–          Me deja hecha una seda bebé, no sabes cuanto necesitaba un macho que me rompiera toda y me dejara así – continuó diciendo.  Y en ese momento, comenzó a acariciarme la cara con los dedos que habían estado en su interior. Luego me los metió en la boca. Yo los chupé.

–          No te molesta, no bonito? – decía mientras repetía la operación de meterse los dedos y luego llevarlos a mi boca.

–          No Vale, no me molesta – dije yo, derrotado, resignándome a lamer sus dedos cuando ella decidía ponerlos en mis labios.

No podía culparla, estaba enamorado, ella era mi diosa griega y yo no estaba a su altura.

–          Bajate los bóxers – me dijo mientras ella se acomodaba sobre mi cara. Yo obedecí y ella apoyó su conchita suavemente sobre mi nariz. Luego comenzó a moverse.

–          Masturbate, dale. – volvió a ordenar dulcemente, mientras empezaba a moverse suavemente. Se estaba masturbando con mi nariz, y yo solo atinaba a respirar profundo y absorber toda su escencia, su divino aroma.

–          Martín es un semental – comenzó a decir, mientras con su manito acariciaba mi abdomen y bajaba lentamente – me coge durísimo, y no sabes como la tiene! Gruesa como un desodorante bebé, enorme.

Con la mano que le sobraba comenzó a frotar despacito su clítoris, movimiento que la hizo mojarse más y comenzar a inundar mi rostro.

–          Vos sabes que no podés satisfacerme bebé… te amo, pero soy mucha mujer para vos.

Yo no podía hablar, pero asentía con la cabeza. Estaba derrotado, humillado, aceptando que ella tenía razón, pero aún así estaba excitadísimo.

–          Es varios años mas chico que vos, pero no sabes lo hombre que es! Tremendo bebé.  – comenzó a contarme mientras aumentaba el ritmo y comenzaba a gemir cada vez más. – el otro día me vio salir del baño y le hice lo mismo que te hice a vos hoy, pero sabes que hizo el? Se levantó de la cama, y así como estaba contra la pared meneando esta colita me agarró fuerte de la cintura y me la metió hasta el fondo. Ni me preguntó! No sabés lo que fue sentir semejante pedazo de carne hasta el fondo, increíble bebé. Y me cogió sin parar hasta que acabó adentro, y me hizo acabar como tres veces. Dios mio, me temblaban las piernas, y me chorreaba lechita por los muslos. Encima me dio tremendos chirlos que me dejaron toda la colita roja! Y me pellizcó los pezoncitos bebé, no sabes como me dejó. Me sentí bien putita y bien usada, que lindo se siente. Me dijo que era su putita y me hizo chupársela ahí mismo, de rodillas.

Volvió a contorsionarse entre gemidos y acabó por segunda vez desde que había empezado a contarme la historia. Yo permanecía acostado, resignado, lamiendo su culito mientras ella seguía masturbándose con mi cara. Solo una vez en toda nuestra relación Valeria me había chupado la pija, y lo hacía de mil maravillas, pero no me había permitido acabarle en la boca sino que me hizo terminar con mi mano. Sentía humillación y envidia. E impotencia, mucha impotencia.

–          No me entraba en la boquita amor! – siguió, ya entre puro gemido y respiración agitada. Se la chupe toda, hasta me pegó con la pija en la carita, y me hizo mirarlo todo el tiempo a los ojos. Ufff, que pedazo de macho! Me llenó toda la boquita de leche y me hizo tenerla un rato y mostrársela. Y yo sacadita bebé, re putita estaba. Jugué en mi boca con la lechita y me la tragué toda. Un poco se me cayó y para que no se enojara me la refregué toda por la carita y las tetas. Le encantó!

Cuando terminó de contarme la historia de cómo me metió los cuernos acabó en un tercer orgasmo bestial, y cayó rendida en la cama. Yo no sabía que hacer ni que decir. Fue entonces que, después de mucho tiempo, sentí su manito tibia en mi pija.

–          Ay estoy mal acostumbrda – dijo entre risitas – la de Martín es mucho mas grande, la tuya me entra completita en la mano, y casi ni se ve, mira! Jaja.

Yo permanecí en silencio, y mi pito endureció aún mas entre sus dedos.

–          Mirá como te deje la carita, toda mojada – me dijo, y comenzó a lamerme sus propios jugos de la cara y la boca mientras movia despacio su mano.

–          Es re linda tu pijita amor – dijo rompiendo el silencio varios segundos después – pero es mini. No te enojes, vos sabes que con esta cosita no me podes satisfacer como él. Pero me encanta que te re esfuerces, y se que vas a hacer todo para hacerme feliz, no?

Me miró a los ojos fijo, con media sonrisita clavada, y comenzó a masturbarme más rápido y más fuerte.

–          Si… si vale. Te amo. –  dije yo, completamente resignado y asimilando mi papel de cornudo poco hombre. Y al cabo de unos segundos acabé en un tremendo orgasmo.

–          Ay bebé! Mirá como ensuciaste todo! – dijo riéndose, y comenzó a recoger mi leche con sus dedos.

A continuación sus dedos llenos de leche se dirigieron a mi boca y yo, no entiendo aún por qué, la abrí sumisamente y deje que me los metiera. Luego tragué.

–          Me vas a dejar seguir cogiendo con Martín, no bebé? – me preguntó mientras repetía el movimiento de recoger mi leche y hacérmela tragar.

–          Si mi amor

–          Yo te prometo contarte todo lo que me hace ese machito hermoso, parece que te encanta jeje. – y de nuevo la leche a mi boca. Y yo de nuevo tragando mi propia leche.

–          Si… si hermosa.

–          Quiero que lo conozcas, y que veas que es verdad lo que te digo, quiero que veas como me coge bien cogidita! El también quiere que lo veas. Va a venir mañana a la noche, sabes? – dijo mirándome fijo con esos ojitos tan hermosos, y llevando los últimos vestigios de leche tibia a mi boca.

Yo abrí los labios y lamí sus dedos, saboreando mi propio semen. Luego asentí con la cabeza. Vale sonrió, me dio un beso en la boca y se acostó de espaldas a mi. Yo hice lo mismo, así desnudo como estaba. Vale se acomodó y pegó su perfecto culazo a mi pijita y lo meneó contra mí mientras decía “hasta mañana, cornudito mio”.

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