El fútbol 2. relatos eróticos

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Capítulo 2

Gracias a Dios que al día siguiente era sábado y pude tener tiempo para recuperarme de la tarde anterior. La sesión de sexo con Fede, Luis y mi marido había sido intensa. Buena prueba de ello era el escozor que sentía en mi ano y la sensación de ligereza, como si flotara, en la que me encontraba. Creo que fueron los muchos e intensos orgasmos los que me hicieron estar así. Y no solo los que tuve mientras estuvieron los chicos, no, David estaba muy excitado y me estuvo haciendo el amor en montones de posturas durante el resto de la tarde cuando ellos se fueron y parte de la noche. Así que me levanté tarde y flotando. Me comí el desayuno que mi maridito me preparó con hambre de loba y me tumbé en el sofá. No tenía ganas de hacer ninguna tarea doméstica.

–          D – Bueno, perezosa, ¿ya te has repuesto? –preguntó mi marido dándome un besito en los labios.

–          Uuuufffff, sí, poco a poco –le respondí mientras me estiraba los músculos de la espalda.

–          D – Parece que ayer te lo pasaste bien, ¿no?

–          Ya lo creo, nunca había tenido tantos orgasmos. Estuviste muy activo cuando nos quedamos solos, ¿eeeh? Nunca la habías tenido tan dura ni durante tanto tiempo.

–          D – Es verdad, anoche estaba a tope. Reconozco que me excitaba recordando cómo los colegas te porculizaban, jejeje.

–          ¿Te gustó verme con ellos?

–          D – Al principio estaba celoso, pero luego vi que no pasaba nada, que ellos se comportaban y que tú disfrutabas y me relajé. Lo que más impacto me hizo fue cuando hicimos el 69 mientras te follaban el culo. Ver tan de cerca como la polla de Luis desaparecía en tu culo… Uf, me pongo a cien solo de recordarlo.

–          Me alegro que te pongas cachondo –le dije mientras acariciaba su miembro con mi mano para ponérsela aún más dura-. Yo también lo disfruté. Le tenía mucho miedo a hacer un trío, (ya lo sabes), pero ayer estaba muy excitada… y me lancé. Además me gusta hacerlo por el culo pero siempre te corres antes de que yo llegue. Sí, es mi culpa porque por ahí tardo más en llegar, no te lo recrimino. Por eso aproveché la ocasión para tener varias pollas que se turnaran y así poder llegar. ¡Y vaya si llegué! ¡Me temblaban las piernas!

–          D – Empecé a preocuparme cuando te vi así, pero comprobé que no pasaba nada.

–          Fue bestial. Y también me gustó cómo seguiste haciéndome el amor. Eres el mejor –dije dándole un buen morreo.

–          D – ¿Entonces… vas a querer repetirlo?

–          Creo que sí pero no sé. Por un lado, me gustaría mucho, pero temo que los chicos se equivoquen conmigo. No soy una puta, solo una mujer a la que le gusta disfrutar del sexo. Me gustaría hablar con ellos antes de decidir. Según cómo se lo tomen y cómo se comporten con nosotros.

–          D – Pues eso puedo averiguarlo –y me dejó sola en el salón mientras cogía el teléfono y se perdía por el pasillo.

Volvió unos veinte minutos más tarde dejando el teléfono de nuevo en su soporte.

–          D – Está todo claro. He hablado con los dos porque estaban juntos haciendo no-sé-qué arreglos en la casa de Luis. Ya me tenían envidia por tenerte a mi lado mientras que ellos siguen solos. Pero ahora mucho más. Te ponen por las nubes y hablan de ti con respeto y admiración. Están ansiosos por verte para darte las gracias. Hablan de comprarte un regalo u no sé qué cosas más.

–          Vaya, no me lo esperaba. Más bien todo lo contrario. Nada os gusta más a los hombres que presumir de vuestras conquistas, ¡y esta es digna de ser contada!

–          D – Sí, pero son mis colegas de toda la vida y además saben que si se van de la lengua se acaba. Están tan necesitados y les ha gustado tanto que se morirían.

–          Vale, lo entiendo y me tranquiliza. Y diles que me pueden comprar un anillo de diamantes. JAJAJAJAJA, no me mires con esa cara. ¡Es broma! No tienen que regalarme nada. Con que se porten bien, acepten lo que les dé y sean obedientes, me vale.

–          D – Cuenta  con ello. ¿Y qué es lo que dijiste que querías probar? ¿No querrás follártelos con el arnés, verdad?

–          No. Bueno, no lo descarto si lo hacemos más veces (de momento podemos hacerlo una vez más) pero no es eso en lo que pienso.

–          D – ¿Y qué es? Dime, tengo curiosidad. ¿Algo inconfesable? ¿Algo pecaminoso?

–          No, tonto, nada de eso. Es algo que ya hemos hecho pero mejor. Te acuerdas que hay veces que te pones el arnés y me follas por delante y por detrás a la vez, ¿verdad? No está mal pero no me va mucho. Pues me gustaría que fueran dos pollas reales las que me follen al mismo tiempo, como en las películas porno. Sentirme totalmente llena, y con ellos sería posible tener la tuya y otra a la vez. ¿Qué te parece?

–          D – Sí… bueno… Ya sabes que me cuesta imaginarte con otros, incluso estando yo, pero supongo que cuando estemos “en el lío” se me pasará. Sí, eso también me gustaría hacerlo.

–          ¿Eso? ¿Es que también tienes cosas que probar? ¿Pero no dices que no te gusta mucho la idea de compartirme?

–          D – Ya, sí, es verdad, pero es algo morboso que me gustaría hacer. Verás es… -y comenzó a contarme su fantasía.

Pasaron dos semanas. Y había nuevo partido de fútbol, como no. En ese tiempo había visto dos veces a Fede y Luis, en ambas ocasiones tomando algo en un bar. Daniel tenía razón, me trataban con mucho respeto, más aún que antes de conocernos “íntimamente”, y me trataban como a una reina.

Los chicos llegaron a casa. David les había pedido que avisaran cinco minutos antes de llegar y así lo habían hecho. Entraron y escuché sus expresiones de sorpresa.

–          F – Joder, David, ¿esto que és?

David me había contado su fantasía. No era algo que me hiciera ilusión, pero en esos momentos suele poner una mirada tierna y no le puedo negar nada. En principio me parecía un poco… No sé cómo decirlo… Bueno, ya decidirás cómo calificarlo cuando lo veas. Decidimos que realizaríamos su fantasía primero, durante el partido, y la mía a continuación, al terminar. Y lo preparamos todo.

Yo había vuelto a limpiarme los intestinos por si alguno decidía utilizar mi “entrada posterior”, me había lubricado bien el ano y me había colocado un plug anal para ir dilatando mi esfínter. Colocamos la mesa del comedor junto al sofá frente al televisor y sobre la mesa atravesada una manta doblada varias veces y sobre ella un cojín. Yo me puse una falda larga (antigua) que me llegaba hasta los pies, unas medias hasta medio muslo, zapatos cómodos y nada más.

Cuando avisaron los chicos que venían, mi marido me ayudó a subirme la falda con cintura elástica y a levantar el borde de la falda por encima de mi cabeza mientras yo me tumbaba sobre la manta de la mesa que actuaría de amortiguador y me colocaba unos auriculares con música.

Cuando los chicos entraron lo que vieron fueron mis piernas enfundadas en las medias y mi culo con el plug sobre el borde de la mesa. El resto de mi cuerpo quedaba oculto por la larga falda. Sobre la mesa, a mi alrededor a ambos lados había comida y bebida.

–          D – Chicos, ¡todo lo de la mesa está a vuestra disposición!

–          L – ¡No jodas! ¿Es tu mujer? ¿Cómo lo has hecho? Tío, esto es increíble –gritaba Luis sin dar crédito a sus ojos-. ¿Eva nos da barra-libre? ¿Podemos hacerle lo que queramos?

–          D – No te pases, no lo jodas todo. ¡Tranquilo! Menos mal que tiene unos cascos puestos y no ha oído la estupidez que acabas de decir. En la mesa hay para comer, beber y follar, pero sin pasarse. Podemos follárnosla a nuestro gusto mientras dure el partido, pero-sin-hacerle-daño, ¿entendido? Estaba muy indecisa. Me ha costado mucho que aceptara volver a follar con vosotros (y también a mí me cuesta), así que si pretendéis  hacerlo más veces…

–          F – Sí, claro, David, no te preocupes. Es Luis que con la emoción… -dijo dándole un cachete en el cogote-. Lo que tú digas. ¿Entonces…?

–          D – Una cosa más, tenéis su culo a vuestra disposición, pero no su coño, ¿está claro? Solo yo puedo metérsela por ahí. Vosotros solo por el culo y de forma que lo disfrute. ¡Y vais a poneros condón! No es negociable. A ver si se va a escurrir vuestro semen, se mete en su coño y la liamos. Estamos tratando de que se quede embarazada y no queremos que salga con vuestra cara de orangután.

–          L – Ok, entendido. Follaremos su culo con condón y haremos que vuelva a tener un montón de orgasmos. Tranquilo, cuenta con ello –afirmó Luis en nombre de los dos.

Todo esto me lo contó después mi marido. Yo, por mi parte, tras colocarme sobre la manta, me encontraba sin referencias del exterior. La larga falda me tapaba más de la cabeza y apenas dejaba pasar la luz. Los cascos llenaban mis oídos de música que impedía que los ruidos o conversaciones me llegaran. Todo era negrura y música, así que lo que tenía que hacer era concentrarme en las sensaciones que llegaran a través de mi piel.

Lo primero que noté fueron varias manos que acariciaban los cachetes de mi culo y mis muslos. Había varias, al menos tres. Me acariciaban suavemente y rozaban tanto mis labios vaginales con el final del plug. Una de las manos, y luego otra más, se acercaron a mi vagina. Una comenzó a jugar con los labios introduciéndose en mí brevemente y la otra comenzó a acariciar mi clítoris. Me estaba gustando.

Al principio estaba bastante nerviosa. Los días anteriores la idea de volver a follar con ellos me atraía pero también me daba miedo. Deseaba que todo saliera bien… pero también podía salir mal, con los chicos o con mi marido. Quiero muchísimo a David y no quiero que nada lo estropee. No sé, tonterías mías, temores de mujer.

Luego, al comenzar a sentir las agradables caricias en mi culo y muslos me fui relajando. Reconozco que ni ver ni oír nada hacía la experiencia mucho más interesante, más excitante. Me sentía indefensa y vulnerable a lo que esas manos quisieran hacerme. Creo que es una fantasía que todas las mujeres tenemos en mayor o menor medida, la de sentirnos tomadas sin poder evitarlo. Sabía que lo que veían los chicos era medio cuerpo de mujer a su entera disposición: dos agujeros que follar, un culo que sobar y unas caderas a las que agarrarse. Eso me excitaba aún más. Saber que estaba reducida a la condición de dos agujeros y un poco de piel… uuuuffff, me ponía a mil y hacía que mi coño estuviese empapado.

Estoy segura que a algunas mujeres les puede parecer denigrante perder la condición humana y convertirse en mero juguete sexual, pero para mí forma parte de la fantasía de la indefensión ante el macho.

Ahora el feminismo imperante intenta convencernos de que someterse al hombre es algo negativo para la mujer. Y están confundidas en lo que afecta al tema sexual. A muchas nos gusta sentir que es nuestro hombre el que toma las riendas durante

Chorreaba mi coño con las sensaciones de las caricias y los morbosos pensamientos de mi mente cuando noté que tiraban del plug para sacarlo de mi culo. La acción iba a empezar. Noté el aire entrar por mi ano y al instante unos dedos que me untaban algo, seguro que era lubricante.

Lentamente una polla presionó mi ano y suavemente comenzó a penetrar. Cuando estuvo completamente dentro (porque noté su cuerpo contra mi culo) se quedó parado permitiendo que mi ano ya dilatado por el plug terminara de acostumbrarse a la invasión. Poco después sus manos se agarraban a mis caderas y comenzaba a follarme.

No había sentido más que una pequeña molestia al penetrarme que enseguida desapareció dando paso a un suave placer. Además de sus manos en mis caderas, notaba otras manos que recorrían mis muslos y culo. Una se desplazó metiéndose entre mis piernas comenzando a acariciar mi clítoris. Como yo no existía, que no era más que dos agujeros, había acordado con mi marido que no hablaría “para no romper la atmósfera” me había pedido él. Por lo tanto lo único que pude hacer para demostrar que esa caricia en mi clítoris me gustaba fue gemir suavemente, como un ronroneo de gata.

No solo estaba privada de la vista y el oído, también de la noción del tiempo. No sabía cuánto tiempo llevaba follándome mi amante.

Pero tampoco me importaba, decidí concentrarme en las sensaciones. De repente sus manos soltaron mis caderas y su polla abandonó mi ano. Pocos segundos después otras manos y otra polla ocupaban su lugar. El ritmo con el que me follaba era suave pero sus penetraciones eran largas y profundas, me estaba gustando y el placer comenzaba a llenarme. Luego el ritmo se hizo más rápido y unos minutos después se intensificó aún más. Estaba a punto de correrme cuando noté una palmada en mi nalga derecha. La fuerza del golpe y lo inesperado se unieron haciendo que tuviera el primer orgasmo de la velada. Un orgasmo bastante intenso que se alargó hasta que mi amante se detuvo supongo que tras correrse. Digo supongo porque no noté su semen derramarse en mi interior ya que había acordado con mi marido que ellos utilizarían preservativo pues queríamos tener un bebé.

Cuando se separó de mi interior quedé esperando a un nuevo inquilino, pero en su lugar lo que sentí fue una mano acariciando mi clítoris. Al principio resultaba un poco brusca, incómoda. Debió de untarse lubricante y así logró resbalar suavemente provocándome mucho placer. Un ligero gemido por mi parte agradeció la caricia. Esa caricia continuó y continuó haciendo que el placer se incrementara logrando un nuevo orgasmo.

Estaba anonadada por el orgasmo cuando la mano se apartó y una polla penetró en mi vagina. Mi marido tomaba posesión de su esposa y me encantó. Soy suya y me gusta serlo. Disfruto dándole placer. Me gusta follar y sentir placer sexual, pero mi mayor placer es sentirme poseída por mi David. Estamos en sintonía y él siempre sabe lo que necesito. Su polla es perfecta para mí y siempre logra llevarme al éxtasis.

Y esta vez no fue diferente. Noté como una corriente eléctrica cuando su polla me penetró haciendo que el orgasmo que aquellos dedos (que estoy segura que eran suyos) me habían proporcionado se mantuviera en el tiempo. Fue un orgasmo larguísimo y de una intensidad media con altibajos. Me sentía flotar, sumergida en el placer.

Cuando mi marido se derramó en el interior de mi vagina, noté una gran satisfacción y me sentí muy mujer. Poco después sacó su miembro y depositó un beso en mi nalga.

Pensaba que rápidamente otro de los chicos volvería a penetrarme, pero no fue así. Estuve durante un rato sintiendo tan solo una mano que acariciaba la parte de la espalda que quedaba a la vista (la falda fue subida hasta justo debajo de mis pechos para poderla sujetar mejor sobre mi cabeza) acariciaba mi culo y jugaba con mi ano. A pesar de la música de los cascos, notaba que hablaban entre ellos.

–          F – Nunca pensé que pudiera vivir una situación así. Estoy alucinado de tu esposa, David. Pocas mujeres harían algo como esto.

–          L – Sí, es una experiencia alucinante. Es para escribir un libro como las estúpidas “50 sombras…” pero sería mejor porque sería real. Eva es maravillosa y debe de quererte horrores. ¿Esto ha sido idea tuya o suya?

–          D – Mía, es idea mía. Es la variación de una fantasía que vi en una película antigua. Poder tomarte una cerveza mientras estás follando y viendo el fútbol… Como idea es excitante, pero cuando lo experimentas es aún mejor.

–          F – Ya lo creo, impresionante. ¿Y, tú que la conoces mejor que nosotros, crees que le estará gustando?

–          D – Estoy seguro. A Eva le gusta el morbo y esto es muy morboso. Cuando se lo propuse no me costó demasiado convencerla. Además he notado que se ha corrido varias veces. Sí, seguro que lo está disfrutando.

–          L – ¿Y lo de estar a oscuras y apenas poder moverse? ¿No le resulta… negativo, machista? Ahora solo es un culo que nos follamos sin que pueda evitarlo. ¿No se enfadará?

–          D – Joder, que no, tranquilos. Yo me encargo. Vosotros portaos ahora bien con ella y en adelante seguid tratándola con respeto. No pasa nada.

Cuando la mano dejó de acariciarme la espalda, pasó a untar más lubricante en mi ano. Eso significaba que volvían a follarme. Y así fue, una polla se abrió paso lentamente por mi esfínter anal incrustándose en mi recto. Tras detenerse unos instantes comenzó a follarme.

Mi ano seguía dilatado y la penetración había sido indolora. Todavía no sentía placer pero tampoco dolor. Me quedé relajada sintiendo como tan solo era el instrumento para el placer de mi amante. Intenté imaginar si sería Luis o Federico el que me follaba en ese momento, pero no había manera de saberlo. Sus pollas eran bastante similares, tal vez algo más gruesa la de Luis, pero tampoco demasiado. David no era porque había sido el último ya que se había corrido en mi vagina. Bueno, tampoco era importante, me daba igual.

Mi amante dio unos últimos empujones y se detuvo. Se había corrido. Otro ocupó su lugar. Al mismo tiempo unas manos comenzaron a masajear mi espalda. Tenían buena voluntad pero no lo hacían bien. Pararon lo que debió de ser un par de minutos y volvieron al trabajo. Ahora era mejor, corrían suaves por mi espalda seguramente porque estaban utilizando algún tipo de aceite o loción corporal. El masaje era muy agradable y lo agradecí. Llevaba bastante rato en la misma postura y comenzaba a ser incómodo.

El masaje estaba durando bastante y me estaba relajando, tanto que creo que debí de dormirme un poco. Me resultaba chocante que hubiera sido capaz de dormirme mientras me daban por el culo pero así había sido. Mi ano estaba muy dilatado y la polla que me penetraba tenía mucho lubricante que hacía que entrara y saliera son absoluta facilidad. Tanto lubricante seguro haría que ellos sintieran menos el contacto con mi ano, pero lograba que mi ano no se irritara ni me doliera.

Otra polla penetró en mi esfínter al poco de haber salido la que me estaba follando. No había dado los empujones que suelen suceder cuando se corren, por lo que no debía de haberse corrido. Simplemente había dejado su sitio a otro. El compañerismo sin egoísmo… Daba la sensación que había buen ambiente entre ellos.

Las manos que me masajeaban la espalda se detuvieron y el masaje se trasladó a mi clítoris. Aquello me gustó mucho. Tenía la espalda relajada por el vigoroso masaje, mi ano seguía siendo follado y aquellos dedos en mi clítoris me estaban excitando.

Los dedos no cesaron en su labor hasta que llegué al orgasmo con gemidos que traté de reducir pero que no pude evitar. Las contracciones de mi ano aumentaron el placer en la polla de mi amante y noté los clásicos empujones que confirmaban el orgasmo.

Los chicos descansaron un rato. Supongo que hablarían de sus cosas (el partido y mi culo, jajaja) Después una nueva polla se introdujo en mi culo y comenzó a bombear. Estuvo taladrándome un buen rato, un rato bien largo y de repente la sacó y noté algo húmedo que caía sobre mi culo. Se habían corrido sobre mí.

Debieron de usar servilletas de papel para limpiarme. Quedé sola y vacía esperando la siguiente intromisión, pero no se producía. Me extrañaba porque tampoco notaba sus manos ni nada. Esperé, no tenía otra, seguía a su merced.

Entonces noté que soltaban el borde de la larga falda que me mantenía en reclusión. Se agrandó la abertura y asomó la cara de mi esposo.

–          D – Hola mi amor. ¿Cómo estás?

–          Bien. ¿Qué pasa? ¿Ha acabado el partido? ¿Los chicos…?

–          D – No, quedan unos diez minutos, pero hoy es muy aburrido y tú nos interesas más. Los chicos están en la terraza para que podamos hablar tranquilos. ¿Estás cansada? ¿Quieres continuar?

–          Estoy bien, lo que queráis. Un poco cansada de no poder moverme mucho y me empieza a escocer el culo, pero si queréis seguir no hay problema.

–          D – Bueno, los chicos están satisfechos. Creo que esta fase está terminada, al menos por su parte. Si tú no quieres más podemos pasar a realizar tu fantasía, la de la doble penetración.

–          Uf, creo que no. Estoy satisfecha por hoy. Lleváis casi hora y media follándome, me he corrido bastante y estoy entumecida por la postura. Preferiría dejarlo por hoy y hacerlo otro día. ¿Te parece bien?

–          D – Pues claro, por supuesto. Eres tú la que pone el culo y por lo tanto la que manda.

–          Y yo soy tuya y solo quiero hacer tu voluntad. Te quiero.

Nos dimos un buen beso lleno de amor.

–          D – Entonces sal de ahí y te despides de ellos.

–          Prefiero que no. No los he saludado y no me despido. Es como si no hubiera estado, solo mi culo, jajaja. Déjame así y que se vayan cuando quieran.

–          D – Es gracioso, me parece bien. Hoy no has estado. Solo los tres y nuestro juguete. Vale “juguete”, ponte los auriculares y vuelvo a cerrar la falda.

Volví a quedarme aislada recordando lo experimentado. Estaba en eso cuando una polla se metió de improviso en mi vagina. Eso me llenó de alegría porque mi marido seguía queriéndome, en placer porque tuve un nuevo orgasmo y de posibilidades de embarazo porque volvió a llenar mi matriz con su semen.

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Espero vuestros comentarios.

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