El fútbol 3. relatos eróticos

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La experiencia de convertirme en mero objeto sexual, en nada más que un par de agujeros que ser follados, me había gustado. Era una forma de despersonalizar el sexo, de evitar tener sentimientos encontrados por hacerlo con los amigos de mi marido.

Había hecho realidad una fantasía de mi David y además lo había disfrutado. Me gusta follar por el culo tanto como por la vagina, casi un poco más por el culo porque me siento más suya. El problema es que por atrás siempre me ha costado más llegar al orgasmo. Ahora, tras esta segunda sesión con los chicos he comprobado que es tan solo un problema de tiempo. Si consigo que me follen el ano el tiempo suficiente logro orgasmos más fuertes incluso que por el conducto “natural”.

Siempre me había dado mucho miedo meter a terceras personas en nuestra cama. El temor a perder el amor de mi marido me hacía rechazar la idea, pero ahora tenía que reconocer que era un temor infundado. David estaba mucho más atento y cariñoso, me traía flores y pequeños regalos que me llenaban de alegría. Nuestra relación era más fuerte que nunca.

También las cosas funcionaban muy bien con los chicos. Seguían comportándose muy atentos y respetuosos. Mientras siguieran así, estas sesiones “a cuatro” podían continuar.

Había quedado pendiente realizar la doble penetración que había pedido y que mi marido había aceptado que hiciéramos con la participación de los chicos. David, en las semanas que habían transcurrido, me había preguntado en varias ocasiones que cuándo quería hacerlo realidad. Yo le había dado respuestas evasivas hasta ese momento.

–          Mi amor, no dejo de pensar lo bien que lo pasamos con los chicos.

–          D – Pues podemos repetirlo cuando quieras.

–          ¿Cuándo habéis quedado para ver el fútbol?

–          D – Dentro de tres días hay partido. ¿Quieres que avise a los chicos para que se preparen?

–          Hummm, no. No les digas nada, mejor que sea sorpresa. ¿Te parece bien?

–          D – Sí, claro, como quieras, tú mandas que eres la que pone el culo, jajajaja. Les daremos una sorpresa. Estarán encantados.

–          Y a ti también.

–          D – ¿Cómo que a mí también? No lo entiendo.

–          Pues que también habrá una sorpresa para ti. No preguntes más y sigue el rollo de lo que pase, ¿de acuerdo?

Así quedamos. David prometió que actuaría “con naturalidad sucediera lo que sucediera como si nada estuviera sucediendo” tal como yo le pedía “y que haría que los chicos hicieran lo mismo”. Estaba muy intrigado pero no preguntó nada más.

Finalmente llegó el día del partido. Le había pedido a mi marido que se reuniera con ellos fuera y que vinieran los tres juntos a la hora acordada. Así lo hicieron y a la hora en punto escuché la llave en la cerradura. Cuando entraron se quedaron parados en el umbral sin siquiera cerrar la puerta.

–          Pasad, por favor, y cerrad la puerta. ¿una copa? –les pregunté.

Estaban como congelados. Me miraban atónitos… y tardaron unos segundos en contestar. Mi marido recordó que se había comprometido a seguirme y se apresuró a ponerse en marcha y acercarse a mí. Yo les ofrecía una bandeja con sus bebidas favoritas y David tomó una invitando a sus amigos con naturalidad a hacer lo mismo.

–          D – Chicos, coged vuestros vasos y sentaos –les ordenó David.

Ellos lo hicieron sin dejar de mirarme y se sentaron maquinalmente. Yo me acerqué con la bandeja vacía hasta la mesa baja y tomé otra con los aperitivos que había preparado. Al realizarlo, yo me había situado dando la espalda a los chicos y doblándome por la cintura dándoles a los chicos una visión perfecta de mis piernas y mi culo.

A continuación les ofrecí la bandeja con los aperitivos y de manera robótica cogieron un canapé cada uno. Dejé la bandeja y me senté con toda naturalidad cruzando las piernas. El motivo del bloqueo que tenían no era otro que yo vestía un top ajustado sin sujetador y zapatos de tacón. Nada más, ni falda ni braguitas. Lo que se suele llamar bottomless.

¿Por qué lo he hice? Como un reto personal. Es cierto que en casa y para mi marido me gusta estar en ropa interior, casi desnuda. Desnuda del todo no porque así estoy más sugerente y atractiva para mi hombre. David no me quita ojo de encima y me gusta.

Pero fuera de mi casa y de mi marido soy muy recatada, demasiado, y no me gusta. Soy una mujer caliente a la que le gusta disfrutar del sexo y eso no casa con ser tan “mojigata”. Quiero ser más audaz y ¿qué mejor que ser un poco exhibicionista? Me dije que el primer paso era mostrarme a los hombres con los que había tenido sexo, los amigos de mi marido. No olvidemos que en el segundo encuentro sexual ellos no me habían visto la cara (el culo sí, jajaja) Ni siquiera había querido verlos y eso era una muestra de mi vergüenza compulsiva que había que combatir.

Con toda naturalidad me puse a charlar con ellos de cosas sin importancia, fútbol, cine… para quitar hierro a la situación. Estaba nerviosa y me costaba, pero David me seguía la conversación implicando a los chicos que poco a poco se iban soltando.

Yo no podía quitarme de la cabeza “Eva, ¡estás desnuda! ¡Te están viendo el potorro”. Y era verdad, no había ninguna prenda que se interpusiera entre sus ojos y mi sexo. Bueno, sí, mis piernas cruzadas, pero si las tenía separadas eso sería demasiado obsceno, ¿no? Decidí y me obligué a levantarme y coger una cerveza. La única forma de vencer la vergüenza era llevarla al extremo, al menos poco a poco.

Cogí la cerveza y me quedé de pie frente a ellos y seguí la conversación. Nadie comentaba mi desnudez pero ellos fijaban sus ojos con frecuencia en mi sexo.

Pasados unos minutos logré sentirme medianamente tranquila y decidí dar un paso más en mi liberación de la vergüenza. Tomé aire, y lentamente me senté en una silla frente a ellos y la espalda en el respaldo… ¡con las piernas abiertas!

Uf, aquello era muy fuerte para mí. Estaba frente a dos hombres que no eran mi marido, sin bragas y mostrándoles completamente mi vagina. Nunca había hecho algo así, me notaba muy nerviosa. Estuve bebiendo repetidas veces de mi vaso hasta que logré recobrar un poco de calma. Sí, estaba desnuda de cintura para abajo, pero no pasaba nada.

Ese momento fue fantástico. Había logrado vencer la vergüenza. No había desaparecido, porque todavía la sentía, pero sí que la estaba venciendo y aquello me daba un subidón que aproveché para pasar al siguiente reto.

–          Chicos, tengo una curiosidad que quisiera aclarar. ¿Nos ayudáis? Quisiera saber lo que se siente teniendo una polla en el coño y otra en el culo. ¿Os apetece probar? ¿Sí? Me lo imaginaba. Pues pongámonos manos a la obra sin mayores preámbulos.

Tanto Luis como Fede se levantaron inmediatamente y me cogieron caballerosamente de las manos  acompañándome hasta la cama de matrimonio.

Mientras se desnudaban, yo me acerqué al cuarto de baño a quitarme el plug anal y a refrescar toda la zona que estaba llena de jugos por la excitación de la situación anterior.

Mi marido estaba ya tumbado boca arriba y presentaba una mediana erección. Mientras me colocaba a cuatro patas para ponérsela a tono con mi boca, los chicos untaron mi ano con lubricante mientras pajeaban sus pollas enfundadas en sendos condones. En poco tiempo todos estuvimos listos.

Me coloqué sobre la polla de mi marido metiéndomela en mi vagina. David me quitó el top, me abrazó y nos besamos mientras notaba las manos de los chicos que recorrían mi espalda y culo.

–          Ok, muchachos, allá vamos. Decidid quién va a ser el primero en metérmela y que lo haga con cuidado. Ya tengo la de David dentro y no soy de chicle –les dije mientras me follaba suavemente con la polla de mi marido.

Luis se colocó detrás de mí, metió un dedo para comprobar que estaba bien lubricada y luego noté la cabeza de su polla que tocaba mi ano. Me eché hacia adelante sobre David y me quedé quieta. La polla intentaba entrar pero no podía. Nuevo intento con igual resultado. Vimos que era un problema de colocación de las piernas. Procedimos a reposicionarnos y levanté mis caderas sacando casi la polla de David de mi vagina. Luis logró metérmela en el culo y entonces bajé suavemente las caderas empalándome de nuevo.

Nos quedamos quietos acostumbrándonos a la nueva situación. Me sentía repleta. Tenía dos pollas de buen tamaño alojadas dentro de mí. Es cierto que no tiene nada que ver un dildo con una polla, no hay color. Dos pollas son lo mejor que puedes tener.

Animé a los chicos y comenzaron a moverse. Bueno, el que se movía era sobre todo Luis. David con mi cuerpo sobre el suyo apenas lo lograba.

–          D – ¿Te gusta, mi amor?

–          Oooh… sí… me gusta –respondí con los ojos cerrados.

–          D – ¿Te duele? ¿Quieres que paremos?

–          No, no, no paréis. Así vais muuuyy biennn. ¿Y a ti te gusta? ¿Lo notas?

–          D – Me encanta. Te noto muy apretada y siento la polla de este a través de tu cuerpo.  Es una sensación alucinante, me gusta.

–          ¿Y tú Luis?

–          L – Yo también muy bien. Noto tu ano más apretado que las otras veces. Seguro que es porque la otra también ocupa su espacio.

–          D – ¿Eva, de verdad te gusta? ¿Sientes placer?

–          Al principio había algo de dolor y eso que mi culo es cualquier cosa menos virgen gracias a vosotros, pero ahora estoy bien. Me está gustando. Si no os importa, prefiero concentrarme en mi placer.

Les dejé follarme a su antojo. Levanté ligeramente mis caderas para ayudar a David a moverse. Ahora eran las dos pollas las que entraban y salían de mi cuerpo. Se alternaban y cuando una entraba la otra salía. Poco a poco me fui encontrando en la gloria. En la vagina tenía la polla de mi marido que tanto placer siempre me produce y atrás tenía la de Luis que lo que lograba era que aumentara la fricción y por lo tanto el placer de todos.

Un rato después yo me corría y casi al mismo tiempo escuchamos los gemidos de Luis, que se retiró enseguida. Fede ocupó su lugar y comenzó a follarme. Yo estaba como en una nube de placer que subía y bajaba proporcionándome más orgasmos cada pocos minutos. Mi marido también se corrió pero no la sacó. Aunque ya no estaba tan gruesa ni se movía me gustaba sentirla en mi vagina. Mis orgasmos eran menores y más ligeros pero continuaron hasta que Fede se corrió a su vez.

Los tres abandonamos la forzada postura y me tumbé junto a David.

–          Chicos, esto es una maravilla –dije en cuanto pude-. Me encanta sentiros dentro de mí al mismo tiempo.

–          F – Pues a nosotros también nos gusta.

–          D – Pajilleros, a vosotros lo que os gusta es mojar, nada más. Os da igual dónde sea, jajaja.

–          L – David, no te pases. No todos tenemos la suerte de tener a una diosa como Eva a nuestro lado. Nos das mucha envidia, eres un cabrón con suerte.

–          D – Y vosotros unos salidos, jajaja.

–          Dejadlo ya. La más afortunada soy yo que tengo tres machos a mi disposición.

–          F – Pues yo pienso que los más afortunados somos Luis y yo que tenemos ocasión de realizar cosas que solo unos pocos llegan a soñar. ¿Cuántos hombres tienen un amigo que tiene una esposa que está buenísima, a la que le gusta mucho el sexo anal, que esté dispuesta a hacerlo con los amigos del marido y que el marido consienta? ¿Cuántos, cuántos? Prácticamente ninguno. Pues nosotros somos esos afortunados.

–          D – Dejadlo que no es una competición. Todos somos afortunados. Vosotros por poder hacerlo con nosotros, Eva por tener (como dice ella) a tres machos a su disposición y yo por tener a una mujer que no solo colma mis necesidades y deseos en el sexo sino que además es tan marchosa que está dispuesta a meter en nuestra cama a nuestros amigos. No puedo estar más feliz –dijo David dándome un beso en los labios y acariciándome la mejilla.

–          ¿Entonces no te importa que te haya convertido en cornudo, mi amor?

–          D – No digas eso por favor. No soy un cornudo. Un marido es un cornudo cuando la esposa lo hace con otro a sus espaldas, y aquí estamos los cuatro bien a las claras. Te recuerdo que la vez anterior fui yo el que te pidió varias veces hacer un trío, el que te convenció para que dejaras que te folláramos los tres juntos mientras veíamos el partido y el que ahora acaba de sentir la polla de Luis a través de tu cuerpo. No solo no es a mis espaldas sino que soy incluso el promotor.

–          Cuanto te quiero, mi amor. Te agradezco permitas hacer realidad todas estas cosas y así reforzar nuestro amor –le dije mientras le besaba con pasión-. Chicos, no os lo toméis a mal, pero solo quiero a David. Sois nuestros amigos y os aprecio, pero solo sois dos pollas con las que comparto mi cuerpo y que me dais mucho placer, pero nada más. ¿Lo entendéis?

–          L – Sí, claro.

–          F – Claro que lo entendemos. Sabemos lo que quieres a David y nos parece perfecto. Nosotros también te queremos como amiga y como compañera de cama. Tú nos das muchísimo placer y la satisfacción de hacerlo con alguien que lo disfruta y lo agradece. Muy pocas mujeres están dispuestas a hacerlo desinteresadamente como tú.

–          Bueno, desinteresadamente no. Yo lo que quiero es placer para David y para mí. Si además también lo lográis vosotros, es sin querer. Jajajajajajaja, es broma, tontos. Claro que quiero que disfrutéis pero es que te estabas poniendo muy serio. Ven, que te voy a hacer una mamada que te la va a dejar más dura que una piedra.

Mientras comenzaba a lamer y chupar la polla de Federico, que todavía no me había follado, David y Luis hablaban y se pajeaban. Dejé la mamada y la convertí en masturbación para decirles…

–          ¡Eh! Así no. David, coge la polla de Luis y Luis la de tu amigo. Venga que así es mejor.

–          L – Eva, no. Yo no le he tocado la polla a ningún tío en mi vida y no voy…

–          Pues ya es hora de que lo hagas. Masturba a mi marido y hazlo bien que me tiene que volver a follar en cuanto ponga a tono a Fede. Y te recomiendo que no tardes en comenzar si quieres seguir participando de nuestra cama.

–          L – No jodas, mariconadas no, por favor.

–          Vamos a dejar las cosas claras –dije sentándome en la cama y dejando por un momento de masturbar a Fede-. Aquí estamos para disfrutar del sexo. Y para disfrutar del sexo hay que quitarse los prejuicios. Si te vendan los ojos, no sabes si te estás follando mi culo o el de un hombre, o si la mano que te hace una paja es de hombre o de mujer. ¿Cierto?

–          L – Sí, ya, pero…

–          No hay peros. En mi cama solo quiero a personas que quieran disfrutar sin prejuicios y que estén dispuestas a probar cosas. Si luego no gustan pues no se vuelven a hacer, pero creo que no se debe decir que no sin probarlo.

–          F – Bueno… visto así… de acuerdo. Pero que sepas que a nosotros no nos gustan los tíos, que quede claro.

–          Entendido, pero a David tampoco, y bien que le gusta que le folle con mi arnés.

Los dos giraron la cara y miraron a David para ver su reacción.

–          D – Joder, Eva, decirlo así tan de repente… Pero sí, me gusta que me folle, ¿qué pasa? No es un pecado. Ella me lo propuso varias veces y terminé aceptando. Lo probé y me gustó, es raro pero agradable. Y no pasa nada más. No me gustan los tíos y vosotros mucho menos que sois muy feos, ¿pero por qué no probar.

Cuando terminaba de decir esto, David tomó la polla de Luis con su mano y comenzó a pajearle. Fede y Luis, se miraron y se quedaron pensativos un instante, hicieron un gesto con la cabeza, asintieron y Luis comenzó a pajear a David.

–          Eso es. Venga, con ganas. Que dicen que así da más gusto. Pensad que es vuestra polla la que tenéis en la mano –les animé mientras volvía a meterme en la boca la polla de Federico.

David y Luis siguieron pajeándose mutuamente. Al principio estaban un poco tensos, pero a medida que les llegaba el placer se fueron relajando y, aunque evitaban mirarse a los ojos, pronto las tenían bien duras.

–          Mi amor, túmbate y Fede que me la meta por detrás, si te parece bien. A Luis se la voy a chupar y así tendré todos mis agujeros ocupados a la vez.

–          D – ¿No quieres que sean ellos los que te follen?

–          Pero mi coño te lo reservaba a ti. Como estamos buscando un bebé…

–          D – Sí, pero el bebé prefiero hacértelo cuando no nos estén mirando estos dos. Prefiero que sea algo solo nuestro –dijo mi marido acariciándome-. Además estos usan condones, no hay riesgo de que salga feo como ellos.

–          L – Pues anda que tú eres guapo.

–          Es el más guapo del mundo. Lo digo yo que soy la única jueza, jajaja. Vale, chicos, elegid agujero. ¿Entonces te la chupo a ti, David?

–          D – De momento, paso. Quiero hacer unas fotos y tal vez un vídeo para inmortalizar la ocasión en que follaste sin mi participación.

–          Fotos, no, por favor. Me da mucha vergüenza.

–          D – ¿Tengo que recordarte cómo nos has recibido hoy? Tan solo con el top y los zapatos… con todo el “potorro” al aire, ¿y te va a dar vergüenza una foto?

–          Joder David. Es verdad pero también que me costó mucho hacerlo. Estuve a punto de echarme atrás. Tuve las bragas puestas hasta que oí la llave en la cerradura… Bueno, pero son solo para ti y para mí. Ni siquiera para estos dos, ¿entendido? Te corto los huevos con un cuchillo mellado como lleguen a circular, te lo juro.

Ok. ¿Habéis elegido posición?

Luis se tumbó al instante con su polla apuntando al techo. Me coloqué a horcajadas sobre él y me metí su polla en la vagina. Me eché hacia adelante para que Fede pudiera metérmela por el culo. Al segundo intento lo consiguió.

Comencé a follar con ellos. Al principio costé conseguir la coordinación. La teoría parece fácil: dos pollas, dos agujeros, se introducen y empiezan a entrar y salir produciendo rozamiento y placer. Pero no es tan fácil. Lo primero son las piernas, quién las abre, quién las junta, quien las dobla… También la postura, pues hay que colocar juntas las tres caderas y hay que dejar sitio para que todos estén juntos. Y luego la coordinación. Si no se lleva bien es fácil que una de las dos pollas se salga de su agujero y hay que volver a parar para que se vuelva a introducir. Pero no solo lo logramos sino que estuvo muy bien, casi mejor que la vez anterior. Luis apenas se lograba mover, Fede sí que movía sus caderas adelante y atrás y yo también me movía haciendo que las penetraciones de Fede fueran completas y logrando que la polla de Luis también entrara y saliera aunque supongo que en menor medida que la otra.

Yo estaba en la gloria cabalgando a Luis y siendo sodomizada por Fede, pero me ponía nerviosa ver a mi marido David dando vueltas alrededor de la cama con la cámara del móvil haciendo fotos y grabando vídeo. Es muy difícil para una mujer que no es una estrella porno aceptar y relajarse mientras está completamente desnuda y estás follando. Follar es algo muy íntimo y no te gusta que haya terceras personas mirando. Al menos la primera vez. Luego sí que lo hemos grabado muchas veces y al final hasta te gusta y te da morbo, pero al principio es complicado.

Y esa no solo era la primera vez sino que estaba follando con dos hombres al mismo tiempo y además mi marido tenía predilección por grabar mi cara o eso me parecía a mí. Porque cuando luego vimos la grabación se veía mucho más como yo movía mis caderas para empalarme con ambas pollas que mi cara.

Afortunadamente David se conformó con grabar un rato y luego pasó a colocar su polla frente a mi cara y yo le obsequié con una mamada. En ese momento me sentí como la mejor estrella porno, pues estaba atendiendo a tres pollas al mismo tiempo y eso era todo un logro para mí. Aquello logró además el efecto de hacerme olvidar la vergüenza de la grabación y conseguí correrme y los demás con poco tiempo de diferencia.

Los cuatro quedamos exhaustos tumbados en la cama todos juntos con nuestros brazos y piernas unos encima de otros. Nos separamos un poco y David comenzó a besarme. Entonces noté unas manos que recorrían mis pechos jugueteando con mis pezones y otra que acariciaba mi sexo metiéndose dentro de mi vagina. Aquello complicaba lo de concentrarse en el beso de mi marido.

–          Chicos, chicos… ¿No habéis tenido bastante? Acabáis de correros y ya estáis otra vez metiéndome mano. ¿Por qué no os tocáis entre vosotros?

–          F – No jodas, Eva. Qué asco. Yo a este no le toco ni loco.

–          ¡Pero si acabáis de follarme juntos! Seguro que vuestros huevos han golpeado entre sí cuando me la metíais.

–          L – Sí, pero… Es que eso es inevitable por la postura. Voluntariamente no lo haríamos.

–          Ya os dije que aquí se tenían que acabar los prejuicios. Yo tengo los míos y me los estoy quitando. Recordad que estoy follando con vosotros que no sois mi marido, eso cuesta, y que me he exhibido sin nada de cintura para abajo. David ha reconocido delante vuestro que no le desagrada que le folle con mi arnés… Vosotros no os podéis quedar atrás. Aquí todos somos heteros, pero hay que probarlo todo, ¿no?

–          L – Ya, pero no es lo mismo. Yo quiero probar cosas, pero… ¿con tíos? Eso es homo y tú no has hecho nada lésbico.

–          No, no es nada lésbico, pero es mucho más duro. Para una mujer desnudarse delante de hombres… Vosotros siempre estáis dispuestos a tener sexo.

–          L – Sí, pero no con un tío, eso no.

–          Mira, da igual. Para que no os sirva de excusa, yo estaré dispuesta a hacerlo con una chica si me la traéis, es una promesa. Pero vosotros tenéis que probar cosas, os lo dije. Es el requisito para seguir con todo esto. ¿O preferís que se acabe?

–          F – No, no, Eva, eso no. Esto es fantástico, ni en sueños habría imaginado algo así. Y este tampoco, estoy seguro. ¿Verdad que tú también quieres seguir, Luis?

–          Pues entonces, no se hable más. Y para animaros… al primero que se la chupe a otro tiene mi culo para hacerle lo que quiera durante la próxima hora y los otros miran. Eso va por los tres.

Se miraron entre ellos un instante y de repente Luis y David se lanzaron sobre la polla de Fede. La ventaja fue de Luis que estaba más cerca y se la metió en la boca.

–          L – Buagh ¡qué asco! –dijo limpiándose la lengua con el dorso de la mano-. Yo he ganado, reclamo mi premio.

–          No, guapetón. Te la has metido en la boca pero no se la has chupado. ¿O a ti te vale eso cuando estás con una chica? Quieres que te la chupe hasta que te corras, ¿verdad? Pues ya sabes.

Luis dudó. Una cosa era chuparla un instante y otra hacerlo hasta que se corriera su amigo.

–          ¿Te vas a perder esto? –dije metiéndome un dedo en mi ano.

–          F – Yo, lo haré yo –dijo Fede-. Ven aquí David, pero avisa antes. No me quiero tragar tu leche.

Fede rápidamente se acercó hasta mi marido, hizo que se tumbara de nuevo en la cama y comenzó a chupar su polla. Estaba claro que era la primera vez que lo hacía y se notaba su falta de práctica… y el asco que le daba.

Le hice un gesto a Luis, quien cogió el móvil que estaba en la mesilla y comenzó a grabar la escena.

–          Muy bien Fede. Así me gusta, eres un tío valiente –y comencé a pajear a Fede.

Estuvimos así un rato. La cosa no estaba mal pero me di cuenta que Fede no conseguiría que mi marido se corriera. Así que hice que se movieran un poco para poder poner mi sexo sobre la boca de David y seguir pajeando a Fede. Yo sabía que a mi marido le encanta comerme el coño, así que eso fue el detonante para que se olvidara de la poca habilidad de Fede y consiguiera correrse, claro que avisándole antes.

Tras aquello, Fede se pasó la siguiente hora sodomizándome en todas las posturas que se le ocurrieron. Hizo que Luis estuviera a su lado y, cuando notaba que estaba a punto de correrse, le tocaba la polla o los huevos. Eso hacía que se le bajara un poco y así poder seguir perforando mi culo.

Para hacerse perdonar y no quedarse fuera del juego, Luis también se la chupó a mi marido aunque no consiguió que se corriera de nuevo (lo que era normal) Le di a elegir y prefirió que yo se la chupara y así dar un poco de descanso a mi ano.

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