cornudo local. relatos eróticos

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Antes que nada: si te gusta el relato o tienes alguna sugerencia, por favor, hazmela llegar a través de los comentarios o de mi e-mail (myfreesoul69@gmail.com). También se aceptan ideas o historias para nuevos relatos. Y sin robarte más tiempo, dejo que disfrutes de mi última experiencia sexual.

Este finde nos hemos ido mi novia (Helena será su nombre en esta pequeña historia) y yo a una casa rural. Siempre nos gusta descubrir sitios nuevos, pequeños pueblos perdidos en la geografía nacional. Esta vez nos acompaña una pareja amiga (Sara y Javier serán sus nombres de aquí en adelante) nuestra desde hace mucho tiempo. No os voy a mentir, hemos fantaseado, tanto mi chica como yo, en repetidas ocasiones, en abrirnos con ellos al mundo liberal: un intercambiar, un trio… Incluso alguna vez hemos bromeado los cuatro sobre el tema. Sara es la típica “chica normal” pero que, al mirarla con detalle, sabes que ahí se esconde dinamita. Una cara mona, unas curvas en su sitio a las que solo había que darles sensualidad con los conjuntos adecuados y una sonrisilla tímida que escondía mucha perversión tras oírla hablar. El chico, Javier, en palabras de mi novia, es de los que “hacen mojar bragas”, guaperas pero simpático, alto y fuerte, pero sin llegar a ser el estereotipo de gimnasio, y con una sonrisa de conquistador.

Después de estar toda la mañana y buena parte de la tarde haciendo las rutas de senderismo por aquellos hermosos paisajes, llegamos a la casa rural bastante agotados. Cenamos los cuatro juntos rememorando pequeñas historietas del día.

– ¡Madre mía! Hemos andado casi veinte kilómetros – exclamó Sara.

– Esto si es hacer piernas y no por lo que me roban en el gym jajaja – apuntilló mi chica.

– Necesitamos una duchita caliente los cuatros, esto empieza a oler a comida de buitre – recalqué, mientras nos quitábamos los abrigos y alguna sudadera.

– Pero bueno, lo mejor para que no tengamos agujetas es más ejercicio – Javier lo soltó mirando a las dos chicas, en especial a mi chica, que bajo la mirada. Interesante.

Ya con cada pareja en su habitación, nosotros fuimos a darnos una ducha juntitos. El ejercicio había hecho subir mis niveles de testosterona y mi entrepierna respondió inmediatamente cuando mi chica se inclinó para bajarse las braguitas hasta los talones. Rápidamente, le di un sonoro cachete y ella se giró sonriendo. Ya en la ducha, ella comenzó a enjabonarme. Desde arriba hasta abajo, entreteniéndose en mi entrepierna. Un par de pasadas de sus manos enjabonadas y ya estaba firme y engrosada. La aclaré cogiendo la alcachofa y comenzó a chuparla.

– Uffff…que bien sienta, cariño.

Se la introdujo hasta el fondo de su boca. Una leve arcada y la sacó. Le ayudé a erguirse en pie y le di la vuelta acompañando su movimiento con mis brazos. Recorrí su espalda con mis labios, a la par que ella la arqueaba y dejaba que llegara al final de sus nalgas. Las separé lo máximo con mis manos. Su culo pequeñito permitía que casi toda la palma de mi mano abarcase una de sus nalgas. Me incline a disfrutar el húmedo manjar. Un par de lametones rápidos, y otros cuantos lentos dejaron entrever algunos gemidos reprimidos al morderse los labios.

– Mmmm…creo que mi coñito necesita polla…una BUENA polla…

Eso me desató. Un azote con la mano izquierda y con la derecha introduje mi pene hasta el fondo de su vagina.

– AAAAGHH… Sí, así.

Estaba desatado. La embestía sin preocuparme de resbalarnos. El agua de la ducha amortiguaba sus gemidos y mis jadeos. Me corro. Aguanto dentro y todo mi cuerpo tiembla. El temblor pasa a ella y acabamos suspirando los dos para recuperar el aire. Apago la ducha. Y solo el sonido del goteo del semen, desde sus labios al suelo, marcan el fin de la ducha.

Nos acostamos rápidamente. En mitad de la noche me desvelé. Fui al baño y lo primero que sonó en mi cabeza era la voz de mi chica “necesito una buena polla”. No se me iba de la cabeza. Esas palabras me excitaban más que cualquier otro pensamiento en estos momentos. Una fantasía empezaba a coger forma en mi cabeza. ¿Saldría bien?

Intentando amortiguar el crujido de la madera con cada paso que doy, me acerco hasta la mesilla de noche donde descansa el móvil de mi novia. Tras años de confianza, no tengo problema en llegar hasta su Whatsapp. Encuentro rápido lo que busco. El chat con Javier aún está activo. Escribo rápido:

“Mi chico se ha dormido y yo aun no logro dormirme. ¿Me ayudas?”

Doble tic azul.

“Ven 😉”

Mi chica me había confesado en más de una ocasión que había fantaseado con Javier. Éramos buenos amigos y, en verdad, el cabrón es un partidazo. Nunca hemos sido celosos y hemos comprendido y explorado nuestros instintos sexuales siempre que hemos podido. Y creo que esta noche íbamos a dar otro paso más.

Dejo el móvil junto a la mano de mi novia y entro al baño, desde donde llego a ver su expresión de plácido sueño. Se abre la puerta y yo entorno la del baño, dejando por donde ver la escena. Veo cómo, algo titubeante y sigiloso, Javier se acerca a la cama. Al final decide introducirse y se coloca englobándola desde la clásica posición de cucharita. Parece que, a pesar de la extrañeza que le ha causado mi ausencia, no ha tenido problemas en seguir adelante con el juego. Debe estar muy excitado.

El que desde luego está excitándose soy yo. Pulsaciones aceleradas, boca seca, y un inquietante abultamiento que se avecina. Mi chica se remueve, y las sábanas por delante de ella comienzan a agitarse. No llego a ver todos los detalles. Pero mi imaginación apunta hacia besos en el cuello y caricias genitales. Inconscientemente mi mano ya esta sobando mi polla contra el pantalón. Mi excitación sigue en aumento cuanto más movimiento noto.

– ¡¿Javier?!- era obvio que Helena notaria la diferencia y se sorprendería. Aunque me pregunto cómo lo habrá notado. ¿Por el tamaño de su miembro? ¿El aliento? ¿O su forma de tocarla?

– Venía a darte las buenas noches…

Rápidamente, pero con movimientos torpes por el desconcierto, ella se gira para dar la luz de la mesilla. Mi pensamiento es claro. Discretamente abro más la puerta del baño y aprovechando nuestro cruce de miradas, le guiño un ojo mientras mantengo mi dedo índice rígido frente a mis labios. ¿Captaría el mensaje?

– ¿Dónde has aprendido a hacer eso? – volviéndose hacia él.

Risas y besos. El juego continúa.

Se gira a apagar la luz y me devuelve el guiño. Dejo de aguantar la respiración. Sus arrumacos devuelven el riego caudaloso de mi sangre hacia mi entrepierna. La vuelvo a sobar, a repasarme el interior de mi calzón, despegando los huevos que se me habían encogido con la tensión del momento e incluso separar mis nalgas.

Ellos entran en faena. Las sábanas se mueven más ajetreadamente que antes y empiezan a salir prendas de ropa despegadas hacia diferentes destinos de la habitación. El azar o toda la intención de mi chica hace que su tanga húmedo acabe a los pies de la puerta del baño. La respuesta es instintiva. Las huelo y espero que mi suspiro de placer no sea oído. Parecen bien entretenidos. Después de restregármelas por la nariz y la boca, las llevo hacia mi entrepierna. La saco y comienzo a restregar el tanga contra ella. Mi polla se pone dura y comienza a masturbarme con el tanga rodeándola.

-Aaaammm… ¡Dios!

Las sábanas vuelan por encima y puedo apreciar toda la escena completa. La clásica posición de misionero Javier la había llevado al extremo. Las piernas de Helena están casi a la altura de su cabeza y él las sostiene firmes. Veo como su cabeza se hunde en la entrepierna de Helena.

-Oooohhgggg…- los gemidos se atropellan en su garganta.

Javier se alza y no solo babas le gotean por ls barbillla. Parece que no lo hace nada mal. De rodillas frente a ella, pero con todo el torso erguído, prepara su miembro para entrar en acción. Intuyo como lo masturba con su mano y lo roza entre los labios de la vulva de ella. No puedo verla aún. ¿Será tan grande como alguna vez habíamos comentado len el grupo de amigos?

La mano de mi chica se alarga hasta llegar al miembro de nuestro amigo. No tuvo que estirarla mucho, la verdad. Y entonces la vi. Aunque los antebrazos de Helena son delgados, el pene de Javier era casi tan largo y grueso como ellos. Ella tiraba desde su base, acariciando delicadamente el escroto, hasta que el pene encaja entre sus perfectod senos. Javier, a todo esto, se recoloca esquivando las piernas de ella. Y comienza a moverse rítmicamente hacia delante y hacia atrás. Marcando la contracción de cada glúteo y cada paquete abdominal. Helena tiene que estar gozando, con las manos sintiendo el culo de Javier y la vista fija en un paisaje de colinas abdominales y un pene enorme dirigiéndose hacia su boca a través de sus pechos.

MeLa paja cubana acaba por combinarse en una mamada al llegar el culmen del miembro a los labios de ella. Liberado de la suave y achuchable prisión de sus senos, la polla de Javier empieza a introducirse cada vez más hondo en la boca de Helena. Pasa sus manos por la nuca de ella para que entre más adentro, forzándole a aumentar el ritmo de la mamada.

-Aaagfff…

Con gran desenvoltura cambian de posición, con ella a cuatro patas. Otra vez, por azar o con toda la perversa intención, se ponen mirando hacia mí. No paro de rebozarme mi polla en su tanga, acariciar mis ingles y manosear mis testículos. Se notan pesados, cargados y listos para eyacular en cuanto se presente el estímulo adecuado. Y parece que está a punto de producirse. Comienzan a follar y rápidamente se nota un in crescendo en la cadencia de la penetración. Javier es un auténtico portento. Helena jadea al redoble del choque de su culo con los muslos de él. Su boca se desencaja, apenas puede articular Un par de palabras: “aaah, maaas…maas duro”. Los gemidos salen torpemente de su garganta. El pelo le cae sobre la cara. La imagen cada vez es más salvaje y mi masturbación se acelera. Torpemente intenta apartárselo de la cara con la mano pero, ilusa de ella, sus piernas no aguantan y se vencen ante las embestidas de un auténtico semental. Su cara se hunde en el borde de la cama, su culo se pone en pompa y él aprovecha para dominar la situación desde arriba, acuclillado y descargando su peso mediante sus brazos en los hombros de ella. La penetración se intensifica, hundiendo toda la polla hasta el fondo de su coño. No puedo estar más excitado.

Helena levanta la cabeza y su mirada mareada se cruza con la mía. Un impulso desde lo mas interno de mi abdomen se extiende recorriendo todo mi miembro, mis testículos se encogen y aprietan en la base del pene. El calambre hace que mi mano detenga de restregarse y oprima también la base de mi pene. La boca se me seca, me cuesta tragar algo de saliva y siento como la vibración tensa mi cuello y mi mandíbula. La intensidad aumenta y un temblor recorre desde la punta de mis pies hasta mis ingles, se concentra en mi vientre y sube por todo el mástil de mi erguido miembro. El semen brota espeso desde la punta del glande y no puedo evitar ahogar un profundo gemido. Cierro los ojos con una última vista de mi chica viendo como me corro mientras es fuertemente follada por nuestro amigo.

Los abro tras el intenso orgasmo y veo mi abdomen manchado de espesas gotas de semen y su tanga enredado en mi mano, también con restos del blanquecino y reluciente fluido aún sujeta a mi miembro, el cual, poco a poco, se ha ido desinflando. Mi excitación ha decaído y me cuesta por un instante comprender los gemidos de mi novia a pocos metros de mí. Me siento asqueado por haber provocado la situación, y aparecen los celos y la confusión en mi mente. Toda la intensidad del orgasmo se ha convertido en desgana y desencanto con la situación. Sin embargo, el traqueteo en la cama y los gemidos y jadeos de Javier y Helena devuelven en mí parte de las energías y empiezo a disfrutar otra vez de la morbosa situación que estoy viviendo. Poco a poco comienzo a mover mi mano arriba y abajo, mi prepucio arropa y desarropa mi glande y vuelve a crecer en tamaño y grosor. El olor a semen es intenso y se nota viscoso, pero la excitación vuelve a dominar mis movimientos, hipnotizado por cada gemido de Helena y cada embestida de Javier. Nunca me había masturbado tan seguido.

En la cama, parece que ellos también están a punto de terminar. Javier se levanta sacando la polla envuelta en una película reluciente de los flujos vaginales de mi chica. Ella cae rendida, pero girándose bocarriba. Él se desploma visiblemente fatigado de rodillas con el cuerpo de ella entre sus piernas. Un gemido profundo anuncia el fin de la escena. Helena descuelga la cabeza por el borde de la cama, y observa como yo me vuelvo a correr sentado tristemente a oscuras en el retrete, mientras ella recibe un cuantioso baño de leche servida por la implacable polla de Javier.

Las respiraciones de los dos son profundas. La mía suena calmada. Desde el cuarto suena algún que otro comentario. Tras dos eyaculaciones, el sueño hace mella en mí. ¿Cómo volvemos a la normalidad?

– Creo que deberías irte rápido, no sé dónde se habrá metido, pero estará al volver.

– Creo que será lo mejor.

– Lo he disfrutado mucho, a ver si lo repetimos.

– Pero la próxima vez los cuatro juntos.

Creo que al oír estas últimas palabras se nos iluminó a la vez el rostro. La puerta se cerró con cuidado. Se oye como Helena camina tranquilamente hasta la puerta del baño. Enciende la luz. El destello de la luz me ciega y tardo en distinguir poco más que una silueta estilizada y de proporciones que rozan la perfección. Aunque era más baja que yo, al encontrarme aún sentado en el inodoro, su figura se muestra imponente ante mí.

– Espero que te hayas divertido… – su tono era simpático, pero con un disimulado reproche.

– No creo que tanto como tú – con tono burlón.

– ¡Me llevé un buen susto cuando le noté la polla! Pero he de confesar que mojé el tanga nada más sentirla rozándose contra mi entrepierna y mis nalgas

– De nada entonces.

– Pero aún así me las vas a pagar por el susto.

– ¿Tienes ganas de juegos, enfadica? – haciendo un amago de incorporarme, aunque estaba agotado.

– No – se acerca y depositando sus manos en mis hombros apaga todo intento de levantarme. Parece que algo mosqueada sí que está – No te muevas. Tu has empezado esto y tu lo tienes que terminar. Límpiame – ahora que está cerca puedo ver que el semen de Javier barniza un camino que une sus labios del norte con los del sur.

– Ehhh… ¿en serio? – ya no quedaba rastro de excitación en mi cuerpo y mi miembro no daba para más erecciones. Algo que podría haberme excitado en medio del subidón de hormonas, ahora mismo me parecía una asquerosidad.

– Empieza por comerme el coño y ve subiendo.

Entre la sorpresa y mi pensamiento dubitativo, apenas pude oponer resistencia y cuando me quise dar cuenta el olor a semen y fluidos vaginales embriagaban mi nariz que comenzaba a rozar su clítoris y mis labios besaban los suyos. Ella, de puntillas y ligeramente arqueada, oprime mi cabeza contra ella. Una parte de mí sabe que ella merece esta compensación y se está excitando. Otra siente náuseas debido al olor. Tímidamente saco la lengua y recorro lentamente cada labio desde abajo hasta arriba. Apoyo mis manos en sus nalgas para ir subiendo el recorrido reluciente que dicta quien hoy ha sido nuestro corneador. El sabor no es detestable, pero sin duda lo peor es la textura pringosa. No es la primera vez que lo saboreo. Pero sí la primera vez que siento uno que no es el mío. Noto como ella disfruta con mi sufrimiento y con cada lametón. Poco a poco sobrepaso el ombligo y me detengo en los pechos. Dedico su tiempo a cada pezón, sé que lo adora. Me he acostumbrado ya al olor y al sabor, tengo ganas de besar sus labios. Recorro los últimos centímetros de piel con más velocidad y nos fundimos en un cálido, romántico y morboso beso.

– Te has portado bien, mi cornudo.

– ¿Una ducha? – Le miro a los ojos, ya erguido completamente y sonrío.

Entre espuma y agua nuestros cuerpos se funden, apenas y vislumbrándose entre el denso vapor dos siluetas que son una. Besos y caricias.

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