con hambre y ganas de jugar – relatos porno

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Llevaba mucho tiempo que entre una cosa y otra estaba muy cachonda y no encontraba nadie disponible que pueda darme lo que yo quería, porque no me gustaba que nadie de mis conocidos conociese lo que me gusta sexualmente.

El caso es que entré en internet y puse un escueto anuncio en una página de contactos con fotos de mi cuerpo, porque no quería que nadie de mi entorno pudiese encontrarme: “Voy a tu casa, me dejas comértela durante toda la tarde y te puedes correr dónde quieras. Paulina, 18 años 1,60, morena, delgadita y buen cuerpo”. Lo cierto es que no mentía. Siempre he sido una chica que por suerte he tenido muy buena genética. Soy morena, con el cabello liso y largo, con una carita muy linda, nariz fina y puntiaguda, labios rosados y bastante carnosos para lo pequeñita que soy, ojos verdes claros y cejas finas y cuidadas, en conjunto una cara que me hace ver a ojos de todo el mundo como una nena menor de edad. De cuerpo soy delgadita, mis pechos no son muy grandes pero tampoco son inexistentes, están en su sitio y con unos pezoncitos finos y pequeños que apuntan hacia arriba. Mi punto fuerte es mi culo, me encanta trabajarlo en el gimnasio y salir de él que parece que me han reventado entre muchos chicos. No es enorme porque es natural y está compensado para mi cuerpo, pero sí es muy redondito, súper cogible y tuve la suerte de que no tiene ninguna estría (posiblemente también haya ayudado que me encanta todas las noches desde hace varios años untarme crema hidratante para tenerlo súper cuidado). De piel soy bastante blanquita y la tengo muy uniforme, gracias a dios no me salen granitos.

Volviendo al tema del anuncio de internet, empezaron a llegar contestaciones. La mayoría tíos mayores que no me interesaban demasiado: “Quiero que me la comas hasta el final, 55 años”; “Busco niñata para correrme en su boca, 49 años”. Ninguno me interesaba especialmente porque no los veía a mi altura y no era por la edad que tenían, sino porque no me calentaban, así que me olvidé, me fui a la cama y me empecé a tocar pensando en cómo me atragantaba con una polla grandísima para luego quedarme dormida.

A eso de las 12 de la noche me desperté y miré el ordenador. Había recibido 7 u 8 mensajes más. Todos en la misma línea, pero había uno que me llamó la atención: “Mario, 26 años, deportista, buen cuerpo, mazo kachondo y lechero. Busco una niñata saka leches para esta noche, no hace falta que seas un pivón pero al menos que seas decent. Agregame al whatsapp y hablamos. kedamos, me la comes y te piras. Si kieres te doy 20 euros pa ke te compres algo”

¿Veinte euros para qué? ¿Pero se podía ser más chulo y prepotente? La verdad es que el hecho de que fuera tan duro me puso algo cachonda y le agregué al whatsapp. Empezamos a hablar. Me contó que tenía novia y quería discreción, me enseñó foto. Por lo que se podía intuir era un tío alto, muy marcado, con buenos brazos y espaldas muy anchas. Era impresionante que un chico que físicamente era espectacular rondara esas páginas. Yo le enseñé más fotos de mi cuerpo y decía que le encantaba, que no esperaba encontrar una chica así y que dudaba de si era fake, pero que para él, lo más excitante era la cara, porque le encantaba que se la comieran durante horas. Decidimos quedar a la mañana siguiente, así que, ese día me vestí para ir a clase con el uniforme (camisa blanca de mangas cortas y faldita que negra que yo misma corté y que sorprendentemente nadie de la escuela me lo prohibió) y me hice el peinado habitual, una cola alta bien larga (así es como todo el mundo me dice que estoy más guapa ya que así se me ve la carita bien linda).

Llegué a la dirección que me dio, una zona de urbanizaciones de mi ciudad, a las afueras, a casi 20 minutos, una casa bastante cuidada y que se intuía que era de alguien con dinero. Llamé al timbre, nerviosa y a la vez bastante caliente por lo que pudiese pasar. Me abrió la puerta un maromo de 1.90 fibrado, solo con el pantalón del chándal y las zapatillas de deporte, aparentemente recién estrenadas. Iba marcando paquete, un gran paquete. Se veía que tenía la polla morcillona de lo cachondo que estaba. Nada más verme se quedó asombrado y me preguntó si yo era Paulina, al responderle que sí, me metió rápido en su casa, casi sin dejarme hablar, parecía que no quería dejarme escapar. Tenía barba de tres días, algo de vello en los pectorales y una hilera de pelo que le bajaba hasta el pubis. Estaba sudado y se le veía como de andar por casa.

Era el típico tío salido de 26 años, deportista, que se cree que todo lo puede, super chulo y algo macarra. Llevaba al cuello una cadena de plata gruesa y un pendiente con un brillante en una oreja.

-Nena, eres impresionante, no me puedo creer el tesoro que he encontrado en internet.- Me preguntó mientras abría dos botellas de cerveza.

-No bebo – le dije con la voz cortada y mirando hacia abajo.

-Tienes una cara preciosa, estoy deseando verte funcionando -me miró de abajo a arriba y se paró fijamente en mis ojos. -Eres muy pequeñita-.

Había algo en él que me intimidaba. Quizás era su voz grave o aquellos músculos que se ponían rígidos cuando hablaba.

Su mano recorrió mi cara y me tocó los labios con brusquedad, metiéndome el dedo pulgar un poco dentro de mi boca.

-Bonita boca- me piropeó mientras esbozaba una sonrisa.

-Gracias… Tengo 18 años como te dije. Soy mayor de edad-

Se echó a reir mientras pegaba un trago largo de cerveza. Pude ver sus pectorales definidos y su enorme bíceps.

Olía como si no se hubiera duchado y hubiera sudado todo el día.- Ya eres una putita mayor de edad para ir de casa en casa comiendo pollas, ¿Eh? -Seguro que tu padre no tiene ni puta idea del vicio que tiene su nena- Pues te voy a dar polla hoy hasta que revientes, nene- Tenía una mirada asesina y una cara de bruto pega hostias impresionante. Además, desprendía su mezcla de olor a colonia y a sudor me ponía muy cachonda. Me alcanzó un poco de agua. Casi no recuerdo lo rápido que me la bebí.- Así estarás con la boca bien hidratada y si te portas bien hoy tengo sorpresa. Llevo 4 días sin correrme. ¿Te mola comerla en plan bestia?- me preguntó.

-Si, dudé un momento cambiar la respuesta ante la vista del maromo que tenía delante pero me lo pensé mejor. Sí… Reafirmé finalmente. Y me tomé otro trago de agua.

-Muy bien, así me gusta, nena- Vas a disfrutar como un nena pequeña. Verás como te pones – decía con firmeza y voz grave.

Vamos a mi habitación, que te voy a dar lo tuyo- me espetó sonriéndome con unos dientes blancos y cuidados.

La habitación estaba en la planta de arriba. Teníamos que subir a la parte de arriba y ahí puedo afirmar que empezó el juego, fue cuando me di cuenta que a este chico le gusta lo mismo que a mí.

Ponte de rodillas, vas a subir la escalera a cuatro patas y delante de mía, que yo te vea – Soltó con firmeza. Yo aprovechaba para mostrar mis encantos y mientras subía sacaba bien el culo para que lo pudiese intuir bajo mi faldita.

Subimos, la habitación una leonera que desprendía un olor a macho tremendo. Había ropa usada por todas partes. En la cama, en el suelo, encima de la mesa del ordenador. Las sábanas estaban revueltas. Este tío hacía que no limpiaba su habitación por lo menos un mes. Tenía un banco de pesas muy usado, mancuernas por la habitación, una playstation y latas de cerveza y botellines. Había posters de tias desnudas, lo que hizo que me acordaba de que estaba en casa de un macho cachondo. En el ordenador había puesto porno con la voz muy bajita. Se oía dar grititos a una chica que se estaba comiendo las pollas de dos negros, mientras otro se la follaba a lo bestia. Me quedé mirando el porno, sin saber qué decir, embebido en el penetrante olor de la madriguera de aquel macho.

-Eiii, espabila, que esta te está esperando -me dijo a voces con el rabo en la mano. Era un pollón de 18 cm con varias de venas y sin circuncidar. La tenía super tiesa mirando al cielo, y la meneaba húmeda de arriba abajo. Se echó saliva en la mano y se untó el capullo haciendo círculos.

-Ven aquí y acércate de rodillas a la cama- Me acerqué a él, estaba sentado en el borde de la cama esperándome con las piernas abiertas y ese pollón apuntando al cielo, notando su penetrante olor. Se quitó por completo los pantalones del chándal y el calzoncillo usado que ya tenía bajados. Su polla desprendía un olor a sudor, meada y presemen digna de un semental. Me agarró de la cola y me la colocó en los labios. En esa atmósfera no podía ni pensar. Me zumbaban las sienes y los oídos y me palpitaba el corazón.

– Abre bien la boca, preciosa. Te voy a enseñar como se come, así para la próxima ya sabes-. ¿Quería que se la comiese más veces?. Abrí la boca y me la metió despacio, rozándola bien por mi lengua. El sabor era indescriptible. Así sabía la polla de un buen hombre. Suspiré.

Hizo un amago de sacarme su rabo de la boca: -Nena, lo siento vengo de jugar un partido y no me he duchado. He estado haciendo pesas en casa y luego  me la he estado  cascando viendo a esas guarras cuando has venido. ¿Te importa mucho el olor o seguimos? Negué con la cabeza.

Todo lo contrario. Me encantaba. Nunca me había comido una polla tan gorda y aromática. La surcaban venas y su capullo suave palpitaba en mi lengua. El tío la tenía durísima, y le encantaba jugar con mi boca. Me tenía agarrada de la cola y se estaba deleitando despacio con su rabo en mi boca. Marcaba un ritmo muy pausado pero firme. Su rabo entraba hasta el fondo, porque siempre me gusta entrenar la garganta con mis dildos para que los chicos flipen conmigo.

-Que bien la comes, nena- susurró. -Vas a ser mi puta traga pollas una buena temporada- Pero tienes que aprender a hacerlo como me gusta. Me puso los huevos en la boca mientras se pajeaba suavemente.- Chúpame los cojones, verás que ricos, pasa la lengua bien, con ganas-. Estuvimos jugando casi 10 minutos, entre sus pelotas sudadas y su rabazo que no paraba de soltar presemen que me arrastraba por toda la cara. Mi cara, cubierta de su sudor, su presemen y mi saliva empezaba a desprender un suave olor dulzón que me hipnotizaba. 

Después de un rato jugando me tumbó en la cama boca arriba, con la cabeza colgando. La cama desprendía un suave olor a tío. Era un verdadero semental y a juzgar por la dureza de su rabo y lo que estaba disfrutando, estaba muy salido. Me sorprendió que en ningún momento quería quitarme la ropa, solamente centrarse en mi boquita, parece que le encantaba que viniera con el uniforme de la escuela.

-Ahora te voy a follar la boca un rato. No quiero quejas. ¿Entendido?. Tienes que tener la boca bien abierta y cuidado con los dientes o te meto una bofetada que te reviento la cabeza. Asentí. -Abre bien la boca. Me soltó una bofetada suave con su mano. Abrí automáticamente. – Así muy bien, esto de regalo-. Y me lanzó un salivazo en toda la lengua. -Es para que lubriques y pase bien- Otro salivazo más. -Quiero que no te tragues la saliva, suelta mucha para que esté suave tu boquita-me explicó como quería jugar. Yo estaba tan mojada que empecé a pasar mis dedos por encima de la falda.

¿Se ve que  te gusta, eh nena? -La comes mejor que las putas que me follo los fines de semana. Se apoyó con los brazos en la cama y me la metió en la boca todo lo larga que era. Empezó a follarme la boca sin pausa, con fuerza, llegándome a hacer tope en sus huevos, que se arrastraban por mi frente. Su vello púbico negro y descuidado desprendía un olor viril que me dejaba atontado.

Aguanté todo lo que me estaba dando el semental, con mi cara roja como un tomate y llena de saliva, el tío follándome la boca a saco y mis lagrimones cayéndome a mansalva.

Cuando aquello parecía no tener fin le sonó el movil. Era un mensaje. Paró en seco y se fue a la mesilla. Estaba debajo de unos calzoncillos usados. Contestó. Recibió respuesta en el movil.

———

Mira putita, tengo un colega muy garrulo que quiere conocerte. Tiene buen cuerpo y muy buen rabo, lechero. ¿Le digo que venga, ¿ok?- me dijo casi dando por hecho que aceptaría. Yo estaba con la mandíbula desencajada y la cara roja. Me incorporé en la cama y le dije que me iba.

-Es que no sé, Mario- le dije -Estaba disfrutando de tu polla, pero dos tíos… -No os conozco- intenté argumentar como pude, un poco aturdida.

-Es un colega de mi equipo de Rugby. Todo un bestia follador, te va a dar duro como te gusta, princesa, además, incluso hasta a mi me da algo de miedo de que te rompa jajajaja. De vez en cuando nos montamos fiestecillas con alguna puta, pero ninguna es tan jovencita y perfecta como tú. No te vamos a hacer nada, solo queremos que nos la comas. Somos dos tíos y estoy disfrutando tanto que es una pena que te vayas. Es tu oportunidad y más te vale que te portes bien porque como me enfades seguramente de aquí no salgas- explicó.

-No sé… Me quedé pensativa. No sabía que hacer. La verdad es que estaba disfrutando, pero tenía miedo. Este tío tenía pinta de burro y el colega a saber como era.

-Nena, di algo que te quedas embobada-  Y me dió con la polla durisima en toda la cara. -Mira como me tienes, nunca me la comen tan bien tanto tiempo. Y llevo cuatro días sin correrme y todo la tarde pajeandome como un mono. Mira, le digo que venga y decides cuando esté aquí. Y yo sigo dándote rabo mientras. Además, estás mojada. Seguro que te mola dos machos deportistas con novia dándote polla, eres toda una viciosa para la carita de buena que tienes. Venga, nosotros a lo nuestro. Se sentó en la cama con las piernas abiertas y las zapatillas puestas, no le gustaba llevar ropa pero sí las zapas. Tenía los muslos muy marcados y una capa de vello negro duro y rizada. Era bastante guapo. Todo pura testosterona desatada. Me ponía súper cachonda. Me cogió de la cola y me acercó a su polla. La tenía durísima, parecía que le iba a reventar el capullo. La descapullé y aspiré el olor. El tío se dejaba hacer tranquilamente, mientras que con la otra mano enviaba mensajes. Imagino que estaría contándole a su colega que tenía vía libre para follarme la boca. Yo salivaba mucho, le miraba fijamente a los ojos y me gustaba jugar a comérsela muy inocentemente, dando lametones tímidos y fingiendo que me atragantaba, mientras soltaba unos leves gemiditos.

-Si sigues mamándome así el rabo te voy a llenar la cara de leche y no quiero correrme todavía- me soltó cachondo un pollazo en toda la cara. Me arrastraba de la polla a los huevos tirándome del pelo. Me sentí a gusto siendo el juguete sexual de él, siendo tan mayor que yo, pues solamente había estado con mi ex, que tenía la misma edad que yo. La verdad es que el tío era cañero pero a la vez no era un cabrón que fuera a hacerme daño. Parecía que solo pensaba en disfrutar con su rabo en mi boca.De repente le sonó el móvil. E hice amago de mirarle.

-Shhh. Tu ni te muevas. A lo tuyo que tienes trabajo. Ahora va a subir mi amigo. Quiero que te vea comer polla como la putita que eres, tienes que dar lo mejor de ti.

-Sube, contestó. No sabes lo que tengo aquí amorrado a mi rabo tio- Y se echó a reir.

Cuando su colega entró en la habitación yo tenía encajada en mi boca la polla de 18 cm de su amigo y me acababa de dar una arcada. Era un pedazo de tio de veintipocos con más cuerpo que cerebro. Tenía barbita cuidada y llevaba un pantalón corto de deportes, zapatillas y camiseta.

-¡Joder, pero bueno! Esta chica no es real, DIOS. Mira que tenemos aquí. ¿¡Porqué no me esperaste, cabronazo!?- Se acercó a mí mientras intentaba sacar la polla en la boca. Le miré y se echó a reír a la vez que estaba sorprendidísimo. Yo ya estaba totalmente entregada a la causa y mientras se la comía arrodillada a Mario tenía el culito bien en pompa y con la falda subida, quería sentirme llena por muchos sitios.

-¿Esta es mayor de edad? Porque no lo parece, parece que tiene 15 años macho-

-Eso dice, pero me la suda. La come como los ángeles. ¿Te gusta mi amigo? Y movió mi cabeza imitando un gesto de asentimiento, los dos se echaron a reir a carcajadas.

Pero en ningún momento me dejó deshacerme de su polla. Era bastante humillante, solo podía mirar de un lado a otro con los ojos y atragantarme con el rabo de Mario. Realmente estaba en el cielo.

-Pau, como te llames, como te llames Paulina. Ya ni me acuerdo de como se llama tio. La come de puta madre- le explicó, mientras me la sacó de la boca y empezó a darme golpes en mi lengua, que la tenía sacada por completo mientras le miraba a los ojos.

-Bueno, qué, me la pasas un rato o tengo que mirar hasta que te corras. No he venido aquí a pasar el rato, tengo que descargar mi lefa que estoy lleno-.

-Toma, toda tuyo. Lubricale bien que llevamos casi una hora y se está quedando seca-.

El otro, tío, Jorge se llamaba me cogió de la cara con suavidad. Me hizo mirarle, me metió dos dedos en la boca y me lanzó un salivazo tremendo, desde bien arriba que alcanzó mi boca con precisión.

-No tragues, esto es para que des la bienvenida a mi polla. Ven aquí, sientante. Se puso delante de mí, se bajó los pantalones y apareció una polla gordísima, no demasiado larga, sobre unos 17 cm, con un capullo enorme que casi no me cabía en la boca. Sus huevazos eran descomunales. Estaba sin circuncidar y aquello desprendía un dulce y sensual olor a polla. Estos tíos estaban salidisimos. Primero se alternaron dándome rabo sucesivamente, sin dejarme descansar ni un minuto. Yo estaba exhausta, pero me encantaba. Unas veces me follaban la boca a saco y otras me ponían sus huevos mientras se pajeaban. Los dos olían a sudor, pero el primero era tremendo. Como si no se hubiera duchado en dos días. O viniera de trabajar de la obra. En seguida empezaron a sudar copiosamente y toda la habitación quedó impregnada de olor a vestuario. Me tumbaban boca abajo, boca arriba, de rodillas, sentados, echados en la cama. Me lanzaban salivazos cada poco. Mario me escupió en la cara varias veces, Jorge,  se untaba el capullo con sus salivazos o con los de su compañero y me los metía en la boca. Y yo me tocaba suavemente mi coñito mientras disfrutaba del espectáculo. Esos tíos estaban hechos para dar polla.

– Tio, voy a correrme, estoy que reviento- dijo Mario.

– Yo también- contestó el amigo. Vi que se miraban con ojos de complicidad y bajaban la mirada para increparme.

-¿Ahora vas a estarte quietecita, vale? Me dijo Mario, el macarra de la cadena en el cuello. -Atiende que esto es importante-, mientras se pajeaba, -quiero que seas muy sumisa y hagas todo lo que te decimos-.

Estaba de rodillas, entre sus enormes piernas de jugadores de rugby. Mario  me metió dos dedos en la boca, otra vez, e hizo que la abriera lo que daba de sí.-Saca la lengua nena que verás que rico y cuanto te va a gustar el lefote- Se turnaron escupiendome mientras se masturbaban delante de mi cara. Sus pollas hacían ruido de lo húmedas que estaban. Y no paraban de pajearse y de alternarme de unos huevos a otros.

-Pfff tio, no aguanto más-, dijo Mario. Me acercó el capullo a la lengua y empezó a lanzar chorros largos de leche muy caliente y muy blanca y a presión, con muchísima fuerza, que rebotaban en mi paladar y en mi lengua, llenándome la boca. Se había estado trabajando la polla todo el día y se estaba corriendo como un cabrón.

Conté tres o cuatro cuando de pronto, el colega que parecía un torete, puso su capullo enorme e hinchadísimo muy cerca de mi cara y empezó a soltar chorros de leche blanca y muy cargada. Se corrían como verdaderos animales. La boca se me llenó de lefa y algunos chorros me salpicaban la cara. Soltaban leche con mucha fuerza, a presión. Gemían, sudaban  y soltaban bufidos de placer. Empecé a tragar la leche que pude y gran parte se me cayó por las comisuras de los labios. Entonces, cuando Mario vió que no tragaba, me metió la polla en la boca y acabó de descargar sus huevos en mi garganta. No pude evitarlo y me atraganté. Siguió follandome la boca mientras su colega acababa de lefarme la cara. Unos minutos después estaban jugando con sus pollas en mi cara y recogiendo los restos de su lefa para metérmelos en la boca.

-¿Joder tio, has visto? Pedazo de corridote- soltó el macarra. -He estado cuatro días sin correrme y hoy llevo todo el día pajeándome. Te dije que esta zorrita tragaba bien

-Joder macho, eres mi ídolo. Yo quiero estas nenas también- le contestó. Bajó la mirada y me encontró mirándoles estupefacta, atragantada y cubierta de semen. ¿Te crees que esto se ha acabado? Me arrastraron las pollas por toda la cara, y me las metían alternativamente en la boca, recogiendo los restos de sus corridas que quedaban y llevándolos a mi boca. Nunca había sentido lo que era dos tios corriéndose en mi cara y boca a la vez. Y menos dos tíos como aquellos. Parecía como si no se hubieran corriendo la vida. El sabor salado de su leche me pareció alucinante. Estaba un poco aturullada, con la cara pringosa y llena de lefa medio seca. Busqué mi móvil y mis cosas mientras ellos empezaron a ver un partido de fútbol.

-¿A dónde vas, Paulina?- me dijo con tono sarcástico.-Me voy a casa, es tarde. – dije un poco sorprendida. Pues va a ser que no, compañera. Todavía no hemos acabado contigo. Quiero otra mamada y mi colega igual te folla de modo que te va a partir por completo. Estamos muy calientes todavía ¿A que síJorge, a que quieres follarte su ojete?- le preguntó al toro.

-¿Tio, déjala, no ves que quiere irse, está asustada? – Dijo sonriendo su colega.

-Esta niñata no se va a ninguna parte- ¿Has visto qué empacho de lefa tiene? A este le mola tragar que no veas, y yo me tengo que correr por lo menos otras dos veces más. Se agachó a mi altura, me sonrió con los dientes blancos y sus ojos negros penetrantes y me cogió de la cola.- Quédate esta noche conmigo. Te juro que te voy a tratar como una princesa. Solo queremos divertirnos, y mañana es sábado. Te prometo que a primera hora de la mañana te llevo a tu casa si quieres o te dejo donde me digas-.Me dijo cariñosamente mientras me acariciaba el pelo. Se me puso la piel de gallina.

-No necesito que me lleves. Y tengo que irme porque mis padres no saben que iba a estar tanto tiempo fuera.

-Mejor entonces. No hay nada más que hablar. Puedes decirles a tus papis que te quedas a dormir en casa de una amiguita porque tenéis que estudiar. Hoy te quedas y mañana por la mañana pronto te vas a casa- decidió por mí.

Miré a su amigo con cara de pena esperando que me echara una mano. Estaba abierto de patas, en bolas con su polla tiesa que se inclinaba hacia un lado. Me miró y empezó a pajearse.

-¿Por lo menos otra mamada antes de irte nos harás, no?.

Me acordé de que no me había corrido. Estaba todavía cachonda, me ardían los mofletes y tenía un increible sabor y olor a polla por toda la boca y por mi cara.

-Venga, anda levanta, échate en mi cama. Vamos a descansar un rato y te prometo que te lo vas a pasar de puta madre. Mira como tienes a Jorge, está deseando que le des placer en la polla- me dijo refiriéndose a su amigo, que se pajeaba lentamente y jugaba con el precum que salia a manantiales por su capullo enorme, rojo e hinchado.

Me eché entre los dos en la cama y Jorge se puso a mi espalda. Empezó a quitarme la camisa y el sujetador, flipaba con mis pezoncitos, los cuales tocaba todo el rato.

-Joder nena, que culito más prieto y caliente tienes, tienes que probarlo- Le dijo al macarra.

– Yo paso Jorge. Tengo boca para rato. Tu follatela bien, que a mi me mola más que trague. ¿Eres una tragona, lo sabías? Me dijo acariciándome las sienes.

Jorge me levantó la falda y dejó a la vista mi culito, totalmente en pompa y cubierto solamente por un tanguita negro, el cual con toda su fuerza rompió de lo ansioso que estaba. Puso su gran capullo en mi coñito rosado, parece el de una muñequita, dos labios bien gorditos y totalmente depilado. Le quise pedir que esperara pero cuando abrí la boca, el macarra de su amigo me metió el cipote tieso en la boca. Sabía a lefa seca. Toda la cara la tenía tirante de la lefada que me habían soltado esos dos. Notaba el calor que desprendían sus cuerpos, que eran como dos estufas a tope. Me sentía bien y muy cachonda.

Jorge pasó un brazo por debajo de mí y me agarró de las tetas con fuerza. Notaba el calor de su pecho en mi espalda y su cipote intentando hacerse sitio en mi coñito. Sus brazos eran super fuertes y me agarraban con firmeza. Entre esos dos tios, yo parecía una muñeca de trapo. Lo cierto es que estaba cumpliendo una fantasía. Dos machos salidos follándome a saco sin pensar en mi placer. Usandome a su antojo como una putita para correrse. El placer que me estaba dando el semental en el coñito, una vez entró la polla por completo,  hizo que se me pasara todo y que me invadiera una sensación increible de tranquilidad. De protección. De pronto, mi coñito se tragó su capullo y di un suspiro muy profundo y me relajé.

-Así mi niña, muy bien, verás que despacio te lo hago, vas a tocar el cielo, dijo entre gemidos- me tranquilizó. El tío sabía lo que hacía, lo hacía muy despacio, sin prisa, y la dureza natural de su polla facilitaba la faena. Cada poco la sacaba y se la embadurnaba de saliva, y la volvía a meter. Lo hizo unas 15 veces, así que tenía el coño bien húmedo y lubricado, por lo que no le costó metérmela entera. Esperó un rato a que me adaptara y comenzó a bombear. Nunca había sentido tanto placer con una polla tan gorda. No me dolía ni un poco. Era un experto follador. El tío estaba bien pegado a mi nuca y me resoplaba y decía guarradas al oído. Yo lanzaba gemidos súper suaves que intercalaba con grititos, los poco que podía pegar porque tenía la boca llena. Estabamos sudando como tres animales en celo. El ambiente de la habitación era ya, a esas alturas irrespirable. En mi boca ya tenía bien encajada la polla durísima de Mario. Estaba otra vez dándome fuerte, guiando mi cabeza y atragantándome con su rabo. Él tenía la mirada fija en mi cara, no paraba de decir que había encontrado un tesoro conmigo.

Jorge, empezó a bombearme con más ganas. De vez en cuando me soltaba un azote tan fuerte que me dejaba la mano marcadísima y a mi no me molestaba en absoluto, me encantaba. Cada embestida me hacía tragarme más adentro la polla de su colega, lo que le volvía loco y no paraban de bramar como toros. Empezó a hincharse su polla en mi coñito y a bombear con fuerza. Sin tocarme, empecé a correrme como nunca, mojé por completo gran parte de las sábanas, lo que puso a cien al macho que tenía en el coñito y, mientras me agarraba las caderas bien fuerte para que no me moviera, se sacó la polla y me llenó la espaldita de lefa. Me tenía bien agarrada, no podía moverme. Noté como su cipote era golpeado con mi culo. Ahogaba mis suspiros y jadeos con el pollón que tenía en la boca, lo que le debí de gustar porque Mario no hizo gesto ninguno de correrse, solo me agarró de la nuca con fuerza para que no me moviera, abrió más las piernas y se vació por segunda vez en mi boca sin avisarme. Apretándose mucho contra mí, levantando una pierna y jadeando desesperadamente.  Su leche no salió copiosa, signo de que había disfrutado de ese orgasmo en mi boca, pero me soltó cinco o seis buenos chorros de leche que me trague. Muy caliente y espesa. 

Tanto Jorge, que estaba todavía detrás de míó tocándome el culo, como Mario, que tenía su rabo agarrado por la base y metido en mi boca, se quedaron un rato moviendose despacio y disfrutando del momento. Mario, el dueño de la casa, me apartó de su polla. Sería las ocho de la tarde. Llevábamos horas practicando sexo salvaje sin parar desde que había entrado por la puerta de esa casa. Se puso sus gayumbos y me apartó con cuidado a un lado. Yo estaba medio adormecida. Tenía detrás a Jorge, que todavía tenía la polla dura y la pasaba por mi raja con suavidad mientras me abrazaba.  Ambos se quedaron dormidos casi al instante en la cama. Yo tardé un poco en coger el sueño, y me quedé adormecida flotando en el ambiente cargado del increible olor a sexo entre hombres que había en esa habitación. Entre los dos machos que acababa de conocer y que me habían destrozado con sus pollas, haciéndome correr de placer sin tocarme.

En esas me quedé dormida, despertándome al rato porque notaba que estaban tocándome todo el cuerpo…

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