Beatriz y Ernesto – relatos xxx

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Hola a todos, soy otra vez Beatriz, me casé muy jovencita con un Sr mayor que yo más de 20 años, el cual murió en accidente de tráfico, y yo me tuve que hacer cargo de sus negocios, como ya sabéis por mu anterior relato.

Mi historia es muy comprometedora, ya que soy presidenta de la Empresa de mi difunto marido y se vería comprometida mi imagen. así que este relato no tendrá más nombres que mi amante, al que le llamaré Ernesto quien me presento hace tiempo mi marido, y esta historia que os cuento sucedió todavía en vida de él.

Mi fetiche desde adolescente han sido las pollas grandes, siempre desde adolescente me han llamado la atención y me ponen sumamente caliente el solo verlas. A mis ligues y novios siempre primero, antes de follar les mamaba la polla para vérselas tiesas y ver su tamaño, si eran pequeñas solo le sacaba la leche a pura mamada y allí los dejaba, si tenían grandes pollas dejaba que me la metieran en mis dos agujeros, o sea que antes de casarme con mi marido iba bien follada.

Fue mi marido quien metió a Ernesto en la casa. Cierto él día me dijo que se había encontrado a un amigo de su juventud, era el hijo de la criada de la casa de sus padres, a quien le decían “el caballo”, su nombre era Ernesto, con quien mi marido jugaba desde pequeño, así que le guardaba cierto aprecio, él andaba buscando trabajo y mi marido lo había invitado para que fuera nuestro empleado. Mi familia y la de mi marido pues son bastante solventes económicamente y tenemos una casa algo grande con piscina y todo. Así que él se encargaría de la limpieza de la piscina, en limpiar el jardín, pintar, ¡de todo! dijo mi marido.

 Por aquella época Ernesto era un hombre de unos 40 años, alto 1.85 metros, delgado, pero con músculos, su rostro tiene líneas de expresión muy marcadas, tanto que aparenta mucha más edad que la que tiene. Es moreno, pero esta cachas y encima bien parecido.

Un día que él estaba sacando la basura de la piscina, tenía puesto un short que le quedaba muy apretado, fue allí cuando me quedé sorprendida del enorme paquete que se le dibujaba y que guardaba en ese short, mi fetiche volvió a renacer en mí, me imagine semejante polla tiesa, que tamaño tendría.

La supuesta gran polla de Ernesto se me volvió una obsesión, yo quería vérsela en vivo, hice un plan, Ernesto se daba una ducha después de limpiar la piscina, así que retiré todas las toallas del baño. Así que cuando el terminó de bañarse y al no ver toallas, me pegó un grito, Bea, me puedes traer una toalla, ¿por favor?, yo cogí una y entre al baño, hice a un lado la cortina para dársela y. ¡qué pollón!, dije, estaba floja y aún así era mucho más grande que la de mi marido. Ernesto al ver que yo me le quedé mirando a su polla, se quiso tapar, pero yo ya se la había visto bien.

Después de eso, mi obsesión creció. Yo quería tener esa polla, pero estaba casada y enamorada de mi esposo y no quería estropear mi matrimonio ni lo bien que vivía. Así que no hice nada. Todo sucedió al azar.

Ese fin de semana, mi marido viajaría, quería ver cómo iba la apertura de una agencia de la empresa. Me quedé sola con Ernesto. El morbo me mataba en la primera noche, estaba sola y Ernesto estaba en su habitación, me imaginaba entrar desnuda y que él me follara con su tremenda polla. Me mojaba pensar en eso. Saqué mi consolador de un cajón, me bajé mis bragas y me puse a pasármelo sobre mi coño caliente, me imaginé que el consolador era la polla de Ernesto, me lo llevé a los labios y lo chupé con deseos, luego lo metí entre mis labios del chocho y lo metí en mi coño.

Cerré los ojos mientras lo movía en mi interior. Estaba tan concentrada en mi masturbación, gimiendo, que no oí que Ernesto me llamaba (eso contado por él) al no oír contestación, Ernesto abrió la puerta y me vio allí con las piernas abiertas sobre la cama, metiéndome el consolador y moviéndolo en el interior de mi coño. En eso abrí los ojos, ya él estaba adentro, estaba paralizado viéndome y no sabía que decir. Yo que estaba muy caliente vi la oportunidad, le dije que se acercara, él lo hizo lento, lo acerqué y le bajé los pantaloncillos con los que dormía, frente a mí se apareció su polla flácida aún. La cogí y la metí a mi ansiosa boca.

Le empecé a dar una buena mamada, aún floja me costó meter el capullo en mi boca, que es pequeña, le chupe su capullo varias veces, luego le lamí el largo de su polla, la cual se fue poniendo cada vez más dura y grande, luego la levanté para chuparle sus cojones, eso terminó de poner la polla bien tiesa, por fin pude ver el tamaño real, si era como la de un caballo, mi mano apenas podía coger la tercera parte de ella.

Ernesto por favor quítame la calentura de mi coño, follame! Venga caballo le dije, (yo nunca lo llamaba por su apodo). Pero al ver su pollón fue lo primero que se ocurrió.

Ernesto se subió a la cama yo lo esperaba con las piernas abiertas, mostrando mi coño sediento de polla. ¡La restregó contra mi pipa varias veces y por fin su capullo se deslizó entre mi chocho y pafff! La dejó ir adentro, Yo pataleé, gemí, grité de placer, por fin me estaba clavando la polla con la cual yo fantaseaba en las últimas semanas, sentí mi coño llenarse de su polla, Valentín llegó a lugares en mi interior que nadie en mi vida había llegado, y todavía no la tenía completa. Él se movió en el clásico mete-saca, cuando intentó meterla hasta el fondo, sentí que mi chocho ya no daba más, que su polla topaba con algo adentro de mi útero. Pero la sensación era muy placentera.

Así mi caballito, toda, toda, ¡la quiero toda adentro!  le gritaba yo. Ernesto estaba cachondísimo, que creo que gemía más que yo cuando entramos a un rico ritmo de la follada.

¡Qué buena estas Bea, que caliente coño tienes! me decía él mientras cada embestida me levantaba de la cama. Yo lo enrollé con mis piernas para que me metiera hasta el último centímetro de su polla. No tardé en córreme en un suculento orgasmo.

Ayy si, ayy si mi caballito, asi!- grité y me corrí con gritos desgarradores. El no dejaba de taladrarme el coño con su enorme pollón. De pronto lo oí quejarse más fuerte y sentí en mi interior un chorro de leche caliente que me inundaba, él estaba corriéndose dentro de mí. Ernesto me echó una gran cantidad de leche, pero su pollón siguió duro como si fuera de hierro. Yo aproveche para voltearlo y ahora quedar sobre él, lo hicimos tan bien que su polla nunca salió de mi coño.

Me puse a cabalgarle su enorme polla, yo estaba encantada y excitada por tener adentro semejante pollón. Era la polla más grande que había entrado en mi cuerpo y quería exprimirla y que se metiera en todos los lados posibles de mi coño.

Lo cogí de las manos y se la puse en mis tetas, quería que me las acariciara y que apretara los pezones hinchados que yo tenía en ese momento Ernesto tenía una cara desarticulada por la pasión que yo le ponía a mis movimientos pélvicos, tenía adentro todos sus centímetros de polla, solo sus cojones se frotaban contra mis labios del chocho. Yo gemí como desquiciada y de nuevo llegué al clímax, lo cabalgué con más intensidad para hacer más grande mi corrida, y lo conseguí,

¡¡Caballo que follada me estás dando!!- le grité mientras por mi coño bajaba una gran cantidad de jugos íntimos.

Él se sentó un poco para que sus labios tomaran mis pezones y los mamó a placer mientras yo me corría como una bestia. Más tarde me tomó las nalgas con sus grandes manos me las apretó y ahora fue él quien movía su pelvis para metérmela bien adentro, llegó el momento en que él levantaba su vientre con fuerza, tanto que se levantaba de la cama y su polla me llegaba hasta el estómago, al menos allí la sentía. En minutos volví a tener la sensación de córreme de nuevo, y él daba muestras de quererse correr también.

Los dos llegamos casi juntos a nuestro nuevo orgasmo. Me abrazó fuerte mientras su polla pegaba latigazos dentro de mi coño, esparciendo su leche en mi interior. ¡Uf que excelente polvo!

Nos quedamos abrazados de lado un rato. Luego el reaccionó y me dijo que se sentía mal porque yo era la mujer de su jefe y amigo. Yo lo calmé un poco diciéndole que no tuviera preocupación que yo tenía la culpa.

Al siguiente día, Ernesto no quería ni darme la cara. Pero yo había pasado una noche inolvidable, había dormido como un ángel, me dolía el coño por haberla hecho tragar tan enorme polla, pero estaba satisfecha.

Por la noche, nuevamente me puse caliente, la lujuria me embargó, no pude evitarlo. Me quité las bragas, me dejé solo un blusón flojo sin nada abajo, me fui a su habitación, abrí y me puse de frente a él, Ernesto estaba acostado viendo TV, me quité el blusón y le dije que quería pasar la noche con él.

Es que eres la mujer de mi jefe y por muy amigo que sea, me puede despedir y necesito el dinero me dijo.

¿O es que no te gusto? le dije para contrariarlo.

Si me gustas mucho Beatriz, pero. –

Pero nada eso no va a pasar, pero. Si te sientes mejor, no me lo hagas en el coño, le dije astutamente.

¿Entonces por donde Bea?  me preguntó

Házmelo por atrás, por mi culo, o no te gusta mi culo, diciéndole eso y me voltee para que me viera mis buenas nalgas. Vi como Ernesto tragó saliva.

No lo dejé hablar más, me subí a la cama, luego sobre él y le puse mi chocho en su cara. Él empezó a chuparme el coño y el culo como nadie lo había hecho. Ya excitado me sujetó de los muslos y metió la punta de su lengua en mi coño y en mi culo varias veces como si estuviera follándomelas. Me corrí sobre su boca y él comió todo, ya que no dejó de chupar y lamer mi coño y agujero del culo.

Luego me colocó abajo, levantó mis piernas y las abrió y poniéndome su capullo en mi agujero me la metió, ayyy grité yo cuando sentí como su polla se meta dentro, le grité que se fuera despacio, lo hizo, pero aún así me sacó varios quejidos de dolor mientras su pollón entraba en mi culo y se amoldaba. Después de varios minutos luchando por fin Ernesto me la tenía casi toda metida. Mientras se puso a follarme, me chupaba los dedos de los pies, cosa que me puso mucho más cachonda.

¿Te gusta mi culo Caballito? – le decía yo al borde del clímax.

Me gusta tu culito Bea, me gusta mucho me decía él.

Él me siguió clavando por el culo los siguientes quince o veinte minutos, me hizo correrme con su polla metida. Fue una corrida brutal. Él se corrió dentro de mi culo y me lo dejó abierto como un tubo.

¡Ahora por el coño! – le dije.

Ahora no le importó que yo fuera la mujer de su jefe y amigo, él estaba excitado, se subió sobre mí y me la metió sin misericordia el coño, me folló de lo lindo, me sacó dos veces los jugos y yo le saqué dos veces lechita caliente. La última me echó sobre mis tetas. Fue una noche increíble, estábamos cansadísimos, sudados, nos dormimos abrazados. Yo pasé con él toda la noche, durante la cual él se despertaba me abrazaba de lado y me follababa con su enorme polla y me hacía gemir casi dormida. No sé cuántas veces me folló durante toda la noche, su polla se volvió una parte de mi esa noche y amanecimos llenos de leche en las piernas y en las sabanas, de la suya y de la mía.

Los días siguientes me di cuenta que había despertado la bestia que estaba dentro de Ernesto ya que él quería follarme a todas horas. Mi marido trabaja y no estaba de día. A veces yo estaba en la cocina preparando el almuerzo o bien haciendo otras cosas y el entraba sin ser notado, me levantaba la falda y me hacía a un lado la braguita y me la metía bien adentro, me hacía gemir de placer y luego de estarme follando se corría dentro de mi coño, luego se iba dejándome goteando de su leche, en otras me enrollaba a su cuerpo y me follaba de pie y yo enrollada en su cintura, se movía metiendo su pollón o me levantaba para dejarme caer y ensartármela toda. Me daba tremendas folladas, pero ya eran demasiadas, dos o tres veces al día, y corríamos el riego de que fuésemos encontrados por mi marido, los vecinos o alguna otra persona, menos mal que tomo la píldora para no quedar preñada s ni Ernesto me hubiese preñado, como ha hecho después de quedar viuda.

Se lo dije a Ernesto, que renunciara a trabajo, yo le daría dinero suficiente para que se mantuviese y alquilamos un pisito a y ahora nos vemos un par de veces a la semana, pero en el piso, me da unas folladas monumentales por mis dos agujeros, que me deja agotada por varios días.

Tras el accidente de mi marido, solo tuve sin verlo un par de semanas, y a continuación lo llame un día, porqué ya echaba de menos su polla en mi coño, lo contrate como chofer y guardaespaldas en la Empresa, hay muchas veces que cuando vamos de viaje, pará el coche en cualquier sitio un poco oculto y me da una buena follada en mitad del camino, me deja el coño y el culo bien arreglado.

En la actualidad vivimos juntos en casa, seguimos follando a lo loco casi todos los días, y deje de tomar la píldora, porque quería tener un hijo, para el día de mañana que siguiera a cargo de la Empresa, pero en realidad van ha se dos hijos porque con ese pollón que tiene Ernesto me ha dejado preñada de mellizos.

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Un comentario sobre “Beatriz y Ernesto – relatos xxx

  • el junio 24, 2019 a las 10:59 am
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    Siempre soñé que mi mujer tirara con otro macho y me lo contara, solo un novia lo hizo con mi mejor amigo y fue una experiencia inolvidable, el placer que sentí fue lo máximo. Lo recomiendo a los hombres

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