La aprendiz de perra sumisa (1)

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Esclava sumisa busca… Puta sumisa busca… Perra sumisa busca… No, no podía poner nada de esto aunque era lo que su mente y cuerpo le pedían hacer.

Sumisa principiante busca Amo que le enseñe el placer de la obediencia.

No sonoba nada mal. No era mentira y le daba un toque elegante.

Solo Amos serios.

No, no, no, no… No era eso lo que deseaba poner…

Perra sumisa busca Amo que le muestre el placer de la obediencia.

Solo Amos serios.

Solo Amos serios… ¿Qué demonios quería decir con solo Amos serios? ¿Es qué había Amos que se lo tomaban a broma? Seguramente el mundo está lleno de hombres encantados de que tenerla a ella haciendo todo tipo de guarradas solo para su propia diversión… Pero es que en el fondo, eso era lo que buscaba.

Perra sumisa busca Amo que la obligue a hacer todo tipo de cochinadas.

No, no, no, no… Ni de broma podía escribir algo así en el anuncio. ¿O si que podía? Solo tenía que enlazar el mensaje a una cuenta de correo diferente. Podía subir este segundo mensaje sin foto ni nada y a ver que salía.

-Una montaña de depravados, Marta. Eso es lo único que vas a lograr, una montaña gigante de depravados.

Se hizo la foto de cuerpo entero, edito el texto para cambiar perra sumisa por Sumisa principiante, subió los dos perfiles y se fue a la cama con el corazón latiendo a mil pulsaciones por minuto. Resultaba increíble que se hubiera atrevido a tanto…

No revisionó los correos hasta la noche del día siguiente. Empezó por el perfil falso…

Querida perra, no deberías haber puesto los dos perfiles al mismo tiempo pues es bastante evidente que eres la misma.

Dicho esto, un consejo: Ninguno de los que te han podido escribir te va a tomar en serio. Eres demasiado tierna y mimada para interear a un “Amo serio”. A plena vista se ve que no has tenido ni un noviete en toda tu vida y lo que es peor, das la apariencia de que haces todo esto por pura y dura diversión.

Te puedo dar una oportunidad. Siempre he querido poseer a una niña de papá como tú, llevarla hasta tal extremo que ni si quiera se reconozca a si misma.

Por poder hacer puedes hacer lo que quieras, pero si de verdad vas en serio y deseas ser tratada como la perra que eres, borra los perfiles y hazte una cuenta nueva con el nombre de Cerdita porque eso es lo que eres y lo que vas a ser para siempre. Mandame una foto tuya, desnuda, con tu nuevo nombre escrito en tu vientre.

No había foto, ni perfil asociado. Nada. Era como lanzarse al vacío sin saber que había dentro.

Intentó echar ojo al resto de los correos que la habían llegado, pero pronto comprobó que no la interesaban lo más mínimo.

Al parecer, ya había decidido.

No era idiota. Sabía que una vez mandada la foto con el nombre que su amo había escogido para ella la tendría en la palma de su mano, tal vez para siempre.

Pero eso era lo que deseaba, ¿no? Convertirse en una perra sumisa. Comenzó a quitarse la ropa…

Su mano tembló cuando cogió el rotulador y tuvo que sujetarlo con ambas manos, porque una parte de ella, seguramente su parte sensata, no deseaba hacerlo.

Respiró hondo…

Ya está, Amo.

Un escalofrío recorrió su espalda cuando al fin reunió el valor suficiente para mandar el mensaje. ¿Qué había hecho? Y sin embargo estaba totalmente empapada como nunca antes.

Su amo tardó toda una eternidad en responder, pero no era como si ella pudiera dormir de lo nerviosa que estaba.

Tenía la cabeza llena de preguntas. ¿Le gustaba su pelo? ¿El color? ¿Cómo lo llevaba? ¿La obligaría a cambiarlo? ¿O a teñirlo? Estaba muy orgullosa de su larga cabellera negra ¿O el color de sus uñas? O más importante aún, el tamaño de sus pechos. Eran buenos, pero no muy grandes. ¿La obligarían a un implante mamario quizás…?

Muy bien Cerdita, veo que eres obediente. Te ha costado menos de lo que imaginaba.

Tienes un gran cuerpo. Estoy deseando magrear esos pechos, sobar esos muslos y manosear ese coñito tuyo. Eso si, depílatelo. Cuando lo tengas bien limpito me mandas una foto abriendolo bien para mi y con el mensaje “para uso exclusivo de mi amo” escrito en tu cuerpo.

Si tienes alguna pregunta, puedes hacerla ahora. Pero solo responderé a una única pregunta.

¿Una sola pregunta? Marta tenía la cabeza llena de preguntas pero en realidad solo la interesaba de verdad saber una única cosa.

¿Puedo masturbarme?

La respuesta no tardó en llegar

En privado no, nunca más. Ahora eres mía, una cosa, y no puedes tocarte a menos que yo te lo ordene expresamente y siempre que pueda verte. Jamás en privado.

Pero pasemos a lo importante. De verdad tengo ganas de probar ese cuerpo tuyo. Vivo en… y te ordeno que estés aquí lo antes posible para que empieces tu nueva vida, Cerdita.

Y viste poca ropa. Una gabardina y unos zapatos de tacón.

Lejos, muy lejos de donde ella vivía, un pueblo perdido en mitad de la nada. Ni si quiera lo había pensado. Significaba dejar atrás toda su vida y… Demonios, desde el minuto uno, desde que mandó la maldita foto sabía que esto iba a pasar.

Pero lo primero era lo primero, depilarse el coño. No podía presentarse de esa manera ante su amo. No fue fácil encontrar abierta a esas horas una maquinilla de afeitar. El dependiente la miro raro porque sabía de sobra que vivía sola, pero no importaba, no volverían a verse.

Cogió unas tijeras y se cortó los pelos antes de rasurrarse. A continuación, escribió “usó exclusivo de mi amo”.

Se sentía muy guarra y bastante denigrada cuando se hizo y mandó la foto.

Recibió una felicitación de su amo y su corazón dio un vuelco.

Hizo las maletas y llamó a un taxi.

Un hombre mayor, de gesto duro y facciones duras, la recibió. Ninguno de los dos habló, no hacía falta.

-Tiene usted una buena nieta.

-No es mi nieta, es mi perra. -El taxista la miró de hito en hito, incapaz de creer lo que estaba oyendo. -¿Quiere verlo?

El hombre dió una fuerte palmada en el culo de la perra sin que esta se resistiera. Un leve rubor cubrió sus mejillas.

-Amigo, yo solo quiero que me paguen la carrera.

Su amo asintió con un gesto. Cerdita sacó del bolso el monedero. Había cogido todo el dinero que había podido pues no sabía cuanto se iba a gastar. Ni si quiera sabía si el dinero era ahora mismo realmente suyo.

-Y ahora, la propina

No sirve de nada tener una perra si no la exhibes. Con un gesto lento pero seguro, quitó la correa de la gabardina de Cerdita, abriéndola, dejando al descubierto su hermoso cuerpo y los escritos que tenía en su cuerpo.

Estaba muerta de la vergüenza. Las únicas razones por la que no se tapaba con las manos era porque ella misma mantenía abierta la gabardina. La otra era porque estaba excitadísima.

-Magnífica perra. -dijó al fin el taxista

-Te invitaría a que te la follaras, pero me temó que Cerdita aún es virgen, así que el servicio puede n resultar de tu agrado.

-¡No jodas! ¿Eres virgen? – Cerdita no contestó.- Follarmela no, pero, ¿Cuánto me cobra correrme en su cara y en su pelo?

-A un hombre que ha trabajado toda la noche no le pienso cobrar. De rodillas, Cerdita, deja que el caballero se desahogue contigo.

Obedeció sin rechistar. El taxista, con el que apenas había intercambiado unas pocas palabras en todo el trayecto, sacó su polla y se dispusó a masturbarse.

Apenas unos pocos minutos minutos más tarde, toda su linda carita y su preciado pelo estaban manchados de lefa. Se había hecho un total de tres pajas, una explotando en su cara, y la segunda, encima de su cabeza y la tercera, manchándola los pechos.

-Te has quedado a gusto.

-Oh, joder, ya lo creo. Y gracias.

-No hay de que.

El taxista se metió la polla, se metió en su coche y se fue. Cerdita seguía en la misma posición, sin moverse, esperando órdenes, a pesar de que empezaban a dolerle las rodillas.

-Voy a hacértelo como la perra que eres. -menciono mientras la colocaba un collar de perro y la quitaban la gabardina.

Cerdita no necesitó ninguna aclaración extra. Se colocó a cuatro patas y comenzó a andar hacía el interior de la casa, hasta una perrera que había en el patio trasero y la colocó en una posición elevada. Ahí, la amarró el cuello al suelo, de tal forma que su carita quedaba pegada al suelo y su culo estaba bien alto.

Su amo la perforó hasta las mismísimas entrañas y marcó un ritmo asesino. El placer y el más dulce de los dolores que jamás había sentido antes inundaron su cerebro, saturándolo.

Gemía como una loca, no sabía si de dolor o de placer, mientras era perforada una y otra vez.

Su amo no tuvo piedad con ella por mucho que esta fuera la primera vez que se entregaba a un hombre.

Acabó cuando se corrió dentro de ella.

Hurgó en su coño, ese coño recién usado y estrenado, sobó sus muslos y palmeó fuertemente su trasero. Lo hizo sin delicadeza, con cierta rudeza. Pero era el sentido de estar a su merced, de poner evitarlo, lo que la ponía aún más cachonda de lo que ya estaba. Débiles gemidos de placer comenzaron a salir de su boca.

Cogió a uno de los perros y este se pusó a olfatear su sexo. El corazón de Marta se disparó. No, no quería eso. No quería ser usada de esa manera, no al menos tan pronto.

Suplicó que no lo hicera, pero no pudo impedirlo. Grandes lágrimas caían de sus ojos mientras el chucho la montaba.

Fueron cinco en total, toda una jodida camada.

Deshecha, dolorida, humillada y muy usada, Cerdita volvió al interior de la casa. Su amo la devolvió la gabardina con la que se tapó inmediatamente.

-Puedes escoger. – mencionó en la cocina, mientras preparaba la cena. – Hagamos como que esto no ha pasado nunca. Vuelves a tu vida y te olvidas de todo. O puedes quedarte conmigo.

-No quiero que me vuelvan a usar los chuchos.

-Oh, haré lo que me de la gana contigo.

-Si lo vuelves a hacer, te cortó la polla y se la doy de comer.

Miguel se sentó en la mesa, con el par de huevos fritos que se había hecho para él y para ella. Cerdita cogió los cubiertos…

-Con la mano. Las cerdas comen con la mano.

Cerdita comenzó a lamer el plato…

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