Un sueño zoofilico – relatos zoo

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Después de haber leído tantos relatos sobre zoofilia, es lógico (para mí) el nacimiento de la curiosidad por esta práctica. He leído tanto sobre el tema que el hecho de imaginarme a mí, siendo montada por un buen can, me calentaba a más no poder.

Un día, después de leer tantos relatos como pude y mirar algunos videos, me dispuse a ir a la cama, pero por más que quería no podía conciliar el sueño; mirar tantas mujeres disfrutando y dejándose llevar por ese tan apasionado placer, me puso tan caliente, que a pesar de haberme bañado, me sentía tan mojada entre mis piernas que me era imposible estar tranquila. Una desventaja que tengo es el de no tener un can con el que pueda coger, así como vivir con mi madre (doblemente jodida jaja) y podía sentir como lo caliente se me subía a las orejas.

Estando dando vueltas en mi cama, frustrada y mojada, escuché algunos ladridos que venían de la calle. Como si fuera también una perra, me levanté enseguida y salí para verlos; 2 perros de raza grande y un perrito estaban peleándose por ver quién era el primero que se le montaba a una perra que los traía alborotados.

“aaah! Como quisiera ser yo la que los trajera así de locos”, pensé, lo cual al mismo tiempo que me sorprendió, me excitó.

Me dispuse, a quedarme fuera, procurando no hacer ningún sonido para no despertar a mi madre. Ya afuera de mi casa, con solo una cerca que me impedía ir tras uno de los perros, me senté en el suelo a ver un poco el show. Mientras veía como los perros se peleaban para darle su leche caliente a la perra, moría de risa por ver al pequeñito intentando subirse a la gran perra.

“jajaja, tu sí que eres ambicioso, amigo. Si quisieras, yo te dejaría desde lamerme hasta que dejaras tu leche regada en mi coño” seguía pensando.

Fue cuando se pusieron serios, y el perro más grande se hizo imponer, les dio una buena arrastrada y se dispuso a querer montarla ya con una verga que se iba desenvainando. Dejé las risas y comencé a imaginar que sería yo la montada; sentía como mis jugoso mojaban todo mi coño, mis dedos se sentían tan calientes que comencé a frotar entre mis piernas.

Aun la perra se hacía del rogar, movía el rabo de un lado a otro… “aaaah! ¡Vamos! ¡Deja que te monte! Yo aquí casi rogando para que lo haga y tú te pones caprichosa”

Cuando la perra ya se había cansado de menear el rabo, el perro se puso en posición, tomando el mando al montarla tan firme, yo mojada hasta escurrir, se dispuso a darle las primeras embestidas (aun lo recuerdo y me pone caliente). Por mi parte, lamia mis labios y los mordía, ya no podía solo frotarme entre las piernas, mi coño me exigía que hiciera algo mas; acomodé mi trasero en el suelo, dejando totalmente abiertas mis piernas al descubierto de mi coño, me quité el canzoncito y me puse a disfrutar de la vista.

Con los lloriqueos de la perra haciendo mi cabeza llenar de ideas “WUAU! Así de buena esta esa verga que te hace llorar? Mmm… yo también quisiera que me montara un sementar así y me hiciera gozar!”

 Solo ver las tremendas embestidas que le daba a la perra y luego ver a los perros que estaban alrededor de ella, esperando su turno, me mataba el hecho que yo tuviera que conformarme solo con mis dedos moviéndose en mi coño y solo imaginar que son lengüetazos que ese gran can me daba. Quería ser esa perra, siendo montada y pegada por esa fabulosa verga, hacer trabajar mis manos en la del pequeño y mi boca saboreando los jugos calientes del otro.

Estaba perdida en mi pensamiento, cuando veo que se baja el perro, quedando pegado del culo de la perra, mientras que el pequeño labia el rabo de esta y el otro esperaba su turno. El perro comenzó a jalar a la perra, lo cual la hizo lloriquear un poco, yo alcanzaba a ver un poco de esa majestuosa bola que me dejó más que impactada, así como deseosa. Seguía moviendo mas frenéticamente mis dedos mientras seguía observando como poco a poco se separaban.

En mi vida, nunca pensé que me excitaría viendo a unos perros follar y mucho menos tener un orgasmo que me hizo vibrar hasta los huesos; al final, alcance a ver como se salía de la perra, algunos jugos blancos que me hizo lamerme los labios por saborearlo. Me quedé un rato sentada en lo que recuperaba el aliento por ese tan delicioso orgasmo que me ofrecieron. Cuando estuve lista para irme, voltee para echar la última mirada a esa “orgía”; mientras el perro que la montó se lamia, otro de los perros estaba más que listo para montar a la perra “ah! Enserio que quisiera se yo a la que estuvieran montando”.

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