El perro de mi abuela – relatos zoo

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Mi iniciación zoofilica fue cuando yo era estudiante de secundaria. Debo decir que fue por casualidad, como suele pasar en la mayoría de los casos.

Mi abuela solía viajar al pueblo un par de veces al mes y estaba varios días, por lo que nos dejaba encargados de cuidar a su perro Thor un gran danés precioso mi hermano y yo nos turnábamos en sacarlo a la calle y en ponerle la comida. La abuela siempre había tenido perro y siempre de esa raza. Decía que le gustaba su porte majestuoso. Solía cambiarlo en cuanto el can daba muestras de envejecer. Siempre me pregunte por que lo hacía y llegue a descubrir el motivo.

Una tarde, cuando llegue a casa de la abuela, le di una rápida vuelta, ya que no me apetecía nada, deseaba otra cosa. Había visto a los chicos del colegio en el gimnasio  y me había calentado. Decidí  que allí era el mejor sitio para masturbarme tranquilamente pensando en los cuerpos sudorosos de mis compañeros.

Me senté en el cómodo sillón de orejas que usaba la abuela. Abrí los botones de la blusa y saca que sujetador mis pechos. Mi experiencia sexual se limitaba a masturbarme y algún beso con algún chico.

Toque mis senos hasta que los pezones se pusieron duros mientras que notaba como mi vagina se iba humedeciendo. Luego me subí la falda y con una mano comencé a tocarme por encima de mi tanga y con la otra seguía con mis pechos.

Oi un ruido y mire hacia la puerta. Era Thor que había entrado en la habitación, me estaba mirando fijamente. Por instinto yo deje mi mano sobre mi sexo y cerré las piernas. El perro seguía allí parado, mirándome.

Como no hizo nada, yo seguí con mis tocamientos. Cerré los ojos, cosa que hacia siempre cuando me masturbaba y retire la tela del tanga para tener fácil acceso a mi clítoris.

Al rato comencé a sentir roces en mis muslos. Pensé que era cosa de mi mente calenturienta. La verdad era que me resultaban muy agradables. Los roces se hicieron más intensos y más cerca de mi vagina. Mire y vi la gran cabeza del perro lamiendo mis muslos, rascaba un poco pero me gustaba y estaba excitada. Decidí dejarle. Al fin y al cabo solo me lamia los muslos.

Mi sexo estaba muy húmedo, más que otras veces y yo me sentía rara pero muy excitada. Ya no solo eran los lengüetazos si no también el roce de la cabeza de Thor.

Me abrí todo lo que puede de piernas, mis dedos se hundían en mi coño. El perro metió más a fondo su cabezota, su larga lengua me llego a los bordes de mi vagina, instintivamente comencé a cerrar mis piernas pero su enorme cabeza me lo impidió. Era una sensación nueva y rara, pero me gustaba. Saque mis dedos y rendida deje que me lamiera donde quisiera.

Me hizo llegar pronto, fue brutal, desde luego la mejor corrida de mi vida. Siguió lamiendo hasta que limpio todos mis jugos. Luego se marcho a un rincón y se sentó.

Compuse mi ropa y marche hacia  mi casa. Con solo recordar lo ocurrido me mojaba toda. Esa noche me masturbe dos veces pensado en la lengua de Thor.

Comencé a buscar información en la red, vi varios videos. Los que más me excitaban eran los de mujeres siendo montadas por perros. Pensado en ello fríamente, me daba miedo, además yo era virgen y no estaba dispuesta a dejar de serlo con un perro, pero que buenos dedos me hacia pensando en ello.

Ni que decir que siempre que tenía oportunidad de ir a casa de la abuela cuando estaba de viaje o sabia que estaría varias horas fuera  lo hacía y Thor siempre solícito me complacía.

Fue pasando el tiempo, ya no era virgen, pero yo seguía con mi amante secreto.

En una de las ocasiones que sabía que la abuela no estaría, ya que salía con unas amigas a cenar fuera, me presente. Me sorprendió que el perro no estuviera en su caseta del jardín. Como siempre entre en silencio para que no se asuntara o peor aun me asustara a mí. La luz del salón estaba encendida. Me encamine hacia allí, la puerta estaba entre abierta. Lo que vi me dejo pasmada.

Mi abuela estaba sentada en el borde del sofá, desnuda y Thor lamiéndole el coño. Intente irme llena de confusión, pero me fue imposible dejar de ver lo que estaba viendo. Permanecí allí de pie, mirando fijamente y excitándome. Mis manos comenzaron a acariciar mis pechos. Luego fueron bajando hasta que lentamente fui masturbándome viendo el espectáculo que tenía delante de mí.

No me costó mucho llegar, tuve que morderme los labios para ni siquiera suspirar, aunque creo que mi abuela no lo hubiera oído. Al poco llego al orgasmo.

Al poco, sorprendida, observe como se ponía a cuatro patas, junto a Thor. Comenzó a acariciarle la tripa y poco a poco fue hacia atrás hasta que llego a la funda. Continúo con sus caricias y asomo la punta rojilla de su pene.

Yo estaba estupefacta. Ya tenía fuera lo que pensé que era medio polla, mi abuela, se la metió en la boca y con una mano sobaba los testículos del can. Estuvo un buen rato. De vez en cuando, por un espejo, veía la cara de vicio y placer que tenía mi abuela. Estaba disfrutando y yo de nuevo estaba mojada. Observe que el miembro de Thor había crecido y era bastante grande, incluso más, que el de algún amigo mío.

A una seña de mi abuela, el perro, fue hacia su culo y la monto. Al mismo tiempo, con una habilidad que me alucino, la mano de la abuela dirigió la polla hacia su vagina.

Thor comenzó a moverse, cubriendo a su hembra. Yo no creía lo que estaba viendo. Nunca pensé que la abuela hiciera “eso”, hombre que la lamiera como me hacía a mí, pero “eso”.

Podéis imaginar con que frenesí me masturbaba sin poder apartar los ojos de aquella excitante visión.

Cuando Thor iba muy deprisa, daba una palmada en el suelo y se paraba. Luego decía “sigue” y comenzaba de nuevo a ritmo lento.

Los tres llegamos casi al mismo tiempo. El perro se bajo de los traseros de la mujer quedando culo contra culo y así se quedaron. Era evidente que estaban enganchados.

No sé cuánto tiempo estuvieron así, cuando saco el pene de la  vagina salió lo que parecía un chorro de semen. A pesar de haberlo visto en los videos, no sospeche que la corrida fuera tan grande y con tanto semen. Chorreaba por los muslos.

Inmediatamente Thor lamio todo el semen que pudo y cuando termino se marcho a su rincón.

La abuela salió por la otra puerta del salón, hacia la cocina, supongo que al baño que había allí y yo aproveche para salir de aquella casa.

Esa noche no pude dormir pensando en lo que había presenciado. Fueron pasando los días y con solo pensar en ello me mojaba. No dejaba de buscar y ver videos por la red.

Decidí que tenía que probar la gran polla de Thor. Pensé un plan y espere a se produjera una ausencia de la ciudad de mi abuela. No quería sorpresas.

Mientras tanto. Siempre que podía iba a recibir mi ración de orgasmos con la lengua del perro. Mis amigos no me dejaban satisfecha. Estaba salida, muy salida.

 Paso bastante tiempo hasta que surgió la ocasión, cuando mis padres y la abuela se fueron de fin de semana  a la playa.

El viernes por la tarde fui de compras. Luego en mi casa me prepare, me di un largo y relajante baño. Me depile por completo y por primera vez rasure entero mi monte de venus. Deseaba estar muy bella para mi amante perruno.

Cuando llegue a casa de mi abuela, encontré a Thor en el jardín, donde tenía su caseta. Aunque era zona discreta no me parecía el lugar más indicado para lo que deseaba hacer.

Lleve al perro al salón, sitio habitual de nuestros encuentros. Lo deje allí  y fui a uno de los dormitorios.

Me maquille discretamente, ojos pintados, rímel en las pestañas y por descontado los labios de rojo pasión.

Luego me desnude por completo. De mi bolso cogí unos protectores para las rodillas y me los puse. También saque el collar que había comprado. Un collar de perro del que colgaba una pequeña cadena. Me lo puse y fui a mirarme al espejo.

Lo que vi me gusto. Estaba realmente guapa.

Me dirigí al salón, antes de entrar, me puse a cuatro patas y así me presente ante mi macho.

Quede parada, mirándole, el  también me miraba pero no se movió de su rincón. Así que me fui acercando lentamente cuando estaba a metro y medio de Thor, se levanto. Me pare y me fue oliendo mientras daba una vuelta completa sobre mí. Me dio dos o tres lengüetazos en la cara que yo interprete como besos y mi coño se convirtió en una especie de catarata.

Luego se dirigió hacia mis nalgas, me lamio las posaderas y comenzó a trabajar con su lengua mis labios externos. Me abrí todo lo que pude en la posición en que estaba.  Lamia y lamia con rapidez, parecía que mis jugos le gustaban. Mis sensaciones eran extrañas, seguramente por la postura, era la primera vez que lo hacíamos así. Sensaciones extrañas pero muy placenteras.

Mi placer fue creciendo despacio, trataba de controlarme porque me gustaba mucho lo que estaba pasando y no quería que terminara.

Cuando no puede más explote de forma muy intensa. Había sido la mejor comida de coño de mi vida.

Recuperada comencé a acariciar la funda de su pene. Se dejo hacer. Cuando la rosácea punta asomaba unos 3 ó 4 centímetros se la lamí. Fue creciendo y le hice una mamada. Se estaba quieto en la medida de lo posible. Comenzó a salir cierto liquidillo que una parte saboree. Me dio la sensación que le gustaba y estaba claro que estaba acostumbrado a ello.

Que polla tan divina. Nunca había disfrutado tanto haciendo una mamada. Le deje descansar un poco pero preocupándome de que no se le bajara ni escondiera.

Volví a poner en cuatro, apoyando la cabeza sobre un sillón. Thor fue directo a mi culo y sentí su peso sobre mi cuerpo cuando se alzo para montarme. Note como daba golpes de riñón y su pene se perdía entre mis muslos. El pobre bicho no acertaba con mi coño.

Le agarre la verga y la guie hasta la entrada de mi vagina. De un solo golpe me la introdujo. Creí morir de gusto. Deje mi mano para evitar que me entrara la bola. No quería que esa primera vez pasara, ya que tenía cierto temor.

El perro siguió bombeándome, notaba su liquido preseminal correr por mis muslos. Seguía con mi mano en el miembro para controlar la penetración. Tenía oleadas de placer, no sé si fueron varios orgasmos o uno muy largo. Al poco rato eyaculo dentro de mí. Fue mucha cantidad y como sabréis no comparable a ningún macho humano.

Se quedo quieto por lo que puede retirar mi mano. Se bajo y comenzó a lamerme todo el semen que corría por mis muslos y el que salía de mi coño.

Cuando termino con su labor, el bueno de Thor, se alejo de mí pero no fue a su rincón preferido. Yo estaba rendida y recuperándome. Le veía como no me quitaba ojo de encima.

Al rato, ya en forma, me puse de nuevo a cuatro patas, ofreciéndole mis nalgas y girando la cabeza para mirarle como suelen hacer las perras cuando han aceptado al macho.

No tardo en acercarse y comenzó a lamerme de nuevo. De vez en cuando se alzaba y rozaba la punta de su pene que iba saliendo de nuevo. Luego seguía lamiendo. Una de las veces que me montó noté su polla en mis muslos, le deje a ver si me penetraba sin ayuda. La verdad, me excitaba mucho sentir sus golpes en los intentos de penetración.

Al fin le agarre el miembro y lo dirigí a la entrada de mi vagina. Me estremecí al sentirá dentro. Comenzó a bombear con movimientos rápidos, de vez en cuando se le salía el pene, pero rápidamente lo metía de nuevo.

Esta vez no puse la mano, quería que me metiera la bola, quería ser suya de verdad. Sus movimientos se fueron haciendo mas lentos, ya no se le salida el miembro. Note como la bola fue creciendo dentro de mi coño. Me llenaba y me producía algún dolor.

Mi vagina termino por dilatarse y acoplarse a “eso” la llenaba. Gemía de placer. Como la vez anterior no supe si fue un orgasmo larguísimo o varios encadenados, daba igual, solo quería más y más de ese placer que estaba recibiendo.

Por fin se corrió, me lleno todo el coño pero como estaba abotonada no se desperdicio ni una gota de su semen.

Thor se giro y quedamos culo contra culo. De vez en cuando daba un pequeño tirón, pero como salía de mi se quedaba quieto otra vez.

Al rato dio varios pasos y consiguió arrastrarme, era un perro muy fuerte y además yo le seguía para evitar que me doliese. En un momento dado dio un tirón fuerte que me dolió bastante. Gritándole le decía que estuviera quieto. Se me saltaron las lágrimas.

Ya no se movió más, al rato su polla fue saliendo de mí como si se fuera escurriendo y el semen comenzó a correr por mis muslos.

Una vez fuera de mi coño, se vino a mi cara y me lamio, secando las lágrimas de mis mejillas, bueno, lo que quedaban de ellas. Luego fue a lamer mi coño y muslos, limpiando su semen.

Cuando termino fue a su rincón y se tumbo. Yo, a cuatro patas, fui junto a el y me tumbe a su lado.

Al poco puso una de sus patas sobre mi cuerpo y me lamio de nuevo por donde podía.

Realmente me sentía como lo que decía la leyenda de mi collar:

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