Buscano polla negra para mi esposa – relatos xxx

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Buscando una polla negra para mi esposa

Categoria: Interracial

– “¡Oh Dios mío!… ¡Pega fuerte!”, me dijo Bet empujando sus nalgas de nuevo hacia atrás para que mi pene se metiera profundamente dentro de su coño… A ella le encanta ser follada al estilo perrito… Se la metí tan fuerte como pude… La sentí temblar cuando se corrió.

– “Oooh, Frank, me encanta esto!… He tenido un gran orgasmo”… Algo debía haberla puesto así… Mi esposa se corrió fácilmente, pero fue tremenda la corrida que tuvo.

Se la saqué de su coño y puse a Bet de lado… Ella todavía estaba respirando con dificultad cuando me puse entre sus piernas y metí mi pene en su jugoso coño.

– “Cariño, la corrida que me diste fue brutal!… ¿Cómo quieres correrte ahora tú?”, me preguntó ella.

– “Así como te tengo, cariño… ¿Qué te excitó tanto?… ¿Fue una de tus fantasías?

– “Sí”, me respondió con sonrojó.

– “¿Cual?”

– “Que follaba con un gran hombre negro… Te lo dije ya una vez.”

– “Lo recuerdo… Me gustó mucho cuando me lo contaste… Cuéntamelo otra vez que me calienta mucho”, le dije mientras lentamente empujaba mi polla dentro y fuera de su coño.

– “Ya sabes… Un hombre negro con una gran polla me la clavaba por detrás y tú estabas viéndolo como lo hacía.”

– “Dime más cosas, cariño, que eso hace que me corra pronto.”

– “Bueno… Él es muy alto y tiene una polla enorme, gruesa y larga, y me hace arrodillarme de espaldas a él y me separa las piernas… Luego me mete su gran polla dentro de mí y me folla duro.”

– “¿Eso es todo?”… Le dije sintiendo a punto de perder el control.

– “Me folla hasta que me corro y me corro de nuevo otra vez… Y me llama su puta blanca”… Ella se rió mientras me lo contaba.

– “¡Oh, cielo, me encantaría ver eso que me cuentas!”… Gruñí mientras chorreaba semen dentro en su coño… Ella sonrió al sentir que el semen caliente inundaba su interior del coño… Nos besamos.

– “Es sólo una fantasía, Frank… Tú lo sabes.”

Lo sabía… Nunca pensé realmente que ella haría algo así… Tampoco pensé que yo tendría el valor de seguir adelante si ella me lo pidiera,

pero en los siguientes días no pude quitarme de la mente la fantasía de Bet… De alguna manera esa fantasía parecía encajar con ella pues siempre es sumisa durante el sexo… A ella le encanta que yo tome el control de la jodienda y le hiciera todo lo que quisiera, a veces con palmadas en el culo para darle sabor… Le gustaba ponerse de rodillas y que me la follase por detrás… Todo esto me hizo pensar que su fantasía de ser follada por un negro, la calentaba mucho.

Pero también sabía que Bet era muy conservadora… Se vestía muy bien, sin ir nada provocativa… Tenía una gran figura para sus treinta y seis años… Mide 170 cm, pesa 57 kilos y tiene unas buenas tetas firmes, sensibles al tacto… Si bien a ella le gusta el sexo, no haría nada que fuese realmente desagradable o atrevido… Sólo en sus fantasías abandona sus inhibiciones, pero sólo en sus fantasías.

Nuestros doce años de vida matrimonial habían sido felices… Lo único que nos faltaba ahora era la chispa que tuvimos nuestros primeros años… Así que no era extraño ahora que su fantasía sobre un hombre negro follándola, me acelerara el pulso.

En los siguientes días, pensé mucho en tratar de buscarle un amante negro para ella… Y lo busqué en internet pero me desilusioné por lo que encontré… La publicidad de los hombres sonaba falsa, grosera o inadecuada por una razón u otra, sin mencionar los riesgos para la salud… Así que decidí olvidarme de esa idea.

Un par de semanas más tarde, estaba entrenando en el polideportivo de nuestra zona cuando ví a un hombre alto y negro tirando canastas en la cancha de baloncesto… No lo había visto antes… Me llamó la atención por la habilidad elegante con la que hizo sus tiros, casi todos los cuales entraban en la canasta… Me pregunté si alguna vez habría jugado como profesional.

Lo conocí muy pronto cuando se acercó a las máquinas de gimnasia en las que yo estaba trabajando.

– “Hola, soy Kelvin y nuevo aquí… ¿Estas máquinas son buenas?

– “Hola, soy Frank… Sí, creo que están bien… Al menos nunca me han dado ningún problema.

– “Las probaré… ¿Llevas viviendo aquí mucho tiempo?”

– “Casi diez años… Me mudé aquí con mi esposa después de casarnos y los dos encontramos trabajo en esta ciudad.”

– “Yo me acabo de mudar aquí desde Los Ángeles… Mi negocio se ha expandido y decidí mudarme… Me dedico a artículos deportivos.”

– “Por cómo te ví en la canasta, parece ser que una vez jugaste al baloncesto profesional.”

– “Gracias… Sí, jugué con los Lakers unos cuatro años… Luego lo dejé para ir a la escuela de negocios y terminé ganando más dinero por mi cuenta… El baloncesto me ayudó para entrar en la universidad y por eso le estoy agradecido y sigo practicando.”

– “¿Estás casado?”

– “No, en este momento… Me gusta demasiado mi libertad.”

Continuamos charlando… Era una persona muy abierta, amigable y de fácil conversación… Unos días más tarde, lo volví a ver en el gimnasio y renovamos nuestra relación amistosa… Después de mi entrenamiento, lo encontré en el vestuario saliendo de la ducha.

Lo primero que noté, aparte de su cuerpo musculoso, fue su polla… Colgaba entre sus piernas como una manguera gruesa… Aunque no estaba erecta, no se encogió como la mayoría de las pollas de los hombres cuando están abajo… Colgaba a medio camino de sus rodillas, con una cabeza rosada muy grande.

– “Hola, Frank… ¿Qué tal te fue tu entrenamiento?”, me dijo sonriendo con indiferencia.

Él debió haber notado que lo había estado mirando… Recuperé la compostura y le respondí lo mejor que pude sobre mi entrenamiento. Cuando los dos nos habíamos vestido ya punto de irnos, se me acercó y me dijo:

– “Frank, ¿te apetece una cerveza?”

– “Por supuesto… Conozco un bar a la vuelta de la esquina.”

Nos sentamos en un stand y pedimos cervezas… Me preguntaba qué tenía en mente… Hablamos como de costumbre durante media hora y luego pedimos más cervezas… Mientras lo escuchaba, seguía viendo su enorme pene en mi mente… No pude evitar pensar si él podría follarse a mi esposa.

– “¿Estás feliz con tu esposa?”, me preguntó.

Sorprendido por esto, me recuperé de mis pensamientos… Casi parecía saber lo que estaba pensando.

– “Por supuesto… ¿Por qué lo preguntas?”

– “Por nada, en serio… He conocido algunas parejas, algunas felices, otras menos.”

– “¿Parejas como nosotros?”

– “Sí… Muchos de mis amigos son blancos… Los encuentro en mi negocio y a través de mis amigos.

– “¿Te gusta estar con parejas?”… Me encontré preguntando.

– “Mucho. Verás, encuentro que puedo vincularme con gente blanca casada y que ellos me aprecian bastante.”

Tragué saliva y le pregunté:

– “¿Quieres decir que puedes,… digamos, estar con sus esposas?”

– “No te sorprendas Frank si te digo que hay un número increíble de parejas blancas que encuentran que un amigo hombre negro es una buena adición a su vida sexual… Por lo general, callan su relación con un hombre negro, pero puedes estar seguro de que muchos de ellos lo prueban y lo pasan realmente bien… Quiero decir que muchas parejas son así, Frank… Tal vez tú y Bet, también lo seáis”, me dijo.

– “¿Cuántas parejas has conocido para eso?”, le pregunté intrigado.

– “En Los Ángeles, estuve con nueve parejas en más de diez años… Algunas de ellas duraron bastante tiempo, otras semanas o meses.”

– “Guau… ¿Tuviste mucho sexo con ellas?

– “Por supuesto… Me follé a sus esposas mientras ellos observaban o se unían a nosotros y formábamos un trio.”

Me sentí terriblemente excitado y un poco nervioso…  Le pregunté:

– “¿Te gusta estar con parejas blancas por hacer sexo?”

– “Por supuesto… Pero no sólo eso… Me gusta hacerme cargo de una mujer blanca y verla disfrutar de mi cuerpo y de mi gran polla… Y, sobre todo, me gusta tener al marido allí presente para que vea cómo ella lo disfruta… A las esposas normalmente también les gusta eso.

– “Caray, que fuerte no?”

– “¿Alguna vez has querido ver a un hombre negro follar a tu esposa, Frank?”

– “Bueno, para decirte la verdad, he fantaseado con eso, sí… Y también Bet… En realidad es su fantasía favorita… Pero es sólo una fantasía.”

– “Pues puede convertirse en una realidad muy fácilmente.”

– “No creo que Bet lo hiciera… Ella es demasiado conservadora.”

– “Por lo que me dices, ella es del tipo que le encantaría… ¿Ella es un poco sumisa cuando disfruta del sexo?

– “Sí, pero sólo cuando está teniendo relaciones sexuales.”

– “Eso es normal… Te diré una cosa, Frank… Déjame conocerla estando contigo y ver cómo es… Tengo un sexto sentido sobre lo que quieren las mujeres… No intentaré nada… Sólo para ver qué tipo de mujer es ella… ¿Qué te parece?

– “No estoy seguro… Quiero decir, que me parece bien si no intentas nada.” ¡Wow!… Yo estaba realmente interesado en ello.

– “Lo mejor es tomarlo con mucha calma, al principio… Podemos encontrarnos en cualquier sitio… El gimnasio o algún otro lugar en el que estés cómodo… Tienes que estar con ella todo el tiempo para que se sienta segura… Seremos amigos y luego, si la cosa funciona, podemos reunirnos una segunda vez y tal vez incluso una tercera antes de que me invitéis a vuestra casa y veamos qué sucede.”

– “De acuerdo… Pero, ¿qué pasa si la cosa no funciona?

– “Puede que no, pero por lo general funciona cuando el marido está dispuesto y la esposa es el tipo de mujer que dices que es Bet.”

Acordamos ‘encontrarnos’ el próximo fin de semana en el gimnasio… Bet estaría allí y le presentaría a Kelvin… Resultó ser más fácil de lo que pensaba… Kelvin fue tan extrovertido y natural que Bet lo aceptó como amigo desde el principio… Podía ver cómo se sentía a gusto con él… Tomamos unas copas esa tarde… Una semana después lo invitamos a cenar… Unos días más tarde nos volvimos a encontrar para una comida… Cada vez Bet parecía aún más relajada… Por supuesto que ella todavía no tenía idea de lo que habíamos planeado nosotros dos.

– “Parece que te gusta Kelvin, cariño. ¿Crees que es agradable?”

– “Oh si… Es muy atento e inteligente… ¡Y bien parecido!”

– “Creo que tiene sobre 25 años, unos diez años menos que nosotros”

– “Sí, lo veo más joven que nosotros pero es bastante maduro.”

– “¿Te gustaría invitarlo a cenar el próximo fin de semana?… Me dijo que disfrutaba ser amigo de parejas como nosotros en Los Ángeles”… Yo sabía que le gustaría esa propuesta mía.

Ella me miró un momento y aunque no mostró rastro de sospecha, quizá intuyo algo en mis palabras.

– “Estoy segura de que tenía muchos amigos… Sí, invítalo si quieres.”

Ví a Kelvin al día siguiente y lo hablamos.

– “Relájate y déjame esto a mí, Frank… Si noto que ella está interesada, seguiré adelante… Créeme, a ese tipo de mujer le gustan los hombre atrevidos… Si se siente atraída, ella responderá.”

– “De acuerdo… Veremos cómo va la cosa.”

La cena fue un gran éxito… Bet llevaba un vestido azul y bonitos zapatos de tacones, típicamente de moda conservadora… Los tres bebimos una buena cantidad de vino y la conversación fue muy animada… Kelvin contó historias de baloncesto e incluso más sobre su sociedad creada en Las Vegas, de la que, evidentemente, sabía mucho… Eran más de las ocho cuando pasamos a la sala de estar… Pude ver que Bet estaba pasándolo muy bien.

– “Como te decía, la gente en Las Vegas lo prueba todo… Un hombre negro bien parecido puede divertirse mucho entre las estrellas y las parejas más aventureras”, les dijo Kelvin.

– “¿Parejas?… ¿Quieres decir que allí tuviste intimidad con parejas?, preguntó Bet.

– “No es inusual eso debido a la gran industria del porno… Allí todos tienen interés y curiosidad por los hombres negros… Ya sabes, si la tienes tan grandes como todos piensan, el éxito está asegurado”… Todos nos reímos entre dientes… El vino nos estaba llegando.

– “¿La tienes tan grande como la gente piensa?”, le pregunté… Estaba siguiendo el guión que Kelvin había elaborado.

– “Algunos sí y otros, no… Nunca se sabe hasta que echas un vistazo.

Bet se rió, mientras yo tragué saliva y seguí con la misma línea.

– “¿En qué grupo estás tú?”

Bet se rió de nuevo.

– “Tienes que echar un vistazo… Es la única manera de saberlo con seguridad.”

– “¿Quieres averiguarlo, cariño?… No todos los días tenemos la oportunidad de investigar personalmente esta interesante pregunta”, le pregunté a Bet.

Nos miró inquisitivamente con sus brillantes ojos azules, demasiado aturdida para decir algo.

– “Te diré una cosa, Frank… Te dejaré verla y Bet será el juez”… Sin más comentarios, Kelvin comenzó a desabrocharse los pantalones y, sin saber qué decir, Bet se rió de nuevo… El vino tuvo su efecto.

En un momento Kelvin se quitó los pantalones… Se paró frente a los dos y lentamente se bajó calzoncillos por debajo de sus rodillas… Una larga manguera negra de unos 24 cm apareció ante nosotros… Al tenerla tan cerca, parecía mucho más grande.

– “¿Qué dices?…. ¿Cumple con tus expectativas?

– “¡Siii!”… “¿Qué dices, cariño?”, exclamé.

– “Es magnífica”… dijo Bet sin apartar los ojos de ella.

– “Si a la señora le apetece tocarla, sea bienvenida a ello”, le dijo con una autoridad tranquila que a Bet le pareció convincente.

Levantó la vista hacia la imponente figura de Kelvin y dirigió su mano hacia el pene gigante que colgaba ante ella… Pasó los dedos por el tronco y no pudo abarcarla por lo gruesa que era.

– “Menéasela, cariño y así veremos lo grande que puede llegar a ser.”

Ella hizo lo que le pedí… Observé cómo el pollón de Kelvin crecía en su mano hasta que estuvo tieso… Sin duda medía 24 cm y era gorda.

– “Se pondrá mucho más tiesa si la lames, cielo”, le dijo Kelvin.

Bet me miró por un momento y debió quedar tranquila por lo que vio en mis ojos porque levantó la cabeza del pollón de Kelvin, se la llevó a su boca y comenzó a lamerla… Ella sabía perfectamente lo que tenía que hacer… Pajeando el tronco y chupando la cabeza del pollón, pronto lo tuvo apuntando hacia arriba con una erección muy grande… Kelvin parecía un rey nubio, de pie frente a mi esposa.

Yo los miraba fijamente a los dos… El tamaño de la cabeza del pollón de Kelvin era enorme… Ella estaba mamándosela pero sólo podía meter la cabeza en su boca… Lo compensó acariciando el tronco y cosquilleando sus bolas gruesas con la otra mano… No tenía prisa… Él le cogió su cabeza entre sus manos y le folló la boca durante al menos diez minutos… Con un gruñido de satisfacción, lo sacó.

Aún más impresionante que los 24 cm de largo, era su circunferencia, que se había hinchado enormemente… Por eso Bet no podía meter mucho de esto en su boca… Con algo de susto, me preguntaba si ella podría soportarlo tenerla metida toda en su coño.

– “¿Y ahora, qué dices?… ¿Es esta tu idea de una polla negra?, le dijo

– “Sí”, le contestó mi esposa.

– “Te gustan grandes, ¿verdad, Bet?”, le siguió preguntando Kelvin.

– “Sí.”

– “Quítate el vestido y veamos cuánto te gusta esta.”

Ella hizo lo que él le pidió… Se quitó el vestido, luego el sujetador y las bragas… Se quedó totalmente desnuda ante él… Kelvin la levantó como una muñeca y la llevó al dormitorio… Acostándola de espaldas al borde de la cama, le abrió las piernas y le pasó los dedos por el coño.

– “Lo tienes muy mojado… Me alegra ver que estás lista para mí, cariño”… Ella me miró y sonrió.

– “Frank, ¿por qué no sacas tu polla y te masturbas?… Así puedes disfrutar tu también, mientras ves como yo me follo a tu esposa.”

Hice lo que me sugirió… Pronto mi polla estuvo dura como una roca en mi mano… Observé a Kelvin colocar la cabeza gorda de su gran polla en la abertura del coño de mi esposa… Le separó los labios un poco con la mano y luego empujó unos centímetros… Yo estaba a punto de eyacular, pero pude contenerme… Vi como la sacó y la insertó un par de veces más antes de empujar con fuerza hasta que sus pelotas golpearan el culo de Bet… Me puse de rodillas para mirar más de cerca y no perder detalle de la jodienda.

– “¿Te gusta esto, cariño?”, le preguntó Kelvin.

– “¡Oh, si!”, respondió Bet.

Durante los siguientes diez minutos vi a Kelvin follar a mi esposa con movimientos largos y rápidos… Ella se excitó mucho, respiraba rápido y emitía pequeños gemidos de placer… Su polla gradualmente se hizo más gruesa y ella lo apretaba en un espasmo de placer… Observé su tembloroso orgasmo, con mi polla tiesa en mi mano… Sabía que esto no sería el final… Se la follaría más veces, seguro.

Kelvin sacó su gran polla, lentamente… Brillaba por el flujo que segregaba la vagina de mi esposa.

– “¿Cómo te gusta más, cariño?”

Bet se movió hacia el medio de la cama y se puso de rodillas… Luego se agachó y le presentó su hermoso coño… Kelvin lo entendió y se levantó para ponerse detrás de ella y le metió su polla… Mi esposa quería ser jodida al estilo perrito… Ella gimió cuando tocó fondo, luego movió su culo para metérselo más profundamente… Me miró y me lanzó una mirada de mal humor.

Esta vez la cogió con fuerza… Era extraño que él pareciera saber exactamente lo que ella quería… Él embistió su polla dentro y fuera, con grandes golpes… Ella comenzó a correrse de nuevo, aullando de placer pero él no se detuvo… La siguió golpeando, muy fuerte.

– “¿Es eso lo que quieres, cielo?”

– “Sí… ¡Hazlo así, por favor!… ¡Fóllame duro!

Ella se corrió de nuevo… Era la tercera vez… La siguiente corrida la tuvo jadeando todo el tiempo… Kelvin acelero su ritmo de follada y sus huevos golpeaban contra los muslos de Bet… Yo me corrí en mi mano izquierda y el semen goteaba en el suelo mientras observaba a Kelvin como le sacaba lentamente su gruesa polla del coño de mi esposa… Mientras lo hacía, un líquido gris-blanco la inundó y le corrió por los muslos… A ella no parecía importarle que se hubiera corrido dentro de su coño.

Media hora después nos habíamos vestido y Bet nos preparó un café… Rara vez la había visto tan serena… Era como si ella siempre hubiera querido que fuera así.

Cuando ella fue a la cocina por unos instantes para llevarse las tazas de café, Kelvin me miró contento y me dijo:

– “¿Estas contento, Frank?”

– “Sí… Creo que a ella le encantó.”

– “¿Lo pasaste bien?”

– “Sí, claro.”

Más tarde, antes de irse, Kelvin cogió a Bet en sus brazos y le dio un beso largo y profundo… Y ella se lo devolvió.

Después de que Kelvin se hubiera ido, le pregunté:

– “¿Estás bien, cariño?”

– “Sí.”

– “¿Pasaste un buen rato?”

– “Me encantó, Frank… Él es tan … maravilloso y abrumador… Y tú, ¿lo pasaste bien también?”

– “Sí, cariño… Fue muy emocionante… Me alegra que hayamos cumplido tu fantasía.”

Unos días después, Bet llegó a casa con varias bolsas de compras.

– “¿Has estado de compras, cariño?”

– “Sí, son unas cosas que me gustaría ponerme cuando follemos.”

– A vale… No me las enseñes… Que sea una sorpresa.

A la noche siguiente volví del trabajo y me encontré a Kelvin descansando en la sala de estar, medio desnudo… Antes de que pudiera decir una palabra, Bet salió de la habitación y se detuvo en la puerta… No podía creer lo que veían mis ojos.

Llevaba un sostén negro tan ajustado, que obligaba a sus tetas a tenerlas levantadas… También llevaba unas braguitas de raso negras muy diminutas… Estaba más alta de lo normal, porque llevaba unos zapatos transparentes con plataforma y tacones de 10 cm de altos… Su pelo estaba arreglado como si fuera de fiesta… Iba muy maquillada y con un lápiz labial rojo brillante… No pude evitar pensar que parecía una puta.

– “Hola, cariño… Kelvin y yo vamos a tomar una copa. ¿Te gustaría tomar una también?”, me dijo ella como si nada.

Se acercó al bar y sirvió tres copas de vino… Su culo se balanceaba por efecto de los tacones altos… Me entregó mi vaso y luego se acercó a Kelvin… Tomaron un sorbo de sus bebidas mirándose a los ojos sin hacerme caso… Cómo si yo no estuviera.

Yo no sabía qué decir… No me esperaba esto… No estaba seguro de que me gustara la idea de que mi esposa estuviera con Kelvin sin habérmelo dicho antes y con esas exiguas y provocativas ropas… No creí oportuno decirles nada… Reflexioné sobre esto mientras veía cómo se acariciaban… Bet se reía mientras Kelvin la tocaba por encima de sus diminutas bragas negras.

No pasó mucho tiempo antes de que se las quitara… Kelvin la inclinó sobre el brazo de un sillón y se quitó los calzoncillos que era la única prenda que llevaba… Su pollón gordo emergió medio erecto… Lo frotó un poco y luego lo empujó en el agujero del coño de Bet.

– “Quítate los pantalones, Frank, y diviértete masturbándote.”

No sabía qué hacer, así que hice lo que me pidió… Mi pene palpitaba en mi mano… Él se follaría a mi esposa ante mis ojos mientras yo debería conformarme con masturbarme, mirando a ambos.

– “Sí… Jódeme así!… ¡Quiero esa gran polla negra en mi coño!… ¡Hazlo fuerte!”, le pedía Bet.

Él le dio a ella lo que quería… Kelvin me decía siempre que le encantaba escuchar sus gemidos… Y se estrelló contra ella con poderosos golpes de polla, mientras ella gemía cada vez más fuerte.

– “Oh, Dios mío, jódeme fuerte que me voy a cooorreeer”… Observé su gran orgasmo con asombro… Kelvin siguió adelante y continuó follándola… Agarró su pelo rubio y tiró de su cabeza hacia atrás, mientras se la clavaba dentro y fuera y le golpeaba el culo con la mano izquierda.

Me quedé impactado… Esto fue más de lo que esperaba… No estaba seguro de que esto era lo que yo quería.

– “¿Te gusta esto, puta?”, le preguntó Kelvin.

– “Ooooh… Siiiii… Es muy bueno… No te detengas.”

– “Me gustan las mujeres calientes como tú… ¡Las putas blancas sois las mejores para follarlas.”

Otra corrida barrió el cuerpo de Bet… Ya llevaba dos…  Ella gimió de placer… Esta vez Kelvin sacó su pene brillante y se volvió hacia mí.

– “¿Tienes algún lubricante, Frank?

– “¿Qué?”

– “Un buen lubricante… Es para ponerlo en el ano de tu esposa.”

Bet nunca había aceptado el sexo anal… Estaba seguro de que ella no querría esto… Dudé un momento mientras miraba su largo y grueso pene colocado delante de su culo… Sentí una oleada de deseo en mis entrañas, pero fui a buscar el lubricante.

– “Lubrícala tú, Frank”, me dijo, señalando su orificio anal.

Apreté el tubo y coloqué el lubricante alrededor del ano de mi esposa.

– “Bien… Ahora pon también un poco en mi polla.”

Sorprendido, hice lo que me pidió, extendiendo una gran cantidad sobre la gruesa cabeza de su pollón.

– “Ya, Frank… Ahora, inserta lentamente mi polla dentro de su ano.”

No podía creer lo que me estaba pidiendo… Y Bet estaba esperando pacientemente, sin ofrecer ninguna objeción… Hice un gran esfuerzo para hacer lo que me pidió… No entraría… Era demasiado grueso.

– “Métele un dedo, primero… Eso la preparará.”

Con el lubricante, mi dedo entró con bastante facilidad… Cuando le coloqué la punta de su polla, sentí que la mía palpitaba excitada… Siempre quise follarla por el culo y nunca me dejo… Ahora le ponía yo la polla de un hombre negro en la entrada de su ano e iba a ver cómo la enculaba.

Con el orificio bien lubricado, tomé su pollón en mi mano y lo introduje lentamente en su ano… Una vez que estuvo metido unos centímetros me dijo que me apartase y comenzó a metérsela y sacársela lentamente pero cada vez, un poco más profundo… Con su otra mano masturbaba el clítoris de Bet y la ponía caliente a tope.

– “¿Te gusta, cariño?”, le preguntaba Kelvin.

– “Sí.”

– “¿Lo quieres más profundo?”

– “Sí.”

Él comenzó a tomarla en golpes largos y finalmente alcanzando su máxima profundidad… Su culo se abrió justo para recibirlo… Escuché los gemidos de Bet mientras él continuaba follándola y frotando su clítoris al mismo tiempo.

“Tienes un buen culo apretado, puta… Te lo voy a follar bien follado”… Bet gimió algo inaudible… Vi como su polla aceleraba el ritmo… Él se la metía hasta que sus bolas se pegaban a su cuerpo… Bet dejó escapar un fuerte gemido que sabía que significaba que se estaba corriendo por tercera vez esa noche.

– “Frank, ¿tienes un vibrador?”

– “Sí.”

– “Dámelo.”

Fui a la habitación y lo encontré en un cajón… Se lo entregué a Kelvin… Con sus largos brazos, alcanzó a Bet y lo colocó contra su clítoris… Su pene siguió follando su culo, mientras se escuchaba el ronroneo del vibrador.

– “Ooooooh… Que a gusto estoy!… ¡Me encanta lo que me estás haciendo!”… le dijo ella.

Una ola de orgasmos la sacudió… Luego otra… Se había corrido más de cinco veces

De repente, Kelvin se detuvo y el vibrador también.

– “¿Quieres más, cariño?”, le preguntó Kelvin.

– “Sí… Sí… Por favor… Quiero más!”

– “¿Serás mi puta?”

– “Sí.”

– “¿Harás lo que yo quiera?”

– “Sí… Haré lo que tú quieras… ¡Sigue!… ¡Jódame el culo!”

Al oír a mi esposa gritar esto, un chorro de semen brotó de mi polla hinchada.

Kelvin volvió a poner el vibrador en su clítoris y así estuvo durante otra media hora hasta que Bet quedó agotada… Retiró su polla y le dio la vuelta.

– “Ahora puta, chúpamela.”

No podía creerlo, pero ella lo hizo… Ella le chupó la polla con amor durante unos cinco minutos hasta que estalló en un chorro de esperma… Por más que lo intentó, no pudo tragarlo todo… Goteaba por su barbilla y sobre sus tetas… Ella no parecía en absoluto avergonzada… Ví cómo le sonrió y luego, me guiñó un ojo.

Una semana después, Bet me llamó a la oficina para decirme que Kelvin nos había invitado a una fiesta esa noche… Ella parecía emocionada… Había pasado mucho tiempo desde que habíamos estado en una fiesta, por lo que no me extrañaba que ella quisiera ir.

Cuando llegué a casa me di cuenta de que debía haber sospechado que esto de la fiesta era una nueva encerrona para mí… Me encontré a Bet esperándome, vestida para salir… O casi desnuda… Llevaba una minifalda rosa bastante corta, con una camiseta negra ajustada que nunca antes la había visto… Lo único que reconocí fueron los zapatos de plataforma de plástico transparente de 10 cm de tacón.

– “Caray, cariño, ¿a qué clase de fiesta vamos?”

– “La ha organizado Kelvin y algunos de sus amigos… Dijo que nos gustaría mucho”, me comentó ella sonriendo dulcemente.

El lugar resultó ser un club privado de las afueras de la ciudad… Kelvin lo había reservado para la noche… Él estaba allí con cinco de sus amigos, todos varones y todos negros… Esto me preocupó un poco cuando miré a mi alrededor y no vi a nadie más.

-“He encontrado aquí algunos colegas retirados de la NBA… Pensé que te gustaría conocerlos”, me explicó Kelvin… Eso lo podría adivinar fácilmente, ya que todos eran tan altos como él.

– “Te presento a Owen, Murphy, Nevile, Quinn y Urick.”

Les saludamos y Kelvin nos dio unas copas… Más tarde ví un gran colchón en el suelo junto con algunas almohadas y tubos de lubricante.

Comencé a ponerme nervioso… Habría dicho algo, pero Bet parecía indiferente… Ella coqueteaba con los hombres mientras Kelvin miraba con aprobación… Me las arreglé para llamar la atención de Kelvin y lo llevé hacia el área del bar… Tan pronto como estuvimos solos le dije:

– “Kelvin, ¿estás pensando que Bet va a follar con todos estos hombres, ahí en el colchón que hay en el suelo?”

– “Por supuesto.”

– “No creo que ella quiera hacer eso.”

– “A ella le va a encantar, Frank… Puedes estar seguro de eso… De hecho, van a follarla justo delante de ti… Así que puedes verlo por ti mismo.”

Me quedé impactado… ¿Cómo podía imaginar Kelvin que yo quisiera ver algo así?… Al mismo tiempo sentí que mi polla se ponía rígida en mis pantalones… No podía creer que me sintiera excitado al pensar que seis hombres se iban a follar a mi bella esposa.

– “No te preocupes, Frank… A ella le va a encantar.”

Decidí ver lo que iba a pasar.

No tardó mucho tiempo… El vino volvió hacer su efecto en Bet… Ella estaba riendo mientras los hombres bromeaban con ella, que se la veía disfrutar de su compañía.

– “Venid aquí todos… Esta es la señora de la que os hablé… ¡Es la mejor zorra blanca de la ciudad!… Puedo decíroslo por experiencia propia… Cariño, ¿no es así?”

– “Si tú lo dices, Kelvin”, se rió Bet de nuevo.

– “Yo lo digo… Y vas a mostrarles a estos caballeros que eres un gran coño, ¿no es así, cielo?”

– “De acuerdo… Lo que tú digas.”

– “Quítate esa falda y muéstranos tus cosas.”

Bet se quitó la falda, mostrando unas diminutas bragas negras de tanga… Los hombres la silbaron.

– “Ella se ve muy caliente… Ahora falta saber si podrá follarnos a todos nosotros”, le dijo uno de sus amigos.

– “Claro… No lo dudes… Quítate las bragas, cariño.”

Ella se las quitó y Kelvin la levantó y la llevó al colchón.

– “Arrodíllate y muéstranos ese lindo culo que tienes, puta.”

Bet cumplió la orden, separando más las piernas para mostrar su culo y su coño.

Todos los hombres se desvistieron rápidamente… Como era de esperar todos tenían penes muy grandes… Kelvin se arrodilló frente a Bet y le metió su gran pollón en su boca e invitó a los demás a ponerse en fila y follarla por detrás.

Bet no ofreció la más mínima resistencia… En un minuto estaba gimiendo mientras la follaban por detrás… Cómo se las arregló para chupar la polla al mismo tiempo, no lo sé, pero lo hizo… Impotente para detener lo que estaba sucediendo, me quité los pantalones y saqué mi polla… Estaba goteando con anticipación… Froté este lubricante natural que salía poco a poco de mi polla y me gustó.

Lo que siguió sólo puede ser descrito como un gangbang.

– “Esta mujer es una maravilla… Me la chupa muy bien, la muy puta”

– “Me encanta este coño, Kelvin… ¡Es una gran puta blanca!

– “¿Le puede dar por el culo?”, le pregunto otro amigo a Kelvin.

– “Sí, claro… A ella le encanta”, le respondió.

– “Le gustaría un emparedado?”, preguntó otro.

– “¿Un qué?”, le pregunté a Kelvin.

– “Ya sabes, Frank… Negro por fuera y blanco en medio… Ahora verás lo que quiero decirte:”

– “Cariño, ponte encima de Owen y lo montas clavándote su polla en tu coño… Así… Muy bien”, le dijo Kelvin a Bet.

Quinn se arrodilló detrás de ella y le lubricó el culo… Se la follaron los dos al mismo tiempo, uno por delante y el otro por detrás… Y, a partir de aquí, se la fueron follando de dos en dos… Era la primera vez que vi dos pollas negras metidas en sus agujeros… Me corrí de inmediato… Sorprendentemente, mi polla se mantuvo firme durante las siguientes dos horas mientras la follaban repetidamente.

Me corrí dos veces más y perdí la cuenta de las corridas que tuvieron Bet y los seis hombres… El olor a semen fresco llenaba la habitación. Pude ver que Bet estaba cubierta de semen desde su barriga hasta su culo y muslos… Ella ni siquiera tenía tiempo de limpiarse antes de que la siguiente pareja la tomara por el coño y el culo… Luego un tercero se la metía en su boca su boca.

– “Esta es la prueba de que tu esposa Bet es una autentica puta, Frank… A ella se la están follando por los tres agujeros al mismo tiempo”… me dijo Kelvin mirándome de reojo… ¡Mi esposa se había convertido en una puta de polla negra!… A estas alturas, estaba tan cachonda que podían hacerle lo que quisieran… No lo hubiera creído si no lo hubiera visto por mí mismo.

Cuando finalmente llegamos a casa, le pregunté a Bet cómo se sentía.

– “Genial… ¡Lo pasé maravillosamente bien!”

– “¿Te gustó ser follada por seis hombres así?”

– “Sí… Me encantó y quisiera volver a verlos… Y haré cualquier cosa por Kelvin… Me dijo que podría encontrar más amigos para una fiesta aún más grande y que también podríamos reunirnos todos los fines de semana en algún lugar… ¿No sería divertido?… Ya ves, cariño, yo también sé lo que quieres… ¿No es maravilloso que ambos sintamos lo mismo? “

De hecho lo hicimos… Ella era la que mandaba y la que ponía su cuerpo para que disfrutásemos todos… Yo me sentí un cornudo feliz y así permanecimos durante muchos años en la que la ví follar hasta el agotamiento.

F I N

Un comentario sobre “Buscano polla negra para mi esposa – relatos xxx

  • el junio 19, 2019 a las 9:38 am
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    me gusta estar con un chico negro o dos al mismo tiempo,pero seria incapaz de estar con seis,la verdad que cuando pruebas una polla negra te cogen ganas de repetir,mi marido yo lo hemos hecho en varias ocasiones,el cuerpo de un chico negro no tiene nada que ver de un blanco,frank disfruta a tu Bet y si quiere ella compartir mejor besos

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