nuestra historia – relatos lesbicos

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Era un día de noviembre como cualquier otro, acababa de terminar el último semestre de mi carrera, mi vida transcurría entre disfrutar mis vacaciones, sentirme ansiosa por la espera para recibir mi título profesional y la angustia prematura de conseguir un trabajo en lo que estudie, además de eso, estaba la responsabilidad de continuar escribiendo aquella historia que me  ayudo a enfrentar mis miedos, a aceptarme a mí misma y a conocer el verdadero amor. Mi vida era una completa monotonía, levantarme temprano, estar pendiente de mi sobrina, ayudar a mi madre con las cosas de la casa y en las tardes y noche perderme en el mundo virtual escribiendo aquella historia y conociendo a muchas personas que aportaron un granito de arena a mi vida.

Todos los días la misma historia, con la pequeña variación que alguno de esos días revisaba mi cuenta email a ver que había de nuevo y precisamente ese día encontré un mensaje de una personita que tomó un poco de su tiempo para escribirme con relación a mi historia, el enunciado llamaba la atención por su tono de reclamación, así que decidí abrirlo, sin saber que desde ese momento ya empezaba a cambiar mi vida. “Admirando tu historia pero buscando una respuesta” y efectivamente al leerla tomé la decisión de contestar, era algo que solía hacer con las personas que me escribían algo con relación a la historia, si ellos tomaban de su tiempo para escribirme, lo mínimo que yo podía hacer era responder, así que lo hice y las cosas no pasaron a mayores, todo muy normal, aquella mujer dejó su mensaje y desapareció por un tiempo, así que continúe con mi vida.

Las festividades de diciembre pasaron, mi ansiedad crecía a ver que la mayoría de mis compañeros de la U ya estaban trabajando y yo aún nada, pensé que me iba tocar volver a vivir con mis papás por el hecho de no tener un trabajo y eso de verdad me estresaba, hasta que por fin logré obtener algo, muy temporal, muy pasajero pero trabajo al fin y al cabo, así que retome mi vida a la cuidad donde estudie, Medellin, tierra hermosa y acogedora.

Ya mi preocupación del trabajo estaba pasando, pero la ansiedad por los grados crecía y me había aislado un poco de mi vida virtual, así que de vez en cuando entraba a mi email a ver qué había pasado, pero todo era muy normal, ningún mensaje interesante hasta que a finales de Enero nuevamente aquel enunciado “Admirando tu historia pero buscando una respuesta”, esta vez agradeciendo por aquella respuesta de hacía varios meses, todo normal, volví a darle respuesta y continúe con mi vida.

Los días seguían sin mucho cambio, logré graduarme, encontrar un trabajo estable y continuar escribiendo de vez en cuando, cada vez me alejaba más de aquella vida virtual que en el pasado era todo para mí, vivía mis días más dedicada a mi trabajo y a lograr salir adelante por mí misma, un día de abril de esos en los que el trabajo estaba muy calmado decidí abrir mi cuenta de email y ¡Oh sorpresa!, nuevamente aquel enunciado “Admirando tu historia pero buscando una respuesta”, escrito de varios días atrás, al verlo fue algo raro, ya iban varios mensajes y este tenía un fin concreto, saber de mí, saber un poco de la persona que se encontraba detrás de aquella historia, así que me dispuse a contestar sin imaginar todo lo que en ese momento pasaría.

Desde aquel día mi email se transformó, era como si se tratara de un chat, mi bandeja de entrada empezó a recibir cada vez más mensajes de aquella mujer, cada vez conociéndonos más y fue allí cuando obtuve un dato clave, su apellido, Marin, era algo que teníamos en común, ya que mi segundo apellido es ese, y al saber su nombre completo me entró la ilusión de que tal vez estuviera conversando con una persona de mi país, y mejor aún que podría ser del mismo lugar de donde yo vivía, no sé por qué, pero me ilusioné, como mencione anteriormente, mi vida transcurría entre lo virtual y lo real de mi carrera, poco contacto con personas frente a frente, la mayoría de las mejores cosas que me pasaron fueron a través de un computador, así que tenía la ilusión de que eso cambiaria, y que por fin podría experimentar conocer a una mujer como yo de frente, algo que deseaba más que nada, pero la suerte no estaba de mi parte, en una de tantas líneas compartidas llegamos a punto de preguntar en donde vivíamos, y tuve 1 de 2, vivía en Colombia, pero muy lejos de mí, en el interior del país, a hora y media de la capital más o menos, fue algo raro, por un lado me alegre que fuera de mi país, pero por otro sabía que vivía lejos, así que la oportunidad de vernos en persona era un poco más complicado, sin embargo, continuamos hablando, conociéndonos cada vez más.

Los días pasaban, y los mensajes se convertían en algo que ya esperaba, anteriormente mi email lo abría de vez en cuando, cada 2 o 3 días lo revisaba, pero se convirtió en algo tan necesario para mí, que ya lo mantenía abierto y a cada rato actualizando a ver si llegaba alguno de sus mensajes. El interés  por conocernos era mutuo, los mensajes cada vez eran más fluidos y siempre dirigidos a conocer la una de la otra, así que tomé la decisión de pedirle que habláramos por otro medio, para poder expresarnos bien y no estar actualizando a cada rato mi email para saber de ella, y así fue, me compartió su número de whatsapp, y no dude ni un minuto en escribirle.

Desde ese momento empezamos a comunicarnos por ese medio, recuerdo muy bien aquel día 14 de Abril de 2014, día en que la luna se vería roja, entre las cosas que más me gustan, está la luna y fue inevitable no llegar a ese tema, nos la pasamos toda la noche esperando, yo desde mi balcón y ella desde su habitación para ver aquella luna rojiza, lo cual nunca pasó, siempre la vi igual y ella por el lugar en donde estaba no lograba divisarla bien, sin embargo, pasamos una noche muy agradable conociéndonos un poco.

El día en que empezamos a hablar con más fluidez era lunes, en semana santa, jueves y viernes santo me iba a ir al pueblo en donde nací, en aquella época no tenía mucha señal ni siquiera de celular, mucho menos de internet, así que viaje aquel jueves, pero no desperdicie los días anteriores, me la pasé escribiéndome con ella lo más que pude y allí fue donde me enteré que precisamente el día que yo viajaba al pueblo, era el día de su cumpleaños, no me gustó mucho esto, ya que no tendría la oportunidad de saludarla ese día y darle el feliz cumpleaños, pero todo pasa por algo, y decidí irme no sin antes desearle un feliz cumpleaños adelantado.

Generalmente soy un persona un poco penosa, me da mucha vergüenza molestar a las personas, pedir algo, saludar, ofrecer algo, es la carga más grande que he tenido en mi vida, y aun lucho con ella, y en aquel momento fue mi enemigo número uno, estaba en un dilema estúpido de llamarla o dejar pasar el día como si nada, estaba con la indecisión más grande del mundo, ya que no quería parecer muy intensa y menos que ella creyera algo malo de mí, así pasé mi día, entre procesiones e indecisiones de llamarla, hasta que me arme de valor y decidí hacerlo, tenía tanta curiosidad de ponerle voz a esos escritos, que deje de pensar tanto y marque su número, tras varios timbrazos escuche la voz de una mujer al fondo… “Sistema correo de voz…” me entristeció aquello y colgué, desistí de la idea de llamarla y continúe con mis minis vacaciones, enviándole uno que otro mensaje de texto.

Los días pasaban y cada vez más me interesaba por ella, por su ser, por su pensar, por todo lo que había transmitido en sus escritos, ya que, a pesar de estar en un medio de comunicación como lo es whatsapp, no obtuve una foto suya hasta mucho tiempo después de hablarnos, ¿por qué? No lo sé, simplemente no me hacía falta, con lo que tenía de ella era más que suficiente, sin embargo, el día que decidimos compartirnos una foto, quede flechada, era hermosa, no podía haberla imaginado más hermosa de lo que era, lo que más me encantó fue su cabello crespo, su carita angelical, y unos corazones de adorno que se encontraban detrás de ella decorando la pared, le daban un toque tierno de enamoramiento, y se puede decir que fue ahí cuando se despertó en mi más el interés hacia ella, ¿me enamoré? Tampoco lo sé, solo sé que mis días no eran lo mismo si no hablaba con ella.

Las inseguridades empezaron a apoderarse de mí, tenía miedo, miedo a un imposible, anteriormente había pasado por situaciones similares, amor a distancia, no diré que es una mala experiencia, ya que la relación que tuve fue linda, llena de ilusión pero imposible al fin y al cabo, y tenía miedo de que algo así volviera a suceder, no quería que eso pasará, deseaba tener una relación como cualquier otra persona, tomar de la mano a mi pareja, salir a pasear, quedarnos juntas viendo una peli en casa, o simplemente tener la oportunidad de sentir sus abrazos, deseaba tanto que algo así me pasará, que el hecho de saber que era de otra cuidad, abrumaba mi pensamiento, y me lo repetía mil veces “No te puedes enamorar, no te puedes enamorar, NO TE PUEDES ENAMORAR”, así pasaban mis días, cosechando una ilusión y negándomela a mí misma.

Un mes después de estar hablándonos, por cuestiones laborales me enviaron a otra cuidad, volvía a estar entre la espada y la pared, porque no tenía datos, tampoco internet y en aquella época no manejaba plan de minutos, así que la comunicación con ella era casi imposible, le comente que me iba por una semana y que durante ese tiempo le tocaría extrañarme, ya que estaba prácticamente incomunicada, como siempre ella tan relajada, no le vio problema y simplemente me deseo buen viaje, mientras yo pensaba miles de maneras para poder hablar con ella, ella simplemente me deseaba bien viaje, y ya, como si nada pasara, pero en mi sí que pasaba de todo, recuerdo que la empresa me dio un recarga al celular, para poder comunicarme con ellos por si cualquier cosa ocurría, y ese mismo día que llegue del viaje, me gaste toda la recarga hablando con ella, ¡Por fin! Escuchaba su voz, por fin deje la bobada y simplemente le marque para ver qué pasaba, a ver si en esta ocasión tampoco me contestaría, o si podría escucharla esta vez, y fue así, pasaron varios minutos hablando con ella, me gaste todo lo que tenía, deje unos cuantos pesos para timbrar a mi trabajo  por si ocurría cualquier cosa, y al día siguiente ya estaba haciendo otra recarga por mi cuenta para seguir hablando con ella, era tanta la necesidad de escucharla, de compartir con ella que no pensaba, simplemente actuaba, pero seguía rondando en mi ser ese miedo de que esto creciera, pero por más que mi cabeza me decía “¡detente!” mi corazón me arrastraba a ella sin siquiera notarlo.

Al regresar de aquel viaje, tome una decisión y era que iba a ir a conocerla, no podía más, necesitaba tenerla de frente, necesitaba verla completa, hablar cara a cara con ella, y en la primera oportunidad que tuve se lo dije, al principio no fue tan asertiva con la propuesta, pero después de una tiempo acepto, y colocamos una fecha, 21 de junio, el día que iba a poder tenerla de frente.

Los días pasaron, y yo literalmente los contaba, esperando que llegará la fecha, siempre me he caracterizado por ser una mujer muy ansiosa, y esta no fue la excepción, cada día era una espera tortuosa, esperaba tanto que llegará el día, que el tiempo se hizo eterno, mientras el día llegaba, seguíamos con nuestras platicas, ya le había confesado que me gustaba mucho, que me parecía una mujer hermosa, y que estaba dispuesta a hacer lo que sea por conocerla, inclusive tomar un avión para ir a verla, la idea del avión no es una mala idea, pero para mí era enfrentar el mayor de mis miedos, las alturas, todo, por ir a verla y pasar un fin de semana con ella.

Por fin la fecha llegó, 21 de junio 3:00 am, me desperté con ansias locas, realmente fue como que me levante derecho, porque no pude dormir bien esa noche, me bañe, me organice y salí para el aeropuerto, a las 5:00 am ya me encontraba abordando el avión, miles de pensamientos pasaban por mi mente, nunca había hecho eso por nadie, irme a una cuidad desconocida a verme con una persona con la cual solo habíamos hablado, parecía una locura, a las pocas personas que les conté me decían que estaba loca, que eso no debería hacerlo, que hay mucha gente enferma en este mundo y que no sabía qué clase de psicópatas hay en las calles y no sé qué más, mis oídos estaban totalmente sordos a esos comentarios y allá llegué.

21 de junio 7:00 am, me encontraba en el aeropuerto internacional de Bogotá, esperando por ella, como lo comente anteriormente, vivía a hora y media aproximadamente de la capital, pero a pesar de vivir tan cerca no la conocía tanto, así que el llegar al aeropuerto para ella no fue tan fácil, los minutos pasaban y mi mente volaba, pensaba en cómo era, cómo la iba a reconocer, que le iba a decir cuando la viera, y se pasó por la mente decirle “hola, mucho gusto, el amor de tu vida” y darle un beso, lo planee tanto, que ya tenía todo fríamente calculado, solo faltaba que ella llegara para hacerlo.

21 de junio 9:00 am, seguía en el aeropuerto con el corazón en la mano, varias horas habían pasado y ella aun no llegaba, se había perdido, la llamé para preguntarle cómo iba y solo me atinó a decir que estaba perdida, cerca, pero perdida, que tenía que tomar otro bus para llegar, pero que estaba como a 5 minutos, se escuchaba el nerviosismo en su voz, me preguntó en que puerta me encontraba yo, y le comenté que estaba en la puerta 3, ella había llegado a la 10, o algo así, no recuerdo muy bien por lo nerviosa que estaba, salí por la puerta y empecé a caminar hacia donde ella se encontraba mientras ella hacia lo mismo, y empezamos un conteo de las puertas, 3, 4, 5… y entonces la vi y me vio, aun con los celulares en las manos, lo único que pude hacer fue darle un beso en la mejilla y abrazarla por un rato largo, me bloquee, todo lo que había planeado decirle se fue a pique, no podía ni articular bien nada, me deslumbre con lo hermosa que era, su piel blanca, con ese cabello crespo que me encantaba, una sonrisa nerviosa hermosa que iluminaba ese momento y un cuerpo que despertaba lo más bajos instintos, no es una mujer alta, todo lo contrario, es de contextura pequeña, con una cintura divina y unas caderas que enamoran, su cuerpo en total armonía, estaba atónita con ella, me impacto, me gusto más de lo que imaginé, de verdad lleno todas mis expectativas y más.

Al salir ya un poco del shock en el que nos encontrábamos nos dirigimos a buscar un transporte, ya que ella había planeado la ida a un lugar mágico a las afueras de la capital, un lugar lleno de naturaleza y armonía, el parque Jaime Duque, definitivamente logró conocerme muy bien en el tiempo que hablamos, ya que fue un lugar de todo mi agrado. Mientras nos dirigíamos hacia allá, los nervios me ganaron, y empecé a hablar hasta por los codos,  una verborrea intensa, se puede decir que paraba solo para tomar más aire para hablar, y así me la pasé todo el camino mientras ella me escuchaba atenta con una sonrisa hermosa en sus labios, en ese momento creo que la aburrí, pero ella tenía claro que yo estaba nerviosa, y solo me regalaba esas sonrisas que me derretían.

El parque al que fuimos quedaba a una hora más o menos de donde estábamos, cuando llegamos pensé que era el lugar perfecto, naturaleza, animales, juegos, tenía de todo y todo me gustaba, fue un día muy agradable, volví a enfrentar uno de mis miedos más grandes, los anfibios, entramos a un lugar lleno de ellos, yo trataba de disimular pero me fue imposible, el solo hecho de verlos hacia que me erizara y empezara a tartamudear, al salir de aquel lugar no se le ocurrió mejor forma de “romper el hielo” asustándome con esos bichos, creo yo que ha sido el momento en el que más miedo le he mostrado y aun se ríe de mi al recordar ese momento.

El día transcurría entre risas, juegos, miradas cómplices y sonrisas furtivas, yo tenía claro que si no tomaba la iniciativa de darle un beso, eso jamás ocurriría, así que cada lugar que recorríamos era un escenario ideal para besarla, pero siempre pasaba algo que me impedía hacerlo, quería que fuera especial, algo que recordara siempre, y al ser un lugar tan mágico, cualquier espacio era el ideal, pero pasaba algo muy extraño, llegábamos a un lugar en donde había poca gente y al momento de entrar se llenaba, y mis ganas de besarla volvían a reprimirse, nunca he sido de dar espectáculos en la calle ni mucho menos y esa no sería la excepción, así que trataba de buscar el lugar ideal en el cual estuviéramos solo las dos, pero fue casi imposible. En algún momento de la tarde me mencionó que el león “Duque” se encontraba en una parte de parque a la cual no habíamos ido, así que nos fuimos para allá, antes de entrar había una escultura de tamaño real de una jirafa muy bonita, le dije que quería una foto ahí, así que posé y me la tomó, luego le dije que ella posará que ahora yo le tomaría la foto, al principio no quería, pero logré convencerla, tenía el celular en mis manos, la vi a través de la pantalla y pensé “es ahora o nunca” así que tomé la foto y me dirigí hacia ella, la mire a los ojos y solo atiné a decirle “estas hermosa” y fue allí cuando rápidamente me acerque y la bese, sus labios ahora estaban en los míos, sentí tocar el cielo con las manos, sus labios eran tan dulces, tan suaves, tan exquisitos, que si no fuera porque en ese momento venía una familia por nuestro lado, ahí me hubiese quedado, con el corazón en la mano de los nervios convertidos en felicidad.

El día transcurría y no podía sacar de mi mente la sensación de ese beso, al parecer yo no fui la única a la que le gusto, ya que buscábamos cualquier lugar para probar nuevamente aquella maravilla, pasando de la escultura en tamaño real de jirafa a los jardines colgantes de babilonia, para luego besarnos en un rincón oscuro de un barco pirata hasta en un mapa gigante en relieve de Colombia, y así pasó todo el día entre risas, miradas coquetas, cogidas de manos y besos furtivos.

La tarde se estaba acabando y la noche se acercaba, tomamos un bus de nuevo para la capital, en busca de un lugar donde quedarnos, el solo hecho de recordar aquel suceso hace que vuelva a sentir los nervios de aquel entonces, estaba con sentimientos encontrados, tenía las ganas más grandes del mundo de que fuera de noche para estar entre sus brazos y por otra parte no quería que se acaba aquel día tan maravilloso que estábamos viviendo.

La noche llegó, y con ella el nerviosismo a su máximo esplendor, tenía miedo, mucho miedo, desde días anteriores habíamos hablado  de quedarnos en la misma habitación de un hotel para “economizar” y pues compartir más tiempo juntas, ya que solo teníamos ese fin de semana, así que ambas estuvimos de acuerdo en eso, llegamos a aquel lugar, ella pidió la habitación, no recuerdo muy bien que pasó, si fue que no había habitación con dos camas, o fue que ella pidió una habitación con una sola cama, el hecho fue que llegamos a una habitación cama doble, con su televisor y baño, muy cómoda la verdad, a las dos se nos notaban los nervios, no sabíamos que decir ni que hacer, así que en un intento desesperado por calmarme un poco salí de la habitación con la excusa de pedir el control del televisor para encenderlo y poder aclarar mis ideas para hacer bien las cosas, que ella se sintiera cómoda conmigo y yo con ella.

Estábamos en aquella habitación, encendí el televisor y lo puse en un canal de música, los nervios eran parte de mí en ese momento, no lograba aclarar mis ideas, ella se encontraba en la cama semi acostada y yo en un rincón sentada, no podía pensar ni decir nada, hasta que recordé que le había comprado algo, una cadena de plata, con un dije de media luna, días antes de viajar lo había comprado con el fin de regalárselo con la luna, que había sido nuestra más linda cómplice en todas las noches de desvelo.

Así que me dirigí a mi bolso y empecé a buscarla desesperadamente y casi que no lo logro, después de varios segundos la encontré y al tenerla en mis manos me acerque a ella y le dije que tenía que preguntarle algo, ella me miraba expectante, con esa mirada tan tierna, tan linda, me derretía totalmente, así que le dije con mi voz entre cortada si ella quería ser mi novia, me miró por unos segundos y solo sonrió y me dijo que si, ese “sí” me hizo la mujer más feliz del mundo, me llenó por completo, sabía que no iba a ser fácil, pero por estar con ella haría hasta lo imposible, en ese momento tome la bolsita en la que estaba la cadena, la saque y se la puse, como un símbolo de este nuevo compromiso, la bese nuevamente, me encantaba hacerlo, y ella me besaba con una dulzura con una ternura que me desarmaba sin darme cuenta.

Los besos no paraban, el televisor amenizaba el momento con la música que tenía puesta, y además de eso en mi celular tenía una lista de mis canciones favoritas también reproduciendo, todo a nuestro alrededor era música, y poco a poco fue subiendo la temperatura, en aquel lugar donde el frio de la noche cala los huesos, se fue convirtiendo en un horno, nos la pasamos varios minutos besándonos, acariciándonos, sin que ninguna tomará la iniciativa de quitarse la ropa o intentar hacerlo, estábamos nerviosas eso se notaba, era la primera vez que las dos estábamos íntimamente con una mujer.

Yo por mi parte había tenido acercamientos sexualmente hablando con mujeres, pero nunca llegó a ser una relación sexual como tal y ella por su lado, había estado con hombres, pero nunca con una mujer, así que se podría decir que era la primera vez para ambas, y se notó, el miedo era total, muchos nervios, mucha inseguridad, hasta que me armé de valor y pensé si no es ahora es nunca, y empecé a quitarle su pantalón.

Su ropa fue desapareciendo al igual que la mía de una manera desesperada, era como si lo necesitáramos, en pocos minutos ya estábamos desnudas, quedé deslumbrada con su belleza, su abdomen perfecto, sus senos redondos y erectos por mí, para mí, la verdad no sabía que estaba haciendo, pero el solo hecho de verlos así me llevaron por instinto a besarlos, fue entonces cuando la música del fondo empezó a mezclarse con sus gemidos, era tan excitante escucharla, sentirla, hacerle despertar todas esas sensaciones, era lo máximo, me sentí tan bien, un poco torpe pero sentí que ese era mi lugar.

Mientras mi boca seguía deleitándose de sus senos, mis manos inquietas exploraban su cuerpo, acariciaba su abdomen, sus piernas, hasta que toque aquel paraíso, lleno de líquidos, estaba totalmente lubricada, jamás en mi vida pensé que fuese a lograr algo así, pero lo hice, mojo toda mi mano y no me quería quedar con las ganas de probar su sabor, por instinto fui bajando, mientras ella se estremecía con mis besos, y llegue a aquel lugar, olía muy rico, indescriptible aquel olor, pasé mis besos por sus piernas,  mi aliento rozaba sus labios mayores y su clítoris, me acercaba y respiraba un poco y volvía al costado de sus piernas, era una espera tortuosa pero excitante, cada vez más deseaba que estuviera ahí, movía mi cabeza pidiéndome un beso, una caricia a su clítoris, y después de varios juegos alrededor, lo besé, y probé aquel néctar de su ser, era exquisito, una delicia total, estaba extasiada besándolo, haciéndolo mío, mi lengua se dedicaba a el de una manera entre rápida y lenta haciendo que sus gemidos aumentaran, su cuerpo se estremecía y yo me enviciaba cada vez más de su sabor.

A medida que su cuerpo se estremecía y sus gemidos me hacían entender que estaba a punto de llegar, tomé con uno de mis dedos y entré en su vagina,  empecé un mete y saca lento, el cual fue aumentado al igual que sus gemidos, entré un poco más con dos de mis dedos y mientras mi lengua jugaba con su clítoris, mis dedos hacían presión en su pared vaginal, estimulando su punto g, y allí después de un tiempo, sentí como todo su cuerpo se tensó, sus gemidos se hicieron mucho más audibles, y mis dedos quedaron atrapados en su vagina por la contracción que tenía en ese momento, poco a poco fue relajándose hasta lograr sacarlos, yo seguí con mi juego en su clítoris, pero me pidió que parará, así que poco a poco fui subiendo por su cuerpo hasta llegar de nuevo a su boca, y la besé, compartiendo aquel sabor exquisito, me pidió unos minutos en los cuales me la pasé mirándola todo lo que más pude hasta que volvió en sí y me besó, no perdí oportunidad y volví a posarme encima de ella y seguí dándole placer durante toda la noche.

Le hice el amor varias veces esa noche, no quería perderme de algo tan rico como era darle placer, no desaprovechamos el tiempo, dormimos unas 3 horas, y nos despertamos a seguir en las mismas, hasta que nos dieron como las 2 de la tarde en aquella habitación de hotel, y obviamente ya no podíamos estar allá por más tiempo, nos metimos a bañar y allí volvimos a unirnos en besos y caricias, ella me tomó por la cintura y me posó en la pared de aquel baño y empezó a besar mis senos y a darle pequeños mordiscos que me excitaban a más no poder.

El agua tibia recorría nuestra piel, ella se dedicaba a besar mis senos, estaba nerviosa, no sabía qué hacer, pero sí que lo que hacía lo había muy bien, de un momento a otro, puso su mano a mi entrepierna, me abrió un poco e introdujo sus dedos, lo cual no fue para nada placentero, me dolió, y mucho, pero ella no sabía que nunca en la vida me habían penetrado, así que fue un poco doloroso, ella seguía en lo suyo hasta que no aguante más y cambié los papeles ahora era ella quien estaba en la pared mientras yo me deleitaba de sus senos, la hice mía nuevamente hasta que llegó de nuevo a un orgasmos maravilloso, me encantaba hacerla mía, sentirla tan mía y escuchar esos gemidos que me llevaban al cielo.

Como la mayoría de las cosas buenas en la vida, duran poco, nos atrasamos para la salida del hotel, estábamos demasiado entretenidas en lo nuestro, a eso de las 4 de la tarde salimos de aquel hotel a comer, llevábamos desde la noche sin comer nada, así que el hambre era mucha, comimos en un parque que quedaba cerca del hotel, y tratamos de disfrutar lo más que pudimos nuestras ultimas horas juntas, y así fue, por más que quisiéramos parar el tiempo no fue posible, y llegó la hora de la partida, nos dio muy duro, habíamos tenido un fin de semana tan maravilloso, que ninguna de las dos quería volver a la cruda realidad, habíamos quedado en vernos cada mes, un fin de semana, yo tomaría un vuelo desde Medellin para verla y ella viajaría desde aquel pueblo a verme, todo había quedado claro, pero el dolor de separarnos no lo pudimos evadir, yo por mi parte me fui al aeropuerto no sin antes dejarla en donde tomaba su bus, nos despedimos con un beso y el corazón en la mano, deseando que pronto volviera aquel fin de semana inolvidable.

Los meses pasaban, y sin falta, un fin de semana de cada mes nos veíamos, pasábamos días inolvidables, llenos de amor y placer, sin embargo, era muy corto el tiempo que teníamos y la necesidad de vernos crecía cada vez más. Llegó el mes de octubre y con él una excelente noticia, eran sus vacaciones, y por fin podíamos pasar un poco más de tiempo juntas, el problema, era que yo no estaba en vacaciones, y ni siquiera estaba cerca a eso, ya que hacía poco había cambiado de trabajo y no tenía tan siquiera la posibilidad de un permiso, pero esto no fue impedimento para que ella tomara un avión y viniera a verme.

Aquel día de su llegada, salí corriendo del trabajo y tomé el primer bus que pude para ir al aeropuerto, estaba muy ansiosa, muerta de susto y ansiedad, quería hacerla enamorar de Medellin, que quisiera venir a quedarse conmigo, que fuera tal su gusto que no tuviera que pensarlo mucho para venirse conmigo, así que esa semana tenía planeado llevarla a varios lugares que le gustaran y así hacer mi camino más fácil.

Los minutos pasaban, y ella aún se encontraba en el avión, hasta que me llegó un mensaje al celular donde decía que estaba bajando del avión, mi corazón estaba a mil, hacia un mes que no nos veíamos, y ahora podía pasar un poco más de tiempo con ella. Varios minutos más pasaron hasta que vi ese cabello crespo que me encanta, viniendo hacia mí, al verla, se presentó en mí una sonrisa inmediata, de esas que solo podía tener cuando la veía, y de lejos su sonrisa me hipnotizó, me acerque y le di un abrazo fuerte y un beso que tenía encerrado en mi boca desde hacía mucho tiempo, le di la bienvenida y la tome de la mano para ir hacia el bus que nos llevaría a la cuidad.

Mientras íbamos en el bus no me cansaba de abrazarla, era para mí un sueño hecho realidad tenerla conmigo, había deseado tanto que ese momento llegará que me sentía supremamente feliz, llegamos a la casa, en ese momento yo no tenía un lugar propio, simplemente tenia arrendada una habitación, donde tenía mis cosas y disponía de zonas comunes con la dueña y su hijo, así que tratamos de ser lo más prudentes del mundo, pero las ganas de sentirnos la una a la otra no se hicieron esperar, y en el preciso instante de pisar la habitación empezamos a besarnos, a entregar cada uno de esos besos que teníamos guardados desde hacía un mes.

Rápidamente las ganas se apoderaron de nuestros cuerpos y casi de inmediato nuestra ropa ya se encontraba en el piso, eran unas ganas tan grandes de hacer el amor que no nos importó nada, nuestras respiraciones eran cada vez más fuertes, nuestros besos más apasionados y de vez en cuando pequeños gemidos acompañaban el ambiente, llegamos a la cama ya desnudas y como si de una necesidad se tratase la hice mía, otra vez pude probar aquellos senos que me volvían loca y nuevamente pude deleitarme de esos gemidos ahogados que hacían que mi ser estallara de mil emociones al tiempo, su cuerpo se tensaba con cada caricia, con cada movimiento de mis dedos dentro de su ser, con cada beso dado, pocos minutos pasaron para que mis oídos tuvieran la dicha de volver a escuchar aquellos gemidos de placer que genera el orgasmo, la sentí tan mía, me sentí nuevamente viva en sus brazos, hasta que el sueño profundo nos acobijo en sus brazos.

Los días pasaban entre días largos de trabajo y noches cortas entregándonos una y otra vez, la semana se estaba acabando, y con ella mi felicidad, todo había pasado tan rápido, ya me había acostumbrado a despertar a su lado, y al llegar a casa tenerla allí esperándome, estaba viviendo un sueño que me hacía inmensamente feliz, hasta que llegó el domingo, día en el que se iba, el día anterior recuerdo que dormimos poco, tratamos de estar juntas lo más que pudiéramos, estábamos más que cansadas, pero la necesidad de sentirnos era más, sin embargo, el tiempo se acabó, y llegó la hora de irse, domingo en la mañana, su maleta lista, y nosotras preparadas para tomar el bus, tome su mano y no la solté en ningún momento,  recuerdo que le dije que la próxima vez que viniera era para venirse a vivir conmigo, ella solo sonrió, con esa sonrisa hermosa, donde no dijo ni si, ni no, solo esa sonrisa que me llenaba de la más linda ilusión.

El camino fue corto, llegamos al aeropuerto y llegó el momento de la despedida, nunca, en el tiempo que llevamos de relación, me dolió tanto dejarla ir, fue demasiado fuerte, sentía un dolor en el pecho poco conocido, la vi partir lentamente sin mirar a atrás y con ella se fue un pedacito de mí, sabía que el siguiente mes la volvería a ver, pero no era suficiente, quería más y ella lo tenía claro, de todos modos el tiempo a su lado en esa ocasión se acabó y lo único que me quedaba eran los momentos que vivimos.

Al llegar a mi casa y abrir mi habitación me encontré de frente con su olor, toda mi habitación tenía su nombre y no pude más, empecé a llorar como una niña desconsolada, triste, con esa agonía e impotencia de querer hacer de todo pero no poder hacer nada, era a lo que más le temía, a verme así, y estar con las manos atadas, me la pasé todo el día así, deseando que su olor perdurara por mucho tiempo más, deseando que cada día de mi vida pudiera tenerlo en mi ambiente.

Los meses seguían pasando, llegó diciembre, y con él las festividades de navidad y fin de año, en el lugar donde trabajaba nos dieron una semana de receso desde el 23 de diciembre hasta el 2 de enero, así que todo estaba claro para mí, viajaría a pasar navidad con ella a su casa y de paso iría a la casa de mis padres a pasar fin de año, en esa época nadie de nuestras familias sabia de nuestra relación, era algo que no habíamos compartido con nadie, tal vez por miedo, tal vez porque no queríamos que nadie se metiera, el caso es que nadie sabía, así que el hecho que fuera a su casa era un poco complejo, puesto que vivía con su madre y uno de sus hermanos, el hermano por su parte sabia de mi existencia, más no comprendía el hecho que su hermana estuviera con una mujer, y su madre, ella no sabía y tampoco era el momento de enterarse, así que organizamos todo para pasar ese día juntas y el 25 marcharía a donde mis padres.

Aquel 24 de diciembre tomé el avión y me dirigí de nuevo a Bogotá, al llegar al aeropuerto organice todas las coordenadas para poder llegar al lugar donde tenía que tomar el bus para irme a su pueblo, esta era la primera vez que yo iba para allá, así que no tenía ni idea a donde llegaría, y lo mejor todo, al llegar allá, ella estaría trabajando y podía ir por mí, algo un poco complicado, pero aun así se pudo solucionar.

Ese día decidí irme muy organizada, creo que nunca antes me había visto así, siempre he sido demasiado relajada con la ropa, jeans, tenis y una blusa, y listo, casi nada de maquillaje y de peinarme, más bien poco, pero ese día fue diferente. Desde días antes tenía claro que tenía que ir linda, primero, quería que me viera y quedara más flechada, y segundo, pues era el día en que iba a conocer mi suegra, así ella no supiera quien era yo, tenía que dar una muy buena impresión, así que me puse un pantalón negro pegado al cuerpo, una blusa negra y encima un blazer verde menta, me organice el cabello y me maquille, durante al viaje estuve siempre con esa ropa pero con zapatos cómodos, cuando estábamos cerca al pueblo, me cambie los zapatos por unos tacones negros, me veía bien, más que bien diría yo, y cuando me vio, confirme que así lo era.

Como lo había comentado antes, ella no podía ir a recogerme, así que envió a su mejor amiga para que fuera por mí y me llevara a su lugar de trabajo, que para ese entonces era un supermercado, ella estaba en la caja, hermosa como siempre, al entrar salude como una cliente más, “Buenas noches” dije, y ella como si se tratase de cualquier otra persona devolvió el saludo amablemente, pero cuando levantó la mirada y me vio, esbozó una sonrisa hermosa, esa sonrisa que siempre me encantó y que ahora me estaba dando a entender que le encantaba lo que veía, tenía una cara de enamorada que no podía con ella, la amiga se acercó y bromeo con ella por la cara de tonta que tenía al verme, así que me saludo con un beso en mejilla y alcanzo a decirme que estaba hermosa, y que la esperara un momento mientras ella podía desocuparse un poco, fue un caos total, un supermercado lleno en vísperas de navidad, borrachos por todos lados, gente entrando y saliendo, hasta que la mamá de su amiga llegó por mí y me llevó a conocer el pueblo, todo esto con el fin de matar el tiempo mientras ella se desocupaba.

Era una noche bastante fría, con neblina de por medio, y tras de eso mi elegancia y glamur iba desapareciendo a medida que recorríamos el pueblo, como lo mencioné antes soy de usar más bien zapatos bajos que tacones, y ya me estaba pasando factura mi genial idea. Recorrimos varios lugares, y yo solo miraba el reloj esperando con ansias que llegara la hora de su salida del trabajo, hasta que por fin, volví a ver esa mirada hermosa que me enamoraba cada vez y esa sonrisa que iluminaba mi mundo con solo verla.

Terminó su trabajo y me llevó a su casa, allá estaba su madre, la cual al saber que yo iba le dejo claro que debíamos dormir en lugares separados, se supone que ella no sabía nada, pero madre es madre y aunque pensamos que ellas no se dan cuenta de nada, ellas lo saben todo, así que me presentó a su mamá, la cual en ese momento estaba viendo televisión, me saludo con una sonrisa amable y siguió en lo suyo, pasamos entonces a la habitación, me mostró su espacio, su cama y en el piso una colchón en donde pasaría la noche, al verlo ahí no creí que fuere enserio, pero lo era, me dijo que eran las reglas de su mamá y que era mejor no buscar problemas, a regañadientes acepte, en ese momento dejamos mi maleta en su habitación, me cambie de zapatos, y me dijo que tenía algo para mí, fue entonces cuando saco una botella de mojito y me dijo que saliéramos a caminar por ahí mientras llegaba navidad.

Salimos de su casa, y nos dirigimos al parque del pueblo, allá nos tomamos fotos y nos sentamos en una de las bancas, hacia demasiado frio, mi blazer no era lo suficientemente caliente para ese clima, así que empezamos a tomar el mojito, de sorbo en sorbo nos fuimos calentando, me daba miradas tiernas y sonrisas de esas que me llegaban hasta lo más profundo de mi ser, hablamos de cosas sin importancia, hasta que llegaron las 12 de la noche. En mi familia siempre hemos tratado de estar en esas fechas especiales juntos, pero como está era la excepción, a las 12 en punto, le di un beso furtivo de feliz navidad y hable con mis padres un rato, al terminar la conversación me di cuenta que estaba un poco mareada, los mojitos hacían efecto, y más con el clima en el que estábamos, bromeo un poco, ya que llevábamos solo media botella y yo ya estaba prenda, tomamos un poco más y nos fuimos a su casa a dormir, ya que para el 25 teníamos, o más bien, ella tenía un plan para hacer conmigo.

Llegamos a su casa, estaba mareada pero consciente, ella solo se reía de mi por lo floja que era para tomar, pero llevaba ya mucho tiempo sin tomar alcohol, así que me pego fuerte, me dijo que ella iba a dormir en el colchón mientras yo lo hacía en su cama, no me gustó mucho la idea, pero fue bastante enfática que así sería, así que no me quedó de otra que aceptar.

Nos acostamos, pero por mi mente pasaban las imágenes de ella en esa cama tocándose para mí, en una de las tantas veces que las ganas nos ganaban estando lejos y esa era la única opción que teníamos, estaba demasiado excitada de solo pensarlo, y más sabiendo que estaba a solo unos centímetros de mí, pero habían dos problemas en ese momento, el primero, yo estaba en mis días y el segundo, ella había sido muy enfática en que no podía pasar nada ya que su madre podía entrar en cualquier momento, pero las ganas eran más, así que baje mi mano de la cama y empecé a tocar su brazo, ella estando en el piso, asome mi cabeza y ahí estaba ella viéndome, con esa carita de lujuria, sus ojos con un brillo de deseo al igual que yo, pero con el miedo más grande del mundo que se dieran cuenta de lo que pasaba, yo seguía en lo mío, le daba caricias furtivasen su brazo, hasta que llegue a sus senos, aquel paraíso terrenal que me volvía loca, y como era de esperarse estaban totalmente erectos.

Las ganas eran más fuertes que la razón, en un momento me pidió que bajara, como si se tratara de una orden, en cuestión de segundos ya me encontraba con ella, me acerque y me beso, con esos labios suaves que sabían darme los mejores besos, poco a poco pasó de un beso tierno a un beso apasionado, era de esos momentos en el que sabíamos que no podíamos hacer nada pero queríamos hacer de todo, sentirnos así fuera un poquito, fue entonces cuando empecé a masajear sus senos y a besarla apasionadamente, los minutos pasaban y las ganas crecían, en un momento trate de tocar su entrepierna, pero me aparto de inmediato, y me dijo que no, en ese momento se me bajo todo, eran tantas las ganas no sabía si era capaz de contenerme, nos detuvimos unos segundos, y luego volvimos a besarnos, no sabía qué hacer, ella no podía tocarme, yo no podía tocarla, y aun así estábamos calentándonos mucho, en un momento, ella tomó el control, era algo que en aquella época, pocas veces hacía, pero cuando lo hacía, era lo mejor del mundo, se posó encima mío, y levantó mi blusa,  yo la detuve y le dije que no podíamos, que estaba en mis días, ella solo me sonrió y siguió en lo suyo, levantó mi blusa dejando mis senos totalmente descubiertos, y empezó a besarlos, posaba su lengua en mis pezones, los mordía, succionaba, y jugaba con ellos de una manera difícil de describir, me encontraba en el cielo, mi respiración aumentaba, la sensación era demasiado placentera, no sé exactamente qué pasó, si fue la excitación en la que estaba, si fue porque estaba hormonal, si fue el alcohol en mi cuerpo, o el estar así en un lugar prohibido, o todo eso junto, pero tras varios minutos con ella jugando en mis senos hicieron que llegara al orgasmo, fue una sensación demasiado extraña, nunca antes me había pasado algo así, el caso es que no tuvo necesidad de tocarme nada más que mis senos y llegue, mientras estaba experimentando aquella sensación, ella atinó a taparme la boca, porque estaba haciendo mucho ruido, al final quede extasiada, totalmente confusa por lo que había pasado, solo pude besarla con cara de confusión, ella solo sonreía al ver lo que había logrado, nos quedamos un rato abrazadas, hasta que se acabó la magia y me dijo que tenía que volver a la cama, hice todo el puchero que pude, pero nada la convenció de que me dejara allí con ella, al final dormí sola, pero feliz.

A la mañana siguiente nos levantamos medio temprano, ella me tenía el desayuno listo, y viajamos a la cuidad de Bogotá, me tenía el súper de plan de ir a un parque de diversiones, como lo he mencionado mi miedo a las alturas es mucho, es de la única forma en la que me siento desprotegida, siempre he tenido rasgos de ser muy valiente y fuerte, pero de eso nada más alejado a la realidad, y ella lo sabía, había aprendido a conocerme, estuvimos en varias atracciones, varias de ellas con altura, pero me sentía tranquila a su lado.

El día fue acabándose y empezó a caer la noche, yo viajaba al día siguiente a casa de mis padres y ella entraba a trabajar a eso de las 10 am, así que nos quedamos en Bogotá, y tomamos camino a aquel lugar donde siempre nos entregábamos sin condiciones, me tenía con muchas ganas de hacerla mía después de lo vivido el día anterior, así que matamos esas ganas que teníamos reprimidas durante toda la noche, las cosas cambiaban, todo tomaba un camino diferente, así que aprovechamos cada segundo vivido, amándonos, entregándonos de todas las maneras posibles.

Pasaron las festividades, todo volvió a la normalidad, aunque había un factor importante que pasaría, ese año nuevo yo empezaba un diplomado que duraba aproximadamente 10 meses, y lo complicado de esto, era que el dinero que usaba para viajar, ahora tenía que ser destinado a pagar el diplomado, me estaba quedando corta de dinero, estaba pensando que otra cosa tenía que hacer para aumentar mis ingresos y seguir manteniendo nuestra relación, me encontraba entre la espada y la pared, por un lado, era una oportunidad muy grande para crecer profesionalmente, y por otro lado era dejar de ver a la persona de la cual me encontraba totalmente enamorada.

Los días pasaron y la hora de tomar decisiones había llegado, no podía viajar seguido, así que trate de convencerla de todas la maneras posibles que se viniera a vivir conmigo, habíamos pasado por tantas cosas, por momentos tan maravillosos, que estaba más que segura que eso era lo que quería, estar con ella bien, despertarme cada mañana a su lado, vivir con ella esta locura llamada amor, las dudas la invadían, era algo un poco apresurado, pero al fin y acabo era algo que queríamos, yo ya me había resignado a verla menos tiempo de lo acostumbrado, y me dolía mucho saber que esto pasaría.

Un día de tantos, mientras hablábamos por una aplicación que nos permitía vernos en video, me miró fijamente, me dijo que me amaba, y que había tomado una decisión importante, en ese momento tomo aire, callo unos segundos y luego me miro con esa mirada encantadora y me dijo que se vendría a vivir conmigo, y cuando me dijo eso, me llene de la felicidad más grande del mundo, no podía creer que algo así pasaría, era mi sueño hecho realidad, por fin ella estaría a mi lado y eso me hacía más que feliz…

En este relato, cuento nuestro comienzo, son tantas cosas por las cuales hemos pasado, tanto que hemos vivido, momentos de inmensa felicidad, otros de profunda tristeza, pero siempre juntas, resolviendo todo, viviendo el día y a día y compartiendo lo más lindo que tenemos en nuestros corazones, no todo ha sido felicidad, hay momentos en los que me cuestiono y pienso si vale la pena continuar, si vale la pena seguir luchando por ti, por todo lo que eres y todo lo que soy, y recuerdo como te conocí, todo lo que hemos pasado para estar aquí, y encuentro esa respuesta que buscaba, no hemos sido la mejor pareja, pero si nos hemos amado sinceramente, y hoy, después de 5 años de estar a tu lado, quiero reafirmar el amor que siento por ti, quiero decirte que te amo y que a pesar de las dificultades, mi cerebro aún sigue amándote como la primera vez.

Feliz aniversario mi amor.

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