Soy una mala influencia – relatos xxx

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Categoria: Confesiones

Hola, corazones.

Al grano.

¿Se acuerdan del jefe pendejo que les conté que me había echado el ojo? ¿El que me llamaba para llamar la atención sobre mi conducta liberal “inapropiada según las políticas de la empresa”? Pues para no alargar el asunto innecesariamente y hacer de esta historia un drama ideológico-laboral, llegó un punto de la semana 4-9 de junio en el que el baboso me acosó lo suficiente como para que yo, al final, le acomodara una cachetada bien puesta por tratar de besuquearme en una de sus reuniones.

Jueputa, es que, de verdad, ¿no vieron Nimph()maniac? Es una buena película, véanla, dura horas, pero se les pasarán volando. A mí me encanta el sexo, me encanta que me cojan, me encantaba dejarme nalguear por muchos de mis compañeros, pero ese estúpido siempre me cayó como una patada en el estómago, y siempre lo rechacé de forma más o menos clara. !El hecho de que yo esté dispuesta a acostarme con casi cualquiera, incluso por dinero, no significa que realmente cualquiera pueda cojerme como si fuera un muñeco!

Y bueno, ese pendejo lo intentó. Lo rechacé finalmente de forma explícta el viernes, porque quería llevarme a un motel el sábado, y cuando estaba a punto de salir, me cogió del brazo, me besó sin permiso, me agarró un seno, y… yo le reventé las putas bolas de un rodillazo y le di una cachetada que no olvidará pronto. Me gritó que estaba despedida por agredirlo, el muy mierdecilla, pero yo sabía que él no podía hacer efectivo ese despido porque le requeriría confesar el… ¿intento de violación? Pero yo no tenía ninguna intención de quedarme, así que me largué, redacté mi carta de renuncia, renuncié el sábado, y el martes o miércoles, no me acuerdo, pasé por la liquidación. Al carajo el sobreaviso. Ahí tiene su denuncia el malparido, pero seguro, para cuando el gobierno haga algo, yo ya habré muerto de vieja, o quedado en quiebra por pagar abogados, así que mejor olvidémonos del asunto.

En fin. El caso es que una chica de 19 años, una mamerta feminista de las que se ven hoy en día, y que trabajaba en un área externa de la empresa, por alguna razón se enteró, y fue la que me dijo que denunciara. ¿Me creerán si les digo que yo ya pensaba hacerlo? Pues ella no. Ella, aún al día de hoy, está convencida de que fue por su intervención, así como las feministas están convencidas de que es por ellas que las mujeres logramos cosas, y no por nuestro propio mérito. Pero bueno; algún defecto había de tener el angelito.

Porque por lo demás… bueno… es una belleza blanca con pecas sutiles en las mejillas, una coleta de caballo sin nada que envidiarle a Ariana Grande, una cola bastante redonda, grande pero no caída ni exagerada, unas piernas firmes, pies pequeños, manos pequeñas de uñas cuadradas, cadera perfecta para la combinación, cintura estrecha, torso elegante… y… puede que a ustedes no les guste, pero… su pecho es casi plano; se nota, pero más bien poco… lo cual le da un aire esbelto del que carecemos las mujeres con más carne ahí. Tiene unas pequitas pícaras en el escote, un cuello delgado y largo aunque no jirafón, y una expresión dulce y preocupada a la vez… aunque… cada vez menos preocupada. Ojos grandes, nariz respingada, labios finos… Mejor dicho: una bailarina de ballet, a toda regla.

¿Y qué creen? Pues renunció también. Y que el maltrato a la mujer, y el patriarcado, y el derecho a usar mi cuerpo como quisiera, y otras mierdas “ciertas” pero convenientemente exageradas para hacer parecer el diablo a los hombres. Me daba vergüenza que me defendiera en el escándalo que le armó al tipo en el pasillo… apenas está dejando de ser una niña, ¿y ya se cree con el derecho a cambiar el mundo? Nunca he podido con esa gente. Pero bueno. El pendejo del jefe, asustado, porque las feministas son como una plaga de langostas y le podían joder la empresa si se fijaban en ésta, se la llevó a la oficina… y le dió un soborno (una “indemnización”, según como supe que le llamó). Y ella lo aceptó, victoriosa. Pero para entonces yo ya había puesto mi denuncia. Qué se le va a hacer; al menos se salvó de la de ella… y… vamos… se salvó la gente que trabajaba en la empresa, porque el escándalo los habría jodido a todos, no sólo a él… y yo no habría sabido de qué lado ponerme al tener que explicar en el juzgado que me gustaba dejar que me nalguearan mis compañeros… y que lo había hecho por dinero con algunos… No. Habría sido una mierda. Aceptar el soborno es lo mejor que ella pudo haber hecho.

Y bien… ¿que qué pasó? ¿que esto no sería un drama social sino una historia erótica? Pues verán… quedamos de vernos ese fin de semana en una cafetería; ella me lo pidió. Y me dijo cosas como “Las mujeres podemos usar nuestro cuerpo como queramos”… y “Si lo que una mujer quiere es acostarse con muchos, puede hacerlo.” Y… “…puede cobrar si es lo que quiere…”.

…y yo, sin pensalo mucho, casi la interrumpí preguntándole:

– ¿Y tú lo harías?”

Chocó. Miró para todas partes. Había gente que la miraba. Que la había estado escuchando porque hablaba muy fuerte repasando sus lecturas y DECLARACIONES DE LIBERTAAAD! XD Y adivinen qué hizo. Pues seguro lo saben: tragó saliva, tomó aire, se desinfló por los nervios, tomó aire de nuevo, roja como un tomate, y antes de volver a desinflarse dijo con la garganta reacia a dejarla hablar:

– Gk… Sí…

– ¿De verdad, cobrarías por sexo? -le pregunté. y como una parte de mí le tenía cierto rencor por hacer de mi desgracia un espectáculo en la empresa, no me contuve: hablé fuerte y claro,pensando en una serie de preguntas para incomodarla.

– ‘jh… sí. Soy mayor de edad; sé lo que hago, y si un día decido hacerlo, lo haré. -vacilaba, y palidecía; parecía una de esas luces de discoteca que cambian de color: podía ponerse pálida y cambiar en segundos al rojo intenso que sólo la piel de su raza puede dejar ver tan claramente… y volver al blanco…

– Pero… a algunas feministas les parece mal la prostitución…-era importante asegurarse de eso.

– Sí… pero… ‘j! se refiere a la explotación… y a la trata de blancas… ´jh! – temí que se desmayara. La conciencia me punzó… pero seguí de todas formas… lo sé… soy una perra. XD

– …Y… ¿cuánto me cobrarías por un beso?

– …a… ti… te.. ‘jk! b-besaría gratis… t-t-también… me gustan las.. gk!… mujeres…

– Haber… pruébamelo… -le dije, estirándome sobre la mesa para acercármele sin dejar de mirarla a los ojos… por su puesto, todo el mundo nos veía con la boca abierta…

Y me dio un beso rápido. Como de escuela. Pero claramente no podía ni respirar… ¿en qué momento se iba a descompensar y a desmayarse?

Bueno… ella no era mi ex… Así que no se desmayó. Cerró los ojos, respiró profundo, se relamió los labios, y se calmó un poco. Los abrió con cierta determinación… como si pensara pedirme un beso a mí… y entonces un chico, que seguramente nos había estado escuchando, se acercó impulsivo y nos interrumpió. Vi su sonrisa sutil pero perversa, un poco maliciosa pero también infantil, inmadura, pero a parecer ella no, y nos dijo, dirigiéndose a ella:

– Te damos 15000 por un beso con lengua… – “damos”; miré tras él, y en efecto había varios posibles amigos suyos mirando… ¿cuánto tiempo llevaban ahí conspirando?

– …¿para ti? – preguntó ella fingiendo soltura… no, no había entendido la pregunta, cuando él preguntó, nos miró a ambas, él quería motivarla para besarme “rico”…

El chico se sorprendió, me miró, los miró a ellos con una sonrisa aún más notable, y claramente cambió su objetivo:

– ..sí… para mí. -dijo finalmente… mirandola como mira un gato a un avichucho sobre el que planea saltar… ¡no parpadeaba!

– … – Pensaba. Seguro pensaba en los valores conservadores con los que ha de haber crecido. Recordé que yo había estado en una situación muy similar hacía poco… pero era distinto… yo controlaba astutamente la situación… pero ella… sólo era mayor de edad… La ví tomar aire, envalentonarse de nuevo, mirar los billetes (uno de diez y uno de cinco), y responder: – Vale.

La gente de la cafetería dejó escapar exclamaciones; unos aplaudieron, otros susurraron cosas maliciosas, y dos se fueron de inmediato pero ella no los vió. Entre las cosas que oímos, un hombre de unos sesenta años dijo “¡Puta!”, y ella lo volteó a ver, seguro lo juzgó por “slutshaming”, sonrió desafiante, dejó de mirarlo, y concentrándose en el chico de la propuesta, le recibió los billetes, se mordió el labio, se puso de pie, un poco rígida, y lo besó apasionadamente.

Atrás los amigos chiflaban y celebraban, excepto uno, supongo que el introvertido del grupo; el beso se prolongó muchos segundos mientras se acariciaban la espalda. Entonces ella, claramente excitada, le cogió la mano derecha a él, y se la llevó a la cola, y luego le llevó la izquierda al seno… el chico decidió ponerse a la altura y la agarró bien mientras la estrechaba: tenía una erección, y al parecer quería restregárselo… ella interrumpió el beso un segundo dejando escapar una expresión de placer prohibido, sonrió, me miró a mí y al tipo aquel en un segundo, y reanudó el beso…

Entonces la señora de la cafetería nos interrumpió y nos echó. Nos dijo que ese no era lugar para esas inmoralidades; que si tantas ganas tenía ella de hacer cochinadas, que se fuera a un motel.

Yo no habría podido tentarla mejor.

Salimos, un poco avergonzados. Los chicos, ella y yo. Caminamos unos metros; ella se rehusaba a soltar al chico, lo llevaba de la mano como si fuera su pareja… supongo que se aferraba al sentimiento de compromiso, más que a él… y entonces noté que el viejo aquel salió de la cafetería… y… ¡parecía jugar al ninja! Creía que no lo habíamos visto, y nos seguía escondiéndose tras la gente… El introvertido me vió, volteó, lo vió, y el viejo al vernos, como si un gran signo de admiración hubiera aparecido sobre su cabeza (lo sé, veo mucho animé… XD), cambió de dirección con un disimulo nada creíble. El introvertido se rió, y yo también.

Finalmente, el chico de la propuesta tomó la palabra, mirándonos a ambas:

– …Entonces… ustedes…? -claramente preguntaba por nuestro trabajo. Eran las cinco de la tardee, más o menos, y empezabaa oscurecer… yo llevaba ropa casual, pero… ¿qué importa el uniforme cuando se tiene un compromiso tan grande con el oficio?

Entonces tomé la palabra:

– Setenta el básico, 30 el oral, y 80 el anal, corazón… setecientos la noche con todo… ella, no sé…

Ella me miró sorprendida. Seguro asumía que yo era apenas una aficionada… es cierto que he fijado mis tarifas sin referencias, pero… bueno… tenía una cotización…

Ellos la miraron a ella… y el chico de la propuesta le dijo:

– Y tú… ¿cobras lo mismo? Porque creo que no me alcanza… está muy caro… tengo cienmil…

Y ella dijo lo que cualquiera habría dicho en esa situación:

– Bue-no… pues… gj’! -tomó aire una vez más… – Por hacer el… cliente… papi… ¡vamos!… – y añadió, alo írlos gritar de emoción: – y… me lo metes todo…

Ellos celebraron intensamente. Y yo vi a través de sus ojos: ellos habían estado escuchando la conversación de la cafetería, sabían que ella no era una prostituta, y aún así le pidieron tarifas en cuanto me oyeron… claramente disfrutaban lo mismo que yo disfrutaba en ese momento: habían encontrado una chica normal dispuesta a prostituirse por placer… y sin previa planeación; una chica normal que de repente se convertía en puta.

Yo les dije que la acompañaría, que ella era mi amiga. Y a ellos no les molestó. A ella tampoco; parecía vinculada a mí de alguna forma, como si me necesitara…

Detuve un taxi. Subimos; yo adelante…y ella atrás, en medio de tres de ellos; los otros tres se quedaron fuera despidiéndose y diciendo que no participarían… yo pensé en cifras… pero no dije nada.

– ¿Adónde, señorita? – preguntó el tipo.

– Al [Motel].

Él aceptó sorprendido, y se sorprendió más al mirarla a ella: el chico de la propuesta ya la estaba besando y tocando, y otro de ellos la manoseaba desde atrás… el introvertido permanecía a un lado…

– ¡Uh! – dijo el taxista – ¡pero dejen algo pa’ después!

Lo ignoraron. Él arrancó. Yo me pregunté qué estaba haciendo. O mejor dicho, si estaba bien lo que estaba haciendo. Miraba para atrás de vez en cuando, y la veía a ella, embriagada de placer, besando a uno mientras el otro la manoseaba… ¡ya había metido la mano por debajo de la ropa! Y el introvertido, por otro lado, sonriendo sutilmente jnto a la ventana; estaba excitado, sí, pero no hacía nada, sólo miraba el camino.

Llegamos. Pagué… y empecé a preocuparme… no había pensado en esas cosas…

– ¡[Yuri]! ¿Cómo está, mamacita?, ¡cuánto tiempo! -me saludó el tipo de la recepción.

– Pues ya ves, corazón… presentándole el sitio a la nueva… – respondí. Una parte de mí estaba atada atrás; mi consciencia, supongo.

– Uh… pues está muy linda la niña… ¿me permiten sus cédulas, por favor?

Ciertamente. Me asusté un poco… no había considerado la cuestión de la edad… ¿y si ella en realidad era menor? ¿y si ellos lo eran?

Vi pasar las tarjetas, siguiéndolas instante tras instante. Me asomé para ver: 19 (ella), 20 (el de la propuesta), 22 (el manoseador), y.. ¡18! (el introvertido, que ciertamente se veía mayor).

– …muy bien, mamacita, todo en regla. ¿Una sola habitación?

– Claro, amor.

Asignada. Subimos. A ella ya le habían quitado la blusa y el brasier, iba con sus pequeñas pero firmes y hermosas tetas al aire… Nos cruzamos con dos parejas, y ella… las saludó… me recordó a mí… me sentí tan rara… No pude evitar preguntarle al introvertido, refiriéndome a ella:

– Bueno, amor.. y tú… ¿no aprovechas el ofertón?

– …yo vengo por ti…

– ! – no me lo esperaba – …¿y tienes cómo pagar?

– Por su puesto… pero no te muestro todavía porque no quiero que ella se ponga loquita…

– … – lo entendí perfectamente. Aún así… – Pero, amor… conmigo… tienes que darme la mitad antes…

– ..ok. – respondió sonriendo. Sacó 100000 y me los dió. – Dos básicos y dos orales… o ya miramos, pero esa es la idea. ¿te parece bien?

– Claro, amor… – y cogí de la cintura a mi primer cliente de verdad… un chiquillo que acababa de sacar la cédula. Fue extraño caer en cuenta de eso…

Ella no se dio cuenta de nada. Caminaba casi con los ojos cerrados; adivinen por qué. Entramos a la habitación. Si ella no estaba desnuda ya, era porque llevaba leggins… pero claramente estaba tan mojada, que lo llevaba visiblemente húmedo en el área correspondiente… reía y jadeaba de emoción mientras los miraba y me miraba… se acostó, la desnudaron, y empezaron a besarle entre las piernas los dos al tiempo… ella se veía encantada…

Mi chico me dijo:

– Pareces interesada en verla… podemos esperar… pero no puedo pagarte más tiempo…

– Como quieras, mi rey… – le dije agradecida -. Esperemos un rato… o cógeme mientras tanto… lo que quieras…

– Si quieres tócate mientras la miras… ¿es la primera vez?

– … – no supe qué responder… pero acepté la sugerencia y me mandé la mano a la vulva mientras la veía agitarse de gusto…

– Déjame ayudarte…

Nos sentamos en el piso, en un escalón que permitía ver bien lo que pasaba en la cama… y que al parecer era para eso, y, mientras yo me masturbaba con las piernas abiertas, él, sentrado detrás, me acariciaba los senos mucho mejor de lo que yo esperaba…

Y ella… por Dios… babeaba de gusto mientras se lo metían… parecía que la excitación en sus senos era inaguantable y que disfrutaba en más de un sentido que se los acariciaran y chuparan… y no parecía importarle… o saber… que estaba “atendiendo” a dos por el precio de uno…

Pero… ante todo… lo que decía… “Qué rico, papi, mételo más duro…”, “Qué verga tan buena, ¡me encanta!”, “Soy tu puta, amor, reviéntame la vagina…” “Mira cómo chorrea, ¿no soy una perra sucia?” …era, simplemente, hipnótico oírla mientras hacía todas esas cosas…. mientras ellos se turnaban para penetrarla vaginalmente, mientras ella se incorporaba para chupárselo, para…

– Dénme por el culo, chicos… aprovechen que estoy así de arrecha… después será más caro…

Y se lo metieron… y era obvio… por su expresión… por su color… por su forma de moverse… que era la primera vez que lo hacía analmente… ¿Qué hice?

Y el introvertido me respondió, como si hubiera leído mis pensamientos:

– Descubriste una buena puta…

Yo lo miré, me incorporé, me quité el pantalón y los pantys, lo besé, le abrí el pantalón, descubriendo que su pene era más bien grande, le ayudé a poner el condón, y me lo metí empezando a moverme de inmediato. Era… diferente y bueno de todas formas…

– ¿Te gusta tu trabajo? – me preguntó.

– Me encanta, papi… – le respondí entre jadeos – si no me gustara no estaría aquí… tengo dignidad…

– ¿Y lo has hecho con muchos?

– Seguro… era la perra de la empresa… a la que todos se clavaban…

– ¿Eras?

– Sí, renuncié… había uno que no me gustaba y se portó mal…

– ¿Y entonces te dedicaste a esto? – mala pregunta para el momento… yo en realidad no me lo había pensado así…

– Amor… lo tienes muy bueno… ¿hablamos de eso después?… Ahhh… Es que no me concentro…

– Como quieras – respondió sonriendo.

Y me agité hasta que se corrió.

Yo, a diferencia de ella, tenía que esperar. Ella estaba con uno mientras el otro descansaba, y la verdad al cabo de un rato, su voz empezaba a sufrir los tirones de quien ha gritado demasiado… así que salí mediovestida y fui por algunas botellas de agua…

– ¿Lo está pasando bien la chiquita? – me preguntó el recepcionista.

– ¡Que ni qué! Es más puta que yo, pero no lo sabía…

– …¿Celosa?

– …de pronto.

– Tranquila, que usted también tiene lo suyo… tiene buenas tetas, es más inteligente, y a algunos nos gustan más las bien desarrolladitas…

– Gracias, papi… te daré tu premio cuando pueda… ahorita estoy ocupada…

– Adelante, señorita, y buen provecho…

Y no hablé en vano. El tipo me había ayudado a sentirme mejor.

Me puse en camino, con las botellas en una bolsa… me esperaba una sorpresa… pero como me he extendido mucho, les cuento en estos días, amores.

😉

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *