EL CHAT Erotico – relatos xxx

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Ante todo gracias a todas aquellas personas que os habéis molestado en expresar vuestra opinión sobre mi primer relato. Sin pretender repetirme, a veces es necesario refrescar algunos aspectos del perfil y para evitar malos entendidos y no sentirme obligada por ello, a ser regular publicando mis vivencias, recordar que soy una mujer casada y madre, trabajadora y con actividad social en el entorno de mi ciudad. Como ya dije, mis relatos se basarán en mis experiencias presentes y futuras pero debido a mis obligaciones y mi dependencia a quien reconozco como Amo no quiero defraudar a quienes puedan pensar que cada día les voy a sorprender. Reconozco que soy muy activa sexualmente pero por higiene mental lo quiero disfrutar como vengo haciendo sin llevarlo a la obsesión. Aquel mes de julio del 2016 entré en una aplicación que nada tiene que ver con el sexo y su motivación atrae a personas de distintas edades aunque con las mismas inquietudes. Pero como viene siendo habitual, cada vez más aplicaciones se complementan con un chat. Mi sorpresa fue cuando alguien aprovechando el contexto y no habiendo dado importancia a su lenguaje inicial, se destapó con una insinuación a la que no tardé en hacerle ver el malentendido. Pero éste fue el primero pero no fue el único en aprovechar el chat y la coincidencia de afinidades para derivar hacia un intento de seducción explicita. Si bien a todos les iba dando puerta llega aquel momento en que sentada en el sofá con el ipad en la mano te vence la curiosidad. Esta primera fue una conversación que haría reír por su simplicidad. Pero más tarde, ya en la cama, pensé en mí como mujer sin más adjetivos y di un repaso a los cambios que sin darme cuenta se dan en el día a día. Actitud, vestuario… ( repitiendo y dejando claro que en casa tengo sexo y el un ambiente del que estoy muy contenta). Mis hijas, una ya vive con su pareja y la otra en plena adolescencia, puedo decir que son responsables y la mayor con un trabajo que promete, son chicas de su tiempo como lo fui yo del mio. Pero esta noche en la cama me di cuenta que el tiempo es de todos, que mis años habían transcurrido felices como esposa y como madre. Reconozco las monotonías tanto como las complicidades en vivir todos momentos, eventos, salidas,…  Mientras estaba sumida en mis pensamientos noté cierto deseo y si bien mi marido estaba durmiendo vinieron a mi mente sus palabras cuando hacemos el amor y me recuerda que sigo siendo apetecible, mis manos, sin masturbarme – en aquel entonces no era muy proclive – recorrieron mi cuerpo reconociéndolo y sonreí. Elih, me dije, sigues estando bien. Tal vez sí que gustas. Este fue el detonante a aceptar una primera cita. Resumen de la misma, las 40 horas que precedían a la cita, desde concertarla hasta el momento del encuentro fueron de los más excitantes de mi vida. Nada en el armario me parecía adecuado, mariposas cosquilleando en el vientre, dudas, mirar a mi esposo, mirar a mi hija; que pensarían si supiesen. otra vez dudas. Cuanto tiempo hacia que la falda no era una prenda habitual y aquel mediodía salí de casa que ni yo me reconocía y justificando una reunión con los propietarios de todo un inmueble. Siguiendo con el resumen, llegué a mi casa y junto a mi marido y luego cenando me preguntaba si se lo merecía. Si el riesgo había merecido la pena. La cita no era nadie con quien no me pudiese cruzar cada día. Hicimos el amor. Mejor dicho, me folló, porque eso fue lo que hizo y yo me dejé llevar por la excitación de lo prohibido. Chispas, castillos de fuego, nada. En casa el sexo era mejor si descontamos la excitación que nadie, ni el tiempo, me robará el recuerdo de aquellas 40 horas previas.  Así fueron la segunda y la tercera cita con otros con quien chateé, Y reconozco que un poco alocada, y que me dije que no podía ser que todo fuese tan vacío y quise darme una oportunidad. la cuarta cita la desconvoqué, No Elih, “tu no ets així”, no tiene ningún sentido. No te la juegues A parte, me desconecte de la aplicación. Pero dentro de mi alguna cosa había cambiado, alguna cosa se había despertado, modifiqué un poco mi forma de vestir, tampoco mucho porque a parte del abuso del pantalón creo que nunca dejé de ser femenina. Miraba a mi alrededor con un poco más de curiosidad.  No pasó ni una semana que me dije, creo que como excusa, que el chat no tenia porque echarme de la aplicación y me volví a conectar. Si se iniciaba una conversación casi de inmediato la rehusaba. Hasta que apareció el. Como a todos le dije que no me interesaba hablar y que yo estaba conectada por la aplicación no para perder el tiempo hablando. Su respuesta fue chocante. “si he iniciat un xat no és per follar-te” – Si he iniciado un chat no es para follarte. Y yo caí de 4 patas ya que en lugar de ignorarle como iba haciendo, le escribí, Ah ! no ? dicho así es lo único a lo que aspiras. Adéu. – No señora, yo no quiero follarte. Lo quiero todo de ti. Todo lo que escondes y no quieres reconocer. Todo lo que has soñado y te excita en silencio. Aquello era demasiado. Desconecté todo, aplicación incluida y me moví a hacer cosas por la casa toda nerviosa. Quien se ha creído que es?.  Con quien se cree que estaba hablando ?. Yo, tan sencilla, esconder y tener sueños ocultos ? Reconozco que a las 48 hora me conecté a la aplicación deseando más que me hablase que estar por la propia aplicación. Cuando recibí la notificación corrí a ver que decía.  – Has tenido tiempo de pensar en lo que te dije ?. Te vas a quedar ? Dime. – No, dime tú, responde. Has tenido tiempo de pensar en lo que te dije ?. Te vas a quedar ?. Me quedo. dime. – Te voy a hacer unas preguntas y las primeras serán de manual. Pero me las tienes que responder a todas y tranquila, no te voy a preguntar como eres, no me importa, serán tus respuestas las que definirán tu perfil. Las primeras preguntas efectivamente fueron las típicas, como si buscase trabajo. Ya más íntimo me preguntó si había sido infiel y si había tenido otras citas por internet. Le respondí que nunca antes del chat había sido infiel y cuanto me decepcionaron las citas que tuve.  – Ja et vaig dir que jo no et volia follar.  Quisiera o no, yo si me notaba rara, con una excitación indefinida. Así estuvimos dos noches, en las que las conversaciones eran un escrutinio a mi vida más que a mi sexualidad y fue cuando me dijo: – Tu vida ha estado motivada por aquello que se ha querido de ti en cada momento, buena alumna, hija, trabajadora, esposa, madre. No dudes que en todos y cada uno de tus actos se ha ido haciendo un poso en tu interior de deseos filtrados. Ha sido como si todo lo que percibías pasase un filtro y solamente saliese el jugo más filtrado dejando por procesar el grueso de todos los impulsos recibidos.  He estado atento a lo que hemos hablado y creo que mañana por la tarde lo tienes bastante bien. Estate atenta al chat, a les 5 te esperaré en una habitación de uno de los hoteles de tu ciudad. Oportunamente sabrás cual.  Me opuse rotundamente. Y menos en mi ciudad. – no voy a discutir, solamente estate atenta al chat e iras recibiendo instrucciones, incluso de como vestir. No voy a ir. Que te has creído ?. – Acudir será aceptar, no acudir renunciar. Tu decidirás: monotonía o redescubrirte. Y desconectó. A la mañana siguiente un buenos días seguido de un, no espero respuesta, solamente decirte que a la cita acudirás con una falta lo más corta posible acorde con el estilo que requiere tu trabajo, pero sin bragas y una blusa.  No iré – le escribí – luego supe que tanto el como yo ya sabíamos que sí que acudiría, que se de no ser así, en lugar de responder le abría ignorado. Y era cierto porque otra vez aquellas mariposas invadieron mi estomago. Por un lado contrariada por lo que me ocurría pensando en como podía alterarme un energúmeno, por otro lado repasando mi armario para mudarme después de comer. A las 4 de la tarde recibí un chat en el que me informaba del hotel en el que había reservado habitación. Si la primera cita había sido de una espera excitante ahora mi excitación era total. Me sentía arder y húmeda. Enfadada y contrariada conmigo misma a la vez que con un brillo casi desconocido. Cometí el error de la impaciencia y a la media ya estaba por los alrededores, temía que cualquier conocido con el que pudiese cruzarme pudiese leer en mi frente lo que se avecinaba.  A 5 minutos para las 5 me llegó un mensaje con el número de habitación y otro en el que me decía que la puerta estaría abierta y la habitación a oscuras. Que entrase y cerrase sin decir nada. Quería huir. Pero comencé a caminar hacía la puerta del hotel. Me dirigí al ascensor y al abrirse la puerta de la planta mi cabeza corría hacía la salida pero un recuerdo fugaz de que los hoteles suelen tener cámaras en los pasillos me llenó de dignidad y por tal de no dar la nota caminé hacia la puerta. Entré y cerré Pasaron unos segundos con un silencio que rompía el ambiente y que me parecieron una eternidad.  – “Et quedes” ? no pude articular palabra – “et quedes” ? seguía inmóvil como una estatua. – “et quedes” ?, si crees que es lo mejor puedes irte. Me quedo. No me oí ni yo, pero parece ser que lo dije bastante fuerte. Unas manos me cogieron por la cintura, me giraron apoyándome de cara a la pared a la vez que una de ellas buscó mi sexo por debajo de la falda.  – Estás chorreando. El miedo y el placer no pueden disociarse. Me mordí los labios para no emitir ningún gemido y no darle esta satisfacción pero mi cuerpo me delató. Con un dedo dentro de mi sexo, donde sin duda habría entrado al menos otro, el insistió. – “et quedes” ? esta vez si respondí y lo hice afirmativamente. – si te quedas yo no preguntaré. Tan solo haré y por la noche lo comentaremos. – Vete ! No, le respondí. Me quedo. Apoyada como estaba a la pared medio en pompa, el sacó el dedo y me penetró. Yo me puse a gemir porque mi sexo estaba respondiendo de forma autónoma con un placer extremo y el me embestía como si quisiese dejar la marca de sus testículos en mis nalgas. Mis gemidos se convirtieron el sollozos de placer. Lloraba y el seguía embistiendo. Paró. me giró y empezó a besarme. Al rato, sin dejar de besarme una mano alcanzó un pezón y empezó a acariciarlo primero, lo pellizcó y no paró hasta que empezó a retorcerlo. No me dí cuenta de cuanto gritaba del dolor y del placer hasta que callé. A oscuras me llevó hasta la cama donde al chocar con ella caí y poniéndose sentado sobre mi empezó a hablarme a la vez que manoseaba mis pechos. Voy a redescubrirte me dijo. Para ello desde este preciso momento me perteneces. No voy a interferir en tu labor diaria ni en tus rutinas, pero me obedecerás en todo y responderás a mis preguntas y a mis peticiones. Esté yo presente o no. Se levantó y saltó de la cama y le oí decirme: Vete si lo deseas. Si te quedas te voy a azotar como rubrica de tu aceptación y sepas que el dolor puede ser castigo pero también premio. – Vete, No le respondí – Vete. Continué sin decir nada. – Si te da pudor, me encierro en el aseo, enciendes la luz, te arreglas y te vas.  – Seguí tumbada en la cama. Entonces sus manos me buscaron, me ayudó a colocarme a 4 patas encima de la cama y después de un silencio la fusta lo rompió con un fuerte azote y un aún más fuerte grito por mi parte. Le siguieron 7 azotes más. 4 en cada nalga. Me levantó y con su lengua buscó mis lágrimas. Me besó como solamente lo puede hacer un ángel y me abrazó durante un rato. Sosegada me susurró que me tumbase boca abajo en la cama y que mirase en dirección contraria a la puerta. El salió y yo pude encender la luz y arreglarme. Al salir no le vi o mejor dicho, no le identifiqué, aunque salí como me ordenó, con decisión y sin pararme. Pero me sentí observada y caminé orgullosa unas cuantas calles. Creo que hasta llegar a casa. Aquella noche en el chat le dije que contase conmigo, que me sentía suya y después de mucho hablar y responder dudas y sabedor el de que casi todo lo que me decía no solamente me daba miedo sino que a la mayoría le respondía con un NO rotundo, terminé ratificándole mi entrega

Un comentario sobre “EL CHAT Erotico – relatos xxx

  • el agosto 8, 2019 a las 2:42 am
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    Un aporte muy interesante. Muchas gracias por la ilustración. Reciba un cordial saludo.

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