Madre e hija haciendo zoofilia – relatos zoo

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relato dedicado a una lectora de mis relatos y que de alguna manera inspiró lo aqui relatado

Lo que voy a relatar sucedió hace dos años, por aquel entonces tenía 40 años y acababa de romper con mi pareja, trabajaba en una compañía constructora en Barcelona, soy ingeniero en puertos y me asignaron a la obra que estábamos haciendo en un puerto en el caribe, cercano a una pequeña población de Costa Rica, el lugar estaba un poco lejano de la ciudad, sabía que mi estancia no sería mayor a dos meses, así que no me importó pasar ese tiempo en el medio rural sin ninguna de las comodidades a las que estaba acostumbrado y además, me serviría para olvidar mi reciente fracaso sentimental.

Llegué a San José y de ahí me fui al puerto en donde se realizaban los trabajos en la parte norte del país en el mar caribe.

Al llegar fui a las oficinas de mi empresa, me estaban esperando y me asignaron una camioneta pick up para mi uso, les pregunté sobre algún lugar para hospedarme y me dieron varias opciones, les dije que prefería algún lugar calmado pues el trabajo que tenía que desarrollar era muy intenso y quería descansar cuando no estuviera trabajando. Me dijeron que el puerto no era conveniente, pero había muchas casas que ofrecían pensión a los trabajadores en zonas un poco alejadas, pero no más de 20 minutos en la camioneta, además ayudaba a la gente a tener ingresos extra, me agradó la idea y uno de los oficinistas sacó de su escritorio unas hojas con direcciones, como no conocía el lugar escogí la primera que agarré. Me hicieron un croquis como llegar y partí de inmediato pues estaba muy cansado del viaje y tenía que empezar mi trabajo al día siguiente.

Después de manejar algunos kilómetros, llegué a una población muy pequeña, las casas estaban diseminadas y todas tenían un terreno en donde aprovechaban para tener hortalizas y algunos animales. Pregunté por la casa de Elsa, que era el nombre de la persona que ofrecía la pensión y me indicaron que era la ultima de las casas, era una casa de adobe y se veía un huerto con un gallinero, y atrás, un pequeño establo, me salió a recibir con ladridos, un perro parecido a un labrador cruzado  y entonces vi una mujer guapísima que se asomaba a la puerta y con una sonrisa me preguntó que se me ofrecía.

–“Vengo por el anuncio que dejó en la oficina de la constructora xxx, estoy interesado en la pensión que ofrece”—

La mujer salió inmediatamente y con una gran sonrisa me dio la bienvenida.

–Bienvenido señor…–empezó a decir.

–Miguel, me llamó Miguel Salvat, pero llámeme únicamente, Miguel—

–Mucho gusto Miguel, yo soy Elsa Silva, mi casa es muy humilde pero limpia, puede tener un dormitorio para usted solo y ofrezco desayuno y cena en la pensión. —me dijo rápidamente.

Enseguida entramos en la pequeña casa que tenia dos habitaciones, en lugar de puertas tenían unas cortinas, todo el piso era de cemento y en la habitación principal tenían una pequeña mesa y unos sillones con un televisor bastante viejo, la cocina también estaba en esa habitación. Pasamos al dormitorio que era bastante amplio con una cama doble, una mesa con dos sillas y un armario para ropa.

–¿Y el baño en donde está? –pregunté.

Elsa me señaló por la ventana un pequeño cuarto en el patio trasero.

–Allí tiene el baño, es una regadera y un retrete, para lavarse las manos puede utilizar el fregadero de la cocina.

La verdad, la casa era mucho más humilde de lo que imaginaba, pero me gustó la soledad y la limpieza del local, pero más que todo, Elsa, que era una mujer además de guapísima muy simpática y atenta, tenía un cuerpo muy bello, con senos pequeños pero muy firmes, le calculé no más de treinta años.

— La pensión mensual es de 300.000 colones—Me dijo.

Yo me asombré, pero después de hacer el calculo vi que eran poco más de 500 euros, lo que me pareció muy barato.

Elsa, al ver mi cara de asombro, se preocupó y me dijo que, si se me hacía mucho dinero podía rebajar un poco el precio, yo por supuesto, le dije que estaba muy correcto.

Me enseñó la casa y su parcela, tenia un gallinero de donde me dijo que comería huevos frescos todos los días, también un pequeño corral en donde estaba un burro que se llamaba Jonás y su perro Duque, también me dijo que comería pescado fresco todos los días que ella personalmente compraba directo de los pescadores, y los domingos comería pollo. Por último, me dijo que vivía con su hija que estudiaba secundaria en el puerto y que llegaría por la tarde. Me indicó que me acomodara y que iría a comprar pescado para preparar la cena, yo le dije que era estupendo y que mientras echaría un pequeño sueño pues me estaba cayendo de cansado por el largo viaje.

Esa tarde nada más puse la cabeza en la almohada y quedé totalmente dormido.

No se cuanto tiempo pasó, tal vez tres o cuatro horas, cuando me despertó una sensación de ser observado, y efectivamente, cuando abrí los ojos vi una jovencita extremadamente bella, parada en la puerta observándome atentamente, era muy esbelta y alta para el promedio de esas latitudes, su piel era color canela, con grandes ojos pardos, una nariz pequeña que hacia su cara más graciosa y aniñada y una cabellera hermosa que le caía debajo de los hombros, su cuerpo era muy delgado con los senos pequeños y firmes.

–Hola, me llamo Isa—me dijo con una voz suave y melodiosa pero llena de sensualidad, pues a pesar de su aspecto aniñado destilaba una voluptuosidad muy especial.

–Hola soy Miguel, el nuevo inquilino—le dije

–Si, ya lo sé, me lo dijo mami, pero no me dijo lo guapo que eras, ja, ja. —Me respondió con gran coquetería que la hacía todavía más encantadora.

Esa tarde cené estupendamente, pues Elsa, además de todo, era una excelente cocinera, cada vez la veía más guapa, tenía unos ojos gatunos de color aceituna y un cuerpo delgado con formas tenues y sensuales, pero sobre todo una forma de mirar y hablar que encendía la pasión de cualquier hombre, por otra parte, Isa, había heredado la belleza de su madre, pero multiplicada y tenia una sensualidad natural, en fin, era una Lolita de una película de Kubrick en moreno.

 Estaba feliz, había escogido azarosamente el lugar ideal para mi estadía en ese bello país. Cada día me sorprendía más Elsa con sus guisos, era el mismo tipo de pescado, pero se las ingeniaba para que parecieran diferentes, las noches eran muy plácidas y dormía como tronco.

 El primer sábado llevé unas botellas de vino español que compré en el puerto y al verlas Elsa se esmeró mucho en hacer una cena de gala, se puso un vestido sencillo pero que la hacían ver como una diosa, y ni que decir de Isa que esa noche parecía que los ojos le brillaban más y cada vez que pasaba junto a mi me rozaba de una forma muy incitante. Después de una opípara cena y con dos botellas de vino de por medio, Elsa y yo nos quedamos platicando largamente, Isa se levantó y se fue a acostar y cuando entró en su cuarto, Elsa la alcanzó y le dijo algo al oído disimuladamente. Esa noche ya con varias copas, me relató cómo había quedado preñada del amor de su vida cuando tenia apenas un poco más de quince años, de un ingeniero portugués que había llegado con una constructora, y el cual, la abandonó antes de que naciera Isa, de tal forma que tuvo una vida muy dura para sacar adelante a su hija, pues sus padres la habían abandonado por no estar casada al quedar embarazada, así que, cuando Isa tenía edad para estudiar su secundaria, empezó a recibir huéspedes para poder solventar su educación, y desde entonces habían estado muy unidas. A medida que pasaba el tiempo platicando, ella me miraba cada vez con más coquetería, o al menos, me lo parecía, y no estaba tan equivocado, pues en un momento en que los dos estábamos de pie, se me acercó de una forma muy provocativa y nos besamos apasionadamente, y así, apenas si llegamos a mi dormitorio, comiéndonos mutuamente a besos y quitándonos la ropa hasta quedar desnudos y caer en la cama. Elsa se lanzó sobre mi y empezó a besarme lenta y apasionadamente, desde mi boca hasta llegar a mi verga, me la empezó a chupar como nadie, cuando se dio cuenta de que no me faltaba mucho, se acostó de espaldas y me recibió en su vulva pidiéndome que la penetrara, estaba anegada de deseo y fluidos, y ya estando en plena cópula, sentí una manos en mi espalda y una lengua que empezaba a recorrer mi espina dorsal, y cual sería mi asombró, cuando vi que era Isa, desnuda y besándome en la espalda, cuando Elsa se dio cuenta de mi sorpresa, me dijo que no me preocupara, que ella y su hija siempre compartían todo, sentí como me abría las nalgas e introducía su lengua en el ojete, era algo que nunca había experimentado y que duplicó el placer que sentía haciendo mis embistes más acelerados mientras la lengua de Isa penetraba más profundo en mi culo.

Tuve una corrida enorme, producto de varios días de ayuno y de estar frente a esas beldades que despertaban mis fantasías más morbosas.

–¿Te gustó el “menage a trois”, Miguel? —Me pregunto Elsa con una sonrisa maliciosa.

–A Isa le encanta hacer esas cosas, ahora, estará esperando que la penetres en el culo que es donde más le gusta—me susurró en el oído jugando con su lengua para después empezar a bajar su cara por mi cuerpo hasta llegar a mis pies y empezar a chupar uno a uno mis dedos mientras Isa se subía encima de ella en posición sesenta y nueve.

–¡Métemela en el culo!, ya no aguanto más—me dijo la niña alzando el culo invitándome a encularla.

Yo ya estaba completamente empalmado al ver semejante escena llena de erotismo, y parándome en la orilla de la cama empecé a penetrar a la jovencita por su agujero más estrecho, sin embargo mi verga se deslizó como si fuera un guante y sentí también la lengua de Elsa que pasaba alternativamente del coño de Isa a mi verga que penetraba profundamente el ojete de su hija, cuando la sacaba ligeramente, Elsa la terminaba de sacar para metérsela en la boca y chuparla, para luego volverla a acomodar en el culo de Isa, quien emitía pequeños gritos de placer y empezó a vociferar

– ¡Métela más, cabrón!¡Pégame!¡Cógeme!¡Dime que soy una puta! —

En ese momento empecé a darle nalgadas, cada vez más fuertes hasta dejarle las nalgas rojas y me corrí dentro de sus intestinos.

Isa cayó encima de su madre y pegó su boca en su coño chupando los restos de mi esperma, mientras, ella me tomó de las caderas y abrió la boca, cosa que tomé como una invitación y le metí mi verga recién salida del culo de Isa y la empezó a chupar hasta dejarla limpia.

Después. caímos agotados a reposar un rato tendidos en mi cama y abrazándonos.

Desde ese momento toda nuestra relación fue diferente, al estar reposando, Elsa me empezó a narrar parte de su historia:

“ Desde hace unos cuatro años, como te decía, empecé a tener huéspedes, el primero fué un hombre como de 50 años, brasileño y casi negro, era jefe de mantenimiento de una de las empresas del puerto, ya para entonces estaba necesitada de un hombre que me satisficiera sexualmente, yo siempre he sido una mujer muy caliente y tenia que utilizar cualquier cosa para satisfacer mis instintos, así que la llegada de Joao, que así se llamaba el brasileño, vino a aliviarme mucho y también sirvió para que Isa que es tan sexual como yo, empezara a vivir plenamente y gozar con su cuerpo.

Joao era un hombre muy lujurioso, tal vez demasiado perverso en sus vicios, pero a mí me satisfacía mucho y me enseñó distintas formas de gozar con el sexo y de quitarme los tabúes con que nos han educado nuestros padres, y yo quería que Isa también fuera una mujer liberal, sin tabúes y que gozara del sexo en todas sus formas, y así fue. Joao estuvo viviendo cerca de un año con nosotras, en ese tiempo experimentamos muchas cosas con el o con las personas que a veces invitaba.

Pero ya te iré contando todas esas cosas y lo que pasó con los que le siguieron”.

Yo me quedé con la curiosidad de saber qué cosas utilizaba Elsa para satisfacerse antes de llegar Joao a su vida y que cosas experimentó ella y su hija posteriormente. Después aclararía esas dudas.

Mientras Elsa me contaba parte de su historia, Isa me mamaba suavemente la verga. A partir de ese momento vivíamos muy libremente, generalmente estábamos desnudos en la casa y cada noche teníamos sexo, ambas eran incansables. También empecé a conocer los vicios o preferencias de Isa.

Una tarde, que entré al cuarto de baño a orinar, Isa se estaba bañando, al verla me disculpé y me di la vuelta y empecé a salir, entonces me dijo que me quedara, que no le molestaba, así que me paré frente al retrete y empecé a orinar, mientras, ella salió de la ducha y se hincó a mi lado, yo me turbé un poco pero me dijo que le gustaba verme mear, entonces, antes de terminar, agarró mi verga y se la metió en la boca tomando el ultimo chorro, cuando terminé, me miró y me dijo que le gustaba mucho que le meara en la boca y beber mi orina, luego se agachó al retrete y empezó a lamer toda la  orilla en donde había salpicaduras. Al acabar levantó su cara y relamiéndose me dijo que a su mami le gustaba que estuviera limpito.

– ¿Te gusta mear en mi boquita Miguel? —Me preguntó Isa poniendo cara de niña traviesa.

–Me encanta, Isa, se me hace muy morboso, ¿Quién te enseñó esas marranadas? —

Le pregunté tomándola de la cara dándole un beso en la boca que aún conservaba el olor y sabor de mi orina.

–A mi también me da mucho morbo, me lo enseñó Joao, diario meaba en mi boca y me ordenaba, cuando recibía a sus amigos a jugar póker, que los acompañara al baño cada vez que tenían ganas y los limpiara después de mear, ja, ja, ¡me encantaba!

–¡Y que más te enseñó, querida!, ¿más porquerías? —le dije.

–Ja, ja, ni te imaginas, pero ya te las iré diciendo a su tiempo—me dijo con cara pícara guiñándome el ojo.

El viernes siguiente pude salir más temprano del trabajo y llegué a casa como dos horas antes de lo acostumbrado. Me pareció algo extraño no oír ruidos, como si no hubiera nadie, incluso “Duque”, el perro, que siempre salía a recibirme moviendo su cola, no salió. Pensé que tal vez habían salido a comprar pescado. Entré silencioso y oí algunos ruidos raros en el dormitorio de Elsa, entré como siempre, sin zapatos y sin hacer ruido, y cuando estaba en el umbral del dormitorio, la cortina estaba abierta y entonces vi el espectáculo más morboso de mi vida. Elsa se encontraba a cuatro patas sobre Isa en posición 69, ambas completamente desnudas, y “Duque”, montado sobre la espalda de Elsa follandola furiosamente mientras Isa lamia alternativamente el coño de Elsa y la verga del perro. Estaban tan ensimismadas, que no se dieron cuenta de mi presencia hasta pasar varios segundos en que me vio Elsa parado en la puerta observándolas mientras me masturbaba, me miró con cara lánguida, pero sin sorprenderse y me hizo una señal para que me acercara. El olor que impregnaba la atmosfera era de sexo humano y canino, penetrante e incitante a la vez. Me paré delante de Elsa con la verga en mi mano, acercándola a su boca, ella no tardó en aceptarla y la empezó a lamer como si fuera una perra y luego la mamó completa, yo no aguanté más y eyaculé profusamente en su garganta, una vez que hubo tragado toda mi simiente se destrabó del perro diciéndole:

–¡Ya duque!, ahora le toca a la pequeña—

Isa se levantó y me abrazó dándome un beso en la boca con sabor al coño de Elsa y a lo que debían ser las secreciones del perro, esto me hizo acrecentar todavía más mi lascivia.

–¿Quieres ver como me folla el perro?, te va a poner muy calentorro—me dijo.

Enseguida ella se puso en cuatro patas encima de Elsa de la misma manera que habían estado, pero ahora Isa arriba, entonces el perro, que sabia perfectamente lo que debía hacer, se montó sobre Isa y la empezó a follar con ayuda de la lengua de Elsa, esta vez le tocó a Isa recibir mi verga que se había empinado nuevamente, en su boca ansiosa.

Al terminar acabamos todos en el piso una a cada lado mío, hasta el perro, que parecía agotado estaba echado a los pies de sus amas.

Isa acercó su rostro al mío y me dijo suavemente:

–Esto también me lo enseñó Joao, pero mi mami ya lo hacía anteriormente—

Elsa, del otro lado de mi cara oyendo a Isa, me dijo.

–¿Quieres saber que otra cosa aprendió Isa? —

Isa se rio y dijo:

–No mami, ¡deja que lo cuente yo! —

Eso hizo crecer mi curiosidad y les dije que lo contara cualquiera pero que ya lo hiciera.

Isa continuó con voz melodiosa muy quedamente:

–Después de varias semanas enseñando al perro a montarme, quería probar otras cosas, pues su perversidad iba en aumento y entonces…nos dijo que ahora nos tocaba aprender a mamar verga de burro, al principio a mi mami le pareció muy exagerado, pero el insistió, yo por mi parte estaba muy ilusionada, así, un día, amarró al pollino de sus cuatro patas para evitar que nos soltara una coz y primero fue mi mami la que poniéndose abajo agarró la gran verga y la empezó a menear como le indicó Joao, la verga del animal empezó a crecer dejando ver una cabeza negra como hongo, yo estaba estupefacta viendo la tremenda estaca de Jonás, entonces mami empezó a lengüetear su glande mientras el burro se ponía más nervioso y su verga se ponía dura y echaba chorros de líquido denso y oloroso, Joao nos dijo que era el lubricante que echaba para poder aparear a la hembra, mami pego su boca y tomó un poco pero hizo cara de asco y lo escupió, pero yo era más valiente y ya estaba bien excitada y les dije que quería probar… pero mejor  quiero que mañana lo veas todo en vivo y a todo color, ja, ja, ¿Verdad mami, que le haremos una demostración a Miguel? —ella asintió riendo

–Me has puesto muy excitado con tu historia Isa, pero cuéntame más de lo que te enseñó Joao—le dije muy interesado.

–Tenemos mucho tiempo, te adelanto que son muchas las cochinadas que nos enseñó, y sobre todo a Isa le gustaron mucho, ja, ja. —Me dijo Elsa que ya estaba tratando de levantarme la tranca a base de unos dedos juguetones.

–También algunas veces traía algunos amigos a jugar póker y yo les servía las cervezas mientras Isa estaba bajo la mesa y les chupaba la pija—

Isa me besó y continuo el relato de su madre.

–Me gustaba mucho y también distraía a los amigos de Joao para que ganara, ja, ja, y luego…cuando alguno se paraba para ir al retrete y tenían que salir de casa, mi mami me decía que los acompañara, a mi me gustaba agarrarles el pito mientras orinaban o me hincaba frente a ellos cuando estaban sentados en el retrete y se las mamaba mientras cagaban, esto se me hacía muy morboso y me mojaba todita. A ellos les encantaba ir a mear y como tomaban mucha cerveza se la pasaban yendo al baño.

Elsa continuó:

–Joao estuvo cerca de un año viviendo aquí, después llegó Don Mateo, un ingeniero ya bastante mayor, era argentino, al pobre no se le levantaba, pero era muy libidinoso y le encantaba excitarse viendo marranadas…el gozaba viendo como nos chupábamos mutuamente y después nos mamaba la cuca, nos hacia gozar, aunque claro, nos faltaba una buena tranca, así que, también se aficionó a vernos como follábamos con el perro y…verás, todas las semanas nos entrega el pescado y el marisco un trabajador del puerto, es un pobre señor que se dedica a cargar cosas y dejar mercancía, el pobre huele muy mal, no sabes si es el pescado que trae o si es él. El caso es, que un día, lo vio Don Mateo y se le ocurrió que podríamos darle un espectáculo con el pobre hombre, así que, cuando llegó a entregar la mercancía, lo invito a tomar unas cervezas en la casa, nosotras ya sabíamos el plan y pasamos a servirles completamente desnudas lo que casi le da un infarto al pobre hombre, después de varias cervezas, Don Mateo le preguntó si le gustábamos, el pobre hombre casi no podía hablar entre la emoción y las cervezas que se había tomado, así que, Don Mateo, empezando a desnudarse, le dijo que hiciera lo mismo, pues le tenía una sorpresa, imaginando lo que sería, el hombre se desvistió rápidamente dejando ver un cuerpo regordete y mugroso, tenía una verga larga y gorda cubierta con un gran prepucio y estaba todavía flácida, entonces Isa, que es muy marrana, se arrodilló delante de él y empezó a subirle el pellejo que le cubría el gran hongo, dejando ver un glande negro cubierto con una capa de mantequilla apestosa producto de meses sin lavar, como sabes, mi pequeña no le hace ascos a nada, al contrario, le excitó aquel olor a marisco podrido y se apresuró a mamarlo y comerlo como si fuera un manjar, el pobre hombre yo creo que no había tenido una hembra por años y estaba sudando de la emoción tomando a Isa por la cabeza, mientras, yo estaba a su espalda y le empecé a lamer todo el sudor que lo bañaba, bajando hasta sus nalgas, pero la verdad no me atreví a más, pues al abrirle las nalgas sentí la peste y vi lo sucio que tenía el ojete y pese a la insistencia de don Mateo que me gritaba que le mamara el culo, no pude hacerlo, después descargó una gran corrida en la boca de la niña que no sé cómo, pero se tragó hasta la última gota, después de esto, cada semana que venía Amancio que así se llama el hombre, tenía su ración de boca de Isa, y ¡hasta llegó a lamerle el culo la marrana!.”.

Pero ahora dormiremos me dijo Elsa, que mañana te tenemos una sorpresa.

Al día siguiente que era sábado y tenía todo el día libre, me dijo Elsa que Isa quería ir a la playa y me preguntó si quería acompañarla pues ella se sentía un poco indispuesta, pero que antes pasáramos al establo que tenia una sorpresita para mí, yo ya me imaginaba que era, así que rápidamente le dije que sí, cuando entramos al establo, ya Elsa había amarrado las patas del burro y lo tenía amarrado a un poste, junto estaba una burrita que había llevado para la ocasión y que ponía muy inquieto a “Jonás”, Isa iba desnuda y muy contenta me dijo:

–Mmmm…ahora vas a ver en vivo lo que te contamos ayer y que me gusta mucho ja, ja. —

Elsa se paró al lado del burro acariciándolo, sosteniendo una jarra, mientras Isa se puso debajo en cuclillas y empezó a acariciar el miembro del animal, que por lo visto le gustaba y estaba acostumbrado, la tranca se le empezó a levantar dando golpes en su panza, entonces Isa la agarró y se la llevó a la boca tratando de meterse aquel hongo negruzco que no cesaba de lanzar chisguetes de líquido, la joven apretó el glande de tal forma que consiguió metérselo completamente mientras con ambas manos le hacia un movimiento de arriba abajo, yo estaba petrificado viendo a la chiquilla mamar aquella verga, los líquidos rebasaban las comisuras de sus labios en grandes cantidades, pasaron varios minutos hasta que el burro empezó a rebuznar y a moverse como si estuviera cruzándose, y de repente, echó una cantidad muy grande de esperma amarillenta y muy densa que la chiquilla no pudo retener en su boca y separando aquella verga que parecía una manguera, la depositó, todavía convulsionándose, en la jarra que aguantaba Elsa.

El olor fuerte y penetrante inundó aquel lugar, Isa, con su carita chorreando de lefa de burro, se acercó a mi con la jarra que contenía casi medio litro del esperma animal, se paró frente a mi y depositó la jarra en el suelo mientras se hincaba y tomaba mi verga a punto de explotar después de haber presenciado la escena más lúbrica que jamás haya visto y sentí como, su boca completamente lubricada del esperma del burro, envolvía mi verga, aquello era el paraíso, pero no fue todo, sacando mi verga de la boca, la sumergió en la jarra para sacarla toda embarrada y goteando de lefa y metérsela en la boca nuevamente, esto lo repitió varias veces hasta que no aguanté más y cuando empezaron mis convulsiones previos a la eyaculación, Isa, diestramente se la sacó de la boca y la acercó a la jarra para que depositara mi esperma revolviéndose con el esperma animal.

–Mmm, así me va a saber más rica—Me dijo dándole un ligero sorbo.

–Mañana estará mejor, guardaré un poco para mi desayuno—

Elsa se acercó riendo y me dijo:

–¿Ya te diste cuenta de que tan marrana es esta niña? —y me dio un beso profundo en la boca jugando con su lengua en mi paladar.

–Te sabe al esperma que te depositó Isa, ja, ja. ¿Te gustó? —

–me gusta todo lo que sabe a ustedes—le respondí.

Esa tarde nos fuimos a la playa Isa y yo, eso dio pie a que me contara algunas cosas más de su vida. Nos tumbamos en la arena, Isa se tumbó a mi lado, llevaba una tanga muy pequeña y hacia top les, sus pequeños y firmes senos brillaban con el sol, la admiré detenidamente, ella se dio cuenta y sonrió, acercó su boca y me dio un beso húmedo y cálido.

–¿sabes lo que voy a hacer con la jarra que guardé? —Me preguntó con picardía.

–No sé, me imagino que alguna marranada—Le dije riendo.

–Escucha, cuando nos acostemos, le echaré un poco en el coño de mami para que pase toda la noche húmeda, y luego, al despertar, se pondrá a horcajadas sobre mi boca y me dará a beber lo que quede, ¡Puro jugo de marisco!, eso me da mucho morbo y me pondrá bien caliente, así que luego me pasaré a tu cama y haremos el amor. —

–Y te estaré esperando—

–Eso también me lo enseñó Joao, durante una semana juntaba el semen que le chupaba y lo mezclaba con el de Jonás, pero además le echaba un poco de sus meados y de los míos, le llamaba cóctel de marisco, porque olía a eso. Luego me lo hacia beber, eso lo excitaba mucho.

Siempre se le ocurría algo sucio, y yo lo disfrutaba pues mi madre no es tan marrana como yo.

–¿quieres verme haciendo una marranada? —Me preguntó con cara lujuriosa.

–¿Más que la de Jonás? —Le pregunté sonriendo.

–Ven—Me dijo tomándome de la mano y encaminándonos hacia una casucha junto a uno de los bares playeros pero que estaban casi desiertos.

–Aquí, una vez me trajo Don Mateo, y me enseñó a hacer algo que vas a ver, aquí están las letrinas del bar—

Entramos a un cuarto que apestaba a orines, tenía un canal en toda la orilla en donde se orinaban los clientes del bar, se veía que no la limpiaban nunca.

–Ahora te voy a masturbar y quiero que eches tu leche en el caño—Me dijo muy excitada. Y poniéndose hincada en aquel suelo lleno de orines empezó a mamarme como solo ella lo hacía, parece mentira, pero el olor de los meados y suciedad, hacía todo muy morboso y no tardé mucho en empezar a sentir que me corría, Isa, sintiéndolo, sacó mi verga de su boquita y la dirigió hacia el caño en donde solté una eyaculación impresionante, entonces pasó lo que no me imaginaba, Isa poniendo sus manos en el suelo acercó su cara al caño lleno de meados anónimos de varios días y en donde flotaba mi eyaculación y con la lengua empezó a lamer hasta terminar comiéndose todo el semen revuelto con los meados.

Después se paró frente a mí y me dijo:

–¿te gustó? ¿te excitaste?, dime que te dio tanto morbo como a mí—

No pude negarlo, era como ver a un cisne en el fango y salir de él con el plumaje limpio, así era Isa, podía hacer las cosas más sucias y después estar tan bella, limpia y candorosa, como una virgen.

Esos dos meses que pasé con Elsa y su hija no los podré olvidar, desde entonces no he pensado en otra cosa que volver, y esta vez para mucho tiempo.

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