Ella con tacones y yo con cuernos (2) – relatos xxx

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Capítulo 1 : https://www.relatosporno.club/2019/06/27/ella-con-tacones-y-yo-con-cuernos-relatos-xxx/

Después de aquella primera experiencia la mezcla de sensaciones que recorría mi cuerpo era indescriptible. A veces, sentía rabia, celos y ganas de romper con la relación pero cada vez que me masturbaba lo hacía pensando en aquello y deseando verla finalmente consumar con otro hombre. 

Ella hablaba con el chico de la discoteca a veces por WhatsApp. Se llamaba Román, tenía raíces latinas pero unos pectorales dignos de un Dios nórdico. Se mandaban nudes, se decían guarradas y, cuando me las enseñaba o me mandaba pantallazos, yo me ponía burrísimo.

Además, cada vez que follaba con mi novia sacábamos el tema y nos calentábamos imaginado todo lo que haría. Hubo un día en que se elevó el termómetro y sus ganas de tomar la iniciativa y humillarme.

  • Me apetece mucho hacerte muy pero que muy cornudo. El coño de tu novia va a dejar de ser solo tuyo.
  • Me pone que seas tan guarra…
  • No sabes tú lo guarra que puedo llegar a ser. Y mira que si me comparas con la mojigata de tu ex, soy la más putón del universo. Pero es que con Román quiero serlo mucho más, hacer lo que nunca he hecho ni haré contigo.
  • Qué envidia me da.
  • Normal que te de envidia, mira cómo está -sacó el móvil y me enseñó una foto suya en boxer-. Joder, ¿a que está buenísimo?
  • Sí -dije tímidamente. No tenía inclinaciones bisexuales, pero en el contexto de ser el amante de mi novia, me llegaba incluso a poner a mi también-.
  • ¿Sí, qué? Dílo, di que está más bueno que tú.
  • Sí, está más bueno que yo, es normal que te lo quieras follar. No puedo hacer nada.
  • Exacto -ella estaba arriba y me hablaba al oído a la vez que levantaba un poco la cara en ocasiones para sonreírme pícaramente- pero oye, eso no significa que tú puedas hacer lo mismo. Mi coño será para él pero tu polla solo para mi. Como se te ocurra ligar con otra chica, no me vuelves a tocar en la vida. ¿Está claro?
  • Sí, yo solo contigo, como tú digas, eres una Diosa y te lo mereces todo.

Entonces, volvió a coger el móvil y entró a la conversación con él. Me dijo que quería que acabásemos viendo la conversación. Me pusé el condón y leí los últimos mensajes. No eran de alto contenido sexual, al revés, había emojis de besos de corazones y mensajes tipo “buenos días guapo”. Fue peor porque me pusieran tremendamente celoso. Eran mensajes que iban más allá de los momentos de calentón. 

Nos corrimos y enseguida ella se puso especialmente cariñosa para compensar todo lo anterior y que no me rallase. Los momentos posteriores a correrse son los peores para asimilar todo esto. “Es un juego y me encanta. Igual que me encanta como estoy ahora contigo. Veamos un capítulo y durmámonos” me dijo. La relación con ella parecía tener dos monedas. Un pack que debía comprarse entero y yo lo estaba comprando.

Eso había sido un jueves, preludio de un buen fin de semana. El sábado íbamos a salir de fiesta. Por separado, con grupos de amigos diferentes, pero tampoco por zonas muy separadas una de la otra. Habíamos quedado en dormir juntos ese día y en vernos antes, el sábado por la mañana, para acompañarle a comprarse un vestido. “Quiero estar muy putón para el sábado por la noche, que todos los tíos me miren y tú te mueras de celos, mirando el móvil a ver si te he dicho algo, pendiente de lo que hago o no hago”.

Hasta el sábado no nos veríamos, pero ese viernes por la noche (que ambos nos quedamos en casa guardando fuerzas y recuperándonos de la semana) me mandó pantallazos de conversaciones con Román. Se ve que ella había estado ocultando que tenía novio pero a principios de semana se lo había contado. No le había dicho que yo sabía de su existencia ni mucho menos de que se habían liado. Uno de los pantallazos tenía esta conversación:

  • Yo: Ahora estamos en el sofá viendo la tele y ni se imagina que estoy hablando contigo jaja
  • Román: Jajaja mándame una foto que me ría de él un rato

Y lo había hecho, en el pantallazo se podía ver la foto. Salían los pies de ella desnudos sobre mi, que estaba de perfil mirando la tele. Obviamente, estando en casa, no era mi mejor versión a la hora de lucir guapura. Supongo que ella buscaba eso, agrandarle al máximo el ego a su amante virtual y dejarme a mi como el pringado de la película.

  • Román: Jajajajjaj qué tonto. Tú no tienes un novio, tienes un pelele.
  • Yo: Jajaja sí. Cuando vengas, voy a decirle que compre él los condones, y los que usaré después contigo jaja 😛 

Después de ese pantallazo, ella me escribió:

  • ¿Has visto cómo te llama?¿? Pelele. Me encanta, voy a guardarte en el móvil así.
  • ¿En serioo? Yo te tengo como Amor
  • Jaja, bueno, es que lo soy. Tú mi pelele y yo tu amor. Aunque a veces follando me dices Diosa y me gusta. Me gusta sentirme una Diosa a la que adoras.
  • Sí, lo eres -ni qué decir que ya a estas alturas estaba escribiendo y masturbándome a la vez- Eres mi Diosa y yo tu pelele sumiso y cornudo.

Me mandó más pantallazos en los que ella le decía que pensaba en él mientras follaba conmigo (cosa que era verdad, muchas veces cerraba los ojos y decía su nombre). Ella le mandaba todo tipo de fotos: planos detalle de sus tetas, de su boca con un dedo dentro, de su culo… y videos pasándose la lengua por los labios o tocándose hasta gemir. También fantaseaban con su reencuentro más allá de lo sexual, pensando en qué me diría a mi. “Le diré que eres un amigo del máster, y que podríamos ir los tres a ver alguna peli. Así, me pongo enmedio y hacemos manitas a su lado, mientras él no se entera de nada embobado mirando a la pantalla.” Seguimos un rato y al final nos corrimos los dos a distancia pero más o menos a la vez. 

Nos encontramos por la mañana. Ya había llegado el esperado sábado y ella tenía muchas ganas de probarse ropa. Yo era muy fetichista y cada vez que se probaba unos tacones o unas sandalias me entraban ganas de arrodillarme a lamer.

Al final dimos con el vestido. Le quedaba ceñido, extremadamente sexy, sacándole escotazo y dejando sus piernas a relucir. Estábamos a junio y el calor ya apretaba. Con unos tacones de plataforma muy sexys y altos que me moría por adorar. Estábamos en el probador de la tienda:

  • ¿Y si me lo regalas tú? ¿Te gustaría que ligase esta noche con un vestido pagado por ti?
  • Uf, entre el vestido y los tacones, es bastante pasta… -mi polla quería contestar que sí pero mi cabeza aún sabía matizar-
  • Si me lo compras todo, te voy contando qué hago durante la noche. Si me lo pago yo, ni te escribiré ni iré a tu casa a dormir. ¿Qué decides?
  • Qué mala eres… Vale, te lo pago yo, pero cuéntamelo todo a tiempo real.
  • Bueno, bueno, sin exigencias. Tú preocúpate por pasarlo bien con tus amigos y por rechazar a cualquier pava que se te acerque. Como tontees con alguien, le parto la cara a ella y luego a ti. Ok?
  • Te juro que no haré nada.
  • Vale, como ya no me verás hasta que vayamos a casa a dormir, aprovechemos que estamos en el probador. Arrodíllate y dame las gracias por hacerte cornudo.

Le di un beso en cada pie. Ella sabía de mi devoción por los pies, los tacones, las botas, las medias, etc. Ya antes de que pasase lo de Román y empezásemos este juego de roles, le había lamido los pies en muchas ocasiones. Algunas veces, tumbado de rodillas en el suelo, como preludio del sexo. Creo que ya ahí se estaba cociendo en el fondo la historia de sumisión y cuernos que acabaría aflorando luego, tansolo a los 6 meses de relación. 

Nos despedimos y cuando llegó la noche cada uno salió por su cuenta. Nos mandamos fotos de como íbamos. Ella me dijo que iba muy guapo, me mandó llamitas y besos, me mandaba audios diciendo que lo pasara muy bien. Equilibraba con maestría los dos roles que conjugaba en la relación: el de novia cariñosa y el de diosa cada vez más cruel e infiel.

Después de cenar, fuimos con nuestros respectivos amigos a diferentes pubs a beber y bailar. En el que estaba yo combinaban éxitos comerciales del momento con clásicos del rock español. Le comenté que un amigo había ligado, que se estaba enrollando con una tía y que las amigas de ella estaban con nosotros, pero que yo no estaba siendo ni simpático con ellas.

  • Muy bien, perrito, así me gusta, con el collar atado en corto. A nosotras ahora nos acaban de invitar a chupitos. Román me ha hablado por WhatsApp pero hoy no me apetece hacerle mucho caso. A ti tampoco. Estoy conociendo a unos ingleses la mar de majos.
  • Cuéntamelo todo por fa, yo estoy disfrutando pero no paro de pensar en ti, se me pone morcillona y disimulo como puedo.
  • Jaja -tardó un buen rato en contestar-. No son ingleses, son griegos. Pero estamos hablando en inglés, claro. De castellano no saben más que cuatro palabras sueltas. A mi me uno me ha dicho “guapa”.
  • ¿Sí? ¿Pero estás hablando con él? ¿Te parece guapo? 
  • Sí, mucho. Y cuando me ha dicho que le encantaba mi vestido me ha puesto muy cachonda pensar que lo has comprado tú jeje gracias, cornudín! Me encanta mi pelele
  • Uf, qué mala eres, Diosa, cómo me pones. Te voy a cambiar yo también el nombre para ponerte Diosa. ¿Te gusta??

No me leyó. A los 20 minutos le escribí de nuevo:

  • Bueno, amor, aquí van a chapar ya. Dicen de irnos de fiesta a otro lado pero yo estoy pensando en irme a casa y esperar a que vuelvas tú. Estoy muy cachondo. Te quiero!

Seguía sin dar señales de vida y yo, lejos de enfadarme -aunque el trato era que me mantendría informado-. le seguí diciendo que la deseaba con locura, que era una Diosa perfecta y que haría lo que fuera por ella. El alcohol, obviamente, influía.

Me despedí y me fui para casa. Entonces me llamó:

  • Guapooo, ¿dónde estás? 
  • ¿Camino a casa y tú?
  • ¡Perfecto!, voy hacia allí yo!

Llegamos más o menos a la vez. Yo un poco antes. Cuando le abrí la puerta, estaba pletórica, sonriente, con su vestidazo que yo le había comprado esa misma mañana.

  • ¡Hola, novio! – Me abrazó y me besó. Me estaba hablando con un tono muy alegre. 

Después de un morreo largo, me separé y saqué algo de dignidad, empujado por sus tonos más de novia normal.

  • Me habías dicho que me informarías de todo. Tardabas mucho en contestarme y antes de tu llamada llevaba más de una hora sin saber nada de ti.

Entonces cambió la sonrisa alegre por una más picarona y una mirada más seria. Me cogió con la mano el paquete. Después del morreo se me había puesto morcillona de nuevo. Me apretó hasta hacerme un poco de daño

  • Ahh, para, para…
  • ¿No soy tu Diosa? ¿No me has guardado así en el móvil? Entonces, ¿qué haces exigiéndome nada? A la próxima, si vuelves a ponerte así, ni vendré a dormir contigo. ¿Queda claro? Deberías estar dándome las gracias.
  • Sí, perdona, perdona, no volveré a exigirte nada.

Se fue hacia la cama y se sentó.

  • Pídeme perdón de rodillas. 

Levantó un pie, el gesto lo decía todo. Me arrodillé y empecé a darle besos a la parte delantera del pie. Lo aguantaba con una mano y con la otra me acariciaba mi polla, que estaba ansiosa por salir del pantalón. Entre beso y beso le decía cosas como “perdona”, “no volveré a fallarte”, “perdona y gracias por venir”, “puedes hacer lo que quieras, perdona”.

  • Lámeme la suela y te perdonaré -y eso hice. Aunque fueran zapatos nuevos y tampoco tuvieran nada asqueroso pegado, había estado toda la noche por ahí así que limpios limpios no estaban. Le lamí la punta, en la que sobresalían sus dedos, y pasé a la suela y el tacón. En ese momento me provocaba muchísima más excitación que asco. Lo hice con gusto y esmero. 
  • Muy bien, pelele, eres un buen perrillo -prosiguió, satisfecha de tenerme así de humillado-. ¿A qué te ha sabido mi boca cuando te he besado nada más entrar por la puerta?
  • No lo sé, a sabores fuertes -no sabría decir a qué me había sabido, entre la cena, el alcohol y lo que pudiera haber hecho…-
  • Me he liado con el griego guapo. Me ha llevado de la mano al baño, aprovechando el caos general y se ha tirado a comerme la boca. ¡Y tú queriendo que te contestara tus mensajitos!
  • Perdona -le contestaba mientras seguía lamiendo, ahora el otro pie-. Me lo merezco.
  • Claro que te lo mereces, cornudo. Luego nos hemos metido en un lavabo y le he bajado el pantalón para sacarle la polla. La tenía durísima, super apetecible, me he arrodillado y se la he chupado. Sí, me he comido su polla, cornudo. He estado un buen rato, tardaba bastante en correrse, no sé si por el alcohol o por qué, pero el caso es que me cogía de la cabeza y me decía “chupa, puta, chupa”. Esas palabras se las conocía y lejos de molestarme me han puesto muy caliente.

Me cogió de la cabeza, se quitó las bragas y me llevó hasta su coño.

  • Chúpame, cómemelo entero, cornudo. Estoy súper cachonda. Antes te he besado y no solo te has comido las babas del griego, si no también su yogur jajaja Así es. Se ha corrido en mi boca mientras jadeaba y decía “yogur griego… for you” riéndose. Se sentía superior y yo una puta barata.

Mi novia me estaba confesando que un tío se había corrido en su boca hacía nada y yo ahora le estaba comiendo el coño. Esto ya no tenía marcha atrás. Era su pelele cornudo. 

Me hizo un gesto como invitándome a penetrarla. Quise besarla y me hizo la cobra. 

  • Después de lamer el zapato, no me beses, solo quiero que me folles para correrme, pero hoy mi boca no es tuya. Solo te he besado antes para humillarte ahora con lo que te estoy contando, pero hoy la boca de tu novia ha tenido otro dueño, que se la ha follado hasta descargar.

Me dijo que pillase un condón y se la clavase, que se quería correr ya. El griego se había vacíado en su garganta pero ella se había quedado con el calentón.

  • Me he tragado los primeros disparos de su semen, el resto lo he escupido, limpiándome con papel higiénico. Ha tirado un montón, no podía con tanto, aunque me gustaría habérmelo tragado todo. Me sentía muy sumisa frente a él.
  • El mío hace un montón que no te lo tragas, de hecho solo lo hiciste al principio y nunca más
  • Jaja y no creo que lo haga ya. ¿Sabes qué? Mañana me ha invitado a su casa a ver una peli con su compañero de piso. Ambos están aquí de Erasmus. Iré, claro.

Me pidió que acabase con ella. O que me apañase luego con la mano. Y nos corrimos.

Continuará….

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