Llámame j – relatos xxx

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Categoria: Sexo con Maduros

LLÁMAME J

Era mayor de edad, morena, de pelo negro y corto, su cuello era de cisne, sus labios sensualmente gruesos, sus grandes ojos color café estaban bajo unas finas gafas rectangulares. De los lóbulos de sus orejas colgaban dos aros. Sus tetas eran medianas y su culo una delicia para gastrónomos. Estaba en el museo del Prado de Madrid. Miraban el cuadro Las Meninas del maestro Diego Velázquez. Le dijo a una amiga de excursión de fin de curso:

-Cuando me eche de menos dile a la profe que vuelvo al mediodía al hotel.

-¡Te va a matar!

-No va a ser la cosa para tanto.

La joven se fue. Vestía un vestido blanco con un escote que enseñaba un hombro en el que se veía la tira de un sujetador del mismo color, calzaba unos zapatos negros y llevaba en la mano derecha un pequeño bolso cartera. Entró en un bar y pidió una coca cola a la camarera. De pie, tomando un vino en la barra estaba un maduro, que a aquellas horas de la mañana era el único cliente, la joven lo miró y le preguntó:

-¿Tienes un cigarrillo?

-No, no fumo, además aquí no se puede fumar. ¿De dónde eres?

-No creo que eso sea de tu incumbencia.

La camarera le puso la coca cola y un vaso, la muchacha, le preguntó:

-¿Tienes un cigarrillo?

-No, pero ya te han dicho que aquí no se puede fuma.

El maduro le dijo a la camarera.

-Dale un paquete de Winston del de contrabando y un mechero de esos que regalas.

Angie, la camarera, una veinteañera, rubia, de ojos azules, alta y guapa, le dio el tabaco y el mechero, y le dijo:

-Toma, pero a fumar sales a calle o vas al servicio.

El maduro le dijo a la camarera:

-Cóbrame lo mío, el tabaco y la coca cola.

La joven, desconcertada, le dijo al maduro.

-Gracias, pero no fumo. Era por saber hasta dónde llega la generosidad de la gente española.

El maduro, se mosqueó.

-¡Ay que coño! Tienes ganas de enredar, bonita.

-¿Y tú te crees que puedes comprar a una chica con tabaco?

-Solo trataba de ser amable con una extranjera.

Por primera vez se le bajaron los humos.

-Perdón.

No fumaría pero se guardó el tabaco y el mechero. La camarera, con los codos apoyados en la barra, le dijo al maduro:

-Esta lo que necesitaba era que la ataras a la cama cómo me atas a mí y que hicieras que se corriera media docena de veces.

La joven miró al maduro, y le dijo:

-¿Cuánto le pagas por follar con ella?

Le respondió la camarera.

-¿Tú que sabrás lo que es un hombre, insolente? Seguro que no pasaste de follar con jóvenes de pollas diminutas… Y no soy una puta, soy una afortunada. Aunque algo más afortunada sería si te pudiese comer el coño.

La joven se escandalizó.

-¡¿Qué?! ¿Y dices que no eres una puta? ¡Eres una perdida!

-Soy una mujer de hoy.

-De donde vengo no pasan estas cosas. Ninguna mujer habla tan abiertamente de lo que hace o de lo que desea.

El maduro le dijo a la camarera:

-Debía ser bonito ver cómo le comías la boca, las tetas, el coño, sería bonito ver cómo se corría en tu boca.

La joven, bajó las gafas con un dedo, por encima de ellas miró al maduro, y dijo:

-¿Perdón? ¿Oí decir que eres un mirón?

-Lo que soy es un hombre de ayer. Me gusta comer coños y culos más que comer pan.

La joven se había calentado. Quería follar. Allí no la conocía nadie. Se le ocurrió decir:

-Cien dólares.

El maduro la miró con extrañeza.

-¿Cómo que cien dólares?

-Sí, cien dólares por dejar que me comas tú el coño y el culo… Por atarme… Si voy a ser una puta quiero cobrar.

-¿Cómo te llamas, preciosa?

-Llámame J.

Al turrón.

Nada más cerrar la puerta del apartamento, el maduro cogió por la cintura a J y la besó en el cuello al tiempo que le amasaba las tetas, unas tetas duras que hicieron que se empalmase. J, sintió la polla en el culo y lo frotó contra ella. Giró la cabeza y el maduro le comió la boca. Tenía unos labios tan frescos que besarla era desear penetrarla. Lo cortó:

-¿No me invitas a tomar algo?

Se separó de ella.

-¿Qué quieres tomar?

-Leche.

-Aquí no tengo.

-Tienes.

Se dio la vuelta, se agachó, le bajó la cremallera del pantalón, le sacó la polla tiesa cómo un palo, la metió en la boca, y masturbándosela se la mamó. Mamaba bien. Ya había mamado unas cuantas pollas, había visto mucho porno, o ambas cosas. Su lengua subía desde la base al glande, lamía el frenillo y después mamaba solo el glande. Mamaba donde producía más placer. El maduro quiso aguantar, pero no pudo. Le empezaron a temblar las piernas. De su polla salió un chorro de leche espesa y calentita que chocó con la lengua de J. A este chorro siguieron cinco más, que J se tragó con gusto. Al acabar de correrse, el maduro se levantó. J tenía una sonrisa en los labios, la sonrisa de quien ha hecho un buen trabajo.

Se desnudó y se quitó las gafas. ¡Cómo estaba la Chavala! Sus tetas eran perfectas, medianas, de punta y con unas deliciosas areolas rosadas y unos pezones grandes, ricos, ricos, ricos. Su coño se veía delicioso, y aunque al maduro le gustaban más los coños y las axilas peludas, aquel coño parecía un manjar para dioses. J se echó boca abajo sobre la cama, el maduro, con dos cintas le ató las manos a los barrotes de la cama. Le levantó el culo y le lamió el coño, el periné y el ojete… Sus jugos blanquecinos subían desde el culo al clítoris. La lengua del maduro, lentamente lamía, lamía y lamía. Después le metió dos dedos en la vagina y le folló el culo con la lengua. J, no pudo evitar lo inevitable.

-¡Me vengo, me vengo, me vengo! ¡¡¡Me vengo!!!

Los gemidos de placer de J eran música en los oídos del maduro. La lengua pasó al coño. El flujo blanco y espeso que salía en cantidad le sabía a gloria.

Al acabar de correrse J, el maduro cogió la verga y se la puso en la entrada de la vagina. Al entrar el glande le encantó.

-¡Qué Apretada entra! Métela poquito a poco.

Era demasiada polla para un coño tan estrecho. No se la metió más.

-Vete metiéndola tú, bonita.

J fue empujando con el culo. El maduro la nalgueaba para que se relajase. J la metió milímetro a milímetro. Metía, un milímetro y sacaba dos, y así hasta que la metió hasta el fondo. El coño se adaptó a la verga y al rato ya lo follaba con ganas. El maduro le lamía la espalda cuando la polla salía. Ya no la nalgueaba, le amasaba las tetas. Al final el precioso culo de J follaba la verga con tanto ímpetu que los huevos del maduro iban de adelante hacía atrás y hacia delante sacudiendo la leche que llevaban dentro.

Tanto fue el coño a la fuente, que algo se le rompió a J y soltó el caudal que llevaba dentro. ¡Tremenda fue la corrida que bañó la polla del maduro! Y tremendo el tembleque que sacudió el cuerpo de J.

Al acabar, con su coño apretando la verga del maduro, se derrumbó sobre la cama.

El maduro, le desató las manos. J se puso boca arriba. El maduro se arrodilló entre sus piernas, cogió la polla con una mano y comenzó a frotarle los labios y el clítoris con ella. Con la otra mano le magreaba las tetas y jugaba con sus pezones. Al ratito J cogió la polla y puso el meato sobre su clítoris fuera del capuchón y lo acarició como si la polla fuese un dedo. Ni dos minutos tardó en meterla en el coño, echar una mano al cuello del maduro, besarlo y después decirle:

-¡Rómpeme el coño!

El maduro le dio caña y algo le debió romper, ya que del coño de J salió jugo a presión, mientras ella decía:

-¡Me cooooooorro!

El maduro no sabía de que parte de Sudamérica era, pero al correrse lo mismo decía que se venía o que se corría. ¡Y cómo se corría!

J tenía cara de ángel pero era una diablesa, una diablesa insaciable. Acabó de correrse, y le dio:

-¡Dame, dame, dame más!

El maduro le dio, pero la vuelta, y la puso encima de él. J le ató las manos a los barrotes de la cama sin quitar la polla de dentro de su coño. Al tenerlo a su merced, comenzó a cabalgarlo, y le dijo:

-¡Te voy a matar a polvos!

El maduro, le dijo:

-¿A qué no tienes coño a meterla en el culo?

Paró de follarlo, lo miró a los ojos, y le preguntó:

-¿Me estás retando?

-Sí.

Le volvió a preguntar:

-¡¿Me estás retando?!

-Sí, cobardica.

Sacó la polla del coño, le puso el culo en la boca, y le dijo:

-Engrásalo, maricón.

La cogió por las caderas y le folló el culo con la punta de la lengua. J se empezó a poner cachonda de más. Al ratito le puso el coño en la boca, y le dijo:

-Come, cerdo.

El maduro le comió el coño empapado, coño que siguió soltando más y más, y más jugos blanquecinos. J, cuando sintió que se iba a correr, le dijo:

-¡Qué bueno eres, carajo! Me encantaría despertar todas las mañanas encima de ti.

Lo cogió por las orejas, y tirando de ellas y moviendo las caderas alrededor y la pelvis de abajo a arriba, exclamó:

-¡¡¡Beeeeeeeeebe!!!

Y el maduro bebió, bebió el jugo calentito de una deliciosa corrida, mientras ella gemía y se sacudía con el placer que sentía.

La cosa no acabara… Lo besó para saborear los restos de sus jugos, y después le cogió la polla y la frotó alrededor de su ojete. La polla soltaba aguadilla y fue mojando el ojete. La primera vez que quiso meterla, metió a mitad de la cabeza y la quitó. Siguió frotando en la entrada del ojete, a la segunda vez metió casi toda la cabeza y a la tercera entró.

-¡Ya está! ¡Joder cómo me llena el culo!

Hizo cómo con la polla, la metió milímetro a milímetro… Iba por la mitad cuando el maduro se corrió dentro de su culo. La debió excitar porque empujó y empujó hasta que la metió hasta el fondo. Luego, con los ojos llorosos, le preguntó:

-¿Quién es una cobardica?

-Lo que eres es una fiera.

Estuvo largo rato con la polla dentro del culo besando al maduro. Después comenzó a follarlo, muy, muy despacito… Jugo lechoso iba saliendo de su coño gota a gota… Más tarde ya lo follaba con normalidad, y cuando apuró y el maduro se volvió a correr dentro de su culo, se corrió ella. Tuvo un orgasmo anal brutal. Tanto placer sintió que se desmayó. Al volver a abrir los ojos y ver al maduro vestido, le preguntó:

-¡¿Cómo te soltaste?!

-Práctica.

-¿Cuánto tiempo llevo dormida?

-Algo más de una hora.

-¿Qué hora es?

-Va camino de las dos.

Se levantó cómo si tuviera un muelle en su lindo culo.

-Tengo que volver al hotel o me va a matar.

-¿Quién?

El maduro le quiso dar cuatro billetes de 50 euros.

-Guárdalos, no soy una puta.

-Cómo quieras. ¿Quién dices que te va a matar?

No se lo dijo, calzando un zapato, le respondió:

-Bueno, a lo mejor algo de puta tengo.

La profesora no la mató, ni ella matara a polvos al maduro, pero pasara una mañana que nunca iba a olvidar.

J Y EL PADRE DE SU AMIGA

J estaba sola en casa aburrida en su habitación, sentada sobre la cama ojeaba una revista de famosos. Vestía unas bragas azules y una camiseta del mismo color, con las yemas del dedo pulgar y medio jugó con el pezón de su teta izquierda. Se quitó la camiseta y con las yemas de dos dedos de cada mano jugó con los dos pezones, se acostó sobre la almohada, metió la mano derecha dentro de las bragas y acarició su coño, con los dos dedos de la otra mano seguía jugando con el pezón erecto de su teta izquierda. Su respiración se fue acelerando a medida que aumentaba la velocidad del roce de sus dedos con su clítoris. Quitó las bragas. J se había dejado crecer los pelos que rodeaban su coño y tenía una buena mata. Con un solo dedo rozaba los labios, subía hasta el clítoris y hacía movimientos circulares sobre él. De su coño comenzaron a salir jugos blanquecinos y espesos muy lentamente que iban bajando y le mojaban el ojete. Metió dos dedos dentro del coño y lo masturbó un par de minutos, luego los sacó y los volvió a meter para seguir masturbándose. Sus gemidos ya eran ostensibles. Poco después quitaba los dedos, los volvía a meter en la boca y los chupó… Abrió el cajón de la mesita de noche y cogió un vibrador de plástico de color verde. Lo llevó a la boca y lo lamió y chupo. Después lo encendió y jugó con él en sus pezones… De los pezones lo puso sobre el capuchón del clítoris… Si quisiera ya se corría, pero cada vez que sentía que le venía, paraba, jugaba con él en los pezones y volvía a bajar. De su coño ya salieran tantos jugos que había una pequeña charca de ellos en la cama. Al final, no pudo aguanta más. Apagó el vibrador, cerró los ojos y lo metió en el coño, follándolo, decía:

-Dame más rápido y más fuerte -estaba pensando en el padre de una amiga-. Mas rápido y más fuerte -se daba caña ella misma con el vibrador. ¡Más… Más… Más… Más… ¡Qué pedazo de corrida voy a echar! ¡Qué…! ¡¡¡Me cooooorro!!!

Tuvo un orgasmo espectacular. Le temblaron las piernas, las tetas, hasta las orejas le temblaron con el placer que sintió.

Al acabar de correrse, miro al techo, y se dijo a si misma:

-Si no lo intentas nunca sabrás si le gustas.

Vistiendo una minifalda marrón, un top blanco y unas zapatillas de deporte sin calcetines, J, llamó al timbre de la puerta de una casa. Le abrió en bata de casa y zapatillas el padre de la amiga en el que estuviera pensando. Un hombre maduro, de pelo cano, delgado y alto, que le dijo:

-Pasa, bonita, pasa. Mi hija no está en casa pero enseguida vendrá.

J entró en la casa. Sabía que su amiga iba en la playa con su madre y que el padre, estaba solo en casa. Al engañarla diciendo que su hija llegaría pronto se confirmaron sus sospechas, le gustaba. Al llegar al salón se sentó en el tresillo, delante, sobre una mesa, había unas patatas fritas saladas y un par de cervezas.

J, que tenía el cabello corto y usaba gafas, agachó la cabeza, y trató de bajar la minifalda, pero era tan corta que no daba de si. El cuarentón, le preguntó:

-¿Quieres picar unas patatas?

J, se hizo la tímida, y sin levantar la cabeza, le respondió:

-No gracias.

-¿Y una cerveza?

-No, gracias

El cuarentón no quiso perder más el tiempo.

-¿Tienes novio?

-No.

-Será por que no quieres.

-Gracias.

Ya fue al grano. El tiempo apremiaba.

-Si te cuento un secreto me lo guardas.

-Sí.

-Me masturbo pensando en ti.

-Eso no está bien. Tiene a su esposa.

-Sí, pero ella no es un bombón cómo tú, ni despierta las pasiones que tú despiertas en mi.

Lo miró, vergonzosa, y le preguntó:

-¿Qué clase de pasiones?

-Bajas, sucias, muy sucias.

J, lo volvió a mirar.

-¿Cómo de bajas y sucias?

-Cuando me masturbo me pones sobe tus rodillas y me azotas las nalgas con las palmas de tus manos. Me pones tu culo en la boca y haces que te lo coma. Imagino que tus jugos son blancos cómo la leche…

J también sabía que el tiempo apremiaba.

-Lo son, son blancos cómo la leche.

El cuarentón se llevó un alegrón con sus palabras.

-¡¿De verdad?!

J, se levantó. El cuarentón, le dijo:

-¿Te vas?

-¡Lo que voy es a dejarte los ojos en blanco!

El cuarentón se dio cuenta de que la tímida era una zorrita de mucho cuidado. J se agachó delante de él, le quitó las zapatillas, le desabrochó la bata y le quitó los calzoncillos. La polla. Estaba baja. J se llevó una desilusión.

-¡Vaya birria!

-Chúpala ya verás que sorpresa te llevas.

La metió en la boca y después de media docena de mamadas la polla había aumentado diez veces de tamaño. La miró y le dijo:

-Esto ya es otra cosa.

Se levantó, se quitó el top y quedaron al aire dos tetas maravillosas, firmes y con bellas areolas y lindos pezones, se sentó en las rodillas del cuarentón, y con la verga subiendo por su barriguita, le dijo:

-A ver que sabes hacer, perro.

El cuarentón comía las tetas de maravilla. Amasaba, lamía, besaba, chupaba, mordía… Cuando acabó con ellas ya J estaba empapada.

La muchacha se sentó en el sillón, y le dijo:

-Ven aquí que te voy a poner el culo negro, masoca.

El cuarentón se quitó la bata y los boxers y después se echó sobre las rodillas de la muchacha. Pensó que le iba a azotar el culo con sus pequeñas y finas manos cuyas uñas estaban pintadas de negro, pero J cogió una de las zapatillas y le dio a romper.

-¡¡¡Plasssssss, plasssssssss. plasssssss, plasssssss!!!

Al cuarentón le dolió.

-Cabrona.

-¡Cabrón, tú! Un cabrón con pelos en el culo. ¡Pareces un mono!

-Que puta me saliste, carameilto.

-¡¡Plasssssss, plasssssss, plasssssss. plasssssss!!

J se había calentado una cosa mala.

-¡Puta, a secas! Lo de caramelito sobra.

-¡¡Plassssssss, plassssssss, plassssssss, plasssssss!!

El cuarentón, iba a imponer su ley, momentáneamente.

-¡Ahora verás, puta!

Se levantó, le quitó la zapatilla, la cogió en alto en peso, le mamó las tetas, le mordió los pezones y después le puso la polla delante del coño por encima de las bragas mojadas. La muchacha apartó las bragas para un lado y la polla entró a tope en su coño. Al ratito la polla entraba y salía del coño pintada de blanco. Tenía el coño empapado. Con sus brazos rodeando el cuello del cuarentón, lo besó y le dijo:

-¿Quieres ver mi cara al correrme?

-Si.

-Fóllame con fuerza.

El cuarentón la folló a lo bestia, y apurando cada vez más.

A j se le fueron cerrando los ojos, y al correrse, le dijo:

-Mira cómo se corre una mujer de verdad. ¡Ohhhhhhhh!

J, jadeando y temblando, le duchó la polla con sus jugos. El cuarentón, sintiendo el coño de la muchacha apretar su polla, la sacó y se corrió en la entrada del ojete.

J se separó de él, le echó la mano a la cerveza, la abrió, le echó un trago, y el cuarentón, que ya se sentara en el tresillo, le dijo:

-Eres un ángel con tetas.

-Ni ángel con tetas ni hostias. Soy muy puta y muy mala. ¿Tu mujer te deja que se la metas en el culo?

-¡Ay va! Pues sí que eres muy mala.

Le echó otro trago a la cerveza.

-Y muy puta. ¿Tú mujer te deja no?

-No.

-¿Quieres follarme el culo?

-Sí.

J se quitó la minifalda y las bragas, y le dijo:

-Siéntate en la alfombra que vas a probar mi manguera.

-¿Tu qué?

-¡Siéntate y cierra el buzón!

El cuarentón se sentó en la alfombra, la muchacha, al estar a su lado, comenzó a mear por él. El cuarentón se excitó y abrió la boca para que el meo salado se la llenase. Al acabar de mear, la alfombra y el cuarentón estaban perdidos.

J fue a su lado y le puso el coño en la boca. El cuarentón lamió, besó y chupó cada rincón del coño. Luego le dio el culo y se lo devoró, literal, ya que le metía mordiscos en las preciosas nalgas cuando no le lamía o le follaba el ojete con la lengua.

J era la dueña y señora de la situación, y esto le gustaba y la excitaba, pero iba a escoger una posición en la que todo iba a cambiar.

Se puso a cuatro patas, y le dijo:

-Dame lo mío, maricón.

¡Y vaya si se lo dio!

Cogió una zapatilla, que estaba mojada de meo, y con su piso de goma negra, le dio:

-¡Plasssssssss -¡aaaaaaaaay!plassssssss, ¡aaaaaaaaay! plasssssss, ¡aaaaaaaay!plasssss, ¡aaaaaay!

-¿Era esto lo que querías, zorra?

-¡No, maricón, quería que me rompieras el culo.

-¿Y qué crees que estoy haciendo?

-¡Plassss!

-Pídeme que pare.

-Sigué, sádico, sigue que sé que te gusta.

-Lo que me gustaría es apretarte los pezones hasta que chillases.

-¿Y quién te lo impide, pervertido?

-No me gusta que me llamen pervertido.

-¡Pues te jodes! Si follas conmigo te voy a llamar cómo me salga del coño.

Se dio la vuelta. El cuarentón le cogió los pezones, La muchacha le cogió a él los huevos, y sonriendo, le dijo:

-Aprieta, guapo, aprieta, si tienes lo que hay que tener.

Le apretó los pezones, suavecito. La muchacha le acarició los huevos, a medida que iba apretando, los pezones su mano se cerraba sobre los huevos. El cuarentón era masoquista. Le apretó los pezones con fuerza. La muchacha apretó los huevos y el cuarentón aulló cómo un lobo.

-¡Auuuuuuuuuuu!

Al soltárselos se lanzó sobre ella y se la metió hasta las trancas. Le comió la boca y la folló cómo un perro, moviendo el culo a mil por hora. J ni un minuto tardó en correrse. Con el placer que sintió le metió un mordisco en el cuello que ni Drácula se lo metería mejor, pues acabó siendo un chupón

Al acabar de correrse, le dijo:

-Dámela a chupar, por favor. Necesito calmar mi sed.

El cuarentón le dio la verga a mamar. J saboreó sus jugos y lo que vino a continuación, una corrida que le llenó la boca, y de la que no desperdició ni una gota, se la tragó todita.

Sin descansar, le dijo el cuarentón:

-¡Date la vuelta, perra!

J le miró para la flácida polla, se dio a vuelta, y le dijo:

-El culo tiene que esperar.

Al volver a darse la vuelta J, la volvió a coger por las tetas y se la fue metiendo. Estaba blanda y se tuvo que ayudar con la mano, pero una vez dentro hinchó cómo un globo, y la empezó a follar con fuertes embestidas. Le dijo:

-¡Te voy a reventar!

J estaba crecida.

-¡A ver quién revienta a quién, marica de playa!

J comenzó a follarlo moviendo el culo para atrás y para delante, hasta que le dijo el cuarentón:

-¡Para, linda, para que me corro!

¡Y una mierda! J se empezó a correr. El cuarentón la sacó y se la puso en el ojete. Al correrse J el ojete se abría y se cerraba… La polla entró cómo un supositorio gigante. J tuvo dos orgasmos seguidos. El segundo se produjo cuando le pararon los temblores, y con ellos el placer del primero… Le vino al girar la cabeza y ver al cuarentón con los ojos en blanco mientras le llenaba el culo de leche.

Al acabar se vistieron, no fuera a ser que llegaran de improviso la mujer y la hija del cuarentón.

Quique.

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