Noche de caza -relatos xxx

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Estaba caliente, muy caliente. Mis pechos amenazaban con romper la camisa y mis bragas nadaban en un mar de humedades. Ni la ducha de agua fría me quitó la calentura. Necesitaba una polla, así, sin más, la necesitaba urgente.

Las pilas del vibrador se habían acabado y ya no consolaba tanto como al principio de tenerlo. Necesitaba urgentemente sentir una carne dura y gruesa abrirme en dos.

Mi novio se había largado hacía más de un mes con mi mejor amiga, que les vaya bonito, y después de unas semanas recondenadamente horrorosas para mí, mi cuerpo me pedía fiesta, pero fiesta de verdad. Nada de besuqueos tontos a sobes en el asiento trasero de un coche. Necesitaba sexo como el comer.

Me debatía entre la nostalgia, la rabia y el deseo, pero creo que, al final, pudo más el deseo que otra cosa.

Así que esa tarde me decidí a salir, buscaba guerra.

Me pinte como nunca, quería estar sexi, radiante, muy atractiva. Se que estoy muy buena a mis 18, no ando sobrada de falsa modestia. Mis tetas eran firmes y apetecibles, mi culo respingón y en su sitio. Los muslos torneados y suaves, mis caderas apetecibles de atrapar y de cara tampoco estaba mal. Ojos azules, melenita rubia, de labios gruesos y “mordibles”.

Vamos un bombón. Lo sé, no tengo abuela, ni falta que me hace, tengo espejo.

Busque en el armario mi ropa interior más sexi, braguitas burdeos a juego con el sujetador, caladitas y dejando mis cachetes al aire. Una falda lo suficientemente corta como para mostrar quizás más de lo que debiera, pero ¿a quién le importa lo que miren?, una camisa ajustadilla, marcando tetas, como debe de ser, los botones desabrochados lo justo para que se viese el sujetador.

Me maquille a conciencia, más parecía un fin de año que un viernes normal. Quería eclipsar a posibles rivales.

Y así vestida cogí mi bolso, las llaves del coche y salí a la calle.

Nada más pisar la acera el portero casi se estrella contra la puerta semiabierta. Me murmuro unas buenas tardes balbuceantes mientras me comía con la mirada, pobre hombre, a saber, lo que tenía en casa…Le guiñe pícaramente un ojo mientras oscilaba mi “culamen” de un lado a otro al caminar.

Abrí el coche y tomé rumbo a la macro disco que aquel verano habían abierto nueva cerca de la playa. Una discotecaza. Me las prometía felices.

Aparqué donde pude, no muy lejos pero ya desde allí podía ver la cola de gente en la entrada. Un último vistazo al maquillaje en el retrovisor, separé un poco los bordes de la camisa y salí del coche.

Un intenso olor a gases de coches mezclado con ese olor a marea baja me hizo amohinar un poco la cara. Nunca me gusto el olor a tubo de escape y menos aún como olía una playa cuando la marea estaba baja.

Decididamente camine hacia la multitud. Unos chicos jóvenes que pasaban se volvieron a mirar mi culo y exclamaban algo que no entendí, me daba igual, que sufriesen.

Me puse al final de la cola y encendí un cigarrillo mientras aquello caminaba. Note miradas de deseo y de celos clavadas en mí. Estaba triunfando y me divertía.

Me tocó pasar. La música era estridente, pero me gustaba. Me dirigí a la barra y, a gritos, pedí un gin-tonic especial. Toni, que así se llamaba el camarero me conocía desde hacía tiempo y sabia como preparármelo. Casi me grito al odio que me encontraba espectacular esa noche. Le sonreí mientras le guiñaba un ojo y le mandaba un beso.

No tardó mucho en prepararlo. Pagué y me acerqué al borde de una de las pistas.

Aún era temprano y eran más los chiquillos quinceañeros que otra cosa lo que pululaba por allí. No tenía prisa. La noche estaba empezando.

Me mecí un poco al compás de la música y aguanté la risa cuando uno de aquellos chavalillos me invito a bailar con él. “Mi hijo, contigo no tendría ni para empezar” pensé para mi mientras le decía no con la cabeza.

Pase un ratito allí valorando el ganado que había, pero no vi nada que mereciese la pena. Apure la copa y volví a la barra en busca de otra. Me senté en uno de los altos taburetes que había y mi falda se subió casi hasta dejar al descubierto el principio de mis cachetes. Apoyada en el reposapiés me levante un poco y la baje.

Toni se dirigió a mí con una copa ya preparada en la mano.

-Te invita el señor de la punta de la barra- dijo mientras señaba hacia el extremo de esta.

Mire hacia allí y un chico de unos 30 años levantaba su copa en señal de brindis. Le sonreí y acepté la copa haciendo un brindis en la lejanía con él. Toni me guiño un ojo y siguió atendiendo al personal.

Como suponía no tardó mucho en acercarse hasta mí. “otro baboso de barra, bueno, mientras page las copas…” pensé mientras lo vi acercarse por el rabillo del ojo.

-Hola, soy Juan, no te he visto nunca por aquí- Dijo casi gritando tendiéndome una mano.

-Hola-Dije volteándome en el taburete hacia él mientras tomaba su mano con la mía- Gracias por la copa. No, nunca antes había venido. Soy Nuria, aunque todos me llaman Nuri.

-Pues hola Nuri. ¿Como estas? Chica me has llamado la atención desde que entraste. ¿has venido sola o esperas a alguien?

-No, vine sola, necesitaba algo de aire esta noche. Ya sabes, demasiados estudios.

– Ah, ¿estudias? Qué bueno ¿el que?

-Hago derecho-

-Wau, derecho, eso es duro. Brindo por ti. – Contesto alzando su copa en el aire.

-Gracias-le sonreí- ¿Y tú? ¿estás solo o esperas a alguien? –

-Bueno, ahora si estoy solo, digo ahora porque vine con un amigo, pero lo llamó su mujer y tuvo que salir por pies…el pobre, la que le espera – y soltó una sonrisa preciosa y divertida.

Rei divertida imaginándome la escena. Mientras todo esto ocurría estaba chequeándolo de arriba abajo. Camisa impolutamente blanca, pantalón de tergal, cinturón a juegos con los zapatos, un moreno ideal, pelo bien cortado. No era feo, su cara era un tanto divertida, apariencia de niño travieso y hombre adulto a la vez. Aunque lo que me atrajo de él fue su olor, un perfume dulce y penetrante que me encantó. Parecía tener un buen físico, sus brazos fuertes. No le veía el culo porque estaba de frente a mí, ya habría ocasión si la cosa seguía adelante.

Di otro trago a mi copa y vi como su mirada se paseaba por mi cuerpo. Él también estaba admirando “la mercancía”. Creo que ya había decidido yo que mi presa estaba en el saco. Aprete mis muslos uno contra otro y sentí una pulsación allí donde se juntan.

-Dime, ¿Estas casado o tienes pareja tu? -Le espete

-Ni una ni otra, separado, mi ex decidió cambiarme por otro- Vaya, como yo…pensé sin decirlo.

-Que lastima, lo siento-trate de sonar comprensiva y cercana.

-No, no lo sientas. Aquello no funcionaba, no estábamos bien, mejor así. Créeme, no lo lamente mucho, casi hasta me alegre. Pero dejemos de hablar de esas cosas tristes y pasadas. ¿Bailas?

-Uf, no, gracias-sonreí- Por ahora en la pista solo hay chiquillos y no me siento cómoda entre ellos. Quizás después-Decline la invitación amablemente.

-Como quieras. ¿Otra copa entonces?

-Vale, eso sí, estoy seca hoy. -Dije acercándome a su oído tratando de hacerme oír sobre la música, pero también inclinándome lo justo para que su vista se paseara por mi camisa abierta. Cosa que hizo disimuladamente. -Toni, por favor, pon otras dos cuando puedas-Casi le grite al camarero.

– ¿Pero no me has dicho que no habías venido nunca? Pregunte extrañado Juan separándose un poco de mí.

-Y así es… ¿por?

-Bueno, veo que conoces al camarero y….

-Ah, es que Toni y yo nos conocemos desde pequeños, incluso hubo un tiempo en que salimos juntos, pero lo dejamos, cada uno tomo un camino distinto. Es un buen tío, muy divertido pero muy loco. Lo quiero muchísimo.

-Ah, vale, perdón-Contesto un poco arrepentido de haber puesto en duda mi palabra.

Toni se acercó con dos copas más en la mano, retiro los vasos vacíos y limpio un poco la barra antes de ponerlos delante de nosotros dedicándome un guiño pícaro y divertido. Se lo devolvía junto a mi mejor sonrisa.

-Tómatelo despacio que la noche es joven- Bromeo Toni

-Gracias Toni, así lo hare-Conteste sonriendo de nuevo.

Me volví hacia Juan justo en el momento en que su mirada paseaba por mis piernas. Yo ya estaba lanzadilla y le pregunte

– ¿Qué? ¿Te gusta lo que ves? -dije mientras entreabría un poco las piernas para su deleite

-Coño, claro que me gusta. Chica, estas tremenda, con perdón. – Me contesto sin cortarse un pelo. Creo que me ruborice un poco, no esperaba ese contraataque.

Le sonreí y hundí mi rubor en la copa mientras bebía. Él se reclino en la barra un poco, no era una posición chulesca, yo creo que era estudiada, su codo rozaba mi brazo y su cara quedaba a la altura de la mía. Una nueva contracción en lo más profundo de mi entrepierna me recorrió al sentir de nuevo aquel perfume. Creo que tengo un fetiche con eso, me encanta el olor de los perfumes de hombres, no todos, solo algunos, pero me ponen muchísimo, y este me ponía….

Mire distraídamente hacia la pista de baile más cercana. Las luces de colores, los efectos de láser, toda esa parafernalia que da vida a estos sitios. El dj. animaba a bailar desde su nido allí en lo alto. La música casi atronaba mis oídos.

Sentí en mi brazo la presión de una mano. Juan me había dicho algo, pero no lo había oído.

-Perdón, no te escuche, ¿decías algo? -Casi grite en su oído.

-Si, te decía ¿si te apetecía cenar algo? -Creo que mi estomago capto el mensaje antes que yo y se quejó un poco al escuchar aquellas palabras. No había tomado nada desde el mediodía y me apetecía salir de allí. Además, mis planes se adelantaban en acontecimientos. Acepte de buen gusto. Lo vi pagar las consumiciones. Le mande un beso a Toni mientras, apoyada en el hombro de Juan, trataba de bajarme del taburete lo más dignamente posible y evitando que mi falda se subiera hasta mi cintura.

Lo tome del brazo y salimos a la calle. Una vez allí saque un cigarrillo de mi bolso. Me apetecía uno después de tanto rato sin fumar. Juan hizo otro tanto. Me tomo de la cintura y caminamos calle abajo.

– ¿Tienes coche o vamos en el mío? -Me pregunto- Lo tengo aparcado tres o cuatro calles más allá.

-Mejor en el mío que está aquí al lado-Conteste tirando de él hacia mí. Mi cadera se rozó contra su cadera y su mano apretó un poco mi cintura, insinuante. El calentón subía en mí.

-Perfecto, tu conduces, pero luego me traes hasta el mío ¿eh? -Bromeo a mi oído.

Una vez en el coche el me dirigió hasta llegar a un pequeño restaurante que él conocía y yo nunca había visitado. Un lugar tranquilo y agradable. Tomados de la cintura entramos allí.

Durante la cena me conto de su trabajo. Era coaching, según Juan, un aburrido trabajo de aconsejar y apoyo personal. Vamos, un asesor básicamente. Se ganaba muy bien, pero a veces era agotador. Por eso se escapaba de vez en cuando a alguna discoteca o lugares así.

Entre plato y plato dimos cuenta de dos botellas de vino tinto que él sugirió. Estaba bueno, se dejaba beber bien. Para cuando llegaron los postres ya estábamos hablando de ciertas intimidades y confesiones. Resultaba divertido. El alcohol hacia sus efectos. Su silla, pegada a la mía le permitía poner su mano sobre mi rodilla bajo la mesa y acariciarla como distraídamente. Reímos por un rato, pidió la cuenta que pago con tarjeta visa y salimos de allí.

– ¿Dónde vamos ahora?-pregunto

-Yo te llevo

-Vale, pero ¿Dónde?

-La última copa en mi casa-musite a su oído mientras le guiñaba un ojo y le daba un pico en los labios. Sonrió pícaramente, me tomo de la cintura y exclamo

-Tu mandas capitana. Dónde me quieras llevar.

Subimos al coche de nuevo y salí disparada por calles casi desiertas. Por el camino aproveche el cambio de marchas para dejar mi mano sobre tu pierna, la note musculosa, él hizo otro tanto colocando la suya sobre mi pierna desnuda, a medio muslo.

“Eres mío pichón” me dije para mis adentros mientras notaba su mano subir por mi pierna justo hasta donde se juntaban mis muslos que se abrieron levemente para dejarle paso, pero impidiéndole llegar a mis braguitas húmedas.

En poco rato estaba aparcando. Cerré el coche y lo rodeé hasta llegar a la acera donde estaba él esperando mis indicaciones. Lo tome de la cintura y tire de él hacia el portal.

En el ascensor nos dimos un beso apasionado, mi pecho se clavó en el suyo y sus manos reptaban rápidas por mi espalda hasta el principio de mi culo. Por un momento note una dureza tibia chocar contra mi muslo…¡¡¡dios, como me estaba poniendo!!!.

Saque las llaves de casa y abrí la puerta, le invite a entrar. Encendí la luz y lo llevé hasta el salón, amplio y moderno. Le empuje hasta dejarlo sentado en el sofá. Yo, de pie, me dirigí hasta el equipo de música. Seleccione música tranquila. Fui hasta la cocina y extraje del congelador unos cubitos de hielo, corte algo de limón, dos tónicas, y con todo ello en una bandeja volví al salón. Del mueble bar saqué una botella de ginebra que también puse en la bandeja.

Me acerque hasta la mesa de cristal baja delante del sofá. Me incline a conciencia para preparar las dos copas. Mi blusa dejaba ver perfectamente mis pechos bajo ella, solo sujetos por el sujetador. Lo hice lentamente, dejando que su mirada me devorara mientras lo hacía. Sus ojos casi se salían de las orbitas.

Le pasé una y permanecí en pie. Comencé a mecerme al ritmo de la música mientras daba un trago a mi copa. La deje sobre la mesa y comencé a exagerar mis movimientos antes su cara.

Él permanecía quieto, como hipnotizado. Su pantalón hacía rato que demostraba como estaba de caliente. “no sabes dónde te has metido querido” me dije para mis adentros mientras comenzaba a desabrochar uno a uno los botones de mi blusa. Sin prisas, sin dejar de bailar. La deje resbalar por mis hombros hasta dejar mis pechos bailar solo tapados por el encaje del sujetador. Lo vi tragar saliva.

Me gire sobre los talones para darle la espalda mientras bajaba la cremallera de la falda. Tire de ella hacia abajo y mi culo quedo al descubierto. La braguita bien metida en la raja y mis cachetes apetecibles ondeando ante su cara. Lo vi acomodarse el paquete casi disimuladamente.

Me gire de nuevo mientras pasaba mis manos a mi espalda y desabrochaba el sujetador. Lentamente, sin prisas, deje caer los tirantes por mis brazos sin mostrar mis pechos aun, sujetas las copas por mis propias manos. Poco a poco los dejé libres, y mis pezones irrumpieron en la escena devorados por aquellos ojos. Los masajee dulcemente mientras dejaba escapar un leve gemido.

Mis caderas no dejaban de mecerse mientras acerque mis manos a mis caderas y metí mis dedos bajo mis braguitas, insinué tirar de ellas hacia abajo, pero, en el último momento cambie la dirección de mi mano derecha y la hundí bajo la tela hasta llegar a mi pubis. Jugué un poco con mi ricitos perfectamente recortados y cuidados. Bajé un poco y un gemido se me escapo involuntariamente cuando roce mi clítoris.

La música no paraba y yo seguía allí, de pie, sintiéndome devorada, caliente, provocativa hasta el paroxismo.

Me gire de nuevo y esta vez mis manos tiraron de mis braguitas hasta dejarlas a mis pies. Mi culo quedo expuesto a su mirada, con mis manos masajee primero un glúteo y después el otro, tire un poco de ellos hacia los lados dejando ver mis intimidades. Di la vuelta mientras una mano subía hasta mi pecho y la otra se hundía un poco entre mis muslos.

“No te vas a olvidar nunca de esta noche nene”, pensé para mi mientras me acercaba hasta poner mi pubis a la altura de su cara. No dudó un momento, sus manos se hicieron dueñas de mi culo mientras hundía su boca en mis rizos. Gemí al contacto de su lengua en mi coño húmedo. Lo deje hacer mientras con mis manos torturaba mis pezones erectos y los gemidos se acumulaban en mi garganta. Su lengua alcanzo mi clítoris y mis caderas se dispararon hacia adelante mientras una mano lo empujaba contra mi humedad. Gemí más profundamente.

Lo deje hacer por un rato, pero de pronto me separe de él, sin brusquedad, pero firmemente. Se quedo allí, mirándome incrédulo y expectante.

-Tranquilo-Musite.

Me di la vuelta y fui a buscar unos cigarrillos al bolso. Me mire al espejo del salón cuando pase frente a él “que zorra eres cariño” me sonreí para mí. Saque dos cigarrillos y un encendedor. Volví a la mesa, lasciva, provocante, insinuante. Encendí uno y lo puse en sus labios, a continuación, encendí el otro y tomé mi copa, dándole un largo trago hasta casi acabar con ella.

Me agache frente a él, entre sus piernas, subí mis manos hasta sus hombros y le empuje hacia atrás, tome los botones de la camisa y los fui abriendo despacio mientras apoyaba mis codos en sus muslos. Su pecho desnudo quedo frente a mi cara, depilado, con dos pezones sonrosados que me apetecía tomar entre mis dientes. Me acerqué a ellos, los roce con mi lengua, primero uno, después el otro, dejando un rastro de saliva por su pecho, los hundí en mi boca y mis dientes entraron en acción, los mordí delicadamente y esta vez fue su garganta la que exhaló un gemido. Seguí a lo mío, saltando de uno a otro pezón mientras mis manos trasteaban en su cinturón, su botón del pantalón y, por último, aquella endiablada cremallera que me separaba de mi premio.

La bajé, ansiosa, pero sin prisa. Llevé mis manos a su cintura y arrastre los pantalones hacia abajo, me lleve por delante zapatos y calcetines, solo los bóxer negros, a punto de estallar por la presión, quedaban sobre aquel cuerpo deseado.

Posé mi mano sobre el imponente bulto y sentí un grosor tibio y duro sobre mi palma. Mire hacia arriba, a sus ojos, estaban cerrados mientras le daba una calada al cigarrillo, como si no fuese con él el tema, pero lo estaba disfrutando, su media sonrisa lo delataba.

Baje mi mano hasta notar las redondeces de sus huevos, duros, apretados en su bolsa, casi flotando en su interior. Los amase dulcemente. Me entretuve un ratito allí, subiendo arriba y abajo mi mano, sintiendo aquella cabeza a través de la tela. Una manchita húmeda se mostraba a la altura de su glande. Me mordí el labio de nuevo mientras bajaba los bóxer liberando aquella cosa grande y congestionada que salto de detrás de la tela.

A media pierna quedaron porque mi mano se apresuró a tomarla entre sus dedos, subí y baje aquella piel haciendo desaparecer el glande entre mis dedos. Me fascinaba que estuviese depilado.

Arrastre los bóxer hasta sacárselos y agáchate la cabeza hasta sentir el calor que desprendía junto a mi boca. La abrí. Mi lengua entro al juego. Aquel sabor salado a semen me volvía loca. Lo quería. Quería sentirlo estallar en mi boca, en mis pechos, en mi coño. La quería, pero tenía que esperar.

La metí casi hasta mi garganta despacio, la sentí latir contra mi paladar. Escuché un gemido que me pareció lejano, aun así, alce mis ojos para enfrentarse a los suyos, se que ver mi cara congestionada lo ponía, le aguante la mirada mientras me la metía un poco más. Una pequeña arcada me dijo que había tocado fondo, la saque bien cubierta de saliva, aspire aire profundamente antes de volver a metérmela hasta el mismo sitio. Lo volví a mirar y ahora su cabeza estaba inclinada hacia atrás, sus caderas comenzaron a balancearse alertándome.

Me la saqué de repente. Me puse en pie delante de él. “Tranquilo fiera, aun no” me dije

mirándolo de nuevo a los ojos. Me devolvió la mirada y trato de cogerme por la cintura. Resistí. Sonreí.

– ¿Otra copa? Dije mientras caminaba hacia la cocina llevándome la bandeja de las bebidas.ni esperé su respuesta.

Mas hielo, el otro se había fundido, unos trozos de limón, unas tónicas y volví con mi carga hasta el salón donde él esperaba. Puse la bandeja sobre la mesa dejando que mis pechos bailaran a centímetros de su rostro. Preparé el combinado.

Me puse erguida y pregunté.

– ¿Desea algo más el señor?-mientras colocaba mis manos a la espalda con una postura de sirvienta servil.

-Pues sí, te has portado mal y creo que mereces un castigo- Dijo cogiéndome de la cintura y haciéndome caer bocabajo sobre sus piernas, dejando mi culo bien expuesto. No podía creérmelo, ahora mandaba él en mi juego…pero seguí jugando.

Mi cuerpo se estremeció entero cuando sentí una fuerte nalgada golpearme. Se me escapo un gritito, pero aguante el tipo. Al fin y al cabo, yo había propuesto jugar.

Su mano se quedó quieta, acariciando casi cariñosamente la parte golpeada, amortiguando el dolor. Noté el peso de su pecho sobre mi espalda cuando se inclinó hasta la mesa para coger su copa. Me quede quieta y a la expectativa. Escuche como tragaba. Noté de nuevo su peso sobre mi cuando devolvió a copa a su sitio y llego de nuevo. Mi cachete tembló entero y, esta vez, mi grito fue de auténtico dolor. Quise girarme y protestar, pero de nuevo su mano calmo el dolor con suaves pasadas. Pero no se quedó quieta, se paseó de un lado a otro de mi culo, se insinuó en mi raja, un dedo resbalo por ella hasta rozar mi ano y después mi coño. Cerré los ojos. Respiré profundo. Asumí mi rol en el juego.

Aún estaba recuperándome del dolor cuando sentí que algo frio se paseaba por mis glúteos, era hielo, sacado directamente de su boca, me calmo la comezón del cachete, casi lo agradecí. Pero no lo mantuvo quieto mucho rato, comenzó a pasearlo a todo lo largo y ancho de mi culo. Sentí como una mano abría mis cachetes, el agua me resbalo entre ellos perdiéndose en mi hendidura. El shok del frio en mi coño me dejo congelada, y nunca mejor dicho. Un estremecimiento extraño me recorrió cuando note como resbalaba el hielo entre mis glúteos, despacio, poco a poco, se acerco a mi ano, trate de cerrarlos, pero aquella mano lo impidió. Estuvo allí hasta que empecé a sentir dolor, después siguió su camino. Se adentro entre mis muslos hasta llegar a las puertas de mi vagina. Paseo alrededor de ella, sobre los labios, muy cerca de mi clítoris. A cada pasaba mi boca no podía reprimir un gemido. Llego a mi clítoris y creo que entre en éxtasis. El frio me inundo creando una rarísima sensación de calor y frio al mismo tiempo. Traté de cerrar mis piernas, pero no pude. Continuo allí parado por un buen rato, hasta que deje de sentir mi propio clítoris. El dolor era intenso, pero, al mismo tiempo, era un dolor placentero.

Lo separó de mí, escuché como golpeaba la bandeja de bebidas. Me cogió de las caderas y me giro hacia él. Me quede allí quieta, inerte, como ida. Sus manos se posaron sobre mis pechos, los amasaron despacio, apretó mis pezones con dulzura, mis caderas comenzaron a balancearse poco a poco.

De alguna forma se salió de debajo de mí, separo mis piernas y se coloco de rodillas. El infierno se desato en mi vientre cuando su lengua se posó sobre mi clítoris y el calor choco con el frio que aun mantenía. Mi cuerpo salto sobre sí mismo. Pensé que me moría.

Siguió allí, como pegado, pasando otra vez su lengua caliente sobre mi coño, arrancándome gemidos, haciendo que todo diese vueltas en mi interior. Mi cabeza iba de un lado a otro, mis manos trataron de alcanzar su cabeza, pero las suyas las sujetaron a mis costados. Siguió dándome lengua una y otra vez, se hizo camino entre mis labios hasta alcanzar la entrada de mi vientre. Continuó su camino hasta llegar a mi ano, lo rodeo varias veces antes de introducir la punta de su lengua en mí. Me moría. Un dedo se hizo cargo del cuando la lengua se retiró. Ahondó un poco, creo que hasta la primera falange. El sexo anal no era nuevo para mí, pero de aquella manera jamás.

Mientras su dedo me taladraba su lengua desando el camino hasta mi clítoris, caracoleó sobre él, pequeños orgasmos me golpeaban una y otra vez. El frio se había ido y mis fluidos corrían por su barbilla.

Esta vez sí dejó que mis manos tomaron su nuca aplastándolo contra mí. Mis piernas se abrieron como queriendo partirme en dos. Lo quería justo allí, así. Temblaba entera mientras un placer inconmensurable me arrasaba por dentro. Subía por mi columna vertebral hasta estallar en mi cerebro, en mi garganta. Mis caderas tenían vida propia chocando contra su cara una y otra vez.

Y, de pronto, paro.¡¡¡PARO!!!, NO, AHORA NO, NO SEAS CABRON, NO ME DEJES ASI…..

Pero lo hizo. Me dejo boqueando como pez fuera del agua. Retiró mis propias manos de mi entrepierna que buscaban arrastrarme al orgasmo, lo impido.

Tomándome de los tobillos me hizo girar sobre mí, flexiono mis rodillas hasta dejar mi culo bien expuesto. De nuevo un grito de dolor escapo de mi boca cuando me penetro hasta lo más hondo de mí, sin previo aviso, si roces, sin compasión.

Note su polla dura entrar una y otra vez hasta rozar la boca de mi estómago. Creí que me partiría en dos. Sus manos me mantenían firme apretadas en mis caderas o amasando mi culo. Jugaban a insinuarse en mi ano, subían hasta atraparme un pezón y retorcerlo sin piedad.

El dolor fue dando paso al placer. Mi coño se acomodó a aquel trozo de carne que jugaba a romperlo.

-Si cabron, Follame, lléname de polla, inúndame con tu leche. La quiero sentir en mí.

Conseguí gritarle mientras me incrustaba yo misma su polla. Él no aflojo el ritmo, al contrario, lo aumento. Sus muslos golpeaban mis glúteos como aplaudiendo su trabajo. Parecía una muñeca en sus manos, me manejaba a su antojo…y me encantaba.

El volcán comenzó a fraguarse en mis entrañas, note como iba inundando mi ser hasta estallar en mí. Grite como una posesas, temblé, blasfemé, le insulte mientras me corría como colegiala en celo. Mi cabeza estallo en un millón de luces extrañas, creo que perdí un poco la conciencia. Así de fuerte fue. Por un rato siguió bombeando en mi interior, provocando nuevas convulsiones en mi cuerpo a cada empellón. Me notaba saciada.

Lentamente saco su miembro de mi y me dio un beso en la espalda. Yo permanecía con la cabeza vuelta hacia el sofá, ida, seminconsciente, incapaz de mover un solo dedo.

Sentí que tomaba un trago y encendía un cigarrillo. Acerco la boquilla a mis labios y el humo calmo un poco mis temblores, pero seguía sin reaccionar.

Giró mi cabeza con sus manos y esta vez no fue la boca de un cigarrillo lo que puso en mis labios. Su enorme pene golpeaba a las puertas de mi boca. Sin abrir los ojos lo deje llenármela de carne caliente, sabía que él aún no se había corrido. Noté su glande rozar una y otra vez mi paladar, sin prisas, nunca tenia prisas. Una mano acariciaba mi pecho, suavemente, rozando mi pezón o recorría mi espalda justo hasta donde empezaba mi culo.

La sacó de mi boca y note de nueva el tacto del cigarrillo junto a mis labios, volvía aspirar. Dejó que el humo entrase en mí y saliese chocando contra su pene erecto. De nuevo su calor en mis labios.

Pero esta vez abrí la boca con ganas, mis fuerzas volvían a mí. Con mi mano tomé su tronco venoso y dirigí su glande a mi garganta, mi cabeza comenzó a oscilar adelante y atrás. Mi saliva corría por la comisura de mis labios hasta llegar al tapizado sofá. Sus bolas casi golpeaban mi barbilla, su culo oscilaba también al compás de mi mamada.

Me fui calentando de nuevo. Aquella polla parecía darme vida. La sentía resbalar sobre mi lengua, me sabia a gloria. Mi mano resbalo por mi cadera hasta llegar a mi sexo que ya estaba de nuevo húmedo y receptivo. Anduve con la yema de mis dedos un camino que sabia muy bien donde llegaba. Sabia que él me estaba mirando y me puso más cachonda aún.

Separe un poco mis piernas para poder jugar libremente con mis dedos sobre mi clítoris o ahondar un poco mi carne húmeda. Mientras seguía sintiendo el latir de aquel miembro en mi boca. Lo saque un momento para tomar aire, lo mire a la cara y sus ojos parecían hipnotizados mirando mi mano ir y venir en mi coño. Sonreí antes de volver a tragármela hasta las amígdalas. Mi mano aumento el ritmo. “al fin serás mío” me dije tratando de llevar aquel trozo de carne un poco más allá.

Mi otra mano subía y bajaba la piel de su polla casi agresivamente mientras mi lengua jugaba en la punta de su verga. Quería leche y la quería ya. La agité como se hace con un bote de cátchup, La hundí en mi boca una y otra vez mientras atormentaba mi propio clítoris. Sólo la saque para pedirle que se corriera en mi boca. Casi se lo implore, demasiado tiempo sin probar un hombre.

Note como se tensaba su espalda, sus caderas perdían el control, su mano apretó fuerte mi pecho y una oleada de semen salado y caliente resbalo por mi garganta hasta mi estómago. Estalló como un geiser en mi boca, colmándola, desbordándola, haciéndome toser mientras yo misma llegaba al clímax con mi mano.

Cayo sobre el respaldo del sofá sin sacar su polla de mi boca que seguía lamiendo aquel glande sonrojado. Lo sentí ir calmándose. Suavemente la saco y algo de su semen resbalo por mi mejilla. Estábamos agotados.

Cuando pudo reaccionar se quitó de encima de mí. Se agacho para darme un beso húmedo y profundo, metiendo su lengua hasta la campanilla, jugando con mi lengua que aun sabia a su propio semen.

Se puso en pie como pudo, lo vi caminar hacia la cocina, esta vez fue él el que preparo las dos últimas copas.

Me paso un cigarrillo encendido mientras me acomodaba sobre su pecho. Bebimos en silencio, nuestras respiraciones aun no terminaban de calmarse. Nos dimos un respiro.

La música se había acabado hacia un rato. Solo se escuchaba el silencio y, ocasionalmente, el ruidito de un vaso al golpear el cristal de la mesa.

– ¿Estas bien? – Me pregunto con un tono un tanto paternal. – ¿Necesitas algo más?

Dejando escapar un suspiro conteste que por ahora no. Estaba servida.

Su risa me llego fresca y prometedora.

Sentí sus labios dejar un beso en mi cabeza. Su olor ahora me impregnaba. Una mano acariciaba distraídamente mi cadera.

Yacimos un buen rato allí, nuestras pulsaciones se fueron calmando poco a poco.

-¿Tienes sueño?¿Quieres que me vaya?

-No, por favor, quédate a dormir conmigo, necesito seguir oliendo tu perfume- Fue todo lo que pude contestar.

Me tomo en sus brazos y le indique el camino del dormitorio. Despacio me dejo caer en la cama. Salió a pagar las luces del salón y volvió…En sus manos una botella de champan y dos copas.

-Pienso que hay que brindar por esto… ¿no crees?

Sonreí desde la almohada- Pero…¿de dónde las has sacado?-

-La vi antes al ir a por hielo y no pude resistirme, ¿me permites? -dijo haciendo ademan de abrirla.

-Por supuesto, yo invito-Conteste como gatita en celo dispuesta a seguir la fiesta, mientras me incorporaba dejando mis pechos bien a la vista.

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