Cumpliendo una fantasía – relatos zoo

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Siempre me he considerado una persona normal, con principios y valores muy dentro del común de las personas. Con una vida sexual muy activa antes de casarme y uno que otra escapada luego de contraer matrimonio.

Sin embargo, esta rutina poco a poco, fue calmando mis ímpetus sexuales, y si bien es cierto, disfrutaba al momento de mantener una relación sexual con mi esposa o alguna amante de turno, ya no era lo de antes.

En relación al sexo, había estado con todo tipo de mujeres. Algunas muy hermosas, dignas de cualquier calendario porno, otras flacas de esas que al ser tan livianas puedes encumbrarlas en cada arremetida, con pechos ínfimos que inclusos mis pectorales han sido mas grandes que los de ellas. Un tiempo también comencé a interesarme por mujeres en extremo gordas, de esas que sus carnes al momento de ser penetradas se mueven como si fuesen gelatinas, es decir incursioné con todo tipo de prototipos de mujeres y edades.

Cuando esto ya dejó de llamarme la atención, quise ver que es lo que se sentiría estar con una persona de mi mismo sexo, pero al momento. Concerté una cita a través de internet, y al momento de asistir, el olor del muchacho, me hizo dar pie atrás, y hasta ahora sigo virgen en ese aspecto. ( Por si alguien le interesa saber ).

Así continuaba mi vida, sumido en una rutina de trabajo y familia. Un día leyendo esta página de internet, que siempre había sido una de mis favoritas, decidí comenzar a leer los relatos relacionados con la zoofilía, que siempre me los saltaba, ya que no le encontraba mayor gusto.

Comencé a leer sobre del tema, y fue uno de los relatos que me llamó bastante la atención, al punto de imaginarme vivir esa situación y lograr en mi una desconocida excitación. Se trataba de un joven que compró una cabra y que la llevó a su casa de campo y posteriormente sostuvo relaciones con ella. La idea me gustó, pero mis posibilidades de concretarla eran nulas.

Como a las dos semanas siguientes, una amiga mía y de mi señora, viaja al sur, y le deja encargada la casa a mi señora, para regar las plantas y preocuparse que “Totita”, la perrita de la casa, tuviese comida y agua fresca.

Todas las tardes, mi señora se daba una vuelta por la casa a atender los encargos de nuestra amiga. Unos de esos días, mi señora cayó en cama, con un tremendo resfrió , por lo cual me derivó a mi, el encargo de su amiga.

Al principio me daba mucha lata ir, pero debido a la insistencia de mi señora, no me quedó mas remedio que aceptar.

Ella me comentó que la perrita estaba en celo, por lo que no permitiera que ningún perro se fuera a meter.

Pense que estaba loca .

Tomé mi vehículo, y me dirigí a la casa de nuestra amiga. Al llegar, lo que me decía mi señora, tenía algo de cordura. Afuera de la casa, tres perros descansaban en la entrada de esta. Lo primero que hice al entrar fue ir al baño, ya que tenía una ganas incontenibles de evacuar. Al estar sentado , pude ver que en un canasto de ropa sucia, se encontraban una de las bragas de nuestra amiga Susana, la que sin ser muy atractiva, poseía un culazo, que se los encargo. Me llamó la atención, y comencé a trajinar este canasto, encontrándome con varias prendas íntimas de ella, que aun mantenían su olor y una que otra mancha.

Al tener sus ropa interior en mis manos, provocó en mi una calentura, que no pude aguantar y comencé a masturbarme olorosando estas prendas. Al estar en estos menesteres, sorpresivamente suena el teléfono de la casa, obligándome a suspender esta privada actividad.

Conteste el teléfono y era mi señora, para indicarme donde estaba guardado el alimento que se le daba a Totita.

La interrupción ya estaba, por lo que decidí dar termino a mi tarea, y alimentar a la famosa perra y mandarme a cambiar a mi casa, a disfrutar de una buena película. Cogí el aliemento y salí al patio. Totita, era una perra, tipo Coker Spanich , de color café cobrizo . Muy alegre me dio la bienvenida. A mi me gustan los animales, por lo que le hice un poco de cariño, y procedí a alimentarla y a cambiarle el agua.

Ella muy contenta comenzó a comer, pero al momento de sepárame de ella he intentar entra a la casa, ella, como adivinando que la dejaría sola, se acerca a mi y haciendo un rápido movimiento, se mete a la casa. Al principio me dio un poco de risa la actitud del can, pero pronto recordé las lecturas de zoofília que había leído, y recapacité que nunca más tendría una oportunidad como esta.

El morbo se apoderó de mí y una notable erección también. En el mismo pasillo donde nos encontrábamos comencé acariciarla. Ella muy sumisa, bajó la cabeza y se dejó hacer. No aguanta más y bajándome los pantalones, dejé a su vista muy erectada herramienta a su altura .

Totita, como sabiendo lo que yo quería, rápidamente comenzó a languetearme la verga. Yo me senté en el piso, para estar mas cómodo y dejar que su lengua me diera todo el placer que ella quisiera. Fueron como 10 minutos, y la lengua de Totita era incansable. Con una mano me masturbaba , dejándole bien despejada la cabeza, para sentir sus caricias. Llegó el punto máximo de mi excitación y comencé a botar mi caliente semen a borbotones los que Totita, sin ningún asco, comenzó a tragar sin parar, hasta dejármela completamente limpia.

Una vez que mi verga comenzó a despararse, me levante, y echando a Totita nuevamente al patio, entré al baño a lavarme muy bien mi verga con jabón, para evitar cualquiera infección.

Al otro día, me encontraba en mi oficina, y recordaba con mucho gusto, aunque con un poco de vergüenza, la experiencia vivida la noche anterior. Tanto fue mi placer y mi gozo, que la oportunidad de concretar mis investigaciones con Totita, las haría hoy en la noche sin falta.

Al salir de la oficina, pasé por una farmacia a comprar una caja de preservativos. Los cuales debía ocultar miy bien, ya que con mi señora, no los uso desde que nos casamos.

Mi señora estaba esperando que yo llegara con el auto, para ir a la casa de nuestra amiga. Me ví en la obligación de decirle que no, que aun no estaba en condiciones de salir, y que yo tenía que pasar donde un compañero de oficina y no me molestaba pasar a la vuelta por la casa.

Comí algo, y me fui directo a la casa de “Totita “. Me aseguré de dejar muy bien cerrada la puerta, y no prender las luces de adelante, para que nadie me fuera a interrumpir. Entre al patio, y ella muy contenta, salió a recibirme.

Al igual que el día anterior, procedí a cambiarle el agua y a alimentarla con una dosis muy abundante. Esta vez me quedé a su lado, a la espera de que terminara de comerce todo. Luego de esto, la hice entrar, y me dirijí a la habitación matrimonial. Ella como conociendo el camino, se subió a la cama. Prendí el televisor y me recoste en la cama. Ella trataba de languetearme la cara, pero despues de muchos intentos se cansó y se recostó a mi lado. Cuando estuvo un poco mas sociegada, me levanté al baño a colocar una toalla grande en la cama, para evitar que alguna mancha me delatara.

La acosté sobre la toalla y sacando mi verga, la coloque al alcance de su lengua. Rápidamente, al igual que ayer, comenzó a languetearmela muy deliciosamente.

La sensación de sentir su húmeda y larga lengua, recorriéndomela completa era sensacional. Rápidamente conseguí que mi verga se pusiera a 100.

Luego de 10 minutos de una maravillosa sesión de sexo oral, me dispuse a concretar mi fantasía. Me separé de ella y me coloqué el preservativo. Ella me miraba como no entendiendo por que le sacaba tan delicioso manjar de su boca. Me puse detrás de ella, pero ella seguí buscándome. La daba vuelta y ella se daba vuelta.

Traté de sujetarla, pero se resistía un poco. Me levanté y fui a la cocina a buscar uno de esos huesos falsos que les dan a los perros. Pero para asegurarme que lo tomaría, lo mojé en agua, y lo pasé a través del azúcar. Con esto volví a la cama y se lo pasé, pero colocándome detrás de ella.

Mientras ella lo mordía, yo con una mano le sujetaba el hueso, con la otra, le comencé hacer cariño en el lomo y fui bajando hasta su colita.

Le fui palpando su agujero, y me encontré con la sorpresa que estaba muy húmedo. Lentamente le fui metiendo un dedo. A ella pareció no importarle, es mas, como que le gustó. Mi excitación fue en aumento, y levantándola y colocándola , parada al lado de la cama, me paré detrás de ella y poco a poco fue enterrándole mi verga. Ella se quedó muy quieta y dejó que yo hiciera todo. No era muy diferente a una vagina de mujer.

Al cabo de pocos minutos, comencé a acabar dentro de ella.

Me salí de ella y me acoste con los pantalones abajo, y con mi verga cubierta por el condón. Lo saqué y ofreciéndole mi verga, ella rápidamente con su cálida lengua, me la dejó limpia.

Me levanté y la eché al patio, dandole una nueva ración de comida, en gratirud a sus servicios prestados.

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