Mi primera doma – relatos eroticos

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Después de la primera cita en el hotel donde se consumó mi entrega mi Amo me dio ciertas pautas de comportamiento, entre ellas, que salvo aquellos días debía de olvidarme del uso de prendas íntimas inferiores. En casos concretos y a petición mía, el decidiría. También me aconsejó que la falda fuese la primera prenda en sustitución del pantalón. Yo vivo en uno de los principales municipios del Vallès Oriental y el a unos 70 km de autopista, con el añadido que por razón de familia posee una casa de dos plantas típica de pueblo a medio camino y a tocar también de la autopista. Esta casa, aparentemente deshabitada desde la calle es protagonista silenciosa de sus encuentros. Una de las primeras cosas que debí de asumir es que el es un señor casado y aunque su esposa ya es una sumisa, no deja de ser un señor casada, que tiene otra sumisa fija y me tiene a mi, a su trabajo y como yo, comprometido con su ciudad. Aprovechó todas estas circunstancias para estar unos días debatiendo por chat lo que esperaba de mí, comentandome cual es la reacción premio castigo y preparándome para una primera doma por placer, sin mediar castigo. Tan solo para que mi mente y mi piel conociesen el placer del dolor. Esto me asustaba mucho, una cosa eran unos azotes, otra distinta experimentar con el dolor. También habíamos discutido, y así lo digo, sobre las posibles marcas. Para mí eran un tabú, pero a la vez, en lugar de desconectar me sentía atraída y excitada cada más por aquel señor. Mi Amo. El me dio confianza y algunas normas para disimularlas si se diese el caso que a la vez eran excitante ya que significaba cambiar algún habito de comportamiento en mi casa y en relación con mi marido a quien podría decirse que nunca le había negado el sexo y ahora me proponía que me las ingeniase para o bien negárselo o bien no me desnudara. Aquella tarde por suerte refrescaba un poco lo que me permitia un punto de elegancia al vestir con una chaqueta que cubría el corte de falda y escote un tanto extremados. Llegué a la falda del Montseny y siguiendo sus instrucciones estacioné en un espacio que el pequeño municipio tenia reservado a tal efecto al poco de entrar en el pueblo. Respondió a mi mensaje dandome la dirección exacta de la casa en el centro antiguo y restringido a la circulación rodada. Allí estaba con la puerta que da a la calle abierta de par en par y la puerta de la casa cerrada, miré detrás de la puerta y como me había dicho había un perchero de gancho del que colgaba una percha. Las instrucciones eran claras, no debía de demorarme ni podía cerrar la puerta, así que mire a lado y lado de la calle. No andaba nadie, me apresuré a quitarme la chaqueta, seguido de la blusa que colgué en la percha y coloqué detrás de la puerta así como el sujetador y me volví a poner la chaqueta. Llamé al timbre. Oí el pestillo automático. Entré y en una silla había un antifaz y un paño y también una nota. Dejé mis cosas allí, me puse el antifaz y sobre el me anudé el paño. Unas manos se entretuvieron en recorrer mi cuerpo sin ningún pudor, entrando en mis profundidades mientras yo permanecia quieta, temerosa y excitada. Al finalizar me introdujo un dedo en el ano y por primera vez dejó que escuchase su voz. “Bonic” ! dijo al sacar el dedo e inmediatamente, o introdujo en mi boca y lo chupé. Me condujo por el pasillo y me guió para subir las escaleras. Me paró, se colocó detrás mio y me dijo: Te voy a quitar el paño un momento, te levantaré el antifaz menos de un segundo y volveré a dejarte como estás ahora. pero quiero que veas donde estas y así tu imaginación ayude a todo lo que vas a vivir. Estas casas antiguas suelen tener amplias habitaciones en el piso superior, una que da a la calle y la otra que da a la parte de atrás, y las del medio. Yo estaba en la que da a la parte de atrás. En el breve instante que me levantó el antifaz la claridad me deslumbró pero en la memoria queda todo e inmediatamente como alucinaciones me apareció el entorno.  Puerta del balcón abierta con vistas a los campos y montes. Alguien podía vernos ? estoy segura que por los mil caminos sí. Un instrumento que luego me dijo se trataba de la cruz de san Andrés y otras sombras que no reconocí. Allí de nuevo fui manoseada sin reparo alguno. Esta vez sí, no paró hasta que le ofrecí mi primer orgasmo que culminó cuando ahogué los gemidos de placer al recordar que la puerta estaba abierta. Le pregunté si había cerrado la puerta y ahí se inició la disciplina al descansar sobre mis mejillas un par de sonoras bofetadas que me hicieron romper a llorar por dentro pero mi orgullo evitó que el lo viese y descubrí que mi cuerpo se había excitado y humedecido de nuevo. Sumisa le seguí y dejé que me levantase los brazos y los atase de cara a la cruz y luego las piernas quedando de espaldas a el. Durante un rato el me fue contando las bondades de la disciplina y lo hacia recorriendo mi cuerpo con lo que parecía una vara con algo más blando en la punta. Luego supe que se trataba de la fusta. Me habló de una palabra de seguridad que yo no debía de utilizar para nada a excepción de que desease de verdad que terminase todo, y todo era, vestirme y marcharme. Terminó de hablar advirtiéndome que el sabia cuantas veces azotaría cada una de mis nalgas con la fusta pero yo no. Y que solamente pararía si yo utilizaba la clave de seguridad. Que confiaba en mí como yo confiaba en el y que seria el principio de una larga relación. No hubo aprendizaje, el primer azote me pilló por sorpresa y a la vez que un ardor inundaba una de mis nalgas yo lancé un grito que por fuerza tenia que haber despertado a todos los vecinos. Inmediatamente me revestí de orgullo y sobre mis nalgas descansó la fusta con toda su virulencia una y otra vez en un martirio que parecía no tener fin y que luego supe que cada nalga había sido fustigada doce veces. El frio de un paño empapado de agua que parecía helada fue para mí un alivio y más cuando se notaba atención y cariño. Dejó el paño y me beso la espalda y la nuca y pasó la lengua por mis nalgas.  Volvió a hablarme tanto de la disciplina como de mí y se hizo el silencio. Fue un tiempo que pareció eterno, luego en el vídeo pudimos cuantificarlo en más de un minuto y medio en el que el se sentó a contemplarme mientras se acariciaba el frenillo de su miembro totalmente duro.  Desperté de este ensordecedor silencio cuando mi espalda recibió la primera descarga con el gato. Iba descargándolo recorriendo mi espalda empezando por la zona lumbar y subiendo y volviendo a bajar hasta también una docena de descargas. Otra vez el paño de agua helada y sus besos. Deshizo las ataduras, me dio la vuelta y me volvió a atar esta vez de cara. Puso una pinza en mi pezón. Los tengo muy sensible y la sensación que tuve al principio fue inexplicable, casi un orgasmo. Pero la pinza apretaba mucho y además estaba sujeta a un cordón que subió hasta mi cuello, le dio la vuelta a mi nuca y por el otro extremo otra pinza aprisionó mi otro pezón. A este lo martirizó un poco más porque la ponía y quitaba hasta que encontró la medida justa por la que los pezones quedaban tensados hacia arriba. De esa guisa y abierta de piernas como estaba noté como un latigazo sobre mi sexo. Un latigazo que parecía no tener fin. En el vídeo vi que se trataba del gato al que el daba vueltas y a cada una las lenguas salpicaban mi sexo. Oí un zumbido raro y mi nuevo tormento fue un estado de orgasmo continuo. Un aparato llamado hitachi recorría mi sexo y mi clítoris manteniéndome en un estado permanente de placer y orgasmos. El tiempo iba pasando, desató las ligaduras y me acompaño hasta el borde de un camastro donde me tumbó y allí me hizo el amor. Sí, me folló y lo hizo sin dejar de experimentar en ningún rincón pero lo hizo con una pasión dulce, amando a la mujer que había sometido. Era yo quien con los ojos vendados perdía la compostura orgasmando y chillando.  Repitió lo que había hecho al recibirme, pero esta vez con su miembro. Me estuvo sodomizando y ahí dentro de mi fue donde se corrió, descansó un rato abrazado a mi sin sacarla y cuando lo hizo me la introdujo en la boca. Descansamos abrazados hasta que me levantó y me acompañó al baño donde ya quitandome el antifaz nos duchamos, hablamos, reímos y besamos. Cuando ya renovados volvimos a la habitación puede ver que la cruz estaba en medio de la habitación perfectamente centrada con el balcón. Ya arreglados me dijo que había neutralizado la mirilla y que yo debía de abrir la puerta sin más y ponerme lo que había dejado tras la puerta y que le esperase en el pueblo de al lado en el bar de l’ateneu. Allí estuvimos hablando un rato pudiendo marchar el seguro de mi y de mi continuidad. Durante el viaje de vuelta al conectar el móvil oí que entraban varios mensaje, normal pensé. Ya les daré respuesta al llegar. Así que por la hora fui a las oficinas donde ya no debía de quedar nadie, reponerme, escuchar y atender los mensajes pero la sorpresa fue uno de el en que me ordenaba que aquella noche follase, y así lo decía, con mi marido. PD.- Perdonad aquellos que me habéis escrito pidiendome detalle de los momentos de sexo. Estoy compartiendo mis vivencias y no porque haya más (si, arrrrgggg, sigue, más fuerte, me corroooo, follame, glup glup que polla más sabrosa tienes) serán mejores ni peores. Es mi estilo y me gusta la esencia de lo que ocurrió. El resto todos lo tenemos en mente.

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